Ciclo de vida

Hoy, se han reescrito las leyendas
y naces tú
del sol,
del puma,
del hombre.

Crece tu río,
arraiga la vida,
y el halcón saciado nos mece
sobrevolando tus andes.

Ha madurado el capulí
bajo el manto de la luna hirviente
fecundada en la noche fértil
de tu sacro valle.

Y al fenecer…
nunca mueres.

Porque en tu nombre reposa
perenne
la eternidad.

25 de febrero de 2018

«Romance de guitarrero,
pasa su vida cantando.

Canta penas ajenas,
olvida sus alegrías» [Romance de guitarrero – Huayno]
—–
Se han marchado
los cabellos de la noche.

La imagen roja de la piel cortada ha fenecido
y se ha esparcido en la vigilia,

ya no está el espejo de los crímenes
mostrándonos la muerte tantas veces repetida,

ya no nos vemos caminando ajenos.

Se posa el pajarito que ha vencido al infierno,
tiene su pico de brasa
y su canto quema,

se acerca a la ventana y se pronuncia,

entona unas palabras viejas
que discurren como sangre,

se limpia el plumaje.

Su alma surge de los puquios milenarios,
de las cumbres incendiarias,

su nombre es fuego y es relámpago,
distancia y rebeldía,

ha venido por la ruta
que nos lleva a todos los caminos.

G. E. T. T.

El agradecimiento es la memoria del corazón, 

cada vez el tiempo con más ferocidad.

La brújula perdió su aguja, 

un alma perdida luchando, 

por encontrar su camino,

la vida del destino me trajo hasta ti, 

bastaron tormentos para perderme en ti. 

Y recuerda que la verdad, 

se encuentra en nosotros mismos,

apareciendo la criatura más hermosa, 

que mis ojos han tenido el placer de mirar.

Luego me iré así como la noche con el sol,

fiel a tu encuentro, 

en lo más insondable de mi corazón, 

miraré hacia las estrellas,

donde un día al fin te encontré. 

¡Grábatelo! 

Grábatelo en el cuerpo, 

grábalo en la tierra, 

grábalo en el mar, 

grábalo en en la luna, 

grábatelo en tu alma, 

graba tu calidez en mí, 

ayer, hoy y siempre; mi amor.

MARIPOSAS

Alguna vez me preguntaron si sentía mariposas cuando me enamoraba, pues mariposas no, porque cuando estoy enamorado siento algo mucho más fuerte. He sentido como si me estuviera dando un ataque al corazón.
No te voy a mentir, cuando me he enamorado de una chica, he sentido al tiempo pasar tan lento como si cada segundo fuera un siglo y estuviera atrapado en miel.
Al verla, he notado que todo a mi alrededor se volvía borroso y lo único perfecto era su rostro, con esa sonrisa, la cual me tenía cautivo.
Mis pupilas se dilataron tanto que podías ver su reflejo en ellas como si se tratara de un espejo.
Mi respiración se volvía inestable, como si mis pulmones quisieran tomar todo el aire que estaba cerca a ella.
Mi corazón latiendo a mil pulsaciones por minuto pero al mismo tiempo mi mente completamente en paz, pensando únicamente en ella.
Pero no solo sentía eso, si no que comencé a sentirme nervioso y relajado al mismo tiempo cuando ella estaba cerca de mí.
Mi corazón parecía que se saldría de mi pecho por sus palpitaciones.
Incluso, los días en que me sentía completamente devastado o hastiado, comenzaban a mejorar solo con pensar en ella.
Sentía mariposas cada vez que recibía la notificación de un mensaje de ella.
Sentía mariposas cada vez que veía una de sus fotos.
Sentía mariposas cada vez que hablaba con ella.
Sentía mariposas cada vez que escuchaba su voz.
Cuánto me hubiera gustado decirle esto cuando aún estaba conmigo.
Pero nunca tuve el valor para expresarme.
Así que espero que algún día lea esto y sepa que todo esto sentía cuando estaba a su lado.

Fundamentos

Inicia la coartada final del destino,

la sinrazón de los ópalos perennes,

inicia la primera vez de los adioses,

inicia todo aparentemente .

*

Para qué habría que desmontar la ventana

si la luz de tu presencia es un fantasma,

para qué habría que cuidar los vasos,

el sol y los licores?

*

Antes del amor

vive la resaca,

antes de la sombra,

tu cuerpo.

*

Para qué contemplar el verbo,

después del dolor

y tu ausencia .

*

Para qué.

Con este silencio pacífico
Te siento muy cerca
A veces me completa
A veces me deja perdida
En tus ojos me veo
Clara, fuerte y viva
Sin ti ¿qué haría?
Temo una soledad sin elegir
Temo lejanía sin querer
Al final temo un silencio vacío.

– Alanoud Ebraheem Al-Sabah

SOBRE LA AUTORA:

Funcionaria pública en Kuwait, nacida en Kuwait. Tiene un Máster de Literatura Española e Hispanoamericana de la Universidad de Barcelona. Le encanta la poesía y escribe algunas en español.

Palindrómico

No lloran los reptiles porque no tienen corazón;
recuérdalo siempre, pequeña.

Así, como los divorciados que no saben empeñar su amor.

La noche
tan simple y basta como lo es
un abrigo hecho de amantes
y el humo recién encendido
sobre esas horas que ya no aguanto…

Van y vienen al son de una vieja canción.
Amore mio.
Van y vienen al son de una vieja canción.

Sobre esas horas que ya no aguanto
y el humo recién encendido,
un abrigo hecho de amantes
tan simple y basto como lo es
la noche.

Así como los divorciados que no saben empeñar su amor.

Recuérdalo siempre, pequeña:
no lloran los reptiles porque no tienen corazón.

Hecha de ti

Pídeme de vestirme
cuando estoy desnuda
sobre tu cuerpo,
mis ropas están hechas
con palmos de tu piel.
Desvistiéndome me quito todo,
me quito lo viejo,
las cosas que padecen la espera,
me quito la luna que no sabe caminar,
me quito las pesadillas
que han olvidado los sueños.
Me desvisto y me visto
con interpretaciones oscilantes
entre asombros reproducidos
en mi cuerpo.
Vibro como música
de cascadas domadas
por tus labios que me visten.
Me abandono,
soy volcán vencido
que logra detener
la subterránea marcha
de la muerte.

– Yuleisy Cruz Lezcano

Ahora que han muerto las flores

Ahora que han muerto las flores debo sincerarme,

retomar la sed de medianoche y acelerar los panes y las ilusiones,

de todo lo que has dejado,

qué es lo que más ha perdurado, dices,

ahora que han muerto las flores,

no queda ningún rastro.

Aletean las memorias, suben y bajan,

se rompen a cada cambio del viento

o del humor,

o del cadalso que contiene tus letras,

se rompen a cada luz violeta o azul,

o a la ausencia que tus ojos representan,

se rompen porque los tallos han muerto,

porque es lo mismo la vida o la hojarasca,

o la pisada con que quiebras la tierra,

ahora que han muerto las flores,

no sonríes,

y no lloras tampoco.

Paloma ciega

Me penetran las sombras
y se hace cierto
un inquieto sueño despierto,
llama con voz desconocida,
y entre la muerte y la vida
todo se pregunta seriamente
si se puede convertir en presente
la página de versos tatuada
con el canto de lo vivido
en el tiempo que entrega
el vuelo de una paloma ciega
sobre un cielo desconocido.

– Yuleisy Cruz Lezcano

La gran noticia – 3ra parte

Me resistí a hablar con Yuliana después de lo que había pasado con Pablo. Pero no podía dejar de pensar en ese beso. De pronto sonó el timbre de la puerta. Cuando vi quién estaba detrás, mi corazón pálpito fuerte, era Pablo. Me dijo: “Necesitamos hablar, por favor, ábreme la puerta”. Me quedé unos minutos en silencio y lo dejé entrar. Pablo se sentó, esperó que yo lo hiciera también y me miró con sus ojos cafés. Sentía que él no sabía cómo empezar la conversación. Me dijo: “Estoy confundido, ¿qué pasó?”. Agaché la mirada y le contesté: “Fueron las copas de más, no prestes atención”. Por dentro estaba demasiado avergonzada y triste. Pablo me dijo: “No he podido dejar de pensar en eso y en ti. No había tenido oportunidad de conocerte, pero esa noche sentí como si tuviera mucho tiempo hablando contigo. Tenemos muchas cosas en común, eres maravillosa…”. Lo interrumpí y le dije: “Pero Yuliana es mi amiga y a ella le interesas”. Me dijo: “Es verdad, Yuliana es hermosa y quería conocerla a través de ti”. Lo interrumpí de nuevo y le pedí que saliera de mi casa. Luego de eso, coordiné con Yuliana para hablar. Me contó lo emocionada que estaba por haber conocido a Pablo y le conté que a través de mí, él quería saber sobre ella. Se emocionó y me pidió que le diera detalles. Mientras le contaba, mi corazón se estrujaba. Estaba enamorada del pretendiente de mi amiga. Luego de ello seguí con mi vida. Pablo empezó a salir con Yuliana. Mi amiga se notaba muy emocionada y decidí rendirme. Y olvidarlo todo. Yuliana intentaba invitarme a sus salidas con Pablo pero yo ponía muchos pretextos. Y ella no insistía. Una noche, uno de los chicos de la oficina me invitó a salir, fuimos a un local donde iban todos los chicos de la oficina, agradable y con música en vivo. Nos sentamos, pedimos de comer y tomar. De pronto aparecieron Pablo y Yuliana, ella estaba deslumbrante y él muy guapo. Se sentaron en una mesa del otro lado. Yo no pude aguantar los celos e intenté coquetear con mi compañero de trabajo. Pablo nos vio de reojo, no pude evitar que nos mirara. Veía que mi amiga le hacía preguntas, pero él no dejaba de mirarme, yo seguía con lo mío. De pronto un tema musical muy movido se escuchó en todo el lugar, era propicio para bailar. Mi acompañante notó las ganas que tenía de mover los pies y me invitó a la pista. Estuvimos bailando muy compenetrados, yo me estaba divirtiendo. Pero dentro de mí, quería que Pablo sea quien esté en ese momento conmigo. De pronto y sin pensarlo, Pablo y mi amiga se acercaron también a la pista, mi amiga me saludó e hizo una seña de satisfacción por mi cita. Noté que Pablo no dejaba de mirarme y sentía que iba a explotar. Entonces, mi acompañante se dejó llevar por el siguiente tema musical que era un poco más lento, me besó. Yo me quedé helada y Pablo se le fue encima, empezó a gritarle y a reclamarle por su accionar. Yuliana estaba sorprendida y anonadada. De pronto, Pablo dejó en paz a mi acompañante, me agarró del brazo y lentamente me llevó hacia afuera. Me dijo que no sentía nada por Yuliana, había intentado conocerla e intentar quererla, pero estaba enamorado de mí, que no sabía qué hacer con lo que sentía y yo no pude más, me lancé a sus brazos y lo besé, sentía que solo éramos los dos, me acercó hacia él y fue el momento más romántico y dulce de mi vida.

Cuando nos dimos cuenta, Yuliana estaba en frente de nosotros, mirándonos con lágrimas en los ojos, de pronto salió corriendo del lugar, traté de alcanzarla, pero no pude. Pablo y yo nos quedamos sorprendidos. Después de ese día intenté ubicar a mi amiga. No me contestaba el celular y fui a su departamento, pero no la encontré y me enteré por el dueño del mismo que fue promovida en su trabajo y viajó a Londres. Yuliana solo me dejó una nota, en ella me explicó que había entendido lo que sucedía y que no quería hacerse daño pues Pablo me había escogido. Pero sentía enojo porque yo no le había contado lo que sentía por él. Esperaba que yo fuera feliz y si algún día nos encontramos, tal vez, luego de haberse recuperado, podríamos hablar de ello. Pablo y yo tenemos mucho tiempo de novios y nos vamos a casar, pero aún no podemos olvidar a Yuliana y estamos intentando ubicarla.

– Pamela Arteaga Lamadrid

INCONGRUENCIA

La gente dañada es peligrosa, 

puesto que saben como sobrevivir.

¡Perdóname!, es que a veces me gana el corazón.

Dicen que un muchacho se convierte en hombre, 

cuando sepulta a su padre.

Los cardos añoran descanso, 

dentro de la celda oscura, 

bajo la húmeda piel desecha, 

con su sin fin de espinas,

esperando las manos misericordiosas.

Llena de coraje tu corazón, 

ármate de valentía y continúa tu camino,

aun si te detienes en tu marcha y te acobardas, 

no detendrás el flujo del tiempo,

que el final no sea causa de tristeza, 

pues lucha, ya que nunca deberían ser arrancados,

los capullos sin florecer.

Reflexiones de una mente crédula

Nubes tricolores
en mentes despejadas
sin prejuicios a la vista
en paisajes devastados.

Te caerás en la fosa social
y las nubes serán fango maloliente
en amistades de doble filo
en rincón intermitente.

Hoy igual que otros,
hipócrita, mentiroso, amoroso
ya qué podrías decirme
no quiero que me acuses.

Y te ahogaste en la inmundicia
la que alimentaba tus sueños
ahora tus sábanas
son tan corrientes como las mías.

Hora cualquiera

En tanto, veo gotear el espacio como en sueño,

se derrite, se extingue poco a poco a cada parpadeo,

no existe ruta de retorno,

es decir,

no cabe luz para ninguna memoria,

ninguna noción de lo vivido.

Pienso,

como si fuese posible estar sin el recuerdo,

como si fuese posible estar sin lanzar la moneda.

Estamos solamente en la silueta,

en el marco externo calcinado por el fuego,

en el rasgado de la corteza abierta,

en la herida.

Cuestiono el quiebre de la mente,

las rupturas irreparables,

dudo de la caída de las flores

si no está el jarrón deshecho,

si no derrama desde el alma

la soledad de la vida

y el color final posterior a la muerte.

