A partir de entonces

Éramos como dos pequeñas florecillas pululando bajo una eterna primavera. Al recordar su advertencia, oculté mis fervientes deseos de besarla. El color de sus labios se asemejaba al de una nube en el atardecer más hermoso de mi vida y la esponjosa caricia de sus roces podía llamar la atención de cualquier incauto. Mis ganas se multiplicaban a cada segundo transcurrido pero su apercibimiento era tan claro como el agua del que no me dejaba beber.

“No lo hagas, no te atrevas, después de esto no habrá marcha atrás”.

Pronto, la fuente de inspiración se vio trunca en un callejón sin salida. Su miedo, indescifrable y latente, nos estaba carcomiendo con voracidad. Me acerqué un poco para estimular alguna reacción suya y ella solo atinó a voltear el rostro, simulando que no me conocía.

Recordé también, como quien encuentra una aguja en el pajar, la sutileza de su sarcasmo. Aquel arma de doble filo que ponía en tela de juicio a cualquier dicho, idea o frase que pronunciaran sus palabras. Ahí me di cuenta que no nos encontrábamos en una situación excepcional. Toda esa pantomima se resumía en la más frívola invitación a intentarlo y atenerme a las consecuencias.

En ese momento, volvió a girar para encontrarme de reojo y su pícara sonrisa fue suficiente. Lo supe apenas las pupilas se encontraron. Caí en su abismo lo más rápido que pude. El acto fue fugaz y sin dar tregua a ningún tipo de reacción.

Nuestras bocas quedaron estampadas desde aquel instante y para siempre.

Y, a partir de entonces, no me arrepiento de nada.

Monedas falsas

Don Rómulo estaba furioso. Luego de un fuerte intercambio de palabras con un veinteañero que la había cerrado el paso, el viejo comenzó a calmarse a pedido de sus turbados pasajeros. La avenida de la Cultura siempre ha sido un caos a las cuatro de la tarde, sobre todo si uno se dirige al centro. A esa hora, el brillo del sol te da en toda la cara como el puñetazo de un púgil en formación.

En la puerta del bus, como siempre, estaba Joselito. El oficio de cobrador no era algo ajeno para él. A sus trece años ya se conocía de memoria todos los paraderos de la ruta y esto le ayudaba a darse sus gustos en cabinas de internet y cigarrillos baratos que nunca podía terminar. Experto en pedir sencillo y calcular el vuelto con rapidez, el pequeño sagaz ya tenía la viveza criolla impregnada en la mirada.

Pasado aquel día y varias vueltas después, el dúo decidió hacer una ronda final para terminar su jornada. Saliendo de la ciudad, entre las asociaciones pro-vivienda y con la noche encima, solo quedaba un transeúnte en la fila del fondo. Joselito se le acercó para cobrarle el pasaje.

Cuando volvió a la parte frontal del vehículo, el niño se quedó mirando con detenimiento la moneda que el hombre le había alcanzado. Cargado de un largo lapso de duda, se levantó a regañadientes de su comodidad y fue a encarar la osadía de su último cliente.

–Está falso.
–¿Disculpa? – respondió el solitario.
–Esta moneda es falsa, tienes que darme otra.
–¿Cómo no te fijaste y me diste el vuelto?, ya no te la puedo cambiar.
–Pero está falsa, no seas vivo –replicó el niño con un nerviosismo que crecía como espuma sobre su cabeza.

Desde adelante, don Rómulo se había percatado de la tensión e intervino sin dudarlo. Clavado en su asiento, intentó girar la cabeza y vio con el rabillo del ojo que el joven se negaba a pagar nuevamente.

–Ya pues amigo, hay que ser honestos –dijo el viejo.
–¿Disculpe?, yo ya le di mi pasaje al niño y él me dio el vuelto, no es mi culpa que no se haya fijado, además, ¿cómo sé que no me está dando otra moneda?

Joselito sintió una indignación tan grande que quiso insultar al hombre de la última fila. Se acercó a él con la rabia ardiente y una intención peligrosa que parecía ahogarse en sus párpados inundados de inocencia. Antes de que pudiera articular palabra, el pasajero le dijo que no le pagaría de nuevo y lo mandó al diablo de manera sutil.

Don Rómulo, impaciente, había girado todo el cuello y parte de su torso para recriminar el cambio de sencillo. Cuando ambos miraron al conductor, lanzaron un grito aterrador que rompió la tensión en mil pedazos.

El viejo dio una vuelta inmediata y las luces altas del camión que venía hacia él lo cegaron en un instante. La maniobra sobre el volante fue rápida y violenta. El bus, que estaba invadiendo el carril contrario, tambaleó con fuerza brusca sobre sus llantas. La fricción del caucho y el asfalto derivó en un chirrido infernal fundiéndose con un bocinazo eterno. En cuestión de segundos, ambos ruidos se perdieron en el camino mientras los habitantes del vehículo se alejaban milagrosamente de la desgracia.

El alterado pasajero comenzó a recriminar la falta de atención del chofer y pidió bajarse en el siguiente paradero.

–Aprende a conducir, viejo de mierda.

El silencio fue sepulcral hasta que el dúo llegó a su destino. Incluso allí, ninguno de los dos pronunció palabra. Estaban congelados, como si la vida aún pasara frente a sus ojos.

–¿Qué sucedió, don Rómulo? –preguntó el niño.
–No lo sé, Joselito –respondió el viejo al mismo tiempo que su mano temblorosa apagaba el motor del bus–. Creo que a veces le temo más a las monedas falsas que a la muerte misma.

Cuando él bajó del carro, el niño se quedó pensativo, como esperando algo que jamás llegaría. En ese momento, se dio cuenta de lo hermosas que eran las estrellas.

Imagen posterior

Del otro lado del corredor permanece el reflejo,

el mismo quiebre y resplandor esquivo,

en el centro el rostro de los ritos oscuros,

la silueta deforme del no cuerpo,

no hay piso para ese gran cañón infinito,

o ese mirar sombrío desde el frente.

Atado a cuerdas somníferas, los ojos resisten,

no cerrados, desaparecen.

Llamo a las imágenes contrapuestas de mí

sin que sea posible esa respuesta,

permanezco general, extenso e infinito,

soy yo sin serlo

la imagen posterior

reflejada en mí

sin mí,

soy la rendija del otro lado del rito,

perenne, no roto,

final.

Dioses

Vamos a salir un poco de este espacio
y declararnos dioses.

Dioses que han existido desde siempre,
manipulando lo efímero
y evitando su eternidad.

Vamos a reencarnar todas las vidas
para ser niños de nuevo
jugando a la inocencia cortada
entre notas musicales
en medio de la guerra.

Vamos a olvidarnos de la muerte
bajo el dolor de ser humanos
mutando a lo infinito
sobre las heridas frescas

de los que vienen
de los que se van.

Vamos a celebrar los restos
por todo el giste derramado
con un brindis en el aire
y mil versos en las lenguas.

Recordando lo esencial,
sin despedirnos todavía.

Vamos, salgamos de este espacio
y declarémonos dioses.

Dioses existiendo para siempre,
evitando lo efímero
y manipulando la eternidad.

RIMA

He escrito poesía
Por más de 10 años
Rimas basadas en mi historia
Esa oscura que he vivido desde niño
Por eso, a veces son frías
Como el agua que en las madrugadas sale del caño

Pero algunas veces
Son calientes como la lava
Rimas que te hacen calentar la sangre
Rimas que te llevan a luchar a la calle
A golpear a algún rojo camarada
O a llevarle serenata a tu amada

Unas pequeñas rimas
Que me salen del subconsciente
Uno tan caótico
Que no sé cómo logra darles sentido a las palabras
Para poder dar una idea concisa
O por lo menos una idea comprensible

AQUELLA ESTRELLA

Dicen que no podemos vivir sin compañía, 

pero seguimos respirando,

a la soledad del tiempo,

sin la espera de nadie quien nos salve,

como si fuera un esfuerzo carente de mérito. 

Cada ojo suyo es diferente, 

cuando la miras te sientes extraño, 

ella aparecía ahí sin que me diera cuenta, 

siempre me pedía la misma canción,

sin ningún esfuerzo ella sonreía, 

esa sonrisa de melancolía.

Ya no podía evocar el sonido de su risa, 

esa que había oído mil veces. 

Siempre hay tragedia, 

en los ojos equivocados, 

pero hay esperanza, 

para los ojos llenos de amor. 

Me encanta que llueva, 

así puedo verter mis lágrimas allí, 

la gente ya no puede verme, 

la gente ya no sale, 

la gente ya no jode. 

Aquella no es una estrella ordinaria, 

son lágrimas de un guerrero,

alguien que en algún lugar, 

ha terminado su batalla, 

como un alma en pena, 

como un niño perdido, 

como lluvia al sol de mi ventana. 

Aquella estrella aún brillante,

emite retazos de su corazón,

al sonido del río gris,

cuando sientes que su alma,

jamás se ha ido para siempre.

Abril quince

En la barahúnda de los sueños nace esta noche,

enclaustrada en la insuficiencia,

rendida al frío que contiene los dedos

y con la voz entintada por el licor de las flores,

simple,

singular,

aislada.

.

No te conviene el tornasol subsecuente,

no te conviene el rezago de los sudores terrenales,

ni la pieza faltante ni la pieza sobrante,

no hay por qué en el vacío

si cruzamos esta puerta semiabierta,

si saltamos y,

del otro lado,

nada al fin, evidentemente,

solo silueta y temor punzante,

si no llega la calma,

si nunca llega.

.

Ser sin ningún verbo.

Solo ser sin ningún verbo.

Descenso en tu mirada

Entonces,
me lanzo a tu mirada
y en la caída veo
besos y caricias.

Desciendo como una pluma
caigo en el lunar sobre tus labios
dame un beso, por favor.

No vine a molestar,
no vine a llorar
pongo mi corazón en la mesa
ya nada tengo por perder.

Extenderé mi mano
en signo de amistad
se congelará en esta noche
y mi piel rajada te extrañará.

Hoy, me siento sin cariño
a estas alturas del amor
todo he perdido.
Adiós, no te vayas, por favor.


UN DÍA EN MI VIDA

Me levanto como cada día a las 5 de la mañana
Porque ya no aguanto a las voces que me atormentan en sueños
Así que para silenciarlas empiezo a entrenar
Me enfoco tanto en el ejercicio que silencio mi mente

Luego de eso, comienzo un ritual de limpieza
Donde limpio cada parte de mi cuerpo de la contaminación de este mundo
Limpio hasta el mínimo rincón
Al punto de dejar mi piel enrojecida

Después debo cambiar mi rostro
Ese rostro apático y carente de alegría
Por uno que, por lo menos, me haga ver humano
Para así poder ver a la cara mi familia, esa que alguna vez me amo

El resto de mi día es ordinario
Labores de estudiante y trabajos extraordinarios
Aquellos que hago para sustentar mi vida mediocre
Para que al final llegue la noche

Esa noche donde las voces regresan
Para recordarme lo mediocre e inexistente soy
Voces que me acosan hasta que caigo agotado
Y me duermo sabiendo que al día siguiente volverá a ser lo mismo
Porque no tengo el valor para cambiar o acabar con esto

Habitación

Se agota la luz de las nulas ventanas

como si de anhelos se tratasen

los escasos metros del amor hacia la puerta

se entristecen a cada fúnebre portazo.

Para qué bordear la sombra general,

el suspenso de los días neutros,

para qué la mirada fija en la esperanza,

de nuevo,

los escasos metros del amor hacia la puerta,

otra vez,

como si de pájaros se hablase.

La ventana cambia de color

como de sombra el cuerpo,

la habitación es interior

siembre ha sido interior.

Con o sin sombrero

Se vendió como el ícono del campesino o del obrero

ahí está el tan marketeado sombrero

la estrategia funcionó 

y a todos les ganó.

Un nuevo descubrimiento apareció

resulta que no era un sombrero chotano

si no un basín,

el sombrero realmente era un basín

de esos que se usan para hacer pis.

Sus mensajes duran menos que contarte un chichiste

y tienen el mismo valor que un chicle 

sus acciones son de cualquier mafioso

pero sigue siendo el mismo baboso.

No me importa el comunismo

no quiero respuestas sobre el ministro

preguntan desde el hemiciclo

¿el pollito está muerto… o está vivo?

El gato y ella

El gato negro abrió los ojos. Despertó asediado por el ruido de las máquinas que funcionaban en una construcción cercana. La luna se reflejaba en sus dilatadas pupilas mientras su cola permanecía inmóvil, sus bigotes se acomodaban a la suave brisa nocturna y su pelaje combinaba con aquella noche primaveral. Se encontraba en el tejado sobre el cual había pasado toda una vida. Su lugar favorito, sin duda alguna.

La periferia de ese techo estaba adornada por numerosos árboles que él usaba como transporte a tierra. Todos los humanos que vivían cerca lo conocían y no se hacían problema de alimentarlo una o diez veces por día, además, era el sitio perfecto para alejarse de la plaga urbana a la que otros llamaban perros. Estas cualidades convertían a ese tejado en un paraíso para cualquier felino. Empero, el gato tenía un motivo más poderoso para elegir siempre el mismo hogar: una mujer.

Cada vez que el minino levantaba la cabeza hacia la casa del frente, veía una solitaria ventana en el segundo piso de la misma. Ocasionalmente, desde su interior, se filtraba una tenue luz artificial que daba forma a la silueta de su amada. Las noches en las que esa ventana resplandecía eran muy raras, por ende, esa luminiscencia fungía como señal para que el gato supiera que ella estaba ahí. Él intentaba llamarla con largos maullidos pero era inútil. Algunas distancias parecen abismales cuando hablamos de amor.

Esta es la historia de una de esas noches.

Las horas pasaban con lentitud, los minutos discurrían largos y los segundos demoraban una eternidad. Al lado del gato, dos toritos de Pucará iniciaron una de sus interesantes conversaciones que tenían lugar, sin falta, todos los días a partir de las veintisiempre en punto. Ambos tótems, con mucha sabiduría y pasión, hablaban sobre política, religión, filosofía y varios temas de interés. El minino disfrutaba escuchar esas charlas, silencioso y atento. Sin embargo, en esta ocasión se sentía diferente.

Ni él mismo supo si se trataba de su instinto o un presentimiento externo, pero algo lo incitó a moverse de ahí. Sin estar seguro, sintió que su pequeño corazón se inundaba con un raro pesar o tal vez era la monotonía incomodando en su mente. Aparentando estar cansado de escuchar el coloquio de los toritos, se levantó sereno, estiró sus patitas delanteras, empinó la cola lo más que pudo y se despidió con un largo bostezo. Sin pensarlo dos veces, decidió bajar del tejado y visitar la ventana de su amada.

El gato, emocionado, se dejó manejar por la sensación que lo colmaba, aun siendo algo que lo tenía intranquilo. Muy lejos de sentirse preparado, una mezcla de ansias y miedo empezó a revolotearle como una mariposa en el estómago. Cuando tuvo el panorama frente a él, fijó un sendero con la mirada, caminó elegantemente de teja en teja y dio un salto para alcanzar la rama del árbol más cercano. Descendió por su tronco y llegó hasta la acera. Volvió a mirar hacia la ventana y vio la silueta de ella dibujándose a contraluz. Antes de continuar, soltó un breve ronroneo.

***

Ella estaba concentrada. Incluso cuando el ruido lejano de algunas máquinas era molesto y estresante, podía ignorarlo con facilidad. La habitación en la que se encontraba pertenecía al segundo piso de una casa muy antigua y su pequeña ventana no le ofrecía una vista panorámica de la ciudad, sin embargo, disfrutaba el paisaje urbano que tenía a su alcance. Sentada frente a su laptop y con una taza de café como su única compañía, de rato en rato giraba sobre sí misma para abrir la delgada cortina y mirar a través del vidrio. Su poco espacio visual la había acostumbrado a ver dos toritos de Pucará en el tejado del frente. Junto a ellos, cada noche, siempre veía a un gatito negro acurrucado en su compañía. Esta vez no fue así.

***

A esa hora, la calle estaba casi vacía y el ruido de las máquinas se detuvo tan súbitamente que dejó al mundo en un silencio absoluto. El minino caminaba alerta, observando todo a su alrededor. Varios metros a su derecha, una joven pareja se declaraba su amor con un largo abrazo. Al otro lado, un hombre mayor vestido de saco largo y sombrero, deambulaba con las manos en los bolsillos. Cuando vio que era seguro cruzar el frío asfalto, se lanzó con la mayor rapidez posible. Unos segundos después, sin previo aviso y desde las sombras, una bestia irrumpió en la tranquila escena.

Ladrando, un enorme perro corrió a toda velocidad hacia el pequeño animal.

La efímera tranquilidad de la calle se hizo pedazos en un instante y las pocas almas que existían cerca no pudieron evitar el susto provocado por tal escándalo. La pareja de jóvenes voltearon de golpe y el hombre mayor giró asustado para ver lo que ocurría. El gato, con el miedo atrincherándose en su cuerpo, salió del estado de shock y emprendió una carrera infernal en busca de un lugar donde pudiera estar a salvo.

***

Ella escuchó el ruido proveniente de afuera pero no le prestó atención. Sin inmutarse ni cortar su inspiración, siguió escribiendo tranquila.

***

El gato no sabía a dónde ir. Las altas paredes a su alrededor complicaban su huida, los delgados postes de luz no le ofrecían ningún refugio y ya había dejado el árbol demasiado atrás como para volver y treparlo. Mientras el can se acercaba con fiereza, vio entre los muros una reja metálica que se podía cruzar con facilidad. El problema era que tampoco representaría dificultad alguna para su perseguidor. Al no ver otra opción, tomó su única ruta de escape.

El perro estaba a dos metros de su presa cuando esta se ocultó en las sombras. Dentro de su incontrolable rabia, la siguió hasta atravesar una reja formada por varias varillas de metal y ahora solo tenía que avanzar un poco más. Usando su desarrollado sentido del olfato, se guio para encontrar al felino.

El gato se escabulló hasta donde sea que hubiese podido escapar. Sin mucho camino por recorrer, llegó a esconderse detrás del rosal ubicado en la esquina más profunda de un pequeño jardín. Ese jardín, protegido por la delgada reja de metal, era adyacente a una casa antigua que tenía una ventana grande en el primer piso y una de menor tamaño en el segundo. Parecía que nadie había vivido allí en años.

Inmóvil, el minino se refugió en la frondosidad que ese lugar le ofrecía. Durante su huida, notó que una de sus extremidades estaba lastimada. Entre las muchas espinas del rosal, alguna de ellas le había producido un corte que ahora se traducía en un ardor insoportable. Muy a pesar de ello, ese no era el momento de distraerse. Él sólo quería salir de ahí y buscar a su amada.

El perro, enfurecido con su víctima, olfateaba con rudeza y buscaba el mejor camino para atraparla. A modo de advertencia, lanzó una nueva y potente secuencia de ladridos. El golpe acústico puso nervioso al gato. “Ya me encontró”.

El felino exploró sus posibilidades. Pensó en saltar fuera del arbusto con la mínima posibilidad de que el perro no lo viera, cruzar la reja y huir. Rápidamente descartó esa idea por la distancia que tendría que recorrer y la cercanía de su cazador. Antes de poder pensar en otra solución, vio al can cerrándole cualquier tipo de salida.

El tiempo se agotaba y decidió que era momento de afrontar el problema, cara a cara. Sacó sus garras y las empezó a afilar sobre la tierra, preparándose para atacar. La herida que se había hecho se encontraba en su parte posterior, más precisamente, en la pata derecha, por lo que intuyó que el salto iba a ser doloroso. Cuando alistaba el impulso, una fuerte luz contrajo sus pupilas.

El perro, también sorprendido por el brillo, giró hacia la enorme ventana para ver lo que ocurría. No pasaron ni tres segundos hasta que, al costado, el sonido de una puerta abriéndose dio paso a una figura humana emergiendo de la casa. El fiero animal se sintió intimidado. De repente, un bastonazo de gran tamaño y considerable fuerza le cayó en la cabeza.

Aturdida, la bestia se dio media vuelta, quejándose del insoportable dolor. Con el temor fresco a un segundo golpe, dio un salto que cruzó la reja y huyó tan lejos como era posible.

***

“¡Otra vez ese perro de mierda, entrando a mi jardín sólo para cagar en mis rosas!” fue el grito de la anciana que acababa de golpear al colado perro callejero en el frontis de su casa. Mientras ella se quejaba, alguien más se acercaba a la puerta, como bajando unas escaleras.

Una bella joven llegó a la entrada. Al ver la escena, preguntó asustada: “¡Abuelita! ¿Qué pasó?”. La vieja mujer le explicó a su nieta el motivo de su exaltación y ella intentó tranquilizarla. Cuando se disponía a volver, notó que algo parecía moverse detrás del rosal. Con una curiosidad casi gatuna, se acercó con cautela hacia la pequeña sombra.

***

Al verla, el minino no podía creer que se encontraban tan cerca. Todos esos días esperando su silueta por la ventana se resumían a ese momento. Ahora estaba ahí, a pocos centímetros de ella.

