Con este silencio pacífico
Te siento muy cerca
A veces me completa
A veces me deja perdida
En tus ojos me veo
Clara, fuerte y viva
Sin ti ¿qué haría?
Temo una soledad sin elegir
Temo lejanía sin querer
Al final temo un silencio vacío.

– Alanoud Ebraheem Al-Sabah

SOBRE LA AUTORA:

Funcionaria pública en Kuwait, nacida en Kuwait. Tiene un Máster de Literatura Española e Hispanoamericana de la Universidad de Barcelona. Le encanta la poesía y escribe algunas en español.

Hecha de ti

Pídeme de vestirme
cuando estoy desnuda
sobre tu cuerpo,
mis ropas están hechas
con palmos de tu piel.
Desvistiéndome me quito todo,
me quito lo viejo,
las cosas que padecen la espera,
me quito la luna que no sabe caminar,
me quito las pesadillas
que han olvidado los sueños.
Me desvisto y me visto
con interpretaciones oscilantes
entre asombros reproducidos
en mi cuerpo.
Vibro como música
de cascadas domadas
por tus labios que me visten.
Me abandono,
soy volcán vencido
que logra detener
la subterránea marcha
de la muerte.

– Yuleisy Cruz Lezcano

Paloma ciega

Me penetran las sombras
y se hace cierto
un inquieto sueño despierto,
llama con voz desconocida,
y entre la muerte y la vida
todo se pregunta seriamente
si se puede convertir en presente
la página de versos tatuada
con el canto de lo vivido
en el tiempo que entrega
el vuelo de una paloma ciega
sobre un cielo desconocido.

– Yuleisy Cruz Lezcano

La gran noticia – 3ra parte

Me resistí a hablar con Yuliana después de lo que había pasado con Pablo. Pero no podía dejar de pensar en ese beso. De pronto sonó el timbre de la puerta. Cuando vi quién estaba detrás, mi corazón pálpito fuerte, era Pablo. Me dijo: “Necesitamos hablar, por favor, ábreme la puerta”. Me quedé unos minutos en silencio y lo dejé entrar. Pablo se sentó, esperó que yo lo hiciera también y me miró con sus ojos cafés. Sentía que él no sabía cómo empezar la conversación. Me dijo: “Estoy confundido, ¿qué pasó?”. Agaché la mirada y le contesté: “Fueron las copas de más, no prestes atención”. Por dentro estaba demasiado avergonzada y triste. Pablo me dijo: “No he podido dejar de pensar en eso y en ti. No había tenido oportunidad de conocerte, pero esa noche sentí como si tuviera mucho tiempo hablando contigo. Tenemos muchas cosas en común, eres maravillosa…”. Lo interrumpí y le dije: “Pero Yuliana es mi amiga y a ella le interesas”. Me dijo: “Es verdad, Yuliana es hermosa y quería conocerla a través de ti”. Lo interrumpí de nuevo y le pedí que saliera de mi casa. Luego de eso, coordiné con Yuliana para hablar. Me contó lo emocionada que estaba por haber conocido a Pablo y le conté que a través de mí, él quería saber sobre ella. Se emocionó y me pidió que le diera detalles. Mientras le contaba, mi corazón se estrujaba. Estaba enamorada del pretendiente de mi amiga. Luego de ello seguí con mi vida. Pablo empezó a salir con Yuliana. Mi amiga se notaba muy emocionada y decidí rendirme. Y olvidarlo todo. Yuliana intentaba invitarme a sus salidas con Pablo pero yo ponía muchos pretextos. Y ella no insistía. Una noche, uno de los chicos de la oficina me invitó a salir, fuimos a un local donde iban todos los chicos de la oficina, agradable y con música en vivo. Nos sentamos, pedimos de comer y tomar. De pronto aparecieron Pablo y Yuliana, ella estaba deslumbrante y él muy guapo. Se sentaron en una mesa del otro lado. Yo no pude aguantar los celos e intenté coquetear con mi compañero de trabajo. Pablo nos vio de reojo, no pude evitar que nos mirara. Veía que mi amiga le hacía preguntas, pero él no dejaba de mirarme, yo seguía con lo mío. De pronto un tema musical muy movido se escuchó en todo el lugar, era propicio para bailar. Mi acompañante notó las ganas que tenía de mover los pies y me invitó a la pista. Estuvimos bailando muy compenetrados, yo me estaba divirtiendo. Pero dentro de mí, quería que Pablo sea quien esté en ese momento conmigo. De pronto y sin pensarlo, Pablo y mi amiga se acercaron también a la pista, mi amiga me saludó e hizo una seña de satisfacción por mi cita. Noté que Pablo no dejaba de mirarme y sentía que iba a explotar. Entonces, mi acompañante se dejó llevar por el siguiente tema musical que era un poco más lento, me besó. Yo me quedé helada y Pablo se le fue encima, empezó a gritarle y a reclamarle por su accionar. Yuliana estaba sorprendida y anonadada. De pronto, Pablo dejó en paz a mi acompañante, me agarró del brazo y lentamente me llevó hacia afuera. Me dijo que no sentía nada por Yuliana, había intentado conocerla e intentar quererla, pero estaba enamorado de mí, que no sabía qué hacer con lo que sentía y yo no pude más, me lancé a sus brazos y lo besé, sentía que solo éramos los dos, me acercó hacia él y fue el momento más romántico y dulce de mi vida.

Cuando nos dimos cuenta, Yuliana estaba en frente de nosotros, mirándonos con lágrimas en los ojos, de pronto salió corriendo del lugar, traté de alcanzarla, pero no pude. Pablo y yo nos quedamos sorprendidos. Después de ese día intenté ubicar a mi amiga. No me contestaba el celular y fui a su departamento, pero no la encontré y me enteré por el dueño del mismo que fue promovida en su trabajo y viajó a Londres. Yuliana solo me dejó una nota, en ella me explicó que había entendido lo que sucedía y que no quería hacerse daño pues Pablo me había escogido. Pero sentía enojo porque yo no le había contado lo que sentía por él. Esperaba que yo fuera feliz y si algún día nos encontramos, tal vez, luego de haberse recuperado, podríamos hablar de ello. Pablo y yo tenemos mucho tiempo de novios y nos vamos a casar, pero aún no podemos olvidar a Yuliana y estamos intentando ubicarla.

– Pamela Arteaga Lamadrid

La casa de la muerte

El lugar era inmejorable, en plena serranía, con las vistas más hermosas y el aire puro. La casa principal con desniveles fuera construida por unos alemanes, sus hijos fueron a vivir en la casa adjunta en el patio lateral para ceder la casa a los militares (¿bajo qué argumentos?). La verdad verdadera de los hechos ya es parte de la memoria del tiempo. Los humanos, medio humanos y casi humanos, que participaron de la historia de terror en aquella casa, ya murieron o perdieron la memoria por el Alzheimer.

El mundo estaba divido en dos bloques. Había plata para financiar a ambos proyectos. Faltaban valientes que arriesguen la vida por un ideal. Eran tiempos rudos, los militares estaban al mando del país y la consigna era frenar el avance comunista a cualquier precio.

Los pocos, los idealistas, aquellos que pensaban que las armas cambian al mundo o que estaban seguros de que las ideas valen una vida, ellos se arriesgaron… pensaban que los demás seguirían su ejemplo. ¡No fue así! Los demás ni se inmutaron con su destino. ¡Ni se enteraron de lo que pasó! Es siempre así, las mayorías quieren pan y circo, eso nomás. Entonces, luchar por las mayorías es una especie de suicidio…

Inés era muy joven, inicialmente no leyó la doctrina o “El Capital”, apenas, como “intelectual de oreja”, oyó todo lo que su enamorado le decía. Después asumió su discurso como siendo válido y propio, para luego hacer parte de los grupos de intelectuales y rebeldes al que su enamorado pertenecía: altas discusiones, grandes discursos, algo de hierba, contactos importantes…

De repente, Inés era una de ellos. Y ellos estaban secuestrando al embajador suizo. Inés participó en el secuestro del embajador y, por muy poco, casi lo matan. Por un pelo se salvó la vida del embajador. A Inés no le gustó la clandestinidad, el abandono a su trabajo en el banco, la forma como las cosas se escaparon de las manos, ni la improvisación a la hora de las negociaciones… al mismo tiempo, ella soñaba con su amor, con una vida juntos, con una familia. En los más de treinta días de secuestro, le quedó claro que eran compañeros de lucha, no de vida. Conoció al jefe: ¡tan lindo! Se quedó confundida y decidió dejar todo, escapar a Chile y empezar de nuevo.

En la terminal de buses de São Paulo, Inés fue detenida y trasladada a Rio de Janeiro para la casita del terror, para vivir una situación que ningún ser humano merece sufrir. Los medio humanos o casi humanos (porque andaban erectos, hablaban y sabían leer y escribir) que la acompañaban constantemente, la trataron de manera tan vil que, años después de haber salido del lugar, Inés dudaba de su valor como persona. En las constantes torturas y en las largas horas de golpizas, ellos lograron deshumanizar a Inés.

En la casa de la muerte no faltó la figura del médico psicópata que trabajaba, gustosamente, para los militares. Era el doctor Lobo quien admitió su participación en las secciones de tortura y confirmó la muerte de los presos. Lobo era el psiquiatra que examinaba a los presos para determinar si ellos tenían condiciones físicas para suportar nuevas torturas.

Inés fue la única que sobrevivió, los demás dejaron su nombre en los anales del tiempo y sus gritos entre las flores del jardín de la casa de la muerte: Aluisio, Ivan, Heleny, Maurício Guilherme, José Raimundo, Celso Gilberto, Gerson, Walter, Paulo de Tarso, Issami, Ana, Wilson, Thomaz Antônio, Carlos Alberto, Mariano Joaquim, Antônio Joaquim, David, José, Walter, Marilena y Victor Luiz.

Un militar dijo que se encargó de incinerar los cuerpos y fue asesinado esa misma tarde.

Por mi parte, creo que ninguna ideología merece el sufrimiento de ningún ser humano, peor su vida.

– Márcia Batista Ramos

SOBRE LA AUTORA:

Márcia Batista Ramos, nació en Brasil. Licenciada en Filosofía. Es gestora cultural, escritora, poeta y crítica literaria. Es columnista en la Revista Inmediaciones, La Paz, Bolivia y en periodismo binacional Exilio, México. Publicó: Mi Ángel y Yo; La Muñeca Dolly; Consideraciones sobre la vida y los cuernos; Petty Barrón De Flores: La Mujer Chuquisaqueña Progresista Del Siglo XX; Tengo Prisa Por Vivir; Escala de Grises – Primer Movimiento; Rostros del Maltrato en Nuestra Sociedad; Dueto; Escritoras Cruceñas, Caballero, Reck & Batista; Escritoras Contemporáneas Bolivianas, Caballero, Decker & Batista; Caspa de Ángel – antología de cuentos, crónicas y testimonios del narcotráfico, Batista-Ramos & Carvalho Oliva. Es colaboradora en diversas revistas internacionales.

5

Son cinco bailando desnudas,
las cinco cantan,
las cinco brincan,
las cinco lloran,
las cinco rezan.

Bajo la luna de Julio
explotan sus almas,
respiran sus deseos,
se buscan en su infancia.

La tribu llena de púrpura
se busca en sus templos,
llaman a sus guías,
curan a sus niñas.

Cinco cantos,
cinco danzas,
cinco rezos,
para cinco heridas
en el corazón de sus niñas.

Juntas hacen un tejido,
de flores, cera e incienso,
tejen vendas sanadoras,
parches tibios para sus pechos
inflamados de deseo.

Cinco bailando desnudas,
cinco bajo la luna,
cinco en Julio se adornan,
cinco para sus niñas se curan.

– Marcia Castro

¿Quién mató al hombre de la mochila?

Hay una sola verdad, empero existen muchas versiones de los acontecimientos. Aquellos que vieron exactamente lo que pasó, temen por sus vidas. Yo no estuve allí cuando los hechos sucedieron, pero desde el primer momento que supe de la noticia, sabía que las versiones se encontrarían; en mis adentros, yo murmuré que otra vez manipularían la verdad, sin importar a quien le pueda doler.

Empecé a acompañar las noticias minuto a minuto y podía ver la pluma de Vargas Llosa escribiendo: “(…) El muchacho estaba a la vez ahorcado y ensartado en el viejo algarrobo, en una postura tan absurda que más parecía un espantapájaros o un Carnavalón despatarrado que un cadáver. Antes o después de matarlo lo habían hecho trizas, con un ensañamiento sin límites: tenía la nariz y la boca rajadas, coágulos de sangre reseca; moretones y desgarrones, quemaduras de cigarrillo, y, como si no fuera bastante (…) habían tratado de caparlo, porque los huevos le colgaban hasta la entrepierna”, en su obra: “¿QUIEN MATÓ A PALOMINO MOLERO?”

Mientras esperaban que llegue la lenta policía con su desgano para hacer el levantamiento del cadáver, la lluvia caía a raudales enfriando aquel cuerpo que cobijó a un ciudadano ejemplar, a un alma buena en el diminuto instante que llamamos vida.

El cuerpo estropeado daba cuenta del sufrimiento (como un Cristo en su pasión). Muchas heridas por doquier que lo mirasen. Parece mentira que haya en el mundo gente tan perversa. ¿Cuántos psicópatas disfrutaron de provocar tanto dolor? Como escribió Vargas Llosa: “(…)desnudo de la cintura para abajo, con una camisita hecha jirones.” Precisamente así, lo encontraron. Solamente no había moscas revoloteando alrededor de su cara, porque la lluvia no dejaba la sangre coagular, lavaba todo, la lluvia llevaba todo, además era de noche…

Uno nunca sabe cómo la vida acaba, nada es develado antes, y cuando el alma emprende viaje, a veces, el alma se va partida, desgarrada… porque toda la maldad que no vio en más de medio siglo, descubre en los últimos momentos en carne propia. Como si tuviera que percibir el instante de la revelación así, a través de las heridas.

Actualmente, las cámaras nos vigilan por todos los lados y una de ellas mostraba el hombre de la mochila, con su camisa amarillo crema, caminando tranquilamente antes de entrar al edificio, subiendo al ascensor que también fue abordado por una mujer. Imagino que la mujer se llevó el susto de su vida a la mañana siguiente, al ver en las noticias semejante acto. Durante los días que pasaron, ella recordó que le sonrió y que fue correspondida. Tal vez, la última sonrisa del hombre de la mochila fue para ella. Le confortaba pensar que el hombre llevó su sonrisa en la retina del alma para el más allá, quizás, él la recordará en la eternidad. También mostraron otra imagen donde el hombre de la mochila se dirigía al baño y se le veía casual, con las manos en los bolsillos, mirando a la mochila que yacía en el suelo, con sus cierres y demás características. Pero como no todo lo que vemos es, la mochila se trasformó en una bolsa de basura, en un lugar aparentemente limpio.

Cuando nacimos, sabíamos que un día nos tocaría morir, pero como dijo Wislawa Szymborska: “Aceptamos morir, pero no de cualquier manera”. Entonces todos nos aborrecimos con las noticias, los medios siempre tan elocuentes, no pudieron saciar la propia hambre, sus explicaciones nos repugnaron porque hacían gala de incongruencias, adjudicándose de la verdad al tiempo que minimizaban el estado del cuerpo muerto. Todo lo dicho no resolvió el misterio de quién lo mató. Por el contrario, dijeron que el hombre quiso imitar a Ícaro y voló desde el balcón en busca de no sé qué, que no tenía en los brazos de la mujer amada. Con horror y tristeza, la gran mayoría de los oyentes refutamos el destino que nos dieron a analizar. Concluyeron la conferencia en el buen estilo de Lituma, el personaje de Vargas Llosa: “(…) Nadie sabe nada, nadie ha visto nada, y, lo peor de todo, la autoridad no colabora.”

Dejé el mundo y su dolor a un lado, ojeé el libro de Wislawa donde estaba escrito: Todos queríamos una patria sin vecinos y vivir la vida en una tregua entre dos guerras. Ninguno de nosotros quería tomar el poder ni sufrir su dominio, nadie quería ser víctima”.

Afuera, en el silencio de la tarde azul iluminada, los Andes se estiran con la intención de tocar el cielo. No existen nubes perdidas en el azul. Sólo el silencio revoloteando por la tarde. Mientras identifico mi pequeño equipaje: un bolso cargado de esperanza, justo allí, donde la palabra acaba.

Un frío espantoso envuelve las piedras, la paja y el horizonte; y sé que todos se preguntan: ¿Quién mató al hombre de la mochila?

– Márcia Batista Ramos

SOBRE LA AUTORA:

Márcia Batista Ramos, nació en Brasil. Licenciada en Filosofía. Es gestora cultural, escritora, poeta y crítica literaria. Es columnista en la Revista Inmediaciones, La Paz, Bolivia y en periodismo binacional Exilio, México. Publicó: Mi Ángel y Yo; La Muñeca Dolly; Consideraciones sobre la vida y los cuernos; Petty Barrón De Flores: La Mujer Chuquisaqueña Progresista Del Siglo XX; Tengo Prisa Por Vivir; Escala de Grises – Primer Movimiento; Rostros del Maltrato en Nuestra Sociedad; Dueto; Escritoras Cruceñas, Caballero, Reck & Batista; Escritoras Contemporáneas Bolivianas, Caballero, Decker & Batista; Caspa de Ángel – antología de cuentos, crónicas y testimonios del narcotráfico, Batista-Ramos & Carvalho Oliva. Es colaboradora en diversas revistas internacionales.

Salida por un café

Ya desnudos en la cama, uno dentro del otro, con las ventanas empañadas y las sábanas en el piso.

El silencio abrasador que es interrumpido por nuestros gemidos y la piel rosácea por la fricción de nuestros cuerpos.

No existe el tiempo, con poco aliento pero nada satisfechos continuamos hasta el anochecer.

Pose tras pose, nuestros corazones sienten reventar por la maratónica actividad sexual disfrazada de una salida por café.

Tú sometiéndome contra la pared y yo en puntillas, tratando de no perder tu boca y tu pelo que se han vuelto mi adicción.

Me siento viva y tenaz gracias a tus caricias y tus manos que entran y salen de donde pueden y tu mirada que me desnuda más de lo que ya estoy.

Entonces llegamos al clímax donde los orgasmos son una mera formalidad a todo el juego previo de la seducción.

Y terminamos mojados mirando al techo y sonriendo satisfechos por la complicidad y la inocente salida que terminó en sexo.

– SS.

LA INDUSTRIA DEL TURISMO… BUENA PARA VENDER, MALA PARA EMPATIZAR

El turismo es el negocio que usa la cultura y la monetiza. Es, por tanto, es la actividad más importante de nuestra región, porque involucra a tantos miembros de nuestra ciudad, que es muy difícil señalar a quien no se beneficie directa o indirectamente de ella. La pasión por nuestras costumbres, el orgullo por nuestra cultura y nuestro pasado reflejado en vestigios arquitectónicos, han sido empuje suficiente para que miles de personas tomen como opción laboral la industria del turismo, la que depende no solo de la historia, sino también del recurso humano indígena. Pero, al desarrollarse en un país con recurrentes conflictos sociales ¿Qué posición tenemos como industria frente a las protestas de las comunidades campesinas? ¿Reflexionamos sobre el respeto y la validez que les debemos a nuestras comunidades, más allá de la actividad turística de la que son parte?

La presente opinión nace de años de labor en la industria del turismo y del análisis de sus componentes y de los diversos miembros que la conforman; no tiene intención de ataque, sino de reflexión.

Como muchos cusqueños, alrededor de mis 16 y 17 años, tuve que escoger una carrera para laborar y, considerando la naturaleza de nuestra ciudad y el amor por la misma, opté por el turismo. Había escuchado repetidas veces que el turismo era una carrera para aquellos-as personas que amaban la cultura, su cultura, y que deseaban compartirla con quienes se atrevían a venir a nuestro país.

Ya en la universidad, con libro en mano y ensayos en la mochila, recorría las calles, pueblos y centros arqueológicos de mi ciudad. ¡Cómo no sentirme orgullosa! Pero, obviamente, como toda carrera, viene la parte del negocio: ¿Cómo vender tantas maravillas? ¿Es el turismo la carrera del futuro? ¿Cómo crear más interés por nuestra nación? Y en uno de los tantos cursos, se mencionó el “Turismo Responsable” con su frase célebre: “Debemos tener cuidado de lo que vendemos, de nuestro patrimonio; debemos controlar los efectos de una industria que cada año crece”. Y es puntualmente en un efecto me quiero detener: El efecto social en una ciudad que vive de vender su cultura, sobre todo su cultura viva.

Participación de las comunidades andinas en el turismo

No es secreto para nadie que desde que Machu Picchu fue declarado maravilla mundial, la cantidad de hoteles, agencias y restaurantes se dispararon. Hay opciones para todos los bolsillos y, a veces, para todos los colores. Pero también hay otras atracciones, como el turismo vivencial. Al respecto, resaltar comunidades como Misminay y la Nación Qero (por poner ejemplos) que muestran y reciben a cientos de turistas al año para mostrarles cómo es la vida del hombre del Ande. Después de estas experiencias, el visitante queda fascinado y en contacto con los herederos de nuestras tradiciones.

Por supuesto, “el impacto de las comunidades andinas” en la industria del turismo va más allá del espacio comunal, porque cuando ofrecemos nuestra gastronomía; muchos restaurantes mencionan los orígenes de los alimentos que ofrecen en sus viandas: “papas cultivadas en tal o cual comunidad, maíz de tal o cual valle”, y así, una verborrea que te abre el apetito y te hace sentir que comes cultura.

Y no puede faltar, por supuesto, las lecturas de hojas de coca y ofrendas a la tierra. Se llama a chamanes, en su mayoría quechua-hablantes, para que introduzcan al viajero en la espiritualidad de nuestra cultura ancestral. Con esto, el visitante queda extasiado al saberse bendecido por los Apus a través de la sabiduría de un Altomisayoq. 

Y así, parte del negocio del turismo es vender todo aquello que, anónimamente o no, puedan producir miles de comunidades andinas fuera de nuestra ciudad; por supuesto, estas comunidades reciben beneficios económicos que les permiten desarrollarse y crecer a través de la inversión privada. Así funciona nuestra economía.

Como es evidente, nuestros comuneros, nuestros campesinos, son parte fundamental de esta industria… de esta ciudad; están en todo aunque no queramos ver.

Los proveedores, los campesinos, ¿tienen derechos?

La vida de nuestras comunidades va más allá de lo laboral. Todas estas personas son ciudadanos peruanos que sufren las consecuencias de los gobiernos.  Como cualquier peruano, tienen derechos avalados por las leyes. No obstante, la realidad es otra, porque en la práctica, a los ojos de muchos, estos ciudadanos no valen más que las personas de ciudad. Muchas veces ni siquiera nos vale un saludo adecuado, o tan siquiera mirarlos. ¿Por qué? ¿Porque su nivel de educación no es adecuado?, ¿Porque su uso del español no es correcto? ¿Porque su vestir demuestra pobreza, su uso de los modales actuales es nulo? Y así, hay muchos “porqués” que se usarán para justificar el maltrato.

Estas comunidades sufren la indiferencia de los gobiernos y de algunas personas, quienes no los ven como iguales y que no son capaces de validarlos como tales. Estos últimos años, las voces de estas comunidades han remecido con fuerza nuestro status quo; han decidido hacer valer su derecho al voto. Como respuesta, hemos han gritado y expuesto tretas con tintes racistas, porque, parafraseando a políticos, autoridades, ciudadanos y muchos empresarios, “estos qué van a saber”.

Pero ellos saben qué es lo que necesitan para mejorar sus condiciones de vida, saben que son discriminados y saben también que, cuando conviene, son símbolo de respeto, sobre todo en las propagandas turísticas. Pero, para la industria del turismo – y para la sociedad –  si algo no sirve para vender, entonces no existe y se descarta.

Turismo, protestas y la (ir)responsabilidad

Enfatizo que no respaldo la violencia ejercida por algunos manifestantes durante las protestas del mes de diciembre. El autoritarismo, venga de donde venga, no es sano. Pero, desde el ingreso de las comunidades campesinas a la ciudad del Cusco, los niveles de vandalismo se han reducido. Y ese hecho ya dice mucho.

Sin embargo, en los últimos días, he sido testigo silenciosa del nivel de racismo y clasismo que se tiene en esta ciudad y también en la industria turística. Parece que importa más el césped trágicamente aplastado de la Plaza Mayor del Cusco que el derecho a la protesta. La plaza, que hace tiempo no es del cusqueño. La querida Plaza Mayor, y todo el Centro Histórico, se ha dispuesto al extranjero para mejorar su experiencia en la ciudad de los Inkas. Los cusqueños bajan la cabeza ante el visitante y, al mismo tiempo que alaban su origen, también reniegan de los verdaderos dueños de nuestras calles: todos los cusqueños de adentro y fuera de la ciudad. Importa más la imagen que nuestra “linda ciudad” ofrezca al mundo, que la imagen que podamos tener entre nosotros.

El turismo es trabajo, pero también es una industria que depreda. Pedimos que ingrese más gente a la Llaqta de Machu Picchu, aunque ello signifique atentar contra su conservación porque “tenemos que vender”. Pedimos la construcción del aeropuerto internacional cuando nuestro “mejor museo” en la ciudad tiene la misma exhibición desde hace 20 años. Vendemos turismo vivencial y alabamos al hombre del Ande, pero lo terruqueamos y lo tratamos de ignorante si ejerce su derecho de protesta. Le decimos “igualado” si reclama lo que muchos de nosotros ya tenemos garantizado.

Para vender un destino, también hay que asegurarnos de que este sea seguro, tranquilo y adecuado para todos, tanto para el visitante como para el que vive aquí. El destino no está hecho solo de edificaciones coloniales, de caminos inkas y de danzas costumbristas. El destino está hecho de su gente, sobre todo de aquella que mantiene viva la cultura y las tradiciones, no por plata, sino porque es su modus vivendi y por amor, amor a la tierra que lo vio nacer.

¿En qué momento el turismo decidió compartir lo suyo exclusivamente con el que paga y no con el que genera? ¿En qué momento nos olvidamos de la posición del hombre del Ande, del campesino, en la cultura? ¿En qué momento nos creímos ciudadanos de primera, propasando los derechos de otros? ¿En qué momento olvidamos que los “pueblitos mágicos”, la gastronomía, los retiros shamánicos, tienen éxito por las comunidades que producen y conservan de manera natural nuestra cultura? ¿Cuántas veces le daremos más respeto, más credibilidad y más bondad al que viene de visita que al que vive con nosotros, en esta tierra?

