Alessandra

Un cuerpo, una carne
lleno de sudor, extasiado de placer
tengo asegurado el sexo de esta noche
y es que deberías saber
que este cuerpo tuyo me pertenece.

A veces te anhelo,
te busco entre mañanas
y te veo a lo lejos,
muy lejos de mí.

Cállate, dame un beso y recibe un rosa
déjate dominar por mí.
Frente a cualquier hombre
el mensaje es claro
tú solo eres mía.

Él no te merece,
ni a tus ojos color canela,
ni tu sombra desvelada.

No merece tu perfume,
ni tus ganas.

No merece la manera en la que miras,
mucho menos tus recuerdos
sobre el mar.

No pongas en duda mis decisiones
no cuestiones mis acciones
yo solo quiero que demuestres
quién soy yo en estas sábanas.

Ven, amor mío, aquí.
Que tú sabes cuánto se amaba
a cada noche
y la luna nos reclama
la piel.

Ahora,
vuelve a maquillarte y pinta una sonrisa
muéstrate feliz en cualquier evento
que vean que yo te hago feliz
que sepan que tú eres solo de mí.

En tu amanecer
seguirás con él.
En el mío
seguiré esperando

por ti.

– Alfred y Rodrigo Ampuero Oróz

Estelle Keita y su lucha por un mundo mejor para todos

El orden del mundo está equivocado, por eso, muchas personas sufren, ya que están privadas de ejercer sus derechos humanos fundamentales. Las injusticias se proliferan como hongos y muchos gobiernos prefieren cerrar los ojos y tolerar lo inadmisible mientras los más vulnerables padecen situaciones insufribles.

La francesa Estelle Keita, una estudiante de derecho apasionada por el bien y la justicia, lucha por los derechos humanos en un intento de transformar las sociedades que rayan al borde del primitivismo, a partir del momento en que mantienen la supremacía económica, sexual, de género, por color y por un sinfín  de motivos, que no permiten la igualdad de todos los seres humanos en una muestra absurda de poder, en desmedro del bienestar de todos.

A pesar de que muchas naciones mantienen su lucha para evitar la discriminación a minorías (sociales o étnicas), los residuos de prejuicios antiguos hacen difícil aplicar una ley igualitaria para todos los ciudadanos, lo que abre espacio para la militancia activa en pro de los derechos humanos.

Estelle Keita vive en la región número I parisina, es una joven ansiosa por aprender y por triunfar. Su mayor aspiración es lograr concientizar a las mujeres jóvenes sobre las distintas problemáticas que surgen en nuestra sociedad para que ellas, en primer lugar, no sean víctimas de las injusticias que ocurren por la falta del ejercicio de sus propios derechos.

Ya que derecho que no se ejercita es derecho que se pierde.

También centra su interés en las mujeres jóvenes porque sabe que si las mujeres están empoderadas, el mundo mejora, ya que ellas son la célula básica de la sociedad, por eso deben recibir educación y tener acceso a luchar por los derechos humanos, tomando en cuenta que a muchas mujeres, en el planeta, está vetado el derecho a la educación y también está prohibido luchar por sus propios derechos.

Ser activista que participa activamente en la propaganda de un partido o enarbola banderas en la sociedad a la que pertenece o practica la acción directa en la lucha por los cambios sociales o políticos que pretende; no es un derecho que, cualquier ser humano en el planeta, puede ejercer.

Eso hace que el activismo por los derechos humanos sea más importante en ciertos lugares donde, estos derechos, son ampliamente vulnerados y de manera frontal, especialmente en contra de las mujeres y niñas.

Estelle Keita decidió involucrarse en una forma de hacer política distinta de la tradicional, reservada históricamente al género masculino. Involucrándose en la defensa de los derechos humanos desde París, para el mundo, utilizando las redes sociales como un medio para hacer oír su voz. Toda a la vez que Instagram, Twitter, Facebook y YouTube son cada vez más populares entre los activistas de todo el mundo, pues ofrecen un espacio en el que las personas se reúnen, intercambian ideas, aprenden, se organizan y expresan opiniones.

Optar por el activismo es posicionarse políticamente, dejando constancia de su compromiso en la defensa de los derechos humanos, su compromiso por un mundo mejor, su compromiso con la humanidad.

Su activismo temprano la llevará a poner sus conocimientos como abogada en la lucha por la defensa de los derechos humanos pues, Estelle Keita, pretende graduarse en derecho para poder, a partir de su profesión, convertirse en una activista mucho más importante que logre hacer eco de su voz por una sociedad más justa y equitativa para todos.

Siempre mirando al futuro, ella quiere que las cosas cambien, que las personas vivan seguras, amparadas por las leyes y sin miedo del “otro”, porque bajo las condiciones de justicia e igualdad, el “otro” nunca será opresor o verdugo.

Ella es creadora del blog de opinión y de actualidad dedicado principalmente a las mujeres: “La belle militante”, convertido en uno de los principales escenarios de las protestas contra, lo que se considera, un atraso o retroceso en materia de derechos humanos. También es un espacio de promoción cultural que une continentes.

La joven, de nacionalidad francesa y de 23 años, está involucrada intelectualmente en diversas luchas y lo manifiesta a través de los diferentes artículos que publica, principalmente, sobre injusticias que existen en todo el mundo.

Se muestra molesta con las guerras, las desigualdades económicas, sociales y políticas que afectan, de forma especial, al hemisferio sur.

El racismo que involucra muchos aspectos (incluido los espirituales) es otro tema de la militancia de Estelle.

Cabe mencionar que, esta bella militante, ahora está escribiendo su primer libro sobre turismo sexual.

Así, Estelle Keita, quien se considera una persona apasionada por los derechos humanos, lucha con tesón y voluntad por mundo mejor para todos.

– Márcia Batista Ramos

SOBRE LA AUTORA:

Márcia Batista Ramos, nació en Brasil. Licenciada en Filosofía. Es gestora cultural, escritora, poeta y crítica literaria. Es columnista en la Revista Inmediaciones, La Paz, Bolivia y en periodismo binacional Exilio, México. Publicó: Mi Ángel y Yo; La Muñeca Dolly; Consideraciones sobre la vida y los cuernos; Petty Barrón De Flores: La Mujer Chuquisaqueña Progresista Del Siglo XX; Tengo Prisa Por Vivir; Escala de Grises – Primer Movimiento; Rostros del Maltrato en Nuestra Sociedad; Dueto; Escritoras Cruceñas, Caballero, Reck & Batista; Escritoras Contemporáneas Bolivianas, Caballero, Decker & Batista; Caspa de Ángel – antología de cuentos, crónicas y testimonios del narcotráfico, Batista-Ramos & Carvalho Oliva. Es colaboradora en diversas revistas internacionales.

Entre tus ojos y tus flores

Llevo días visitando estos jardines,
nadie me advirtió de lo peligroso
que sería cruzarme con tu mirada,
no tenía la mínima intención de perturbar tu paz,
sin embargo ya estoy aquí.
Tengo que partir hacia el oeste,
aún no sé cómo pedirte que vengas conmigo.
Sabes de mí, me has visto
y he causado revuelo en tu interior,
mas no te me acercas,
algunos cuentan que tienes miedo de partir
que estos jardines abrazan tu alma
y aportan calor a tu interior,
que es tu hogar.
No conozco ese sentir,
no he tenido un hogar,
nunca me había quedado más de una noche en un lugar,
ha bastado un segundo en tus ojos
para saber que es contigo donde quiero estar.
Permíteme ser tu hogar, no tengo flores diversas,
pero el calor para tu alma,
eso nunca faltará.

– Marcelin M.

A.N.S.I.E.D.A.D.

Esta presión en el pecho
la comprenderás
cuando te duela tanto el alma
que no puedas siquiera llorar.
La comprenderás
cuando estés tan confundido
que no sepas cuál es el motivo
de tus ojos decaídos
y pasos tan envejecidos.
La comprenderás
cuando cigarro tras cigarro,
café tras café,
noche tras noche
veas… que no se ha ido
la ansiedad en tus dedos,
y en tu garganta, y en tus miedos.
Comprenderás cuando veas
que sigues en cama y ya sean las 6.
Cuando veas tu habitación vacía,
tan vacía y fría de amor.
Cuando tengas temor y no sepas el porqué,
cuando tengas sueño y no puedas dormir,
cuando esperes a alguien y no sepas a quién,
cuando nadie te habla,
cuando no hablas con nadie;
cuando te bañes con agua hirviendo
y tus hombros sigan temblando.
Cuando alguien duerma a tu lado
y te sigas sintiendo solo.
Cuando no sepas que hiciste mal,
cuando hagas mal algo
y no sepas como arreglarlo.
Cuando te ignoren y te desesperes,
cuando el silencio
queme tu cabeza.
Cuando te duelan los dientes,
cuando se te adormezcan las tristezas,
cuando te pesen las pupilas,
cuando tu alma no pueda bailar.
Cuando escuches voces
y no exista nadie,
cuando sean tus voces
las que griten y te odies.
Cuando no sepas quién eres
y quieras solo mirar…
Comprenderás cuando tengas hambre
y estés lleno,
cuando no sepas como avanzar,
cuando te pese el alma,
los sueños,
los besos,
los abrazos,
la distancia…
Cuando morir te calme…
Y luego todo vuelva a empezar.