Y ella era hermosa. Tenía la piel morena, el cabello oscuro y los ojos más brillantes que ningún hombre o felino hubieran visto jamás. Mirarla fijamente equivalía a un viaje de ida y vuelta por toda la galaxia sin haberse movido un solo milímetro. El gusto del gato por esa mujer superaba lo entendible.

***

Ella seguía esforzándose para ver lo que había detrás del rosal. La luz emanada por la ventana era de ayuda pero no lo suficiente. Cuando se apoyó en sus rodillas para observar mejor, un pequeño animal salió con timidez. No tardó mucho en darse cuenta de que se trataba del gato negro que vivía en el tejado del frente.

“¡Hola bebé! ¿Qué ocurre? ¿Acaso ese perro estaba persiguiéndote?”

El minino quedó totalmente embelesado con su voz. Con tierna suavidad, caminó hasta llegar a su lado e inclinó la cabeza como buscando una caricia. Ella extendió su mano. Apenas sintió el contacto, un sentimiento indescriptible embargó al felino que empezó a ronronear como nunca.

Al tomarlo en su regazo, ella advirtió que de la parte posterior del animalito brotaba algo húmedo. En ese instante vio la sangre. “¡Pobrecito! Vamos, buscaré algo para curar tu herida”. Dicho esto, se adentró en la casa con él en sus brazos.

Esa fue la última vez en la que el gato negro estuvo en su tejado, al lado de los toritos de Pucará.

Desde entonces, ellos siempre lo veían con su amada.

Siempre feliz. Siempre a contraluz. Siempre por la misma ventana.

¿Qué tal tropezar con Damastes en una esquina literaria?

Al volver la vista atrás hacia el mundo griego, nos encontramos con que, en la Grecia Antigua, existía la famosa ciudad de Eleusis (polis de Eleusis) donde se realizaba el culto de las deidades femeninas Perséfone y Deméter, madre diosa y su hija también diosa. Fue uno de los cultos mistéricos con más adeptos de su tiempo. Además, de todos los ritos celebrados en la antigüedad, estos eran considerados los de mayor importancia y se extendieron posteriormente al imperio Romano.

Fue en la “polis de Eleusis” que Damastes, el hijo de Poseidón, dios de los mares, se estableció como posadero en su casa en las colinas.

Damastes ofrecía posada al viajero solitario. Tenía un comportamiento muy amable, solícito y cariñoso hacia los viajeros, a quienes les ofrecía hospedaje en su casa.

En seguida se hizo conocido como hospedero y luego fue apodado de Procusto que significa “el estirador” por su exclusivo método de tornar perfecta la estancia a los huéspedes de su posada.

Cuentan que Procusto les invitaba a acostarse en una cama de hierro, cuando los huéspedes estaban durmiendo profundamente, los amarraba en la cama y aquellos que no se ajustaban a ella porque su estatura era mayor que el lecho, les serraba los pies que sobresalían de la cama; y si el desdichado era de estatura más corta, entonces les estiraba las piernas golpeándolas con un mazo hasta quedar a la altura del lecho, hasta que se ajustaran exactamente al catre.

Algunos cuentan que se trataba de dos camas de diferentes tamaños, una larga y otra corta, dependiendo de su apetito era la cama que ofrecía. Sin embargo, otros cuentan que la cama poseía un mecanismo móvil por el que se alargaba o acortaba, según el deseo del perverso posadero. Por tal motivo, nadie podía ajustarse exactamente al catre y, por tanto, todo el que se alojaba en su posada era sometido a la mutilación o al descoyuntamiento.

Procusto terminó su reinado de terror y su malvada existencia de la misma manera que sus víctimas. Fue capturado por Teseo, que lo acostó en su camastro de hierro y le sometió a la misma tortura que tantas veces él había aplicado a los hospedados.

El mito de Procusto ha quedado enraizado en la tradición popular y en la literatura universal como una expresión característica para referirse a quienes siempre pretenden acomodar la realidad a la inopia de sus intereses o a su particular visión de las cosas.

Estas personas poseen un plausible empeño por cautivar a los demás, dando la impresión de ser muy amables y agradables, además de sinceras.

Están siempre muy seguros de lo que deben hacer, pero esa clarividencia suya es la principal causa de su obstinación al error ya que su preocupación por los demás se inscribe en un patrón que no hay forma de eludir. Pues son previsibles e irreductibles.

Su incansable actividad deja numerosos heridos a su paso. Cuando se les hace alguna objeción acerca de sus rígidos planteamientos, se molestan y suelen seguir adelante sin inmutarse, convencidos de estar siempre en la mejor de las actitudes.

Su generosidad es bastante egoísta. Siempre guardan una intención oculta detrás de sus actos aparentemente inofensivos y hasta, de cierta forma, benévolos y humildes.

Son personas que no se sitúan. Son los que piden sinceridad y cuando se les dice la verdad, se enfadan. Los que piden que se les haga cualquier observación con toda confianza, pero cuando se les dice algo concreto, no les gusta nada. Los que hablan de diversidad y de tolerancia pero no les gusta que no se piense exactamente como ellos. Son los que se llenan de celos si alguien sobresale de la medida de su propia mediocridad. Todo lo juzgan a su conveniencia. Todo lo quieren cortar a su medida. Quizá su principal problema es precisamente que se creen medida de todo y, por eso, siempre llega el momento que es ingrata su compañía.

El Síndrome de Procusto, al igual que otras patologías, está bastante más extendido de lo que uno puede llegar a pensar. Y como en cualquier patología obsesiva, puede observarse en prácticamente cualquier entorno, puede estar disfrazado de amigo, padre, hermano, profesional de confianza, etc. Lógicamente, eso tiene graves efectos sobre quien se relaciona con ellos.

Este mito refleja la presión a la uniformidad que es característica del síndrome con su mismo nombre, así como la actitud inicialmente afectuosa y acogedora que muchas personas, que manifiestan este síndrome, imprimen a su interacción sin que aparentemente exista ningún tipo de malestar o conflicto.

Algunos de los ámbitos en los que resulta visible este síndrome, que se define por la intolerancia a la diferencia, son los siguientes: laboral, familiar, personal, etc.

En el ámbito académico, quien sobresale es muchas veces mal considerado. Se trata del sector en el que el síndrome de Procusto puede resultar más evidente, especialmente, al existir una gran competitividad. En ese ámbito se va a intentar que la persona que sobresale, no lo haga, minusvalorando sus aportaciones o incluso apropiándose de ellas, estableciendo un excesivo nivel de control sobre el sujeto en cuestión y, en algunos casos, se extienden rumores respecto a su persona o su trabajo con el fin de desacreditarla.

En muchos casos, en los que la persona que se siente amenazada tiene poder para ello, puede llegar a no contratar o no promover a las personas más eficientes, sino a otras más dominables y que pueden suponer una menor amenaza.

Atendiendo a esta leyenda y a esta definición, es evidente que esta patología hace que quien la sufre se muestre intolerante ante los éxitos de los demás. De este modo, las personas que padecen el Síndrome de Procusto detestan a aquellos que destacan en algún aspecto y rechazan, en consecuencia, todos los proyectos e ideas que proponen.

El perfil de una persona con el Síndrome de Procusto se resume en que sufren enormemente y se sienten mal cuando otras personas tienen la razón y ellos no. Además, por lo general no son conscientes de lo que les ocurre y puede que incluso piensen que son empáticos.

Así, ante a una situación tiránica y arbitraria, se dice acuéstense en el “lecho de Procusto”. En la práctica, es la incapacidad para reconocer como válidas las ideas del otro, el miedo a ser superados profesionalmente o al ser superados en sus conocimientos.

También existen Procustos en la literatura. Ahora, en tiempos de pandemia que el intercambio tiende a ser mayor ya que las redes sociales hacen las relaciones literarias más dinámicas, es fácil reconocerlos. Entonces, te pregunto: ¿Qué tal, tropezar con Damastes en una esquina literaria?

– Márcia Batista Ramos

SOBRE LA AUTORA:

Márcia Batista Ramos, nació en Brasil. Licenciada en Filosofía. Es gestora cultural, escritora, poeta y crítica literaria. Es columnista en la Revista Inmediaciones, La Paz, Bolivia y en periodismo binacional Exilio, México. Publicó: Mi Ángel y Yo; La Muñeca Dolly; Consideraciones sobre la vida y los cuernos; Petty Barrón De Flores: La Mujer Chuquisaqueña Progresista Del Siglo XX; Tengo Prisa Por Vivir; Escala de Grises – Primer Movimiento; Rostros del Maltrato en Nuestra Sociedad; Dueto; Escritoras Cruceñas, Caballero, Reck & Batista; Escritoras Contemporáneas Bolivianas, Caballero, Decker & Batista; Caspa de Ángel – antología de cuentos, crónicas y testimonios del narcotráfico, Batista-Ramos & Carvalho Oliva. Es colaboradora en diversas revistas internacionales.

Infidelidad

Diego, me has matado mil veces,
mis ojos no merecen
verte yacer con mi hermana.
Rebulle en mi alma la cama,
pesadilla de todas las visiones,
con miradas perdidas en tentaciones
y voz baja de frutos de concepción,
mientras te miro sin consolación
me pierdo en una muerte silenciosa,
aleteo de un pájaro, poca cosa,
lejano es mi disentir.
Delante de mis ojos no puedes mentir,
y yo trato de huir
de los alientos de caballo y yegua en monta
mi mente no afronta
lo que ven mis ojos,
huyendo,
creo de escuchar a mis espaldas
un pecado que no me atrevo a mirar,
mi cuerpo es apenas una lágrima
y se está por suicidar
al borde de una pestaña.
Gota abierta que engaña
mi corazón que no deja de moverse
dentro de su misma muerte.

– Yuleisy Cruz Lezcano

La cama volante

El pincel arde
junto al mar de fuego,
un deseo de vida
muere en sus entrañas,
sitio de amor profundo,
de coraje necesario y de espera
de la muerte.
Frida se dibuja en una cama inerte,
los órganos sonríen desde el alto,
con hilos de sangre que rompen
las aguas amargas de su vientre
desde donde se siente
el olor acre de las piernas.
Sangre cadáver que tiñe
el lienzo que explora la muerte.
El nombre Frida se mezcla al dolor,
lo hace trabajar, soñar, esperar
que el amor
pueda salvar
la mujer que es carne
hecha de carne,
picoteada en el fondo
de buitres negros
que vuelan sobre la cama,
siguiendo el vuelo de su sangre
por el viento.

– Yuleisy Cruz Lezcano

Sabrosa relación entre gastronomía y literatura

Entendiendo nuestra doble condición como seres humanos que, al mismo tiempo somos seres culturales y seres biológicos, manifestamos un fuerte vínculo entre la cultura y la comida. Siendo que la comida no se restringe a lo culinario ya que engloba valores de la identidad religiosa, histórica, económica y social, entre otros.

La comida, en cuanto a usos y costumbres, fue analizada por la investigación antropológica de diversas maneras: la construcción del llamado objeto de estudio o la selección de los sujetos participantes en la investigación.

Según el grupo humano al que pertenecemos, ciertos aromas y sabores son muy agradables y familiares a nosotros, ya que son una representación de nuestra cultura, sin embargo, otros no.

En el mundo pluricultural en que habitamos, el queso y los lácteos no son ingredientes comunes en la cocina china. Mientras que para los seguidores del judaísmo; el cerdo, las liebres y los camarones están prohibidos. Pues cada cultura tiene su código de ética alimentaria, construida históricamente en base a factores de producción y acceso a los diferentes ingredientes, igualmente, a la forma de preparar cada uno de los alimentos, sumados a la religión y otras costumbres.

De esta forma, construimos nuestro paladar. A mí, por ejemplo, sabe imposible siquiera probar “Casu Marza”, un queso de leche de oveja blando y descompuesto que sirve de casa para las larvas de la mosca del queso, servido con las larvas vivas, típico de Cerdeña; o cualquier animal vivo, como el pulpo en Corea del Sur; u otros platos como los huevos pasados, exquisitez filipina que tienen, en su interior, el feto de un pájaro de 18 días, con plumas, pico y huesos.

Así, la gastronomía recrea, cotidiana y extraordinariamente, su sentido de pertenencia a ciertos grupos humanos y se torna un referente.

Como cada grupo humano codifica el mundo de los sentidos, desde una mirada propia basada en su particular racionalidad, la alimentación está  presente en las particularidades de toda sociedad, ya que la comida es un espacio cargado de significados, pues está fuertemente enlazado a nuestra historia social, lo cual, permite ver la diversidad cultural en todos los tiempos.

El universo del quehacer alimentario es, en sí mismo, un referente vital de un grupo social o comunidad, ya que representa uno de los principales rasgos de identidad de cualquier grupo; es el rasgo capaz de aportar referentes que enriquecen investigaciones concernientes a la cultura, la economía, el derecho, la nutrición y la salud de una comunidad.

A lo largo del tiempo, la aparición de la comida en la literatura siempre estuvo presente, asumiendo distintos significados y aportando nuevas informaciones, tanto sobre la temporalidad como sobre la espacialidad, dando mayor realismo a los textos.

La descripción concienzuda sobre mezcla de sabores, olores, colores, texturas, sonidos y pensamientos que se encuentran en los diversos universos de la comida, permitieron que la relación gastronómico-literaria sea un componente enriquecedor de los textos literarios. Transmitiendo conocimiento y cultura al reflejar costumbres de diferentes sociedades.

La literatura tiene ejemplos tan fidedignos de momentos culinarios, que logra transmitir aromas y sabores a través de su hilo narrativo. Asimismo, el hambre también es gastronómico, pues a través de un personaje hambriento se muestra la injusticia y la desigualdad humana. Frecuentemente, la comida o la falta de esta, en la literatura, puede ser una forma de cómo medir el tiempo. Tonino Guerra habla de su relación con la comida incluso cuando no había comida en el campo de concentración, donde estuvo internado durante la Segunda Guerra Mundial.

Creo que todos los escritores, en algún momento, hacemos una descripción culinaria, pues es difícil vivir sin tropezar con la cocina y eso se da porque la alimentación está entrelazada con muchas formas de comunicación artística. Al momento, son incontables los ejemplos de obras literarias que incluyen detalladas recetas y referencias culinarias:

La serie del comisario Montalbano de Andrea Camilleri; “Chocolat” de Joanne Harris; “Como agua para chocolate” de Laura Esquivel; Patricia Highsmith, por ejemplo, en “Extraños en un tren” describe el momento central del encuentro de sus dos protagonistas, dos extraños que cenan juntos en un tren: “El camarero con una bandeja cubierta con una tapadera de peltre en un instante les instaló la mesa. El aroma de la carne asada sobre carbón vegetal le dio ánimos. Bruno insistió tanto en pagar la cuenta que Guy accedió a ello sin oponer más resistencia. Para Bruno había un enorme bistec cubierto de setas; para él, una hamburguesa”.

También, el poeta Giovanni Pascoli pone en verso recetas reales, como en el caso de los poemas: «La piada» e «Il desinare», dedicado a la polenta o «Risotto de Romaña».

La verdad es que existen referencias culinarias desde “El banquete” de Platón, “Notas de cocina de Leonardo da Vinci” de Leonardo da Vinci, “No solo de caviar vive el hombre” de J. M. Simmel, hasta “El Quijote” de Miguel de Cervantes, haciendo una sabrosa relación entre gastronomía y literatura.

– Márcia Batista Ramos

SOBRE LA AUTORA:

Márcia Batista Ramos, nació en Brasil. Licenciada en Filosofía. Es gestora cultural, escritora, poeta y crítica literaria. Es columnista en la Revista Inmediaciones, La Paz, Bolivia y en periodismo binacional Exilio, México. Publicó: Mi Ángel y Yo; La Muñeca Dolly; Consideraciones sobre la vida y los cuernos; Petty Barrón De Flores: La Mujer Chuquisaqueña Progresista Del Siglo XX; Tengo Prisa Por Vivir; Escala de Grises – Primer Movimiento; Rostros del Maltrato en Nuestra Sociedad; Dueto; Escritoras Cruceñas, Caballero, Reck & Batista; Escritoras Contemporáneas Bolivianas, Caballero, Decker & Batista; Caspa de Ángel – antología de cuentos, crónicas y testimonios del narcotráfico, Batista-Ramos & Carvalho Oliva. Es colaboradora en diversas revistas internacionales.

Inmensa Frida

Con los colores mexicanos
enlazados en los cabellos,
en tus ojos de oscuros destellos
arrancados a un corazón de estrellas
se abren tus pestañas bellas,
mujer de sufrido arte
que has sabido darte
consuelo con los colores,
autorretratos de mil humores,
la Frida que todos conocen,
imágenes que te reconocen
como símbolo triste del alma sufrida,
si no fueras Frida
hubieras vivido otra vida
con menos fuerza, con menos coraje
para cumplir el doloroso viaje
desde el vendado paraíso
hasta el infierno que te hizo
inmensa, frágil e intensa.

– Yuleisy Cruz Lezcano

El amante

La misma cojudez siempre. Subir a la mina, quedarse veinte días, bajar con sentimientos encontrados porque debería extrañar a mi mujer, pero en casa me aburro. Ella me aburre, por eso no la extraño. Cuando llego a Lima, primero visito a mi viejita. Le doy su propina y escucho sus quejas sobre mis hermanos. Ella también me tiene harto, sin embargo, es mi viejita y tengo que quererla. No tengo opción. En tanto mi mujer me pregunta dónde estoy, le miento: ya voy a llegar, hubo retraso, hice horas extras. Ella odia a mi mamá y mi mamá la detesta. «Esa mujer no te da hijos. ¿Qué hace sola en la casa? Cuidado con los cachos, hijo».

Me muerdo la lengua, el que no quiere tener hijos soy yo. Por eso me hice la vasectomía hace años. Nadie lo sabe. Resoplo y le doy un beso en la frente a mi viejita. Ella sabe que ya me voy y se cerciora de que me vaya angustiado. «Me duelen los tobillos, mañana iré al doctor, tu hermano no tiene efectivo para llevarme, préstale por favor». Le doy veinte soles, muy a parte del billete que le di al llegar. Tomo un taxi, estoy cansado, sin embargo, no quiero llegar a casa. El camino de una hora se me hace eterno. ¿Por qué tuve que casarme? ¿Qué le vi a esa mujer? Mis pensamientos ralentizan al compás del tráfico. Evoco los besos con mi profesora de secundaria, escondidos en el baño de docentes. Nunca pude olvidarla.

El taxi avanza lento, los baches me incomodan. El conductor putea a otro y los conchasumares se dejan oír. Se disculpa y pone segunda. Remedo: concha su mare, muy bajito. Otro semáforo en rojo, otra lisura. Pasa a verde, el carro del año 97 suena como quejándose. Parece que se ahoga. Por la puta, pienso. El conductor se orilla, sale del auto y directo va a la maletera, saca una botella grande de gaseosa que está llena de agua. Adelante, el vapor del motor recalentado empieza a subir al cielo. Dios no quiere que llegue a casa. «Disculpe, joven» me dice y arranca. Avanzamos y mi mujer empieza a escribirme mensajes. La ignoro. El conductor responde su celular. Tengo ganas de decirle algo, pero al parecer es su esposa, entonces lo entiendo. Apago mi móvil, ya voy a llegar. Siempre lo hago.

—Joven, tengo que hacer una parada urgente, es camino a su destino. No demoro.

—Prefiero que no, mi mujer me espera, si llego tarde pensará lo peor.  —Le miento ya que no me importa que piense lo que quiera.

—Está bien.

Mientras conduce, hace una llamada. «No puedo mujer, entiende, debes esperar, dejo a este muchacho y voy directo para allá»

Me da lástima y le digo que mejor haga su bendita parada. «Gracias, y disculpe el inconveniente» responde aliviado.

A pocos minutos, siento que desacelera y pone las luces intermitentes, dobla por unas calles. «¿Será un asalto? Le hubiera dado más plata a mi viejita». Baja dejando el motor prendido. Toca una puerta y una mujer sale. De curioso sigo la escena. Creo reconocerla. Afino la mirada mientras bajo la luna sucia del auto. Ella le entrega un paquete y se acerca al carro. A pocos pasos, la reconozco… es mi profesora, la de los besos. Está diferente. Muy delgada y arrugada. Sus labios carnosos de antaño ahora lucen marchitos.

—Joven, disculpe las molestias y gracias. —Me dice con esa voz que hace mucho no escuchaba. Se da media vuelta y regresa a su puerta.

No me ha reconocido o es muy buena actriz. Han pasado quince años desde la última vez que nos vimos. Estoy nervioso. Empiezo a sudar y a tener una erección. Al rato llego a casa. Mi mujer está ahí y me dice que tiene una sorpresa para mí, no le hago caso. Recordando a la profesora, tomo de la cintura a mi esposa, la cargo y la llevo al cuarto. Empezamos a besarnos. Procuro concentrarme en mis recuerdos de secundaria. Incluso la imagen actual de tan seductora mujer me sigue pareciendo atractiva. Creo que pude sentir su aroma cuando se acercó al vehículo, aunque puede ser una ilusión de mi mente. Mi mujer y yo estamos desnudos, próximos a intimar más. Sus ojos, mirándome con picardía, me detienen. No siento nada por ella y se ve reflejado en mi miembro. Empiezo a ponerme la ropa. Ella se ve contrariada. He parado sin decir nada. «¿Nos vamos a separar?» pregunta. «Es lo mejor» respondo y salgo del cuarto mientras pienso en la profesora y lo fácil que sería convertirme en su amante. Voy a la sala. Sobre el sofá hay una pequeña caja decorada con un moño. Abro la tapa y dentro hay ropita de bebé. Mi viejita siempre tiene la razón, maldita sea.