A criterio personal, en esta “ciudad de los Inkas” se protege y valora todo lo que nos dejaron nuestros antepasados, menos a sus herederos lógicos. Por eso digo que la industria del turismo está demostrando que es buena para vender, pero mala para empatizar.

– Marcia Castro

Guerra

Desconozco si estos cuervos
posados sobre cúpulas de versos
me protegen de tus espinas de recuerdos,
o te protegen de mis finales condenados.

Sabes que los perros negros
incluso al mediodía aúllan,
si te sometes a su voluntad.

Hambrientos de ecos de tus derrotas,
saciados por tus cicatrices palpitantes,
aman revivir tu sangre derramada
donde los falsos amantes en guerras
clavaron la bandera de su victoria
al punto de medianoche.

Te confesé que rezaba a Dios
porque alguien descubriera tus maravillas
sin ultraje,
tu noble reino se pintó de azul
cuando un ruiseñor se sacrificó
por una reina ladrona.

Me confesé a mí misma
la hipocresía amando
a mis viejos amantes,
como ellos conmigo,
¡hasta que la rosa plateada cantó
tu nombre!

¿Quemaste mi carta suicida
en la lluvia de medianoche?
¿La guardaste en tu armadura?
¿Y por qué me haces tuya
en esta lluvia de medianoche?
¿Por qué no le temes?

Rey de mi cuerpo,
desearía una rosa con tu nombre
encima de mis poemas que te llevan por su musa,
¿sería prudente pedírtela o huirías
al país de tus maravillas?

Esta es una guerra contra mis heridas de batalla.
Caballero, ¿eres mi enemigo o aliado?
Los perros negros gritan que
tienes el arco de Augusto,
y mi corazón azul quiere quemarse
con tu fuego lavanda que esparces al caminar…

¿Confías en mí?
¿Soy tu enemiga o aliada?
¿Me contarías cuando fuiste rey?
Conmigo no te inventarías miradas de amor,
mas creo aún no me gano tu confianza,
¿quién confía en los cuervos?

Si me quedo en la guerra contra criptas,
¿Tomarías mi mano o la soltarías?
¿Seríamos aliados?
¿Volveríamos a construir un reino nuevo para ambos?

Un reino donde heridas de batalla
ya no gritan bajo lozas de sus recuerdos.
¿Quizá ya lo construimos y soy incapaz de verlo?
¿Le digo a mis cuervos que bajen la guardia?
¿Caballero, a qué hora termina mi guerra?

– Krizia Tovar

SOBRE LA AUTORA:

Krizia Fabiola Tovar Hernández nació en el Estado de México, en 1996. Algunos de sus escritos aparecieron en las revistas Reflexiones Alternas, Poetómanos, Awita de chale, Perro negro de la calle, MÁS Literatura, El morador del umbral, Prosa Nostra MX, Collhibrí, Teresa Magazine, Circulo literario de mujeres, Clan Kutral y El templo de las mil puertas. Actualmente estudia el último año de la licenciatura en Ciencias Humanas en el Centro Universitario de Integración Humanística.

Muchachito

Muchas veces he intentado heredar un tipo de género literario que…

Únicamente describa todo el fervor de tu alma en la mía.

Como cada día que contábamos, que cantábamos, como cada día que reíamos juntos.

Hace falta tantos momentos para compartir y conocer y aun así creo saber que te trae a mi puerta, y a veces yo a la tuya, pero…

Anhelo, algún día, saber con certeza qué clase de cariño deseas. De qué manera podría amar, de qué forma cactus de alegría y gotas de música ligera poder plasmar en tu ser.

Cómo poder descifrarte. Como un perro, muerto de sed, pensando en ti solo estoy.

Hacer contigo un libido de emociones pretendo. ¿Amar a matar tal vez? Eso no lo sé.

Indudablemente por mil noches lo estuve pensando. Desde tu regreso todo fue perfecto y si falta de contexto esta historia posee… Poner en duda tu amor por mí es lo que lo explica. Mas no tan confundido voy. Pues…

Todo indica que si contigo estoy solo un par de minutos al día. La vida se simplifica. Huracanes de dudas no pasan por la cuenta.

Odiando siempre la despedida te dedico un poco de la poesía de mi vida. Solo imaginando que bonito habría sido, recibir un sí esa noche de ovejas negras ya en el olvido.

– Jhael P.

Margaritas y atardeceres

Mi carácter es inestable, loco, arrebatado;
Mis pensamientos no son puros, ni decentes;
Mi fragilidad no es tan frágil, ni estable;
Mis deseos dependen de las circunstancias, o la persona;
Mi concepto de bueno es tan tergiversado que hago lo malo;
Un día soy virgen y al otro no tanto;
Puedo mirar más allá de tus ojos pero no puedo descifrarte;
Mis sueños me advierten de la tempestad que se avecina;
Y mi intuición es infalible, nadie escapa de ella;
Me autodenomino escribana, pero no soy embustera;
La verdad desborda mis labios aunque me juegue en contra;
Le tengo miedo a la oscuridad, pero en las noches soy yo verdaderamente;
Dicen que soy fría pero no me gusta la lluvia ni el invierno;
Tengo una mente con vida propia que casi no me pertenece;
Sé que mi alma viaja a mis vidas pasadas y me da expectativas falsas;
Hay alguien que me espera pero no sé dónde, ni cuándo;
Tengo un cuerpo que no me pertenece y unos sentimientos que no he sentido;
A menudo pienso que encarné en una vida equivocada;
Hay alguien que me espera hace ya mucho tiempo;
Mi presente y mi futuro son inciertos pero mi pasado también;
Solo existen enormes vacíos que dejan mis memorias en la oscuridad;
Existe un antes y un después pero no sé de qué;
Hay algo que me hace falta en este mundo, en esta vida;
Hay alguien que me espera y yo estoy solo aquí, sin saber a dónde ir o dónde estar;
Coincidimos en alguna línea del tiempo y ahora no hay marcha atrás;
O nos encontramos o nos perdemos para siempre;
El hilo rojo, las margaritas y los atardeceres están de nuestro lado;

Hay alguien que me espera con unas margaritas;
En aquel bosque que al atardecer cobra vida y brilla;
Está jalando del hilo rojo para no perderme;
porque un giro del destino me trajo a otra vida y no sé cómo volver.

– SS.

La gran noticia – 2da parte

Después de muchos años lo volví a contemplar, se le notaba más maduro, ya no era el chiquillo bromista que ponía apodos, el palomilla, el que una vez dijo que me parecía a la “Pequeña Lulú”, un personaje de historieta norteamericano que fue adaptada a los dibujos animados y los niños la disfrutaban en los canales locales (Era una niña traviesa y muy lista que usaba unos zapatos muy graciosos).

Mi amiga se dio cuenta de que yo conocía a aquel muchacho guapo y elegante que estaba frente a mí. Yuliana preguntó: “¿Se conocen?” y ambos asentimos y sonreímos a la vez. “Mi nombre es Pablo y con tu amiga nos conocimos en la secundaria, yo era un chico muy molestoso y antipático con las chicas, les ponía apodos, pero una niña en especial se ganó el apodo más gracioso de la clase”. Empezó a contar sobre cómo me veía graciosa con mis zapatos de colegio y porqué el apodo de Lulú. Los tres reímos. Pablo nos comentó que después de terminar el colegio, una empresa muy importante en Inglaterra había solicitado sus servicios de analista de sistemas y quería que estuviera dirigiéndola desde esta parte del país. Dijo que no se acostumbraba a la comida europea y que prefería los locales de venta de comida hecha en casa o parecida a su lugar de origen. “Los primeros meses que llegué al extranjero empecé a extrañar mucho todo y me acordé de las tonterías que hice de joven, sentía mucha nostalgia y no pensé traer esos recuerdos al día de hoy”, apercibió.

Interrumpió su narración y le entregó las flores que llevaba consigo a mi amiga. Le comenté que había cambiado mucho y que se veía más atento y caballeroso. Me dijo, sonriendo, ya que me percaté de que actuaba como un niño inmaduro: “Sé tratar a las mujeres como se debe y respetarlas”. Yo sentía que estaba de más en la conversación, fingí que tenía una llamada importante y salí del restaurante. Mi amiga y Pablo se quedaron, de reojo vi que se sentaron en una mesa y pidieron algo. Nunca me había dado cuenta lo guapo que era Pablo, tal vez porque en ese tiempo era muy fastidioso y molesto y ahora yo sonreía inconscientemente mientras lo veía sentado frente a mi amiga. Reaccioné en ese momento y me pregunté qué es lo que estaba sucediendo, ya que me sentía de esa manera. Mi sonrisa se esfumó. Estuve un buen rato afuera del restaurante y decidí entrar para despedirme. Di un argumento falso de que había una emergencia en mi casa y salí huyendo del lugar sin mirar atrás.  Llegué a casa y me senté en el sofá con las manos apoyadas en las quijadas como una niña pensativa. Ya era muy tarde y me fui a dormir. A la mañana siguiente recibí un mensaje de mi amiga diciéndome: “le di tu número a Pablo, me dijo que quería hablar contigo de algo importante y se contactaría contigo, me cuentas que te dijo”.

Yo estaba desconcertada porque quería hablar conmigo. Después de unos días, estaba en el trabajo y recibí un mensaje: “Hola soy Pablo, ¿podemos hablar?, necesito tu ayuda”. Yo estaba nerviosa. Nos encontramos en un centro comercial y me invitó a cenar a uno de los restaurantes del local. Iniciamos la conversación y él me indicó que el motivo de que yo estuviera ahí era para sorprender a mi amiga, quería que le dijera todo sobre ella, pues quería conocerla un poco más. Me dijo que un día la vio en una discoteca, que no descansó hasta ubicar su paradero y que era una buena coincidencia que yo la conociera. Toda esa información me dejó perpleja. Mientras él hablaba, yo me sentía triste por lo que decía y me di cuenta de que Pablo me empezaba a gustar, pero él estaba enamorado de mi amiga. Después de una larga charla, quedamos en seguir saliendo para hablar más sobre ella, algunas veces juntos y a veces como aquella vez. Me di cuenta, a medida que lo fui conociendo, que Pablo era un hombre maravilloso, pero sus ojos estaban puestos en mi amiga Yuliana y yo no podía hacer nada. Hasta que una noche, cuando Pablo y yo estábamos cenando en un restaurante para planificar los últimos detalles y darle una gran sorpresa a mi amiga, nos ganaron las copas  y no pude resistirme más, lo besé, fue el beso más apasionado y tierno del mundo, me llevó a otro planeta. Era como si ambos estuviéramos en una misma sintonía y así lo sentimos. Después de un rato nos separamos, nos quedamos mirando en silencio hasta que salí huyendo del lugar, tomé un taxi y dejé a Pablo ahí. Los siguientes días no volví a recibir ni un mensaje de Pablo y seguí con mi vida normal hasta que recibí una llamada de Yuliana: “Hola amiga ¿por qué no has venido a visitarme?, tengo algo que contarte, estoy muy emocionada, quedemos en vernos” y colgó la llamada…

– Pamela Arteaga Lamadrid

El poema

No me llames por mi nombre muerto,
de aquella vida
conservo únicamente mi corazón:
un poeta escribe versos
con una rosa plateada
y tinta de luna de medianoche…

Me mira tejer mis lágrimas,
pues estoy a cielos de distancia de él,
sin poder besarlo…

Se extinguieron mis luciérnagas
y también el último sol del 15 de julio,
¿Dónde se esconde el amanecer?

Bella luna,
y el cuervo
cantando su melodía,
nunca más…

Envidio a mis poemas,
no poseo alas como ellos
para alcanzar a mi poeta
y a su rosa plateada…

Me desvanezco dentro de melodías del cuervo,
hace tiempo que no escucho su voz,
mi poeta me mira angustiado,
mas es incapaz de acercarse a mí…

Sopla un sueño azul
para calmarme insomnios,
comienza a escribir
un tono de versos desconocido a mí.

Escucho su susurrar:
“No volverás a estar sola”
Se siente como una ráfaga
su cuerpo, mas es un poema suyo…

Abro los ojos,
por primera vez
el reloj marca
18 de julio,
el amanecer regresa…

Reconozco el arte de mi poeta,
su poema esculpido en forma de hombre,
guarda en su palma mis luciérnagas…

Pronuncia:
“Ven, toma mi mano,
no estarás sola nunca más”…

Un piano azul toca una nueva melodía,
tras meses de caer en el velo de muerte,
me regresa mis luciérnagas,
su palma no pierde calidez…

Coloco mi mano sobre su hombro
y él me toma por la cintura,
renazco dentro de su extraña melodía
¡Baila conmigo sin soltarme ya nunca más!

– Krizia Tovar

SOBRE LA AUTORA:

Krizia Fabiola Tovar Hernández nació en el Estado de México, en 1996. Algunos de sus escritos aparecieron en las revistas Reflexiones Alternas, Poetómanos, Awita de chale, Perro negro de la calle, MÁS Literatura, El morador del umbral, Prosa Nostra MX, Collhibrí, Teresa Magazine, Circulo literario de mujeres, Clan Kutral y El templo de las mil puertas. Actualmente estudia el último año de la licenciatura en Ciencias Humanas en el Centro Universitario de Integración Humanística.

Mi primer beso

Éramos adolescentes y él me gustaba mucho, cuando lo veía me ponía muy nerviosa pero, aun así, esperaba ansiosa los recreos para poder verlo ya que estábamos en diferentes aulas, no recuerdo cómo nos conocimos pero de inmediato hubo una conexión, yo también le gustaba. Siempre que podíamos, nos mirábamos disimuladamente y ninguno se animaba a hablarle al otro pero sabíamos que algo había por decir. Fue un juego interminable por mucho tiempo hasta que por fin nos hablamos. “Hola». Eso fue todo; fue demasiada la espera como para un simple “hola” pero tampoco pudimos decir más, sin embargo, al pasar los días, hubo más confianza y pudimos hablar. Como cualquier colegiala experimentando su primera ilusión, terminaba muy nerviosa después de una breve charla pero a la vez esperaba la siguiente oportunidad con ansias. Yo no había tenido enamorado o algún tipo de acercamiento con otro chico, era tímida, él era más atrevido así que se pudo dar algo, nada concreto, pero algo; fue mucho tiempo el cortejo, por decirlo así, que se tornó monótono y nos dimos cuenta de eso. Fue entonces que se dio la oportunidad de reavivar lo que se estaba muriendo. Una mañana en la que, por alguna razón que ya no recuerdo, hubo una especie de fiesta en el colegio, todos estábamos en un salón bailando y las miradas no cesaban entre nosotros, fue entonces que algo dentro de mí me dijo que saliera del salón, giré a la derecha y me fui detrás de los baños, poco después apareció, me puse tan nerviosa que quise irme pero me tomó por el brazo y casi de inmediato sus labios besaron los míos. Yo no sabía besar así que terminé mordiéndole la lengua y nuestros diente no dejaban de chocar bruscamente, me sonrojé  tanto y pensé que él ya no querría continuar porque noté que tenía experiencia, sin embargo siguió moviendo su cabeza de un lado a otro y yo trataba de imitar sus movimientos; quería que él pensara que yo tenía experiencia o que al menos sabía lo que hacía. Solo trataba de seguirle el paso para no morderle de nuevo la lengua o hacerle algo peor.

Cuando terminamos, él se fue y me quedé pensando en que, tal vez, tuve muchas expectativas. Tal vez lo idealicé mucho o tal vez creí que todos los besos eran dulces y únicos, pero la verdad es que ese primer beso fue un asco, pero no porque no supiera besar, sino porque no sentí nada, no hubo magia, no hubo conexión, no hubo sentimientos. Estaba decepcionada y con la desilusión de ese primer beso. ¿Fue por mí?, ¿fue por él?, la verdad es que no lo sabré nunca, lo que sí sé es que esa fue la primera señal de que tomaría malas decisiones a lo largo de todo mi vida amorosa y hoy, con 28 años, pude comprobarlo. Qué irónico, uno siempre piensa que la primera vez no se puede olvidar y yo estoy aquí, tratando de precisamente olvidar aquel beso que solo inició una cadena de malas decisiones en mi vida. El primer beso no siempre es el mejor.

– SS.

Regreso a la inocencia

Sabe de infancia

el peso de una piedra entre las manos

que deforma con su forma dura y gruesa

el espejo de la pureza

que corre con el agua del río.

Y este dejar lo que nunca ha sido mío,

esta vibración que se despliega

en transparencia,

este rito de la nada en la ausencia,

esta piedra de sol

que es más palabra que piedra,

este renunciar al amor

que es más río de llanto que renuncia,

es libertad que se preanuncia

como días de cosas perdidas

en el desierto de los mismos ojos.

– Yuleisy Cruz Lezcano

Imposible

Ningún lugar se abre al ensueño

si no se aprende a escuchar

la danza del pétalo lejano.

Ningún lugar se puede abrir al mundo

si el hombre se encuentra perdido.

No hay temblor de luceros,

no se mueve el corazón

del hombre dormido

si el alma del cuerpo estremecido

olvida el ritmo de las hojas.

Sólo desierto en el alba roja

hoy me trae el barco triste,

me lleva a la deriva del mar vacío

que besa con la sombra mi sombra.

Tú me quieres ver

lejos de este mar de sombras

pero no enciendes la llama.

Te vuelves estrella fugaz en el aire

lleno de esperanzas.

El amor es una inmensa fuerza ciega

que me llena de falsas esperas

para continuar a querer

lo que no se acerca.

– Yuleisy Cruz Lezcano

La cuna de los olvidos

El hombre duerme el vacío

y despierta el desierto

con el polvo que se pega a los huesos

en un triste respirar de pocos espacios

que cubre la brillantez del alma.

Los granos minúsculos de polvo maestro

saben todo de la guerra

porque cuentan la gente que muere

y las moléculas de tiempo

extraviadas en la carne dividida.

El desierto es en el hombre

polvo de la vida

que conoce los vientos lentos

que pasan sin turbar el pensamiento

con el misterio que vive

o que dice de vivir

un poco para sufrir por la felicidad,

un poco para llorar por la vanidad

en la cuna infeliz de los olvidos

de las perdidas ondas

transformadas de la indiferencia.

– Yuleisy Cruz Lezcano

Huellas sin paso

No habla la arena en el vacío

de horizontes y paisajes

el sol achica los ojos

henchidos por la luz

que se propaga en el viento.

El viento que sopla lleva y trae

los brazos hermanos de la muerte

que no sabe de qué ausencias

el vacío está hecho.

El silencio es ya vacío,

con paredes de tumbas levantadas

que olvidan el lugar

donde se esconden los abrazos.

La muerte brinda sus espectros

llenos de incorpóreas sombras

que han olvidado lo que une

el hombre a sus promesas.

Las sombras bailan en los ojos que miran

el oscuro mundo que los llama

desde allá donde se pierde

la forma exacta de la huella.

¿Dónde, dónde?

¿En qué lugar nos perdimos?

Nadie habla, nadie sabe donde estuvimos

antes de llegar a este desierto.

¿Dónde se perdió el sueño despierto

del hombre que vivía los tiempos del alma

que le daba felicidad y alas?

Ahora sólo quedan pétalos marchitos

y el amor que era un don infinito

se perdió en el incógnito mundo

que muchos llaman destino.

¿Dónde está el viejo camino

de esa palabra usada

de quien daba su amor sin pedir nada?

El hombre bajo el peso de sus espinas

tiene el alma mutilada y el corazón preso

que se cierra suicida al beso.

Como una semilla de luz apagada

el hombre perdió el tiempo del abrazo

en el largo camino de pupilas dormidas

y perdió también el sentido de la vida

en el intento de dejar una huella sin paso.

– Yuleisy Cruz Lezcano

Holocausto

Ojos de piedras,

en el corazón ningún efecto,

el hielo se paraliza en las miradas

esculpidas en caras amorfas.

Todavía deambulan

espectros de huesos,

en el invierno de la humanidad

deslizan sus sombras.

Niebla para tapar

el infierno del mundo.

Neblina para no ver

los fantasmas conducidos

bajo cielos que callan

viajes sin regresos.

Se va hacia la tierra de nadie,

donde el llanto de un niño

no se escucha

y los suspiros de las mujeres

huelen a muerte.

El vacío llega

desde las fronteras del tiempo.

Vidas que aún arden

en gritos que se pierden.

El fuego tapa

las bocas de cenizas

y Shoá es solo un nombre

manchado de sangre.

– Yuleisy Cruz Lezcano

La gran noticia

Caigo rendida y me tiro a la cama boca abajo, mis zapatos se resbalan de inmediato de mis pies. No tengo ganas de levantarlos y ponerlos en su lugar, las piernas me pesan, me hormiguean. Al mismo tiempo, lanzo mi cartera a un lado de la cama. Siento como si un camión me hubiera pasado por encima. De pronto suena mi celular, una y otra vez. Eso me pareció raro. Y en la posición en la que estaba, estiré mi mano para meterla en la cartera y sacar el móvil, era Juliana, mi mejor amiga. Contesté casi de inmediato. Me dijo: “Estoy emocionada, acabo de conocer un hombre maravilloso, ¿tienes tiempo?”. Yo no podía más con mi cuerpo, pero se notaba que mi amiga necesitaba ser escuchada, por lo que quedamos en vernos. Después de colgar el celular, me di un baño y me puse lo primero que vi en mi armario. Recogí mi cabello y me hice una cola pequeña y salí. Nos encontramos en un restaurante del centro. Cuando llegué, tenìa una sonrisa en los labios. Llevaba un vestido rojo hasta las rodillas, resaltaba su figura, había pintado sus labios de un rojo muy intenso. Sus ojos brillaban y al verme saltó de su silla y me invitó a sentarme junto a ella.

Pedimos algo de tomar y de inmediato me preguntó sobre mi día y le conté del problema que había tenido en el trabajo con unos informes, que había estado subiendo y bajando escaleras para entregar a diferentes áreas algunos documentos y que mi día había sido muy monótono y sencillo. Me tomó de las manos, me miró con sus ojos saltones y me dijo que las cosas saldrían bien, que tenga paciencia y trate de poner a todos en su lugar si se lo merecían. Entramos en controversia en ciertos puntos, pero entendí que en parte tenía razón. Cuando terminé de hablar sobre mí, Yuliana emocionada me comentó que hace unos días había recibido unas notas muy extrañas. Al principio me dijo que pensaba que era uno de sus compañeros varones, pero después de encararlos y sacar conclusiones, resultó que ninguno de ellos era el responsable. Me contó que luego de ello empezó a recibir detalles, a veces rosas, otros días chocolates. Mi mejor amiga me contó que todo ello le intrigaba en un principio hasta que le llegó una invitación. En ella decia que no podía faltar y que se encontraran en un restaurante. Yuliana no estaba segura de asistir a la salida, pero después de pensarlo y de tomar sus precauciones, por si algo salía mal, se animó y aceptó. Después de esperar unos minutos, apareció el misterioso galán, alto, muy guapo y con un ramo de rosas en la mano. Casi nervioso y balbuceando, le dijo: “¿No te acuerdas de mí?”. Mi amiga al verlo se quedó sorprendida y le contestó: “¿Eres tú?”. Y él le respondió “Sí, el mismo…”.

– Pamela Arteaga Lamadrid

La que ya no soy

Ya no soy aquella muchacha ingenua que salía de casa y olvidaba sus problemas personales y llevaba siempre una sonrisa.
Ya no soy la que se hacía de muchos amigos y confiaba en todos a pesar de que ellos no confiarán.
Ya no soy la que creía en el amor a primera vista y buscaba un príncipe azul.
Ya no soy la que no desconfiaba de nadie jamás y creía que todos tenían buenas intenciones.
Ya no soy la que jugaba, lloraba y amaba abiertamente porque creía que el mundo era inocente.
Ya no soy la que llenaba su celular de canciones románticas y añoraba amar con toda el alma.
Ya no soy la que vivía el presente y no se frustraba con los problemas porque ellos se solucionaban tarde o temprano.
Ya no soy la que le veía el lado bueno a todo y brindaba consejos que solo se aplicarían en un mundo ideal.
Ya no soy aquella a la que le importaba lo que los demás pensaban y si tenían un mal concepto de ella se ponía triste.
Ya no soy la que quería tener muchos amigos a los que podía confiarles todo.
Ya no soy la que creía que la amistad y lealtad eran mutuas.
Ya no soy la que no quería cometer errores para no lastimar a nadie aunque eso significara salir lastimada yo.
Ya no soy la que se quedaba callada y no expresaba lo que sentía.
Ya no puedo confiar abiertamente porque la gente está loca y aquellos que no, tampoco confían.
Ya no puedo entregar una amistad porque las personas lastiman y luego solo se van.
Ya no se puede saludar a un amigo sin que insinúe que quieres algo más y terminas siendo el problema de una relación.
Ya no te puedes enamorar porque siempre lo haces de la persona equivocada y terminas en pedazos.
Ya no te puedes desahogar con un amigo sin pensar luego en que tus secretos estarán de boca en boca.
Ya no puedes creer en las personas porque cada uno tiene sus tormentos y solo quieren librarse de ellos.
Ya simplemente una no quiere saber del mundo exterior y solo te refugias en tus letras y tu almohada.
Porque ese mundo te convirtió en alguien irreconocible, en alguien que no eras, en una versión de ti que jamás pensaste ser.
Pero con la poca cordura que te queda te das cuenta que necesitas aislarte para poder encontrar tu esencia, encontrarte.
Necesitas un respiro y necesitas hacerlo ya porque luego ya no serás jamás la que un día fuiste.

– SS.

No es un maldito hecho

No es un hecho que el cauce de un río no se pueda alterar.
Que el rumbo de un cometa no pueda variar.
Que los caminos de tu rutinaria vida desemboquen en un simple tiempo y lugar.
Que mil mareas no puedan estabilizar un huracán.
Que una gota de agua no pueda sobrevivir en el desierto.
Que estando aún despierto no se pueda soñar.
Que el brillo solar no pueda tu corazón calentar.
Que dos columpios pendulen perfectos y armónicos sin un soplo mínimo de brisa.
Que dormirte en la misa sea un pecado.
Que el hecho de dar amor y no ser amado te haga menos.
Que mientras menos sepas más feliz serás.

No es un hecho.
Ni siquiera un maldito punto de convergencia.