Me parece que el horizonte líquido

va quitando la esperanza,

solo flotan algunos pájaros ahogados,

de espaldas,

y de alas tiesas,

nadie supo al final sus nombres,

nadie más volverá a su canto, seguramente.

Invencibles

La noche interminable corresponde a tu tez dormida,

es consecuente con la línea de luz que roza tu cadera,

es diminuta,

perceptible al amor de puertas abiertas.

Debo comunicarme desde la cercanía,

desde el calor y el hálito,

y cantar,

y romper todas las cuerdas

mientras se muerden las frutas,

lanzar el canasto al piso

y ordenar de a pocos los colores.

Amerita acaso

saborear las formas iniciales de tu pecho

e iniciar la siembra,

revolver la tierra de tu vientre y germinar.

Acabado el acto de la noche,

duermen los óleos y los pinceles,

ya los pétalos se cierran,

amanecerá pronto

y volveremos a esa juventud fugaz,

vivos

e invencibles nuevamente.

La casa de la muerte

El lugar era inmejorable, en plena serranía, con las vistas más hermosas y el aire puro. La casa principal con desniveles fuera construida por unos alemanes, sus hijos fueron a vivir en la casa adjunta en el patio lateral para ceder la casa a los militares (¿bajo qué argumentos?). La verdad verdadera de los hechos ya es parte de la memoria del tiempo. Los humanos, medio humanos y casi humanos, que participaron de la historia de terror en aquella casa, ya murieron o perdieron la memoria por el Alzheimer.

El mundo estaba divido en dos bloques. Había plata para financiar a ambos proyectos. Faltaban valientes que arriesguen la vida por un ideal. Eran tiempos rudos, los militares estaban al mando del país y la consigna era frenar el avance comunista a cualquier precio.

Los pocos, los idealistas, aquellos que pensaban que las armas cambian al mundo o que estaban seguros de que las ideas valen una vida, ellos se arriesgaron… pensaban que los demás seguirían su ejemplo. ¡No fue así! Los demás ni se inmutaron con su destino. ¡Ni se enteraron de lo que pasó! Es siempre así, las mayorías quieren pan y circo, eso nomás. Entonces, luchar por las mayorías es una especie de suicidio…

Inés era muy joven, inicialmente no leyó la doctrina o “El Capital”, apenas, como “intelectual de oreja”, oyó todo lo que su enamorado le decía. Después asumió su discurso como siendo válido y propio, para luego hacer parte de los grupos de intelectuales y rebeldes al que su enamorado pertenecía: altas discusiones, grandes discursos, algo de hierba, contactos importantes…

De repente, Inés era una de ellos. Y ellos estaban secuestrando al embajador suizo. Inés participó en el secuestro del embajador y, por muy poco, casi lo matan. Por un pelo se salvó la vida del embajador. A Inés no le gustó la clandestinidad, el abandono a su trabajo en el banco, la forma como las cosas se escaparon de las manos, ni la improvisación a la hora de las negociaciones… al mismo tiempo, ella soñaba con su amor, con una vida juntos, con una familia. En los más de treinta días de secuestro, le quedó claro que eran compañeros de lucha, no de vida. Conoció al jefe: ¡tan lindo! Se quedó confundida y decidió dejar todo, escapar a Chile y empezar de nuevo.

En la terminal de buses de São Paulo, Inés fue detenida y trasladada a Rio de Janeiro para la casita del terror, para vivir una situación que ningún ser humano merece sufrir. Los medio humanos o casi humanos (porque andaban erectos, hablaban y sabían leer y escribir) que la acompañaban constantemente, la trataron de manera tan vil que, años después de haber salido del lugar, Inés dudaba de su valor como persona. En las constantes torturas y en las largas horas de golpizas, ellos lograron deshumanizar a Inés.

En la casa de la muerte no faltó la figura del médico psicópata que trabajaba, gustosamente, para los militares. Era el doctor Lobo quien admitió su participación en las secciones de tortura y confirmó la muerte de los presos. Lobo era el psiquiatra que examinaba a los presos para determinar si ellos tenían condiciones físicas para suportar nuevas torturas.

Inés fue la única que sobrevivió, los demás dejaron su nombre en los anales del tiempo y sus gritos entre las flores del jardín de la casa de la muerte: Aluisio, Ivan, Heleny, Maurício Guilherme, José Raimundo, Celso Gilberto, Gerson, Walter, Paulo de Tarso, Issami, Ana, Wilson, Thomaz Antônio, Carlos Alberto, Mariano Joaquim, Antônio Joaquim, David, José, Walter, Marilena y Victor Luiz.

Un militar dijo que se encargó de incinerar los cuerpos y fue asesinado esa misma tarde.

Por mi parte, creo que ninguna ideología merece el sufrimiento de ningún ser humano, peor su vida.

– Márcia Batista Ramos

SOBRE LA AUTORA:

Márcia Batista Ramos, nació en Brasil. Licenciada en Filosofía. Es gestora cultural, escritora, poeta y crítica literaria. Es columnista en la Revista Inmediaciones, La Paz, Bolivia y en periodismo binacional Exilio, México. Publicó: Mi Ángel y Yo; La Muñeca Dolly; Consideraciones sobre la vida y los cuernos; Petty Barrón De Flores: La Mujer Chuquisaqueña Progresista Del Siglo XX; Tengo Prisa Por Vivir; Escala de Grises – Primer Movimiento; Rostros del Maltrato en Nuestra Sociedad; Dueto; Escritoras Cruceñas, Caballero, Reck & Batista; Escritoras Contemporáneas Bolivianas, Caballero, Decker & Batista; Caspa de Ángel – antología de cuentos, crónicas y testimonios del narcotráfico, Batista-Ramos & Carvalho Oliva. Es colaboradora en diversas revistas internacionales.

5

Son cinco bailando desnudas,
las cinco cantan,
las cinco brincan,
las cinco lloran,
las cinco rezan.

Bajo la luna de Julio
explotan sus almas,
respiran sus deseos,
se buscan en su infancia.

La tribu llena de púrpura
se busca en sus templos,
llaman a sus guías,
curan a sus niñas.

Cinco cantos,
cinco danzas,
cinco rezos,
para cinco heridas
en el corazón de sus niñas.

Juntas hacen un tejido,
de flores, cera e incienso,
tejen vendas sanadoras,
parches tibios para sus pechos
inflamados de deseo.

Cinco bailando desnudas,
cinco bajo la luna,
cinco en Julio se adornan,
cinco para sus niñas se curan.

– Marcia Castro

¿Quién mató al hombre de la mochila?

Hay una sola verdad, empero existen muchas versiones de los acontecimientos. Aquellos que vieron exactamente lo que pasó, temen por sus vidas. Yo no estuve allí cuando los hechos sucedieron, pero desde el primer momento que supe de la noticia, sabía que las versiones se encontrarían; en mis adentros, yo murmuré que otra vez manipularían la verdad, sin importar a quien le pueda doler.

Empecé a acompañar las noticias minuto a minuto y podía ver la pluma de Vargas Llosa escribiendo: “(…) El muchacho estaba a la vez ahorcado y ensartado en el viejo algarrobo, en una postura tan absurda que más parecía un espantapájaros o un Carnavalón despatarrado que un cadáver. Antes o después de matarlo lo habían hecho trizas, con un ensañamiento sin límites: tenía la nariz y la boca rajadas, coágulos de sangre reseca; moretones y desgarrones, quemaduras de cigarrillo, y, como si no fuera bastante (…) habían tratado de caparlo, porque los huevos le colgaban hasta la entrepierna”, en su obra: “¿QUIEN MATÓ A PALOMINO MOLERO?”

Mientras esperaban que llegue la lenta policía con su desgano para hacer el levantamiento del cadáver, la lluvia caía a raudales enfriando aquel cuerpo que cobijó a un ciudadano ejemplar, a un alma buena en el diminuto instante que llamamos vida.

El cuerpo estropeado daba cuenta del sufrimiento (como un Cristo en su pasión). Muchas heridas por doquier que lo mirasen. Parece mentira que haya en el mundo gente tan perversa. ¿Cuántos psicópatas disfrutaron de provocar tanto dolor? Como escribió Vargas Llosa: “(…)desnudo de la cintura para abajo, con una camisita hecha jirones.” Precisamente así, lo encontraron. Solamente no había moscas revoloteando alrededor de su cara, porque la lluvia no dejaba la sangre coagular, lavaba todo, la lluvia llevaba todo, además era de noche…

Uno nunca sabe cómo la vida acaba, nada es develado antes, y cuando el alma emprende viaje, a veces, el alma se va partida, desgarrada… porque toda la maldad que no vio en más de medio siglo, descubre en los últimos momentos en carne propia. Como si tuviera que percibir el instante de la revelación así, a través de las heridas.

Actualmente, las cámaras nos vigilan por todos los lados y una de ellas mostraba el hombre de la mochila, con su camisa amarillo crema, caminando tranquilamente antes de entrar al edificio, subiendo al ascensor que también fue abordado por una mujer. Imagino que la mujer se llevó el susto de su vida a la mañana siguiente, al ver en las noticias semejante acto. Durante los días que pasaron, ella recordó que le sonrió y que fue correspondida. Tal vez, la última sonrisa del hombre de la mochila fue para ella. Le confortaba pensar que el hombre llevó su sonrisa en la retina del alma para el más allá, quizás, él la recordará en la eternidad. También mostraron otra imagen donde el hombre de la mochila se dirigía al baño y se le veía casual, con las manos en los bolsillos, mirando a la mochila que yacía en el suelo, con sus cierres y demás características. Pero como no todo lo que vemos es, la mochila se trasformó en una bolsa de basura, en un lugar aparentemente limpio.

Cuando nacimos, sabíamos que un día nos tocaría morir, pero como dijo Wislawa Szymborska: “Aceptamos morir, pero no de cualquier manera”. Entonces todos nos aborrecimos con las noticias, los medios siempre tan elocuentes, no pudieron saciar la propia hambre, sus explicaciones nos repugnaron porque hacían gala de incongruencias, adjudicándose de la verdad al tiempo que minimizaban el estado del cuerpo muerto. Todo lo dicho no resolvió el misterio de quién lo mató. Por el contrario, dijeron que el hombre quiso imitar a Ícaro y voló desde el balcón en busca de no sé qué, que no tenía en los brazos de la mujer amada. Con horror y tristeza, la gran mayoría de los oyentes refutamos el destino que nos dieron a analizar. Concluyeron la conferencia en el buen estilo de Lituma, el personaje de Vargas Llosa: “(…) Nadie sabe nada, nadie ha visto nada, y, lo peor de todo, la autoridad no colabora.”

Dejé el mundo y su dolor a un lado, ojeé el libro de Wislawa donde estaba escrito: Todos queríamos una patria sin vecinos y vivir la vida en una tregua entre dos guerras. Ninguno de nosotros quería tomar el poder ni sufrir su dominio, nadie quería ser víctima”.

Afuera, en el silencio de la tarde azul iluminada, los Andes se estiran con la intención de tocar el cielo. No existen nubes perdidas en el azul. Sólo el silencio revoloteando por la tarde. Mientras identifico mi pequeño equipaje: un bolso cargado de esperanza, justo allí, donde la palabra acaba.

Un frío espantoso envuelve las piedras, la paja y el horizonte; y sé que todos se preguntan: ¿Quién mató al hombre de la mochila?

– Márcia Batista Ramos

SOBRE LA AUTORA:

Márcia Batista Ramos, nació en Brasil. Licenciada en Filosofía. Es gestora cultural, escritora, poeta y crítica literaria. Es columnista en la Revista Inmediaciones, La Paz, Bolivia y en periodismo binacional Exilio, México. Publicó: Mi Ángel y Yo; La Muñeca Dolly; Consideraciones sobre la vida y los cuernos; Petty Barrón De Flores: La Mujer Chuquisaqueña Progresista Del Siglo XX; Tengo Prisa Por Vivir; Escala de Grises – Primer Movimiento; Rostros del Maltrato en Nuestra Sociedad; Dueto; Escritoras Cruceñas, Caballero, Reck & Batista; Escritoras Contemporáneas Bolivianas, Caballero, Decker & Batista; Caspa de Ángel – antología de cuentos, crónicas y testimonios del narcotráfico, Batista-Ramos & Carvalho Oliva. Es colaboradora en diversas revistas internacionales.

Salida por un café

Ya desnudos en la cama, uno dentro del otro, con las ventanas empañadas y las sábanas en el piso.

El silencio abrasador que es interrumpido por nuestros gemidos y la piel rosácea por la fricción de nuestros cuerpos.

No existe el tiempo, con poco aliento pero nada satisfechos continuamos hasta el anochecer.

Pose tras pose, nuestros corazones sienten reventar por la maratónica actividad sexual disfrazada de una salida por café.

Tú sometiéndome contra la pared y yo en puntillas, tratando de no perder tu boca y tu pelo que se han vuelto mi adicción.

Me siento viva y tenaz gracias a tus caricias y tus manos que entran y salen de donde pueden y tu mirada que me desnuda más de lo que ya estoy.

Entonces llegamos al clímax donde los orgasmos son una mera formalidad a todo el juego previo de la seducción.

Y terminamos mojados mirando al techo y sonriendo satisfechos por la complicidad y la inocente salida que terminó en sexo.

– SS.