– Mirza Mendoza

SOBRE LA AUTORA:

Mirza Mendoza, es cuentista limeña nacida en 1985.

Es colaboradora en la editorial Libre e Independiente y en la editorial Sexta Fórmula. Participa en la antología «El día que regresamos» de Pandemonium Editorial. Autora del ebook «Tenebrismo» y del ebook «El currículum de una ludópata». Es parte de la antología «4 Narradores». Su cuento «Cadáveres abandonados» conforma la antología «Relatos de Pandemia» de editorial La Rata Esquizofrénica. Su cuento «Mochila de emergencia» conforma la antología «Última estación» de editorial Ángeles del Papel. Ha sido publicada en diversas revistas digitales de México y Argentina.

La fuerza de Frida

Julio fue un nido
con estrellas hechas de tul,
donde tú, precioso pájaro azul,
de maravillas vestido,
con el alma de girasol,
naciste y como si saliera el sol
contigo nació la vida.
Inmensa Frida,
mexicana y libre diosa,
sueño delicado de rosa,
la vida te hizo fuerte,
y desde un hospital inerte,
con un espejo para verte
diseñabas con el color
la cara de tu sufrido amor,
tu cuerpo enfermo en el dolor,
tu belleza espiritual,
tu cuerpo de frágil cristal,
tus marcadas cejas y pestañas.
Tus lienzos recogen en el real
la fuerza para escalar mil montañas.

– Yuleisy Cruz Lezcano

Copa de vino

Poesía mía de antaño con frágiles versos y títulos,
para tu nombre por primera vez escribe versos tan vanos,
tergiversaciones escasas de mi pasión estival,
te enredan en la confusa distancia conmigo.

Versos como tentáculos se tienden para abrazarte
cuando mis poros añoran tanto esta fiebre de oro,
¿por qué la naturaleza atentó creando el doble?
Entre tu hermano gemelo y tú reconozco bien
cuál es la esencia tuya que cohabita en mi sangre,
el lunar sobre la cúspide de tus labios que no le pertenece
guarda tantos secretos como mis botas color chocolate,
testigos de pasos por paisajes prohibidos sin nombre.

Este lunes tomo una copa de vino, mas no será suficiente
para olvidar tus ojos perdiéndose justo en la furia
de nuestro río sexual aquel martes de noviembre,
cuando dijiste que me quieres también…

¡Mi amado pianista, cuánto deseo tu melodía orgásmica!
Este vino tinto me recuerda al de las entrañas de tu sexo,
paraíso dionisíaco que atenta contra mi razón apolínea
cuando mis senos reclaman por tus besos y mordidas,
también de mi sexo sus teclas buscan acordes de tus dedos,
bebo vino para olvidar, mas ataca cual leña en mi vientre
al pasearte tú, desnudo por mis recuerdos y sábanas frías.

Este lunes tomo otra copa de vino
para arrancarle el pudor de mi madre
a mi poesía infantil a ratos mentirosa,
ahogaré los sermones de mis amigos,
sombras que no me permiten pensarte,
imaginarte entre mis piernas sin culpa,
sabes que la puerta queda abierta para ti.

El carmesí del vino me reprocha
el grosero ademán a tu mano amiga y amante
caminando juntos hacia nuestro país,
su hoguera me provoca el deseo de regresar
al pecado para cambiar los instantes,
borraría tu preocupado rostro del espejo
mirando mis lágrimas y las enterraría con mi pasado,
en tu yugular ya sin nuestra desnudez puesta.

Mis versos poco cristalinos, nunca han sabido explicarte
tus propios hechizos sobre los hilos de mi humanidad,
aquella niña que en marzo fui, hoy motivo de estas lágrimas,
triste y cautiva detrás de sus mil y una jaulas,
nunca me subestimas ni alabas de más,
tras cada encuentro me revelas sin prejuicios,
mujer de claroscuros, tú besas las alas renacidas.

El ritual de Baco continua contigo en mis fantasías,
¿qué pensarás de los poemas mutilados escritos para ti
con mi pluma excitada, feliz, vulnerable?
Quisiera bañarme contigo bajo esa lluvia de motel
y hacerte mío para escucharte gemir mientras bebo
mi vino predilecto, transformándonos en océanos,
¡mas hoy debo conformarme con tinta y papel!

Suplico a la champaña ahogue los recuerdos lúbricos,
porque el vino tinto repite la misma pregunta a cada hora,
¿hemos sido prudentes al desnudarnos más allá de la piel?
Tu difusa canción penetra en mi columna vertebral
donde arde el temor de no ser parte de tu cuerpo, sangre y sudor
otras mil veces más, sueño del último atardecer de otoño,
por lo menos quiero hacerte saber siempre que existe un pianista
impregnado entre mis tatuajes, mis orgasmos y mi copa de vino.

– Krizia Tovar

SOBRE LA AUTORA:

Krizia Fabiola Tovar Hernández nació en el Estado de México, en 1996. Algunos de sus escritos aparecieron en las revistas Reflexiones Alternas, Poetómanos, Awita de chale, Perro negro de la calle, MÁS Literatura, El morador del umbral, Prosa Nostra MX, Collhibrí, Teresa Magazine, Circulo literario de mujeres, Clan Kutral y El templo de las mil puertas. Actualmente estudia el último año de la licenciatura en Ciencias Humanas en el Centro Universitario de Integración Humanística.

ME RESULTA DIFÍCIL DEJARTE IR

Me resulta difícil dejarte ir, 

ambos sufrimos dolores y desdichas, 

pero ambos decidimos aquel camino, 

cuando lo hayamos logrado, 

desapareceremos por completo. 

Mientras haya naturaleza humana, 

habrá esperanza, y si hay esperanza, 

habrá un amor al que no se pueda juzgar.

Para así poder evitar el impulso, 

de buscar consuelo en la fantasía,

pues no sabes cómo mi silencio, 

te conoce de memoria.

En las colinas ondulantes de tu ser, 

esta vez el tiempo no se detiene, 

no es ningún reproche, 

desearía saber 

¿por qué no hubo un buen adiós? 

Desde entonces, soy tan oscuro, 

como la oscuridad puede serlo. 

He sido golpeado por la agonía, 

hundido en brea de soledad. 

Ahora, ahogaremos nuestro dolor, 

en este mar sin fin, 

juntos desataremos la lluvia, 

permíteme compartir las estrellas, 

únete a mi mar sin fin, 

allí en mis brazos libré serás,

porque nadie más, 

puede ahogar tu dolor.

Pues me resulta difícil dejarte ir.

Latinoamérica, literatura, género e ideología en el siglo XXI

La escritura siempre fue un medio de empoderamiento, motivo por el cual, estuvo vetada a las mujeres por mucho tiempo.

Sin embargo, la literatura del siglo XXI vuelve su mirada hacia las posibilidades artísticas de su propia materia constitutiva: la lengua. Contextualizada por la nueva realidad social vigente en la región. Sin alejarse del eterno drama existencial humano. Al tiempo que vive un impasse radical. Ya que, por un lado, no consigue convertirse en la gesta de la edificación nacional (en ninguno de los países de la región), ya que las luchas tienden a ser inmediatistas y concernientes a grupos específicos, generalmente asociadas a reivindicaciones sectoriales.

Cabe mencionar, como lo han señalado otros críticos y teóricos, que entre la literatura y la sociedad existen vínculos profundos y determinantes que, en la medida en que la sociedad se modifica, la literatura y el arte en general, a su vez, también se transforman, dando cuenta de los nuevos aspectos de la sociedad en la cual se encuentran inmersos, al tiempo que se dirigen a esa misma sociedad.

En tal sentido, no es extraño que, en el nuevo momento social y cultural vigente, la literatura haya adoptado características que la distinguen de la literatura de los últimos treinta o cuarenta años del siglo pasado. Puesto que responde a las pautas generales de la sociedad del siglo XXI y que responden a los nuevos rasgos como: la subjetividad, la relación con el pasado y la tradición, las relaciones intersubjetivas, la política, la filosofía y la economía del final del siglo XX y comienzos del XXI.

Así, el nuevo siglo provocó el nacimiento de nuevos narradores cosmopolitas que buscaron y optaron por un discurso diferente al realismo mágico, a la revolución, a las guerrillas y militarismos; que caracterizó la segunda mitad del siglo XX.  Por ende, fueron derrumbados conceptos de diversas índoles como del artista o del intelectual comprometido.

Con este cambio de paradigma, la literatura de Latinoamérica actual fusiona el compromiso, se evade en el decadentismo ético y renuncia a cualquier búsqueda nacional o territorial. Presenta una nueva visión de lo real, que es resultante de las tecnologías y de la comunicación multimedia que establece un nuevo orden en el planeta, ahora globalizado.

De tal suerte que desapareció la idea mítica de América Latina y esta ha sido sustituida por visiones más pragmáticas y cosmopolitas, geográficamente hablando, pero también, más subjetiva e intimista, humanísticamente hablando.

Empero, la escritura hecha por mujeres en Latinoamérica en lo que va del primer cuarto del siglo XXI, permite identificar las múltiples y heterogéneas voces literarias mujeriles que se hacen escuchar en una etapa de intensa fermentación cultural, donde se hacen visibles los espacios íntimos de hechos compartidos (sea por la experiencia personal o por el sentimiento de justicia que provocan): la violencia y las desigualdades que sufren por cuestión de género.

Hoy, en este espacio geográfico, la literatura no es nueva, pero vive una renovación que acompaña cambios sustanciales en la sociedad, que se modifica a pasos atropellados, exigidos por el ritmo frenético del mundo globalizado cada vez más acelerado con el acceso a las redes sociales, imponiendo los estándares a los que todos deben adecuarse.

La escritura literaria tiene género e ideología femenil que, además, está conquistando un dominio, con toda legitimidad, que de per se enriquece la literatura mundial; ya que las mujeres se expresan por sí mismas, dejando atrás la fuerza del patriarcado que las sometían a escuchar monólogos.

Empero, aún está vigente en la tradición literaria, la nomenclatura de “literatura escrita por mujeres”, como si se tratara de un subgénero literario sin vislumbrar que, desde las distintas expresiones literarias, las mujeres abordan temas privados, tornándolos públicos y, así, politizándolos.

A esa politización de lo privado se le puede llamar “ruptura de viejos esquemas” (pues crearon lo privado para ocultar actitudes reprochables públicamente), entonces, hacer de lo íntimo una narrativa de algo compartido fue totalmente revolucionario. Representó la ruptura de modelos y difundió tópicos que, según el contexto, resultaron impensables, al tiempo que fue la manera de crear imágenes que cuestionan ciertos modos de vida y de escritura, basados en roles establecidos. ¿Y por qué no decir que de ésta forma se creó la conciencia de género?

Pues el cambio de paradigmas en la escritura femenil en Latinoamérica se da a partir de la conciencia de género, momento en que las mujeres rompieron con la preponderancia cultural de la sociedad patriarcal construida en torno de la mujer abnegada. Figura que cobró espacio en el imaginario colectivo y persiste como símbolo de nobleza de espíritu, el ser abnegada madre o esposa, hasta el día de hoy.

Este prototipo, relacionado a la abnegación, es altamente lesivo pues vincula a la mujer a lo doméstico, al sufrimiento y al altruismo extremo, que puede anularla como persona, siempre y cuando, su marido e hijos estén bien.

Lógicamente, al asumir el rol de abnegación en la sociedad, las mujeres también lo asumieron como figura literaria correctamente aceptada y contribuyeron para mantenerse en un espacio determinado en la sociedad. En cuanto a la abnegación, concluyo y afirmo que, históricamente, la mujer en Latinoamérica se recluyó al hogar, asumiendo la posición de doméstica virtuosa que se sostiene en el complementario masculino y viril, comportamiento reforzado, inicialmente, por las revistas femeninas y luego por la televisión, construyendo un espacio de silencio, donde era fácil acumular el dolor, al tiempo que la mujer se fragilizaba por la suma de frustraciones y por la dependencia económica del marido.

Se tuvo que pasar a la segunda mitad del siglo XX para empezar a vislumbrar cambios comportamentales y tuvo que pasar dos tercios del mismo siglo para empezar a ver los cambios sociales reflejados en la literatura escrita por mujeres. Pues no es fácil el cambio de paradigma en la literatura, lo mismo porque las editoriales, en su mayoría, están en manos masculinas que responden a ancestros modelos patriarcales y capitalistas.

Hoy por hoy, la literatura escrita por mujeres está ganando fuerza a cada día que pasa, mostrando su valor y potencia; como nada es casual, anda en paralelo con la renovación de las luchas feministas y con la crítica a las violencias a que las mujeres y niñas son sometidas.

El cambio de paradigma literario apareció en la poesía y en la narrativa desarrolladas por mujeres que no tuvieron miedo de mostrar diversas formas de intimidad y registrar mucho (no creo que todo) de lo que ocurre a nivel privado, en una huida real de la zona de confort, sin temor a acompañar las luchas políticas y las batallas teóricas del momento.

Es obvio que, en la literatura, se siguió hablando de la familia y del ámbito doméstico, de la maternidad, de la sexualidad; empero, se sumaron a esas temáticas los feminicidios, el erotismo, el hogar como lugar no siempre seguro; se mostró la literatura desde la contrariedad de las experiencias en el mundo patriarcal y se empezó a escribir sobre la perspectiva política de las mujeres. Se visibilizó la carga simbólica que se da a lo privado y eso hizo emerger, a la superficie, las desigualdades y violencias sexistas que se manifiestan de lo privado a lo público.

Frente a temas y escrituras de este tipo, era de esperar que no fuera del gusto de todos y naciera la controversia en muchos medios donde se banaliza a la literatura crítica escrita por mujeres, que es el producto histórico determinado por luchas sociales y políticas de largo aliento.

– Márcia Batista Ramos

SOBRE LA AUTORA:

Márcia Batista Ramos, nació en Brasil. Licenciada en Filosofía. Es gestora cultural, escritora, poeta y crítica literaria. Es columnista en la Revista Inmediaciones, La Paz, Bolivia y en periodismo binacional Exilio, México. Publicó: Mi Ángel y Yo; La Muñeca Dolly; Consideraciones sobre la vida y los cuernos; Petty Barrón De Flores: La Mujer Chuquisaqueña Progresista Del Siglo XX; Tengo Prisa Por Vivir; Escala de Grises – Primer Movimiento; Rostros del Maltrato en Nuestra Sociedad; Dueto; Escritoras Cruceñas, Caballero, Reck & Batista; Escritoras Contemporáneas Bolivianas, Caballero, Decker & Batista; Caspa de Ángel – antología de cuentos, crónicas y testimonios del narcotráfico, Batista-Ramos & Carvalho Oliva. Es colaboradora en diversas revistas internacionales.

La trenza

Mientras trenzaba el pelo, frente al espejo, trenzaba miles de pensamientos. Desde la desintegración del cuerpo después de la muerte, hasta la perdurabilidad de los cabellos que no perecen después de la defunción.

Para las mujeres celtas, el pelo largo significaba fertilidad y para los hombres fuerza. Los indios Navajos, nativos americanos, creen que los pensamientos originados en la cabeza salen afuera junto con el cabello y están en él; los pensamientos nuevos están cerca del cuero cabelludo y los viejos en las puntas de los pelos crecidos. Cuanto más larga es la cabellera, más pensamientos habrá en ella. Tal vez, sea cierto, al tiempo que su cosmovisión es excluyente y discriminadora con los calvos.

Mira fijamente al espejo y dícese a sí misma: antes era antes, ya pasó. El espejo no contesta nada y ella sigue trenzando sentimientos solidificados en el tiempo, junto con el cabello.

Se acuerda de que, desde la antigüedad, la creencia en la juventud eterna, el éxito, la fuerza, la sabiduría, fue siempre relacionada con la existencia de una cabellera exuberante, vigorosa. Tal es el caso de los antiguos egipcios que relacionaban el pelo con el estatus social, de ahí la importancia de las pelucas, en muchos casos, rociadas con polvo de oro. En el museo de El Cairo se encuentra el cabello de la reina Tyi, del siglo XIII antes de Cristo, probablemente porque creían que la vida residía en el cabello, no en las calles, en las fiestas o en las redes sociales. Porque la percepción del mundo y de la vida, cambia según la época y el lugar.

Se percata de que muchas ilusiones ya no existen. Se acuerda de su costumbre de prender velas e inciensos, como una manera de mantener cierta esperanza y fe. Tal vez, porque vivir tiene algo terrible e intrínseco. No sabe… No está segura. Nada es absoluto.

En el panteón de los dioses griegos, Hathor, la diosa de la naturaleza extraordinariamente erótica, era llamada la hermosa melenuda. Su historia, como tantas otras, llegó hasta nuestros días y ella nunca hizo implantes de silicona, tampoco cuestionó su género en algún momento de su existencia, no importa, la historia de su melena llegó a nuestros días.

La diosa cazadora y guerrera, Artemisa, se hacía peinar por la ninfa Psecas. Le perfumaba el cabello y el cuerpo con esencias aromáticas elaboradas a base de flores, especias y aceites. Por eso, los griegos hacían hervir flores y hierbas como la mirra o el olíbano, las hojas de vid y los extractos de rosa, y ligaban la preparación con aceite de oliva. Para suavizar el cabello, además de peinarlo, le daban brillo con lociones, pomadas y cera de abejas.

En el Olimpo, las diosas eran representadas luciendo largas cabelleras perfumadas como la de Psique, Afrodita, Artemisa o Venus, la diosa del amor y de la belleza, que lucía un largo pelo rubio.

Pensó que algo no le dejaba fluir…

Siempre está en la batalla personal, tratando de estar bien. Mira hacia adentro de sí misma, con cierto cuidado, despacio, para no cortar su propio ritmo.

Le vino a la mente otra mujer hermosa que tenía un bonito y frondoso pelo: Pandora, la primera mujer de la tierra a quien Hefesto, dios del fuego, moldeó a imagen y semejanza de las diosas inmortales.

Pensó que la única magia que existe es estar vivos, lo mismo cuando no se entiende la magia esta.

En la Edad Media relacionaban el cabello con el poder, por tal razón, cuando se acusaba a una mujer de practicar la brujería, se le rapaba la cabellera. En el siglo XX, en Francia, después de la Segunda Guerra Mundial, quemaban el cabello de las mujeres que habían sido amantes de los nazis durante la ocupación.

Sabiendo que todo está cargado de injusticia y dolor, pero sabiendo que después acaba y pasa; lo mismo que no debería ser como es, después pasa y viene otro ciclo con las injusticias propias de cada época y lugar; terminó su trenzado de pelo.

En diferentes épocas, la pérdida del cabello era concebida como la perdida de la vida.

Mientras colocaba un lazo en la trenza recordó a Calipso, conocida como “la de las bellas trenzas”; que como cuyo nombre indica, lucía unas largas trenzas y destacaba por su belleza y su armoniosa voz. Pensó en que el cabello ha tenido un papel importante en las historias mitológicas y numerosas veces ha sido símbolo de belleza y poder.

Pensó en respirar las entrelineas y los silencios. Decidió empezar a vivir y así, frente al espejo, cortó la bella trenza.

– Márcia Batista Ramos

SOBRE LA AUTORA:

Márcia Batista Ramos, nació en Brasil. Licenciada en Filosofía. Es gestora cultural, escritora, poeta y crítica literaria. Es columnista en la Revista Inmediaciones, La Paz, Bolivia y en periodismo binacional Exilio, México. Publicó: Mi Ángel y Yo; La Muñeca Dolly; Consideraciones sobre la vida y los cuernos; Petty Barrón De Flores: La Mujer Chuquisaqueña Progresista Del Siglo XX; Tengo Prisa Por Vivir; Escala de Grises – Primer Movimiento; Rostros del Maltrato en Nuestra Sociedad; Dueto; Escritoras Cruceñas, Caballero, Reck & Batista; Escritoras Contemporáneas Bolivianas, Caballero, Decker & Batista; Caspa de Ángel – antología de cuentos, crónicas y testimonios del narcotráfico, Batista-Ramos & Carvalho Oliva. Es colaboradora en diversas revistas internacionales.

El tiempo mítico entre palabras, silencios y otras vidas

 “Cinco minutos bastan para soñar toda una vida, así de relativo es el tiempo”
Mario Benedetti

Muchas veces me senté en silencio al lado de la abuela. Ella siempre con su tejido de punto crochet entre las manos, me observaba un momento y enseguida, ante mi silencio, preguntaba:

 -¿Hijita quieres algo?