– J

Quiero

Suena muy repetitivo pero te volví a soñar, te abrazaba, te tocaba y te besaba, me pertenecías y yo a ti, era justamente todo lo que quiero, toda la felicidad en un sueño.
Pero luego tengo que despertar y no sé ni cómo te llamas, no recuerdo tu rostro, ni tu olor, no sé si existes o no pero aun así me dejas un vacío desolador.
La desesperación se apodera de mi corazón ya que necesito de tu presencia y de tu forma de amarme, necesito de ti.
¿A dónde iré a buscarte?, ¿por quién pregunto?, ¿qué pistas sigo?, ¿o solo existes en mis sueños?, de ser así, no quiero volver a despertar más.
Mi realidad es tan aburrida, desoladora, aún quiero creer que existe el amor y que vendrás por mí, quiero mi historia de amor con un final feliz.
Quiero tropezar contigo por la calle y que nuestros corazones se enganchen para no poder separarnos jamás, quiero que me mires y me abraces.
Solo quiero una caricia y tal vez una vida entera a tu lado, quiero verle el sentido a la vida, a los días de rutina, al porqué de mi existencia.
Quiero un poco de esperanzas y no resignarme a una patética existencia con una vida que no quiero y las cuentas por pagar.
No quiero caer en la monotonía o lo cotidiano de una vida mortal en la que mis problemas son más grandes que mis ganas de vivir.
Imagínate la importancia del amor en la vida de una persona que termina hablando sola y rogando por un golpe de suerte.
Quiero la plenitud y la felicidad completa pero no solamente para mí, quiero compartirla.
Mis sueños son un arma de doble filo ya que me muestran lo que me espera o lo que jamás tendré, benditos sueños que saben muy bien lo que guarda mi corazón.
Bendito corazón que aspira al amor eterno aunque no exista, ingenua mente que imagina escenarios en los que se realizan los sueños.
Ingenua yo que estoy esperando a alguien que jamás vi, que jamás sentí y que probablemente jamás conoceré.

– SS.

Ansiedad

Se acelera el corazón y la respiración, las piernas te tiemblan, no se puede olvidar esa sensación.

A cada instante en cada momento, cuando algo en mi mente me perturba, sea la preocupación, angustia por alguna situación, ahí está.

Aparece como si supiera que la necesito. Pero no es así. Es constante y diaria, como el almuerzo, el desayuno o la cena. Solo la medicina puede hacer que ya no la sienta dentro de mí.

Noches sin dormir, en no dejar de pensar en algo que es ilógico y poco común para muchos. Vienen y van esos pensamientos que se han vuelto obsesivos y dañinos.

Cuando todo parece perdido, te armas de valor y lo enfrentas, decides medicarte y acabar con el martirio.

Pero no es para siempre, es temporal. Terapia para complementar. Conversaciones profundas y confesiones dolorosas que debes sacar a flote para poder sanar.

Y así dos veces por semana, hasta que esté preparada para decir, finalmente, que ya puedo dejar de preocuparme o ponerme nerviosa y dejar de sentirme incómoda cuando socializo con la gente.

Parece fácil el proceso; pero es difícil, agotador, a veces quieres tirar la toalla y decir que no quieres avanzar, pero es necesario. Treinta años han tenido que pasar para poder darme cuenta de que debo de sanar. Sanar para poder vivir en paz.

– Pamela Arteaga Lamadrid

Qué angustia

Habían pasado varios meses desde que no recibía esas llamadas misteriosas, ni siquiera recordaba cuándo fue la última vez que, asustada, tomé el teléfono al escuchar sonar incansablemente el tono y que nadie contestó del otro lado. Llovió mucho esa tarde. Caminaba rauda por la calle mojada por la tempestad cuando llegué a casa y vi que la puerta principal estaba abierta, mis piernas temblaban. Hace un rato quería estar dentro para refugiarme de la lluvia, pero ahora no quería ni asomarme. Pensé “me han robado”. Estuve varios minutos quieta, respirando lentamente y sin hacer ruido, ninguna palabra quería salir de mi boca. Quería salir corriendo, pero mis piernas no respondían. Una voz interrumpió mi angustia. “¡Señorita! ¿Qué sucede? ¿Por qué no entra? Hace mucho frío”. Sus palabras me dieron valor y grité: “¡Me han robado! ¡Por favor, llame a la policía!” El amistoso hombre dejó lo que estaba haciendo y fue en mi auxilio: “¿Cómo así?”. Le expliqué detalladamente lo que había encontrado. Dijo: “No se preocupe, veré qué sucede”. Yo seguía en la puerta, podía mover ya mis piernas pero no tenía el valor para entrar. Mi amable vecino gritó “¡Señorita!”, yo salté del susto… “¿Hay alguien ahí?” demoré unos minutos en contestar y me dijo “No. No hay nadie. Puede entrar”. Entré raudamente pero aún seguía asustada. Solo pude pasar hacia la sala y el vecino se acercó, me dijo “Parece que alguien estuvo aquí y dejó esto…” Me entregó un sobre que decía “Ábreme cuando estés sola”. Mi vecino me aconsejó denunciar el hecho pues podría estar en peligro y se fue. Cuando logré abrir el sobre, aparecieron ante mí varias fotografías mías en varios lugares anotados, además las fechas y días en los que estuve en esos momentos. Además de una nota que decía “Yo lo veo todo y sé todo”.

– Pamela Arteaga Lamadrid

Hablemos

A pesar de que no pasó mucho tiempo y aún las heridas están abiertas, déjame mirarte solo un momento más.
No imaginas todas las noches que te he llorado y no trato de victimizarme, solo déjame mirarte un poco más.
Y aunque no pueda abrazarte con todas mis fuerzas en este momento, solo hablemos un poco más.
No pediré disculpas, no trataré de dar explicaciones, no me justificaré, solo déjame expresarme.
He aprendido a vivir con mi propia culpa y arrepentirme en silencio, he meditado lo necesario y un poco más.
Quise entender mis propias acciones, quise entender el porqué de mis decisiones y no encontré respuesta.
Eso me hundió más, no saber ni qué es lo que quiero, sentir un vacío y tratar de llenarlo con impulsos y nada más.
Quiero que me creas pero no sé cómo hacerlo, solo puedo mirarte a los ojos y esperar que cambien de expresión.
Deseo que salgan algunas palabras de tu boca y que alivien el peso que hay en mis hombros solo un poco.
Pero también entiendo que todo lo sucedido no se borrará con solo una charla, el daño fue constante.
No imaginé que tarde o temprano mis demonios me alcanzarían y te arrastrarían conmigo.
Entonces, cuando te vi en lo profundo, pude entender que había llegado al límite y ya nada más podía hacer.
Y tomé la última decisión que terminó de hundirnos, huir; y me escondí lo más que pude porque no podía mirarte a los ojos.
Quedamos en nada, como si el tiempo se hubiera detenido, no existía un mañana, no existía nada más.
El corazón quedó en reposo absoluto, no sentía dolor, no sentía miedo y tampoco rencor, solo latía un poco y nada más.

Podía tener un poco de paz diciéndome a mí misma que fue mejor irme de tu vida, no podía hacerte más daño.
Pero seguía equivocada, ahora te veo y me arrepiento de no haber estado a tu lado y cumplir mi condena.
Pretendía enmendar mi vida sin una parte esencial de mí, quería vivir feliz huyendo de mis culpas.
Necesito que me digas que no soy una mala persona, que merezco tu perdón y que puedo levantar la cabeza.
Toma la iniciativa y abrázame porque lo necesitamos, necesitamos llorar y olvidar el pasado.
Así podré tener el valor de decirte que necesito de ti y que fui una tonta por no valorarte un poco más.
Sé que tu confianza no la recuperaré con palabras o lágrimas y si te das la vuelta y te vas lo entenderé.
Aunque apuesto mi vida a que tú también quieres saber que pasará mañana con esta historia.
Hablemos de la vida, del amor, del perdón, hablemos todos los días y a toda hora, hablemos de mí, de ti y de todo un poco.
Cuéntame cómo es que te hiciste más fuerte, cuéntame porqué las cicatrices, las sonrisas, cuéntame porqué no te fuiste.
Y yo te cuento porqué regresé, porque te busqué y cómo supe que te encontraría donde te dejé.

– SS.

Mis raíces

Como lentas corrientes

empujadas de huracanes,

mis raíces profundas se mueven,

van a mirar en los ojos de los rebecos,

en los bolsillos de los recuerdos,

dentro de un libro

donde he subrayado mis frases preferidas.

Mis raíces se mueven con las sombras

en la pared,

danzan sobre los candados oxidados

de rejas abiertas,

en los charcos de la calle.

Se paran en las etapas intermedias del viento,

cada una respira un viento distinto,                                                         

quién sabe si un día se detendrán.

– Yuleisy Cruz Lezcano

Deseo

Quiero adoptar un perro

para pasear por esta ciudad inerte

para evitar confundirme

con la muchedumbre que no sabe

de ser muchedumbre.

Quiero adoptar un perro

que sea solo mío

para no ser de nadie

de ninguna raza,

de ningún dueño,

un bastardo como yo

para ladrar a las sombras.

Quiero adoptar un perro

para verme con él

en la sombra del puente

para descifrar mi norte

cuando él mueve la cola

y flotar junto al viento

y todas sus corrientes.

– Yuleisy Cruz Lezcano

Diario

El señor cualquiera,

se sentaba todos los días

dos horas en la rutina,

con lentitud que parecía sabiduría

y no de edad, de melancolía.

Sentado en el mismo banco polvoriento

escuchaba el último aliento

de las hojas que caen,

el primer aliento

de las hojas que nacen.

Allí en la plazuela,

de frente al santuario,

leyendo un diario,

hoja por hoja,

pasaban las palabras

por sus manos arrugadas

y con las palabras, fotos estrujadas

entraban en su mirada,

en su respiro profundo.

Y desde un extraño mundo

el amor que podía ser

lo esperaba.

– Yuleisy Cruz Lezcano

Amo

Del reflejo de los astros amo

las estrellas suicidas que encuentran

tierra fértil en la caída

sin comprender que la vida

es un instante.

Las amo como amo los muertos

excavados, despejados del cuerpo

perdido en la neblina que pierde

las palabras que interrogan la vida.

– Yuleisy Cruz Lezcano

Como la neblina

Me iré en el partir,

antes de la hora habitual,

antes que el gallo cante…

tal vez después sabrán

el lugar de donde no hablo.

Bastará saber que desaparecí

y que no sé si encontraré

la vía del regreso

o si quiero encontrarla.

No es fácil desaparecer,

mantenerse desaparecido

en el decir a alguien que existo.

Testigo es la neblina que está

frente a mí

tentadora como el deseo

de la casa propia.

Desapareceré en las fotos

de rostros consumados,

en la neblina que duerme

donde se disuelven las palabras.

Nadie me hallará en el corolario

de mutaciones que acogen

visiones de vapores,

seré en las gotas de agua

evanescente,

nebuloso ser que regresa al origen

sin respuesta al posible

que hubiera podido ser.

Considerando que la existencia

otra cosa no es que una pregunta,

yo y la neblina somos dos almas juntas

con el derecho a la trascendencia.

– Yuleisy Cruz Lezcano

Fuego e indiferencia

Al cerrar la puerta me tomas por el cuello y me pegas contra la pared, me besas como si nunca lo hubieras hecho y me tomas por el pelo mientras saboreas mi cuello con tu lengua, poco a poco vas rasgando mi ropa para dejarme totalmente desnuda, trato de seguir tu ritmo pero no puedo, luego me dejas parada mientras tú subes tus manos desde mi tobillo hasta mis nalgas y en un instante estoy rodeando tus caderas con mis piernas para que así puedas tener mis senos a tu disposición, mientras me besas vas posando mi cuerpo en la cama y sin esperar demasiado separas mis piernas con total seguridad, entonces somos uno, somos fuego, debería gemir o gritar pero mi lengua está muy ocupada con la tuya y mis manos estrujando las sábanas mojadas, entonces bajas tu ritmo pero solo para darme la vuelta y cogerme arrodillada, yo solo me dejo llevar porque sabes que me gusta que me sometan y te gusta someterme, el adormecimiento no me impide disfrutar del mejor sexo de mi vida, hasta que por fin ambos satisfechos finalizamos con un beso. Ya para el final, nos abrazamos y dormimos unas horas para luego vestirnos.

Entonces salimos del hotel, cada uno por su lado y es cuando caigo en  cuenta que solo en la cama somos felices, que solo unas horas me perteneces, que solo un momento me amas, que no sabré de ti hasta que una noche me digas que me deseas y yo aceptaré porque soy débil y porque también te deseo, te deseo a más no poder, tanto que se me olvida tu conveniente indiferencia y ausencia en los días posteriores, se me olvida que no escribes, que no llamas ni preguntas, pero aun así yo siempre te responderé y te daré encuentro a donde tú me digas para poder ser fuego las veces que quieras.

– SS.

Epitafio

Te perdono,

muerte de la carne,

humillación del hambre,

repentinamente taladrada

de la voz callada

cuando se va la vida.

Perdono la indignación encendida,

no puede ya desgarrar mi pecho.

Mi corazón está hecho

de ojos que parten

de una isla de sombras.

La sola cosa que me nombra

es un epitafio.

– Yuleisy Cruz Lezcano

Como si hubieras muerto

Te lloré los primeros días como si hubieras muerto, no podía verte, tocarte, llamarte.

Pero sí podía pensarte día y noche, extrañarte, añorarte, como si nada hubiera cambiado.

No quisiste quedarte porque tu realidad superaba nuestro amor y yo no podía esperarte.

Sabía que mi futuro a tu lado no sería el esperado, que jamás tendría mi lugar en tu vida.

Pero si tan solo me lo hubieras pedido, habría dejado todo y entregado más aún.

Yo quería una vida contigo, quería una familia, anécdotas, navidades, quería tu presencia.

Pero no se pudo y ahora, cuando al fin pienso que ya te superé, vuelves en mis sueños.

Revives mis más grandes temores, el de tenerte y luego perderte. Entonces vuelvo a amarte.

Como si el tiempo no hubiera pasado, como si el destino no hubiera echado sus cartas.

Mis sentimientos me sabotean y quiero verte, quiero buscarte y poder hacer el amor.

Y la impotencia me carcome porque solo estoy en mi cama con la almohada mojada y el corazón roto.

Deseando perder la memoria y jamás recordarte porque fuiste el que me enseñó a amar.

Pero también fuiste el que me enseñó la desilusión, la desesperación y la locura.

Cómo olvidar cuando me humillé por querer besar tus labios y tocar tu piel.

Cómo olvidar cuando me traicioné a mí misma como mujer queriendo conformarme con poco o casi nada.

Solo me queda aceptar que nuestra historia ya tuvo su final, ya fue contada.

Y por mucho que quiera cambiarla se necesita de otra vida para poder continuarla.

Tal vez, cuando nuestras almas se reencuentren, podrán vivir el amor que dicen sentir.

Entonces podremos tener un poco de paz ya que ninguno luchó por el otro.

Tú, consumiéndote por lo terrenal, me dejaste ir y yo, elevándome por lo ideal, floté tan lejos como pude.

Ahora te lloro como si hubieras muerto y en teoría es así porque solo me quedan recuerdos tuyos.

Recuerdos que poco a poco se van borrando junto con mi ilusión de algún día poder volver amar.

– SS.

Ladrones del tiempo

Mi nombre es Doniyor. Mi vecino Abdullah y yo nos hemos hecho amigos cercanos. Un día no pudimos encontrar ninguna forma de divertirnos. No teníamos objetivo. No sabíamos qué hacer. Cuando estábamos haciendo algo con un trozo de madera, mi padre se despertó de repente. Tenía los ojos entreabiertos cuando dijo:

“¡Oigan, ladrones de tiempo! ¿Están perdiendo el tiempo?”

No entendía en absoluto el significado de los «ladrones de tiempo» de mi padre. Quise preguntar, pero él se durmió.

Mi amigo Abdullah también preguntó «¿Somos ladrones?»

Cuando llegó el día, entró en su casa. También me quedé dormido por el agotamiento. Pero recordé que llegaría tarde a la escuela, así que rápidamente me lavé la cara y tomé té a toda prisa.

No recuerdo lo que comí. Pensé que llegaría tarde a la escuela, pero la clase aún no había comenzado. Tan pronto como llegué, entró el maestro. Todos saludamos al maestro con respeto.

“¡Mis queridos estudiantes! Estoy encantado de verlos. Mi alegría es ilimitada.”

Justo cuando nuestro profesor nos estaba explicando el tema, uno de mis compañeros entró y dijo: «Profesor, lo siento, llegué tarde hoy».

“Doniyor, no llegues más tarde”, dijo el maestro. “Esta vez te perdono, pero la próxima vez te castigaré”.

“Queridos alumnos”, dijo el maestro, “debéis construir un nuevo Uzbekistán y, al mismo tiempo, justificar la confianza de vuestros padres, dispuestos a dar la vida por vosotros. Si te vuelves famoso, estaré orgulloso de decir en la calle que le enseñé a este estudiante”, dijo.

Estas palabras de mi maestro tuvieron un efecto especial en mí y aumentaron la confianza en mí mismo. Varios susurros comenzaron en el salón de clases.

«¿Vendrás a mi cumpleaños mañana?» También escuché esas palabras. Estaba claro que nuestro maestro también escuchó estas palabras.

«Ladrones de tiempo», dijo el maestro. Su mirada aguda hacia los estudiantes estaba marcada por el arrepentimiento. «Ladrones de tiempo».

Había escuchado estas palabras de mi padre mientras jugaba con mi amigo. Por eso no me extrañó escucharlas.

Mis compañeros de clase estaban atónitos.

Doniyor temblaba de miedo, como mi amigo Abdullah, como si hubiera cometido un crimen.

«Doniyor, ¿por qué estás temblando?» preguntó el maestro.

“Nos llamaste ladrones, ¿verdad? Después de todo, ¿no se castiga a los que roban?”

“Los ladrones de tiempo son castigados por el tiempo mismo. Al hacerlo, te estás haciendo daño a ti mismo.» dijo el profesor.

“Maestro, no entiendo el significado de esta oración en absoluto. Cuéntenos sobre el robo de tiempo”.

“Por lo general, los que roban son castigados”, dijo el maestro. “Los ladrones de tiempo no son una excepción. Es cierto que el ladrón del tiempo no es castigado. Ni siquiera es responsable ante la ley. Pero perder tu tiempo ahora es equivalente a robar tu tiempo, tu futuro. Si dedicas todo su tiempo a la ciencia, ahorrará tiempo y te convertirás en una persona destacada en el futuro.”

“¡Oh! Mi amigo Abdullah y yo somos los ladrones de nuestro futuro”, pensé.

Estas palabras del maestro me inspiraron y en ese momento me di cuenta de lo que era un «ladrón de tiempo».

Incluso volví a nuestra casa a toda prisa: “Abdullah, ¿estás ahí? A partir de hoy, puedo decir que entiendo el valor del tiempo.”

“Sí, Abdullah, entendimos, ahora no debemos robar nuestro tiempo, solo estudiaremos. En el futuro, estaremos entre las personas destacadas mencionadas por mi maestro.” “Estoy de acuerdo contigo.”
¡No pierdas tu tiempo! ¡Siempre recordaré que el tiempo es un trofeo!

– Abdumominov Abdulloh

Otoño del cuerpo

Existe un momento

en el corazón del otoño

hecho de neblinas,

de epitafios cantados

por el viento.

Existe un momento

no acariciado por el tiempo,

sin contornos nítidos,

donde la lluvia engendra

respiros evanescentes

de nostalgias omnipresentes

cerradas en la voz

de una hoja que cae

del árbol cóncavo

de mi garganta.

Existe un momento,

donde el ruiseñor canta

a la lágrima rota

y el aire mudo calla su aliento

sobre la muerte que flota.

Existe un tiempo

en el que mi cuerpo es apenas

una gota,

rocío al extremo de una hoja,

abierta al aire

de la tarde recogida.

Existe un momento

en el que la vida

va en hibernación

sentada en un rincón

donde ya la noche

toca fondo.

– Yuleisy Cruz Lezcano

Las tijeras de podar rosas

Hoy estuve en el jardín podando las rosas y mi nieta Natalie, esa personita maravillosa y encantadora que la vida me dio, que es la personificación de la inocencia y vivacidad, se acercó y preguntó:

– ¿Abuelita, cuando eras niña, todo era diferente? ¿Cómo era tu casa?

En un segundo mi mente me traslado al pasado, a mis tiernos 4 años, con la falda ajedrez escoces, zapatitos de charol y mediecitas blancas. En un tiempo en que no existían robots ni aparatos inteligentes para delegar las tareas domésticas. Cuando no estábamos familiarizados con los los televisores, los teléfonos móviles, los ordenadores y otros dispositivos inalámbricos que han aparecido en nuestras vidas. Pero, además, no existía la increíble cantidad de artefactos que disponemos ahora. Entonces, nos dábamos tiempo para cortar el césped, para limpiar la casa, amasar el pan…

Lógicamente, no podíamos soñar que un día los robots cortadores de césped o las hidrolimpiadoras y muchos aparatos que funcionan de forma autónoma, que nos permiten desligarnos de tareas para las que no tenemos tiempo, existirían y los utilizaríamos con tanta naturalidad.

Además, no nos importaba mucho el medioambiente, como ahora que todos los sistemas son ecológicos y sostenibles evitando la contaminación ambiental.

Las estufas eléctricas o las estufas de pellets son un buen ejemplo de esto, ambas con sistemas de bajo consumo y un funcionamiento que evita la emanación de residuos tóxicos, no depredan la naturaleza y empiezan a calentar solas, basta con dejarlas programadas. Ya nadie se imagina el crepitar del fuego en la chimenea… tampoco pueden imaginar el olor de la carne asada a carbón o el pollo cocido a la leña.

Ahora el jardín se moja solo con un sistema subterráneo que mantiene la adecuada humedad de las plantas.

Miré firmemente a mi pequeña nieta, le acaricié el pelo sin saber por dónde empezar a comunicar las diferencias abismales entre su mundo y el mío… con la voz parsimoniosa le dije:

– Mí niña linda, yo nací y crecí en el mundo antiguo donde las comodidades que eran modernas, ahora son tan antiguas que hasta son chistosas… no existían máquinas con inteligencia artificial en el cotidiano, las comodidades no eran accesibles a todos; aún no vivían entre nosotros los extraterrestres y el planeta era un caos. Existía todo tipo de miseria y la paz era un sueño, un ideal que parecía inalcanzable. Yo nunca pensé que fuera vivir tanto y llegar a ser tan vieja como para ver tantos cambios.

Los cambios empezaron, precisamente, en el año 2021. En el primer minuto del primer día del año. Era de noche, en aquella época el planeta tenía otra inclinación, entonces, cuando la mitad del planeta estaba en el día, la otra mitad estaba en la noche. Cuando unos estaban en invierno, los otros estaban en verano. No era como ahora que el sol aparece y se oculta para todo el planeta al mismo tiempo. Además, había luna…

Pues, bien, las personas estaban en la calle saludando el nuevo año de manera primitiva, con fuegos de artificio y haciendo exageraciones como beber sin medida. Entonces, aparecieron miles de miles de naves espaciales y derramaron una especie de llovizna que cayó sobre todos los seres vivos del planeta Tierra e, inmediatamente, los perros y gatos empezaron a hablar, las personas se olvidaron del mal y todos empezaron a trabajar en sintonía, adaptándose instantáneamente a la nueva vida. A cada ser humano fue asignado un extraterrestre que le ayudaba a comprender el nuevo orden y a adaptarse a las nuevas tecnologías.

Así, desaparecieron las lavadoras de ropa, porque ahora tenemos estas vestes auto limpiantes que podemos cambiar su forma y color solamente con nuestro pensamiento cuando tocamos su etiqueta.

Ya nos alimentamos de otras cosas, como el maná que bebes en tu taza de cristal cada día. Y no faenamos animales y estamos en harmonía con la naturaleza.

La casa era diferente porque necesitábamos más cosas para poder vivir con cierta comodidad. Te explicaré una a una, pero otro día. Hoy te diré que todo ha cambiado y el amor impera en el planeta y nadie, de las nuevas generaciones, conoce lo contrario. Pero lo que sigue igual y no entiendo por qué, son las tijeras de podar las rosas.

Publicado en la Antología: “Ampulheta@: Crônicas futuristas”. Christina Ramalho –I. ed. –Natal/RN: Lugraf, Brasil (2020).

– Márcia Batista Ramos

SOBRE LA AUTORA:

Márcia Batista Ramos, nació en Brasil. Licenciada en Filosofía. Es gestora cultural, escritora, poeta y crítica literaria. Es columnista en la Revista Inmediaciones, La Paz, Bolivia y en periodismo binacional Exilio, México. Publicó: Mi Ángel y Yo; La Muñeca Dolly; Consideraciones sobre la vida y los cuernos; Petty Barrón De Flores: La Mujer Chuquisaqueña Progresista Del Siglo XX; Tengo Prisa Por Vivir; Escala de Grises – Primer Movimiento; Rostros del Maltrato en Nuestra Sociedad; Dueto; Escritoras Cruceñas, Caballero, Reck & Batista; Escritoras Contemporáneas Bolivianas, Caballero, Decker & Batista; Caspa de Ángel – antología de cuentos, crónicas y testimonios del narcotráfico, Batista-Ramos & Carvalho Oliva. Es colaboradora en diversas revistas internacionales.

¿Qué tal tropezar con Damastes en una esquina literaria?

Al volver la vista atrás hacia el mundo griego, nos encontramos con que, en la Grecia Antigua, existía la famosa ciudad de Eleusis (polis de Eleusis) donde se realizaba el culto de las deidades femeninas Perséfone y Deméter, madre diosa y su hija también diosa. Fue uno de los cultos mistéricos con más adeptos de su tiempo. Además, de todos los ritos celebrados en la antigüedad, estos eran considerados los de mayor importancia y se extendieron posteriormente al imperio Romano.

Fue en la “polis de Eleusis” que Damastes, el hijo de Poseidón, dios de los mares, se estableció como posadero en su casa en las colinas.

Damastes ofrecía posada al viajero solitario. Tenía un comportamiento muy amable, solícito y cariñoso hacia los viajeros, a quienes les ofrecía hospedaje en su casa.

En seguida se hizo conocido como hospedero y luego fue apodado de Procusto que significa “el estirador” por su exclusivo método de tornar perfecta la estancia a los huéspedes de su posada.