– NERA

El ideal del samurái Yukio Mishima

(El camino de la pluma y de la espada)

Yukio Mishima fue un genial y polifacético escritor, novelista, dramaturgo, poeta, ensayista, crítico y actor japonés. Considerado uno de los más grandes escritores de la historia del Japón, cuyo verdadero nombre era Kimitake Hiraoka, (Kimitake, significa príncipe guerrero), nació en Tokio, 14 de enero de 1925. Murió en Tokio, en el 25 de noviembre de 1970.

Después de una breve relación con Michiko Shoda, quien tiempo después se convertiría en esposa del Emperador Akihito, se casó con la hija de un conocido pintor, Yoko Sugiyama, en 1958 con quien tuvo una pareja de hijos.

Nacido en una familia de la burguesía, Mishima se orgullecía de pertenecer, por línea de sus antepasados, a la clase de los samuráis de la era Tokugawa.

Estudió en la famosa escuela Gakushüim, donde se graduó con honores y escribió su primer cuento a la edad de doce años. Desde 1938 hasta 1941 escribió su primer libro de relatos, aunque empezó a prosperar y se convirtió en el miembro más joven de la junta editorial en la sociedad literaria de esta prestigiosa escuela.

Fue invitado a escribir un relato para la célebre revista literaria «Cultura literaria» y presentó «El bosque en todo su esplendor». La historia fue publicada en forma de libro en 1944, si bien que, en una pequeña cantidad, debido a la escasez de papel en los difíciles tiempos de guerra.

A los dieciséis años publica su primer libro de relatos, que coincidió con su ingreso en la Facultad de Derecho en Universidad de Tokio. Aunque su padre le había prohibido escribir y peor, abrazar la carrera de escritor, Mishima continuó escribiendo en secreto cada noche, apoyado y protegido por su madre Shizue, quien era siempre la primera en leer cada nueva historia. A propósito de la prohibición de su padre, existe la célebre frase del escritor “Las buenas maneras no presuponen la obediencia a la voluntad ajena”.

Después de graduado, obtuvo un trabajo como funcionario en el Ministerio de Finanzas japonés donde trabajó por un año y dimitió para dedicar su tiempo completo a la escritura.

Mishima comenzó su primera novela, «Ladrones», en 1946 y la publicó en 1948, colocándose en la segunda generación de escritores de la posguerra. Le siguió «Confesiones de una máscara» en 1948, una obra de final abierto que cosechó un inmediato éxito y que supuso su definitiva consagración en el mundo literario; aparentemente una obra autobiográfica sobre un joven que debe esconderse tras una máscara para encajar en la sociedad. La novela tuvo un enorme éxito y convirtió a Mishima en una celebridad a la edad de 24 años.

Escritor profuso, hermético y fascinante, disciplinado y diverso, irónico y difícil, cuyo principal interés se centró en los valores tradicionales japoneses y la esterilidad espiritual de la vida contemporánea.

Mishima escribió cuarenta novelas, más de una decena obras de teatro, una veintena de libros de relatos y, al menos, veinte libros de ensayos, numerosos cuentos, poemas, artículos, así como un libreto. También escribió obras muy aclamadas para el teatro kabuki y versiones modernas de dramas no tradicionales. Obras Destacadas: «El pabellón de oro» (1956); «Nieve de primavera» (1968); «Caballos desbocados» (1969); «La corrupción de un ángel» (1970); «El templo del alba» (1970), entre muchos otros.

Yukio Mishima, es un autor que fascina por su vida; tuvo una vida desgarrada en múltiples direcciones que proporciona a su obra una riqueza impresionante.

No deja de ser, sin embargo, uno de los autores que van en contra de las opiniones dominantes tanto en su obra como en su vida: un romántico, al fin y al cabo, recuperable por los nostálgicos de 1968. Efectivamente, gran parte de estos escritos hacen referencia a las revueltas estudiantiles japonesas de 1969 y 1970, revueltas con las cuales mantiene una relación intelectual de ambivalencia…

Fue reconocido como uno de los más importantes estilistas del lenguaje japonés de la posguerra.

De temática audaz y despojada, atenta a los aspectos más oscuros de las pasiones humanas, contrasta con la delicadeza y contención de su estilo. Trazó con doloroso detalle el desarrollo de la personalidad y el efecto devastador de las crueles paradojas de deseo y rechazo, de belleza y violencia que la van conformando.

A través de la escritura, Mishima, adquirió fama internacional, siendo muchas de sus obras traducidas al inglés y otras lenguas europeas.

Fue propuesto para el Premio Nobel de Literatura en tres ocasiones. Sin embargo, en 1968 su primer mentor, Yasunari Kawabata, ganó el premio Nobel de Literatura y dijo «No comprendo cómo me han dado el premio Nobel a mí existiendo Mishima. Un genio literario como el suyo lo produce la humanidad solo cada dos o tres siglos. Tiene un don casi milagroso para las palabras… Es un genio universal».

Muchos grandes escritores, de talla universal, escribieron obras sobre Mishima como: «Una vida en cuatro capítulos», película de Paul Schrader, 1985; «Vida y muerte de Yukio Mishima», por Henry Scott Stokes, 1974; «Mishima o la visión del vacío», ensayo de Marguerite Yourcenar; «Mishima», biografía escrita por John Nathan, su traductor; «Mishima, o el placer de morir, análisis psicológico de Mishima» por Juan Antonio Vallejo-Nágera, 1978; «Un parque», ópera de Luis de Pablo, 2006, sobre un relato de Mishima; «Reflexiones sobre la muerte de Mishima», Henry Miller.

Su primer trabajo extenso, «El bosque en flor», fue publicado en 1941. Una característica de esta obra, como de «El cigarrillo», 1946; «Ladrones», 1946-48 y de otras que escribió en el período de la Segunda Guerra Mundial y en los años inmediatamente subsiguientes, es el total alejamiento de la trágica realidad de la guerra y de la derrota.

En los años sesenta, la figura de Mishima es vista siguiendo las dos distintas pero inseparables facetas de su personalidad. El Mishima hombre de acción, encontró su soporte teórico en la idea de que la verdad puede ser alcanzada sólo a través de un proceso intuitivo, en el que el pensamiento y la acción no son dos modalidades distintas. Encontró la ejemplificación de ello y la suma de los más auténticos valores nipones en la ética de los samuráis. Fascinado por la ideología transmitida de los guerreros escribió: «El camino del samurái»; y «En defensa de la cultura» (1968). Mishima se hizo portavoz de la necesidad de restaurar los valores de la cultura prebélica y militarista.

En esa década de los años sesenta es cuando escribió sus obras más importantes. Dentro de estas obras, destaca su tetralogía considerada su obra cumbre: «El mar de la fertilidad», compuesta de las novelas: «Nieve de primavera», «Caballos desbocados», «El templo del alba» y «La corrupción de un ángel» (esta, editada póstumamente); que constituye una especie de testamento ideológico del autor que se rebelaba contra una sociedad sumida en la decadencia espiritual y moral; es una obra de notable belleza literaria, sin precedentes en la literatura moderna japonesa, contiene e invoca el sentido el honor y el respeto a las tradiciones.

Su ensayo más importante, «En defensa de la cultura», defendía la figura del Emperador como la mayor señal de identidad de su pueblo. Mishima se preocupaba por la creciente occidentalización de su país y analizaba la transformación del Japón desde una perspectiva pesimista y crítica; para él, esta metamorfosis resultaría estéril en el futuro de un país dueño de tantas y tan sabias tradiciones. Sus héroes son jóvenes rebeldes aspirantes a una pureza utópica. El autor recrea los rituales de la vida y de la muerte, de la transmigración y la purificación del alma, tan presentes en años de tradición japonesa.

Más tarde, en 1968, formaría la «Sociedad del Escudo», una organización paramilitar de jóvenes que, desencantados con la debilidad de las instituciones imperiales y la mansedumbre constitucional del ejército, propiciaban un resurgimiento del Bushido, el tradicional código de honor samurái; con un fastuoso uniforme que él mismo diseñó y en el que pretendía reencarnar los valores nacionales de su Japón tradicional. Sin embargo, jamás descuidó su ingente producción literaria. De tal suerte que, Mishima, afirmaría dos caminos para superar la sociedad actual: el de las letras y el de la acción.