LA INDUSTRIA DEL TURISMO… BUENA PARA VENDER, MALA PARA EMPATIZAR

El turismo es el negocio que usa la cultura y la monetiza. Es, por tanto, es la actividad más importante de nuestra región, porque involucra a tantos miembros de nuestra ciudad, que es muy difícil señalar a quien no se beneficie directa o indirectamente de ella. La pasión por nuestras costumbres, el orgullo por nuestra cultura y nuestro pasado reflejado en vestigios arquitectónicos, han sido empuje suficiente para que miles de personas tomen como opción laboral la industria del turismo, la que depende no solo de la historia, sino también del recurso humano indígena. Pero, al desarrollarse en un país con recurrentes conflictos sociales ¿Qué posición tenemos como industria frente a las protestas de las comunidades campesinas? ¿Reflexionamos sobre el respeto y la validez que les debemos a nuestras comunidades, más allá de la actividad turística de la que son parte?

La presente opinión nace de años de labor en la industria del turismo y del análisis de sus componentes y de los diversos miembros que la conforman; no tiene intención de ataque, sino de reflexión.

Como muchos cusqueños, alrededor de mis 16 y 17 años, tuve que escoger una carrera para laborar y, considerando la naturaleza de nuestra ciudad y el amor por la misma, opté por el turismo. Había escuchado repetidas veces que el turismo era una carrera para aquellos-as personas que amaban la cultura, su cultura, y que deseaban compartirla con quienes se atrevían a venir a nuestro país.

Ya en la universidad, con libro en mano y ensayos en la mochila, recorría las calles, pueblos y centros arqueológicos de mi ciudad. ¡Cómo no sentirme orgullosa! Pero, obviamente, como toda carrera, viene la parte del negocio: ¿Cómo vender tantas maravillas? ¿Es el turismo la carrera del futuro? ¿Cómo crear más interés por nuestra nación? Y en uno de los tantos cursos, se mencionó el “Turismo Responsable” con su frase célebre: “Debemos tener cuidado de lo que vendemos, de nuestro patrimonio; debemos controlar los efectos de una industria que cada año crece”. Y es puntualmente en un efecto me quiero detener: El efecto social en una ciudad que vive de vender su cultura, sobre todo su cultura viva.

Participación de las comunidades andinas en el turismo

No es secreto para nadie que desde que Machu Picchu fue declarado maravilla mundial, la cantidad de hoteles, agencias y restaurantes se dispararon. Hay opciones para todos los bolsillos y, a veces, para todos los colores. Pero también hay otras atracciones, como el turismo vivencial. Al respecto, resaltar comunidades como Misminay y la Nación Qero (por poner ejemplos) que muestran y reciben a cientos de turistas al año para mostrarles cómo es la vida del hombre del Ande. Después de estas experiencias, el visitante queda fascinado y en contacto con los herederos de nuestras tradiciones.

Por supuesto, “el impacto de las comunidades andinas” en la industria del turismo va más allá del espacio comunal, porque cuando ofrecemos nuestra gastronomía; muchos restaurantes mencionan los orígenes de los alimentos que ofrecen en sus viandas: “papas cultivadas en tal o cual comunidad, maíz de tal o cual valle”, y así, una verborrea que te abre el apetito y te hace sentir que comes cultura.

Y no puede faltar, por supuesto, las lecturas de hojas de coca y ofrendas a la tierra. Se llama a chamanes, en su mayoría quechua-hablantes, para que introduzcan al viajero en la espiritualidad de nuestra cultura ancestral. Con esto, el visitante queda extasiado al saberse bendecido por los Apus a través de la sabiduría de un Altomisayoq. 

Y así, parte del negocio del turismo es vender todo aquello que, anónimamente o no, puedan producir miles de comunidades andinas fuera de nuestra ciudad; por supuesto, estas comunidades reciben beneficios económicos que les permiten desarrollarse y crecer a través de la inversión privada. Así funciona nuestra economía.

Como es evidente, nuestros comuneros, nuestros campesinos, son parte fundamental de esta industria… de esta ciudad; están en todo aunque no queramos ver.

Los proveedores, los campesinos, ¿tienen derechos?

La vida de nuestras comunidades va más allá de lo laboral. Todas estas personas son ciudadanos peruanos que sufren las consecuencias de los gobiernos.  Como cualquier peruano, tienen derechos avalados por las leyes. No obstante, la realidad es otra, porque en la práctica, a los ojos de muchos, estos ciudadanos no valen más que las personas de ciudad. Muchas veces ni siquiera nos vale un saludo adecuado, o tan siquiera mirarlos. ¿Por qué? ¿Porque su nivel de educación no es adecuado?, ¿Porque su uso del español no es correcto? ¿Porque su vestir demuestra pobreza, su uso de los modales actuales es nulo? Y así, hay muchos “porqués” que se usarán para justificar el maltrato.

Estas comunidades sufren la indiferencia de los gobiernos y de algunas personas, quienes no los ven como iguales y que no son capaces de validarlos como tales. Estos últimos años, las voces de estas comunidades han remecido con fuerza nuestro status quo; han decidido hacer valer su derecho al voto. Como respuesta, hemos han gritado y expuesto tretas con tintes racistas, porque, parafraseando a políticos, autoridades, ciudadanos y muchos empresarios, “estos qué van a saber”.

Pero ellos saben qué es lo que necesitan para mejorar sus condiciones de vida, saben que son discriminados y saben también que, cuando conviene, son símbolo de respeto, sobre todo en las propagandas turísticas. Pero, para la industria del turismo – y para la sociedad –  si algo no sirve para vender, entonces no existe y se descarta.

Turismo, protestas y la (ir)responsabilidad

Enfatizo que no respaldo la violencia ejercida por algunos manifestantes durante las protestas del mes de diciembre. El autoritarismo, venga de donde venga, no es sano. Pero, desde el ingreso de las comunidades campesinas a la ciudad del Cusco, los niveles de vandalismo se han reducido. Y ese hecho ya dice mucho.

Sin embargo, en los últimos días, he sido testigo silenciosa del nivel de racismo y clasismo que se tiene en esta ciudad y también en la industria turística. Parece que importa más el césped trágicamente aplastado de la Plaza Mayor del Cusco que el derecho a la protesta. La plaza, que hace tiempo no es del cusqueño. La querida Plaza Mayor, y todo el Centro Histórico, se ha dispuesto al extranjero para mejorar su experiencia en la ciudad de los Inkas. Los cusqueños bajan la cabeza ante el visitante y, al mismo tiempo que alaban su origen, también reniegan de los verdaderos dueños de nuestras calles: todos los cusqueños de adentro y fuera de la ciudad. Importa más la imagen que nuestra “linda ciudad” ofrezca al mundo, que la imagen que podamos tener entre nosotros.

El turismo es trabajo, pero también es una industria que depreda. Pedimos que ingrese más gente a la Llaqta de Machu Picchu, aunque ello signifique atentar contra su conservación porque “tenemos que vender”. Pedimos la construcción del aeropuerto internacional cuando nuestro “mejor museo” en la ciudad tiene la misma exhibición desde hace 20 años. Vendemos turismo vivencial y alabamos al hombre del Ande, pero lo terruqueamos y lo tratamos de ignorante si ejerce su derecho de protesta. Le decimos “igualado” si reclama lo que muchos de nosotros ya tenemos garantizado.

Para vender un destino, también hay que asegurarnos de que este sea seguro, tranquilo y adecuado para todos, tanto para el visitante como para el que vive aquí. El destino no está hecho solo de edificaciones coloniales, de caminos inkas y de danzas costumbristas. El destino está hecho de su gente, sobre todo de aquella que mantiene viva la cultura y las tradiciones, no por plata, sino porque es su modus vivendi y por amor, amor a la tierra que lo vio nacer.

¿En qué momento el turismo decidió compartir lo suyo exclusivamente con el que paga y no con el que genera? ¿En qué momento nos olvidamos de la posición del hombre del Ande, del campesino, en la cultura? ¿En qué momento nos creímos ciudadanos de primera, propasando los derechos de otros? ¿En qué momento olvidamos que los “pueblitos mágicos”, la gastronomía, los retiros shamánicos, tienen éxito por las comunidades que producen y conservan de manera natural nuestra cultura? ¿Cuántas veces le daremos más respeto, más credibilidad y más bondad al que viene de visita que al que vive con nosotros, en esta tierra?

A criterio personal, en esta “ciudad de los Inkas” se protege y valora todo lo que nos dejaron nuestros antepasados, menos a sus herederos lógicos. Por eso digo que la industria del turismo está demostrando que es buena para vender, pero mala para empatizar.

– Marcia Castro

Tejado

Aire con sabor a libertad
como los días que se van volando sobre nuestras cabezas
como los pájaros que deciden no volar
como la mirada ahogada en un charco de incongruencia.

Cielo, lluvia, colibrí,
respira y mantente a la expectativa,

ni tu amor será eterno
ni los ecos pueden apagar el silencio

y la noche se hará cargo de los amantes
como quien intenta matar la sed.

Tejado rojizo,
humo de todos los colores,
lo lejano nos llama al vacío.
Como quien mira directo,
siempre,

hacia el sol.

Escribir sobre leche derramada

Todos los viejos saben que el amor no existe
y lloran ante la soledad forzada,
las doce y tocaron el timbre
es la lluvia que se lleva sus frazadas.

Toda la juventud se ha muerto el día de ayer
en medio de una indecencia de mil años
para traer cigarros y algo de beber
si supieran que nada de eso hace daño.

La mañana ha traído la maternidad
y los niños no saben cómo andar,
déjales frustrarse en responsabilidad
alguno pronto reirá.

Y la vida se pasó en dejar de vivir
y las comparaciones son sueños,
sueños ajenos que anhelo.
Eres tú, perfección artificial,
una banal foto que nadie verá.

Guerra

Desconozco si estos cuervos
posados sobre cúpulas de versos
me protegen de tus espinas de recuerdos,
o te protegen de mis finales condenados.

Sabes que los perros negros
incluso al mediodía aúllan,
si te sometes a su voluntad.

Hambrientos de ecos de tus derrotas,
saciados por tus cicatrices palpitantes,
aman revivir tu sangre derramada
donde los falsos amantes en guerras
clavaron la bandera de su victoria
al punto de medianoche.

Te confesé que rezaba a Dios
porque alguien descubriera tus maravillas
sin ultraje,
tu noble reino se pintó de azul
cuando un ruiseñor se sacrificó
por una reina ladrona.

Me confesé a mí misma
la hipocresía amando
a mis viejos amantes,
como ellos conmigo,
¡hasta que la rosa plateada cantó
tu nombre!

¿Quemaste mi carta suicida
en la lluvia de medianoche?
¿La guardaste en tu armadura?
¿Y por qué me haces tuya
en esta lluvia de medianoche?
¿Por qué no le temes?

Rey de mi cuerpo,
desearía una rosa con tu nombre
encima de mis poemas que te llevan por su musa,
¿sería prudente pedírtela o huirías
al país de tus maravillas?

Esta es una guerra contra mis heridas de batalla.
Caballero, ¿eres mi enemigo o aliado?
Los perros negros gritan que
tienes el arco de Augusto,
y mi corazón azul quiere quemarse
con tu fuego lavanda que esparces al caminar…

¿Confías en mí?
¿Soy tu enemiga o aliada?
¿Me contarías cuando fuiste rey?
Conmigo no te inventarías miradas de amor,
mas creo aún no me gano tu confianza,
¿quién confía en los cuervos?

Si me quedo en la guerra contra criptas,
¿Tomarías mi mano o la soltarías?
¿Seríamos aliados?
¿Volveríamos a construir un reino nuevo para ambos?

Un reino donde heridas de batalla
ya no gritan bajo lozas de sus recuerdos.
¿Quizá ya lo construimos y soy incapaz de verlo?
¿Le digo a mis cuervos que bajen la guardia?
¿Caballero, a qué hora termina mi guerra?

– Krizia Tovar

SOBRE LA AUTORA:

Krizia Fabiola Tovar Hernández nació en el Estado de México, en 1996. Algunos de sus escritos aparecieron en las revistas Reflexiones Alternas, Poetómanos, Awita de chale, Perro negro de la calle, MÁS Literatura, El morador del umbral, Prosa Nostra MX, Collhibrí, Teresa Magazine, Circulo literario de mujeres, Clan Kutral y El templo de las mil puertas. Actualmente estudia el último año de la licenciatura en Ciencias Humanas en el Centro Universitario de Integración Humanística.

Muchachito

Muchas veces he intentado heredar un tipo de género literario que…

Únicamente describa todo el fervor de tu alma en la mía.

Como cada día que contábamos, que cantábamos, como cada día que reíamos juntos.

Hace falta tantos momentos para compartir y conocer y aun así creo saber que te trae a mi puerta, y a veces yo a la tuya, pero…

Anhelo, algún día, saber con certeza qué clase de cariño deseas. De qué manera podría amar, de qué forma cactus de alegría y gotas de música ligera poder plasmar en tu ser.

Cómo poder descifrarte. Como un perro, muerto de sed, pensando en ti solo estoy.

Hacer contigo un libido de emociones pretendo. ¿Amar a matar tal vez? Eso no lo sé.

Indudablemente por mil noches lo estuve pensando. Desde tu regreso todo fue perfecto y si falta de contexto esta historia posee… Poner en duda tu amor por mí es lo que lo explica. Mas no tan confundido voy. Pues…

Todo indica que si contigo estoy solo un par de minutos al día. La vida se simplifica. Huracanes de dudas no pasan por la cuenta.

Odiando siempre la despedida te dedico un poco de la poesía de mi vida. Solo imaginando que bonito habría sido, recibir un sí esa noche de ovejas negras ya en el olvido.

– Jhael P.

Querida tú

Querida tú,

sé que a veces
(solo a veces),
me recuerdas

entre desvelos
y melancolía.

Sé que lo haces
sin cariño
ni añoranza.

Tal vez
(solo tal vez)
tu día no sea propicio para este momento
ni el momento sea el indicado
para hoy.

Pero sabes bien
que lo nuestro
tampoco lo fue.

Sé, también, que sigues aquí,
llevándome de la mano
por aquellos lugares
que yo he de evocar.

A veces, tus alas no encuentran vuelo
y otras, mis ojos te reverberan.