Ante mi negativa ella seguía, aparentemente, entretenida con su tejido a punto crochet, luego me miraba casi sin levantar la cabeza y empezaba a hablar:

-¿Sabes, hijita? Los antiguos griegos contaban que Cronos, el Dios del tiempo, era el hijo de Urano (el cielo) y Gea (la tierra). Cronos dirigió a sus hermanos y hermanas, los Titanes, en una revuelta contra su padre y se convirtió en el rey de los dioses. Se casó con la Titana Rea; con quien tuvo un total de seis hijos, pero Cronos tenía el mal hábito de comerse a sus hijos recién nacidos para evitar que un día, igual que él hizo con su padre, sus hijos lo destronasen como rey de los dioses. Con el nacimiento de su último hijo, Zeus, Rea engañó a Cronos y lo hizo comer una piedra. Zeus entonces derrotó a su padre. Tal vez por eso, el tiempo también parece consumirlo todo, permaneciendo siempre indestructible. Los antiguos creían en la existencia de un tiempo absoluto. Pensaban que el tiempo era una especie de alfombra tendida donde ocurrían todos los sucesos, ya que para ellos, el tiempo era considerado como un marco de referencia fijo, inmutable, sobre el que van sucediendo los acontecimientos. Además, creían que el tiempo había existido desde siempre. También creían que existiría para siempre. Ellos imaginaban que todos los humanos conocíamos el tiempo desde cuando nacíamos, pues, estaban seguros de que podíamos percibir el tiempo mismo siendo pequeños bebés. Sin embargo, el tiempo es un concepto que rebasa nuestra comprensión. Y lo mismo después de nuestra muerte, el tiempo sigue siendo una condición subjetiva de nuestra intuición humana. Además, el tiempo es una representación de nuestra intuición, de nuestro estado interior, por eso, la duración del tiempo es relativa, es muy propia de cada uno; de ahí que los instantes pueden parecer eternos y los grandes intervalos pueden desintegrarse ante nosotros con la ligereza de todo lo que es superficial.

Yo observaba a mi abuela con su elocuencia calmada mientras ella seguía discurriendo sobre el asunto que le parecía importante hablarme en aquel momento, añadiendo con mucho cariño:

-De diferentes maneras, es difícil sospechar cómo podría desarrollarse la vida al margen de la dimensión del tiempo, ya que él parece intrínseco a todo lo que ocurre en la naturaleza, ya que hay un ritmo cadencioso en los niveles macroscópicos y microscópicos, ya sea en los periodos de día y noche, en las órbitas de los planetas, en los ciclos de división celular, en los ritmos circadianos en los animales y en muchos más elementos observables. Sin embargo, hijita, nosotros no hemos nacido con la percepción del tiempo incluida en nuestros sentidos; según fuimos desarrollándonos, hemos aprendido a percibirlo, así como poco a poco, vas aprendiendo cosas según vas creciendo. Cuando estamos muertos, el tiempo tiene otro sentido, en un abrir y cerrar de ojos pasan cien años, así que en la muerte, a diferencia de la vida, no padecemos las paradojas del tiempo. En la muerte el tiempo es estático, tibio y amarillo, los objetos e ideas flotan a nuestro alrededor, desprovistos de una fuerza gravitacional semántica sobradamente estable. Asimismo, en la muerte, el tiempo puede recuperar su narrativa, sus sedimentos, algunos perfumes y, sobretodo, los sentimientos…

Mientras la abuela hablaba y contaba del espacio imaginario mítico y no aparente, de las simultaneidades experimentadas en las realidades vividas, de la temporalidad mítica y la compleja simultaneidad de ritmos entrelazados que permiten sincronías facilitando la posibilidad de la reversibilidad, de la circularidad temporal propia de la eternidad en lugar de la linealidad que convierte a los mitos; mientras hablaba tantas cosas, en sus manos crecía el tejido en forma de flores en punto crochet. Mis ojos, sin perder de vista sus movimientos, buscaban su mirada lúcida, encendida por las palabras, que de vez en cuando también buscaban mis ojos con una expresión positiva.

Siempre que me senté en silencio al lado de la abuela, tuve la impresión de estar alrededor del fuego, escuchando la sabiduría de los mayores al tiempo que calentaba mi espíritu con la caricia amorosa transmitida a través de sus palabras.

Después, la abuela, tal vez cansada de tanto tejer y hablar, se disipaba en el aire con su tejido a punto crochet entre las manos, quedando, apenas, un olor a rosas…

– Márcia Batista Ramos

SOBRE LA AUTORA:

Márcia Batista Ramos, nació en Brasil. Licenciada en Filosofía. Es gestora cultural, escritora, poeta y crítica literaria. Es columnista en la Revista Inmediaciones, La Paz, Bolivia y en periodismo binacional Exilio, México. Publicó: Mi Ángel y Yo; La Muñeca Dolly; Consideraciones sobre la vida y los cuernos; Petty Barrón De Flores: La Mujer Chuquisaqueña Progresista Del Siglo XX; Tengo Prisa Por Vivir; Escala de Grises – Primer Movimiento; Rostros del Maltrato en Nuestra Sociedad; Dueto; Escritoras Cruceñas, Caballero, Reck & Batista; Escritoras Contemporáneas Bolivianas, Caballero, Decker & Batista; Caspa de Ángel – antología de cuentos, crónicas y testimonios del narcotráfico, Batista-Ramos & Carvalho Oliva. Es colaboradora en diversas revistas internacionales.

Espejo

El escenario perfecto
colgado en un “buenos días”
y la palabra frágil
moviéndose al viento
con delicadeza.

La expresión latente
probando rostros,
pintando máscaras,
deshojando margaritas.

Un manto triste
que filtra luz
y su naturaleza.

La esperanza de ser
siendo infinito
caminando en un as
sin truco bajo la manga.

La mañana seca
con ímpetu de tempestad.

***

Lo vi feliz
hasta el cansancio.

Aburrido de todo,
la sonrisa falsa
y el insomnio crudo.

Antes se esforzaba
un poco más
a veces solo,
a veces a pedazos,
a veces de par en par.

***

Ay, si duele la vida
tanto como el alcohol bebido
sobre una herida fresca.

Luego, empezó a desconocerse
en el temor a la ruptura
rompiéndose
sin saber qué esperar.

La caída libre
sin vacío
fugaz y extensa.

La noche, la culpa:
un delirio de amor
convertido en recuerdo.

La memoria en la ensenada
y la mirada fija
en ese espejo
i m i t á n d o l o .

Finalmente, la culpa,
siempre la culpa,
encarando, sin miedo,
al mar.

Inefable

Somos el llanto de un ángel,

que olvidó la luz.

Dicen que solo los corazones humanos pueden romperse.

Mira a los ojos del cazador,

lejos del cuento de hadas,

cazando bajo la luna,

andando lejos del día,

no estaré cuando el nuevo amanecer te lleve.

La manía de ser eterno en una vida pasajera,

en corazones impropios,

en ilusiones inocentes,

en un tiempo prestado.

Donde quiera que vaya, tú me traes de vuelta a casa.

Más allá del púrpura más oscuro,

en estrellas caídas por hondas soledades,

en el desierto de las sonrisas perdidas,

camino de luz y un latir nos salve.

Salvé a un ser creado de polvo estelar,

hasta que mis células vuelvan a vibrar,

hasta que la oscuridad cambie su color,

hasta que mi armonía regrese a su hogar,

con las ternuras inefables,

donde yo merezca amor

y sea capaz de decirlo.

La democracia es un enjuague bucal

Es muy probable que, si consultamos cuál es el sistema de gobierno que las personas prefieren, una gran mayoría responda que la democracia. Ahora, si consultamos sobre el concepto de democracia, obtendríamos respuestas como «el gobierno del pueblo para el pueblo», por lo menos eso da un vistazo rápido por internet. Que los académicos y expertos nos ilustren, a lo mejor terminan rabiando en televisión, peleando con algún entrevistador y todo se convierte en un acto de fe más que en una enseñanza en ciencias políticas.

La experiencia de televidente consumidor de basura me permite dar un punto de vista. La democracia es el enjuague bucal que usa cualquiera que quiera darle un poco de fragancia a su pestilente discurso. La democracia es la palabra clave que quita la homofobia y machismo de las palabras de cualquier nauseabundo personaje. La democracia es la menta que consumen los adolescentes que acabaron de fumar para ocultar el olor a sus padres, es el perfume que se ponen los resaqueados en la oficina para que nadie detecte la juergaza de unas pocas horas atrás.

Algunas bolsas de basura con corbata se denominan demócratas. No entiendo qué quieren decir. No ponga en duda la democracia y no cuestione que somos demócratas, caso contrario, será apedreado por la turba que nos protege. No se defienda, es inútil. Lindo sistema. A lo mejor es hora de reciclar a estas bolsas de basura con corbata.

Estoy bastante seguro de que explicaciones sobre qué es la democracia abundan, no necesitamos inundarnos de información, sino una guía que oriente al ignorante del tema (me incluyo) a conocer de qué estamos hablando al mencionar democracia. Quedo atento a explicaciones y quede atento a mis dudas.

Me vas a doler

Hay cosas que van a quedarse incrustadas en mi alma para siempre…
como el aroma de tu cuerpo,
como la potencia de tu risa,
como la diferencia de color en nuestras pieles juntas…
Hay cosas que van a quedarse
incrustadas en mi alma para siempre…
como tus hoyuelos,
como la textura de tu voz,
como el silencio de tus miedos
como el olor de tu aliento.
Hay cosas que van a quedarse tan incrustadas en mi alma
como tus susurros en mis labios,
como el roce de tus delicadas manos en mis muslos,
como tus gemidos que sentía solo míos,
como tu alma misma…
Hay cosas que se quedarán tan incrustadas
que siento que vas a dolerme para siempre…
como los “te amo”,
como las promesas,
como nuestros sueños,
como las canciones que nos dedicamos,
como las noches de películas,
como las tardes donde se hacía el amor,
como la botella de vino medio llena,
como el porrito que nunca pude armar bien,
como el frío que nos hacía acurrucarnos,
como todas las lágrimas que derramamos,
como todos los acuerdos que quedamos,
como todas esas ganas que teníamos
de hacer nuestro mundo mejor.
Hay cosas que se quedarán incrustadas en mi alma
como los poemas,
como la luna llena haciendo
nuestra noche perfecta,
como el café,
como los cigarros,
como las peleas y los seguidos “te quiero”,
como las mentiras,
y las verdades,
como los lunares de tu espalda,
como el color de tu vientre,
como tus manías al despertar,
como tu soledad,
como tus creencias,
como nuestros pensamientos.
Hay cosas que van a quedarse tan incrustadas en mi alma…
que siento que jamás dejaré de amarte…
Como tú…
te incrustaras tan adentro, que va a dolerme cuando ya no estés.

– NERA

La cita

Renace tu aroma como salpicadura de hierro,

se incrusta como astilla dorada y quemante,

son tus ojos

o el residuo metálico del viento,

los calderos del sudor de tus senos,

el fuego estático bajo tus pies.

Sobre mi piel el molde definitivo,

el contorno predispuesto a dos labios sedientos ,

el incendio crepitante de tu ser expuesto,

mujer,

la ignición de los montes y las caderas.

Letargo

La ventana observa fijamente tu cuerpo inerte,

la luz no llega hasta tus ojos,

tu semblante lleva el féretro de los pájaros,

la condición inhumana de tu separación,

la carne puede ser un manto o un vestigio,

un recelo predispuesto a la muerte,

las palabras brillan sin ser astros,

se oscurecen sin aviso,

el centro de tus huesos tiene el negror perenne,

la debilidad de los coleópteros,

el chillido siniestro de tu propia sangre,

la tumba del amor

o la tumba del sol,

la ventana es el espejo.

L’intruso

–Entonces, ¿sabes quién es?
–Sí –respondió el corazón.
–¿Sabes su nombre, su edad, a qué se dedica y todo eso?
–Así es.
–¿Y qué es lo que sabes?
–Que tiene una banda, que es como un influencer o algo así.
–¿Cómo te enteraste?
–A veces ella es muy obvia.
–¿Y qué piensas al respecto?
–Me da celos.
–¿Qué más?
–Me estás presionando.
–Lo siento –dijo la razón mientras miraba desafiante, como alentando la tristeza.

–Me gustaría saber cómo así lo conoce.
–Dijo que es un amigo suyo desde hace varios años.
–¿Amigo?
–Así es.
–No parece.
–¿Y qué parece?
–Sabes bien lo que parece.
–Explícate.
–Es alguien especial para ella.
–¿Cómo sabes eso?
–Lo sé porque tú lo sabes.
–Puede que solo sea un amigo y ya.
–Pero no lo es.
–¿Entonces?
–Pienso que es alguien que no puede sacar de su vida.
–Tienes razón en algo, no en todo, pero en algo –la razón se inclinó hacia atrás, acomodándose con desdén.

–No me tortures, si sabes algo deberías decírmelo.
–Aunque te lo explicara, no lo entenderías.
–¿Por qué quieres hacerlo más complicado?
–No lo estoy complicando.
–¿Y prefieres que siga haciéndome ideas antes que aclarar las cosas?
–Prefiero que confíes en mí.
–¿Cómo hacerlo después de todo lo que vi?
–¿Exactamente qué fue lo que viste?
–Que aún le escribe, la busca y la extraña.
–¿Y tú crees que ella le haría caso?
–Espero que no, pero sé que es así.
–¿Por qué lo dices? –Los ojos de la razón dieron una señal de temor.
–Porque presiento que aún la ama.
–Eso no tiene nada que ver, no es importante.
–Sí lo es.
–Claro que no, él puede hacer lo que quiera sin ser correspondido.
–El problema es que ahí es donde nace mi duda.
–¿Y qué duda es esa?
–¿Qué tal si es lo que ella quiere? ¿Qué tal si es correspondido?
–Lo dudo mucho.
–Es difícil saberlo, aunque sé que tú sabes algo –corazón volvió a encender un cigarrillo.

Luego de un silencio incómodo, la razón tomó la palabra.

–¿Sobre qué es todo esto?
–Aún no estoy seguro.
–¿Y cómo pretendes demostrarlo?
–No quiero demostrarlo, solo quiero saberlo.
–¿Por qué?
–Porque ya no puedo amar sin sentir que me duele y tampoco puedo sentir el dolor sin amar.
No tienes ni la más mínima idea de lo difícil que es ser o no ser algo que se tambalea. Desde que ella se fue, ya no puedo dormir en mentiras ni despertar ileso con lo que arde la verdad.
–Entonces no lo hagas –ahora la razón se había volteado, como ignorando la tristeza.
–Prometo que ya no lo haré, pero antes quiero que me quites esta duda.
–¿Qué quieres que te diga?
–Todo lo que sepas sobre él.
–Está bien. Sé que estuvieron juntos, no sé hace cuánto. Sé que ella aún siente algo por él, no sé exactamente qué. Y sé que volverán, no sé por qué, pero así es.
–¿Y cómo sabías todo eso?
–Ella me lo dijo.
–¿Y por qué solo a ti?
–Porque, querido amigo, cada vez que ella aparece, solo la admiras sin escuchar.

Sombrero Ronderito

Tu papi te dio permiso para jugar
y terminaste presidente de casualidad
siempre te vemos como un huevón
y cada día muestras ser mamón.

Tu viejo tapir
gobierna con terrucos de mierda
y tu bronca te hecha caca
todo vale, siempre es un drama.

Que el tapir y el fosforito
se hagan cachar con fidelcito,
y tus congresistas
se jodan con el che Guevara.

Profe de economía
no nos tomes examen mañana
que ni el sombrerito o la banda
sabe de economía un caca.

Regina

Último suspiro de mi poeta dormido entre eternidades,
una luciérnaga en noche tan oscura como fauces de demonio,
alumbra el sendero hacia aquel de nombre Demian.

A través de mis lúgubres horas vuela,
mientras mi sombra arrastra penas sin cura,
una máscara come la dermis de mi rostro
y yo ya no encuentro mi reflejo,
y yo ya no sé quién soy…

Gritos de Eco y el nombre de Narciso,
mi nombre… ¿cuál es mi nombre?
Aunque Eco grita mi nombre
yo no conozco mi nombre…

Luciérnaga mía,
estoy tan ciega de tristes recuerdos,
ciega para el beso de Demian,
ciega para tomar este mapa del alma.

Mas yo aborrezco mi sangre, sudor y lágrimas,
¡aborrezco!
También a la sombra y esta máscara,
¡aborrezco!
A historias de mi piel sobre falsos amores,
¡aborrezco!
¡Me aborrezco!

¡Libérame de este infierno!
Farsas de mil demonios,
soy su Perséfone atrapada en este abadón…
¡Libérame de este infierno!
Aún escucho a los demonios,
me seducen a caer del precipicio
donde Werther siempre tiene sus brazos abiertos…
¡Libérame de este infierno!

La luciérnaga se convierte en niña,
sentada junto a los barrotes de mi prisión
mas ella solo estira sus manos para regalarme
siete flores doradas de reino misterioso,
quizá, vienen de lejano Oriente, quizá…

Siete flores que reflejan primaveras e inviernos
tiempo, vida, muerte, resurrección en un segundo,
¡por fin miro mi sombra y la máscara cae!
Y también relámpagos de una epifanía en la tormenta…

Detrás de Narciso y Eco, escuché el nombre de la niña,
ella, último verso de mi poeta,
Regina…

Detrás de Narciso y Eco, escuché mi propio nombre,
Detrás de Narciso y Eco, encontré a mi dulce Demian…

– Krizia Tovar

SOBRE LA AUTORA:

Krizia Fabiola Tovar Hernández nació en el Estado de México, en 1996. Algunos de sus escritos aparecieron en las revistas Reflexiones Alternas, Poetómanos, Awita de chale, Perro negro de la calle, MÁS Literatura, El morador del umbral, Prosa Nostra MX, Collhibrí, Teresa Magazine, Circulo literario de mujeres, Clan Kutral y El templo de las mil puertas. Actualmente estudia el último año de la licenciatura en Ciencias Humanas en el Centro Universitario de Integración Humanística.

El siguiente es Gonzalo

Muerte el perro, muerta la rabia. Así nos dijeron, pero lamento informar que no aplica a esta situación. Abimael Guzmán ha muerto el 11 de setiembre de 2021, para calmar heridas o para abrir conspiraciones, pero muerto está. La pregunta real es: ¿Ha muerto el pensamiento Gonzalo? No. La respuesta es que no ha muerto y que han quedado residuos en mentes que podrían homenajearlo y glorificarlo.

Abimael Guzmán nunca fue un luchador social, ni un líder político y menos algo bueno para el Perú. Representa la devastación que desangró a tantas familias y cuyos efectos se sienten hasta el día de hoy. Está muerto, los compuestos que lo constituyen cumplirán una serie de procesos químicos de los mismos que se hace con el cuerpo de cualquier ser humano. Y será así, un cadáver más.

Es ahora cuando empieza una nueva guerra, contra el pensamiento Gonzalo. No hay armas o tácticas de guerra que permitan eliminar este pensamiento. No existe ejército preparado para liquidar cualquier pedazo ideológico asesino encubierto de lucha social. Las balas son inútiles. La verdadera respuesta es la educación.

Muchos años de no leer historia nos pasan factura. No me las doy de intelectual que impone la lectura obligatoria de tomos de historia, sino que hago un llamado a informar de lo desastrosa que fue aquella época del terrorismo en el Perú. Hago un llamado a matar al pensamiento Gonzalo con la reflexión de la historia. No de aprender hechos por aprender hechos, sino de comprender las consecuencias que tuvieron aquellos actos execrables. A lo mejor deberías dejar de lado tu «la historia es aburrida» para darte cuenta de que eres historia, la vives y no te condenes a repetirla. Y llama a la reflexión cuando puedas, discute, argumenta y, sobretodo, infórmate. Esto no volverá a suceder a mentes bien informadas. Que se muera el presidente Gonzalo, el mejor tiro de gracia será una sociedad educada.

El uniforme es una servilleta

Hemos visto a personajes tan elegantes que hemos olvidado lo basura que pueden llegar a ser. Hemos visto a gente rompiendo los estándares estéticos establecidos para, simplemente, tratarlos como basura. Todo entra por los ojos y la primera impresión cuenta. Tan superficial pero tan cierto. Qué agradable ese sujeto, con una camisa bien planchada y una línea bien planchada en ese pantalón de sofisticada tela, un peinado elegante y formal. Los colores de su ropa no son cualquier elección, si no que representan a la institución.

La institución, una abstracta entidad que determina la identidad de un grupo de personas quienes darían la vida por defenderla. Eso es un chiste, la identidad es tan frágil como las telas que tienen puestas. Qué necesario se hace desgarrar sus ropas para mostrar la debilidad dentro de ellos. Son tan mierda como lo podría ser yo, como lo podrías ser tú. La basura sigue con su pestilencia aunque la pongas es una bolsa regalada del pan de la mañana o en la de las compras del mall.

Un uniforme es una servilleta más, está a la misma altura de un papel que te sobró. El uniforme que representa a la institución es una envoltura desechable que terminará de trapo para limpiar el piso, como es el futuro de todas las ropas. El único valor que tiene es la calidez de su temporal usuario. Tan humano, tan basura, tan padre, tan madre, tan cura y tan hijo.

Solo para fumadores (Tributo a Julio Ramón Ribeyro)

Muy como el flaco, empecé a los catorce o quince años, apoyado en la descolorida baranda afuera del ICPNA. Como a cualquiera, la primera pitada me causó una tos implacable y la promesa de no volver a hacerlo más, mas nunca he sido el indicado para hablar de compromisos.