Mishima detestó la visión del mundo moderno. Siempre fiel al espíritu del samurái, Mishima se preocupó profundamente por la decadencia que las ideas de la ilustración habían causado a la cultura tradicional japonesa. La crítica a la modernidad dominó sus escritos. Se opuso a la derecha liberal japonesa defensora de los ideales de «paz perpetua» y «crecimiento indefinido capitalista.”

Fue un maestro de la representación, su grandilocuencia le llevó a participar en representaciones teatrales, espectáculos públicos y películas: actor de teatro, espadachín ritual, modelo de fotografías de simbología inquietante. Dicen que fue un adalid de una misoginia espartana. En los últimos diez años de su vida, Mishima actuó en varias películas y codirigió la adaptación de su historia «Patriotismo».

Durante la Segunda Guerra Mundial tras frustrarse su sueño de ingresar como piloto kamikaze, trabajó en una fábrica aeronáutica. Por ello, se sintió culpable de haber sobrevivido y haber perdido la oportunidad de una muerte heroica. Sobrevivir a una guerra en la que habían muerto tantos compatriotas se convirtió, para él, en un trauma lacerante, al asumir la culpa por haber sobrevivido al genocidio estadounidense de Hiroshima y Nagasaki, este imborrable suceso, que él mismo entendió como una humillación.

Mishima preparó de forma meticulosa su muerte durante al menos cuatro años y nadie, ajeno al cuidadosamente seleccionado grupo de miembros de la «Sociedad del Escudo», sospechaba lo que estaba planeando. Mishima se aseguró de que sus asuntos estuvieran en orden e incluso tuvo la previsión de dejar dinero para la defensa en el juicio de los otros tres miembros de la «Sociedad del Escudo» que no murieron.

La mañana de su muerte, el 25 de noviembre de 1970, Mishima envió la última parte de esta tetralogía a su editor. Después se dirigió junto con los miembros de su grupo a un cuartel del ejército que ocuparon y, tras un discurso a la tropa, él y su compañero Masakatsu Morita se quitaron la vida mediante el seppuku. Mishima realizó su seppuku en el despacho del general Kanetoshi Mashita. Él cumplió con el rito del seppuku, ante las cámaras de televisión, al grito de «Larga vida al Emperador».

Yukio Mishima dijo: «Hemos visto a Japón emborracharse de prosperidad y caer en un vacío espiritual… hemos tenido que contemplar a los japoneses profanando su historia y sus tradiciones… el auténtico Japón es el verdadero espíritu del samurái… cuando vosotros (soldados) despertéis, Japón despertará con vosotros… Tras meditarlo serenamente a lo largo de cuatro años, he decidido sacrificarme por las antiguas y hermosas tradiciones del Japón, que desaparecen velozmente, día a día… El Ejército siempre ha tratado bien al Tatenokai, ¿por qué entonces mordemos la mano que nos ha tendido? Precisamente porque lo reverenciamos… Salvemos al Japón, al Japón que amamos…».

Otros elementos tradicionales de la muerte ritual fueron la composición del jisei no ku —un poema escrito por el propio samurái cuando se acerca la hora de su muerte— antes de su entrada en el cuartel general.

Su muerte es considerada la protesta final contra la decadencia moderna de Japón. Su kaishaku (asistente) intentó decapitarlo tres veces sin éxito. Finalmente, fue Hiroyasu Koga, quien realizó la decapitación. Posteriormente, Masakatsu Morita intentó realizar su propio seppuku. Aunque sus cortes fueron poco profundos para ser fatales, hizo una señal a Koga para que también lo decapitase. Esa sería la última aparición en público de Yukio Mishima, de 45 años, un escritor altamente respetado en Japón. Una figura grandiosa en vida, Mishima, se convirtió en héroe mítico después de su suicidio ritual.

Con su muerte, desapareció uno de los críticos más lúcidos de la sociedad japonesa de la posguerra y un artista, un pensador superdotado que marcó señaladamente un rumbo en la historia de la literatura japonesa contemporánea.

– Márcia Batista Ramos

SOBRE LA AUTORA:

Márcia Batista Ramos, nació en Brasil. Licenciada en Filosofía. Es gestora cultural, escritora, poeta y crítica literaria. Es columnista en la Revista Inmediaciones, La Paz, Bolivia y en periodismo binacional Exilio, México. Publicó: Mi Ángel y Yo; La Muñeca Dolly; Consideraciones sobre la vida y los cuernos; Petty Barrón De Flores: La Mujer Chuquisaqueña Progresista Del Siglo XX; Tengo Prisa Por Vivir; Escala de Grises – Primer Movimiento; Rostros del Maltrato en Nuestra Sociedad; Dueto; Escritoras Cruceñas, Caballero, Reck & Batista; Escritoras Contemporáneas Bolivianas, Caballero, Decker & Batista; Caspa de Ángel – antología de cuentos, crónicas y testimonios del narcotráfico, Batista-Ramos & Carvalho Oliva. Es colaboradora en diversas revistas internacionales.

Concha Pelayo bajo el embrujo de los versos de Federico García Lorca

Cuando leí “Once poemas a Lorca” de Concha Pelayo, tuve que hacer una lectura comparada con Federico García Lorca. Inicialmente me llené de emoción, tal la belleza de las palabras y versos de ambos. Después, en un segundo momento, empecé a hacer conjeturas… 

En cada época y lugar, brotan del alma del universo, los poetas que cantan las bellezas y los dolores del mundo. Los que nacen primero influencian a los que vienen después. Porque siempre los primeros dejan un destello, casi luminoso, que impregna la voz o el alma de los que vienen más tarde a encantar al mundo, a través de sus propias letras.

Además, a veces, encontrarse con sus palabras es como un rencuentro espiritual. Es sentir la presencia por medio de las páginas, ya amarillas, que logran despertar sensaciones tan fuertes que el poeta (en calidad de lector) siente que el poema fue escrito para sí, aun cuando su escritura es de un tiempo en que todavía no había nacido.

Pienso y es mera especulación de mi parte, que Concha Pelayo empezó a leer a Federico García Lorca y, primero, se ruborizó porque sintió la familiaridad de su voz. Sintió que Lorca le hablaba a ella, a nadie más.

Volvió a leer y se dijo a sí misma: “Eso no se queda así, tengo que decirle lo que pienso, tengo que responderle, pues, tiene que escuchar mi versión de los hechos, ¡Federico, tienes que escuchar mi voz!”.

Son los misterios de las palabras bajo el sol, son las caricias de seres que ya no están a seres de este mundo.

Así, los versos de Lorca tuvieron un efecto mágico en Concha Pelayo. Y cuando Lorca canto:

“Romance sonámbulo[1]

\Verde que te quiero verde.\Verde viento. Verdes ramas. \El barco sobre la mar \y el caballo en la montaña. \Con la sombra en la cintura \ella sueña en su baranda, \verde carne, pelo verde, \con ojos de fría plata. \Verde que te quiero verde. \Bajo la luna gitana, \las cosas le están mirando \y ella no puede mirarlas. (…)”

Es muy evidente que García Lorca, a través de su poesía, estimula al lector a tener sensaciones emocionales e insinuaciones imaginativas intensas, al lograr asociar en sus versos lo popular y lo culto, lo lírico, lo dramático y lo narrativo-épico, lo tradicional y la innovación en un lenguaje altamente personal, muy musical, refinado y complejo, sofisticado y denso, partiendo de la tradición hispánica y manejando con propiedad los mecanismos del discurso poético.

Es clara la relación de influencia que ejerció Lorca en las letras de Concha Pelayo. Sin embargo, ella supo escribir, su conmovedora poesía, con la misma grandeza que lo hizo Lorca.

Además, Concha Pelayo no hizo un simple contrapunteo, porque no se trataba de una mera intertextualidad como diría Mijaíl Bajtín, ella hizo un diálogo de vuelta y a gran altura.

Dejó que escapara de su pluma, imágenes mágicas y luminosas, escribiendo   versos de exquisita sensibilidad, donde hace gala de su capacidad para captar los detalles y acariciar la esencia de los versos de Lorca, logrando mantener algunos aspectos morfosintácticos, rítmicos y musicales de los versos de Lorca en la construcción directa en el universo conceptual de sus poemas.

Son los misterios de las palabras bajo el sol, son las caricias de seres de este mundo a seres que ya no están.