Cuentan que Procusto les invitaba a acostarse en una cama de hierro, cuando los huéspedes estaban durmiendo profundamente, los amarraba en la cama y aquellos que no se ajustaban a ella porque su estatura era mayor que el lecho, les serraba los pies que sobresalían de la cama; y si el desdichado era de estatura más corta, entonces les estiraba las piernas golpeándolas con un mazo hasta quedar a la altura del lecho, hasta que se ajustaran exactamente al catre.

Algunos cuentan que se trataba de dos camas de diferentes tamaños, una larga y otra corta, dependiendo de su apetito era la cama que ofrecía. Sin embargo, otros cuentan que la cama poseía un mecanismo móvil por el que se alargaba o acortaba, según el deseo del perverso posadero. Por tal motivo, nadie podía ajustarse exactamente al catre y, por tanto, todo el que se alojaba en su posada era sometido a la mutilación o al descoyuntamiento.

Procusto terminó su reinado de terror y su malvada existencia de la misma manera que sus víctimas. Fue capturado por Teseo, que lo acostó en su camastro de hierro y le sometió a la misma tortura que tantas veces él había aplicado a los hospedados.

El mito de Procusto ha quedado enraizado en la tradición popular y en la literatura universal como una expresión característica para referirse a quienes siempre pretenden acomodar la realidad a la inopia de sus intereses o a su particular visión de las cosas.

Estas personas poseen un plausible empeño por cautivar a los demás, dando la impresión de ser muy amables y agradables, además de sinceras.

Están siempre muy seguros de lo que deben hacer, pero esa clarividencia suya es la principal causa de su obstinación al error ya que su preocupación por los demás se inscribe en un patrón que no hay forma de eludir. Pues son previsibles e irreductibles.

Su incansable actividad deja numerosos heridos a su paso. Cuando se les hace alguna objeción acerca de sus rígidos planteamientos, se molestan y suelen seguir adelante sin inmutarse, convencidos de estar siempre en la mejor de las actitudes.

Su generosidad es bastante egoísta. Siempre guardan una intención oculta detrás de sus actos aparentemente inofensivos y hasta, de cierta forma, benévolos y humildes.

Son personas que no se sitúan. Son los que piden sinceridad y cuando se les dice la verdad, se enfadan. Los que piden que se les haga cualquier observación con toda confianza, pero cuando se les dice algo concreto, no les gusta nada. Los que hablan de diversidad y de tolerancia pero no les gusta que no se piense exactamente como ellos. Son los que se llenan de celos si alguien sobresale de la medida de su propia mediocridad. Todo lo juzgan a su conveniencia. Todo lo quieren cortar a su medida. Quizá su principal problema es precisamente que se creen medida de todo y, por eso, siempre llega el momento que es ingrata su compañía.

El Síndrome de Procusto, al igual que otras patologías, está bastante más extendido de lo que uno puede llegar a pensar. Y como en cualquier patología obsesiva, puede observarse en prácticamente cualquier entorno, puede estar disfrazado de amigo, padre, hermano, profesional de confianza, etc. Lógicamente, eso tiene graves efectos sobre quien se relaciona con ellos.

Este mito refleja la presión a la uniformidad que es característica del síndrome con su mismo nombre, así como la actitud inicialmente afectuosa y acogedora que muchas personas, que manifiestan este síndrome, imprimen a su interacción sin que aparentemente exista ningún tipo de malestar o conflicto.

Algunos de los ámbitos en los que resulta visible este síndrome, que se define por la intolerancia a la diferencia, son los siguientes: laboral, familiar, personal, etc.

En el ámbito académico, quien sobresale es muchas veces mal considerado. Se trata del sector en el que el síndrome de Procusto puede resultar más evidente, especialmente, al existir una gran competitividad. En ese ámbito se va a intentar que la persona que sobresale, no lo haga, minusvalorando sus aportaciones o incluso apropiándose de ellas, estableciendo un excesivo nivel de control sobre el sujeto en cuestión y, en algunos casos, se extienden rumores respecto a su persona o su trabajo con el fin de desacreditarla.

En muchos casos, en los que la persona que se siente amenazada tiene poder para ello, puede llegar a no contratar o no promover a las personas más eficientes, sino a otras más dominables y que pueden suponer una menor amenaza.

Atendiendo a esta leyenda y a esta definición, es evidente que esta patología hace que quien la sufre se muestre intolerante ante los éxitos de los demás. De este modo, las personas que padecen el Síndrome de Procusto detestan a aquellos que destacan en algún aspecto y rechazan, en consecuencia, todos los proyectos e ideas que proponen.

El perfil de una persona con el Síndrome de Procusto se resume en que sufren enormemente y se sienten mal cuando otras personas tienen la razón y ellos no. Además, por lo general no son conscientes de lo que les ocurre y puede que incluso piensen que son empáticos.

Así, ante a una situación tiránica y arbitraria, se dice acuéstense en el “lecho de Procusto”. En la práctica, es la incapacidad para reconocer como válidas las ideas del otro, el miedo a ser superados profesionalmente o al ser superados en sus conocimientos.

También existen Procustos en la literatura. Ahora, en tiempos de pandemia que el intercambio tiende a ser mayor ya que las redes sociales hacen las relaciones literarias más dinámicas, es fácil reconocerlos. Entonces, te pregunto: ¿Qué tal, tropezar con Damastes en una esquina literaria?

– Márcia Batista Ramos

SOBRE LA AUTORA:

Márcia Batista Ramos, nació en Brasil. Licenciada en Filosofía. Es gestora cultural, escritora, poeta y crítica literaria. Es columnista en la Revista Inmediaciones, La Paz, Bolivia y en periodismo binacional Exilio, México. Publicó: Mi Ángel y Yo; La Muñeca Dolly; Consideraciones sobre la vida y los cuernos; Petty Barrón De Flores: La Mujer Chuquisaqueña Progresista Del Siglo XX; Tengo Prisa Por Vivir; Escala de Grises – Primer Movimiento; Rostros del Maltrato en Nuestra Sociedad; Dueto; Escritoras Cruceñas, Caballero, Reck & Batista; Escritoras Contemporáneas Bolivianas, Caballero, Decker & Batista; Caspa de Ángel – antología de cuentos, crónicas y testimonios del narcotráfico, Batista-Ramos & Carvalho Oliva. Es colaboradora en diversas revistas internacionales.

Infidelidad

Diego, me has matado mil veces,
mis ojos no merecen
verte yacer con mi hermana.
Rebulle en mi alma la cama,
pesadilla de todas las visiones,
con miradas perdidas en tentaciones
y voz baja de frutos de concepción,
mientras te miro sin consolación
me pierdo en una muerte silenciosa,
aleteo de un pájaro, poca cosa,
lejano es mi disentir.
Delante de mis ojos no puedes mentir,
y yo trato de huir
de los alientos de caballo y yegua en monta
mi mente no afronta
lo que ven mis ojos,
huyendo,
creo de escuchar a mis espaldas
un pecado que no me atrevo a mirar,
mi cuerpo es apenas una lágrima
y se está por suicidar
al borde de una pestaña.
Gota abierta que engaña
mi corazón que no deja de moverse
dentro de su misma muerte.

– Yuleisy Cruz Lezcano

La cama volante

El pincel arde
junto al mar de fuego,
un deseo de vida
muere en sus entrañas,
sitio de amor profundo,
de coraje necesario y de espera
de la muerte.
Frida se dibuja en una cama inerte,
los órganos sonríen desde el alto,
con hilos de sangre que rompen
las aguas amargas de su vientre
desde donde se siente
el olor acre de las piernas.
Sangre cadáver que tiñe
el lienzo que explora la muerte.
El nombre Frida se mezcla al dolor,
lo hace trabajar, soñar, esperar
que el amor
pueda salvar
la mujer que es carne
hecha de carne,
picoteada en el fondo
de buitres negros
que vuelan sobre la cama,
siguiendo el vuelo de su sangre
por el viento.

– Yuleisy Cruz Lezcano

Sabrosa relación entre gastronomía y literatura

Entendiendo nuestra doble condición como seres humanos que, al mismo tiempo somos seres culturales y seres biológicos, manifestamos un fuerte vínculo entre la cultura y la comida. Siendo que la comida no se restringe a lo culinario ya que engloba valores de la identidad religiosa, histórica, económica y social, entre otros.

La comida, en cuanto a usos y costumbres, fue analizada por la investigación antropológica de diversas maneras: la construcción del llamado objeto de estudio o la selección de los sujetos participantes en la investigación.

Según el grupo humano al que pertenecemos, ciertos aromas y sabores son muy agradables y familiares a nosotros, ya que son una representación de nuestra cultura, sin embargo, otros no.

En el mundo pluricultural en que habitamos, el queso y los lácteos no son ingredientes comunes en la cocina china. Mientras que para los seguidores del judaísmo; el cerdo, las liebres y los camarones están prohibidos. Pues cada cultura tiene su código de ética alimentaria, construida históricamente en base a factores de producción y acceso a los diferentes ingredientes, igualmente, a la forma de preparar cada uno de los alimentos, sumados a la religión y otras costumbres.

De esta forma, construimos nuestro paladar. A mí, por ejemplo, sabe imposible siquiera probar “Casu Marza”, un queso de leche de oveja blando y descompuesto que sirve de casa para las larvas de la mosca del queso, servido con las larvas vivas, típico de Cerdeña; o cualquier animal vivo, como el pulpo en Corea del Sur; u otros platos como los huevos pasados, exquisitez filipina que tienen, en su interior, el feto de un pájaro de 18 días, con plumas, pico y huesos.

Así, la gastronomía recrea, cotidiana y extraordinariamente, su sentido de pertenencia a ciertos grupos humanos y se torna un referente.

Como cada grupo humano codifica el mundo de los sentidos, desde una mirada propia basada en su particular racionalidad, la alimentación está  presente en las particularidades de toda sociedad, ya que la comida es un espacio cargado de significados, pues está fuertemente enlazado a nuestra historia social, lo cual, permite ver la diversidad cultural en todos los tiempos.

El universo del quehacer alimentario es, en sí mismo, un referente vital de un grupo social o comunidad, ya que representa uno de los principales rasgos de identidad de cualquier grupo; es el rasgo capaz de aportar referentes que enriquecen investigaciones concernientes a la cultura, la economía, el derecho, la nutrición y la salud de una comunidad.

A lo largo del tiempo, la aparición de la comida en la literatura siempre estuvo presente, asumiendo distintos significados y aportando nuevas informaciones, tanto sobre la temporalidad como sobre la espacialidad, dando mayor realismo a los textos.

La descripción concienzuda sobre mezcla de sabores, olores, colores, texturas, sonidos y pensamientos que se encuentran en los diversos universos de la comida, permitieron que la relación gastronómico-literaria sea un componente enriquecedor de los textos literarios. Transmitiendo conocimiento y cultura al reflejar costumbres de diferentes sociedades.

La literatura tiene ejemplos tan fidedignos de momentos culinarios, que logra transmitir aromas y sabores a través de su hilo narrativo. Asimismo, el hambre también es gastronómico, pues a través de un personaje hambriento se muestra la injusticia y la desigualdad humana. Frecuentemente, la comida o la falta de esta, en la literatura, puede ser una forma de cómo medir el tiempo. Tonino Guerra habla de su relación con la comida incluso cuando no había comida en el campo de concentración, donde estuvo internado durante la Segunda Guerra Mundial.

Creo que todos los escritores, en algún momento, hacemos una descripción culinaria, pues es difícil vivir sin tropezar con la cocina y eso se da porque la alimentación está entrelazada con muchas formas de comunicación artística. Al momento, son incontables los ejemplos de obras literarias que incluyen detalladas recetas y referencias culinarias:

La serie del comisario Montalbano de Andrea Camilleri; “Chocolat” de Joanne Harris; “Como agua para chocolate” de Laura Esquivel; Patricia Highsmith, por ejemplo, en “Extraños en un tren” describe el momento central del encuentro de sus dos protagonistas, dos extraños que cenan juntos en un tren: “El camarero con una bandeja cubierta con una tapadera de peltre en un instante les instaló la mesa. El aroma de la carne asada sobre carbón vegetal le dio ánimos. Bruno insistió tanto en pagar la cuenta que Guy accedió a ello sin oponer más resistencia. Para Bruno había un enorme bistec cubierto de setas; para él, una hamburguesa”.

También, el poeta Giovanni Pascoli pone en verso recetas reales, como en el caso de los poemas: «La piada» e «Il desinare», dedicado a la polenta o «Risotto de Romaña».

La verdad es que existen referencias culinarias desde “El banquete” de Platón, “Notas de cocina de Leonardo da Vinci” de Leonardo da Vinci, “No solo de caviar vive el hombre” de J. M. Simmel, hasta “El Quijote” de Miguel de Cervantes, haciendo una sabrosa relación entre gastronomía y literatura.

– Márcia Batista Ramos

SOBRE LA AUTORA:

Márcia Batista Ramos, nació en Brasil. Licenciada en Filosofía. Es gestora cultural, escritora, poeta y crítica literaria. Es columnista en la Revista Inmediaciones, La Paz, Bolivia y en periodismo binacional Exilio, México. Publicó: Mi Ángel y Yo; La Muñeca Dolly; Consideraciones sobre la vida y los cuernos; Petty Barrón De Flores: La Mujer Chuquisaqueña Progresista Del Siglo XX; Tengo Prisa Por Vivir; Escala de Grises – Primer Movimiento; Rostros del Maltrato en Nuestra Sociedad; Dueto; Escritoras Cruceñas, Caballero, Reck & Batista; Escritoras Contemporáneas Bolivianas, Caballero, Decker & Batista; Caspa de Ángel – antología de cuentos, crónicas y testimonios del narcotráfico, Batista-Ramos & Carvalho Oliva. Es colaboradora en diversas revistas internacionales.

Inmensa Frida

Con los colores mexicanos
enlazados en los cabellos,
en tus ojos de oscuros destellos
arrancados a un corazón de estrellas
se abren tus pestañas bellas,
mujer de sufrido arte
que has sabido darte
consuelo con los colores,
autorretratos de mil humores,
la Frida que todos conocen,
imágenes que te reconocen
como símbolo triste del alma sufrida,
si no fueras Frida
hubieras vivido otra vida
con menos fuerza, con menos coraje
para cumplir el doloroso viaje
desde el vendado paraíso
hasta el infierno que te hizo
inmensa, frágil e intensa.

– Yuleisy Cruz Lezcano

El amante

La misma cojudez siempre. Subir a la mina, quedarse veinte días, bajar con sentimientos encontrados porque debería extrañar a mi mujer, pero en casa me aburro. Ella me aburre, por eso no la extraño. Cuando llego a Lima, primero visito a mi viejita. Le doy su propina y escucho sus quejas sobre mis hermanos. Ella también me tiene harto, sin embargo, es mi viejita y tengo que quererla. No tengo opción. En tanto mi mujer me pregunta dónde estoy, le miento: ya voy a llegar, hubo retraso, hice horas extras. Ella odia a mi mamá y mi mamá la detesta. «Esa mujer no te da hijos. ¿Qué hace sola en la casa? Cuidado con los cachos, hijo».

Me muerdo la lengua, el que no quiere tener hijos soy yo. Por eso me hice la vasectomía hace años. Nadie lo sabe. Resoplo y le doy un beso en la frente a mi viejita. Ella sabe que ya me voy y se cerciora de que me vaya angustiado. «Me duelen los tobillos, mañana iré al doctor, tu hermano no tiene efectivo para llevarme, préstale por favor». Le doy veinte soles, muy a parte del billete que le di al llegar. Tomo un taxi, estoy cansado, sin embargo, no quiero llegar a casa. El camino de una hora se me hace eterno. ¿Por qué tuve que casarme? ¿Qué le vi a esa mujer? Mis pensamientos ralentizan al compás del tráfico. Evoco los besos con mi profesora de secundaria, escondidos en el baño de docentes. Nunca pude olvidarla.

El taxi avanza lento, los baches me incomodan. El conductor putea a otro y los conchasumares se dejan oír. Se disculpa y pone segunda. Remedo: concha su mare, muy bajito. Otro semáforo en rojo, otra lisura. Pasa a verde, el carro del año 97 suena como quejándose. Parece que se ahoga. Por la puta, pienso. El conductor se orilla, sale del auto y directo va a la maletera, saca una botella grande de gaseosa que está llena de agua. Adelante, el vapor del motor recalentado empieza a subir al cielo. Dios no quiere que llegue a casa. «Disculpe, joven» me dice y arranca. Avanzamos y mi mujer empieza a escribirme mensajes. La ignoro. El conductor responde su celular. Tengo ganas de decirle algo, pero al parecer es su esposa, entonces lo entiendo. Apago mi móvil, ya voy a llegar. Siempre lo hago.

—Joven, tengo que hacer una parada urgente, es camino a su destino. No demoro.

—Prefiero que no, mi mujer me espera, si llego tarde pensará lo peor.  —Le miento ya que no me importa que piense lo que quiera.

—Está bien.

Mientras conduce, hace una llamada. «No puedo mujer, entiende, debes esperar, dejo a este muchacho y voy directo para allá»

Me da lástima y le digo que mejor haga su bendita parada. «Gracias, y disculpe el inconveniente» responde aliviado.

A pocos minutos, siento que desacelera y pone las luces intermitentes, dobla por unas calles. «¿Será un asalto? Le hubiera dado más plata a mi viejita». Baja dejando el motor prendido. Toca una puerta y una mujer sale. De curioso sigo la escena. Creo reconocerla. Afino la mirada mientras bajo la luna sucia del auto. Ella le entrega un paquete y se acerca al carro. A pocos pasos, la reconozco… es mi profesora, la de los besos. Está diferente. Muy delgada y arrugada. Sus labios carnosos de antaño ahora lucen marchitos.

—Joven, disculpe las molestias y gracias. —Me dice con esa voz que hace mucho no escuchaba. Se da media vuelta y regresa a su puerta.

No me ha reconocido o es muy buena actriz. Han pasado quince años desde la última vez que nos vimos. Estoy nervioso. Empiezo a sudar y a tener una erección. Al rato llego a casa. Mi mujer está ahí y me dice que tiene una sorpresa para mí, no le hago caso. Recordando a la profesora, tomo de la cintura a mi esposa, la cargo y la llevo al cuarto. Empezamos a besarnos. Procuro concentrarme en mis recuerdos de secundaria. Incluso la imagen actual de tan seductora mujer me sigue pareciendo atractiva. Creo que pude sentir su aroma cuando se acercó al vehículo, aunque puede ser una ilusión de mi mente. Mi mujer y yo estamos desnudos, próximos a intimar más. Sus ojos, mirándome con picardía, me detienen. No siento nada por ella y se ve reflejado en mi miembro. Empiezo a ponerme la ropa. Ella se ve contrariada. He parado sin decir nada. «¿Nos vamos a separar?» pregunta. «Es lo mejor» respondo y salgo del cuarto mientras pienso en la profesora y lo fácil que sería convertirme en su amante. Voy a la sala. Sobre el sofá hay una pequeña caja decorada con un moño. Abro la tapa y dentro hay ropita de bebé. Mi viejita siempre tiene la razón, maldita sea.

– Mirza Mendoza

SOBRE LA AUTORA:

Mirza Mendoza, es cuentista limeña nacida en 1985.

Es colaboradora en la editorial Libre e Independiente y en la editorial Sexta Fórmula. Participa en la antología «El día que regresamos» de Pandemonium Editorial. Autora del ebook «Tenebrismo» y del ebook «El currículum de una ludópata». Es parte de la antología «4 Narradores». Su cuento «Cadáveres abandonados» conforma la antología «Relatos de Pandemia» de editorial La Rata Esquizofrénica. Su cuento «Mochila de emergencia» conforma la antología «Última estación» de editorial Ángeles del Papel. Ha sido publicada en diversas revistas digitales de México y Argentina.

La fuerza de Frida

Julio fue un nido
con estrellas hechas de tul,
donde tú, precioso pájaro azul,
de maravillas vestido,
con el alma de girasol,
naciste y como si saliera el sol
contigo nació la vida.
Inmensa Frida,
mexicana y libre diosa,
sueño delicado de rosa,
la vida te hizo fuerte,
y desde un hospital inerte,
con un espejo para verte
diseñabas con el color
la cara de tu sufrido amor,
tu cuerpo enfermo en el dolor,
tu belleza espiritual,
tu cuerpo de frágil cristal,
tus marcadas cejas y pestañas.
Tus lienzos recogen en el real
la fuerza para escalar mil montañas.

– Yuleisy Cruz Lezcano

Copa de vino

Poesía mía de antaño con frágiles versos y títulos,
para tu nombre por primera vez escribe versos tan vanos,
tergiversaciones escasas de mi pasión estival,
te enredan en la confusa distancia conmigo.

Versos como tentáculos se tienden para abrazarte
cuando mis poros añoran tanto esta fiebre de oro,
¿por qué la naturaleza atentó creando el doble?
Entre tu hermano gemelo y tú reconozco bien
cuál es la esencia tuya que cohabita en mi sangre,
el lunar sobre la cúspide de tus labios que no le pertenece
guarda tantos secretos como mis botas color chocolate,
testigos de pasos por paisajes prohibidos sin nombre.

Este lunes tomo una copa de vino, mas no será suficiente
para olvidar tus ojos perdiéndose justo en la furia
de nuestro río sexual aquel martes de noviembre,
cuando dijiste que me quieres también…

¡Mi amado pianista, cuánto deseo tu melodía orgásmica!
Este vino tinto me recuerda al de las entrañas de tu sexo,
paraíso dionisíaco que atenta contra mi razón apolínea
cuando mis senos reclaman por tus besos y mordidas,
también de mi sexo sus teclas buscan acordes de tus dedos,
bebo vino para olvidar, mas ataca cual leña en mi vientre
al pasearte tú, desnudo por mis recuerdos y sábanas frías.

Este lunes tomo otra copa de vino
para arrancarle el pudor de mi madre
a mi poesía infantil a ratos mentirosa,
ahogaré los sermones de mis amigos,
sombras que no me permiten pensarte,
imaginarte entre mis piernas sin culpa,
sabes que la puerta queda abierta para ti.

El carmesí del vino me reprocha
el grosero ademán a tu mano amiga y amante
caminando juntos hacia nuestro país,
su hoguera me provoca el deseo de regresar
al pecado para cambiar los instantes,
borraría tu preocupado rostro del espejo
mirando mis lágrimas y las enterraría con mi pasado,
en tu yugular ya sin nuestra desnudez puesta.

Mis versos poco cristalinos, nunca han sabido explicarte
tus propios hechizos sobre los hilos de mi humanidad,
aquella niña que en marzo fui, hoy motivo de estas lágrimas,
triste y cautiva detrás de sus mil y una jaulas,
nunca me subestimas ni alabas de más,
tras cada encuentro me revelas sin prejuicios,
mujer de claroscuros, tú besas las alas renacidas.

El ritual de Baco continua contigo en mis fantasías,
¿qué pensarás de los poemas mutilados escritos para ti
con mi pluma excitada, feliz, vulnerable?
Quisiera bañarme contigo bajo esa lluvia de motel
y hacerte mío para escucharte gemir mientras bebo
mi vino predilecto, transformándonos en océanos,
¡mas hoy debo conformarme con tinta y papel!

Suplico a la champaña ahogue los recuerdos lúbricos,
porque el vino tinto repite la misma pregunta a cada hora,
¿hemos sido prudentes al desnudarnos más allá de la piel?
Tu difusa canción penetra en mi columna vertebral
donde arde el temor de no ser parte de tu cuerpo, sangre y sudor
otras mil veces más, sueño del último atardecer de otoño,
por lo menos quiero hacerte saber siempre que existe un pianista
impregnado entre mis tatuajes, mis orgasmos y mi copa de vino.

– Krizia Tovar

SOBRE LA AUTORA:

Krizia Fabiola Tovar Hernández nació en el Estado de México, en 1996. Algunos de sus escritos aparecieron en las revistas Reflexiones Alternas, Poetómanos, Awita de chale, Perro negro de la calle, MÁS Literatura, El morador del umbral, Prosa Nostra MX, Collhibrí, Teresa Magazine, Circulo literario de mujeres, Clan Kutral y El templo de las mil puertas. Actualmente estudia el último año de la licenciatura en Ciencias Humanas en el Centro Universitario de Integración Humanística.

Latinoamérica, literatura, género e ideología en el siglo XXI

La escritura siempre fue un medio de empoderamiento, motivo por el cual, estuvo vetada a las mujeres por mucho tiempo.

Sin embargo, la literatura del siglo XXI vuelve su mirada hacia las posibilidades artísticas de su propia materia constitutiva: la lengua. Contextualizada por la nueva realidad social vigente en la región. Sin alejarse del eterno drama existencial humano. Al tiempo que vive un impasse radical. Ya que, por un lado, no consigue convertirse en la gesta de la edificación nacional (en ninguno de los países de la región), ya que las luchas tienden a ser inmediatistas y concernientes a grupos específicos, generalmente asociadas a reivindicaciones sectoriales.

Cabe mencionar, como lo han señalado otros críticos y teóricos, que entre la literatura y la sociedad existen vínculos profundos y determinantes que, en la medida en que la sociedad se modifica, la literatura y el arte en general, a su vez, también se transforman, dando cuenta de los nuevos aspectos de la sociedad en la cual se encuentran inmersos, al tiempo que se dirigen a esa misma sociedad.

En tal sentido, no es extraño que, en el nuevo momento social y cultural vigente, la literatura haya adoptado características que la distinguen de la literatura de los últimos treinta o cuarenta años del siglo pasado. Puesto que responde a las pautas generales de la sociedad del siglo XXI y que responden a los nuevos rasgos como: la subjetividad, la relación con el pasado y la tradición, las relaciones intersubjetivas, la política, la filosofía y la economía del final del siglo XX y comienzos del XXI.

Así, el nuevo siglo provocó el nacimiento de nuevos narradores cosmopolitas que buscaron y optaron por un discurso diferente al realismo mágico, a la revolución, a las guerrillas y militarismos; que caracterizó la segunda mitad del siglo XX.  Por ende, fueron derrumbados conceptos de diversas índoles como del artista o del intelectual comprometido.

Con este cambio de paradigma, la literatura de Latinoamérica actual fusiona el compromiso, se evade en el decadentismo ético y renuncia a cualquier búsqueda nacional o territorial. Presenta una nueva visión de lo real, que es resultante de las tecnologías y de la comunicación multimedia que establece un nuevo orden en el planeta, ahora globalizado.