El frío
no es más
un suave palpitar en las cortinas.

La noche
siempre será
el manto tejido en soledad.

Tú y yo,
un par de corazones
apagados en la berma.

Y las fresas…
esas malditas fresas.

Lo sabes, amor.

Sabes que a veces
(solo a veces)
me recuerdas

sin querer recordar.

Margaritas y atardeceres

Mi carácter es inestable, loco, arrebatado;
Mis pensamientos no son puros, ni decentes;
Mi fragilidad no es tan frágil, ni estable;
Mis deseos dependen de las circunstancias, o la persona;
Mi concepto de bueno es tan tergiversado que hago lo malo;
Un día soy virgen y al otro no tanto;
Puedo mirar más allá de tus ojos pero no puedo descifrarte;
Mis sueños me advierten de la tempestad que se avecina;
Y mi intuición es infalible, nadie escapa de ella;
Me autodenomino escribana, pero no soy embustera;
La verdad desborda mis labios aunque me juegue en contra;
Le tengo miedo a la oscuridad, pero en las noches soy yo verdaderamente;
Dicen que soy fría pero no me gusta la lluvia ni el invierno;
Tengo una mente con vida propia que casi no me pertenece;
Sé que mi alma viaja a mis vidas pasadas y me da expectativas falsas;
Hay alguien que me espera pero no sé dónde, ni cuándo;
Tengo un cuerpo que no me pertenece y unos sentimientos que no he sentido;
A menudo pienso que encarné en una vida equivocada;
Hay alguien que me espera hace ya mucho tiempo;
Mi presente y mi futuro son inciertos pero mi pasado también;
Solo existen enormes vacíos que dejan mis memorias en la oscuridad;
Existe un antes y un después pero no sé de qué;
Hay algo que me hace falta en este mundo, en esta vida;
Hay alguien que me espera y yo estoy solo aquí, sin saber a dónde ir o dónde estar;
Coincidimos en alguna línea del tiempo y ahora no hay marcha atrás;
O nos encontramos o nos perdemos para siempre;
El hilo rojo, las margaritas y los atardeceres están de nuestro lado;

Hay alguien que me espera con unas margaritas;
En aquel bosque que al atardecer cobra vida y brilla;
Está jalando del hilo rojo para no perderme;
porque un giro del destino me trajo a otra vida y no sé cómo volver.

– SS.

Queja sin propuesta de solución

En tiempos de plagios y copias
los diplomas son para idiotas,
los que lamentablemente tienen el gran trabajo
gracias a Los Secretos del Carajo.

Con 20 lucas no cocino rico
pero si te hago un favorcito
de hablarle a mi amigo el ministro
¿o acaso prefieres un libro?

Hagamos la jugada de secundaria
hago la tarea y pones la plata
con chamba me pagarías
un diezmo cobrarías.

Si todo sigue así de mal,
siempre al poder podemos postular,
prepárate para ser una rata
decapitada en medio de la plaza.

Mi Perú es un capulí

Mi Perú es un capulí,
frondoso,
insigne,
alto como el cielo,
vivo desde la raíz.

Y ellos quisieron talarlo
hurgando en las heridas
para matar el suelo
y la libertad.

Pero se toparon con su pueblo.

Aquel, que ni mil perdigones,
ni cien mil lacrimógenas,
ni un millón de policías asesinos,

nada,

lo podía doblegar.

Mi Perú es un capulí
y su pueblo es sagrado
y su pueblo eres tú.

Su hijo, su hija,
su pequeña hojita,
bailando al viento,
al fruto dulce
de la revolución.

Dale, no te rindas.

Échale
ramita pasional
un poco de amor a tu bandera.

La cantata inconclusa

Qué fuera de la noche bohemia, juventud licorosa,

el recuerdo de algún bemol y carcajada,

o el llanto de antaños romances,

qué fuera del mismo repertorio,

cancionero dolorido,

madero y cuerda,

juventud y fiebre.

Qué fuera de la noche de los amores truncos,

beso y olvido,

copa del alma

y labio mojado.

«No me toquen ese vals»

escuchas,

qué triste es el recuerdo

y qué cosa la vida entonces.

NOCTURNO

El sol entra al ocaso, 

puedo sentir cómo, 

las aves vuelven a su nido, 

comienza el sonido insomne, 

el viento silba por debajo de mi cama, 

el reloj de la plaza toca la campana, 

doce de la noche en mi alma, 

siento como arden los ojos, 

en los párpados cerrados. 

Solo escucho el sonido del río, 

grita por abrazarme, por acompañarme, 

por llevarme. 

Los perros aúllan de tristeza, 

saben que otra noche duermo solo, 

ellos desearían verme sonreír una vez más;

sé que me quieren, 

a la mañana siguiente les daré de comer. 

¿Entonces debo dormir o seguir soñando? 

El crepúsculo estropea la noche, 

sigo exhausto, debería soñar en el cansancio, 

intentar vivir lo que no viví. 

Ya se prenden las últimas rosas, 

los colores grises ven llegar al sol, 

el rocío comienza a derretirse, 

Ha terminado la madrugada, 

ha terminado el deja vú. 

Espero puedas perdonarme, 

hoy te busco en las estrellas.

La gran noticia – 2da parte

Después de muchos años lo volví a contemplar, se le notaba más maduro, ya no era el chiquillo bromista que ponía apodos, el palomilla, el que una vez dijo que me parecía a la “Pequeña Lulú”, un personaje de historieta norteamericano que fue adaptada a los dibujos animados y los niños la disfrutaban en los canales locales (Era una niña traviesa y muy lista que usaba unos zapatos muy graciosos).

Mi amiga se dio cuenta de que yo conocía a aquel muchacho guapo y elegante que estaba frente a mí. Yuliana preguntó: “¿Se conocen?” y ambos asentimos y sonreímos a la vez. “Mi nombre es Pablo y con tu amiga nos conocimos en la secundaria, yo era un chico muy molestoso y antipático con las chicas, les ponía apodos, pero una niña en especial se ganó el apodo más gracioso de la clase”. Empezó a contar sobre cómo me veía graciosa con mis zapatos de colegio y porqué el apodo de Lulú. Los tres reímos. Pablo nos comentó que después de terminar el colegio, una empresa muy importante en Inglaterra había solicitado sus servicios de analista de sistemas y quería que estuviera dirigiéndola desde esta parte del país. Dijo que no se acostumbraba a la comida europea y que prefería los locales de venta de comida hecha en casa o parecida a su lugar de origen. “Los primeros meses que llegué al extranjero empecé a extrañar mucho todo y me acordé de las tonterías que hice de joven, sentía mucha nostalgia y no pensé traer esos recuerdos al día de hoy”, apercibió.

Interrumpió su narración y le entregó las flores que llevaba consigo a mi amiga. Le comenté que había cambiado mucho y que se veía más atento y caballeroso. Me dijo, sonriendo, ya que me percaté de que actuaba como un niño inmaduro: “Sé tratar a las mujeres como se debe y respetarlas”. Yo sentía que estaba de más en la conversación, fingí que tenía una llamada importante y salí del restaurante. Mi amiga y Pablo se quedaron, de reojo vi que se sentaron en una mesa y pidieron algo. Nunca me había dado cuenta lo guapo que era Pablo, tal vez porque en ese tiempo era muy fastidioso y molesto y ahora yo sonreía inconscientemente mientras lo veía sentado frente a mi amiga. Reaccioné en ese momento y me pregunté qué es lo que estaba sucediendo, ya que me sentía de esa manera. Mi sonrisa se esfumó. Estuve un buen rato afuera del restaurante y decidí entrar para despedirme. Di un argumento falso de que había una emergencia en mi casa y salí huyendo del lugar sin mirar atrás.  Llegué a casa y me senté en el sofá con las manos apoyadas en las quijadas como una niña pensativa. Ya era muy tarde y me fui a dormir. A la mañana siguiente recibí un mensaje de mi amiga diciéndome: “le di tu número a Pablo, me dijo que quería hablar contigo de algo importante y se contactaría contigo, me cuentas que te dijo”.

Yo estaba desconcertada porque quería hablar conmigo. Después de unos días, estaba en el trabajo y recibí un mensaje: “Hola soy Pablo, ¿podemos hablar?, necesito tu ayuda”. Yo estaba nerviosa. Nos encontramos en un centro comercial y me invitó a cenar a uno de los restaurantes del local. Iniciamos la conversación y él me indicó que el motivo de que yo estuviera ahí era para sorprender a mi amiga, quería que le dijera todo sobre ella, pues quería conocerla un poco más. Me dijo que un día la vio en una discoteca, que no descansó hasta ubicar su paradero y que era una buena coincidencia que yo la conociera. Toda esa información me dejó perpleja. Mientras él hablaba, yo me sentía triste por lo que decía y me di cuenta de que Pablo me empezaba a gustar, pero él estaba enamorado de mi amiga. Después de una larga charla, quedamos en seguir saliendo para hablar más sobre ella, algunas veces juntos y a veces como aquella vez. Me di cuenta, a medida que lo fui conociendo, que Pablo era un hombre maravilloso, pero sus ojos estaban puestos en mi amiga Yuliana y yo no podía hacer nada. Hasta que una noche, cuando Pablo y yo estábamos cenando en un restaurante para planificar los últimos detalles y darle una gran sorpresa a mi amiga, nos ganaron las copas  y no pude resistirme más, lo besé, fue el beso más apasionado y tierno del mundo, me llevó a otro planeta. Era como si ambos estuviéramos en una misma sintonía y así lo sentimos. Después de un rato nos separamos, nos quedamos mirando en silencio hasta que salí huyendo del lugar, tomé un taxi y dejé a Pablo ahí. Los siguientes días no volví a recibir ni un mensaje de Pablo y seguí con mi vida normal hasta que recibí una llamada de Yuliana: “Hola amiga ¿por qué no has venido a visitarme?, tengo algo que contarte, estoy muy emocionada, quedemos en vernos” y colgó la llamada…

– Pamela Arteaga Lamadrid

El poema

No me llames por mi nombre muerto,
de aquella vida
conservo únicamente mi corazón:
un poeta escribe versos
con una rosa plateada
y tinta de luna de medianoche…

Me mira tejer mis lágrimas,
pues estoy a cielos de distancia de él,
sin poder besarlo…

Se extinguieron mis luciérnagas
y también el último sol del 15 de julio,
¿Dónde se esconde el amanecer?

Bella luna,
y el cuervo
cantando su melodía,
nunca más…

Envidio a mis poemas,
no poseo alas como ellos
para alcanzar a mi poeta
y a su rosa plateada…

Me desvanezco dentro de melodías del cuervo,
hace tiempo que no escucho su voz,
mi poeta me mira angustiado,
mas es incapaz de acercarse a mí…

Sopla un sueño azul
para calmarme insomnios,
comienza a escribir
un tono de versos desconocido a mí.

Escucho su susurrar:
“No volverás a estar sola”
Se siente como una ráfaga
su cuerpo, mas es un poema suyo…

Abro los ojos,
por primera vez
el reloj marca
18 de julio,
el amanecer regresa…

Reconozco el arte de mi poeta,
su poema esculpido en forma de hombre,
guarda en su palma mis luciérnagas…

Pronuncia:
“Ven, toma mi mano,
no estarás sola nunca más”…

Un piano azul toca una nueva melodía,
tras meses de caer en el velo de muerte,
me regresa mis luciérnagas,
su palma no pierde calidez…

Coloco mi mano sobre su hombro
y él me toma por la cintura,
renazco dentro de su extraña melodía
¡Baila conmigo sin soltarme ya nunca más!

– Krizia Tovar

SOBRE LA AUTORA:

Krizia Fabiola Tovar Hernández nació en el Estado de México, en 1996. Algunos de sus escritos aparecieron en las revistas Reflexiones Alternas, Poetómanos, Awita de chale, Perro negro de la calle, MÁS Literatura, El morador del umbral, Prosa Nostra MX, Collhibrí, Teresa Magazine, Circulo literario de mujeres, Clan Kutral y El templo de las mil puertas. Actualmente estudia el último año de la licenciatura en Ciencias Humanas en el Centro Universitario de Integración Humanística.

Mi primer beso

Éramos adolescentes y él me gustaba mucho, cuando lo veía me ponía muy nerviosa pero, aun así, esperaba ansiosa los recreos para poder verlo ya que estábamos en diferentes aulas, no recuerdo cómo nos conocimos pero de inmediato hubo una conexión, yo también le gustaba. Siempre que podíamos, nos mirábamos disimuladamente y ninguno se animaba a hablarle al otro pero sabíamos que algo había por decir. Fue un juego interminable por mucho tiempo hasta que por fin nos hablamos. “Hola». Eso fue todo; fue demasiada la espera como para un simple “hola” pero tampoco pudimos decir más, sin embargo, al pasar los días, hubo más confianza y pudimos hablar. Como cualquier colegiala experimentando su primera ilusión, terminaba muy nerviosa después de una breve charla pero a la vez esperaba la siguiente oportunidad con ansias. Yo no había tenido enamorado o algún tipo de acercamiento con otro chico, era tímida, él era más atrevido así que se pudo dar algo, nada concreto, pero algo; fue mucho tiempo el cortejo, por decirlo así, que se tornó monótono y nos dimos cuenta de eso. Fue entonces que se dio la oportunidad de reavivar lo que se estaba muriendo. Una mañana en la que, por alguna razón que ya no recuerdo, hubo una especie de fiesta en el colegio, todos estábamos en un salón bailando y las miradas no cesaban entre nosotros, fue entonces que algo dentro de mí me dijo que saliera del salón, giré a la derecha y me fui detrás de los baños, poco después apareció, me puse tan nerviosa que quise irme pero me tomó por el brazo y casi de inmediato sus labios besaron los míos. Yo no sabía besar así que terminé mordiéndole la lengua y nuestros diente no dejaban de chocar bruscamente, me sonrojé  tanto y pensé que él ya no querría continuar porque noté que tenía experiencia, sin embargo siguió moviendo su cabeza de un lado a otro y yo trataba de imitar sus movimientos; quería que él pensara que yo tenía experiencia o que al menos sabía lo que hacía. Solo trataba de seguirle el paso para no morderle de nuevo la lengua o hacerle algo peor.