Así, Concha Pelayo, bajo el embrujo de los versos de Federico García Lorca, escribió:

“Mi poema a Romance sonámbulo [2]

Sobre este lecho de agua, \adormecida está la gitana. \Verde la margen del río, \verde el bosque que la ampara.\Los juncos mueren de pesar, \las aves, tristes, no cantan. \Los pececitos flotan \sin saber lo que pasa, \y una cigüeña en la torre \mira impasible y silenciosa. \El pueblo entero la llora, \los gitanos en la plaza, \los niños se callan y miran, \los guardias se alborotan, \y un gitano que muere \mira para la luna de plata, \los ojos semi-cerrados, \las lágrimas se le escapan.”

Obviamente que yo podría preguntarle a Concha Pelayo qué le motivó a dialogar con Lorca, pero prefiero imaginar a la poeta bajo el embrujo de las palabras de Federico García Lorca, escribiéndole “Once poemas a Lorca” para, con su fuerza, romper el encanto y recordarle, donde quiera que se encuentre, que ella invariablemente dará su versión de los hechos, porque toda historia tiene siempre dos lados.

Puedo creer que Federico García Lorca; si la vida, el destino o el universo; hubieran permitido que se encuentre con la poeta peregrina Concha Pelayo, hubiera caído bajo el embrujo de sus palabras (y ni hablo de su belleza).

– Márcia Batista Ramos

SOBRE LA AUTORA:

Márcia Batista Ramos, nació en Brasil. Licenciada en Filosofía. Es gestora cultural, escritora, poeta y crítica literaria. Es columnista en la Revista Inmediaciones, La Paz, Bolivia y en periodismo binacional Exilio, México. Publicó: Mi Ángel y Yo; La Muñeca Dolly; Consideraciones sobre la vida y los cuernos; Petty Barrón De Flores: La Mujer Chuquisaqueña Progresista Del Siglo XX; Tengo Prisa Por Vivir; Escala de Grises – Primer Movimiento; Rostros del Maltrato en Nuestra Sociedad; Dueto; Escritoras Cruceñas, Caballero, Reck & Batista; Escritoras Contemporáneas Bolivianas, Caballero, Decker & Batista; Caspa de Ángel – antología de cuentos, crónicas y testimonios del narcotráfico, Batista-Ramos & Carvalho Oliva. Es colaboradora en diversas revistas internacionales.


[1] LORCA, Federico García. Poema:  “ROMANCE SONÁMBULO”; https://www.poesi.as/index203.htm

[2] PELAYO, Concha. “Once poemas a Lorca”; Traducido al portugués por Carlos Sousa Almeida; Editorial: Visión Libros; https://books.google.com.bo/books?id=6C0GjkWIiZkC&printsec=copyright&redir_

Traducción del portugués al español, por Márcia Batista Ramos, exclusivamente para el presente texto.

Silvana

Cuando la lluvia golpea
sus pestañas de muñeca
cuando golpea su pelo
y su frente de muñeca
siento que su corazón 
me revela los misterios
que guarda su boca fresca
y que sus manos-palomas
vuelan y suben despacio
hasta el cielo del Amor
que un Ángel puso en sus pechos.

– Amadeo Gravino

La ciudad de La Paz desde la pluma embriagada de alcohol y de nostalgias de Jaime Sáenz

La ciudad como tema literario, fue eternizada por varios escritores: São Paulo por Mario De Andrade; Lisboa por Fernando Pessoa; Buenos Aires por Jorge Luis Borges; Praga por Franz Kafka; La Paz por Jaime Sáenz; entre tantos otros grandes literatos que lograron captar el alma de la ciudad de sus amores y la plasmaron con gran belleza. Corroborando con la idea de que el espacio público causa un gran fascino para los escritores, como si de una especie de obsesión se tratara.

Es en el ambiente de la ciudad donde surgen, en la década de 1920, los movimientos de vanguardia en Europa y en Latinoamérica. Es en los centros urbanos importantes donde surgen las poéticas urbanas y se diseminan en sus respectivos contextos culturales.

Las ciudades poéticamente erigidas, como metáfora interpretativa de la experiencia humana, reflejan el hombre en su relación dialógica con el espacio social. Los literatos confieren, metafóricamente, al espacio urbano un sentido que supera su funcionalidad, mostrando una ciudad que siquiera es percibida por sus habitantes.

Así, hay una La Paz que sólo es visible a partir de los textos de Jaime Sáenz, esta ciudad que surge de su pluma embriagada, una ciudad con calles plagadas de nostalgias e historias que tienden a desaparecer con el paso de la modernidad con trozos de arquitectura tirados sobre sus calles empinadas, con la montaña en el horizonte y con personajes tan densos que se eternizan.

El escritor paceño Jaime Sáenz (1921-1986), al igual que el argentino Jorge Luís Borges (1899-1986), que siempre utilizó Buenos Aires como tema recurrente en su literatura; y más que un paño de fondo para sus poemas y cuentos fue muchas veces, personaje de sus obras; la ciudad, para Borges, fue la materia prima de su producción; así, también Jaime Sáenz, en su poesía, novelas, relatos y ensayos; se identifica con la ciudad de La Paz y la recrea de forma extensa y hermosa, con sus habitantes y espacio urbano; dejando claro que la ciudad de La Paz fue su espacio vital y el imborrable trasfondo de su obra.

A través de la obra de Jaime Sáenz, la ciudad de La Paz adquiere un carácter legendario. Él hace posible conocer La Paz sin tener que ir a la ciudad y lo hace de forma poética, a través de su literatura:

«Ni siquiera la fea plataforma de cemento, que tan solo data de unos cinco o seis lustros atrás, ha sido suficiente desatino para menoscabar el inexplicable, frío y austero encanto de la Garita de Lima, la populosa a la par que desolada plaza paceña, en la que suelen reunirse los desocupados, los vagos y malhechores de los barrios altos; en la que fenecen las calles Max Paredes y Tumusla, y en la que esta última cambia de nombre y se convierte en la avenida Batista, que sigue su curso hasta el Cementerio General para fenecer a su vez en las puertas de Villa Victoria. (…)».

Además, especialmente en su libro: «Imágenes Paceñas- lugares y personas de la ciudad», (1979), Jaime Sáenz desentraña los misterios de la ciudad de La Paz y de sus habitantes, contraponiendo una realidad superficial a la realidad profunda. Así, hay una ciudad que «se exterioriza», dice Sáenz, y otra que «se oculta». A Jaime Sáenz le interesa dirigir su atención a la segunda; recreando en su imaginario la ciudad que va a transitar en su mente a la eternidad y escribe:

«Dado por sentado que la ciudad de La Paz tiene una doble fisonomía, y admitiendo que mientras una se exterioriza la otra se oculta, hemos querido dirigir nuestra atención a esa última.

Pues en efecto, lo que aquí interesa es la interioridad y el contenido, el espíritu que mora en lo profundo y que se manifiesta en cada calle y en cada habitante, y en el que seguramente ha de encontrarse la clave para vislumbrar el enorme enigma que constituye la ciudad que se esconde a nuestros ojos».

A través de su obra, uno logra pasear por una ciudad que en realidad son muchas, donde se puede identificar una ciudad moderna y cosmopolita acorde con nuestro conocimiento sobre la importancia de la urbe paceña en el escenario nacional; y otra que se mueve en un tiempo y en un espacio estrictamente definidos, que solamente tiene sentido para aquellos que la habitan y conocen ciertos recovecos, que representa cierto caos e ininteligibilidad para quien la observa. Y entonces, Jaime Sáenz, escribe así:

«¿Quién puede explicar el extraño encanto de la Garita de Lima?
Nadie. Ni siquiera un paceño.
Únicamente el morador de la Garita de Lima».

También describe personajes paceños que constituyen, en sí mismos, una incongruencia al ser la esencia de una ciudad que, en cierta forma, los invisibiliza al tiempo que los hace desaparecer. Es la dualidad de la ciudad aparente, como la llama Jaime Sáenz, con la ciudad mágica que permanece oculta a la visión más pragmática. De ahí la mirada nostálgica de Sáenz.

Jaime Sáenz era dueño de una visión muy particular y original del mundo, tenía un modo singular de abordar temas y conceptos como el tiempo y el espacio, el destino y la realidad. Se dedicó a leer el contexto urbano paceño en transformación cimentando una obra literaria de relevancia, que sobrepasa el horizonte andino para ser estudiada tanto en Europa como en Norteamérica.

Sáenz, en su tierna juventud, viajó a Alemania en 1938 donde asimiló ventajosamente las técnicas modernas de la creación literaria y artística. Lector curioso desde temprano, Jaime Sáenz, adquirió conciencia de las nuevas tendencias de la literatura mundial, mostrando predilección por el compositor austríaco del romanticismo germánico Antón Bruckner. Fue en Europa donde su personalidad fue cultivada con los filósofos Arthur Schopenhauer, Hegel, Martin Heidegger y los escritores Thomas Mann, William Blake y Franz Kafka.