De tal suerte que desapareció la idea mítica de América Latina y esta ha sido sustituida por visiones más pragmáticas y cosmopolitas, geográficamente hablando, pero también, más subjetiva e intimista, humanísticamente hablando.

Empero, la escritura hecha por mujeres en Latinoamérica en lo que va del primer cuarto del siglo XXI, permite identificar las múltiples y heterogéneas voces literarias mujeriles que se hacen escuchar en una etapa de intensa fermentación cultural, donde se hacen visibles los espacios íntimos de hechos compartidos (sea por la experiencia personal o por el sentimiento de justicia que provocan): la violencia y las desigualdades que sufren por cuestión de género.

Hoy, en este espacio geográfico, la literatura no es nueva, pero vive una renovación que acompaña cambios sustanciales en la sociedad, que se modifica a pasos atropellados, exigidos por el ritmo frenético del mundo globalizado cada vez más acelerado con el acceso a las redes sociales, imponiendo los estándares a los que todos deben adecuarse.

La escritura literaria tiene género e ideología femenil que, además, está conquistando un dominio, con toda legitimidad, que de per se enriquece la literatura mundial; ya que las mujeres se expresan por sí mismas, dejando atrás la fuerza del patriarcado que las sometían a escuchar monólogos.

Empero, aún está vigente en la tradición literaria, la nomenclatura de “literatura escrita por mujeres”, como si se tratara de un subgénero literario sin vislumbrar que, desde las distintas expresiones literarias, las mujeres abordan temas privados, tornándolos públicos y, así, politizándolos.

A esa politización de lo privado se le puede llamar “ruptura de viejos esquemas” (pues crearon lo privado para ocultar actitudes reprochables públicamente), entonces, hacer de lo íntimo una narrativa de algo compartido fue totalmente revolucionario. Representó la ruptura de modelos y difundió tópicos que, según el contexto, resultaron impensables, al tiempo que fue la manera de crear imágenes que cuestionan ciertos modos de vida y de escritura, basados en roles establecidos. ¿Y por qué no decir que de ésta forma se creó la conciencia de género?

Pues el cambio de paradigmas en la escritura femenil en Latinoamérica se da a partir de la conciencia de género, momento en que las mujeres rompieron con la preponderancia cultural de la sociedad patriarcal construida en torno de la mujer abnegada. Figura que cobró espacio en el imaginario colectivo y persiste como símbolo de nobleza de espíritu, el ser abnegada madre o esposa, hasta el día de hoy.

Este prototipo, relacionado a la abnegación, es altamente lesivo pues vincula a la mujer a lo doméstico, al sufrimiento y al altruismo extremo, que puede anularla como persona, siempre y cuando, su marido e hijos estén bien.

Lógicamente, al asumir el rol de abnegación en la sociedad, las mujeres también lo asumieron como figura literaria correctamente aceptada y contribuyeron para mantenerse en un espacio determinado en la sociedad. En cuanto a la abnegación, concluyo y afirmo que, históricamente, la mujer en Latinoamérica se recluyó al hogar, asumiendo la posición de doméstica virtuosa que se sostiene en el complementario masculino y viril, comportamiento reforzado, inicialmente, por las revistas femeninas y luego por la televisión, construyendo un espacio de silencio, donde era fácil acumular el dolor, al tiempo que la mujer se fragilizaba por la suma de frustraciones y por la dependencia económica del marido.

Se tuvo que pasar a la segunda mitad del siglo XX para empezar a vislumbrar cambios comportamentales y tuvo que pasar dos tercios del mismo siglo para empezar a ver los cambios sociales reflejados en la literatura escrita por mujeres. Pues no es fácil el cambio de paradigma en la literatura, lo mismo porque las editoriales, en su mayoría, están en manos masculinas que responden a ancestros modelos patriarcales y capitalistas.

Hoy por hoy, la literatura escrita por mujeres está ganando fuerza a cada día que pasa, mostrando su valor y potencia; como nada es casual, anda en paralelo con la renovación de las luchas feministas y con la crítica a las violencias a que las mujeres y niñas son sometidas.

El cambio de paradigma literario apareció en la poesía y en la narrativa desarrolladas por mujeres que no tuvieron miedo de mostrar diversas formas de intimidad y registrar mucho (no creo que todo) de lo que ocurre a nivel privado, en una huida real de la zona de confort, sin temor a acompañar las luchas políticas y las batallas teóricas del momento.

Es obvio que, en la literatura, se siguió hablando de la familia y del ámbito doméstico, de la maternidad, de la sexualidad; empero, se sumaron a esas temáticas los feminicidios, el erotismo, el hogar como lugar no siempre seguro; se mostró la literatura desde la contrariedad de las experiencias en el mundo patriarcal y se empezó a escribir sobre la perspectiva política de las mujeres. Se visibilizó la carga simbólica que se da a lo privado y eso hizo emerger, a la superficie, las desigualdades y violencias sexistas que se manifiestan de lo privado a lo público.

Frente a temas y escrituras de este tipo, era de esperar que no fuera del gusto de todos y naciera la controversia en muchos medios donde se banaliza a la literatura crítica escrita por mujeres, que es el producto histórico determinado por luchas sociales y políticas de largo aliento.

– Márcia Batista Ramos

SOBRE LA AUTORA:

Márcia Batista Ramos, nació en Brasil. Licenciada en Filosofía. Es gestora cultural, escritora, poeta y crítica literaria. Es columnista en la Revista Inmediaciones, La Paz, Bolivia y en periodismo binacional Exilio, México. Publicó: Mi Ángel y Yo; La Muñeca Dolly; Consideraciones sobre la vida y los cuernos; Petty Barrón De Flores: La Mujer Chuquisaqueña Progresista Del Siglo XX; Tengo Prisa Por Vivir; Escala de Grises – Primer Movimiento; Rostros del Maltrato en Nuestra Sociedad; Dueto; Escritoras Cruceñas, Caballero, Reck & Batista; Escritoras Contemporáneas Bolivianas, Caballero, Decker & Batista; Caspa de Ángel – antología de cuentos, crónicas y testimonios del narcotráfico, Batista-Ramos & Carvalho Oliva. Es colaboradora en diversas revistas internacionales.

La trenza

Mientras trenzaba el pelo, frente al espejo, trenzaba miles de pensamientos. Desde la desintegración del cuerpo después de la muerte, hasta la perdurabilidad de los cabellos que no perecen después de la defunción.

Para las mujeres celtas, el pelo largo significaba fertilidad y para los hombres fuerza. Los indios Navajos, nativos americanos, creen que los pensamientos originados en la cabeza salen afuera junto con el cabello y están en él; los pensamientos nuevos están cerca del cuero cabelludo y los viejos en las puntas de los pelos crecidos. Cuanto más larga es la cabellera, más pensamientos habrá en ella. Tal vez, sea cierto, al tiempo que su cosmovisión es excluyente y discriminadora con los calvos.

Mira fijamente al espejo y dícese a sí misma: antes era antes, ya pasó. El espejo no contesta nada y ella sigue trenzando sentimientos solidificados en el tiempo, junto con el cabello.

Se acuerda de que, desde la antigüedad, la creencia en la juventud eterna, el éxito, la fuerza, la sabiduría, fue siempre relacionada con la existencia de una cabellera exuberante, vigorosa. Tal es el caso de los antiguos egipcios que relacionaban el pelo con el estatus social, de ahí la importancia de las pelucas, en muchos casos, rociadas con polvo de oro. En el museo de El Cairo se encuentra el cabello de la reina Tyi, del siglo XIII antes de Cristo, probablemente porque creían que la vida residía en el cabello, no en las calles, en las fiestas o en las redes sociales. Porque la percepción del mundo y de la vida, cambia según la época y el lugar.

Se percata de que muchas ilusiones ya no existen. Se acuerda de su costumbre de prender velas e inciensos, como una manera de mantener cierta esperanza y fe. Tal vez, porque vivir tiene algo terrible e intrínseco. No sabe… No está segura. Nada es absoluto.

En el panteón de los dioses griegos, Hathor, la diosa de la naturaleza extraordinariamente erótica, era llamada la hermosa melenuda. Su historia, como tantas otras, llegó hasta nuestros días y ella nunca hizo implantes de silicona, tampoco cuestionó su género en algún momento de su existencia, no importa, la historia de su melena llegó a nuestros días.

La diosa cazadora y guerrera, Artemisa, se hacía peinar por la ninfa Psecas. Le perfumaba el cabello y el cuerpo con esencias aromáticas elaboradas a base de flores, especias y aceites. Por eso, los griegos hacían hervir flores y hierbas como la mirra o el olíbano, las hojas de vid y los extractos de rosa, y ligaban la preparación con aceite de oliva. Para suavizar el cabello, además de peinarlo, le daban brillo con lociones, pomadas y cera de abejas.

En el Olimpo, las diosas eran representadas luciendo largas cabelleras perfumadas como la de Psique, Afrodita, Artemisa o Venus, la diosa del amor y de la belleza, que lucía un largo pelo rubio.

Pensó que algo no le dejaba fluir…

Siempre está en la batalla personal, tratando de estar bien. Mira hacia adentro de sí misma, con cierto cuidado, despacio, para no cortar su propio ritmo.

Le vino a la mente otra mujer hermosa que tenía un bonito y frondoso pelo: Pandora, la primera mujer de la tierra a quien Hefesto, dios del fuego, moldeó a imagen y semejanza de las diosas inmortales.

Pensó que la única magia que existe es estar vivos, lo mismo cuando no se entiende la magia esta.

En la Edad Media relacionaban el cabello con el poder, por tal razón, cuando se acusaba a una mujer de practicar la brujería, se le rapaba la cabellera. En el siglo XX, en Francia, después de la Segunda Guerra Mundial, quemaban el cabello de las mujeres que habían sido amantes de los nazis durante la ocupación.

Sabiendo que todo está cargado de injusticia y dolor, pero sabiendo que después acaba y pasa; lo mismo que no debería ser como es, después pasa y viene otro ciclo con las injusticias propias de cada época y lugar; terminó su trenzado de pelo.

En diferentes épocas, la pérdida del cabello era concebida como la perdida de la vida.

Mientras colocaba un lazo en la trenza recordó a Calipso, conocida como “la de las bellas trenzas”; que como cuyo nombre indica, lucía unas largas trenzas y destacaba por su belleza y su armoniosa voz. Pensó en que el cabello ha tenido un papel importante en las historias mitológicas y numerosas veces ha sido símbolo de belleza y poder.

Pensó en respirar las entrelineas y los silencios. Decidió empezar a vivir y así, frente al espejo, cortó la bella trenza.

– Márcia Batista Ramos

SOBRE LA AUTORA:

Márcia Batista Ramos, nació en Brasil. Licenciada en Filosofía. Es gestora cultural, escritora, poeta y crítica literaria. Es columnista en la Revista Inmediaciones, La Paz, Bolivia y en periodismo binacional Exilio, México. Publicó: Mi Ángel y Yo; La Muñeca Dolly; Consideraciones sobre la vida y los cuernos; Petty Barrón De Flores: La Mujer Chuquisaqueña Progresista Del Siglo XX; Tengo Prisa Por Vivir; Escala de Grises – Primer Movimiento; Rostros del Maltrato en Nuestra Sociedad; Dueto; Escritoras Cruceñas, Caballero, Reck & Batista; Escritoras Contemporáneas Bolivianas, Caballero, Decker & Batista; Caspa de Ángel – antología de cuentos, crónicas y testimonios del narcotráfico, Batista-Ramos & Carvalho Oliva. Es colaboradora en diversas revistas internacionales.

El tiempo mítico entre palabras, silencios y otras vidas

 “Cinco minutos bastan para soñar toda una vida, así de relativo es el tiempo”
Mario Benedetti

Muchas veces me senté en silencio al lado de la abuela. Ella siempre con su tejido de punto crochet entre las manos, me observaba un momento y enseguida, ante mi silencio, preguntaba:

 -¿Hijita quieres algo?

Ante mi negativa ella seguía, aparentemente, entretenida con su tejido a punto crochet, luego me miraba casi sin levantar la cabeza y empezaba a hablar:

-¿Sabes, hijita? Los antiguos griegos contaban que Cronos, el Dios del tiempo, era el hijo de Urano (el cielo) y Gea (la tierra). Cronos dirigió a sus hermanos y hermanas, los Titanes, en una revuelta contra su padre y se convirtió en el rey de los dioses. Se casó con la Titana Rea; con quien tuvo un total de seis hijos, pero Cronos tenía el mal hábito de comerse a sus hijos recién nacidos para evitar que un día, igual que él hizo con su padre, sus hijos lo destronasen como rey de los dioses. Con el nacimiento de su último hijo, Zeus, Rea engañó a Cronos y lo hizo comer una piedra. Zeus entonces derrotó a su padre. Tal vez por eso, el tiempo también parece consumirlo todo, permaneciendo siempre indestructible. Los antiguos creían en la existencia de un tiempo absoluto. Pensaban que el tiempo era una especie de alfombra tendida donde ocurrían todos los sucesos, ya que para ellos, el tiempo era considerado como un marco de referencia fijo, inmutable, sobre el que van sucediendo los acontecimientos. Además, creían que el tiempo había existido desde siempre. También creían que existiría para siempre. Ellos imaginaban que todos los humanos conocíamos el tiempo desde cuando nacíamos, pues, estaban seguros de que podíamos percibir el tiempo mismo siendo pequeños bebés. Sin embargo, el tiempo es un concepto que rebasa nuestra comprensión. Y lo mismo después de nuestra muerte, el tiempo sigue siendo una condición subjetiva de nuestra intuición humana. Además, el tiempo es una representación de nuestra intuición, de nuestro estado interior, por eso, la duración del tiempo es relativa, es muy propia de cada uno; de ahí que los instantes pueden parecer eternos y los grandes intervalos pueden desintegrarse ante nosotros con la ligereza de todo lo que es superficial.

Yo observaba a mi abuela con su elocuencia calmada mientras ella seguía discurriendo sobre el asunto que le parecía importante hablarme en aquel momento, añadiendo con mucho cariño:

-De diferentes maneras, es difícil sospechar cómo podría desarrollarse la vida al margen de la dimensión del tiempo, ya que él parece intrínseco a todo lo que ocurre en la naturaleza, ya que hay un ritmo cadencioso en los niveles macroscópicos y microscópicos, ya sea en los periodos de día y noche, en las órbitas de los planetas, en los ciclos de división celular, en los ritmos circadianos en los animales y en muchos más elementos observables. Sin embargo, hijita, nosotros no hemos nacido con la percepción del tiempo incluida en nuestros sentidos; según fuimos desarrollándonos, hemos aprendido a percibirlo, así como poco a poco, vas aprendiendo cosas según vas creciendo. Cuando estamos muertos, el tiempo tiene otro sentido, en un abrir y cerrar de ojos pasan cien años, así que en la muerte, a diferencia de la vida, no padecemos las paradojas del tiempo. En la muerte el tiempo es estático, tibio y amarillo, los objetos e ideas flotan a nuestro alrededor, desprovistos de una fuerza gravitacional semántica sobradamente estable. Asimismo, en la muerte, el tiempo puede recuperar su narrativa, sus sedimentos, algunos perfumes y, sobretodo, los sentimientos…

Mientras la abuela hablaba y contaba del espacio imaginario mítico y no aparente, de las simultaneidades experimentadas en las realidades vividas, de la temporalidad mítica y la compleja simultaneidad de ritmos entrelazados que permiten sincronías facilitando la posibilidad de la reversibilidad, de la circularidad temporal propia de la eternidad en lugar de la linealidad que convierte a los mitos; mientras hablaba tantas cosas, en sus manos crecía el tejido en forma de flores en punto crochet. Mis ojos, sin perder de vista sus movimientos, buscaban su mirada lúcida, encendida por las palabras, que de vez en cuando también buscaban mis ojos con una expresión positiva.

Siempre que me senté en silencio al lado de la abuela, tuve la impresión de estar alrededor del fuego, escuchando la sabiduría de los mayores al tiempo que calentaba mi espíritu con la caricia amorosa transmitida a través de sus palabras.

Después, la abuela, tal vez cansada de tanto tejer y hablar, se disipaba en el aire con su tejido a punto crochet entre las manos, quedando, apenas, un olor a rosas…

– Márcia Batista Ramos

SOBRE LA AUTORA:

Márcia Batista Ramos, nació en Brasil. Licenciada en Filosofía. Es gestora cultural, escritora, poeta y crítica literaria. Es columnista en la Revista Inmediaciones, La Paz, Bolivia y en periodismo binacional Exilio, México. Publicó: Mi Ángel y Yo; La Muñeca Dolly; Consideraciones sobre la vida y los cuernos; Petty Barrón De Flores: La Mujer Chuquisaqueña Progresista Del Siglo XX; Tengo Prisa Por Vivir; Escala de Grises – Primer Movimiento; Rostros del Maltrato en Nuestra Sociedad; Dueto; Escritoras Cruceñas, Caballero, Reck & Batista; Escritoras Contemporáneas Bolivianas, Caballero, Decker & Batista; Caspa de Ángel – antología de cuentos, crónicas y testimonios del narcotráfico, Batista-Ramos & Carvalho Oliva. Es colaboradora en diversas revistas internacionales.

Me vas a doler

Hay cosas que van a quedarse incrustadas en mi alma para siempre…
como el aroma de tu cuerpo,
como la potencia de tu risa,
como la diferencia de color en nuestras pieles juntas…
Hay cosas que van a quedarse
incrustadas en mi alma para siempre…
como tus hoyuelos,
como la textura de tu voz,
como el silencio de tus miedos
como el olor de tu aliento.
Hay cosas que van a quedarse tan incrustadas en mi alma
como tus susurros en mis labios,
como el roce de tus delicadas manos en mis muslos,
como tus gemidos que sentía solo míos,
como tu alma misma…
Hay cosas que se quedarán tan incrustadas
que siento que vas a dolerme para siempre…
como los “te amo”,
como las promesas,
como nuestros sueños,
como las canciones que nos dedicamos,
como las noches de películas,
como las tardes donde se hacía el amor,
como la botella de vino medio llena,
como el porrito que nunca pude armar bien,
como el frío que nos hacía acurrucarnos,
como todas las lágrimas que derramamos,
como todos los acuerdos que quedamos,
como todas esas ganas que teníamos
de hacer nuestro mundo mejor.
Hay cosas que se quedarán incrustadas en mi alma
como los poemas,
como la luna llena haciendo
nuestra noche perfecta,
como el café,
como los cigarros,
como las peleas y los seguidos “te quiero”,
como las mentiras,
y las verdades,
como los lunares de tu espalda,
como el color de tu vientre,
como tus manías al despertar,
como tu soledad,
como tus creencias,
como nuestros pensamientos.
Hay cosas que van a quedarse tan incrustadas en mi alma…
que siento que jamás dejaré de amarte…
Como tú…
te incrustaras tan adentro, que va a dolerme cuando ya no estés.

– NERA

Regina

Último suspiro de mi poeta dormido entre eternidades,
una luciérnaga en noche tan oscura como fauces de demonio,
alumbra el sendero hacia aquel de nombre Demian.

A través de mis lúgubres horas vuela,
mientras mi sombra arrastra penas sin cura,
una máscara come la dermis de mi rostro
y yo ya no encuentro mi reflejo,
y yo ya no sé quién soy…

Gritos de Eco y el nombre de Narciso,
mi nombre… ¿cuál es mi nombre?
Aunque Eco grita mi nombre
yo no conozco mi nombre…

Luciérnaga mía,
estoy tan ciega de tristes recuerdos,
ciega para el beso de Demian,
ciega para tomar este mapa del alma.

Mas yo aborrezco mi sangre, sudor y lágrimas,
¡aborrezco!
También a la sombra y esta máscara,
¡aborrezco!
A historias de mi piel sobre falsos amores,
¡aborrezco!
¡Me aborrezco!

¡Libérame de este infierno!
Farsas de mil demonios,
soy su Perséfone atrapada en este abadón…
¡Libérame de este infierno!
Aún escucho a los demonios,
me seducen a caer del precipicio
donde Werther siempre tiene sus brazos abiertos…
¡Libérame de este infierno!

La luciérnaga se convierte en niña,
sentada junto a los barrotes de mi prisión
mas ella solo estira sus manos para regalarme
siete flores doradas de reino misterioso,
quizá, vienen de lejano Oriente, quizá…

Siete flores que reflejan primaveras e inviernos
tiempo, vida, muerte, resurrección en un segundo,
¡por fin miro mi sombra y la máscara cae!
Y también relámpagos de una epifanía en la tormenta…

Detrás de Narciso y Eco, escuché el nombre de la niña,
ella, último verso de mi poeta,
Regina…

Detrás de Narciso y Eco, escuché mi propio nombre,
Detrás de Narciso y Eco, encontré a mi dulce Demian…

– Krizia Tovar

SOBRE LA AUTORA:

Krizia Fabiola Tovar Hernández nació en el Estado de México, en 1996. Algunos de sus escritos aparecieron en las revistas Reflexiones Alternas, Poetómanos, Awita de chale, Perro negro de la calle, MÁS Literatura, El morador del umbral, Prosa Nostra MX, Collhibrí, Teresa Magazine, Circulo literario de mujeres, Clan Kutral y El templo de las mil puertas. Actualmente estudia el último año de la licenciatura en Ciencias Humanas en el Centro Universitario de Integración Humanística.

Matar el amor

Eran las 7 de la noche, salí diez minutos después, hacía mucho frío y sabía que sería una noche muy larga, subí al taxi y seguimos su ruta hasta que se bajó, esperé un momento mientras lo veía por la ventana impaciente, en ese instante, mi corazón tenía la esperanza de estar equivocada.

Fue cuando ella apareció, feliz y directo a sus labios. Mientras se besaban, la primera lágrima de toda la noche salía del fondo de mi ser. Empezaron a caminar agarrados de la mano, hablando de sus planes y sus cosas. Yo, detrás de ellos, llevando el cigarro con la mano fría y temblorosa a mis labios, con el aliento frío.

Estaban tan concentrados que jamás se percataron de mi presencia y menos él, ya que llevaba siguiéndolos más de media hora y no por masoquista, no por falta de amor hacia mi misma, sino por certeza y porque mientras ellos hablaban de su eterna historia, yo reconstruía todo mi futuro y no dejaba de preguntarme si él la amaba de verdad o solo era un capricho.

Ella se veía como yo, no en su apariencia, sino en su forma de hablarle, de tocarlo, de abrazarlo, le decía “te amo» con la misma ilusión con la que yo se lo decía a él, más hipócrita no podía ser, la besaba como a mí, la miraba como a mí, en ciertos momentos, hasta me resultaba gracioso y me reía pero con el alma en la boca.

No sé cómo me di cuenta exactamente, seguro fue mi intuición, porque en realidad no existió un cambio en él que me hiciera sospechar pero, desde un tiempo atrás, ya no sentía la misma seguridad que antes, creía que me conocía porque, de ser así, me habría dicho que su felicidad ya no estaba a mi lado y sabría que lo entendería porque no soy de las que tapan el sol con un dedo.

Mientras los miraba, tenía ganas de enfrentarlos, saber si ella era tan víctima como yo o su cómplice, si él tendría el único gesto digno de aceptarlo y disculparse aunque no se lo permitiera, saber desde cuándo y por qué, saber si ya no me amaba y qué pasaría con todo lo que construimos, pero soy más inteligente que eso, cada pregunta ya tenía su respuesta y las disculpas no borrarían el dolor ni la decepción.

A las ocho de la noche ya tenía todo claro y destruido. Pensé mucho en el drama y las disculpas hipócritas que me daría cuando se lo contara. Para sufrir, prefiero hacerlo sola, así me levantaría sola también, entonces decidí acercarme sutilmente para no malograr su momento feliz; en cuanto reconoció mi presencia, el rostro se le congeló. Me aseguré de que me viera y supiera que era yo.

De pronto, toda la calle quedó en silencio, solté el humo de mi cigarro y luego lo tiré al piso sin quitarle la mirada, parecía muy tranquila pero mi corazón palpitaba a mil por hora y las piernas me temblaban. Antes de que mis lágrimas mojaran mi rostro, di media vuelta y desaparecí en la oscuridad. De regreso a casa, pensaba en que todo había terminado.

Pero resultó el inicio de una transición salvaje de la felicidad a la impotencia de no poder controlar el llanto, de no levantarme de la cama por días, de no mirarme al espejo por miedo a ver en lo que me había convertido, de no matar el amor.

De lo único que podía estar segura era de que, esa noche, el mensaje había quedado claro porque jamás supe de él, tal vez no le interesó, pero eso realmente facilitó las cosas dentro de lo que cabe; y como todo mortal, tenía que pasar por las etapas del desamor: negación, ira, llanto, risas irónicas, embriaguez, adicción, frialdad, aceptación y no sé, en realidad, cuantas etapas son.

No quedaba ni rastro de la mujer que alguna vez fui y eso me destruía más porque jamás viví algo parecido, las largas noches con tristes canciones que ni conocía, los inexistentes amigos que me veían con lástima y tristeza, casi loca, tirada en el sofá. Di todo por perdido.

Sin embargo, una noche recordé la persona que era antes de todo esto, incluso antes de él y me di cuenta que sabía ser feliz, que tenía todo sin haberlo conocido, que sabía lo que valía y lo que merecía, que podía ser mejor y que, si bien es cierto que con él conocí el amor, no merecía mi destrucción. Recordé que me amaba más de lo que a él lo amé, que inconscientemente lo acomodé a mi vida sin volverlo el eje, que mis planes funcionarían con él o sin él.

Me di cuenta que ya era momento de superar aquello que no me mató, que debía secar mis lágrimas y levantar el mentón, que en un futuro no muy lejano, me burlaría de mi comportamiento autodestructivo. Es momento de dar el primer paso, es momento de brillar y continuar.

– SS.

En la tumba de A

No sé cómo empezar este frío relato, probablemente sea el más crudo que alguna vez he escrito.

Siempre he tratado de ponerme reglas, incluso para escribir. Suelo ser de una visión equilibrada, trato de no ofender descaradamente, pero tampoco busco santificar.  Sin embargo, en esta ocasión, un sentimiento engorroso ha guiado mis latidos los últimos días.