Le perdí la gracia por mucho tiempo hasta que llegó la época de los quinos y las fiestas de promoción. Ahí, el fuego forrado de blanco fue mi mejor arma para combatir al frío y al mal del primer amor que me atormentó durante tres largos años. Luego, como cerrando el mismo ciclo, también terminé el colegio.

En la universidad conocí a mi primera relación seria que me pidió abandonar este hábito por cuestiones estéticas. Como un fugitivo, tuve que mantener el humo en secreto y disimular el olor que me dejaba. En aquel entonces, fumaba sin importarme la calidad de lo que entrara a mis pulmones y no me inclinaba por un sabor o una sensación en especial. Después de un año y un poco más, con todo terminado, me sumergí en el mundo de las marcas. Así comprendí la importancia de identificarme con la empresa que me ofreciera la mejor muerte.

Motivado por mi ignorancia en el campo, comencé a probar de la variedad para familiarizarme con los diferentes nombres y sus propiedades. Los Lucky nunca han sido de mi agrado por parecerme muy inconsistentes, los Pall Mall y los Premier estaban… más o menos (a veces más menos que más) y no tengo palabras para describir mi repulsión hacia los Golden Beach. Atorado en ese trajín, entre decisiones nefastas y vueltos incompletos, descubrí que mis favoritos siempre habían sido los Hamilton. No los tomé como la gran maravilla al principio, pero poco a poco se consolidaron como irremplazables. Su comodidad para mi bolsillo y su aroma a nostalgia me fueron enamorando, año tras año, en un sinfín de cajetillas para el bar, la noche y mi literatura.

Ya con la consigna de casero en todas las carretillas a las que frecuentaba, compartí mis tabacos y parte de mi rutina universitaria con una querida amiga mexicana con quien adopté la manía de prender uno sin haber terminado el anterior. Debido a que su estancia aquí fue muy limitada, quiero dedicar estas líneas para decirle que la extraño y espero que muy pronto podamos quemar algunos cerillos de nuevo.

Con el pasar de los años, mi costumbre tabaquera se fue quedando trunca porque solo la aplicaba como compañera para bebidas bohemias y viajes cansados. No me había considerado un fumador empedernido ni cuando encendía los cigarrillos de siete en siete en fiestas que no valen la pena recordar. De a pocos, mi consumo se mantuvo leve y estable, como esa colilla que sigue apagándose en un cenicero eterno.

Entonces llegó Pamela y me enamoré sin norte ni sur. Lamentablemente, mi vida es una constante decepción que sufre una enfermedad crónica de verdades incompletas y cuyo síntoma principal es la pérdida de lo que más quiero. Toda esta experiencia me llevó a reiniciar mi vicio de calar por sufrimiento, el mismo que empecé en la pre-adolescencia y se me había hecho esquivo por razones que escapan del corazón. Mezclando la necesidad con el gusto, me convertí en una máquina de volutas que funcionaba de cuatro a seis turnos por noche; así sea en la calle, la azotea, los taxis o cualquier otro lugar que pudiera tolerar mi desdicha.

Entre recuerdos amargos y terapias mal escogidas, con la poesía ya encima, conocí a un gran compañero de puchos para seguir jugando a esta rasposa actividad libre de beneficios. Cada dos sábados, sumergidos en las letras de Juan de Dios Peza y pendientes del otro, nos preguntábamos si había o no había. Si no había, tocaba invitar.

Hoy por hoy, con el maldito infortunio que conlleva una enfermedad directamente ligada a la respiración, tuve que controlar mis insistentes gustos por un tiempo. Dicen por ahí que uno siempre vuelve a donde fue feliz y, al no poder volver a la universidad ni a Pamela, solo quedó aferrarme a ese aroma que deja la ceniza mientras se abraza de un recuerdo y se impregna en la ropa.

Y muy como el flaco, quiero decir que ya empiezo a sentirme algo agitado. Mis procesos bronquiales ya no se curan con facilidad y no me quedan más segundos aires. No quiero terminar este pequeño tributo sin soltar una idea plasmada sobre la cruda realidad; porque esto no es una reflexión ni una oda, este es el puro gusto de escribir solo para complementar al hermoso acto fumar: “El cigarro es el suicido perfecto, asegurándote un prólogo lo suficientemente largo para disfrutar de todo, antes de ir a la tumba”.

Seguramente, en algunos años, revisaré y reeditaré este texto con todos mis sentimientos encontrados y a flor de piel. Por ahora, volveré a encender un desgraciado pitillo ante la innecesaria necesidad de sentir el humo entre mis fauces. Pues aún cargo, como mis pulmones negros, con la culpa de seguir fumando y el placer de poder hacerlo.

La disputa

Encontré a Neftalí de espaldas, asediado por los jardines rojos,

embriagado por la luz decadente de una luna insuficiente,

cuando volteó la mirada, surgió del piso la sombra ancestral,

el pasado que en color oscuro desdibuja todos los recuerdos,

desde otro extremo observaba el Gitano, rodeado de uvas y pañuelos,

apaciguado por la luz reflejada de su copa fulgurante,

lloraba, cuando Neftalí compartió de sus labios con la Aurora.

*

El poema llega tarde a la hora de la cena y el ser adolece,

la sombra ancestral se impone en el medio de la sala y el ser adolece,

el amor se retiene en la copa mientras el ser adolece,

el ser es el dolor, el amo de todo el cariño.

*

Ha muerto el Gitano, batido en el duelo del verbo, queda su sombra,

la amistad de su trazo derecho en el papel rojo del poeta,

seguramente, pasadas las horas del amor lejano, Neftalí retorna

a los cristales sagrados que resguardan su vino

y el cantante entona todas las rimas de su revancha,

está presente y con los labios secos,

mas la palabra discurre como torrente incontenible

que acerca más la luna al hombre

y el firmamento no es más que una sílaba silente

de la ausencia del poema y la canción.

*

La Aurora carga con la muerte de todas las noches.

Quiero volver

Invítame un poema
sobre la fresa de tus labios
y el idilio eterno
de tu nombre con el mío
que vacilan en volver
como si de sed se tratara.

Tus recuerdos han escapado por la ventana
llamándome a despertar
a cada beso
a cada esquina
a cada madrugada.

¿Por qué me llevaste de la mano
a ese extremo de la tormenta?
Si nunca pude volver
y tú eres un manante
que no deja de fluir.

Por favor, amor,
sácame de aquí
que tus canciones sienten la ausencia
y mis ojos te buscan donde ya no estás
como si de vapor se tratara.

Este poema nació un jueves,
sufrió a Lárregui
y agoniza con un vino
bajo cartas releídas
y la memoria ensangrentada.

Nunca debí amarte
porque no era la mentira
sino, la oportunidad
de poder partir
vestida de rabia.

Las dudas me empapan el alma
respondiéndose a sí mismas
con angustia
como si de lluvia se tratara.

Te odio.
Te odio.
Te odio.
Te odio.
Te odio.
Te odio.
Te odio.
Te odio.
Te odio.
Te odio.
Te odio.
Te odio.
Te odio.
Te odio.
Te odio.
Te odio.
Te odio.
Te odio.
Te odio.
Te odio.
Te odio.
Te odio.
Te odio.
Te odio.
Te odio.
Te odio.
Te odio.
Te odio.
Te odio.

– repetirlo los septiembres que sean necesarios
y no recordarlo más –

Ya no sé, mi amor, qué hacer.

Entre mi añoranza y tus senos
no quedan cenizas,
todas han volado
al azul
como si del mar se tratara.

El vacío no entiende de nada
ni de dolor ni de tristeza,
solo tiene empatía
para cargarme los ojos
de tortura.

Y de nuevo, te vas
y te has ido varias veces
dejándome el café tibio,
la fe en una pendiente
y un aroma entre mis sábanas.

¿Te confieso algo?

Quiero volver.

Pero no al lugar
ni al momento
ni a ti.

Quiero volver al sentimiento,
al verso en limpio,
al corazón sin quebrar

como si de mí se tratara.

MARCHAR

Existió un guerrero de negro cabello

Como su corazón, el cual había perdido

Con iris rojos, rojos como el acero en la forja

Rojos de tanto llorar

El guerrero se calzó su armadura mientras el pueblo le rogaba

Pero este guerrero

Se puso a marchar

A tierras lejanas para olvidar a su amor

Cuando el bosque

Este guerrero quiso cruzar

Las ninfas de los árboles

Salieron al frente de él

Rogándole que no las deje

Pero este guerrero

Continuó su marchar

A tierras lejanas para olvidar a su amor

Cuando su camino lo acercó

A las altas montañas

Sus espíritus protectores salieron

Le ofrecieron todos su tesoros

Con tal que se quedara

Pero este guerrero

Continuó su marchar

A tierras lejanas para olvidar a su amor

Cruzando las montañas

Al cielo se acercó, desde donde los dioses

Le comenzaron a rogar que no abandonara su patria

Que volviera a ser el gran protector

Le ofrecieron darle el secreto de las runas

Pero este guerrero

Continuó su marchar

A tierras lejanas para olvidar a su amor

Cruzó las montañas y los valles entre ellas

Bajó por grandes abismos y cruzó llanuras abandonadas

Pasó por los pantanos donde las almas deambulaban

Y por donde pasaba, todos le rogaban

Que no se fuera de su tierra amada

Pero este guerrero

Continuó su marchar

A tierras lejanas para olvidar a su amor

Mas luego de un tiempo, llegó al mar

Donde su viaje, parecía, a fin había llegado

Pero el guerrero derribó un enorme árbol con su espada

Y con su ayuda, un barco construyó

Le puso el nombre de su amada y al mar se lanzó

Y así, el guerrero siguió su marchar

Buscando la tierra lejana donde su amor podía olvidar

Aun sin saber que ni con la ayuda de la muerte lo iba lograr

Así partió el guerrero, solo en el mar

Soltando las únicas lágrimas que le quedaban en el corazón

Y cuando llego al medio del mar, liberó todo su dolor

Y fue tan grande su dolor, que toda la tierra lo sintió

Y todos aquellos que le habían pedido que se quede

Entendieron el porqué de su marchar

Y porque él nunca ha de regresar

La resaca del Bicentenario

Ya pasaron 200 años desde la proclamación de la independencia del Perú y no nos ponemos de acuerdo de qué significa eso. Las celebraciones abarcan desde los tradicionales desfiles o bailes, hasta afirmar irracionalmente de que este es el mejor país. Por otro lado, otros claman que no hay nada que celebrar y nos quedamos inundados en las quejas que puedan vociferar. De cualquier modo, con todos los conflictos sociales y políticos, este territorio llamado Perú puede sentirse orgulloso de lo que posee y su cultura.

Son 200 años de la mano de un presidente tan improvisado, que me recuerda a los estudiantes de secundaria que olvidan la tarea y llenan sus cuadernos de cualquier clase de texto con tal de aparentar haber realizado algo. Pero ahí está. No sé si llegó de casualidad, con fraude o porque realmente es el clamor popular. ¿Qué mas da? Llegó e hizo chillar a tantos grupos políticos y generó (queriendo o no queriendo) la polarización de todo aquel que pueda teclear sus opiniones.

Ya llegamos a este punto de la historia y seguiremos peleando entre nosotros porque fulanito votó por tal candidato cuando zutanito era el empresario ideal. Discutiremos, por años, hipotéticos escenarios en el que el economista de renombre ganaba y transformaba el país. Debatiremos, irracionalmente, sobre si pudo ser mejor que nos gobierne la mafia o algún otro personaje. Nos tiraremos basura, nos repudiaremos, culparemos a la prensa y a los ignorantes. Al final, solo nos preocupará buscar culpables. No será diferente en otros 100 años.

Embriagados de peruanismo, la resaca será tan dolorosa. Nos dieron esta patria, de las tantas que existen, tan solo para destruirnos.

Matar el amor

Eran las 7 de la noche, salí diez minutos después, hacía mucho frío y sabía que sería una noche muy larga, subí al taxi y seguimos su ruta hasta que se bajó, esperé un momento mientras lo veía por la ventana impaciente, en ese instante, mi corazón tenía la esperanza de estar equivocada.

Fue cuando ella apareció, feliz y directo a sus labios. Mientras se besaban, la primera lágrima de toda la noche salía del fondo de mi ser. Empezaron a caminar agarrados de la mano, hablando de sus planes y sus cosas. Yo, detrás de ellos, llevando el cigarro con la mano fría y temblorosa a mis labios, con el aliento frío.

Estaban tan concentrados que jamás se percataron de mi presencia y menos él, ya que llevaba siguiéndolos más de media hora y no por masoquista, no por falta de amor hacia mi misma, sino por certeza y porque mientras ellos hablaban de su eterna historia, yo reconstruía todo mi futuro y no dejaba de preguntarme si él la amaba de verdad o solo era un capricho.

Ella se veía como yo, no en su apariencia, sino en su forma de hablarle, de tocarlo, de abrazarlo, le decía “te amo» con la misma ilusión con la que yo se lo decía a él, más hipócrita no podía ser, la besaba como a mí, la miraba como a mí, en ciertos momentos, hasta me resultaba gracioso y me reía pero con el alma en la boca.

No sé cómo me di cuenta exactamente, seguro fue mi intuición, porque en realidad no existió un cambio en él que me hiciera sospechar pero, desde un tiempo atrás, ya no sentía la misma seguridad que antes, creía que me conocía porque, de ser así, me habría dicho que su felicidad ya no estaba a mi lado y sabría que lo entendería porque no soy de las que tapan el sol con un dedo.

Mientras los miraba, tenía ganas de enfrentarlos, saber si ella era tan víctima como yo o su cómplice, si él tendría el único gesto digno de aceptarlo y disculparse aunque no se lo permitiera, saber desde cuándo y por qué, saber si ya no me amaba y qué pasaría con todo lo que construimos, pero soy más inteligente que eso, cada pregunta ya tenía su respuesta y las disculpas no borrarían el dolor ni la decepción.

A las ocho de la noche ya tenía todo claro y destruido. Pensé mucho en el drama y las disculpas hipócritas que me daría cuando se lo contara. Para sufrir, prefiero hacerlo sola, así me levantaría sola también, entonces decidí acercarme sutilmente para no malograr su momento feliz; en cuanto reconoció mi presencia, el rostro se le congeló. Me aseguré de que me viera y supiera que era yo.

De pronto, toda la calle quedó en silencio, solté el humo de mi cigarro y luego lo tiré al piso sin quitarle la mirada, parecía muy tranquila pero mi corazón palpitaba a mil por hora y las piernas me temblaban. Antes de que mis lágrimas mojaran mi rostro, di media vuelta y desaparecí en la oscuridad. De regreso a casa, pensaba en que todo había terminado.

Pero resultó el inicio de una transición salvaje de la felicidad a la impotencia de no poder controlar el llanto, de no levantarme de la cama por días, de no mirarme al espejo por miedo a ver en lo que me había convertido, de no matar el amor.

De lo único que podía estar segura era de que, esa noche, el mensaje había quedado claro porque jamás supe de él, tal vez no le interesó, pero eso realmente facilitó las cosas dentro de lo que cabe; y como todo mortal, tenía que pasar por las etapas del desamor: negación, ira, llanto, risas irónicas, embriaguez, adicción, frialdad, aceptación y no sé, en realidad, cuantas etapas son.

No quedaba ni rastro de la mujer que alguna vez fui y eso me destruía más porque jamás viví algo parecido, las largas noches con tristes canciones que ni conocía, los inexistentes amigos que me veían con lástima y tristeza, casi loca, tirada en el sofá. Di todo por perdido.

Sin embargo, una noche recordé la persona que era antes de todo esto, incluso antes de él y me di cuenta que sabía ser feliz, que tenía todo sin haberlo conocido, que sabía lo que valía y lo que merecía, que podía ser mejor y que, si bien es cierto que con él conocí el amor, no merecía mi destrucción. Recordé que me amaba más de lo que a él lo amé, que inconscientemente lo acomodé a mi vida sin volverlo el eje, que mis planes funcionarían con él o sin él.

Me di cuenta que ya era momento de superar aquello que no me mató, que debía secar mis lágrimas y levantar el mentón, que en un futuro no muy lejano, me burlaría de mi comportamiento autodestructivo. Es momento de dar el primer paso, es momento de brillar y continuar.

– SS.

En la tumba de A

No sé cómo empezar este frío relato, probablemente sea el más crudo que alguna vez he escrito.

Siempre he tratado de ponerme reglas, incluso para escribir. Suelo ser de una visión equilibrada, trato de no ofender descaradamente, pero tampoco busco santificar.  Sin embargo, en esta ocasión, un sentimiento engorroso ha guiado mis latidos los últimos días.

Tu muerte, tu repentina muerte desembocó todo un derrumbe en mis arterias, un derrame oscuro de rabia, impotencia y destrucción. Nunca había sentido tal sensación, vi como el luto entristecía a la gente a mi alrededor, se apagaban las luces de sus cabezas mientras la noticia corría de boca en boca, el mensaje apesadumbrado de tu pronta partida.

No creas que no quedé impactada. La muerte repentina, sobre todo en gente que vaga en el tiempo de la juventud, es algo que deja sin aliento a cualquiera. Pero una vez pasados los segundos de incredulidad, no sentí más. Mis propios problemas, el día a día y la rutina, se volvieron a mí para seguir con la vida.

La noticia vuela y los periódicos ya mostraban en la sección de obituarios tu lamentable deceso, el texto póstumo se deshacía en elogios a tu amable, cálida, dulce y honesta vida, la pérdida de una valiosa ciudadana, una leal amiga, una profesional intachable, todo un ejemplo de ser humano le era arrebatado al cruel y frío mundo. Las primeras voces chismosas ya murmuraban en la plazoleta, todas con fingido dolor. Ya en los mercados del pueblo se decían las frases más reconfortantes:

“Si murió joven quizás era buena”

“La hierba mala nunca muere, se fue joven, debió ser bondadosa”

 “Nos dejó un ángel que protegía con cariño y amor”

Y así, las chismosas y chismosos del pueblo hablaban de tu persona. Si de pronto hubiera llegado un foráneo, habría de creer que se hablaba de la siguiente Santa Teresita del niño Jesús, muy venerada en la zona.

Y aquí estoy yo, dos semanas después, parada frente a tu fría tumba, pensando que es curiosa la forma en la que pasamos la vida, tratando de sobresalir para finalmente acabar bajo la misma tierra en la que competimos por distinguirnos en la vida.

No traigo flores, no pienso dejar flores en tu tumba, yo que conozco tu otra faceta, no cumpliré con los protocolos ni con la etiqueta que demanda nuestra iglesia y que exige mudamente nuestra sociedad. No puedo mentir, al menos no como tú.

Sabes… creo ser un humano sin aspiraciones divinas, no busco la  trascendencia de mi  alma purificada. Por otro lado, no pretendo que creas que busco la aprobación del anticristo y que repelo a la humanidad, simplemente pretendo verla tal y como es: con blancos, grises y negros. Y aprender a amarla y odiarla de acuerdo a las circunstancias.

Este pequeño pueblo, en el que habitamos, está muy lleno de falso positivismo, lleno de sonrisas y deseos falsos al prójimo, solo en la privacidad de nuestras casas podemos vociferar a fiera voz los reales deseos por otro, o murmurar en las cocinas lo mucho que despreciamos a tal o cual ser humano. Pero no tiene sentido que te recuerde el deporte en el que has ganado medallas al punto de dejar vacíos y melancólicos a quienes te rodean.

Pero no dejaré caer el hierro solo en ti, la actitud tímida, en introspectiva, a veces es una ventaja cuando de ver realmente a la gente se trata, basta unos segundos de observación y entendimiento para ver que todos estamos hechos de la misma mezcla de bondad, hipocresía, rabia y lamento. Aunque nos pasemos la vida negando las partes más detestables o dolorosas de nuestro ser, apariencias es todo lo que, creen, nos queda.

Estas dos semanas, el alud de rabia, cólera e indignación; ha sido el pan de cada día. No omitiré que los dos primeros días, mi cabeza se pasó sermoneando a mis sentimientos y me obligué a prender una vela en tu nombre, rezando por la llegada de tu alma a las puertas de San Pedro. Pero mis rezos, que pedían por tu bienestar y te perdonaban a viva voz por los errores que cometiste conmigo, se entorpecían cuando una bola de rabia se atoraba en mi garganta y terminé dejando que la vela siguiera su curso, incluso vi como una oscura y gorda mosca aterrizaba en la cera líquida, quemándose y ahogándose. Lo tomé como una señal. Apagué la vela y decidí acabar con el ridículo teatrito que me estaba imponiendo.

Salir a las calles fue un infierno, tu nombre y fotos con tu rostro en cada afiche y periódico eran una verdadera molestia, más aun, ver esa sonrisa que ante mí se disparó maliciosa y desdeñosa. Pero exploté, exploté cuando los viejos conocidos mutuos se abrazaban y se daban el pésame ante tu fatal partida, hablaban de las excursiones, las fiestas y lo hermoso de tu potente y brillante luz. Y si mal no recuerdo, esas bocas que escupen anécdotas dulces y buenas, eran las mismas que dedicaron floridos y ácidos adjetivos durante las reuniones después del trabajo en la cantina, rodeados del vino y el whisky, todos sentían la confianza y la libertad de escupir sobre tu ahora santo nombre, todos indignados con la falsedad de tus acciones, rabiando porque se sentían usados y humillados, todos sintiéndose como esclavos tuyos y escupiendo secretos que estaban cansados de esconder. Ahora esas bocas babean pena y extrañan a la loca manipuladora que convirtió muchas de sus tardes en infiernos silenciosos, solo para conservar el trabajo y llevar el pan a sus familias, es claro que sabías que el poder yacía en tus manos y nunca dudaste en jugar con él a tu soberano antojo.