Sáenz fue escritor, poeta, novelista, dramaturgo, ensayista y dibujante; es reconocido por haber elaborado una de las obras literarias más hermosas de las letras bolivianas. Dejando a su muerte los siguientes títulos:

Poesía: «El escalpelo», (1955); «Aniversario de una visión», (1960); «Visitante profundo», (1964); «Muerte por el tacto», (1967); «Recorrer esta distancia», (1973); «Bruckner. Las tinieblas», (1978); «La noche», (1984).

Cuentos: «Los cuartos», (1985); «Vidas y Muertes», (1986); «La piedra imán», (1989).

Novela: «Felipe Delgado», (1979); «Los papeles de Narciso Lima Acha», (1991).

«Obras inéditas», (1996).

Drama: «Obra dramática», (2005).

Miscelánea: «La bodega de Jaime Sáenz», (2005).

Otros: «Imágenes paceñas», (1979); «Al pasar un cometa» (1982); «Tocnolencias», (2009); «Calaveras».

Al buscar nuevos caminos en la modernidad periférica en que vive, Jaime Sáenz encuentra lo eterno y la novedad de lo transitorio en la ciudad que está invisible a simple vista y rompe, así, con los límites de la tradición clásica o modernista y busca nuevos caminos en la modernidad periférica en que vive.

En «Imágenes Paceñas», Jaime Sáenz confiere vigencia a la noción genuina Borgiana, de que la literatura siempre tuvo como cuna natural la ciudad, que el lenguaje de la ficción, aunque hable de temas rurales, se expresa en el lenguaje citadino. Y es así, en su leguaje netamente citadino que, Jaime Sáenz, describe al «Aparapita»:

«(…) El aparapita está siempre en la ciudad, y, no obstante, al mismo tiempo habita el Altiplano, y se encuentra aquí y se encuentra allá, sin moverse de su sitio. Y eso por obra de una fuerza que, al haberse encarnado en la tierra hecha hombre, hace de éste un ser omnipresente».

La ciudad de La Paz encanta y también desencanta a Jaime Sáenz, marcando la estética de una época. Mostrando algunas imágenes que ya no pertenecen al tiempo sino a la memoria, tiñendo el texto de un color melancólico.

Jaime Sáenz, al leer su contexto urbano en transformación, concluye:

«(…) si el hombre busca un remedio allí donde precisamente no lo hay, es porque la soledad no se remedia sino con la propia soledad.

De ahí que la magia de la ciudad, si se quiere, no es otra cosa que la magia de la soledad».

Quedó registrado que las veladas nocturnas con Jaime Sáenz fueron hasta el momento de su muerte, un espacio marginal y rebelde de rico intercambio intelectual. Los «Talleres Krupp», la habitación donde Sáenz recibía a sus visitas, se convirtió en una institución donde la edición de revistas literarias, el juego de dados, la música de Antón Bruckner o de Simeón Roncal, las charlas sobre Milarepa y las lecturas de poemas fueron la tónica permanente.

Como también se dice que el trato con Sáenz era muy exigente. Las relaciones con sus amigos se mezclaron más de una vez con lo maravilloso y lo tenebroso en experiencias poéticas y mágicas, con resultados no muy felices. Así nació el mito de Sáenz amigo de lo oscuro y de la magia, el iniciado y el alquimista… En realidad, esta imagen fue creada por la desconfianza y el temor ante un ser que se negó a participar en la «normalidad» de una vida que encontraba falsa, en una sociedad cerrada, con dificultad para apreciar «lo nuevo» y dificultad para convivir con lo «distinto».

Jaime Sáenz, en su obra literaria, fue genuino al centrarse en la ciudad, reconociéndose naturalmente hijo de la urbe que corre por sus venas con palabras, susurros, mutismos, patios y sentimientos que se ocultan entre callejuelas y modernidad que acecha.

El escritor paceño no construye una obra calcada en la memoria, sino en el desvarío del presente, en el momento de la vivencia. Provocando una verdadera revolución en la tradición literaria y artística de nuestro país. Tanto así, que ha influenciado en gran parte de los actuales artistas de Bolivia. Incluso su importancia se ha sentido en las nuevas generaciones de videastas y cineastas.

El contexto histórico de la época es el culto a la modernización y el espacio sufre el impacto de ese pensamiento. La tradición cede lugar a lo nuevo. En las calles, mucha gente transita y el choque anónimo de las personas confiere nuevo estilo de vida urbana. Entonces el proceso de verticalización de la ciudad es descrito así por Jaime Sáenz:

«Esta zona residencial de La Paz tiene un extraordinario encanto, con extensas y bien cuidadas avenidas, con árboles ornamentales y con amplios y acogedores parques, en cuya intimidad, en espacios umbríos, se puede respirar aire puro -y este encanto precisamente, si aún conserva su lozanía, es porque el desmedido impulso del progreso todavía no se ha manifestado en su verdadera magnitud, aunque sus estragos se pusieron ya de manifiesto en la forma de altísimos edificios, los cuales vienen a romper la harmonía y a deteriorar la atmósfera y el paisaje de la ciudad toda, y no solo ya de Sopocachi».

Jaime Sáenz verbaliza la ciudad de La Paz siempre evocando los lugares ligados a su vida y los espacios y personajes observados por su mirada juiciosa: los barrios que gustaba recorrer en sus largas caminatas, los bares y tiendas donde frecuentaba y conocía a otros interlocutores que se hacía, eventualmente, amigo. No se centra en la ciudad del presente como fin en sí misma, como el espacio por excelencia del movimiento de la modernidad, de lo fragmentario, de la transitoriedad contingente. Más bien construye, a partir de la cartografía urbana del presente, una cartografía del pasado que se sustenta en el mito de una ciudad eterna. Y escribe:

«Extrañamente, querría decir que una ciudad es indestructible».

Se puede inferir, a través de su obra, que esa relación de Jaime Sáenz con La Paz, su ciudad natal, fue tensa y su prosa está permeada por sentimientos de encantamiento y desilusión. Al tiempo que retrata el encantamiento, también retrata el tedio, el vacío, la fragmentación y la muerte en la ciudad que se moderniza.

Seducido por los barrios populares, infatigable lector, desdichado en amores, tal vez por declararse bisexual; bebedor en oscuros cafetines, y aficionado a una música que los demás no conocían (Antón Bruckner). Es Jaime Sáenz quien logra verbalizar a la ciudad de La Paz con su pluma embriagada de alcohol y de nostalgias.

– Márcia Batista Ramos

SOBRE LA AUTORA:

Márcia Batista Ramos, nació en Brasil. Licenciada en Filosofía. Es gestora cultural, escritora, poeta y crítica literaria. Es columnista en la Revista Inmediaciones, La Paz, Bolivia y en periodismo binacional Exilio, México. Publicó: Mi Ángel y Yo; La Muñeca Dolly; Consideraciones sobre la vida y los cuernos; Petty Barrón De Flores: La Mujer Chuquisaqueña Progresista Del Siglo XX; Tengo Prisa Por Vivir; Escala de Grises – Primer Movimiento; Rostros del Maltrato en Nuestra Sociedad; Dueto; Escritoras Cruceñas, Caballero, Reck & Batista; Escritoras Contemporáneas Bolivianas, Caballero, Decker & Batista; Caspa de Ángel – antología de cuentos, crónicas y testimonios del narcotráfico, Batista-Ramos & Carvalho Oliva. Es colaboradora en diversas revistas internacionales.

Precipicios

Peter Pan perdió a Wendy,
como tú a mí…
te aferras a cada parte de mi cuerpo
para no caerte al precipicio,
¿mas no deberías aferrarte a ella?

Bailo sobre frágiles hojas de otoño,
a través de un valle envuelto en bruma,
parada frente a la encrucijada del miedo
entre tu morada y tu ausencia.

Esta madrugada el ardor de mis dientes
es anestesia para el prisionero
detrás de mi celda de huesos.

Esclavo egoísta que se niega
a besarte por última vez,
mas no toleraría verte de nuevo
ser aquel ángel de alas rotas.

Cantos de sirenas bajo tormentas
alimentan la certeza de tu adiós por siempre,
no necesitarás mi regazo por el resto de tus días…

Mas conozco el miedo en tus ojos,
con sus llamaradas consumiéndote,
¿a esta hora no deberías estar con ella?
Mas tienes tanto miedo a perderme…

Estás perdido en una encrucijada también,
entre ella y yo…
me dices que la amas mas me persigues a mí,
¿perderás a la indicada?
¿Yo soy la indicada?
¿Por qué me pides quedarte un minuto más
si ella está esperando por ti en esa banca
donde estuviste conmigo?