Tu muerte, tu repentina muerte desembocó todo un derrumbe en mis arterias, un derrame oscuro de rabia, impotencia y destrucción. Nunca había sentido tal sensación, vi como el luto entristecía a la gente a mi alrededor, se apagaban las luces de sus cabezas mientras la noticia corría de boca en boca, el mensaje apesadumbrado de tu pronta partida.

No creas que no quedé impactada. La muerte repentina, sobre todo en gente que vaga en el tiempo de la juventud, es algo que deja sin aliento a cualquiera. Pero una vez pasados los segundos de incredulidad, no sentí más. Mis propios problemas, el día a día y la rutina, se volvieron a mí para seguir con la vida.

La noticia vuela y los periódicos ya mostraban en la sección de obituarios tu lamentable deceso, el texto póstumo se deshacía en elogios a tu amable, cálida, dulce y honesta vida, la pérdida de una valiosa ciudadana, una leal amiga, una profesional intachable, todo un ejemplo de ser humano le era arrebatado al cruel y frío mundo. Las primeras voces chismosas ya murmuraban en la plazoleta, todas con fingido dolor. Ya en los mercados del pueblo se decían las frases más reconfortantes:

“Si murió joven quizás era buena”

“La hierba mala nunca muere, se fue joven, debió ser bondadosa”

 “Nos dejó un ángel que protegía con cariño y amor”

Y así, las chismosas y chismosos del pueblo hablaban de tu persona. Si de pronto hubiera llegado un foráneo, habría de creer que se hablaba de la siguiente Santa Teresita del niño Jesús, muy venerada en la zona.

Y aquí estoy yo, dos semanas después, parada frente a tu fría tumba, pensando que es curiosa la forma en la que pasamos la vida, tratando de sobresalir para finalmente acabar bajo la misma tierra en la que competimos por distinguirnos en la vida.

No traigo flores, no pienso dejar flores en tu tumba, yo que conozco tu otra faceta, no cumpliré con los protocolos ni con la etiqueta que demanda nuestra iglesia y que exige mudamente nuestra sociedad. No puedo mentir, al menos no como tú.

Sabes… creo ser un humano sin aspiraciones divinas, no busco la  trascendencia de mi  alma purificada. Por otro lado, no pretendo que creas que busco la aprobación del anticristo y que repelo a la humanidad, simplemente pretendo verla tal y como es: con blancos, grises y negros. Y aprender a amarla y odiarla de acuerdo a las circunstancias.

Este pequeño pueblo, en el que habitamos, está muy lleno de falso positivismo, lleno de sonrisas y deseos falsos al prójimo, solo en la privacidad de nuestras casas podemos vociferar a fiera voz los reales deseos por otro, o murmurar en las cocinas lo mucho que despreciamos a tal o cual ser humano. Pero no tiene sentido que te recuerde el deporte en el que has ganado medallas al punto de dejar vacíos y melancólicos a quienes te rodean.

Pero no dejaré caer el hierro solo en ti, la actitud tímida, en introspectiva, a veces es una ventaja cuando de ver realmente a la gente se trata, basta unos segundos de observación y entendimiento para ver que todos estamos hechos de la misma mezcla de bondad, hipocresía, rabia y lamento. Aunque nos pasemos la vida negando las partes más detestables o dolorosas de nuestro ser, apariencias es todo lo que, creen, nos queda.

Estas dos semanas, el alud de rabia, cólera e indignación; ha sido el pan de cada día. No omitiré que los dos primeros días, mi cabeza se pasó sermoneando a mis sentimientos y me obligué a prender una vela en tu nombre, rezando por la llegada de tu alma a las puertas de San Pedro. Pero mis rezos, que pedían por tu bienestar y te perdonaban a viva voz por los errores que cometiste conmigo, se entorpecían cuando una bola de rabia se atoraba en mi garganta y terminé dejando que la vela siguiera su curso, incluso vi como una oscura y gorda mosca aterrizaba en la cera líquida, quemándose y ahogándose. Lo tomé como una señal. Apagué la vela y decidí acabar con el ridículo teatrito que me estaba imponiendo.

Salir a las calles fue un infierno, tu nombre y fotos con tu rostro en cada afiche y periódico eran una verdadera molestia, más aun, ver esa sonrisa que ante mí se disparó maliciosa y desdeñosa. Pero exploté, exploté cuando los viejos conocidos mutuos se abrazaban y se daban el pésame ante tu fatal partida, hablaban de las excursiones, las fiestas y lo hermoso de tu potente y brillante luz. Y si mal no recuerdo, esas bocas que escupen anécdotas dulces y buenas, eran las mismas que dedicaron floridos y ácidos adjetivos durante las reuniones después del trabajo en la cantina, rodeados del vino y el whisky, todos sentían la confianza y la libertad de escupir sobre tu ahora santo nombre, todos indignados con la falsedad de tus acciones, rabiando porque se sentían usados y humillados, todos sintiéndose como esclavos tuyos y escupiendo secretos que estaban cansados de esconder. Ahora esas bocas babean pena y extrañan a la loca manipuladora que convirtió muchas de sus tardes en infiernos silenciosos, solo para conservar el trabajo y llevar el pan a sus familias, es claro que sabías que el poder yacía en tus manos y nunca dudaste en jugar con él a tu soberano antojo.

Y luego yo, víctima de tus mentiras y manipulaciones. La pregunta que más ronda en mi mente es “¿Por qué a mí?”, no recuerdo haber empañado tu buen nombre, es más, como muchos en el pueblo, cedí ante la pulcra apariencia que emanabas, te admiré y traté de ser amable durante muchas ocasiones. No tomes esto como una victimización, santo no soy y mucho menos pretendo que, al morir, todos eleven mi humanidad a la santidad. Pero con tu muerte cayó la rabia de nunca haber podido decirte mi sentir, de nunca poder haber revelado tus intenciones y haberte dejado en tu pequeño reino, manipulando incluso a seres que yo amo.

Me quitaste la felicidad de tener un trabajo honesto, te burlaste a mis espaldas y tramaste sucias tretas para deshacerte de mí, usaste los asquerosos chismes y, con cartitas entre secretarias, compartías tu animadversión mientras me sonreías y fingías justicia y neutralidad para ayudarme cuando más lo necesitaba. Yo confiaba en ti y veía cómo ayudabas a otros tantos, pensé que dentro de la cordialidad de nuestras relaciones, serías igual conmigo. Pero no, salí apuñalada y traicionada, sabiendo que aún después de que me fuera, seguirías lastimándome a través de personas que significan el mundo para mí. Tal es el performance que aparentas que, incluso, al vernos de casualidad en los bares y cantinas, me saludabas con un beso en la mejilla. Por supuesto que con mi retirada no acabaron las largas tertulias y quejas que escupían los demás, fue ahí que entre copas y sinceridad, se escapó la frase “Ella solo ayuda a quienes le agradan, y tú, nunca le agradaste” Nunca pude haberme decepcionado más, pero entendí que las apariencias son realmente un juego de las grandes ligas.

Ahora, en el solitario cementerio, te divulgo sin remordimiento que no me da pena tu partida, que no lloré, que no pienso que un ángel se haya ido. Y vengo a dejarte la desagradable valija que dejaste conmigo, vengo sin flores pero sí con algo que nadie te ha dado, honestidad sin medias tintas. No dudo haya habido bondad en ese pequeño cuerpo, pero sí que viví la maldad que en ti reside y como víctima de tales acciones me abro y te digo adiós. No espero que el inframundo y sus terrores te traguen, pero tampoco rezaré para que los ángeles canten celestiales himnos para ti.

Si alguien de verdad te quiso y de verdad quisiste, entiendo que tu partida duela, tienes padres después de todo. Pero reniego de aquellos que, en vida y llamándose tus amigos, decidieron escupir en ti antes que decirte al menos un trago de verdad para frenar tus manías, o al menos, para develar la verdad de tus acciones con la esperanza de que seas el ser humano que ahora pintan los periódicos y el anuncio de la iglesia que prepara tu misa, llena de lamentos mentirosos y omisiones a la vida que realmente llevaste.

No fuiste santa, tampoco el diablo, pero te dejo el peso que me diste y que el más allá se encargue de ti y seguramente de mí, cuando el beso de la muerte me sea dado.

Adiós, A.

– Marcia Castro

Hoy lloro por ti, Colombia

 “La independencia del dominio español no nos puso a salvo de la demencia.”
Gabriel García Márquez 

¿Hasta cuándo los gobiernos latinoamericanos no asimilarán que la vida es sagrada?

La violencia nunca es legítima y hoy se repite una vez más, la escena de las fuerzas del orden utilizando las armas contra el pueblo como método para eliminar las posibilidades de disenso. Sin el menor resquemor, meten bala al pueblo desarmado que juraron defender.

Esta vez, es al pueblo colombiano a quien intentan acallar. Digo esta vez, porque recientemente fue Chile que vivió el dolor y la impotencia de ver a sus hijos torturados, asesinados y cegados… en un intento de acallar sus voces y conciencias.

Es la eterna repetición de ajusticiamiento de justos. Y asesinatos de héroes.

Esta vez, en mayo, mes de las madres, hay madres que lloran a sus hijos en Colombia; país hermano que no logra superar el estigma de la violencia por las guerrillas, narcotráfico y, ahora, sus propios soldados disparando a matar en contra de los manifestantes que apenas buscan resolver sus necesidades insatisfechas. En un escenario con muchos resquicios de una cultura señorial que se remonta a los tiempos coloniales, basada en la demagogia igualitaria que, normalmente, no logra disfrazar la violencia clasista y racista, mientras se mantiene a costa de los explotados y sometidos.

Una vez más se repite el genocidio porque en Latinoamérica estamos, toda la vida, viviendo el mismo drama de la brecha económica muy profunda, el poder girando alrededor de un mismo entorno familiar o grupal por más de un siglo y visando, apenas, intereses personales o corporativos. Los gobernantes olvidándose, eternamente, de manera inescrupulosa, que son servidores públicos, que deben buscar subsanar las necesidades de las mayorías al margen de saber que las necesidades son infinitas y los recursos finitos, deben trabajar en el intento de buscar un equilibrio; y ante esta disyuntiva, no lo hacen, por el contrario, se apoderan del aparato estatal y manejan la cosa pública como siendo privada, conforme a sus intereses.

Ante la insatisfacción, el pueblo marcha y grita su rabia contenida. El Estado responde con la brutal represión militar para contrarrestar a los hambrientos, desnudos, desarmados, pacíficos, provocadores.

¡Ah! El pueblo es el que día tras día tiene que apiñarse en el transporte público. Es el que trabaja duro, pero siempre está al margen de poder adquirir los bienes que la sociedad de consumo ofrece. No tiene acceso a la salud, educación, trabajo digno o sueldo justo.

Entonces, el pueblo históricamente excluido, cansado de acumular frustraciones y luchas vanas, sale a la calle porque el derecho a protestar, el derecho a ir y venir libremente, son derechos humanos, conquistados y aceptados internacionalmente. Y la gente que está harta de esperar que los gobernantes trabajen por justicia social, sale a la calle a exigir sus derechos, a reclamar un futuro más digno y como respuesta, por parte de Estado inepto, encuentra la represión y la muerte.

Las resistencias y aguantes colectivos del pueblo colombiano afloraron al unísono y el Estado responde con el guion de siempre: “Al terrorismo, vías de hecho, vandalismo… ¡hay que meter bala!” Con mentiras, justifican los atropellos y crímenes de las fuerzas del Estado contra la población civil.

Ya estamos frente a un nuevo genocidio en la región. Y no hay Dios que nos socorra. Los organismos internacionales, jamás, están al lado de los pueblos. De derecha, izquierda o de cualquier rincón del infierno, no importa, los organismos internacionales defienden los gobiernos, pues detentan el dinero y el poder.

Tal vez, después, alguien vendrá a construir un monumento en homenaje a los caídos

(la ironía y falta de humanismo de los gobiernos, apesta).

Hace mucho tiempo que mi amada patria latinoamericana está herida de muerte y resiste con terquedad al inmenso dolor, mientras se desangra a borbotones por doquier que se la mire. Si la llamo Justicia, veo a Bolivia que se ahoga en sus lágrimas de sal sin poder pronunciar una sola palabra. Si la llamo Cordura, veo a mi Brasil que se inunda en la insensatez más grande del mundo. Si la llamo Libertad, veo a Nicaragua secuestrada. Puedo mirar a la encarcelada Venezuela o a la despellejada Argentina… empero, hoy, lloro por ti, Colombia.

– Márcia Batista Ramos

SOBRE LA AUTORA:

Márcia Batista Ramos, nació en Brasil. Licenciada en Filosofía. Es gestora cultural, escritora, poeta y crítica literaria. Es columnista en la Revista Inmediaciones, La Paz, Bolivia y en periodismo binacional Exilio, México. Publicó: Mi Ángel y Yo; La Muñeca Dolly; Consideraciones sobre la vida y los cuernos; Petty Barrón De Flores: La Mujer Chuquisaqueña Progresista Del Siglo XX; Tengo Prisa Por Vivir; Escala de Grises – Primer Movimiento; Rostros del Maltrato en Nuestra Sociedad; Dueto; Escritoras Cruceñas, Caballero, Reck & Batista; Escritoras Contemporáneas Bolivianas, Caballero, Decker & Batista; Caspa de Ángel – antología de cuentos, crónicas y testimonios del narcotráfico, Batista-Ramos & Carvalho Oliva. Es colaboradora en diversas revistas internacionales.

Mis abismos

Tengo tantas ganas de incrustar mis dedos en mis pupilas
y arrancarme las penas del alma.
Que el humo de tu cigarro se convierta en besos
que al chocar con mi rostro
estallen en estruendosos “te quiero”
para no quedarme vacía de sensaciones.
Para no quedarme en silencio.

Tengo tan sedientas mis emociones,
quiero explotar en momentos
que logren empañar esta ansiedad por completo
cual rocío en verano…
y que cada uno de mis versos
llegue como deseos a las estrellas fugaces
que no logré atrapar
en todas esas noches frías
donde…
en vez de mirar al cielo
miraba tus numerosos lunares.

Tengo tantas ganas de implorarle a esta noche
que se apiade de mis miedos,
de pedirle a la luna que se vista de mis eternos susurros,
para así no terminar contándote que me muero por ser
el más eternos de los fuegos,
de esos que se incrustan en tu piel
y no logras olvidarlos.

Quiero descansar mis lágrimas en tu torso
y sentir la suavidad de la vulnerabilidad
en las palmas de mis manos,
para ser eterna…
para ser todo
menos esta ansiedad
que me convierte
en abismo.

– NERA

Me vas a pedir que vuelva
cuando mi piel se convierta
en ceniza.
Cuando la ansiedad
en la palma de tus manos
quite la venda de tus ojos
y no puedas volver a ver
mi locura envolviendo tu ser.

Me pedirás que vuelva
con los miedos cruzados,
cuando mi alma
se quede en el horizonte
y ya no pueda cantar,
cuando mis labios
ya no puedan pronunciar tu nombre,
cuando el cigarro entre mis dedos
se consuma
y solo quede el olor a lluvia
en nuestros cinco sentidos.

Me pedirás que vuelva
cuando el silencio sea
lo único que escuches,
cuando no puedas convertir mis versos
en mi aroma,
ni el alba en mis pupilas.

Cuando sea de noche
y sientas frío
y no puedas juntar tus pies con los míos,
me pedirás que vuelva…
y no podré volver.

– NERA

La pandemia aumentando las grandes brechas históricas de la humanidad

La pandemia que estamos viviendo desde el 2020, con las medidas restrictivas, el encierro, los cuidados, el temor al virus, las muertes y hospitalizaciones de personas cada vez más jóvenes, es asustadora.

Tal vez, la pandemia permita experimentar la sensación de que somos una sola humanidad, que lo que le pasa a uno puede pasarle a todos, porque estamos todos enfrentando este virus, en cuarentena.

Empero, la pandemia aumenta las grandes brechas históricas de la humanidad, porque no enfrentamos el virus en las mismas condiciones, tampoco son similares las condiciones en que enfrentamos la cuarentena por las grandes diferencias económicas en que viven las personas en todo el planeta.

No todas las personas tienen un ingreso fijo que les permita estar en cuarentena, alimentándose y esperando que pase la pandemia. Además, la mayoría de las personas tienen que pagar un alquiler para vivir y la cuarentena, al no permitir trabajar, aumenta el estrés y baja las defensas, consecuentemente, las deja más vulnerables al contagio. Asimismo, las condiciones de vivienda de unos son inversamente proporcional a las condiciones de vivienda de otros, impidiendo a que muchas personas puedan realizar actividades alternativas en sus domicilios por la falta de espacio y de comodidades.

Eso refleja la fragilidad financiera de muchos países, que es real, y la crisis económica afecta a los presupuestos de todos los hogares y en mayor medida a los más pobres, ya que no cuentan con ingresos fijos.

En Sudamérica, por ejemplo, el comercio informal representa un número significativo de empleos y las medidas restrictivas afectaron directamente a los hogares que dependen de esas actividades que perdieron el derecho de salir a laburar y ganarse el pan del día, agravando más la situación de pobreza. Asimismo, es significativo el número de pequeñas y medianas empresas que tuvieron que cerrar, engrosando el ejército de desempleados. 

Mucha gente está pasando por situaciones realmente difíciles. En estos momentos, se pone en relieve las desigualdades de género: las mujeres son las más afectadas por el aumento de desempleo, la pobreza y la sobrecarga de trabajos no remunerados.

En este escenario de exclusión y pobreza ante las adversidades; las mujeres rurales, indígenas y afrodescendientes se enfrentan a mayores obstáculos para acceder a recursos productivos como el agua, la tierra, insumos agrícolas, financiamiento, seguros, capacitación, entre otros; a esto se suman diversas barreras que les dificultan comercializar sus productos, aumentando el riesgo de caer en la pobreza extrema.

Sin embargo, existen muchas personas que se refieren de una manera romántica a la pandemia, porque la pandemia vino a frenar los abusos en contra del planeta, del clima, de la naturaleza, del reino animal… No obstante, se olvidan de que adultos de todas las edades -incluidos los jóvenes- se están enfermando gravemente y muchos de ellos están muriendo en todos los países por la pandemia que está, indirectamente, preservando la naturaleza.

Existe una clara aceleración de la pandemia que está provocado un aumento en el número de casos en general y, por ende, un aumento en el número de jóvenes afectados también.

La población joven es la que está más expuesta al virus en comparación con la población de mayor edad. Son los que están más activos al ser la base de la fuerza laboral. Muchos forman parte del sector de servicios y desempeñan trabajos que requieren participación presencial. Además, es el grupo etario que no está siendo vacunado, aumentando la situación de morbilidad y mortandad por la enfermedad.

Los hospitales están llenos. En los países emergentes y pobres, los sistemas de salud están colapsando y el sufrimiento para los enfermos es grande, asimismo, para sus familiares y entorno.

La pandemia aumenta las grandes brechas históricas de la humanidad y los organismos internacionales no están implementando políticas universales, redistributivas y solidarias con enfoque de derechos para tratar de paliar los estándares socioeconómicos de los más desposeídos. Urge un reforzamiento de las medidas existentes y la creación de nuevas medidas de protección social.

Las respuestas en materia de protección social deben articular las medidas necesarias para atender las expresiones más graves de la emergencia; como garantía universal de ingresos, acceso universal a las pruebas sanitarias y a la atención médica, a los servicios básicos y a la vivienda, a la alimentación adecuada y a la educación, asimismo, salud universal e inclusión laboral orientada a garantizar el ejercicio de los derechos de las personas mediante el fortalecimiento del estado de bienestar y la provisión universal de protección social.

A consecuencia de la pandemia y frente al aumento de la pobreza histórica que la humanidad arrastra, pienso que existe un gran desafío para todos los seres humanos, ya que la crisis sanitaria es global y sus diferentes impactos socioeconómicos evidencian un aumento de la pobreza extrema y reflejan cada vez más la desigualdad en el planeta. Entonces, estamos ante el desafío de la empatía y ante la obligación de pensar en un mundo mejor.

Pese a la vacunación a nivel global, las perspectivas de una vida normal con abrazos y sin el uso de barbijo a corto plazo, siguen siendo muy inciertas.

– Márcia Batista Ramos

SOBRE LA AUTORA:

Márcia Batista Ramos, nació en Brasil. Licenciada en Filosofía. Es gestora cultural, escritora, poeta y crítica literaria. Es columnista en la Revista Inmediaciones, La Paz, Bolivia y en periodismo binacional Exilio, México. Publicó: Mi Ángel y Yo; La Muñeca Dolly; Consideraciones sobre la vida y los cuernos; Petty Barrón De Flores: La Mujer Chuquisaqueña Progresista Del Siglo XX; Tengo Prisa Por Vivir; Escala de Grises – Primer Movimiento; Rostros del Maltrato en Nuestra Sociedad; Dueto; Escritoras Cruceñas, Caballero, Reck & Batista; Escritoras Contemporáneas Bolivianas, Caballero, Decker & Batista; Caspa de Ángel – antología de cuentos, crónicas y testimonios del narcotráfico, Batista-Ramos & Carvalho Oliva. Es colaboradora en diversas revistas internacionales.

Y tú

El silencio de este amor
retumba en mis oídos,
fuerte,
tan fuerte que no puedo más.
Has invadido cada parte
de esta alma mía
con tu esencia.
Tu preciosa esencia
y me pregunto
¿Qué hice para merecer
tanta vida?
Tanta perfección
aún en los defectos tuyos,
tanta libertad en una mirada tuya
y tanto amor en un beso tuyo.
Tanta pasión en tus manos.
Y yo…
tanto tiempo en oscuridad,
tanto tiempo sin amar,
tanto tiempo sin entregarme,
tanto tiempo sin confiar.
Yo, quiero amarte
con cada parte
de mi ser y mi piel.
Y tú…
que llegas así de repente,
para curar todo el daño
de amores muertos.
Para prender en mí
el deseo de tocar y sentir,
para darle valor
a cada uno de mis versos.
Tú, que llegas y no te vas,
que me cambias por completo,
tú, que me quitas el sueño.
Solo tú
tienes mi alma y mi ser,
mis sonrisas y mis lágrimas,
mis manos y mis pies.
Tú me tienes.

– NERA

Enrédate

Llévame a tu cuarto y apaga la luz, dame tus besos más sugerentes.

Llévame a imaginar lo que te pasó en tu día, de principio a fin.

Tómame de la cintura y presiona contra tu pecho, para sentir tus latidos.

Escúchame decir lo mucho que te extrañé y la poca paciencia que le tengo al tiempo.

La poca paciencia cuando tienes que irte y tengo imaginarte.

Restriega tus bajas intensiones contra mí, quítame el sueño.

Libera tus manos y dibuja tus sentimientos, estampa tu aroma en mi polo.

Recuérdame las razones por las que tiemblo cuando escucho tu voz al decir mi nombre.

Y por qué el “sí» siempre me delata cuando preguntas si te deseo.

Arriba o abajo, de todos modos flotamos.

Enreda tus dedos en mi pelo y define de una vez si será el amor o sexo.

Enrédate a mí, olvida quién eres y siente lo que quieres.

Solo por si acaso, guardaré un poco de mí, para que regreses.

Aunque de todos modos ya somos uno, somos.

Hacía falta solo la locura y habríamos desaparecido.

Traspasaste las fronteras con tu lengua y mis buenas intenciones con tu mirada.

Yo horizontal y tú vertical, opuestos pero satisfechos.

Hoy fluye el sudor y pesa el aire, caliente o frío, dulce o saldo.

Número par o impar, conforme pasaron las horas, olvidé las veces que fui Eva.

Si te vas o te quedas, ya enredaste tu vida con la mía y tu deseo con tu abstinencia.

– SS.

Experiencia para amar

He vivido de muchas ilusiones, que de vez en cuando simulaban ser amor.

Lo cierto es que jamás me comprometí, buscaba lo sencillo, algo que no me atara por mucho tiempo.

Que el día que debiera terminar, no trascendiera más de una o dos noches en vela.

Aunque siempre he tratado de hacer lo correcto, nunca lo di todo, tal vez por egoísta o por precaución.

Hasta cierto punto es eficaz, cuando aún eres inmaduro, cuando no sabes lo que significa la vida.

De todos modos, en ese entonces, nadie quedó marcado para siempre, de eso estoy segura.

Pero ahora, que ha transcurrido el tiempo, que ya no soy intermitente, que he aprendido cómo funciona la vida.

Ahora me pregunto, ¿cuándo dejaré de escapar de lo único que en este mundo material te puede salvar?

Me he enamorado y estoy cometiendo los mismos errores que antes cometí.

La inevitable necesidad de no comprometerme es que no sé cómo hacerlo.

¿Es normal dejar de lado el amor por el solo hecho de ver un rasguño en él?

¿Y si lo diera todo pero al final no funciona, que me quedaría a mí?

La verdad es que no confío ni en mis sentimientos pues, en cuanto al amor se trata, me falta experiencia.

La inestabilidad o la incertidumbre no van conmigo, lo seguro sí.

Y si eso significa dejar pasar el amor pues, me la juego.

Yo puedo darlo todo, yo puedo desplomar el cielo, puedo amar.

Pero no creo que la persona que quiera responder de la misma forma exista.

Porque el amor no tiene un final feliz, el amor es para siempre, de amor se vive.

Es tan misterioso e impredecible y arriesgar todo por alcanzarlo es una locura.

Nadie nunca tendrá la suficiente experiencia para amar.

No creo que exista alguien que entienda lo que significa amar, menos yo.

– SS.

Holocausto: cuando dejamos de llamarnos humanos

Como el día 27 de enero fue el Día del Holocausto, instituido por la ONU en el día de la liberación de Auschwitz por tropas soviéticas, recordé que, por cosas del destino (no por curiosidad o por interés histórico, por cosas del destino no más) conocí el pueblo de Dachau y el campo de exterminio en la misma localidad; con su pequeño patio de fusilamiento, sus cuatro hornos crematorios, algunas fotografías de experimentos médicos inhumanos, registro de relatos de castigos tremendamente crueles y aniquiladores… fotografías de los sobrevivientes angustiados y horrorizados… recordé que la atrocidad de los campos de exterminio nazi es total. Dicen que no hay ningún ser humano que no se sienta aludido por lo que ocurrió allí.

La historia del Holocausto asombra a cualquiera que se le acerque. Los campos de exterminio nazi significaron tanto dolor, que creo que la energía negativa generada en aquellos recintos sigue causando sufrimiento en el planeta. Tomando en cuenta la Ley de la conservación de la energía que afirma que la energía no se destruye, solo se transforma; tanto dolor, sufrimiento y maldad, de hecho, no se transformó en bendiciones; porque si así hubiera sucedido, el planeta sería ahora un Edén.