Cuando terminamos, él se fue y me quedé pensando en que, tal vez, tuve muchas expectativas. Tal vez lo idealicé mucho o tal vez creí que todos los besos eran dulces y únicos, pero la verdad es que ese primer beso fue un asco, pero no porque no supiera besar, sino porque no sentí nada, no hubo magia, no hubo conexión, no hubo sentimientos. Estaba decepcionada y con la desilusión de ese primer beso. ¿Fue por mí?, ¿fue por él?, la verdad es que no lo sabré nunca, lo que sí sé es que esa fue la primera señal de que tomaría malas decisiones a lo largo de todo mi vida amorosa y hoy, con 28 años, pude comprobarlo. Qué irónico, uno siempre piensa que la primera vez no se puede olvidar y yo estoy aquí, tratando de precisamente olvidar aquel beso que solo inició una cadena de malas decisiones en mi vida. El primer beso no siempre es el mejor.

– SS.

La víspera de las vísperas

En el conteo del horizonte más próximo se halla el mar,

tras veinte metros de asfalto y otros veinte de arena;

los colores cotidianos dan paso al cielo y a las flores en agonía,

es la víspera del goteo del tiempo, acelerándose silente.

El hálito es inicial o es la sentencia llamando a los pájaros muertos,

cayendo en picada, pétreos, hacia la calma del océano.

Cuando lleguemos a nuestra última puerta,

quedará el mismo cajón de la infancia

y la memoria de nuestra vida;

mientras ignoramos el siguiente paso que, dicen, se parece al olvido.

Darkness

De niños escuchamos la frase «¿Le temes a la oscuridad?»
Como si esta fuera maligna
Pero créeme, no tiene nada de malvada
Sino es un lugar de paz absoluta

Un lugar donde nada te molesta
Un lugar donde no sientes nada
Un lugar donde nadie te lastima
Un lugar donde no existe nada

En la oscuridad dejas de oír las voces
En la oscuridad dejas de escuchar las críticas
En la oscuridad dejas de sentir el dolor
En la oscuridad dejas de pensar

En este reino maravilloso no hay nada
Están vetados tantos los dioses como los demonios
Solo estás tú y hasta tu mente es silenciada
Solo estás tú y el silencio absoluto

Entendiendo eso
¿Puedes ahora entender el porqué me encierro ahí?
¿Por qué decidí desterrarme a ese plano?
¿Por qué eliminé a la luz de mi vida?

¿Y el porqué no deseo salir de esta?

Regreso a la inocencia

Sabe de infancia

el peso de una piedra entre las manos

que deforma con su forma dura y gruesa

el espejo de la pureza

que corre con el agua del río.

Y este dejar lo que nunca ha sido mío,

esta vibración que se despliega

en transparencia,

este rito de la nada en la ausencia,

esta piedra de sol

que es más palabra que piedra,

este renunciar al amor

que es más río de llanto que renuncia,

es libertad que se preanuncia

como días de cosas perdidas

en el desierto de los mismos ojos.

– Yuleisy Cruz Lezcano

Dime

Dime, viento, cómo es tu aire
cómo mueves las hojas
cómo empañas los lirios
cómo vuelas sin levantarte.

Dime, corazón, qué te hace latir
si es el ritmo del dolor
o una herida abierta
cuando ya no queda sangre.

Dime, lluvia, por qué has de caer
sobre la hierba inerte
que te reclama en amarillos
sin conocer de verdores.

Dime, amor mío, quién es quién
si es mi sed la que te llama
o es solo el desamor
cual pequeño tentempié.

Dime, sol, cuándo estarás aquí
para esperarte a secas
y cobijarme entre miradas
que en tu desvelo han de dormir.

Y si me concedes esta última pieza
dime, tiempo, cuándo vuelves
dime, cielo, por qué te vas
dime, vida, qué es la muerte.

La cúpula de las cúpulas

Tras el bramido horroroso de una cruz negada

se yergue la cúpula de las cúpulas, única en su género,

bajo la sombra de mil túnicas blancas.

Hay humo en la frente de todos los hombres de la tierra,

gris etéreo que se concentra en el límite del cielo,

la cúpula mayor,

incontrastable.

Por alguna razón el sol apacigua el bramido inicial y lo transforma,

lo convierte en el cántico liviano y piadoso de una voz madura,

sean quizá los rezos de algún pueblo,

sean quizá las esperanzas por algún consuelo,

o quizá solo la práctica de miles de años empolvados en oración.

En el refugio de los ausentes descansan huesos foráneos,

absortos,

todavía tibios pero no por la muerte acaecida,

todavía tibios pero no por los hálitos subsecuentes.

El ocaso más cálido no retiene la vida.

Amén.

Imposible

Ningún lugar se abre al ensueño

si no se aprende a escuchar

la danza del pétalo lejano.

Ningún lugar se puede abrir al mundo

si el hombre se encuentra perdido.

No hay temblor de luceros,

no se mueve el corazón

del hombre dormido

si el alma del cuerpo estremecido

olvida el ritmo de las hojas.

Sólo desierto en el alba roja

hoy me trae el barco triste,

me lleva a la deriva del mar vacío

que besa con la sombra mi sombra.

Tú me quieres ver

lejos de este mar de sombras

pero no enciendes la llama.

Te vuelves estrella fugaz en el aire

lleno de esperanzas.

El amor es una inmensa fuerza ciega

que me llena de falsas esperas

para continuar a querer

lo que no se acerca.

– Yuleisy Cruz Lezcano

ÛRUZ

Todo se resume a un punto

El punto de inflexión

Donde después de todo

Reencarnó ese ser

Un ser virulento

Un ser visceral

Un ser de instintos

Un ser oscuro

Un ser Fáustico

Ese ser es el Zorro

Alguien que por años desapareció

Que se creía extinto

Pero solo se encontraba escondido

En una de las cuevas de mi mente

Esperando este momento

En el que volvería a ser necesitado

Para salvar lo que restara de cordura

De ese pobre desdichado

En el que me había convertido

Ahora él está a cargo

Y yo me he refugiado

En lo oscuro de mi mente

Ahora el fin del mundo ha comenzado

En especial, el fin de los que lo liberaron.

La cuna de los olvidos

El hombre duerme el vacío

y despierta el desierto

con el polvo que se pega a los huesos

en un triste respirar de pocos espacios

que cubre la brillantez del alma.

Los granos minúsculos de polvo maestro

saben todo de la guerra

porque cuentan la gente que muere

y las moléculas de tiempo

extraviadas en la carne dividida.

El desierto es en el hombre

polvo de la vida

que conoce los vientos lentos

que pasan sin turbar el pensamiento

con el misterio que vive

o que dice de vivir

un poco para sufrir por la felicidad,

un poco para llorar por la vanidad

en la cuna infeliz de los olvidos

de las perdidas ondas

transformadas de la indiferencia.

– Yuleisy Cruz Lezcano

Huellas sin paso

No habla la arena en el vacío

de horizontes y paisajes

el sol achica los ojos

henchidos por la luz

que se propaga en el viento.

El viento que sopla lleva y trae

los brazos hermanos de la muerte

que no sabe de qué ausencias

el vacío está hecho.

El silencio es ya vacío,

con paredes de tumbas levantadas

que olvidan el lugar

donde se esconden los abrazos.

La muerte brinda sus espectros

llenos de incorpóreas sombras

que han olvidado lo que une

el hombre a sus promesas.

Las sombras bailan en los ojos que miran

el oscuro mundo que los llama

desde allá donde se pierde

la forma exacta de la huella.

¿Dónde, dónde?

¿En qué lugar nos perdimos?

Nadie habla, nadie sabe donde estuvimos

antes de llegar a este desierto.

¿Dónde se perdió el sueño despierto

del hombre que vivía los tiempos del alma

que le daba felicidad y alas?

Ahora sólo quedan pétalos marchitos

y el amor que era un don infinito

se perdió en el incógnito mundo

que muchos llaman destino.

¿Dónde está el viejo camino

de esa palabra usada

de quien daba su amor sin pedir nada?

El hombre bajo el peso de sus espinas

tiene el alma mutilada y el corazón preso

que se cierra suicida al beso.

Como una semilla de luz apagada

el hombre perdió el tiempo del abrazo

en el largo camino de pupilas dormidas

y perdió también el sentido de la vida

en el intento de dejar una huella sin paso.

– Yuleisy Cruz Lezcano

Holocausto

Ojos de piedras,

en el corazón ningún efecto,

el hielo se paraliza en las miradas

esculpidas en caras amorfas.

Todavía deambulan

espectros de huesos,

en el invierno de la humanidad

deslizan sus sombras.

Niebla para tapar

el infierno del mundo.

Neblina para no ver

los fantasmas conducidos

bajo cielos que callan

viajes sin regresos.

Se va hacia la tierra de nadie,

donde el llanto de un niño

no se escucha

y los suspiros de las mujeres

huelen a muerte.

El vacío llega

desde las fronteras del tiempo.

Vidas que aún arden

en gritos que se pierden.

El fuego tapa

las bocas de cenizas

y Shoá es solo un nombre

manchado de sangre.

– Yuleisy Cruz Lezcano

La gran noticia

Caigo rendida y me tiro a la cama boca abajo, mis zapatos se resbalan de inmediato de mis pies. No tengo ganas de levantarlos y ponerlos en su lugar, las piernas me pesan, me hormiguean. Al mismo tiempo, lanzo mi cartera a un lado de la cama. Siento como si un camión me hubiera pasado por encima. De pronto suena mi celular, una y otra vez. Eso me pareció raro. Y en la posición en la que estaba, estiré mi mano para meterla en la cartera y sacar el móvil, era Juliana, mi mejor amiga. Contesté casi de inmediato. Me dijo: “Estoy emocionada, acabo de conocer un hombre maravilloso, ¿tienes tiempo?”. Yo no podía más con mi cuerpo, pero se notaba que mi amiga necesitaba ser escuchada, por lo que quedamos en vernos. Después de colgar el celular, me di un baño y me puse lo primero que vi en mi armario. Recogí mi cabello y me hice una cola pequeña y salí. Nos encontramos en un restaurante del centro. Cuando llegué, tenìa una sonrisa en los labios. Llevaba un vestido rojo hasta las rodillas, resaltaba su figura, había pintado sus labios de un rojo muy intenso. Sus ojos brillaban y al verme saltó de su silla y me invitó a sentarme junto a ella.

Pedimos algo de tomar y de inmediato me preguntó sobre mi día y le conté del problema que había tenido en el trabajo con unos informes, que había estado subiendo y bajando escaleras para entregar a diferentes áreas algunos documentos y que mi día había sido muy monótono y sencillo. Me tomó de las manos, me miró con sus ojos saltones y me dijo que las cosas saldrían bien, que tenga paciencia y trate de poner a todos en su lugar si se lo merecían. Entramos en controversia en ciertos puntos, pero entendí que en parte tenía razón. Cuando terminé de hablar sobre mí, Yuliana emocionada me comentó que hace unos días había recibido unas notas muy extrañas. Al principio me dijo que pensaba que era uno de sus compañeros varones, pero después de encararlos y sacar conclusiones, resultó que ninguno de ellos era el responsable. Me contó que luego de ello empezó a recibir detalles, a veces rosas, otros días chocolates. Mi mejor amiga me contó que todo ello le intrigaba en un principio hasta que le llegó una invitación. En ella decia que no podía faltar y que se encontraran en un restaurante. Yuliana no estaba segura de asistir a la salida, pero después de pensarlo y de tomar sus precauciones, por si algo salía mal, se animó y aceptó. Después de esperar unos minutos, apareció el misterioso galán, alto, muy guapo y con un ramo de rosas en la mano. Casi nervioso y balbuceando, le dijo: “¿No te acuerdas de mí?”. Mi amiga al verlo se quedó sorprendida y le contestó: “¿Eres tú?”. Y él le respondió “Sí, el mismo…”.

– Pamela Arteaga Lamadrid

La que ya no soy

Ya no soy aquella muchacha ingenua que salía de casa y olvidaba sus problemas personales y llevaba siempre una sonrisa.
Ya no soy la que se hacía de muchos amigos y confiaba en todos a pesar de que ellos no confiarán.
Ya no soy la que creía en el amor a primera vista y buscaba un príncipe azul.
Ya no soy la que no desconfiaba de nadie jamás y creía que todos tenían buenas intenciones.
Ya no soy la que jugaba, lloraba y amaba abiertamente porque creía que el mundo era inocente.
Ya no soy la que llenaba su celular de canciones románticas y añoraba amar con toda el alma.
Ya no soy la que vivía el presente y no se frustraba con los problemas porque ellos se solucionaban tarde o temprano.
Ya no soy la que le veía el lado bueno a todo y brindaba consejos que solo se aplicarían en un mundo ideal.
Ya no soy aquella a la que le importaba lo que los demás pensaban y si tenían un mal concepto de ella se ponía triste.
Ya no soy la que quería tener muchos amigos a los que podía confiarles todo.
Ya no soy la que creía que la amistad y lealtad eran mutuas.
Ya no soy la que no quería cometer errores para no lastimar a nadie aunque eso significara salir lastimada yo.
Ya no soy la que se quedaba callada y no expresaba lo que sentía.
Ya no puedo confiar abiertamente porque la gente está loca y aquellos que no, tampoco confían.
Ya no puedo entregar una amistad porque las personas lastiman y luego solo se van.
Ya no se puede saludar a un amigo sin que insinúe que quieres algo más y terminas siendo el problema de una relación.
Ya no te puedes enamorar porque siempre lo haces de la persona equivocada y terminas en pedazos.
Ya no te puedes desahogar con un amigo sin pensar luego en que tus secretos estarán de boca en boca.
Ya no puedes creer en las personas porque cada uno tiene sus tormentos y solo quieren librarse de ellos.
Ya simplemente una no quiere saber del mundo exterior y solo te refugias en tus letras y tu almohada.
Porque ese mundo te convirtió en alguien irreconocible, en alguien que no eras, en una versión de ti que jamás pensaste ser.
Pero con la poca cordura que te queda te das cuenta que necesitas aislarte para poder encontrar tu esencia, encontrarte.
Necesitas un respiro y necesitas hacerlo ya porque luego ya no serás jamás la que un día fuiste.