Y luego yo, víctima de tus mentiras y manipulaciones. La pregunta que más ronda en mi mente es “¿Por qué a mí?”, no recuerdo haber empañado tu buen nombre, es más, como muchos en el pueblo, cedí ante la pulcra apariencia que emanabas, te admiré y traté de ser amable durante muchas ocasiones. No tomes esto como una victimización, santo no soy y mucho menos pretendo que, al morir, todos eleven mi humanidad a la santidad. Pero con tu muerte cayó la rabia de nunca haber podido decirte mi sentir, de nunca poder haber revelado tus intenciones y haberte dejado en tu pequeño reino, manipulando incluso a seres que yo amo.

Me quitaste la felicidad de tener un trabajo honesto, te burlaste a mis espaldas y tramaste sucias tretas para deshacerte de mí, usaste los asquerosos chismes y, con cartitas entre secretarias, compartías tu animadversión mientras me sonreías y fingías justicia y neutralidad para ayudarme cuando más lo necesitaba. Yo confiaba en ti y veía cómo ayudabas a otros tantos, pensé que dentro de la cordialidad de nuestras relaciones, serías igual conmigo. Pero no, salí apuñalada y traicionada, sabiendo que aún después de que me fuera, seguirías lastimándome a través de personas que significan el mundo para mí. Tal es el performance que aparentas que, incluso, al vernos de casualidad en los bares y cantinas, me saludabas con un beso en la mejilla. Por supuesto que con mi retirada no acabaron las largas tertulias y quejas que escupían los demás, fue ahí que entre copas y sinceridad, se escapó la frase “Ella solo ayuda a quienes le agradan, y tú, nunca le agradaste” Nunca pude haberme decepcionado más, pero entendí que las apariencias son realmente un juego de las grandes ligas.

Ahora, en el solitario cementerio, te divulgo sin remordimiento que no me da pena tu partida, que no lloré, que no pienso que un ángel se haya ido. Y vengo a dejarte la desagradable valija que dejaste conmigo, vengo sin flores pero sí con algo que nadie te ha dado, honestidad sin medias tintas. No dudo haya habido bondad en ese pequeño cuerpo, pero sí que viví la maldad que en ti reside y como víctima de tales acciones me abro y te digo adiós. No espero que el inframundo y sus terrores te traguen, pero tampoco rezaré para que los ángeles canten celestiales himnos para ti.

Si alguien de verdad te quiso y de verdad quisiste, entiendo que tu partida duela, tienes padres después de todo. Pero reniego de aquellos que, en vida y llamándose tus amigos, decidieron escupir en ti antes que decirte al menos un trago de verdad para frenar tus manías, o al menos, para develar la verdad de tus acciones con la esperanza de que seas el ser humano que ahora pintan los periódicos y el anuncio de la iglesia que prepara tu misa, llena de lamentos mentirosos y omisiones a la vida que realmente llevaste.

No fuiste santa, tampoco el diablo, pero te dejo el peso que me diste y que el más allá se encargue de ti y seguramente de mí, cuando el beso de la muerte me sea dado.

Adiós, A.

– Marcia Castro

Hoy lloro por ti, Colombia

 “La independencia del dominio español no nos puso a salvo de la demencia.”
Gabriel García Márquez 

¿Hasta cuándo los gobiernos latinoamericanos no asimilarán que la vida es sagrada?

La violencia nunca es legítima y hoy se repite una vez más, la escena de las fuerzas del orden utilizando las armas contra el pueblo como método para eliminar las posibilidades de disenso. Sin el menor resquemor, meten bala al pueblo desarmado que juraron defender.

Esta vez, es al pueblo colombiano a quien intentan acallar. Digo esta vez, porque recientemente fue Chile que vivió el dolor y la impotencia de ver a sus hijos torturados, asesinados y cegados… en un intento de acallar sus voces y conciencias.

Es la eterna repetición de ajusticiamiento de justos. Y asesinatos de héroes.

Esta vez, en mayo, mes de las madres, hay madres que lloran a sus hijos en Colombia; país hermano que no logra superar el estigma de la violencia por las guerrillas, narcotráfico y, ahora, sus propios soldados disparando a matar en contra de los manifestantes que apenas buscan resolver sus necesidades insatisfechas. En un escenario con muchos resquicios de una cultura señorial que se remonta a los tiempos coloniales, basada en la demagogia igualitaria que, normalmente, no logra disfrazar la violencia clasista y racista, mientras se mantiene a costa de los explotados y sometidos.

Una vez más se repite el genocidio porque en Latinoamérica estamos, toda la vida, viviendo el mismo drama de la brecha económica muy profunda, el poder girando alrededor de un mismo entorno familiar o grupal por más de un siglo y visando, apenas, intereses personales o corporativos. Los gobernantes olvidándose, eternamente, de manera inescrupulosa, que son servidores públicos, que deben buscar subsanar las necesidades de las mayorías al margen de saber que las necesidades son infinitas y los recursos finitos, deben trabajar en el intento de buscar un equilibrio; y ante esta disyuntiva, no lo hacen, por el contrario, se apoderan del aparato estatal y manejan la cosa pública como siendo privada, conforme a sus intereses.

Ante la insatisfacción, el pueblo marcha y grita su rabia contenida. El Estado responde con la brutal represión militar para contrarrestar a los hambrientos, desnudos, desarmados, pacíficos, provocadores.

¡Ah! El pueblo es el que día tras día tiene que apiñarse en el transporte público. Es el que trabaja duro, pero siempre está al margen de poder adquirir los bienes que la sociedad de consumo ofrece. No tiene acceso a la salud, educación, trabajo digno o sueldo justo.

Entonces, el pueblo históricamente excluido, cansado de acumular frustraciones y luchas vanas, sale a la calle porque el derecho a protestar, el derecho a ir y venir libremente, son derechos humanos, conquistados y aceptados internacionalmente. Y la gente que está harta de esperar que los gobernantes trabajen por justicia social, sale a la calle a exigir sus derechos, a reclamar un futuro más digno y como respuesta, por parte de Estado inepto, encuentra la represión y la muerte.

Las resistencias y aguantes colectivos del pueblo colombiano afloraron al unísono y el Estado responde con el guion de siempre: “Al terrorismo, vías de hecho, vandalismo… ¡hay que meter bala!” Con mentiras, justifican los atropellos y crímenes de las fuerzas del Estado contra la población civil.

Ya estamos frente a un nuevo genocidio en la región. Y no hay Dios que nos socorra. Los organismos internacionales, jamás, están al lado de los pueblos. De derecha, izquierda o de cualquier rincón del infierno, no importa, los organismos internacionales defienden los gobiernos, pues detentan el dinero y el poder.

Tal vez, después, alguien vendrá a construir un monumento en homenaje a los caídos

(la ironía y falta de humanismo de los gobiernos, apesta).

Hace mucho tiempo que mi amada patria latinoamericana está herida de muerte y resiste con terquedad al inmenso dolor, mientras se desangra a borbotones por doquier que se la mire. Si la llamo Justicia, veo a Bolivia que se ahoga en sus lágrimas de sal sin poder pronunciar una sola palabra. Si la llamo Cordura, veo a mi Brasil que se inunda en la insensatez más grande del mundo. Si la llamo Libertad, veo a Nicaragua secuestrada. Puedo mirar a la encarcelada Venezuela o a la despellejada Argentina… empero, hoy, lloro por ti, Colombia.

– Márcia Batista Ramos

SOBRE LA AUTORA:

Márcia Batista Ramos, nació en Brasil. Licenciada en Filosofía. Es gestora cultural, escritora, poeta y crítica literaria. Es columnista en la Revista Inmediaciones, La Paz, Bolivia y en periodismo binacional Exilio, México. Publicó: Mi Ángel y Yo; La Muñeca Dolly; Consideraciones sobre la vida y los cuernos; Petty Barrón De Flores: La Mujer Chuquisaqueña Progresista Del Siglo XX; Tengo Prisa Por Vivir; Escala de Grises – Primer Movimiento; Rostros del Maltrato en Nuestra Sociedad; Dueto; Escritoras Cruceñas, Caballero, Reck & Batista; Escritoras Contemporáneas Bolivianas, Caballero, Decker & Batista; Caspa de Ángel – antología de cuentos, crónicas y testimonios del narcotráfico, Batista-Ramos & Carvalho Oliva. Es colaboradora en diversas revistas internacionales.

La brevedad

La brevedad son tus ojos,

la voz callada que precede a mis labios,

la inclinación del color bermejo del afecto,

la silueta de tu sombra después del amor.

*

La brevedad son tus manos tibias,

la noche incalculable,

la forma de tu vientre dispuesto.

*

La brevedad es tu nombre,

cariño,

la sílaba de la felicidad.

La quemante mirada

Qué más pueden decir tus ojos
que no sea que sintetizan el sol.

Imagino la calidez
de dos fuentes quemándose,
la ignición del centro luminario,

qué más se puede decir del sol
que no sean tus ojos.

En la tibieza de tu párpado
reposan los sueños,
los nidos de mil aves encendidas
donde mueren y renacen
tus reflejos,

la mirada quemante
donde espero rendido.

MANGOSTA

Siempre pensé que la matemática

Me llevaría a una vida lunática

No que me acercaría a ti

Mi princesa romántica

Aquella que tiene la mirada penetrante

Y la sonrisa demasiado radiante

Aquella que se marcó en mi mente

Aquella que relajó al demente

Y se proyectó plenamente

En conocerte completamente

En ti confiar ciegamente

Y solo a ti adorarte

Pero creo que mi mente

Muy lejos está viajando

Porque no sabe lo que tú estés pensando

Quién sabe que de mí te estás imaginando

Seguro estás pensando «¿en qué loco me estoy fijando?»

Pero princesa, este loco es un vato

Que solo en una piensa

Un loco que solo a una quiere

Y que si lo aceptas, su vida te daría

Y hasta el fin del mundo te acompañaría

Y que en las siguientes vidas, a ti te buscaría

Para repetir esta historia

Aquella que, para mí, será la más bonita.

Mis abismos

Tengo tantas ganas de incrustar mis dedos en mis pupilas
y arrancarme las penas del alma.
Que el humo de tu cigarro se convierta en besos
que al chocar con mi rostro
estallen en estruendosos “te quiero”
para no quedarme vacía de sensaciones.
Para no quedarme en silencio.

Tengo tan sedientas mis emociones,
quiero explotar en momentos
que logren empañar esta ansiedad por completo
cual rocío en verano…
y que cada uno de mis versos
llegue como deseos a las estrellas fugaces
que no logré atrapar
en todas esas noches frías
donde…
en vez de mirar al cielo
miraba tus numerosos lunares.

Tengo tantas ganas de implorarle a esta noche
que se apiade de mis miedos,
de pedirle a la luna que se vista de mis eternos susurros,
para así no terminar contándote que me muero por ser
el más eternos de los fuegos,
de esos que se incrustan en tu piel
y no logras olvidarlos.

Quiero descansar mis lágrimas en tu torso
y sentir la suavidad de la vulnerabilidad
en las palmas de mis manos,
para ser eterna…
para ser todo
menos esta ansiedad
que me convierte
en abismo.

– NERA

Me vas a pedir que vuelva
cuando mi piel se convierta
en ceniza.
Cuando la ansiedad
en la palma de tus manos
quite la venda de tus ojos
y no puedas volver a ver
mi locura envolviendo tu ser.

Me pedirás que vuelva
con los miedos cruzados,
cuando mi alma
se quede en el horizonte
y ya no pueda cantar,
cuando mis labios
ya no puedan pronunciar tu nombre,
cuando el cigarro entre mis dedos
se consuma
y solo quede el olor a lluvia
en nuestros cinco sentidos.

Me pedirás que vuelva
cuando el silencio sea
lo único que escuches,
cuando no puedas convertir mis versos
en mi aroma,
ni el alba en mis pupilas.

Cuando sea de noche
y sientas frío
y no puedas juntar tus pies con los míos,
me pedirás que vuelva…
y no podré volver.

– NERA

La pandemia aumentando las grandes brechas históricas de la humanidad

La pandemia que estamos viviendo desde el 2020, con las medidas restrictivas, el encierro, los cuidados, el temor al virus, las muertes y hospitalizaciones de personas cada vez más jóvenes, es asustadora.

Tal vez, la pandemia permita experimentar la sensación de que somos una sola humanidad, que lo que le pasa a uno puede pasarle a todos, porque estamos todos enfrentando este virus, en cuarentena.

Empero, la pandemia aumenta las grandes brechas históricas de la humanidad, porque no enfrentamos el virus en las mismas condiciones, tampoco son similares las condiciones en que enfrentamos la cuarentena por las grandes diferencias económicas en que viven las personas en todo el planeta.

No todas las personas tienen un ingreso fijo que les permita estar en cuarentena, alimentándose y esperando que pase la pandemia. Además, la mayoría de las personas tienen que pagar un alquiler para vivir y la cuarentena, al no permitir trabajar, aumenta el estrés y baja las defensas, consecuentemente, las deja más vulnerables al contagio. Asimismo, las condiciones de vivienda de unos son inversamente proporcional a las condiciones de vivienda de otros, impidiendo a que muchas personas puedan realizar actividades alternativas en sus domicilios por la falta de espacio y de comodidades.

Eso refleja la fragilidad financiera de muchos países, que es real, y la crisis económica afecta a los presupuestos de todos los hogares y en mayor medida a los más pobres, ya que no cuentan con ingresos fijos.

En Sudamérica, por ejemplo, el comercio informal representa un número significativo de empleos y las medidas restrictivas afectaron directamente a los hogares que dependen de esas actividades que perdieron el derecho de salir a laburar y ganarse el pan del día, agravando más la situación de pobreza. Asimismo, es significativo el número de pequeñas y medianas empresas que tuvieron que cerrar, engrosando el ejército de desempleados. 

Mucha gente está pasando por situaciones realmente difíciles. En estos momentos, se pone en relieve las desigualdades de género: las mujeres son las más afectadas por el aumento de desempleo, la pobreza y la sobrecarga de trabajos no remunerados.

En este escenario de exclusión y pobreza ante las adversidades; las mujeres rurales, indígenas y afrodescendientes se enfrentan a mayores obstáculos para acceder a recursos productivos como el agua, la tierra, insumos agrícolas, financiamiento, seguros, capacitación, entre otros; a esto se suman diversas barreras que les dificultan comercializar sus productos, aumentando el riesgo de caer en la pobreza extrema.

Sin embargo, existen muchas personas que se refieren de una manera romántica a la pandemia, porque la pandemia vino a frenar los abusos en contra del planeta, del clima, de la naturaleza, del reino animal… No obstante, se olvidan de que adultos de todas las edades -incluidos los jóvenes- se están enfermando gravemente y muchos de ellos están muriendo en todos los países por la pandemia que está, indirectamente, preservando la naturaleza.

Existe una clara aceleración de la pandemia que está provocado un aumento en el número de casos en general y, por ende, un aumento en el número de jóvenes afectados también.

La población joven es la que está más expuesta al virus en comparación con la población de mayor edad. Son los que están más activos al ser la base de la fuerza laboral. Muchos forman parte del sector de servicios y desempeñan trabajos que requieren participación presencial. Además, es el grupo etario que no está siendo vacunado, aumentando la situación de morbilidad y mortandad por la enfermedad.

Los hospitales están llenos. En los países emergentes y pobres, los sistemas de salud están colapsando y el sufrimiento para los enfermos es grande, asimismo, para sus familiares y entorno.

La pandemia aumenta las grandes brechas históricas de la humanidad y los organismos internacionales no están implementando políticas universales, redistributivas y solidarias con enfoque de derechos para tratar de paliar los estándares socioeconómicos de los más desposeídos. Urge un reforzamiento de las medidas existentes y la creación de nuevas medidas de protección social.

Las respuestas en materia de protección social deben articular las medidas necesarias para atender las expresiones más graves de la emergencia; como garantía universal de ingresos, acceso universal a las pruebas sanitarias y a la atención médica, a los servicios básicos y a la vivienda, a la alimentación adecuada y a la educación, asimismo, salud universal e inclusión laboral orientada a garantizar el ejercicio de los derechos de las personas mediante el fortalecimiento del estado de bienestar y la provisión universal de protección social.

A consecuencia de la pandemia y frente al aumento de la pobreza histórica que la humanidad arrastra, pienso que existe un gran desafío para todos los seres humanos, ya que la crisis sanitaria es global y sus diferentes impactos socioeconómicos evidencian un aumento de la pobreza extrema y reflejan cada vez más la desigualdad en el planeta. Entonces, estamos ante el desafío de la empatía y ante la obligación de pensar en un mundo mejor.

Pese a la vacunación a nivel global, las perspectivas de una vida normal con abrazos y sin el uso de barbijo a corto plazo, siguen siendo muy inciertas.

– Márcia Batista Ramos

SOBRE LA AUTORA:

Márcia Batista Ramos, nació en Brasil. Licenciada en Filosofía. Es gestora cultural, escritora, poeta y crítica literaria. Es columnista en la Revista Inmediaciones, La Paz, Bolivia y en periodismo binacional Exilio, México. Publicó: Mi Ángel y Yo; La Muñeca Dolly; Consideraciones sobre la vida y los cuernos; Petty Barrón De Flores: La Mujer Chuquisaqueña Progresista Del Siglo XX; Tengo Prisa Por Vivir; Escala de Grises – Primer Movimiento; Rostros del Maltrato en Nuestra Sociedad; Dueto; Escritoras Cruceñas, Caballero, Reck & Batista; Escritoras Contemporáneas Bolivianas, Caballero, Decker & Batista; Caspa de Ángel – antología de cuentos, crónicas y testimonios del narcotráfico, Batista-Ramos & Carvalho Oliva. Es colaboradora en diversas revistas internacionales.

El pase largo

No quise pensarlo mucho y me decidí por el pase largo que dibujó una hermosa parábola en el cielo de aquella tarde. En campo rival, Pedro tuvo cierta dificultad para controlarla pero su mágica zurda fungía de guante. La mantuvo así por algunos segundos hasta que le duplicaron la marca y se vio en la obligación de abrir el juego por el costado.

Chemita apareció como un rayo. Veloz para el desborde, pudo avanzar algunos metros cuando la figura de Hugo emergió como la de un coloso impasable. La disputa del esférico fue rápida e injusta. Sin pensarlo dos veces, ya estábamos volviendo para evitar el contraataque. Un cambio de banda letal y Sergio la tenía en su poder.

Su capacidad de disparo, fuertísimo, soltó el latigazo apenas tuvo el espacio libre. Pedro había vuelto de nuestra ofensiva fallida e hizo un esfuerzo sobrehumano para desviar la trayectoria con un planchazo. Muy a pesar de haber conseguido su intención, el balón seguía en ruta directa a nuestra portería.

Martín no es alguien acostumbrado a pararse bajo los tres palos y aquel día le tocaba estar ahí contra su voluntad. Sus reflejos, mermados por la sorpresa del remate, lo llevaron a estirar un manotazo temeroso que llegó a rozar el misil con la punta de sus dedos. Ayudados por la fortuna, escuchamos ese sonido metálico que te devuelve el alma al cuerpo y los pies en la cancha.

Ahora era una dividida. Intenté llegar antes pero Galileo se encontraba mejor posicionado y se la llevó varios centímetros por delante. Si lograba volver al área y conectar al medio, todo estaba perdido.

Fui a cubrirlo con cierta desesperación para poner fin a su ataque. Él, astuto, quiso filtrarla entre mis piernas. En circunstancias así, es arriesgado juntarlas mucho porque se concede el espacio para un pase. Tampoco hay que separarlas a lo loco porque uno queda expuesto a la humillación. La solución es ser paciente pero sin calma, cerrando los espacios, jodiendo el control y siendo consciente de que dependes de la picardía del rival. Fue así que escuché a Jair pidiendo el toque. Galileo no lo dudó ni por un segundo y se la dejó a su compañero.

La espontaneidad del fútbol podrá resolver muchas cosas, sin embargo, la decisión prematura puede ser la mejor arma en situaciones de riesgo.

Jair es un regatero nato. En ese momento, tenía mil opciones de cara a mí. Irse de largo, pisarla, retroceder el juego, izquierda, derecha, arriba, remate… o mandarla bombeada para Sergio. Felizmente escogió la última, porque yo me la había jugado para cerrar exactamente esa.

Brazos atrás, cuerpo inclinado y pierna izquierda extendida. La fuerza impresa en su centro impactó de lleno en el interior de mi pie. El balón, en lugar de ir afuera, se fue hacia adelante.

Paradójicamente, ese despeje salió mejor que el pase al principio de este relato. Sobre nuestras cabezas, la bocha daba mil vueltas y todos la veíamos hipnotizados. Cuando empezó a descender, nos dimos cuenta de que el contexto era favorable. Su arquero, Elí, había salido más de lo necesario y teníamos a un hombre listo para el remate. Era nuestro turno.