Asimismo, considerando la energía de 11 000 000 de seres humanos asesinados en los campos de extermino, sumado a la energía del sufrimiento de sus familiares y de otros seres piadosos que no tuvieron ninguna posibilidad de escoger no ser víctima… estoy hablando de una suma de energía negativa tan grande que, a simple vista, no cabe en mi imaginario; pero cuando me detengo a cavilar sobre el asunto, me estremezco desde los cabellos hasta el tuétano y comprendo el porqué del atraso y desorden planetario; el porqué de tanta miseria en un solo planeta. Es la energía del Holocausto que sigue envolviendo al planeta azul.

Theodor Adorno, en un intento de explicar la poesía de Paul Celan, estaba cubierto de razón cuando afirmó que “escribir poesía después de Auschwitz es un acto de barbarie”, frase que repitió con formulaciones diversas.  Empero, tenía mucho sentido porque resumía muy bien lo que estaba pasando en la poesía europea tras el fin de la segunda guerra mundial, ya que el Holocausto representó la pérdida de la belleza, de la candidez y de todos los valores éticos y morales que, como humanidad, pensábamos que teníamos. La pérdida de las seguridades dio paso a la duda, actitud que fue fundamental en la literatura de la segunda mitad del siglo XX.

El Holocausto mostró la cara más sórdida de algunos humanos y dejó muy en destaque que el ser humano tiene una faceta monstruosa que puede aniquilar, en un ataque de ira antropófaga, a todos sus similares.

Fueron momentos atroces, tristemente dramáticos, sufridos ante la indiferencia, la apatía y la ceguera del mundo ante el infortunio del otro, que nos obligan a pensar y accionar de forma distinta. Lo mismo, cuando las condiciones son adversas y somos obligados, como ahora con la pandemia, a observar el colapso de la humanidad, el fin de nosotros mismos, en cuanto a especie se refiere.

También, imagino el cúmulo de miedo y soledad de quien se sabe condenado y no puede hacer nada.

Después del Holocausto cambiaron muchas cosas, incluso en las estéticas poéticas, ya que ningún escritor pudo encerrarse en su burbuja y el compromiso con el otro se hizo más que necesario, se hizo vital. Así, la guerra y el genocidio determinan un viraje notable en la creación de los poetas sobrevivientes, judíos o no, y de todos aquellos que aparecen después. Se nota, en la poesía, el reflejo de hondas maduraciones individuales.

Me remito a la poesía para hablar de la tragedia que representó el Holocausto porque los gritos de dolor, a pesar de que siguen propagándose en el espacio, ya no logramos captarlos por la difracción que sufrieron en su trayectoria espacial, en el tiempo. Las fotografías estáticas de cuerpos ultrajados, muertos o en agonía; tampoco traducen el sentimiento que la poesía logra manifestar a través de sus versos. Me remito al poema de Aron Verguelis:

 “Bosque sin alerces /bosque sin abetos /bosque de Sarahs /bosque de Hannahs”.

Porque, sobre las fosas comunes, los árboles echaron cuerpo y sus raíces se alimentaron de aquellos cuerpos que pertenecían a humanos que tenían sueños y aspiraciones, una vida en andamiento, una ilusión, un fracaso, un amor en el corazón…

Algunos criaban gallinas…

                Algunos escribían un libro…

                                Algunos eran empleados…

                                               Bohemios… empleadores…

Muchos, eran apenas… niños.

Entretanto, terminaron en cámaras de gas, enterrados vivos o en hornos encendidos que los transformaron en cenizas para abonar el bosque.

¿Quién pudo hacer todo eso?

Entonces reconozco que el Holocausto, con sus masacres perpetuas, transformó de sobremanera el mundo. Mostró los monstruos que cohabitan con nosotros en el planeta y la capacidad que tienen para generar el caos, dado a su esencia maligna, al tiempo que acabó con la inocencia y colocó a Dios en duda, ya que parece haber fallado con las víctimas que solamente tenían su mano para agarrarse y tuvieron que sufrir y sufrir para después, recién, sucumbir.

También afirmo, porque así lo percibo, que la energía calificada por el mal y por el dolor, en los campos de exterminio, aún permanece envolviendo al planeta y propiciando más dolor y sufrimiento, como si la vida en el planeta tuviera que ser una especie de expiación de pecados que no cometimos. En cuanto a eso, la injuriosa masacre de Kielce apenas sirve para corroborar mi idea de que vivimos envueltos por la energía maligna, como planeta; pues asesinaron (y no eran nazis, eran vecinos) a sobrevivientes del Holocausto después de la magnitud del genocidio, en un delirio paranoico asesino, fruto del racismo y xenofobia.

¿La condición humana es de naturaleza mezquina?

Después de las catástrofes, en nuestro planeta azul, se suele instituir un día para recordar a las víctimas; tal vez, solo así, se lavan las manos teñidas de sangre, solo tal vez.

Pero, del mismo modo, los sobrevivientes nos dieron sendas lecciones de vida, de resistencia, de fuerza de voluntad y capacidad de empezar todo otra vez, lo mismo sin saber si el final sería feliz, pero con la certeza de que la vida vale la pena ser vivida. Fueron personas que siempre lucharon por ver lo bello, a pesar del sufrimiento.

En el intento de recrear la experiencia subjetiva del siniestro al que fueron sometidas tantas personas en los campos de exterminio, la poesía y solo ella, recupera un gesto humano, una ternurita, un ser humano, invisible, víctima del Holocausto, de cuando dejamos de llamarnos humanos.

“Si acaso

– Wislawa Szymborska (Premio Nobel de Literatura en 1996)

Podía ocurrir.
Ocurrió antes. Después.
Más cerca. Más lejos.
Ocurrió; no a ti.
Te salvaste porque fuiste el primero.
Te salvaste porque fuiste el último.
Porque estabas solo. Porque la gente.
Porque la izquierda. Porque la derecha.
Porque llovía. Porque había sombra.
Porque hacía sol.
Por fortuna había allí un bosque.
Por fortuna no había árboles.
Por fortuna una vía, un gancho, una viga, un freno,
un marco, una curva, un milímetro, un segundo.
Por fortuna una cuchilla nadaba en el agua.
Debido a, ya que, y en cambio, a pesar de.
Qué hubiera ocurrido si la mano, el pie,
a un paso, por un pelo, la casualidad.
¿Ah, estás? ¿Directamente de un momento todavía
entreabierto?
¿La red tenía un solo punto, y tú a través dese punto?
No dejo de asombrarme, de quedarme sin habla.
Escucha cuán rápido me late tu corazón.”

– Márcia Batista Ramos

SOBRE LA AUTORA:

Márcia Batista Ramos, nació en Brasil. Licenciada en Filosofía. Es gestora cultural, escritora, poeta y crítica literaria. Es columnista en la Revista Inmediaciones, La Paz, Bolivia y en periodismo binacional Exilio, México. Publicó: Mi Ángel y Yo; La Muñeca Dolly; Consideraciones sobre la vida y los cuernos; Petty Barrón De Flores: La Mujer Chuquisaqueña Progresista Del Siglo XX; Tengo Prisa Por Vivir; Escala de Grises – Primer Movimiento; Rostros del Maltrato en Nuestra Sociedad; Dueto; Escritoras Cruceñas, Caballero, Reck & Batista; Escritoras Contemporáneas Bolivianas, Caballero, Decker & Batista; Caspa de Ángel – antología de cuentos, crónicas y testimonios del narcotráfico, Batista-Ramos & Carvalho Oliva. Es colaboradora en diversas revistas internacionales.

Mi ser

Conozco cada parte de mi piel,
morena…
Puedo sentir como retumba cada nota de blues
en mis labios y mi ser entero.

Puedo bailar
cada ritmo de mi alma,
despacio,
sensual…
Soy yo sola y nadie más.

Estoy sedienta de mí,
tanto que voy a gritar
cada gota de mi sangre
hasta ser lo más elevado
de mi propia alma.

Soy lo más alto y lo más agudo
de mi esencia.
Yo soy la noche
que provoca ansiedad
y explota el cerebro
de cualquier ser.

Mi ego es ceniza
y mi libido es fuego
ardiendo junto al alba.

Soy oscuridad y soy viento,
y naturaleza,
y noche;
noche pendeja y solitaria.

La luna que se escapa de mis dedos
es la misma
que me fluye como agua.

Soy, en definitiva,
solo un poco
de lo que deseo ser.

Y lo demás que me espere,
que mi humedad tiene sed.

– NERA

La dama de la morgue

Ella llegó un viernes por la noche cuando mi turno estaba por expirar. Su frágil cuerpo se deslizaba en la cama. Tenía el rostro más bello que jamás había visto en mi vida. Sus cabellos parecían aún flotar mientras que su tersa piel no presentaba ningún desnivel. Su sonrisa de lado, extrañamente, aún se mantenía encendida y sus ojos como dos cárceles descansaban plácidamente. Era perfecta, salvo un menudo detalle: ¡estaba muerta!

Creerán que he perdido la razón y que mis deleites colindan con la necrofilia; pero no es así, ¡no me juzguen! No soy un enfermo, no es que desfilen por mi mente ideas escabrosas ni lascivas. ¡Habráse visto! Solo quiero seguir contemplando ese rostro que os juro me sonríe, que me lanza palabras silentes en un código que solamente ella y yo reconocemos. Estoy por descifrarlo, solo necesito un tiempo más.

En otra vida sé -ahora estoy completamente convencido- que nos conocimos, que constituimos un vínculo que trascendió espacio y tiempo y que hoy nos ha llevado a un indefectible reencuentro que precisamente tenía que atestiguar la muerte de uno de los dos para consumarse.

No sé cuánto tiempo llevo aquí, las horas de la vigilia y el sueño se entrecruzan, dejándome una sensación onírica.

El médico que me releva en la sección de tanatología forense acaba de llegar ¡no le permitiré que me robe su sonrisa! Aquella musa inmóvil en la camilla es mía; ¡únicamente mía! Una inefable dama que tras su muerte vino a buscarme. No les puedo permitir -a esos seres grises- que me la arrebaten ahora que finalmente logró hallarme.

Se oyen los pasos de mi colega, sus sucias manos pretenden girar la manija de la puerta, ¿se largará acaso cuando la encuentre trancada?

-Hey, no te molestes en insistir, la puerta está con llave. Tengo un caso muy particular aquí, yo cubriré todo tu turno también esta noche -impávido se lo digo mientras advierto algunos murmullos allá afuera-.

Balbucea unos instantes; la desconfianza lo invade, pretende denegarse, lo piensa unos segundos más y al fin cede a mi deseo. Imagino que entiende la firmeza de mi voz, sabe que es mejor no jugar conmigo. Oigo a sus pasos alejarse y finalmente desaparecen al igual que los susurros. ¿Esta escena ya la he pasado antes? ¡Qué más da!

Somos nuevamente solo ella y yo. Nuestro instante ha llegado, pondré un tango y danzaremos en el aire, convertiremos esta sombría sala de autopsias en el salón de baile donde habremos de cortejarnos sin rubor. Seré su caballero, será mi dama, recobraremos esa vida que se nos fue arrebatada pero que en la hora final -si no se nos es devuelta- inventaremos. ¿Diseccionarla? ¡No!, jamás osaría auscultar (dañar) ese cuerpo tan perfectamente aletargado y que ahora suspira evocándome.

¿Qué pasó con el mensaje? Ya no puedo descifrarlo, necesito sus órdenes, sin ellas no sé qué hacer.

El diagnóstico de su dimisión es: “Paro cardiaco súbito”, puedo verlo escrito en un obsceno papel. El mío también lo será si no me responde, si no me arroja más indicios. “No tengas miedo ¡yo te cuidaré!” -le susurro al oído-.

Ningún familiar ha venido a reclamarla, debería pasar al departamento de morfología de la universidad entonces, pero ¡oh coincidencia! hace una semana esta entró en una huelga indefinida y no es posible llevarla para allá. Ergo, su cuerpo debería descomponerse pero no lo hace porque es mágica, claramente este mezquino mundo le es ajeno pues sus reglas no tienen jurisdicción en ella; ni siquiera la implacable muerte puede arrebatarle la vida.

¿De dónde viene ese olor a rosas? Ah, ya recuerdo, son las mismas rosas que le entregué el día de nuestra boda. Pinzas, bisturíes, éter, ácido sulfúrico, acetona, mascarillas, guantes quirúrgicos… ¡no me sirven para nada! Me sirve, por el contrario, el poema que debo recitarle para que se embriague de él, se desentumezca cada arista de su cuerpo y vuelva a magnificarse con una sonrisa.

Estimo que ya han pasado muchas horas.

-”Dime, ¿esos ojos jamás se volverán a abrir?, ¿por qué no me respondes?, ¿acaso hice algo mal?, ¿o debo ser yo el que esté tendido en esa camilla y tú la que lloras sin consuelo como en este instante lo hacen mis ojos pusilánimes?

No teníamos que desenvolver estos papeles, el orden es una locura, ¿por qué mierda te fuiste antes que yo?, ¿estás ahí? ¿O es que debo interpretar tu silencio, como una visible señal de condescendencia a la decisión que tomaré? ¿Ese bisturí más grande y filoso es el medio que me presentas para cumplir con mi misión? ¡Lo comprendo!, lo acercaré a mi cuello”.

Las primeras gotas de sangre de deslizan por mi torso.

Ya no huelo rosas sino productos antisépticos de limpieza, ya su rostro no esboza una sonrisa sino una agobiada mueca, ya sus cabellos no emergen en el aire, solo le cubren el rostro y estorban, ya su piel no se percibe lozana sino consumida… ¡Su silueta es un saco sombrío en plena descomposición!

¿Qué diablos pasa? Mi mente no es la misma; no es la mía. No está bien; no estoy bien. Siento que nuestra historia fenece en las encrucijadas de un sueño y da pase a una realidad inalterable…

¿Quiénes son ellos que fuerzan la entrada y allanan el lugar junto al médico? Ya le había dicho que hoy supliría su turno, ¿por qué me apuntan y me acorralan, me reducen y me introducen una aguja que debo suponer lleva un tranquilizante? “¡No! ¡Suéltenme!”, ellos quieren separarnos, no me interesa que ella haya perdido todo su vigor y su belleza, le juré estar a su lado más allá de la muerte, “¡libérenme!”, no me pueden arrebatar el derecho de estar a su lado. Las palabras se me entrecortan, la vista se me nubla, el cuerpo se me hace pesado, las fuerzas se me desvanecen: – “¡por favor!, si me voy, solo quiero despertar a tu lado amor mío…”

*

Ya son 5 días que me encuentro en este sanatorio, me han diagnosticado espectro de esquizofrenia y otros trastornos psicóticos. Encima de una mesa se halla desperdigado un periódico que tiene por titular: “Médico forense pierde la razón luego de permanecer encerrado durante 3 días en el cuarto de necropsias donde desarrollaba su labor. El galeno fue hallado en un estado lamentable junto a un cadáver -que ya mostraba signos de descomposición- de una joven mujer. Los policías y personal médico del lugar entraron segundos antes de que el profesional atente contra su propia vida. Antes de inyectarle un tranquilizante manifestó que aquel cuerpo inerte le pertenecía a su mujer -fallecida hace unos meses- y que su deber era reencontrarse con ella”.

Ellos no saben nada, ni doctores, ni periodistas ni policías. Reducen sus argumentos a un trastorno mental inexistente, no saben interpretar siquiera los códigos de la eternidad, del amor y de un pacto irrevocable ¡Ella es mi amada y la seguiré esté donde esté!

Hoy en sueños me ha visitado nuevamente y finalmente he logrado comprender todas sus demandas. Ella me sigue aguardando: debo concluir con lo que esos grises individuos me truncaron en aquella hostil sala de necropsias. Nuestro reencuentro está asegurado; aquel incisivo cuchillo que un cocinero acaba de descuidar sobre la barra será la puerta que -incansablemente- he buscado desde que su ausencia se magnificó. Al otro lado, ¡ella me espera!

– Andrei Velit

DE PARTE DE UN ALMA PARA UN SER ANDANTE

¿En qué momento te hiciste
tan importante
para mi frágil corazón?
¿En qué momento decidieron mis labios
besar los tuyos cada noche?
¿En qué jodida mierda estaba pensando mi alma?
Detesto cada incógnita que surge de mi mente,
cada vez que siento mi alma hecha pedazos.
¿Por qué otra vez?
¿Por qué tú?

No lo sé…
No sé qué vieron mis ojos
en esa sonrisa tuya
para tener que dibujarla con mis dedos
cada mañana después de hacer el amor.
No sé qué sintió mi piel erizada,
para que deseara tenerte desnuda y contar tus malditos lunares color azabache.
No sé en qué estaba pensando…
para buscar tu aroma en mis poemas,
y en mi ropa,
y en mi almohada.
Te odio tanto por hacer que te ame,
hasta sentir que se me rompen los huesos,
al saber… que ya no puedo tenerte.
Te odio porque sé que vas a tenerme pensando en el color de tu voz
cada segundo de mi incógnita vida…

Te odio porque te has incrustado hasta el tope
en cada una de mis venas,
en cada uno de mis versos,
en cada parte de mi piel,
en mi mente,
en mis dedos,
en mis ojos
en cada centímetro de mi alma.
Cada paso que doy me lleva
a cada una de tus pecas,
a cada uno de tus cabellos cortos…
Te odio tanto
porque me hiciste amar de ti
lo que nunca me permití de nadie más.

Te odio…
porque te amo.

– NERA

Las redes sociales como factor benéfico para la microliteratura

En lo que va del siglo XXI, podemos constatar el crecimiento vertiginoso de las redes sociales que sirven, especialmente en tiempos de pandemia, de conector entre los seres humanos. De forma particular, favorecen el intercambio de opiniones y gustos literarios entre lectores, autores, críticos, editores, agentes literarios y todo aquel que tenga interés en la materia.

Las redes sociales, hoy por hoy, se transformaron en un importante vehículo de la literatura, ya que sirve para acercar al lector a la experiencia estética literaria. Lo mismo cuando existan opiniones contrapuestas que, a pie juntillas, denigran las redes sociales como espacio de creación artística.

Además, es sabido que las plataformas están influenciando en la forma de escribir de muchos autores, ya que su forma de expresarse en las redes sociales se traslada a sus obras literarias. Motivados, seguramente, por el alcance a mayor número de lectores familiarizados con el lenguaje usado en este contexto.

Son tendencias que promueven diversas reflexiones e ideas, no siempre concordantes (lo que a mí, me parece muy sano) al tiempo que fomentan diversas contemplaciones sobre el futuro de la literatura.

Yo veo que, a muchos, preocupa más que el futuro de la literatura, el futuro del invento de Gutenberg. No quiero ocuparme de los derroteros que esperan a la literatura o al libro en el futuro; lo mismo porque, a veces, en un trance de pesimismo irónico, no sé si habrá futuro. De cualquier modo, mis digresiones pesimistas no vienen al caso.

Lo que quiero referir es al hecho de que las redes sociales están fomentando a la producción y consecuente consumo de la microliteratura[1] como género creciente en cantidad de autores, sumado a la cantidad exponencial de textos y lectores.

Atribuyo la cantidad de lectores a que, en la actualidad, los jóvenes esquivan a los libros voluminosos de tiempos pasados por una serie de factores, como la mala formación escolar que no supo incentivar la lectura de volúmenes ampulosos, por ejemplo. Lo tomo como una desventaja del libro físico frente a las nuevas tecnologías.

Sin embargo, los jóvenes (desde pequeños) están entrenados y totalmente familiarizados con las plataformas tecnológicas y al texto electrónico. Siendo que, la mayoría de ellas, funciona de manera estructural a partir de la redacción y la lectura de escritos breves. Una ventaja de las nuevas tecnologías frente al libro físico.

Es importante notar que, en las librerías, el fenómeno de la microliteratura pasa casi desapercibido mientras que en internet se trata de una manifestación en pleno incremento, comprobando que las redes sociales favorecen al crecimiento de la producción de la microliteratura, por ende, al aparecimiento de nuevos escritores y cultores del género con fuerza inusitada que, a su vez, responden a la marcada necesidad de inmediatez, de la sociedad del siglo XXI (la sociedad líquida de Bauman), pues, al igual que en las redes sociales, la microliteratura está signada por la concisión, la fragmentariedad y un sentido divertido de la interactividad.

Asimismo, la microliteratura se beneficia con las nuevas tecnologías, insiriéndose como modelo en un mundo veloz que deja un espacio exiguo para lecturas extensas.

– Márcia Batista Ramos

SOBRE LA AUTORA:

Márcia Batista Ramos, nació en Brasil. Licenciada en Filosofía. Es gestora cultural, escritora, poeta y crítica literaria. Es columnista en la Revista Inmediaciones, La Paz, Bolivia y en periodismo binacional Exilio, México. Publicó: Mi Ángel y Yo; La Muñeca Dolly; Consideraciones sobre la vida y los cuernos; Petty Barrón De Flores: La Mujer Chuquisaqueña Progresista Del Siglo XX; Tengo Prisa Por Vivir; Escala de Grises – Primer Movimiento; Rostros del Maltrato en Nuestra Sociedad; Dueto; Escritoras Cruceñas, Caballero, Reck & Batista; Escritoras Contemporáneas Bolivianas, Caballero, Decker & Batista; Caspa de Ángel – antología de cuentos, crónicas y testimonios del narcotráfico, Batista-Ramos & Carvalho Oliva. Es colaboradora en diversas revistas internacionales.


[1] La microliteratura se define como la suma de géneros narrativos, poéticos, ensayísticos y sapienciales caracterizados por la brevedad, que carecen de extensión mínima y su extensión máxima suele ser de una página, aunque muchos estudiosos, definen por el número de palabras, habiendo pequeñas variantes. (N.A).

La mujer en el bosque

Tenía un cigarro entre los dedos. Creí que estaba solo cuando escuché un sonido y entonces, al voltear, mis ojos se clavaron en los de ella. Eran tan intensos que no pude dejar de mirarlos, percibí que su cabello estaba alborotado, sus labios resecos, sus mejillas sonrojadas, la expresión en su rostro me produjo escalofríos. Era el rostro más apacible que jamás había visto.

Cuando dio la vuelta, me desesperé y traté de seguirla, pero de la misma forma en que apareció, se había desvanecido. No pude sacar de mi mente aquella mirada en los próximos días en que traté de verla de nuevo, parado en el mismo punto, a la misma hora y casi con el mismo aire.

Llegué a pensar que se trataba de una criatura mítica, de esas que se les aparece a incautos para volverlos locos con su belleza y que luego jamás vuelves a ver; aun así, estaba decidido a revelar el misterio de aquella mujer que con solo una mirada y sus ojos comunes me había enamorado.

Un día, en que ya estaba por retirarme del bosque con las esperanzas marchitas, escuché su voz. Mi corazón casi se detuvo. Había imaginado, desde aquella vez, como podía ser el sonido de su voz y era tan dulce como su rostro, su “Hola» me derritió, me dijo entonces que me veía muy seguido en ese lugar y que la curiosidad la obligó a preguntarme el porqué.

Entonces me sentí tan tonto y ridículo cuando le respondí, pero si había decidido encontrarla y saber quién era, no podía dejar pasar la magia ni el momento por más tonto que me sintiera. De todos modos, si una locura le parecía la historia, al menos podré contarla.

En el mejor de los casos, el esfuerzo habrá valido la pena, porque desde que la vi supe que ella era para mí y que rendirme a su apacible presencia sería mi mayor placer; entonces la tomé de la mano y empezamos a caminar. Mientras le contaba el pasado, iba construyendo mi presente y mi futuro con esa mujer.

– SS.

NO SÉ QUIÉN ERES

Una vez más
me miras suplicante,
el odio y el repudio en tus ojos
llegan a mí como puñales
pero no me duele,
nunca me duele.

Vienes y me reclamas
porque no sé quién eres,
pero cariño, entiende,
no sé ni quién soy yo.

No sé quién es el viento
que juega con tu pelo al pasar,
no sé quién es el sol
que tiene el privilegio
de quemar tu piel.

No sé quiénes somos nosotros,
que jugamos en una cama
a amarnos.
Sinceramente,
no sé quiénes somos.

Tú eres vacío, tal vez,
y yo, puede que sea abismo.
Puede que seas silencio,
o probablemente oscuridad.
Tal vez seas tristeza
y yo tu llanto.

Lo sé,
sé que me odias
porque quieres amarme
y no te dejo.

Pero quieres que sepa
quién eres.
Quieres que cure tus heridas
y conozca tu esencia.

Lo lamento,
pides demasiado.

No puedo decirte quién eres,
pero puedo decirte
cuántos lunares tienes.
Puedo acariciar tu piel,
hacerte olvidar
y calmar la ansiedad.
Puedo fingir que te amo
si quieres…

Pero no,
no me pidas decir quién eres
porque no lo sé.
No me pidas reconocer tu voz,
no me pidas entenderte,
no me pidas amarte.

Porque no,
no podré,
no sabré.
No sé quién eres,
no sé ni quién soy yo.

– NERA

La soledad y nosotros

“La vida y el dolor de vivirla como un eterno sobreviviente de uno mismo”, creo que eso es lo que me impele a escribir día tras día en el intento de contarme historias con palabras que puedo entender en el idioma que aún no logro rezar, soñar o pensar.

Como poeta, pienso que el amor es una cuestión de fe, que nace de nuestra decisión de espantar la soledad y todos los demonios que la acompañan; sencillamente, porque no queremos apropiarnos de algo tan nuestro, tan humano como es la soledad. Así, en el intento de despoblar el cuarto invisible donde habitan los demonios compañeros de la soledad, buscamos el amor y aseguramos amar. Y más, prometemos y juramos que es para toda la vida.

Las juras de amor eterno y todo lo que las envuelven como actos deliberados ante la sociedad que aprueba (o desaprueba) los actos individuales de cada ser humano, es apenas el comienzo de la metamorfosis a la que nos sometemos en el intento de abandonar la soledad, que a partir de ese momento, se siente acompañada porque dejamos de ser yo para ser nosotros. Al tiempo en que garantizamos la reproducción del modelo social que nos fue impuesto, sin cuestionar nada, siquiera pensar si existe otra posibilidad de espantar demonios sin unirlos a los demonios del otro, sin crear un pequeño infierno tibio, monótono y repetitivo por los siglos de los siglos.