– SS.

La duda

Se me vienen a la mente las encrucijadas de tu piel,

el color incomprensible de tu boca apagada,

tu pelo,

el terrible matiz de cuando callas.

No tengo miedo

al péndulo de tus caderas,

ni al vaivén del dolor colgado entre tu pecho.

Me regocijo en la incertidumbre de tus sueños,

en el instante de tus truncados gemidos,

la añoranza,

la humedad que recorre tu ser

al saberse insuficiente,

la propia vida,

la expresión del fuego suspendido

en tus ojos directos.

Esta noche te enfrento

como espejo repleto y final,

te mantengo

en el curso nocturno de mi vida,

en el trago amargo,

en la soledad de la duda

que recorre tu recuerdo

adornando mis calles.

No es un maldito hecho

No es un hecho que el cauce de un río no se pueda alterar.
Que el rumbo de un cometa no pueda variar.
Que los caminos de tu rutinaria vida desemboquen en un simple tiempo y lugar.
Que mil mareas no puedan estabilizar un huracán.
Que una gota de agua no pueda sobrevivir en el desierto.
Que estando aún despierto no se pueda soñar.
Que el brillo solar no pueda tu corazón calentar.
Que dos columpios pendulen perfectos y armónicos sin un soplo mínimo de brisa.
Que dormirte en la misa sea un pecado.
Que el hecho de dar amor y no ser amado te haga menos.
Que mientras menos sepas más feliz serás.

No es un hecho.
Ni siquiera un maldito punto de convergencia.

– J

Doce uvas

Doce meses
como doce días
a las doce horas
de la noche
bajo el alba.

Doce frases,
doce gritos,
doce amores,
doce risas.

Doce nombres
a las almas
de los seres
durmiendo
embrujadas.

Doce años en las mismas.

Doce llantos,
doce juegos,
doce anhelos,
doce mentiras.

Al final, doce uvas
que solo son uvas
como doce días
postergándose
toda la vida.

Quiero

Suena muy repetitivo pero te volví a soñar, te abrazaba, te tocaba y te besaba, me pertenecías y yo a ti, era justamente todo lo que quiero, toda la felicidad en un sueño.
Pero luego tengo que despertar y no sé ni cómo te llamas, no recuerdo tu rostro, ni tu olor, no sé si existes o no pero aun así me dejas un vacío desolador.
La desesperación se apodera de mi corazón ya que necesito de tu presencia y de tu forma de amarme, necesito de ti.
¿A dónde iré a buscarte?, ¿por quién pregunto?, ¿qué pistas sigo?, ¿o solo existes en mis sueños?, de ser así, no quiero volver a despertar más.
Mi realidad es tan aburrida, desoladora, aún quiero creer que existe el amor y que vendrás por mí, quiero mi historia de amor con un final feliz.
Quiero tropezar contigo por la calle y que nuestros corazones se enganchen para no poder separarnos jamás, quiero que me mires y me abraces.
Solo quiero una caricia y tal vez una vida entera a tu lado, quiero verle el sentido a la vida, a los días de rutina, al porqué de mi existencia.
Quiero un poco de esperanzas y no resignarme a una patética existencia con una vida que no quiero y las cuentas por pagar.
No quiero caer en la monotonía o lo cotidiano de una vida mortal en la que mis problemas son más grandes que mis ganas de vivir.
Imagínate la importancia del amor en la vida de una persona que termina hablando sola y rogando por un golpe de suerte.
Quiero la plenitud y la felicidad completa pero no solamente para mí, quiero compartirla.
Mis sueños son un arma de doble filo ya que me muestran lo que me espera o lo que jamás tendré, benditos sueños que saben muy bien lo que guarda mi corazón.
Bendito corazón que aspira al amor eterno aunque no exista, ingenua mente que imagina escenarios en los que se realizan los sueños.
Ingenua yo que estoy esperando a alguien que jamás vi, que jamás sentí y que probablemente jamás conoceré.

– SS.

El autobús de la vida

Les contaré mi experiencia en esta extraña estación de autobuses. Éramos un enorme grupo de contemporáneos, entre los 16 y 17 años, podría resaltar una incertidumbre generalizada. Me incluyo, sabía que existía esta estación, sabía que alguna vez tenía que estar aquí pero no comprendía cómo actuar o a dónde nos dirigíamos. ¿Es esto normal en la vida?

Una vez en la estación, no pasó mucho tiempo hasta ver como algunos grupos se formaban para charlar y compartir risas por un momento. Identifiqué diversos grupos, como aquellos amigos que se notaba que se conocían de toda la vida, aquellas parejas tímidas que empezaban a coquetear, los chicos que empezaban a prender un cigarrillo y aquellos que simplemente estaban sentados uno al lado del otro sin decir ni una palabra. ¿A qué grupo debería ir? ¿Debería ser de aquellos que resalta con tan solo su presencia o debería pasar desapercibido? ¿Es que acaso tú tienes una sugerencia? No había letreros o señales que explicaran a dónde debíamos dirigirnos, pero había muchos buses esperando. Era evidente que debíamos subirnos a estos. ¿A cuál? La incertidumbre era generalizada, nuevamente. Pero debo comentar que los autobuses eran diferentes. Había aquellos tan sofisticados y modernos, que más parecían buses elegantes de turismo y sus pasajeros subían cómodamente para empezar a acomodar sus asientos, abrir sus bebidas y enrumbarse a donde sea que estuviéramos yendo. Había también buses que no tenían nada de especial, asientos duros, sin ventilación y stickers de «pague con sencillo». Ingresé a uno de estos buses más del montón. No elegí el bus, pero por lo menos tuve tiempo de elegir dónde sentarme. Pasaron algunos minutos y simplemente éramos un grupo de chiquillos tímidos sentados en un autobús que no escogimos y no sabíamos a dónde nos dirigíamos. Partimos, y este momento fue el que realmente me impactó. Arrancamos y por la ventana podía verse cómo corrían tras nuestro algunos chicos, gritando desesperadamente que nos detuviéramos, implorando por un espacio. Vi cómo un chico alcanzó a tocar la puerta del bus, mientras agitadamente imploraba que nos detengamos. Durante esos 10 o 15 segundos, solo alcancé a cruzar miradas con otros pasajeros y realmente no sabíamos qué hacer. La verdad es que sé que no había nada que podía hacer. Los buses ya habían abandonado a quienes se quedaron atrás y podía aún escucharse llantos, gritos y maldiciones.

La tensión inicial desapareció progresivamente a medida que el viaje se desarrollaba y comenzamos a conversar, compartir y divertirnos. Abrieron una botella de alcohol en el asiento trasero, prendieron un cigarro y muchos se atoraron al intentar fumar, bailamos y jugamos. Éramos un grupo de jóvenes que descubría la diversión juntos. Estábamos tan contentos de viajar porque viajar siempre es agradable, no importa a dónde. Al caer la madrugada, estábamos agotados y el silencio predominó. Recuerdo a esta persona, tan amable, carismática y graciosa que se sentaba detrás mío. Planeamos seguir viajando juntos y pasar la vida en un autobús. Nos abrazamos y pude sentir la calidez de otro ser humano por primera vez en mi vida, mi piel se erizó, mi columna vertebral se congeló y creo que amé. En medio de la madrugada, abrió la ventana y muchos despertamos al sentir el viento ingresar violentamente. La persona detrás de mí se paró de su asiento y simplemente se tiró por la ventana. Nada más, simplemente dejó de estar presente. Nadie vio su cuerpo impactar con el asfalto, nadie escuchó gritos, quejas o gemidos. Se fue. Y nuevamente, nos miramos sin saber qué hacer, nos miramos sin comprender qué sucedía. Algunos ni despertaron. Se fue. Alguien cerró la ventana y encontré una nota en el piso que decía «Nadie sabe a dónde va». No se equivocaba.

El autobús paró un momento. Bajamos para estirar las piernas y tomar un poco de aire. Nada especial. Subimos nuevamente y arrancamos, el autobús se encontraba con menos pasajeros que al inicio. Desde la ventana pude ver cómo algunos decidieron no subir y se quedaron viendo cómo partíamos. Probablemente, lo más triste al momento de partir nuevamente, fue ver como un grupo no subió por ir a comprar una botella de alcohol.

Ya no sé a dónde vamos. No sé si alguna vez este autobús se detendrá, si debería tirarme por la ventana en pleno viaje o si debería sentarme al final para beber. Si debería descansar y dejar que el viaje continúe. No sé nada y no sé si es normal no saber.

En el abismo

Caminaste durante horas por un sendero que parecía perderse sobre las montañas. El inicio sin fin, hacía del aire algo tan denso como la mala hierba en los sentimientos que hoy nos invaden. El destino, abstracto e irreal, se pintaba utópico entre la llanura. Sabías que al verlo, lo reconocerías.

En una curva del camino, mientras el amor te distraía la mente y el corazón, un incómodo mosquito cruzó zumbando por el rabillo de tu mirada. Al evitarlo, la salida que andabas buscando se materializó frente a ti. Lo supiste desde ese preciso instante.

A nivel del suelo, una enorme roca y un par de arbustos calmos te invitaron a entrar en un bellísimo paisaje, donde lo verde era altura y el cielo tenía sabor a recuerdo. Lejos, en piso de valle, las pequeñas casas se veían como un sueño del que nadie quiere despertar. Las sombras de las nubes maquillaban la vista y el vértigo se te antojaba más y más con cada segundo que pasaba.

Sin dudarlo, orillaste al borde del abismo. La dicha te envolvió cual pluma bailando en la brisa. Al compás de aquellas canciones que te aceleran la respiración, la noche cayó somnolienta y el tiempo pasó como agua discurriendo en la eternidad.

Todo lo impregnado en ese mágico lugar se te volvió en contra cuando te percataste de que era el momento de seguir. Con mucha paz en el interior, entendiste que de la vida no entendías nada y, durante breves pestañeos, fuiste feliz.

Luego del silencio más absoluto, te dejaste caer. Después de todo, era tu destino. Por fin habías encontrado el lugar perfecto para morir.

Ansiedad

Se acelera el corazón y la respiración, las piernas te tiemblan, no se puede olvidar esa sensación.

A cada instante en cada momento, cuando algo en mi mente me perturba, sea la preocupación, angustia por alguna situación, ahí está.

Aparece como si supiera que la necesito. Pero no es así. Es constante y diaria, como el almuerzo, el desayuno o la cena. Solo la medicina puede hacer que ya no la sienta dentro de mí.

Noches sin dormir, en no dejar de pensar en algo que es ilógico y poco común para muchos. Vienen y van esos pensamientos que se han vuelto obsesivos y dañinos.

Cuando todo parece perdido, te armas de valor y lo enfrentas, decides medicarte y acabar con el martirio.

Pero no es para siempre, es temporal. Terapia para complementar. Conversaciones profundas y confesiones dolorosas que debes sacar a flote para poder sanar.

Y así dos veces por semana, hasta que esté preparada para decir, finalmente, que ya puedo dejar de preocuparme o ponerme nerviosa y dejar de sentirme incómoda cuando socializo con la gente.

Parece fácil el proceso; pero es difícil, agotador, a veces quieres tirar la toalla y decir que no quieres avanzar, pero es necesario. Treinta años han tenido que pasar para poder darme cuenta de que debo de sanar. Sanar para poder vivir en paz.

– Pamela Arteaga Lamadrid

Cavoli riscaldati

Lo nuestro era un ocaso
con tintes de color azul.
Un día de verano sin eneros,
una noche de enero sin domingos.
Lo tuyo era el escondite.
Lo mío, un usado corazón.

Ay, ¿dónde estás?
No te veo.
Y mis manos escaparán de mí
hasta saber pedir auxilio.

Ay, ¿a dónde vas?
No te encuentro.
Y eres ser de silueta borrosa
entre lluvia y aguacero.

Ay, ¿dónde te veo?
Si ya no estás.
Si ya no quedas cerca.
Si ya me tienes lejos.

Será que todavía eres amada,
será que tu calor hace frío,
será que, entre nos, ya no te quiero.

Y, aun así, te seguiré esperando,            
como quien está harto de la vida
pero no se cansa
de vivir.

Jirón penumbra

En la mirada de las aves polvorientas vi caer toda su tristeza,

por las calles de viejos pasos y fantasmas vivos.

En el jirón de todos los muertos se detiene y compra el pan, como siempre,

después de la supuesta carrera de la vida,

después del orden reflejado en un cristal de cien años,

presto a la ruptura

como si de barros secos se tratara,

como si al final de pasada la luz

los sueños valiesen

lo que dos o tres panes.