Pedro no lo dudo y fue a ganarla. Hugo buscó cerrarlo pero ni el adivino más astuto pudo haber visto lo que pasaría. Pedro fintó y ambos pasaron de largo. Chema la recibió cómodo, por el medio, con un amplio panorama frente a él. Los pases sin tocarla son, de lejos, los recursos más bellos en este deporte.

Elí no tuvo otra opción más que salir y cubrir todo el espacio posible. Era el uno contra uno. Chema intentó llevárselo en diagonal pero su control fue excesivamente ancho. La palla se le iba directo al lateral cuando vi que Martin había empezado una carrera endemoniada para acompañar la ofensiva. Ahora corría para mantenerla viva.

Justo en el borde, desafiando a los límites de nuestro mundo, nació un nuevo envío con destino de área. La rapidez del suceso fue como un espejismo y lo vimos de inmediato. Su trayectoria era abierta y horrible. No tenía destino de nada. Sé que en ese instante nos sentimos resignados. Los hombros y las ilusiones cayeron de par en par.

De la nada, como el héroe nacido en fuera de juego, apareció Ronald, nuestro nueve que se había quedado en el área rival durante toda la jugada. Fiel a su costumbre lauchera, llegó a la caprichosa y la contuvo antes de que fuera demasiado tarde. La remató en su media vuelta, sin siquiera ver a donde la mandaba. Felizmente, directo al arco. Era gol.

Por fin lo habíamos conseguido. El descuento. Ahora estábamos 5 a 1.

Y tú

El silencio de este amor
retumba en mis oídos,
fuerte,
tan fuerte que no puedo más.
Has invadido cada parte
de esta alma mía
con tu esencia.
Tu preciosa esencia
y me pregunto
¿Qué hice para merecer
tanta vida?
Tanta perfección
aún en los defectos tuyos,
tanta libertad en una mirada tuya
y tanto amor en un beso tuyo.
Tanta pasión en tus manos.
Y yo…
tanto tiempo en oscuridad,
tanto tiempo sin amar,
tanto tiempo sin entregarme,
tanto tiempo sin confiar.
Yo, quiero amarte
con cada parte
de mi ser y mi piel.
Y tú…
que llegas así de repente,
para curar todo el daño
de amores muertos.
Para prender en mí
el deseo de tocar y sentir,
para darle valor
a cada uno de mis versos.
Tú, que llegas y no te vas,
que me cambias por completo,
tú, que me quitas el sueño.
Solo tú
tienes mi alma y mi ser,
mis sonrisas y mis lágrimas,
mis manos y mis pies.
Tú me tienes.

– NERA

Enrédate

Llévame a tu cuarto y apaga la luz, dame tus besos más sugerentes.

Llévame a imaginar lo que te pasó en tu día, de principio a fin.

Tómame de la cintura y presiona contra tu pecho, para sentir tus latidos.

Escúchame decir lo mucho que te extrañé y la poca paciencia que le tengo al tiempo.

La poca paciencia cuando tienes que irte y tengo imaginarte.

Restriega tus bajas intensiones contra mí, quítame el sueño.

Libera tus manos y dibuja tus sentimientos, estampa tu aroma en mi polo.

Recuérdame las razones por las que tiemblo cuando escucho tu voz al decir mi nombre.

Y por qué el “sí» siempre me delata cuando preguntas si te deseo.

Arriba o abajo, de todos modos flotamos.

Enreda tus dedos en mi pelo y define de una vez si será el amor o sexo.

Enrédate a mí, olvida quién eres y siente lo que quieres.

Solo por si acaso, guardaré un poco de mí, para que regreses.

Aunque de todos modos ya somos uno, somos.

Hacía falta solo la locura y habríamos desaparecido.

Traspasaste las fronteras con tu lengua y mis buenas intenciones con tu mirada.

Yo horizontal y tú vertical, opuestos pero satisfechos.

Hoy fluye el sudor y pesa el aire, caliente o frío, dulce o saldo.

Número par o impar, conforme pasaron las horas, olvidé las veces que fui Eva.

Si te vas o te quedas, ya enredaste tu vida con la mía y tu deseo con tu abstinencia.

– SS.

Mi funeral

Parado ahí, ante ese féretro desconocido, no pude evitar tener las reflexiones más crueles y crudas que no deberían ser normales a esta edad. Los asistentes, que se acercaban para dar su último adiós, no parecían mostrar el mínimo sentimiento de tristeza por quien yacía en el ataúd. Solo los más cercanos eran quienes derramaban las lágrimas más reales, los suspiros más dolorosos y los abrazos más sinceros a la par que se auto-convencían de que el difunto por fin descansaba en paz. Mi hipocresía no alcanza para eso.

En tanto un niño se acercó a ofrecerme una bebida caliente sobre una charola de plata, decidí que ese no iba a ser mi destino. Frente a la inevitabilidad del suceso, imaginé un desenlace diferente para mis días. Nada de extraños, nada de terceros, nada de inoportunos que aparezcan a fin de pillarse un vaso de ponche mientras visiten a un cadáver con el que nunca cruzaron temas de interés ni se invitaron un miserable cigarro en una madrugada llena de risas.

Me fui sin despedirme, con la epifanía aún fresca, directo a escribir la lista negra para mi velorio. Empecé con algunos nombres de la época escolar, entre profesores y ex-compañeros, la mayoría sin apellidos. Luego, entré al terreno de los amores pasados o que no llegaron a ser. Exactamente ahí, detuve el lapicero para ahorrar tinta, cayendo en cuenta de que la susodicha ya ocupaba dos hojas y una cara. Parecía el registro de una boda.

Entonces pensé en simplificar. La condensación de filas me llevó a agruparlas por características comunes y diferentes etapas de mi vida. Presa de un arrebato peculiar, comencé a desconsiderar a mis mejores amigos con una increíble indiferencia. No me sentí a gusto dejando fuera a tanta gente, pero cualquier excusa era válida: su timbre de voz es irritante, alguna vez me hizo esperar, no congeniamos en el gusto musical, me aburre su presencia, etcétera. En cierto punto, con criterios ridículos y poco fiables, manejé mi tarea con el objetivo de que fuese un asunto exclusivamente familiar.

Finalmente, pude notar que había perdido todo sentido de lógica cuando ya estaba descartando a mi propia sangre. Parientes lejanos, tíos a los que no veía jamás, primos que confundía con sobrinos y viceversa. Aletargado, caí en un estado paranoico con la idea de que no merecía una despedida como tal. Quería algo más simple, algo sin invitados que no me recuerden y puros forasteros enterrándome porque simplemente es su trabajo. Ningún alma que me pueda juzgar.

El hecho de tener una ceremonia tan privada me fascinaba, pero la pregunta obvia saltó un segundo antes que la emoción. ¿Cómo hacer para que nadie quiera asistir? Hasta ese momento, había tenido una existencia normal dentro de los parámetros exigidos por esta sociedad: un casi graduado, sin antecedentes penales, que se hacía cortar el cabello y que a veces vestía formal. No me tomó más de cinco minutos decidir que podía echar esa rutina a la basura con tal de cumplir mi nuevo objetivo. Era tiempo de un cambio y ya lo tenía resuelto.

Durante las semanas siguientes me dediqué a un comportamiento repulsivo con la única finalidad de hacerme odiar. Me olvidé de los modales y de las cortesías vacías, adopté un vocabulario mucho más grosero y conduje mis deseos a la promiscuidad. Estas nuevas costumbres, auspiciadas por el exceso de alcohol y abuso de drogas, fueron empeorando hasta derivar en serios problemas con mi entorno, discusiones que terminaron en peleas y, al fin y al cabo, la tan ansiada soledad. Estaba listo.

Antes de recuperar algún ápice de aprecio y preocupación por parte de cualquiera, me las arreglé para conseguir una pistola y cometer mi delito. Como otrora fuera mi hábito de no fumar, la locura de ser fiel a mis principios me llevó a reconsiderar mi decisión. No la de mi muerte, esa ya estaba pactada conmigo mismo, sino la de una explicación, aunque esta sea banal. Así, sin dar muchas vuelta al asunto, escribí la nota de suicidio más ambigua de la historia:

“Te vi venir, cansado de ti y agobiado por lo que fue un asunto de suma importancia. Estabas demacrado, con un pesar muy denso y la pena más latente que se puede expresar, pero estabas. La sensación que te forzaba a continuar también te arrastraba, devorando tu inocencia y escupiéndotela en la cara. Lo noté en tu mirada fría, reflejando el temor al silencio inerte que solo puede conseguirse en la tumba. No sé si fue tu hambre de respuestas inmediatas o tu exagerada manía de libertad, pero encaraste a la inmundicia del ser y perdiste. Si no sabes que hay después, ¿para qué dudar?

Allá tú. Al final, todo pasa exactamente como menos te lo esperas.”

Intenté releerla pero las voces en mi cabeza me decían que ya era hora. Cargué el arma, puse el cañón en mi sien, cerré los ojos con fuerza y jalé del gatillo sin saber qué esperar.

Y sin embargo, ahí estaban. Docenas de personas en mi funeral.

Experiencia para amar

He vivido de muchas ilusiones, que de vez en cuando simulaban ser amor.

Lo cierto es que jamás me comprometí, buscaba lo sencillo, algo que no me atara por mucho tiempo.

Que el día que debiera terminar, no trascendiera más de una o dos noches en vela.

Aunque siempre he tratado de hacer lo correcto, nunca lo di todo, tal vez por egoísta o por precaución.

Hasta cierto punto es eficaz, cuando aún eres inmaduro, cuando no sabes lo que significa la vida.

De todos modos, en ese entonces, nadie quedó marcado para siempre, de eso estoy segura.

Pero ahora, que ha transcurrido el tiempo, que ya no soy intermitente, que he aprendido cómo funciona la vida.

Ahora me pregunto, ¿cuándo dejaré de escapar de lo único que en este mundo material te puede salvar?

Me he enamorado y estoy cometiendo los mismos errores que antes cometí.

La inevitable necesidad de no comprometerme es que no sé cómo hacerlo.

¿Es normal dejar de lado el amor por el solo hecho de ver un rasguño en él?

¿Y si lo diera todo pero al final no funciona, que me quedaría a mí?

La verdad es que no confío ni en mis sentimientos pues, en cuanto al amor se trata, me falta experiencia.

La inestabilidad o la incertidumbre no van conmigo, lo seguro sí.

Y si eso significa dejar pasar el amor pues, me la juego.

Yo puedo darlo todo, yo puedo desplomar el cielo, puedo amar.

Pero no creo que la persona que quiera responder de la misma forma exista.

Porque el amor no tiene un final feliz, el amor es para siempre, de amor se vive.

Es tan misterioso e impredecible y arriesgar todo por alcanzarlo es una locura.

Nadie nunca tendrá la suficiente experiencia para amar.

No creo que exista alguien que entienda lo que significa amar, menos yo.

– SS.

La noche

Sé que no esperas una promesa de amor

mientras se impone la noche,

el amor es solamente este acto,

dices,

el de este preciso instante

en el que mirarte es desarmarte

y en el que no pretendes más que susurros

rondando en tus mejillas

deseando el arribo de mis labios en tus labios

o esperando que argumente el hecho de mi piel

junto a tu piel.

Sé que esperas solamente una sentencia

basada en tus ojos y la infinidad de la noche,

que quizá te sientas insuficiente para el mañana,

que quizá no haga falta nada

sobre la sombra de tus magníficos sueños,

que quizá el amor no sea este instante

sino la noche que ahora nos precede

y a la cual la mente busca dar alcance

sin tregua,

apaciguándose derrotada

en la puerta de tu boca.

Tiempo al tiempo

Sigo esperando a alguien
dentro de un calendario
que solo conoce de semanas
y si le hablo de septiembre
me mira con extrañeza.

Ya no existen los días
ni ganas, ni ansias, ni paciencia,
ni rastro de lo que fue
tu labial sobre mi almohada.

Se quedaron en pausa
todas las veces que de amor
pusimos en vilo al aire
como recuerdos atorrantes
saboreados con delicadeza.

Ojalá fuéramos cíclicos
y embonemos mil veces más
desafiando al reloj
y a sus manecillas.

¿Cuándo piensas volver otra vez?
Recuerda que no hay prisa
pero la vida es lineal
el cariño, una herida abierta
y el tiempo, la curita.

Que sea un jueves
ni tan cerca, ni tan viernes
como para revivir el ayer
y confundir al mañana.

Que sea una tarde distraída
divagando en la cocina
con los ojos desarmados,
las palabras entreabiertas
y una película incompleta.

O mejor un cuando puedas
donde y como sea.

Holocausto: cuando dejamos de llamarnos humanos

Como el día 27 de enero fue el Día del Holocausto, instituido por la ONU en el día de la liberación de Auschwitz por tropas soviéticas, recordé que, por cosas del destino (no por curiosidad o por interés histórico, por cosas del destino no más) conocí el pueblo de Dachau y el campo de exterminio en la misma localidad; con su pequeño patio de fusilamiento, sus cuatro hornos crematorios, algunas fotografías de experimentos médicos inhumanos, registro de relatos de castigos tremendamente crueles y aniquiladores… fotografías de los sobrevivientes angustiados y horrorizados… recordé que la atrocidad de los campos de exterminio nazi es total. Dicen que no hay ningún ser humano que no se sienta aludido por lo que ocurrió allí.

La historia del Holocausto asombra a cualquiera que se le acerque. Los campos de exterminio nazi significaron tanto dolor, que creo que la energía negativa generada en aquellos recintos sigue causando sufrimiento en el planeta. Tomando en cuenta la Ley de la conservación de la energía que afirma que la energía no se destruye, solo se transforma; tanto dolor, sufrimiento y maldad, de hecho, no se transformó en bendiciones; porque si así hubiera sucedido, el planeta sería ahora un Edén.

Asimismo, considerando la energía de 11 000 000 de seres humanos asesinados en los campos de extermino, sumado a la energía del sufrimiento de sus familiares y de otros seres piadosos que no tuvieron ninguna posibilidad de escoger no ser víctima… estoy hablando de una suma de energía negativa tan grande que, a simple vista, no cabe en mi imaginario; pero cuando me detengo a cavilar sobre el asunto, me estremezco desde los cabellos hasta el tuétano y comprendo el porqué del atraso y desorden planetario; el porqué de tanta miseria en un solo planeta. Es la energía del Holocausto que sigue envolviendo al planeta azul.

Theodor Adorno, en un intento de explicar la poesía de Paul Celan, estaba cubierto de razón cuando afirmó que “escribir poesía después de Auschwitz es un acto de barbarie”, frase que repitió con formulaciones diversas.  Empero, tenía mucho sentido porque resumía muy bien lo que estaba pasando en la poesía europea tras el fin de la segunda guerra mundial, ya que el Holocausto representó la pérdida de la belleza, de la candidez y de todos los valores éticos y morales que, como humanidad, pensábamos que teníamos. La pérdida de las seguridades dio paso a la duda, actitud que fue fundamental en la literatura de la segunda mitad del siglo XX.

El Holocausto mostró la cara más sórdida de algunos humanos y dejó muy en destaque que el ser humano tiene una faceta monstruosa que puede aniquilar, en un ataque de ira antropófaga, a todos sus similares.

Fueron momentos atroces, tristemente dramáticos, sufridos ante la indiferencia, la apatía y la ceguera del mundo ante el infortunio del otro, que nos obligan a pensar y accionar de forma distinta. Lo mismo, cuando las condiciones son adversas y somos obligados, como ahora con la pandemia, a observar el colapso de la humanidad, el fin de nosotros mismos, en cuanto a especie se refiere.

También, imagino el cúmulo de miedo y soledad de quien se sabe condenado y no puede hacer nada.

Después del Holocausto cambiaron muchas cosas, incluso en las estéticas poéticas, ya que ningún escritor pudo encerrarse en su burbuja y el compromiso con el otro se hizo más que necesario, se hizo vital. Así, la guerra y el genocidio determinan un viraje notable en la creación de los poetas sobrevivientes, judíos o no, y de todos aquellos que aparecen después. Se nota, en la poesía, el reflejo de hondas maduraciones individuales.

Me remito a la poesía para hablar de la tragedia que representó el Holocausto porque los gritos de dolor, a pesar de que siguen propagándose en el espacio, ya no logramos captarlos por la difracción que sufrieron en su trayectoria espacial, en el tiempo. Las fotografías estáticas de cuerpos ultrajados, muertos o en agonía; tampoco traducen el sentimiento que la poesía logra manifestar a través de sus versos. Me remito al poema de Aron Verguelis:

 “Bosque sin alerces /bosque sin abetos /bosque de Sarahs /bosque de Hannahs”.

Porque, sobre las fosas comunes, los árboles echaron cuerpo y sus raíces se alimentaron de aquellos cuerpos que pertenecían a humanos que tenían sueños y aspiraciones, una vida en andamiento, una ilusión, un fracaso, un amor en el corazón…

Algunos criaban gallinas…

                Algunos escribían un libro…

                                Algunos eran empleados…

                                               Bohemios… empleadores…

Muchos, eran apenas… niños.

Entretanto, terminaron en cámaras de gas, enterrados vivos o en hornos encendidos que los transformaron en cenizas para abonar el bosque.

¿Quién pudo hacer todo eso?

Entonces reconozco que el Holocausto, con sus masacres perpetuas, transformó de sobremanera el mundo. Mostró los monstruos que cohabitan con nosotros en el planeta y la capacidad que tienen para generar el caos, dado a su esencia maligna, al tiempo que acabó con la inocencia y colocó a Dios en duda, ya que parece haber fallado con las víctimas que solamente tenían su mano para agarrarse y tuvieron que sufrir y sufrir para después, recién, sucumbir.

También afirmo, porque así lo percibo, que la energía calificada por el mal y por el dolor, en los campos de exterminio, aún permanece envolviendo al planeta y propiciando más dolor y sufrimiento, como si la vida en el planeta tuviera que ser una especie de expiación de pecados que no cometimos. En cuanto a eso, la injuriosa masacre de Kielce apenas sirve para corroborar mi idea de que vivimos envueltos por la energía maligna, como planeta; pues asesinaron (y no eran nazis, eran vecinos) a sobrevivientes del Holocausto después de la magnitud del genocidio, en un delirio paranoico asesino, fruto del racismo y xenofobia.

¿La condición humana es de naturaleza mezquina?

Después de las catástrofes, en nuestro planeta azul, se suele instituir un día para recordar a las víctimas; tal vez, solo así, se lavan las manos teñidas de sangre, solo tal vez.

Pero, del mismo modo, los sobrevivientes nos dieron sendas lecciones de vida, de resistencia, de fuerza de voluntad y capacidad de empezar todo otra vez, lo mismo sin saber si el final sería feliz, pero con la certeza de que la vida vale la pena ser vivida. Fueron personas que siempre lucharon por ver lo bello, a pesar del sufrimiento.

En el intento de recrear la experiencia subjetiva del siniestro al que fueron sometidas tantas personas en los campos de exterminio, la poesía y solo ella, recupera un gesto humano, una ternurita, un ser humano, invisible, víctima del Holocausto, de cuando dejamos de llamarnos humanos.

“Si acaso

– Wislawa Szymborska (Premio Nobel de Literatura en 1996)

Podía ocurrir.
Ocurrió antes. Después.
Más cerca. Más lejos.
Ocurrió; no a ti.
Te salvaste porque fuiste el primero.
Te salvaste porque fuiste el último.
Porque estabas solo. Porque la gente.
Porque la izquierda. Porque la derecha.
Porque llovía. Porque había sombra.
Porque hacía sol.
Por fortuna había allí un bosque.
Por fortuna no había árboles.
Por fortuna una vía, un gancho, una viga, un freno,
un marco, una curva, un milímetro, un segundo.
Por fortuna una cuchilla nadaba en el agua.
Debido a, ya que, y en cambio, a pesar de.
Qué hubiera ocurrido si la mano, el pie,
a un paso, por un pelo, la casualidad.
¿Ah, estás? ¿Directamente de un momento todavía
entreabierto?
¿La red tenía un solo punto, y tú a través dese punto?
No dejo de asombrarme, de quedarme sin habla.
Escucha cuán rápido me late tu corazón.”

– Márcia Batista Ramos

SOBRE LA AUTORA:

Márcia Batista Ramos, nació en Brasil. Licenciada en Filosofía. Es gestora cultural, escritora, poeta y crítica literaria. Es columnista en la Revista Inmediaciones, La Paz, Bolivia y en periodismo binacional Exilio, México. Publicó: Mi Ángel y Yo; La Muñeca Dolly; Consideraciones sobre la vida y los cuernos; Petty Barrón De Flores: La Mujer Chuquisaqueña Progresista Del Siglo XX; Tengo Prisa Por Vivir; Escala de Grises – Primer Movimiento; Rostros del Maltrato en Nuestra Sociedad; Dueto; Escritoras Cruceñas, Caballero, Reck & Batista; Escritoras Contemporáneas Bolivianas, Caballero, Decker & Batista; Caspa de Ángel – antología de cuentos, crónicas y testimonios del narcotráfico, Batista-Ramos & Carvalho Oliva. Es colaboradora en diversas revistas internacionales.