No debo tirarme del precipicio,
dices que nadie escucha tus caídas
mas que solo yo…
¿qué haces aquí? Yo quisiera
acurrucarme en el vacío antes de mi hora.
No entenderé porqué aún atrapas mis caídas…

Un cuervo me dice que tú no te alejarás de mí
te vayas o te quedes, aquel calor lo necesitas
tanto como yo, ¿debería creer en él?

Una historia, dos finales,
precipicios falsos o reales,
¿tú me salvarás de ambas?
¿Vendrás todavía a buscarme?

Nuestra historia ha jugado el Abadón
antes, aun sabiéndonos aves fénix,
tus manos me sujetan, yo haré lo mismo por ti,
beso tu mano y el labial queda ahí,
no lo quitas, ¿qué pensará ella?

Ahora yo escribo el adiós,
lentamente y profundamente,
tú no te das cuenta,
me perderás en este precipicio,
yo juego a que no me doy cuenta,
mas sé que tú volverás a mí,
mas hoy tú por fin me perderás
como Peter Pan a Wendy…

Aquí va otra red hecha de versos
para salvarme de un precipicio,
precipicio de muerte,
aquí va otra red de versos
hecha con tu nombre.

– Krizia Tovar

SOBRE LA AUTORA:

Krizia Fabiola Tovar Hernández nació en el Estado de México, en 1996. Algunos de sus escritos aparecieron en las revistas Reflexiones Alternas, Poetómanos, Awita de chale, Perro negro de la calle, MÁS Literatura, El morador del umbral, Prosa Nostra MX, Collhibrí, Teresa Magazine, Circulo literario de mujeres, Clan Kutral y El templo de las mil puertas. Actualmente estudia el último año de la licenciatura en Ciencias Humanas en el Centro Universitario de Integración Humanística.

Rony Vásquez Guevara, escritor y académico, que está marcando época con la emblemática editorial «Quarks»

El jurista Rony Vásquez Guevara, muy a parte de su labor profesional, se dedica a las actividades literarias, ya que es un estudioso de la crítica y producción del género breve, específicamente la minificción (caracterizada por brevedad extrema, ficcionalidad y narratividad), además, es uno de los mayores impulsores del género a nivel internacional.

Erick Rony Vásquez Guevara nació en Lima – Perú, 1987. Publicó: Cuadernillo de pulgas (2011); Cuaderno de pulgas (2011); Circo de pulgas. Minificción peruana. Estudio y antología (1900-2011) (2012); En pocas palabras – Antología del microcuento liberteño (2012); En pocas palabras – Antología del microcuento cajamarquino (2013); El universo de los caracteres. Brevísimo estudio y antología (2014); Tuiteratura (2016) y El último dinosaurio vivo. Antología personal (2016), entre otros.

Sus minificciones han sido traducidas al inglés, ruso, italiano, persa y francés.

De formación académica, su línea de investigación es la minificción y demás brevedades literarias, cuyos ensayos y artículos han sido publicados en revistas especializadas de Colombia, México, Estados Unidos y Perú.

Ha sido invitado de diversas ferias internacionales de libro. Participó en el Seminario de Estudios sobre Minificción de la Universidad Nacional Autónoma de México. Su taller de minificción “El dinosaurio” se impartió en República Dominicana, Venezuela y Perú. Es un intelectual polifacético, como crítico y ensayista, colabora en importantes revistas literarias, además de hacer ponencias en diversos medios académicos.

Asimismo, está profundamente relacionado con las principales revistas peruanas, editoriales y centros de estudios de literatura breve, como: Mirmidonia. Revista andante de Microrrelatos; Centro Peruano de Estudios sobre Minificción; Editorial Micrópolis S.A.C.; Plesiosaurio. Primera revista de ficción breve peruana y fue editor invitado por la revista Ekuóreo (Colombia, 2013).

Rony sabe que, en los tiempos actuales donde impera la inmediatez, la ficción breve es el arte que podría enriquecer nuestras vidas, por eso, en un trabajo quijotesco, sin percibir remuneración alguna, mantiene a “Quarks Ediciones Digitales” que difunde el microrrelato y promueve su lectura.

La editorial “Quarks” cuenta con un acervo diverso de contenido de gran calidad, asimismo, de mucha calidad de edición; con una variedad temática que abarca la literatura de diversas índoles, como de carácter fantástica; también, temáticas referidas a la denuncia social, aunque este grupo es el sector minoritario cuenta con material contundente de grandes nombres de la microliteratura internacional. Además, existen algunos textos brevísimos incluidos en las diversas publicaciones que colindan con la tradición oral. Son textos brevísimos, ficcionales y narrativos, con una influencia sustancial del discurso oral que rescatan contenido regional de los países que representan.

Quarks Ediciones Digitales posee dos colecciones: “Máximo minúsculo” que está dirigido a la publicación de antologías y “Ciudadano mínimo” que publica libros de autor.  Promoviendo así, la microficción y sus autores a nivel internacional.

Percibo y me gusta y sé que no me equivoco que, para Rony, el arte literario no es como una arena de gladiadores, sino, que coincidimos con algo que siempre afirmo: “la literatura es una fiesta, un encuentro”; es por eso que constantemente publica a otros escritores.

Estas actividades editoriales, sumadas a las actividades profesionales, no fueron capaces de ocultar el lado profundamente literario e imaginativo de Rony Vásquez Guevara, que escribió diversos libros, valiosos ensayos, y numerosos microrrelatos.

Rony Vásquez Guevara es un intelectual inquieto y autocrítico que está caminando por el sendero ancho de la literatura del siglo XXI, no solo por la calidad de lo que escribe, como también por la hermandad que lo caracteriza y se revela en la generosidad de publicar y distribuir exento de costo, los libros de Quarks ediciones, comprobando que el verdadero arte es una misión de pocos, mientras escribe su nombre en los anaqueles de la historia de la literatura del siglo XXI.

“I

Era medianoche cuando sintió que sus brazos empezaban a
moverse. Decidió, entonces, romper el cajón. No fue fácil.
Continuó escarbando y logró ver la Luna. Había salido del
encierro funerario. Empezaría una nueva vida.

II

Sabía que papá vestía un pijama blanco para dormir, pero
desconocía que la bisabuela llegaba a casa todas las
medianoches con su pijama para preparar el desayuno.

III

A medianoche, mi esposa y yo, escuchamos que alguien llamaba
a la puerta del clóset. Ella, algo temerosa, se acercó para
averiguar. «Ya regreso», me dijo. Ingresó en el clóset y cerró su
puerta.
He despertado para ir a trabajar y el desayuno no está
preparado.”[1]

– Márcia Batista Ramos

SOBRE LA AUTORA:

Márcia Batista Ramos, nació en Brasil. Licenciada en Filosofía. Es gestora cultural, escritora, poeta y crítica literaria. Es columnista en la Revista Inmediaciones, La Paz, Bolivia y en periodismo binacional Exilio, México. Publicó: Mi Ángel y Yo; La Muñeca Dolly; Consideraciones sobre la vida y los cuernos; Petty Barrón De Flores: La Mujer Chuquisaqueña Progresista Del Siglo XX; Tengo Prisa Por Vivir; Escala de Grises – Primer Movimiento; Rostros del Maltrato en Nuestra Sociedad; Dueto; Escritoras Cruceñas, Caballero, Reck & Batista; Escritoras Contemporáneas Bolivianas, Caballero, Decker & Batista; Caspa de Ángel – antología de cuentos, crónicas y testimonios del narcotráfico, Batista-Ramos & Carvalho Oliva. Es colaboradora en diversas revistas internacionales.


[1] Rony Vásquez Guevara: “A medianoche”; COLECCIÓN Comarca Mínima, El Taller Blanco Ediciones, Bogotá, Colombia, septiembre de 2019.

Mujer de chocolate

Mujer de chocolate
con boca de frutilla
y crema en las mejillas, 
te soñó Modigliani
en sus noches de vino
con auroras de lata,
bajo las luces flacas
de Santa Fé y Maipú.

Dame besos de whisky
con tu lengua que encanta, 
caricias de plumero
y promesas de harina,
en la tarde de bronce
de mi banco de plaza:
las fotos de mis sueños
caminan hacia vos.

– Amadeo Gravino

Vinícius de Moraes, el poeta de lo cotidiano

Conocido internacionalmente y ampliamente traducido, Marcus Vinícius da Cruz de Melo Moraes nació el 19 de octubre de 1913, en la «Ciudad Maravillosa» – Río de Janeiro, Brasil. También fue en Río de Janeiro donde el poeta cerró los ojos para este mundo en el día 9 de julio de 1980.