Qué angustia

Habían pasado varios meses desde que no recibía esas llamadas misteriosas, ni siquiera recordaba cuándo fue la última vez que, asustada, tomé el teléfono al escuchar sonar incansablemente el tono y que nadie contestó del otro lado. Llovió mucho esa tarde. Caminaba rauda por la calle mojada por la tempestad cuando llegué a casa y vi que la puerta principal estaba abierta, mis piernas temblaban. Hace un rato quería estar dentro para refugiarme de la lluvia, pero ahora no quería ni asomarme. Pensé “me han robado”. Estuve varios minutos quieta, respirando lentamente y sin hacer ruido, ninguna palabra quería salir de mi boca. Quería salir corriendo, pero mis piernas no respondían. Una voz interrumpió mi angustia. “¡Señorita! ¿Qué sucede? ¿Por qué no entra? Hace mucho frío”. Sus palabras me dieron valor y grité: “¡Me han robado! ¡Por favor, llame a la policía!” El amistoso hombre dejó lo que estaba haciendo y fue en mi auxilio: “¿Cómo así?”. Le expliqué detalladamente lo que había encontrado. Dijo: “No se preocupe, veré qué sucede”. Yo seguía en la puerta, podía mover ya mis piernas pero no tenía el valor para entrar. Mi amable vecino gritó “¡Señorita!”, yo salté del susto… “¿Hay alguien ahí?” demoré unos minutos en contestar y me dijo “No. No hay nadie. Puede entrar”. Entré raudamente pero aún seguía asustada. Solo pude pasar hacia la sala y el vecino se acercó, me dijo “Parece que alguien estuvo aquí y dejó esto…” Me entregó un sobre que decía “Ábreme cuando estés sola”. Mi vecino me aconsejó denunciar el hecho pues podría estar en peligro y se fue. Cuando logré abrir el sobre, aparecieron ante mí varias fotografías mías en varios lugares anotados, además las fechas y días en los que estuve en esos momentos. Además de una nota que decía “Yo lo veo todo y sé todo”.

– Pamela Arteaga Lamadrid

Hablemos

A pesar de que no pasó mucho tiempo y aún las heridas están abiertas, déjame mirarte solo un momento más.
No imaginas todas las noches que te he llorado y no trato de victimizarme, solo déjame mirarte un poco más.
Y aunque no pueda abrazarte con todas mis fuerzas en este momento, solo hablemos un poco más.
No pediré disculpas, no trataré de dar explicaciones, no me justificaré, solo déjame expresarme.
He aprendido a vivir con mi propia culpa y arrepentirme en silencio, he meditado lo necesario y un poco más.
Quise entender mis propias acciones, quise entender el porqué de mis decisiones y no encontré respuesta.
Eso me hundió más, no saber ni qué es lo que quiero, sentir un vacío y tratar de llenarlo con impulsos y nada más.
Quiero que me creas pero no sé cómo hacerlo, solo puedo mirarte a los ojos y esperar que cambien de expresión.
Deseo que salgan algunas palabras de tu boca y que alivien el peso que hay en mis hombros solo un poco.
Pero también entiendo que todo lo sucedido no se borrará con solo una charla, el daño fue constante.
No imaginé que tarde o temprano mis demonios me alcanzarían y te arrastrarían conmigo.
Entonces, cuando te vi en lo profundo, pude entender que había llegado al límite y ya nada más podía hacer.
Y tomé la última decisión que terminó de hundirnos, huir; y me escondí lo más que pude porque no podía mirarte a los ojos.
Quedamos en nada, como si el tiempo se hubiera detenido, no existía un mañana, no existía nada más.
El corazón quedó en reposo absoluto, no sentía dolor, no sentía miedo y tampoco rencor, solo latía un poco y nada más.

Podía tener un poco de paz diciéndome a mí misma que fue mejor irme de tu vida, no podía hacerte más daño.
Pero seguía equivocada, ahora te veo y me arrepiento de no haber estado a tu lado y cumplir mi condena.
Pretendía enmendar mi vida sin una parte esencial de mí, quería vivir feliz huyendo de mis culpas.
Necesito que me digas que no soy una mala persona, que merezco tu perdón y que puedo levantar la cabeza.
Toma la iniciativa y abrázame porque lo necesitamos, necesitamos llorar y olvidar el pasado.
Así podré tener el valor de decirte que necesito de ti y que fui una tonta por no valorarte un poco más.
Sé que tu confianza no la recuperaré con palabras o lágrimas y si te das la vuelta y te vas lo entenderé.
Aunque apuesto mi vida a que tú también quieres saber que pasará mañana con esta historia.
Hablemos de la vida, del amor, del perdón, hablemos todos los días y a toda hora, hablemos de mí, de ti y de todo un poco.
Cuéntame cómo es que te hiciste más fuerte, cuéntame porqué las cicatrices, las sonrisas, cuéntame porqué no te fuiste.
Y yo te cuento porqué regresé, porque te busqué y cómo supe que te encontraría donde te dejé.

– SS.

Mis raíces

Como lentas corrientes

empujadas de huracanes,

mis raíces profundas se mueven,

van a mirar en los ojos de los rebecos,

en los bolsillos de los recuerdos,

dentro de un libro

donde he subrayado mis frases preferidas.

Mis raíces se mueven con las sombras

en la pared,

danzan sobre los candados oxidados

de rejas abiertas,

en los charcos de la calle.

Se paran en las etapas intermedias del viento,

cada una respira un viento distinto,                                                         

quién sabe si un día se detendrán.

– Yuleisy Cruz Lezcano

Versos que no son besos

Hay versos, que no son besos
hay besos que solo quieren un poco de afecto
y hay versos que son un «gracias»
hay versos que son un abrazo
y hay versos que son un «lo siento».

Quiero tu cariño,
y quiero darte a párrafos
por favor, recibe estas líneas
por favor, no ignores mi aprecio.

Quiero tu cariño,
pero confundiste este verso con un beso
cuando solo es un «lo siento»
yo quiero tu cariño.

Ahora, pides un consejo
ahora, pides un amor
ahora soy quien tiene versos en fuego
ardiendo de rabia
porque tu orgullo lo quemó.

Si te busco
que sea para darte a versos
que se mojen los papeles
que vengan fluidos eróticos
que se derramen lágrimas de lamento.

Deseo

Quiero adoptar un perro

para pasear por esta ciudad inerte

para evitar confundirme

con la muchedumbre que no sabe

de ser muchedumbre.

Quiero adoptar un perro

que sea solo mío

para no ser de nadie

de ninguna raza,

de ningún dueño,

un bastardo como yo

para ladrar a las sombras.

Quiero adoptar un perro

para verme con él

en la sombra del puente

para descifrar mi norte

cuando él mueve la cola

y flotar junto al viento

y todas sus corrientes.

– Yuleisy Cruz Lezcano

Diario

El señor cualquiera,

se sentaba todos los días

dos horas en la rutina,

con lentitud que parecía sabiduría

y no de edad, de melancolía.

Sentado en el mismo banco polvoriento

escuchaba el último aliento

de las hojas que caen,

el primer aliento

de las hojas que nacen.

Allí en la plazuela,

de frente al santuario,

leyendo un diario,

hoja por hoja,

pasaban las palabras

por sus manos arrugadas

y con las palabras, fotos estrujadas

entraban en su mirada,

en su respiro profundo.

Y desde un extraño mundo

el amor que podía ser

lo esperaba.

– Yuleisy Cruz Lezcano

Amo

Del reflejo de los astros amo

las estrellas suicidas que encuentran

tierra fértil en la caída

sin comprender que la vida

es un instante.

Las amo como amo los muertos

excavados, despejados del cuerpo

perdido en la neblina que pierde

las palabras que interrogan la vida.

– Yuleisy Cruz Lezcano

Seguro de vida

–¿Usted fuma?
–Ocasionalmente
–¿Qué tan ocasionalmente?
–Uno a la semana, tal vez dos.
–Ya veo… ¿Padece alguna condición cardiaca?
–Me han roto el corazón varias veces.
–¿Ha sufrido lesiones de gravedad?
–Mi espíritu es inquebrantable, siempre ha salido ileso de las más duras batallas
–¿En su familia hay antecedentes de enfermedades hereditarias?
–Mi padre y mi abuelo eran románticos empedernidos.
–Ok… ¿Su trabajo o pasatiempos lo exponen a riesgos o accidentes?
–Soy escritor, el único riesgo en mi vida es no encontrar la palabra adecuada.
–Señor, si no va a tomar esta entrevista con seriedad, no hay nada que pueda hacer por usted. Gracias por su visita.

Don Julio salió de la oficina de seguros con la misma certeza que lo inundaba al entrar en ella: su vida, tortuosa e inverosímil, seguiría siendo un largo camino a la miseria. Al emprender marcha, mientras se despedía con un ademán tosco y grosero, encendió con elegante dificultad su sexto cigarrillo de aquella mañana.

Como la neblina

Me iré en el partir,

antes de la hora habitual,

antes que el gallo cante…

tal vez después sabrán

el lugar de donde no hablo.

Bastará saber que desaparecí

y que no sé si encontraré

la vía del regreso

o si quiero encontrarla.

No es fácil desaparecer,

mantenerse desaparecido

en el decir a alguien que existo.

Testigo es la neblina que está

frente a mí

tentadora como el deseo

de la casa propia.

Desapareceré en las fotos

de rostros consumados,

en la neblina que duerme

donde se disuelven las palabras.

Nadie me hallará en el corolario

de mutaciones que acogen

visiones de vapores,

seré en las gotas de agua

evanescente,

nebuloso ser que regresa al origen

sin respuesta al posible

que hubiera podido ser.

Considerando que la existencia

otra cosa no es que una pregunta,

yo y la neblina somos dos almas juntas

con el derecho a la trascendencia.

– Yuleisy Cruz Lezcano

I

En algún pequeño espacio del recuerdo tú sonríes,

despistada (o), colmada de insipiencia, bendecida.

Quisiera tampoco saber del sol u octubre,

ni del lamento de la calle quechua ni del fonema roto que entorpece tus palabras.

Únicamente espero el culmen nocturno, pasados tus cabellos, post media noche, después del tormento.

En la mezcla de los licores se acrecienta el tufo del amor,

la bebida rancia pero dulce, o espejo o las flores,

la quietud del espacio entre el sopor y la muerte, o los labios o el vientre.

Te desgarro

y se desgarra el mundo.

Fuego e indiferencia

Al cerrar la puerta me tomas por el cuello y me pegas contra la pared, me besas como si nunca lo hubieras hecho y me tomas por el pelo mientras saboreas mi cuello con tu lengua, poco a poco vas rasgando mi ropa para dejarme totalmente desnuda, trato de seguir tu ritmo pero no puedo, luego me dejas parada mientras tú subes tus manos desde mi tobillo hasta mis nalgas y en un instante estoy rodeando tus caderas con mis piernas para que así puedas tener mis senos a tu disposición, mientras me besas vas posando mi cuerpo en la cama y sin esperar demasiado separas mis piernas con total seguridad, entonces somos uno, somos fuego, debería gemir o gritar pero mi lengua está muy ocupada con la tuya y mis manos estrujando las sábanas mojadas, entonces bajas tu ritmo pero solo para darme la vuelta y cogerme arrodillada, yo solo me dejo llevar porque sabes que me gusta que me sometan y te gusta someterme, el adormecimiento no me impide disfrutar del mejor sexo de mi vida, hasta que por fin ambos satisfechos finalizamos con un beso. Ya para el final, nos abrazamos y dormimos unas horas para luego vestirnos.

Entonces salimos del hotel, cada uno por su lado y es cuando caigo en  cuenta que solo en la cama somos felices, que solo unas horas me perteneces, que solo un momento me amas, que no sabré de ti hasta que una noche me digas que me deseas y yo aceptaré porque soy débil y porque también te deseo, te deseo a más no poder, tanto que se me olvida tu conveniente indiferencia y ausencia en los días posteriores, se me olvida que no escribes, que no llamas ni preguntas, pero aun así yo siempre te responderé y te daré encuentro a donde tú me digas para poder ser fuego las veces que quieras.

– SS.

Epitafio

Te perdono,

muerte de la carne,

humillación del hambre,

repentinamente taladrada

de la voz callada

cuando se va la vida.

Perdono la indignación encendida,

no puede ya desgarrar mi pecho.

Mi corazón está hecho

de ojos que parten

de una isla de sombras.

La sola cosa que me nombra

es un epitafio.

– Yuleisy Cruz Lezcano

Como si hubieras muerto

Te lloré los primeros días como si hubieras muerto, no podía verte, tocarte, llamarte.

Pero sí podía pensarte día y noche, extrañarte, añorarte, como si nada hubiera cambiado.

No quisiste quedarte porque tu realidad superaba nuestro amor y yo no podía esperarte.

Sabía que mi futuro a tu lado no sería el esperado, que jamás tendría mi lugar en tu vida.

Pero si tan solo me lo hubieras pedido, habría dejado todo y entregado más aún.

Yo quería una vida contigo, quería una familia, anécdotas, navidades, quería tu presencia.

Pero no se pudo y ahora, cuando al fin pienso que ya te superé, vuelves en mis sueños.

Revives mis más grandes temores, el de tenerte y luego perderte. Entonces vuelvo a amarte.

Como si el tiempo no hubiera pasado, como si el destino no hubiera echado sus cartas.

Mis sentimientos me sabotean y quiero verte, quiero buscarte y poder hacer el amor.

Y la impotencia me carcome porque solo estoy en mi cama con la almohada mojada y el corazón roto.

Deseando perder la memoria y jamás recordarte porque fuiste el que me enseñó a amar.

Pero también fuiste el que me enseñó la desilusión, la desesperación y la locura.

Cómo olvidar cuando me humillé por querer besar tus labios y tocar tu piel.

Cómo olvidar cuando me traicioné a mí misma como mujer queriendo conformarme con poco o casi nada.

Solo me queda aceptar que nuestra historia ya tuvo su final, ya fue contada.

Y por mucho que quiera cambiarla se necesita de otra vida para poder continuarla.

Tal vez, cuando nuestras almas se reencuentren, podrán vivir el amor que dicen sentir.

Entonces podremos tener un poco de paz ya que ninguno luchó por el otro.

