Somos el llanto de un ángel,
que olvidó la luz.
Dicen que solo los corazones humanos pueden romperse.
Mira a los ojos del cazador,
lejos del cuento de hadas,
cazando bajo la luna,
andando lejos del día,
no estaré cuando el nuevo amanecer te lleve.
La manía de ser eterno en una vida pasajera,
en corazones impropios,
en ilusiones inocentes,
en un tiempo prestado.
Donde quiera que vaya, tú me traes de vuelta a casa.
Más allá del púrpura más oscuro,
en estrellas caídas por hondas soledades,
en el desierto de las sonrisas perdidas,
camino de luz y un latir nos salve.
Salvé a un ser creado de polvo estelar,
hasta que mis células vuelvan a vibrar,
hasta que la oscuridad cambie su color,
hasta que mi armonía regrese a su hogar,
con las ternuras inefables,
donde yo merezca amor
y sea capaz de decirlo.