Tal vez, eso pase porque no preguntamos en qué creemos y por qué creemos. Apenas reproducimos el modelo impuesto, asumiendo la ética que nos fue heredada. Empero, aseguramos que somos felices, somos (en el caso) es la suma de seres en los que nos multiplicamos al unirnos con el otro, sin haber identificado a los otros que ya hacían parte de nosotros desde antes, cuando estábamos oficialmente solos.

“Ellos tienen razón”

“esa felicidad \al menos con mayúscula \no existe \ah, pero si existiera con minúscula \sería semejante a nuestra breve \presoledad \\después de la alegría viene la soledad \después de la plenitud viene la soledad \después del amor viene la soledad (…)”

Así habló Mario Benedetti, sin pensar que yo me agarraría de su mano un día, para tratar de entender el dolor de no poder llorar cuando me siento así, tan sola, tan triste y tan acompañada…

Eso ocurre porque, al fin y al cabo, la soledad es mía, es tan mía cuanto tuya, es esta parte de nosotros que no queremos aceptar, como si fuera un defecto… cuando apenas, es algo intrínseco a todos. Es nuestra orfandad primigenia que se manifiesta en la necesidad de conocernos a nosotros mismos a profundidad, porque cuando hacemos el viaje hacia adentro, el viaje interior, encontramos los demonios que nos acompañaron desde siempre y que no habían sido tan malos, como tratamos de imaginar a priori.

“(…) ya sé que es una pobre deformación \pero lo cierto es que en ese durable minuto \uno se siente \solo en el mundo \\sin asideros \sin pretextos \sin abrazos \sin rencores \sin las cosas que unen o separan \y en es sola manera de estar solo \ni siquiera uno se apiada de uno mismo (…)” dijo Benedetti sin pensar que vendría Erich Fromm a reforzar toda la teoría social que nos fue impuesta; de que en vez de centrarnos en todo lo que nos falta, debemos recordar todo lo que tenemos y practicar la gratitud con la vida, con uno mismo: “Si con todo lo que tienes no eres feliz, con todo lo que te falta tampoco lo serás” escribió Erich Fromm sin recordar que, tal vez, la soledad tan eterna que sentimos sea la manera más sencilla de manifestar la existencia del otro o de otros que nos acompañan, que nos pueblan y que no admitimos y tratamos como demonios que deben estar ocultos en un cuarto oscuro, como demonios que no debemos mencionar, peor encontrar.

Es cuando negamos la posibilidad de apiadarnos, de nosotros mismos, que buscamos el amor como una salvación miserablemente terrena, que debe dejar de ser romántico para ser conyugal, donde dejamos de ser yo para ser nosotros, donde el placer usa pantuflas y camina de la mesa de la cocina hasta el televisor. Pero aseguramos que somos felices, que todos somos felices.

Sin pensar que Mario Benedetti tenía razón: “(…) hay diez centímetros de silencio \entre tus manos y mis manos \una frontera de palabras no dichas \entre tus labios y mis labios \y algo que brilla así de triste \entre tus ojos y mis ojos \\claro que la soledad no viene sola (…)”. Porque entre nosotros existe la soledad de cada uno, la tuya que te envuelve en cinco centímetros donde caben tus otros yos, y la mía con cinco centímetros de demonios que trato de no conocer para que la sociedad no desapruebe mi actitud, en caso los conociera, y me rotule de loca.

“(…) si se mira por sobre el hombro mustio \de nuestras soledades \se verá un largo y compacto imposible \un sencillo respeto por terceros o cuartos \ese percance de ser buenagente (…)” porque el poeta ya sabía, antes de mí, que nuestra soledad anda acompañada y sus acompañantes son los que nos hacen así, medio melancólicos y tristes cuando hay lluvia y cuando brilla el sol… y nos recogemos a refugiarnos al medio de nosotros, o sea, nos recogemos a nuestro nido, donde están todos los que hemos reproducido cuando aceptamos la metamorfosis de dejar de ser yo para ser nosotros y pensamos que el amor era eterno, como eterno es el olvido

“(…) a veces no me siento \tan solo \si imagino \mejor dicho sí sé \que más allá de mi soledad \y de la tuya \otra vez estás vos \aunque sea preguntándote a solas \que vendrá después \de la soledad”. A veces, pienso que el amor es una cuestión de fe, que nace de nuestra decisión de espantar a la soledad y a todos los demonios que la acompañan; y como un eterno sobreviviente de mí mismo, escribo contándome historias con palabras que puedo entender… en el idioma que aún no logro rezar, soñar o pensar.

– Márcia Batista Ramos

SOBRE LA AUTORA:

Márcia Batista Ramos, nació en Brasil. Licenciada en Filosofía. Es gestora cultural, escritora, poeta y crítica literaria. Es columnista en la Revista Inmediaciones, La Paz, Bolivia y en periodismo binacional Exilio, México. Publicó: Mi Ángel y Yo; La Muñeca Dolly; Consideraciones sobre la vida y los cuernos; Petty Barrón De Flores: La Mujer Chuquisaqueña Progresista Del Siglo XX; Tengo Prisa Por Vivir; Escala de Grises – Primer Movimiento; Rostros del Maltrato en Nuestra Sociedad; Dueto; Escritoras Cruceñas, Caballero, Reck & Batista; Escritoras Contemporáneas Bolivianas, Caballero, Decker & Batista; Caspa de Ángel – antología de cuentos, crónicas y testimonios del narcotráfico, Batista-Ramos & Carvalho Oliva. Es colaboradora en diversas revistas internacionales.

En las noches

Hace un tiempo atrás creía que me amabas tanto como yo también lo hacía, que te preocupabas por mí de la misma forma como yo lo hacía, que hacías sacrificios tan difíciles como los míos, que los momentos en que no nos veíamos eran tan difíciles para ambos y, entre mis lágrimas y mis sonrisas, creía que esperarte estaba bien, que me mantuvieras en el anonimato era porque el momento aún no había llegado, que andar detrás de ti era lo necesario. Yo lo creía y por eso no me era difícil hacerlo; porque lo hacía por ti.

Esperaba con ansiedad las noches para nuestros encuentros y creía que la forma en como me besabas, en como me tocabas y me hacías el amor; era por tu desesperación de no tenerme, eso me llenaba de tanta alegría porque creía que hacíamos el amor.

Entonces, al día siguiente, después de esperar tanto un mensaje o una llamada, llena de impotencia y desilusión, creía en que fue un día muy ocupado para ti y que tenías asuntos más importantes, entonces olvidaba todo cuando llegaba tu mensaje, al anochecer.

Me había concentrado tanto en que llegaran las noches que no me di cuenta de lo que pasaba conmigo en las mañanas, no me di cuenta que la angustia carcomía mi corazón, que ya no creía necesario algo de afecto o atención, que un mensaje era la muestra más grande de amor, que yo debía esperar y esperar, que había detenido mi vida, mi alegría, mi esencia. No me di cuenta de que ya no era yo.

Mientras tanto, disfrutabas tus logros y progresos y que me tenías ahí, para ti, con tan solo un mensaje. Sabías que te amaba y que disimuladamente me amoldaste a tu vida, a tu tiempo, a tu placer. Estaba encadenada a ti con la llave en mi mano, pero sabías que no la usaría… hasta ese momento.

En que una noche vi en tus ojos la seguridad, la soberbia, tu ego, vi que no hacíamos el amor. Tus caricias toscas, tus besos fríos, tus palabras huecas me sacudieron el alma y arrugaron el corazón. En ese instante, como si del anuncio de mi muerte se tratara, vi como había perdido mi vida y sentí tanto miedo porque no tenía nada más, porque creí que lo tenía todo. Quedé vacía y aturdida. Para cuando tomé consciencia, tú ya no estabas.

Y me quedé inmóvil viendo que en realidad me habías utilizado, que solo era un pasatiempo, que no era parte de tu vida ni de tus pensamientos, que yo siendo tan capaz e independiente me había aferrado, me había enamorado. Que mi imponente carácter sucumbió a tus caricias, que mis expectativas fueron engañadas por tus promesas, que mi personalidad decidida se acurruco en tus brazos y mi determinación se fue al carajo. Me quedé abrazando mis deshechos sentimientos y secando mi ego, me quedé llorando a la que era yo, antes de ti.

– SS.

VAMOS A SENTIRNOS

Vamos a sentirnos
solos y deprimidos
una vez más.

Vamos a sentirnos
abandonados,
vamos a sentirnos
débiles y cansados.

Vamos a sentirnos
ausentes
en esta vida caprichosa,
vamos a sentirnos
vulnerables
ante el deseo de tocarnos.

Vamos a sentirnos
despreciables.

Vamos a sentirnos
condenados
a la miseria de siempre.

Vamos a sentirnos
inútiles,
vamos a sentirnos
vacíos…

Siempre vacíos.

– NERA

Estoy muy cansada
de esta sensación de mierda,
de toda esta bomba emocional,
de este vacío tan profundo.
De mis versos sin rumbo,
de mis pausas,
de mis quejas,
de mis pasos tan quebrados.
De esta espera redundante,
de mis palabras tan nulas,
de mis ojos agotados,
de mis labios susurrantes.

De mis pensamientos que me queman,
de mi corazón que arde,
de mi sexo insaciable,
de mi sueño,
de mis miedos,
de mis sentimientos incesantes,
aplastantes,
confusos,
prostitutos…
de mi voz que no es mi voz,
de mis dedos,
de mi paciencia,
de mi ser…

– NERA

Aproximación al tiempo en Borges

“El río me arrebata y soy ese río. / De una materia deleznable fui hecho, de misterioso tiempo. / Acaso el manantial está en mí. / Acaso de mi sombra / surgen, fatales e ilusorios, los días.”

Jorge Luis Borges, Elogio de la sombra

Vivir en este planeta es un arte temporal que transcurre entre lo profano y lo divino, la mayor parte de las veces, de manera profanamente divina.

Es cierto que muchos piensan que es así, o por lo menos viven como si así lo fuera: de manera profanamente divina, mismo a sabiendas que el tiempo todo lo cambia o con el tiempo todo se extingue.

En Séneca aparece el tiempo dividiendo la vida y la muerte, con su tremenda brevedad. De ahí que Séneca permanece siempre con el presente. Ya que sobre el presente gravita la vida con toda intensidad.

El pasado, entonces, es ya el rostro mismo de la muerte; porque la vida va dejando un lastre muerto y el tiempo ineludible la empuja, forzosamente, a la muerte final y definitiva, cumpliendo así con una ley natural.

La temporalidad de la vida, en el planeta, parece necesaria. Si no es necesaria, sabemos que es inevitable. Por lo tanto, el tiempo se torna un tema eterno en la poesía.

¿Qué poeta no cantó la angustia que causa la temporalidad tan efímera de la existencia?

Los conocedores de la obra poética de Jorge Luis Borges saben que su nombre debe incluirse entre los pocos poetas latinoamericanos que escribieron su pensamiento, también a través de la poesía, y dejaron una intensa y profunda impresión sobre la temporalidad, entre otros temas, asumiendo que el verso es forma temporal de la expresión artística.

Borges, consignatario de una poesía más tributaria de la prosodia clásica, escribió de forma muy disciplinada circunscrita a una preceptiva canónica, sin alejarse de las temáticas que angustian al hombre por el simpe hecho de existir.

La profunda e intensa impresión del tiempo en la poesía de Borges, permite reflexionar sobre la existencia mortal, finita, inevitablemente temporal de las personas que habitamos en el planeta en ese preciso instante, ya que después, no estaremos; ya seremos historia, memoria, pasado…

La fugacidad del tiempo fue uno de los orígenes de la angustia manifestada en las letras de Borges, ya que escribió muchos textos en alusión a este tema.

En el poema “Heráclito”, la angustia que produce la fugacidad del tiempo está relacionada al devenir incesante y al cambio de la realidad que nos rodea. Pero Borges identifica que nosotros, los humanos, también somos una realidad en eterno devenir, entonces para él, estamos hechos de esa “materia deleznable de misterioso tiempo”. Reconociendo que somos seres hechos de tiempo, lo cual acentúa la conciencia de nuestra fragilidad.

Borges escribió: “Yo diría que siempre sentimos esa antigua perplejidad, esa que sintió mortalmente Heráclito en aquel tiempo al que vuelvo siempre: nadie baja dos veces al mismo río. ¿Por qué nadie baja dos veces al mismo río? En primer término, porque las aguas del río fluyen. En segundo término –esto es algo que ya nos toca metafísicamente, que nos da como un principio de horror sagrado-, porque nosotros mismos somos también un río, nosotros también somos fluctuantes. El problema del tiempo es ése. El problema de lo fugitivo: el tiempo pasa”. (“El tiempo”, en “Borges, oral”).

En otro poema con el mismo título, Borges agrega algo novedoso al análisis del tema de la fugacidad, de nuevo inspirado en la filosofía de Heráclito:

“Se mira en el espejo fugitivo / y descubre y trabaja la sentencia / que las generaciones de los hombres no dejarán caer. Su voz declara: / Nadie baja dos veces a las aguas / del mismo río. Se detiene. Siente / con el asombro de un horror sagrado que él también es un río y una fuga”.

Además de reconocer que siempre habrá otro río a pasar, Borges reconoce que ya no somos los mismos cada vez que retornamos al río. Empero, posteriormente, siguiendo la lectura del poema, el lector comprueba que el verdadero protagonista del mismo no es Heráclito, sino un “hombre gris” que ha soñado con Heráclito y que “entreteje endecasílabos para no pensar tanto en Buenos Aires y en los rostros queridos”, lo que hace pensar en Borges eternizado en uno de sus poemas; tal vez, para no sentirse finito, mortal.

Jorge Luis Borges escribe versos adamantinos que resisten el desgaste del tiempo, versos perdurables que sobrevivan al autor y a su recuerdo, comprobando que la simpleza técnica conduce a la grandeza intrínseca y escribe:

“Pido a mis dioses o a la suma del tiempo \Que mis días merezcan el olvido, \Que mi nombre sea Nadie como el de Ulises, \Pero que algún verso perdure \En la noche propicia a la memoria \O en la memoria de los hombres”. (Obra poética: 247).

Así como Píndaro al declarar que el ser humano es el “sueño de una sombra”, Shakespeare dijo que “estamos hechos de la madera de los sueños” o Calderón de la Barca en su libro “La vida es sueño”; Borges introduce este recurso en su obra, en el caso, la figura del sueño en el que aparece Heráclito aumenta la sensación de la imperdonable brevedad que conlleva el paso del tiempo.

Borges, en sus relatos, también muestra su preocupación por el tema del doble, que desarrolla en “El otro” (El libro de arena), donde reconoce la capacidad de ser distinto, esa alteridad, imaginario espejo del que permanentemente se sintió acompañado, incluso en su ceguera.

“El Otro” sería uno mismo, visto a través del tiempo con todos los cambios consecuentes del transcurrir en el tiempo. “El Otro” fue interpretado como una consecuencia de esta inquietud: ¿Cómo sería un encuentro con nosotros mismos, pero mucho más jóvenes de lo que somos ahora, cuando el paso del tiempo nos ha convertido en “otras” personas? ¿Seguimos siendo “el mismo” o, por el contrario, podemos desconocernos en este espejo deformado por el tiempo?  A esas interrogantes, Borges responde en este relato: que es un desafío a la lógica y al tiempo, a través de un viaje al pasado y al futuro de sí mismo o la conversación con el “alter ego”.

Para Borges, la vida es una especie de camino de la muerte y escribe: “Morir es perder el ámbito de la costumbre. Morir es sentir que el mundo se le hace cada vez más ajeno y ver que se queda como una litografía”.

Muy probablemente, Borges retoma el concepto de Séneca de que la vida va dejando un lastre muerto a su paso, entonces asume la muerte como el desprendimiento de algo propio, de vivencias y de recuerdos que, de alguna manera, son dejados en el pasado y que ya no regresarán.

Por ende, cada acto de su vida le parece definitivo e irrevocable, puertas que se cierran a su paso en un camino ya recorrido y sin regreso.

Por eso cavila y se pregunta: ¿Cómo soy y quién es el otro, él que fui yo, cuando joven? En un ejercicio cíclico que caracteriza su poesía y su pensamiento circular y tautológico.

Borges escribe sobre el tiempo que “es irreversible y de hierro”, reconociendo siempre que es la sustancia de que está hecho el hombre, que radica en el hombre mismo. A pesar de su fuerza, el tiempo marcha de ascenso a descenso y es este tiempo el que finalmente destruye al hombre cuando llega al punto cero de su trayectoria, de la muerte. No obstante, que el tiempo “es ciega sucesión, pero se vuelve lucidez en la conciencia del hombre”. Ya que el hombre reconoce lo que ha vivido y sabe que ya no puede volver a vivir lo mismo otra vez. 

Borges lo registra: “Laberinto

No habrá nunca una puerta. Estás adentro \Y el alcázar abarca el universo \Y no tiene anverso ni reverso \Ni externo ni secreto centro”. (Elogio de la sombra).

Borges sabe que, a través de la palabra, él puede contrariar la divinidad y eternizar al hombre o eternizarse a través de la palabra hecha poesía, pero también sabe que la vida llega a su fin; que para el fin que es la muerte, no existe escapatoria, ni salida. Entonces escribe: “Es de hierro tu destino/ Como tú juez. No existe. Nada. Ni siquiera/ En el negro crepúsculo la fiera.” (Elogio de la sombra).

No hay más tiempo, el acto de la muerte no es reversible. No hay esperanza. La condenación es aniquilante, al final todo termina. Se cierra la última puerta que Borges menciona constantemente, para mostrar que no hay salida posible y registra: “Todo lo arrastra y pierde este incansable \Hilo sutil de arena numerosa. \No he de salvarme yo, fortuita cosa \De tiempo, que es materia deleznable”. (El Hacedor).

Borges sabe que el tiempo termina, que ya no vuelve, que el último movimiento del río de Heráclito pasará para siempre y la memoria será olvido.

Ya que el tiempo es una ley que lo rige todo, manifestando un esquema establecido y completa un círculo que termina invariablemente.

– Márcia Batista Ramos

SOBRE LA AUTORA:

Márcia Batista Ramos, nació en Brasil. Licenciada en Filosofía. Es gestora cultural, escritora, poeta y crítica literaria. Es columnista en la Revista Inmediaciones, La Paz, Bolivia y en periodismo binacional Exilio, México. Publicó: Mi Ángel y Yo; La Muñeca Dolly; Consideraciones sobre la vida y los cuernos; Petty Barrón De Flores: La Mujer Chuquisaqueña Progresista Del Siglo XX; Tengo Prisa Por Vivir; Escala de Grises – Primer Movimiento; Rostros del Maltrato en Nuestra Sociedad; Dueto; Escritoras Cruceñas, Caballero, Reck & Batista; Escritoras Contemporáneas Bolivianas, Caballero, Decker & Batista; Caspa de Ángel – antología de cuentos, crónicas y testimonios del narcotráfico, Batista-Ramos & Carvalho Oliva. Es colaboradora en diversas revistas internacionales.

La científica y escritora Lorena Escudero Sánchez, una Hipatia del siglo XXI

 “La ciencia no sólo es una disciplina de la razón,
sino también del romance y de la pasión”
 –Stephen Hawking

En la semana que pasó, el mundo recordó a la mujer y niña en la ciencia, porque la ONU estableció que el 11 de febrero de cada año sería el día internacional para reconocer el rol crítico que juegan las mujeres y las niñas en la ciencia y la tecnología, reconociendo así, su plena capacidad para hacer oír sus ideas que son los motores del desarrollo y la paz. Sumado al objetivo principal de este día tan especial, que es lograr una mayor participación e inclusión de las mujeres y las niñas en el mundo de la ciencia y la tecnología y, de esta manera, romper con la brecha de géneros.

Llamar la atención sobre la presencia de la mujer y niña en la ciencia, desde mi punto de vista, también es hacer un reconocimiento a mujeres que hacen de la actividad científica su elección de vida y contribuyen de diversas maneras a elevar la calidad de vida de las demás personas, tomando en cuenta que la ciencia y la tecnología son factores principales para el crecimiento económico, generando e interactuando con los sectores productivos, importantes aportes al desarrollo sustentable.

Para esta fecha, elegí acercarme a la eminente joven científica española Lorena Escudero Sánchez (Soria, 1985), cuya trayectoria meteórica está marcando un punto de inflexión en el desarrollo de la ciencia en el mundo puesto que, su profunda labor de investigación, está dejando una huella imborrable en la historia de la ciencia. Galardonada con numerosas becas y premios, entre ellos el “Premio Breakthrough 2016” en Física Fundamental (como parte de la colaboración T2K) y el “Premio de Doctorado a la Excelencia de la Universidad de Valencia”, un premio extraordinario (de doctorado de la Universitat de València), por su tesis realizada en el IFIC, la primera que analiza de forma simultánea las diferentes oscilaciones de neutrinos que mide el experimento T2K (Japón).

Lorena Escudero Sánchez es licenciada en Física por la Universidad de Salamanca y Máster en Cosmología y Física de Partículas. Después de un breve tiempo trabajando en el CERN, se trasladó a Valencia con una beca FPU para completar su doctorado en Física de Neutrinos, trabajando en el experimento T2K en Japón.

En 2016 se mudó a Cambridge y trabajó como investigadora asociada en el Laboratorio Cavendish, trabajando principalmente en algoritmos de reconocimiento de patrones y desarrollo de software relacionados.

Lorena también ha tenido roles de responsabilidad dentro de colaboraciones mundiales, p. Ej. sirviendo como coordinador de la reconstrucción y redactando la sección de reconstrucción del Informe de Diseño Técnico del experimento DUNE, también ha liderado y gestionado iniciativas internacionales como la “Iniciativa de Neutrinos Reino Unido-América Latina” (2018-2019).

Sus intereses de investigación actuales se centran en aplicar su experiencia en análisis de imágenes y aprendizaje automático a la investigación del cáncer, con una fuerte defensa del desarrollo de software y un gran interés en desarrollar métodos de IA. También forma parte del equipo del repositorio de NCITA  y su función es crear y gestionar un repositorio de imágenes local en Cambridge”[i].

El experimento T2K, que lleva a cabo Lorena Escudero Sánchez, consiste en un haz de neutrinos muónicos enviados desde J-PARC en Tokai (costa este de Japón) hasta el detector Super-Kamiokande, a 300 kilómetros de distancia en la costa oeste. En 2013, T2K descubrió un nuevo canal de oscilación del neutrino al comprobar que una pequeña parte de los neutrinos muónicos que componen el haz enviado desde J-PARC se transforman en neutrinos electrónicos, ‘apareciendo’ estos en Super-Kamiokande.

El trabajo de Escudero combinó, por primera vez, los datos del canal de ‘aparición’ con los del canal dominante de ‘desaparición’, descubierto en 1998 por Super-Kamiokande y merecedor de la mitad del Premio Nobel de Física de 2015.

Lorena Escudero trabaja actualmente en la Universidad de Cambridge con una estancia postdoctoral en la preparación del experimento DUNE, un gran proyecto internacional que estará operativo en Estados Unidos a partir de 2026 y que pretende dar respuesta a los interrogantes que todavía perduran en la física de neutrinos[ii]

Lorena Escudero Sánchez es una científica talentosa que tiene un papel fundamental en la comunidad científica internacional; empero, su genialidad, excelencia y creatividad no paran ahí, la acompañan en muchas otras esferas de su vida y una faceta importante de la doctora en física es la de escritora, también talentosa, que cultiva el género literario de la microficción.

Publicó diversos libros y antologías, asimismo, su obra literaria hace parte de diversas antologías y fue publicada en muchas revistas.

Es interesante notar que, entre los varios títulos de su obra microficcionista, se encuentra el libro Formulario (2019), donde confluyen la científica y la literata, haciendo gala, en una sola obra, del conocimiento científico matemático y de su sensibilidad estética literaria.

Como una muestra espontanea del talento científico y literario, el libro “Formulario” es un conjunto de minificciones con alusión científica con títulos sugestivos como: “Antimateria”, “Binario”, “Campo electromagnético”, “Personalidad múltiple (oscilaciones de neutrinos)”, “Simetrías”, “Índice de refracción”, “Cero absoluto”, “Horizonte de eventos” y “Colisionador de hadrones”; también, el microensayo “Entropía (caos)”, “Geometría (espacio de Minkowski)” y “Serie de Taylor”;  el poema en prosa “Dualidad”, “Densidad y singularidad”, “Principio de exclusión de Pauli”, “Reductio ad absurdo” y “Acústica” y el aforismo “Solución”.

“Antimateria

Ha decidido negarme en todo lo que soy. Existe para contradecirme. Y yo huyo: o nos mantenemos alejados, o nos aniquilaremos el uno al otro.

e+»[iii]

Hipatia fue una filósofa y maestra neoplatónica griega, natural de Egipto, que destacó en los campos de las matemáticas y la astronomía, ​ miembro y cabeza de la Escuela Neoplatónica de Alejandría a comienzos del siglo V.

Ahora, el planeta cuenta con los aportes de la científica y escritora Lorena Escudero Sánchez, una Hipatia del siglo XXI.

– Márcia Batista Ramos

SOBRE LA AUTORA:

Márcia Batista Ramos, nació en Brasil. Licenciada en Filosofía. Es gestora cultural, escritora, poeta y crítica literaria. Es columnista en la Revista Inmediaciones, La Paz, Bolivia y en periodismo binacional Exilio, México. Publicó: Mi Ángel y Yo; La Muñeca Dolly; Consideraciones sobre la vida y los cuernos; Petty Barrón De Flores: La Mujer Chuquisaqueña Progresista Del Siglo XX; Tengo Prisa Por Vivir; Escala de Grises – Primer Movimiento; Rostros del Maltrato en Nuestra Sociedad; Dueto; Escritoras Cruceñas, Caballero, Reck & Batista; Escritoras Contemporáneas Bolivianas, Caballero, Decker & Batista; Caspa de Ángel – antología de cuentos, crónicas y testimonios del narcotráfico, Batista-Ramos & Carvalho Oliva. Es colaboradora en diversas revistas internacionales.


[i]   Dr. Lorena Escudero Sánchez – Department of Radiologyradiology.medschl.cam.ac.u

[ii] http://webific.ific.uv.es/…/una-tesis-del-ific-pionera

[iii] Lorena Escudero: “Formulario”. Minificción. La Tinta del Silencio; Colección Minitauro; Ciudad de México, 2019.