Tú, consumiéndote por lo terrenal, me dejaste ir y yo, elevándome por lo ideal, floté tan lejos como pude.

Ahora te lloro como si hubieras muerto y en teoría es así porque solo me quedan recuerdos tuyos.

Recuerdos que poco a poco se van borrando junto con mi ilusión de algún día poder volver amar.

– SS.

Ladrones del tiempo

Mi nombre es Doniyor. Mi vecino Abdullah y yo nos hemos hecho amigos cercanos. Un día no pudimos encontrar ninguna forma de divertirnos. No teníamos objetivo. No sabíamos qué hacer. Cuando estábamos haciendo algo con un trozo de madera, mi padre se despertó de repente. Tenía los ojos entreabiertos cuando dijo:

“¡Oigan, ladrones de tiempo! ¿Están perdiendo el tiempo?”

No entendía en absoluto el significado de los «ladrones de tiempo» de mi padre. Quise preguntar, pero él se durmió.

Mi amigo Abdullah también preguntó «¿Somos ladrones?»

Cuando llegó el día, entró en su casa. También me quedé dormido por el agotamiento. Pero recordé que llegaría tarde a la escuela, así que rápidamente me lavé la cara y tomé té a toda prisa.

No recuerdo lo que comí. Pensé que llegaría tarde a la escuela, pero la clase aún no había comenzado. Tan pronto como llegué, entró el maestro. Todos saludamos al maestro con respeto.

“¡Mis queridos estudiantes! Estoy encantado de verlos. Mi alegría es ilimitada.”

Justo cuando nuestro profesor nos estaba explicando el tema, uno de mis compañeros entró y dijo: «Profesor, lo siento, llegué tarde hoy».

“Doniyor, no llegues más tarde”, dijo el maestro. “Esta vez te perdono, pero la próxima vez te castigaré”.

“Queridos alumnos”, dijo el maestro, “debéis construir un nuevo Uzbekistán y, al mismo tiempo, justificar la confianza de vuestros padres, dispuestos a dar la vida por vosotros. Si te vuelves famoso, estaré orgulloso de decir en la calle que le enseñé a este estudiante”, dijo.

Estas palabras de mi maestro tuvieron un efecto especial en mí y aumentaron la confianza en mí mismo. Varios susurros comenzaron en el salón de clases.

«¿Vendrás a mi cumpleaños mañana?» También escuché esas palabras. Estaba claro que nuestro maestro también escuchó estas palabras.

«Ladrones de tiempo», dijo el maestro. Su mirada aguda hacia los estudiantes estaba marcada por el arrepentimiento. «Ladrones de tiempo».

Había escuchado estas palabras de mi padre mientras jugaba con mi amigo. Por eso no me extrañó escucharlas.

Mis compañeros de clase estaban atónitos.

Doniyor temblaba de miedo, como mi amigo Abdullah, como si hubiera cometido un crimen.

«Doniyor, ¿por qué estás temblando?» preguntó el maestro.

“Nos llamaste ladrones, ¿verdad? Después de todo, ¿no se castiga a los que roban?”

“Los ladrones de tiempo son castigados por el tiempo mismo. Al hacerlo, te estás haciendo daño a ti mismo.» dijo el profesor.

“Maestro, no entiendo el significado de esta oración en absoluto. Cuéntenos sobre el robo de tiempo”.

“Por lo general, los que roban son castigados”, dijo el maestro. “Los ladrones de tiempo no son una excepción. Es cierto que el ladrón del tiempo no es castigado. Ni siquiera es responsable ante la ley. Pero perder tu tiempo ahora es equivalente a robar tu tiempo, tu futuro. Si dedicas todo su tiempo a la ciencia, ahorrará tiempo y te convertirás en una persona destacada en el futuro.”

“¡Oh! Mi amigo Abdullah y yo somos los ladrones de nuestro futuro”, pensé.

Estas palabras del maestro me inspiraron y en ese momento me di cuenta de lo que era un «ladrón de tiempo».

Incluso volví a nuestra casa a toda prisa: “Abdullah, ¿estás ahí? A partir de hoy, puedo decir que entiendo el valor del tiempo.”

“Sí, Abdullah, entendimos, ahora no debemos robar nuestro tiempo, solo estudiaremos. En el futuro, estaremos entre las personas destacadas mencionadas por mi maestro.” “Estoy de acuerdo contigo.”
¡No pierdas tu tiempo! ¡Siempre recordaré que el tiempo es un trofeo!

– Abdumominov Abdulloh

Los ojos no son suficientes

La poesía de la naturaleza en unas fotografías
desde el infrarrojo
al ultravioleta
el universo se revela.

La belleza no se ve
se traduce a colores
y se escucha en La Menor
se siente en Do Mayor.

Es que tanto escándalo por unas fotos
que ocultan la creación,
que tu dios ha muerto hace mucho
y el amor ha triunfado.

Tal vez captamos una familia destruida
tal vez unos amantes sufriendo
tal vez materia que se alimenta
tal vez, todo pasado y nuestro futuro.

Otoño del cuerpo

Existe un momento

en el corazón del otoño

hecho de neblinas,

de epitafios cantados

por el viento.

Existe un momento

no acariciado por el tiempo,

sin contornos nítidos,

donde la lluvia engendra

respiros evanescentes

de nostalgias omnipresentes

cerradas en la voz

de una hoja que cae

del árbol cóncavo

de mi garganta.

Existe un momento,

donde el ruiseñor canta

a la lágrima rota

y el aire mudo calla su aliento

sobre la muerte que flota.

Existe un tiempo

en el que mi cuerpo es apenas

una gota,

rocío al extremo de una hoja,

abierta al aire

de la tarde recogida.

Existe un momento

en el que la vida

va en hibernación

sentada en un rincón

donde ya la noche

toca fondo.

– Yuleisy Cruz Lezcano

Las tijeras de podar rosas

Hoy estuve en el jardín podando las rosas y mi nieta Natalie, esa personita maravillosa y encantadora que la vida me dio, que es la personificación de la inocencia y vivacidad, se acercó y preguntó:

– ¿Abuelita, cuando eras niña, todo era diferente? ¿Cómo era tu casa?

En un segundo mi mente me traslado al pasado, a mis tiernos 4 años, con la falda ajedrez escoces, zapatitos de charol y mediecitas blancas. En un tiempo en que no existían robots ni aparatos inteligentes para delegar las tareas domésticas. Cuando no estábamos familiarizados con los los televisores, los teléfonos móviles, los ordenadores y otros dispositivos inalámbricos que han aparecido en nuestras vidas. Pero, además, no existía la increíble cantidad de artefactos que disponemos ahora. Entonces, nos dábamos tiempo para cortar el césped, para limpiar la casa, amasar el pan…

Lógicamente, no podíamos soñar que un día los robots cortadores de césped o las hidrolimpiadoras y muchos aparatos que funcionan de forma autónoma, que nos permiten desligarnos de tareas para las que no tenemos tiempo, existirían y los utilizaríamos con tanta naturalidad.

Además, no nos importaba mucho el medioambiente, como ahora que todos los sistemas son ecológicos y sostenibles evitando la contaminación ambiental.

Las estufas eléctricas o las estufas de pellets son un buen ejemplo de esto, ambas con sistemas de bajo consumo y un funcionamiento que evita la emanación de residuos tóxicos, no depredan la naturaleza y empiezan a calentar solas, basta con dejarlas programadas. Ya nadie se imagina el crepitar del fuego en la chimenea… tampoco pueden imaginar el olor de la carne asada a carbón o el pollo cocido a la leña.

Ahora el jardín se moja solo con un sistema subterráneo que mantiene la adecuada humedad de las plantas.

Miré firmemente a mi pequeña nieta, le acaricié el pelo sin saber por dónde empezar a comunicar las diferencias abismales entre su mundo y el mío… con la voz parsimoniosa le dije:

– Mí niña linda, yo nací y crecí en el mundo antiguo donde las comodidades que eran modernas, ahora son tan antiguas que hasta son chistosas… no existían máquinas con inteligencia artificial en el cotidiano, las comodidades no eran accesibles a todos; aún no vivían entre nosotros los extraterrestres y el planeta era un caos. Existía todo tipo de miseria y la paz era un sueño, un ideal que parecía inalcanzable. Yo nunca pensé que fuera vivir tanto y llegar a ser tan vieja como para ver tantos cambios.

Los cambios empezaron, precisamente, en el año 2021. En el primer minuto del primer día del año. Era de noche, en aquella época el planeta tenía otra inclinación, entonces, cuando la mitad del planeta estaba en el día, la otra mitad estaba en la noche. Cuando unos estaban en invierno, los otros estaban en verano. No era como ahora que el sol aparece y se oculta para todo el planeta al mismo tiempo. Además, había luna…

Pues, bien, las personas estaban en la calle saludando el nuevo año de manera primitiva, con fuegos de artificio y haciendo exageraciones como beber sin medida. Entonces, aparecieron miles de miles de naves espaciales y derramaron una especie de llovizna que cayó sobre todos los seres vivos del planeta Tierra e, inmediatamente, los perros y gatos empezaron a hablar, las personas se olvidaron del mal y todos empezaron a trabajar en sintonía, adaptándose instantáneamente a la nueva vida. A cada ser humano fue asignado un extraterrestre que le ayudaba a comprender el nuevo orden y a adaptarse a las nuevas tecnologías.

Así, desaparecieron las lavadoras de ropa, porque ahora tenemos estas vestes auto limpiantes que podemos cambiar su forma y color solamente con nuestro pensamiento cuando tocamos su etiqueta.

Ya nos alimentamos de otras cosas, como el maná que bebes en tu taza de cristal cada día. Y no faenamos animales y estamos en harmonía con la naturaleza.

La casa era diferente porque necesitábamos más cosas para poder vivir con cierta comodidad. Te explicaré una a una, pero otro día. Hoy te diré que todo ha cambiado y el amor impera en el planeta y nadie, de las nuevas generaciones, conoce lo contrario. Pero lo que sigue igual y no entiendo por qué, son las tijeras de podar las rosas.

Publicado en la Antología: “Ampulheta@: Crônicas futuristas”. Christina Ramalho –I. ed. –Natal/RN: Lugraf, Brasil (2020).

– Márcia Batista Ramos

SOBRE LA AUTORA:

Márcia Batista Ramos, nació en Brasil. Licenciada en Filosofía. Es gestora cultural, escritora, poeta y crítica literaria. Es columnista en la Revista Inmediaciones, La Paz, Bolivia y en periodismo binacional Exilio, México. Publicó: Mi Ángel y Yo; La Muñeca Dolly; Consideraciones sobre la vida y los cuernos; Petty Barrón De Flores: La Mujer Chuquisaqueña Progresista Del Siglo XX; Tengo Prisa Por Vivir; Escala de Grises – Primer Movimiento; Rostros del Maltrato en Nuestra Sociedad; Dueto; Escritoras Cruceñas, Caballero, Reck & Batista; Escritoras Contemporáneas Bolivianas, Caballero, Decker & Batista; Caspa de Ángel – antología de cuentos, crónicas y testimonios del narcotráfico, Batista-Ramos & Carvalho Oliva. Es colaboradora en diversas revistas internacionales.

Sombra

Estoy muy cansado
Ya me cuesta despertar en las mañanas
Cada noche al acostarme
Ruego a los dioses que esa sea la ultima

Ya no soporto el dolor
Cada vez me cuesta más respirar
Cada aliento que tomo
Es como una cuchilla en mis pulmones

La comida ha perdido su sabor
No importa que ingiera
Todo me sabe a una nada completa
Asquerosa y sin sentido

Creo que solo despierto en las mañanas
Impulsado por las promesas que jure cumplir
Impulsado por ese honor y orgullo que un día defendí
Pero incluso eso ya esta perdiendo importancia para mi

Todo ha perdido su valor
Todo ha perdido el color
Vago por este mundo como un espectro
Un ser sin alma ni corazón, uno que solo espera el final

(*) Errores expresamente intencionales del autor.

BERSERK

Tonto, a veces el fatuo, 

loco y medio vivo. 

Risas y torrentera funesta, 

lirio medio crespo sobre el río, 

suerte de sirena en mar medieval. 

El berserk sin su amada, 

al que le falta un ojo y lleva un solo brazo;

son dos caminos bifurcados, 

yo tomé el menos transitado, 

eso marcó la diferencia;

solo en memoria del amor, 

mis pasos volverían a andar sobre el fuego,

solo deseaba volver a casa, 

si tu mirada cristalina aún me esperaría. 

El más valiente con la idea más clara, 

de lo que hay enfrente de sí, 

la gloria y el peligro por igual, 

sin embargo comienzo a buscarlos. 

No caminamos junto a la muerte, 

es lo que aborrecemos, 

la combatimos hasta el final, 

sin poder ser los vencedores. 

Los lazos, cosas frágiles, 

suelen romperse bajo tensión.

Una vez rotos, 

ya no habrá nada que ganar; 

prefiero dominar mis emociones, 

sin la  indulgencia del pasado vengativo. 

Sin saber qué hacer,

cuando encuentras la verdad,

como el otoño se lleva la primavera, 

es lo inherente de vivir el ciclo, 

entender que ya te has ido,

que dejaste libre al invierno,

congelaste el viento en mi sosiego, 

y deshojaste los sauces

con tu soplido carmesí.

Los malcriados

Se aman por las noches,
se aman a oscuras,
a bajo volumen su música favorita
o ensordecedores ruidos.

Estos jóvenes se aman con todo el cuerpo
sobre la cama en la que duermen cada día
o un cubículo acompañado de un inodoro
amor eterno le llaman ellos.

No son el molde de sus ancestros
cada vez son peores
bailan, pintan y lloran
se aman a las 3 a.m. y 3 p.m.

¡Ay mi amor eterno!
Me dejaste por idiota y te dejé por llorona
no hay diferencia
de eterno eran los segundos
antes de que abras tu alma.