Poeta considerado entre los tres mayores exponentes de la poesía en lengua portuguesa; crítico de cine, cantautor y compositor, (con más de 300 composiciones, letra y melodía), fue una figura capital en la música popular brasileña contemporánea. Compuso la famosa canción de bossa-nova «Garota de Ipanema» (en español, «La Chica de Ipanema»).

En 1920, a los 7 años, por disposición de su abuelo materno, fue bautizado en la masonería, ceremonia que le causó gran impresión. Vinícius, amante de la séptima arte, inicia sus estudios de cine con Orson Welles y Gregg Toland, poeta y diplomático que los militares, en los años de dictadura, no podían soportar y lo alejaran de la carrera diplomática a través de una jubilación forzada que le permitió dedicarse a la bohemia y vivir su vida de poeta llena de amores, entregado a la pasión.

Estudió Derecho en Río de Janeiro; cuando aún era estudiante, publicó su primer libro «O Caminho para a Distancia» (1933), obra que representa su primera etapa como poeta: de total adhesión al cristianismo, con una concepción espiritualista religiosa y mística que le abrió las puertas a la fama. Publica «Forma e exégese» (1935) y gana el premio «Felipe d´Oliveira». En 1936 publica «Ariana, a mulher».

Después de licenciarse, ejerció la abogacía, aunque manteniendo siempre un especial interés en el cine. Más tarde estudió literatura inglesa en Oxford y posteriormente ingresó a la vida diplomática, prestando servicios en Estados Unidos, Francia y Uruguay.

A partir de los años de 1940, Vinícius empieza su segunda fase, como el llamaría, con los pies en el suelo, y deja de ser un inquilino del sublime. Su poesía es más sensual y lírica; publicando 44 libros entre poesía, prosa y teatro a lo largo de su vida.

En 1950 fue nombrado vicecónsul en Los Ángeles, donde tuvo la oportunidad de acercarse a la poesía anglosajona, al jazz, de fundar (junto con Tom Jobim y João Gilberto) el movimiento musical bossa-nova, así como afianzar su amistad con Orson Welles.

En 1956 escribió la obra de teatro «Orfeu da Conceião » llevada al cine bajo el título de «Orfeo Negro», ganadora de la Palma de Oro en Cannes en 1958, el Oscar a la mejor película extranjera en 1959 y el premio de la Academia Británica.

Vinícius fue un hombre que tuvo una vida muy polémica, propia de su carácter irreverente. Tanto es así, que él se permitió, a la vez, pertenecer al partido comunista, ser antifascista convicto, ser amigo de grandes escritores como Jorge Amado, Manuel Bandeira, Carlos Drummond de Andrade, João Cabral de Melo Neto, Gabriela Mistral y Pablo Neruda. Disfrutar del fútbol y de la cocina. Casarse nueve veces. Ser capaz a los cincuenta y cinco años de renunciar a todo e irse a vivir a una comunidad hippie y después volver a su vida de antes, pero cargado de nuevas experiencias.

Lo que hace de Vinícius un gran poeta es su percepción del lado oscuro del hombre y el coraje de enfrentarlo. Parte, desde el principio, de los temas fundamentales: del misterio, la pasión y la muerte. Los temas del cotidiano como el mismo expresaba.

SONETO DE LA SEPPARACIÓN

«De repente la risa se hizo llanto,
silencioso y blanco como la bruma;
de las bocas unidas se hizo espuma,
y de las manos dadas se hizo el espanto.
De repente la calma se hizo viento
que de los ojos apagó la última llama,
y de la pasión se hizo el presentimiento
y del momento inmóvil se hizo el drama.
De repente, no más que de repente,
se volvió triste lo que fuera amante,
y solitario lo que fuera contento.
El amigo próximo se hizo distante,
la vida se volvió una aventura errante.
De repente, no más que de repente.
«

– Márcia Batista Ramos

SOBRE LA AUTORA:

Márcia Batista Ramos, nació en Brasil. Licenciada en Filosofía. Es gestora cultural, escritora, poeta y crítica literaria. Es columnista en la Revista Inmediaciones, La Paz, Bolivia y en periodismo binacional Exilio, México. Publicó: Mi Ángel y Yo; La Muñeca Dolly; Consideraciones sobre la vida y los cuernos; Petty Barrón De Flores: La Mujer Chuquisaqueña Progresista Del Siglo XX; Tengo Prisa Por Vivir; Escala de Grises – Primer Movimiento; Rostros del Maltrato en Nuestra Sociedad; Dueto; Escritoras Cruceñas, Caballero, Reck & Batista; Escritoras Contemporáneas Bolivianas, Caballero, Decker & Batista; Caspa de Ángel – antología de cuentos, crónicas y testimonios del narcotráfico, Batista-Ramos & Carvalho Oliva. Es colaboradora en diversas revistas internacionales.

Beatriz

Ella,
luna-pastlla de menta,
boca de arroz,
                    paseaba

tardes rubias de cigarrillos
se balanceaban:
bailar hacían
su frío pelo de cerveza
en las vidrieras

y volaba por cielos de hollín:
                 figura de Chagall.

– Amadeo Gravino

Jorge Muzam desgrana el tiempo entre castaños y cerezos

Como nada es casual en el planeta azul, Jorge Muzam (1972), escritor chileno, nació en San Fabián de Alico, el “Nido de Parras”, la tierra de Violeta y Nicanor. Licenciado en Historia por la Universidad de Chile. Es novelista y poeta. Ha publicado artículos, relatos, poemas, crónicas y ensayos en diversas revistas y periódicos americanos y europeos.

Jorge Muzam, como si se tratara de un Lermontov del siglo XXI, que ama a su patria, “¡pero con un extraño amor!», con una actitud firme, sabe que todo puede y debe estar mejor, por eso está insatisfecho con el estado actual de las cosas. El tema de la patria en las letras de Jorge Muzam adquiere notas punzantes y amargas, asociadas a la frustración de no poder corregir esa situación, sencillamente, porque los políticos llevan las riendas de un país, no los poetas.

Así como Lermontov idealiza el pasado de su tierra natal y el tema de la patria en sus letras adquirió notas trágicas, también, Jorge Muzam analiza la realidad que le rodea, lo que ve y no le gusta, porque realmente está mal. Jorge Muzam anota:

 “Ni siquiera se trata de ferocidad capitalista o desprolijidad socialista. Es la condición humana la que entreteje los hilos de la injusticia y donde el exceso de ética actúa en contra de los que anhelamos cierta igualdad (…)”[1]

Igualmente, la patria en la obra de Jorge Muzam, está estrechamente vinculada a la imagen de la naturaleza, asimismo, a la imagen de la sociedad que le corresponde vivir, que parece descomponerse y le hace mirar hacia atrás en el tiempo y anota:

“(…) Debes volver a los viejos, a la generación sacrificada, para encontrar cierta tenacidad, honor y respeto. O al menos para mover la pala de un sitio a otro.”[2]

La rápida mirada en el tiempo que hace Muzam, se equipara al mito del eterno retorno, modelo y repetición en su movimiento ritual y cíclico en busca del pasado arquetípico, donde la conducta de los hombres se inspiraba en la harmonía del hombre con la tierra.

De la misma forma, las letras de Jorge Muzam expresan lo que Jorge Tellier llamó de: “rechazo a veces inconsciente a las ciudades, estas megápolis que desalojan el mundo natural y van aislando al hombre del seno de su verdadero mundo”.  Ya que Jorge Muzam, constantemente, reafirma la tradición y la historia de la literatura chilena. Muzam es otro poeta de los lares, que sostiene una búsqueda medioambientalista, se funde con la naturaleza, en un retorno a lo originario del hombre en contacto con el mundo, como una experiencia vital, no como una experiencia puramente literaria.

Si Jorge Tellier, en cierta medida, fue un inspirado que tuvo el valor, propio de la persona  honesta y supo prolongar su brillante mocedad dentro de una atmósfera mítica que se constituyó, a partir del árbol de la memoria encantada, fusionando dicha memoria con un poco de nostalgia, de naturaleza con niebla y pájaros, entre otros elementos que conforman la arcadia que sirve de escenario a su poesía lárica, Jorge Muzam, a su vez, hipnotizado por el embrujo de la alta cordillera del Ñuble, donde se puede admirar el vuelo de los cóndores, conjuga el verbo vivir, mientras escurre por su pluma la belleza y el dolor de existir.