Mi ser

Conozco cada parte de mi piel,
morena…
Puedo sentir como retumba cada nota de blues
en mis labios y mi ser entero.

Puedo bailar
cada ritmo de mi alma,
despacio,
sensual…
Soy yo sola y nadie más.

Estoy sedienta de mí,
tanto que voy a gritar
cada gota de mi sangre
hasta ser lo más elevado
de mi propia alma.

Soy lo más alto y lo más agudo
de mi esencia.
Yo soy la noche
que provoca ansiedad
y explota el cerebro
de cualquier ser.

Mi ego es ceniza
y mi libido es fuego
ardiendo junto al alba.

Soy oscuridad y soy viento,
y naturaleza,
y noche;
noche pendeja y solitaria.

La luna que se escapa de mis dedos
es la misma
que me fluye como agua.

Soy, en definitiva,
solo un poco
de lo que deseo ser.

Y lo demás que me espere,
que mi humedad tiene sed.

– NERA

Tu ausencia – Vals

Déjame allí en la puerta tu olvido

deja la voz saliendo lentamente

que termine tu amor finalmente

por honor al cariño compartido. (bis)

*

Si tu ausencia se quedase aquí conmigo

y tu amor se marchase a algún mendigo

quedaría yo como tu buen amigo

que en la puerta te ofrece su abrigo.

*

Quedaría yo como tu buen amigo

que en la puerta te ofrece su abrigo.

*

No hay razón para volver hacia el pasado

ni motivo para manchar esta caricia

solamente el afecto de lo amado

bajo el recuerdo de tu boca tibia. (bis)

*

Si tu ausencia se quedase aquí conmigo

y tu amor se marchase a algún mendigo

quedaría yo como tu buen amigo

que en la puerta te ofrece su abrigo.

*

Quedaría yo como tu buen amigo

que en la puerta te ofrece su abrigo.

La dama de la morgue

Ella llegó un viernes por la noche cuando mi turno estaba por expirar. Su frágil cuerpo se deslizaba en la cama. Tenía el rostro más bello que jamás había visto en mi vida. Sus cabellos parecían aún flotar mientras que su tersa piel no presentaba ningún desnivel. Su sonrisa de lado, extrañamente, aún se mantenía encendida y sus ojos como dos cárceles descansaban plácidamente. Era perfecta, salvo un menudo detalle: ¡estaba muerta!

Creerán que he perdido la razón y que mis deleites colindan con la necrofilia; pero no es así, ¡no me juzguen! No soy un enfermo, no es que desfilen por mi mente ideas escabrosas ni lascivas. ¡Habráse visto! Solo quiero seguir contemplando ese rostro que os juro me sonríe, que me lanza palabras silentes en un código que solamente ella y yo reconocemos. Estoy por descifrarlo, solo necesito un tiempo más.

En otra vida sé -ahora estoy completamente convencido- que nos conocimos, que constituimos un vínculo que trascendió espacio y tiempo y que hoy nos ha llevado a un indefectible reencuentro que precisamente tenía que atestiguar la muerte de uno de los dos para consumarse.

No sé cuánto tiempo llevo aquí, las horas de la vigilia y el sueño se entrecruzan, dejándome una sensación onírica.

El médico que me releva en la sección de tanatología forense acaba de llegar ¡no le permitiré que me robe su sonrisa! Aquella musa inmóvil en la camilla es mía; ¡únicamente mía! Una inefable dama que tras su muerte vino a buscarme. No les puedo permitir -a esos seres grises- que me la arrebaten ahora que finalmente logró hallarme.

Se oyen los pasos de mi colega, sus sucias manos pretenden girar la manija de la puerta, ¿se largará acaso cuando la encuentre trancada?

-Hey, no te molestes en insistir, la puerta está con llave. Tengo un caso muy particular aquí, yo cubriré todo tu turno también esta noche -impávido se lo digo mientras advierto algunos murmullos allá afuera-.

Balbucea unos instantes; la desconfianza lo invade, pretende denegarse, lo piensa unos segundos más y al fin cede a mi deseo. Imagino que entiende la firmeza de mi voz, sabe que es mejor no jugar conmigo. Oigo a sus pasos alejarse y finalmente desaparecen al igual que los susurros. ¿Esta escena ya la he pasado antes? ¡Qué más da!

Somos nuevamente solo ella y yo. Nuestro instante ha llegado, pondré un tango y danzaremos en el aire, convertiremos esta sombría sala de autopsias en el salón de baile donde habremos de cortejarnos sin rubor. Seré su caballero, será mi dama, recobraremos esa vida que se nos fue arrebatada pero que en la hora final -si no se nos es devuelta- inventaremos. ¿Diseccionarla? ¡No!, jamás osaría auscultar (dañar) ese cuerpo tan perfectamente aletargado y que ahora suspira evocándome.

¿Qué pasó con el mensaje? Ya no puedo descifrarlo, necesito sus órdenes, sin ellas no sé qué hacer.

El diagnóstico de su dimisión es: “Paro cardiaco súbito”, puedo verlo escrito en un obsceno papel. El mío también lo será si no me responde, si no me arroja más indicios. “No tengas miedo ¡yo te cuidaré!” -le susurro al oído-.

Ningún familiar ha venido a reclamarla, debería pasar al departamento de morfología de la universidad entonces, pero ¡oh coincidencia! hace una semana esta entró en una huelga indefinida y no es posible llevarla para allá. Ergo, su cuerpo debería descomponerse pero no lo hace porque es mágica, claramente este mezquino mundo le es ajeno pues sus reglas no tienen jurisdicción en ella; ni siquiera la implacable muerte puede arrebatarle la vida.

¿De dónde viene ese olor a rosas? Ah, ya recuerdo, son las mismas rosas que le entregué el día de nuestra boda. Pinzas, bisturíes, éter, ácido sulfúrico, acetona, mascarillas, guantes quirúrgicos… ¡no me sirven para nada! Me sirve, por el contrario, el poema que debo recitarle para que se embriague de él, se desentumezca cada arista de su cuerpo y vuelva a magnificarse con una sonrisa.

Estimo que ya han pasado muchas horas.

-”Dime, ¿esos ojos jamás se volverán a abrir?, ¿por qué no me respondes?, ¿acaso hice algo mal?, ¿o debo ser yo el que esté tendido en esa camilla y tú la que lloras sin consuelo como en este instante lo hacen mis ojos pusilánimes?

No teníamos que desenvolver estos papeles, el orden es una locura, ¿por qué mierda te fuiste antes que yo?, ¿estás ahí? ¿O es que debo interpretar tu silencio, como una visible señal de condescendencia a la decisión que tomaré? ¿Ese bisturí más grande y filoso es el medio que me presentas para cumplir con mi misión? ¡Lo comprendo!, lo acercaré a mi cuello”.

Las primeras gotas de sangre de deslizan por mi torso.

Ya no huelo rosas sino productos antisépticos de limpieza, ya su rostro no esboza una sonrisa sino una agobiada mueca, ya sus cabellos no emergen en el aire, solo le cubren el rostro y estorban, ya su piel no se percibe lozana sino consumida… ¡Su silueta es un saco sombrío en plena descomposición!

¿Qué diablos pasa? Mi mente no es la misma; no es la mía. No está bien; no estoy bien. Siento que nuestra historia fenece en las encrucijadas de un sueño y da pase a una realidad inalterable…

¿Quiénes son ellos que fuerzan la entrada y allanan el lugar junto al médico? Ya le había dicho que hoy supliría su turno, ¿por qué me apuntan y me acorralan, me reducen y me introducen una aguja que debo suponer lleva un tranquilizante? “¡No! ¡Suéltenme!”, ellos quieren separarnos, no me interesa que ella haya perdido todo su vigor y su belleza, le juré estar a su lado más allá de la muerte, “¡libérenme!”, no me pueden arrebatar el derecho de estar a su lado. Las palabras se me entrecortan, la vista se me nubla, el cuerpo se me hace pesado, las fuerzas se me desvanecen: – “¡por favor!, si me voy, solo quiero despertar a tu lado amor mío…”

*

Ya son 5 días que me encuentro en este sanatorio, me han diagnosticado espectro de esquizofrenia y otros trastornos psicóticos. Encima de una mesa se halla desperdigado un periódico que tiene por titular: “Médico forense pierde la razón luego de permanecer encerrado durante 3 días en el cuarto de necropsias donde desarrollaba su labor. El galeno fue hallado en un estado lamentable junto a un cadáver -que ya mostraba signos de descomposición- de una joven mujer. Los policías y personal médico del lugar entraron segundos antes de que el profesional atente contra su propia vida. Antes de inyectarle un tranquilizante manifestó que aquel cuerpo inerte le pertenecía a su mujer -fallecida hace unos meses- y que su deber era reencontrarse con ella”.

Ellos no saben nada, ni doctores, ni periodistas ni policías. Reducen sus argumentos a un trastorno mental inexistente, no saben interpretar siquiera los códigos de la eternidad, del amor y de un pacto irrevocable ¡Ella es mi amada y la seguiré esté donde esté!

Hoy en sueños me ha visitado nuevamente y finalmente he logrado comprender todas sus demandas. Ella me sigue aguardando: debo concluir con lo que esos grises individuos me truncaron en aquella hostil sala de necropsias. Nuestro reencuentro está asegurado; aquel incisivo cuchillo que un cocinero acaba de descuidar sobre la barra será la puerta que -incansablemente- he buscado desde que su ausencia se magnificó. Al otro lado, ¡ella me espera!

– Andrei Velit

DE PARTE DE UN ALMA PARA UN SER ANDANTE

¿En qué momento te hiciste
tan importante
para mi frágil corazón?
¿En qué momento decidieron mis labios
besar los tuyos cada noche?
¿En qué jodida mierda estaba pensando mi alma?
Detesto cada incógnita que surge de mi mente,
cada vez que siento mi alma hecha pedazos.
¿Por qué otra vez?
¿Por qué tú?

No lo sé…
No sé qué vieron mis ojos
en esa sonrisa tuya
para tener que dibujarla con mis dedos
cada mañana después de hacer el amor.
No sé qué sintió mi piel erizada,
para que deseara tenerte desnuda y contar tus malditos lunares color azabache.
No sé en qué estaba pensando…
para buscar tu aroma en mis poemas,
y en mi ropa,
y en mi almohada.
Te odio tanto por hacer que te ame,
hasta sentir que se me rompen los huesos,
al saber… que ya no puedo tenerte.
Te odio porque sé que vas a tenerme pensando en el color de tu voz
cada segundo de mi incógnita vida…

Te odio porque te has incrustado hasta el tope
en cada una de mis venas,
en cada uno de mis versos,
en cada parte de mi piel,
en mi mente,
en mis dedos,
en mis ojos
en cada centímetro de mi alma.
Cada paso que doy me lleva
a cada una de tus pecas,
a cada uno de tus cabellos cortos…
Te odio tanto
porque me hiciste amar de ti
lo que nunca me permití de nadie más.

Te odio…
porque te amo.

– NERA

Las redes sociales como factor benéfico para la microliteratura

En lo que va del siglo XXI, podemos constatar el crecimiento vertiginoso de las redes sociales que sirven, especialmente en tiempos de pandemia, de conector entre los seres humanos. De forma particular, favorecen el intercambio de opiniones y gustos literarios entre lectores, autores, críticos, editores, agentes literarios y todo aquel que tenga interés en la materia.

Las redes sociales, hoy por hoy, se transformaron en un importante vehículo de la literatura, ya que sirve para acercar al lector a la experiencia estética literaria. Lo mismo cuando existan opiniones contrapuestas que, a pie juntillas, denigran las redes sociales como espacio de creación artística.

Además, es sabido que las plataformas están influenciando en la forma de escribir de muchos autores, ya que su forma de expresarse en las redes sociales se traslada a sus obras literarias. Motivados, seguramente, por el alcance a mayor número de lectores familiarizados con el lenguaje usado en este contexto.

Son tendencias que promueven diversas reflexiones e ideas, no siempre concordantes (lo que a mí, me parece muy sano) al tiempo que fomentan diversas contemplaciones sobre el futuro de la literatura.

Yo veo que, a muchos, preocupa más que el futuro de la literatura, el futuro del invento de Gutenberg. No quiero ocuparme de los derroteros que esperan a la literatura o al libro en el futuro; lo mismo porque, a veces, en un trance de pesimismo irónico, no sé si habrá futuro. De cualquier modo, mis digresiones pesimistas no vienen al caso.

Lo que quiero referir es al hecho de que las redes sociales están fomentando a la producción y consecuente consumo de la microliteratura[1] como género creciente en cantidad de autores, sumado a la cantidad exponencial de textos y lectores.

Atribuyo la cantidad de lectores a que, en la actualidad, los jóvenes esquivan a los libros voluminosos de tiempos pasados por una serie de factores, como la mala formación escolar que no supo incentivar la lectura de volúmenes ampulosos, por ejemplo. Lo tomo como una desventaja del libro físico frente a las nuevas tecnologías.

Sin embargo, los jóvenes (desde pequeños) están entrenados y totalmente familiarizados con las plataformas tecnológicas y al texto electrónico. Siendo que, la mayoría de ellas, funciona de manera estructural a partir de la redacción y la lectura de escritos breves. Una ventaja de las nuevas tecnologías frente al libro físico.

Es importante notar que, en las librerías, el fenómeno de la microliteratura pasa casi desapercibido mientras que en internet se trata de una manifestación en pleno incremento, comprobando que las redes sociales favorecen al crecimiento de la producción de la microliteratura, por ende, al aparecimiento de nuevos escritores y cultores del género con fuerza inusitada que, a su vez, responden a la marcada necesidad de inmediatez, de la sociedad del siglo XXI (la sociedad líquida de Bauman), pues, al igual que en las redes sociales, la microliteratura está signada por la concisión, la fragmentariedad y un sentido divertido de la interactividad.

Asimismo, la microliteratura se beneficia con las nuevas tecnologías, insiriéndose como modelo en un mundo veloz que deja un espacio exiguo para lecturas extensas.

– Márcia Batista Ramos

SOBRE LA AUTORA:

Márcia Batista Ramos, nació en Brasil. Licenciada en Filosofía. Es gestora cultural, escritora, poeta y crítica literaria. Es columnista en la Revista Inmediaciones, La Paz, Bolivia y en periodismo binacional Exilio, México. Publicó: Mi Ángel y Yo; La Muñeca Dolly; Consideraciones sobre la vida y los cuernos; Petty Barrón De Flores: La Mujer Chuquisaqueña Progresista Del Siglo XX; Tengo Prisa Por Vivir; Escala de Grises – Primer Movimiento; Rostros del Maltrato en Nuestra Sociedad; Dueto; Escritoras Cruceñas, Caballero, Reck & Batista; Escritoras Contemporáneas Bolivianas, Caballero, Decker & Batista; Caspa de Ángel – antología de cuentos, crónicas y testimonios del narcotráfico, Batista-Ramos & Carvalho Oliva. Es colaboradora en diversas revistas internacionales.


[1] La microliteratura se define como la suma de géneros narrativos, poéticos, ensayísticos y sapienciales caracterizados por la brevedad, que carecen de extensión mínima y su extensión máxima suele ser de una página, aunque muchos estudiosos, definen por el número de palabras, habiendo pequeñas variantes. (N.A).

Memento mori

Recuerda que vas a morir,
tus pulmones son bolsas vacías con fecha de caducidad,
tus huesos dejarán astillas corroídas por el tiempo
y tu carne cultivará miseria para el mundo.

Acéptalo con valentía,
como el perro que ha perdido el temor al hombre,
ladrando su rebeldía
a cada transeúnte.

Recuerda que perecerás,
tus pasos faltantes ya están contados en cada camino,
tu voz se apagará en el eco previo al silencio
y cambiarás el olor de sangre viva por madera y terciopelo.

El umbral no va a cruzarse solo
y los días se te están yendo en tantos trámites
que no llegarás al otro lado.
La monotonía nunca ha sido un buen epitafio.

Recuerda que no lo podrás evitar,
se te acaban las noches aburridas y los sueños húmedos,
hay tantos cafés que no tomarás
y el mañana no es nada más, que incierto.

Simplemente recuérdalo,
morirás,
pero más importante aún,
no te olvides de hacerlo.

Bolero

En tus manos he dejado el reloj de mi amor,

en tus manos la huella del ayer,

yo sé que no te queda más por dar,

yo sé que ya no hay más,

lo sé.

*

En esa misma calle del ayer,

regresas a mi piel y a mi sed,

yo sé que ya no hay luces más por ver,

yo sé que ya no hay más, amor, lo sé.

*

Y solo por eso,

me dejas la ceniza del olvido,

qué más me queda ahora, ya perdido,

la noche,

la ausencia,

sin cariño. (bis)

*

Y en esa misma calle del ayer,

regresas a mi boca y a mi ser,

yo sé que ya no hay nada más por ver,

yo sé que ya no hay más, amor, lo sé.

*

Y solo por eso,

me dejas en el hondo del pasado,

qué más me queda ahora ya olvidado,

mis labios,

tu pecho,

sin cariño. (bis)

La mujer en el bosque

Tenía un cigarro entre los dedos. Creí que estaba solo cuando escuché un sonido y entonces, al voltear, mis ojos se clavaron en los de ella. Eran tan intensos que no pude dejar de mirarlos, percibí que su cabello estaba alborotado, sus labios resecos, sus mejillas sonrojadas, la expresión en su rostro me produjo escalofríos. Era el rostro más apacible que jamás había visto.

Cuando dio la vuelta, me desesperé y traté de seguirla, pero de la misma forma en que apareció, se había desvanecido. No pude sacar de mi mente aquella mirada en los próximos días en que traté de verla de nuevo, parado en el mismo punto, a la misma hora y casi con el mismo aire.

Llegué a pensar que se trataba de una criatura mítica, de esas que se les aparece a incautos para volverlos locos con su belleza y que luego jamás vuelves a ver; aun así, estaba decidido a revelar el misterio de aquella mujer que con solo una mirada y sus ojos comunes me había enamorado.

Un día, en que ya estaba por retirarme del bosque con las esperanzas marchitas, escuché su voz. Mi corazón casi se detuvo. Había imaginado, desde aquella vez, como podía ser el sonido de su voz y era tan dulce como su rostro, su “Hola» me derritió, me dijo entonces que me veía muy seguido en ese lugar y que la curiosidad la obligó a preguntarme el porqué.

Entonces me sentí tan tonto y ridículo cuando le respondí, pero si había decidido encontrarla y saber quién era, no podía dejar pasar la magia ni el momento por más tonto que me sintiera. De todos modos, si una locura le parecía la historia, al menos podré contarla.

En el mejor de los casos, el esfuerzo habrá valido la pena, porque desde que la vi supe que ella era para mí y que rendirme a su apacible presencia sería mi mayor placer; entonces la tomé de la mano y empezamos a caminar. Mientras le contaba el pasado, iba construyendo mi presente y mi futuro con esa mujer.

– SS.

VIVIR O MORIR

¿Qué es lo que sucede con el país?

¿Es tan difícil usar una mascarilla?

¿Es tan difícil cuidarnos y alejarnos un poco?

¿Por qué nos cuesta escuchar y obedecer las normas?

¿O es que creemos que somos inmortales?

¿O es que el peruano al ser vivo

También logrará engatusar al virus?

Pues si eso es lo que piensan

Han fallado demasiado

Ya los muertos son demasiados

Y aún no vemos el final

Los hospitales están rebalsando

Los médicos ya no saben qué hacer

Y el oxígeno ya no alcanza

Entonces qué mierda vamos a hacer

Cuidarnos un poco más o simplemente morir

Morir tristes y solos

Sin nadie a nuestro lado

Sin poderte despedir de nadie

Entonces, ¿Te vas a cuidar o te vamos a velar?

NO SÉ QUIÉN ERES

Una vez más
me miras suplicante,
el odio y el repudio en tus ojos
llegan a mí como puñales
pero no me duele,
nunca me duele.

Vienes y me reclamas
porque no sé quién eres,
pero cariño, entiende,
no sé ni quién soy yo.

No sé quién es el viento
que juega con tu pelo al pasar,
no sé quién es el sol
que tiene el privilegio
de quemar tu piel.

No sé quiénes somos nosotros,
que jugamos en una cama
a amarnos.
Sinceramente,
no sé quiénes somos.

Tú eres vacío, tal vez,
y yo, puede que sea abismo.
Puede que seas silencio,
o probablemente oscuridad.
Tal vez seas tristeza
y yo tu llanto.

Lo sé,
sé que me odias
porque quieres amarme
y no te dejo.

Pero quieres que sepa
quién eres.
Quieres que cure tus heridas
y conozca tu esencia.

Lo lamento,
pides demasiado.

No puedo decirte quién eres,
pero puedo decirte
cuántos lunares tienes.
Puedo acariciar tu piel,
hacerte olvidar
y calmar la ansiedad.
Puedo fingir que te amo
si quieres…

Pero no,
no me pidas decir quién eres
porque no lo sé.
No me pidas reconocer tu voz,
no me pidas entenderte,
no me pidas amarte.

Porque no,
no podré,
no sabré.
No sé quién eres,
no sé ni quién soy yo.

– NERA