La narrativa de Jorge Muzam contiene una prosa poética exquisita, plagada de bosques de robles, avellanos y cerezos, montañas y cabras en busca del cielo, que derrama una llovizna infinita, raras veces cargada con copos de nieve, con el cerro Malalcura (corral de piedra) visto a diario, desde la ribera sur del río Ñuble… San Fabián de Alico conforma la arcadia donde se desarrollan las letras de Jorge Muzam:

“Por aquí ya es bastante invierno (…). Llueve con murmullo persistente. Ha nevado en las cumbres. Las escampadas tienen rumor de viento norte. El musgo se apodera de las piedras, de los estanques, de los troncos viejos. El río Ñuble vuelve a adquirir la prestancia y el rugido de un río sureño. Despierto temprano, incluso en día domingo, es una conducta propiamente campesina que suele acompañar toda la vida. Café para espabilar mirando por la ventana el Malalcura, comprobar que sigue en su sitio. Que la historia previa no fue una ilusión ni menos un sueño de Monterroso. Mis ingredientes para vivir suelen ser imaginarios. Posibilidades y recuerdos que interactúan en una novela inédita, incongruente, circense por defecto. La soledad fantasmagórica de la cordillera exalta mis quijotismos. Si tan solo Doré pudiera dibujarme. Mi cabeza es un Saturno anillado de esqueletos, cañones sin pólvora, generales rusos dubitativos.”[3]

Jorge Muzam, en su narrativa, presenta una dimensión dramática de la temporalidad. No necesariamente con el miedo a la muerte, condensado en el vértigo temporal que prácticamente elimina el tiempo de existencia entre la cuna y la tumba, pero, como el contador de arvejas, que percibe el efecto atormentador de las horas que pasan:

“Intento atrapar el tiempo con la mano como si fuese un mosquito neurótico. Nunca lo logro. Las palabras me saben a pasado. El té me sabe a pasado. El amor es una tempestad emocional replicada infinitamente hacia el nido de los recuerdos. A veces llego a estar seguro de que somos bombas de relojería. Yo mismo siento mi tic tac encaminado hacia la hora 0. Es cierto que podemos hacer trampas, manipular el segundero, causar estropicios monumentales, pero de todas formas la resta es inaplazable y el saldo final será vacío (…)”[4]

La temporalidad apesadumbrada, forjada con frecuencia y manifestada en la noción del plazo, el tiempo estimado del que se va sustrayendo parte a parte, hasta que ya no queda nada y se consume…  Tal vez, con él se acaba el fracaso de las ilusiones, la felicidad o la propia vida:

“(…) Y eso es muy injusto, porque creamos y queremos como dioses infantiles, sin fecha de caducidad, sin contratos definidos. Mientras tanto podemos deslizarnos a bordo de un monociclo y hacer malabares con antorchas de fuego azul. Unir dos riscos con una cuerda. Aspirar la contradicción del viento. Al fin y al cabo, la vida es sólo una fiesta irresponsable de ocho décadas probables. Si nos caemos no se perderá mucho, y lo esencial quedará resguardado en memorias ajenas. Las dagas de hielo a veces acechan la pluma, la intimidan, y no hay cómo defenderlas. Escribir inutilidades puede convertirse en un drama íntimo, pues no le agregará energía extra a ningún hogar del planeta (…).”[5]

Así, de manera cruda, Jorge Muzam refleja la angustia que le produce la conciencia sagaz del quehacer cáustico del tiempo y el dolor por lo transitorio hace parte de algunas de sus imágenes recurrentes, dimensiones que se suman y amalgaman al tiempo que interviene en la construcción de la estructura de su narrativa que va más allá de la captación del instante, pues logra dilucidar el paso del tiempo en diferentes planos que expresan durabilidad, tiempo lacónico, movimiento: llegar, partir, verter, florecer…

“(…) Podría no hacerse e igual las ocas caminarían graciosamente. Es el septiembre más frío en muchos años. Nubes solitarias rodean las laderas montañosas, algunas dejan caer llovizna y otras agua nieve. Llegan cientos de cachañas empujadas por el viento sur. No solían arribar en esta época. Parecen desorientadas. Sus recuerdos las guían hasta los viejos manzanares, y ahí se detienen a descansar, pero en esta estación no hay manzanas, ni siquiera hojas y deben seguir rumbo al norte sin haber cenado.”[6]

Como un custodio de la memoria y su valor humano, Jorge Muzam desde el bello valle de San Fabián, desgrana el tiempo entre castaños y cerezos.

– Márcia Batista Ramos

SOBRE LA AUTORA:

Márcia Batista Ramos, nació en Brasil. Licenciada en Filosofía. Es gestora cultural, escritora, poeta y crítica literaria. Es columnista en la Revista Inmediaciones, La Paz, Bolivia y en periodismo binacional Exilio, México. Publicó: Mi Ángel y Yo; La Muñeca Dolly; Consideraciones sobre la vida y los cuernos; Petty Barrón De Flores: La Mujer Chuquisaqueña Progresista Del Siglo XX; Tengo Prisa Por Vivir; Escala de Grises – Primer Movimiento; Rostros del Maltrato en Nuestra Sociedad; Dueto; Escritoras Cruceñas, Caballero, Reck & Batista; Escritoras Contemporáneas Bolivianas, Caballero, Decker & Batista; Caspa de Ángel – antología de cuentos, crónicas y testimonios del narcotráfico, Batista-Ramos & Carvalho Oliva. Es colaboradora en diversas revistas internacionales.


[1] MUZAM, Jorge. “Volver a los viejos”; Revista Inmediaciones, La Paz – Bolivia (2018).

[2] MUZAM, Jorge. “Volver a los viejos”; Revista Inmediaciones, La Paz – Bolivia (2018).

[3]MUZAM, Jorge. “Ya es bastante invierno”; Revista Inmediaciones, La Paz – Bolivia (2020).

[4] MUZAM, Jorge. “Antorchas de fuego azul”; Revista Inmediaciones, La Paz – Bolivia (2019).

[5] MUZAM, Jorge. “Antorchas de fuego azul”; Revista Inmediaciones, La Paz – Bolivia (2019).

[6] MUZAM, Jorge. “Antorchas de fuego azul”; Revista Inmediaciones, La Paz – Bolivia (2019).

Strip-tease

Bañada por luz del escenario
canta su boca de ciruela
el vestido plateado de la luna,
sus dedos de confites
que acarician los campos
que han gritando hasta dormirse

baila la niebla:
cortina penetrada de flechas

iluminan sus ojos
soles del cansancio,
derrotas

sus dedos desanudan el corpiño
que hamaca el aire:
vuelan sus pechos como golondrinas.

– Amadeo Gravino

La brecha

 “Lo que decimos no siempre se parece a nosotros”.
– Jorge Luis Borges

¿Quién soy? Estoy tratando de averiguarlo. Eso no tiene nada que ver con algún problema en la memoria o cualquier cosa que se relacione con la mente humana. Apenas, reviso gavetas abarrotadas de papeles que acumulé toda la vida, con anotaciones que podrían servir para escribir un libro (que nunca fue escrito), que, por motivos varios, se quedó en el olvido, en las gavetas del escritorio. Pareciera que los recuerdos estuvieron guardados en un frasco, entre papeles, en cada gaveta.

Leí varios diarios y no escribí ninguno durante toda mi vida, debido a que perdí mucho tiempo y no tuve interés por la escritura demasiado personal o íntima, que me permitiera escribir pequeñas crónicas sobre cosas sencillas que ocurrieron en mi niñez o en el transcurso de la vida. Tampoco me dediqué a estudiar el inglés antiguo, el sánscrito y cosas parecidas, excepto, por un corto tiempo que estudié el esperanto.

Tal vez, sea una cuestión de carácter, el hecho de respetar la privacidad de mis hijos y no contar sus hazañas o no mostrar las fotos de familia y contar las historias que casi ocurrieron y emperifollarlas un poco, para parecer que soy lo que en verdad no fui y nunca seré.

Detesto los deportes masivos como el fútbol. Las fiestas populares como los prestes y el carnaval.  Me gustan los juegos solitarios: el ajedrez, la equitación, la natación.

En los días de lluvia, pienso mucho para no darme cuenta de que llueve, porque, por algún motivo bastante oculto en mi subconsciente, no me gusta la lluvia, aunque sé que es muy necesaria y de importancia vital para todos los seres vivos. 

Mi madre era católica, como todas las buenas señoras de la pequeña aldea donde vivíamos cuando yo era pequeño. Mi padre era librepensador y yo, no entiendo de religión y no sé si quiero ser un libre pensante, si quiero ser igual a mi padre o si quiero ser un católico apostólico romano.

Leí gran parte de la obra de Borges y eso, creo, es lo que me confunde un poco, porque él tuvo más influencia sobre mi pensamiento que el cura del pueblo, mi profesora o mi madre o mi padre. Tal vez, porque pasamos clases de francés juntos, cuando aún éramos niños, e inglés cuando fue necesario hablar fluidamente esa lengua, en el tiempo que la sociedad lo exigía; así como exigía, una buena caligrafía.

En nuestro tiempo, hacíamos lo que era necesario hacer, no así, lo que nos gustaba. Pero no haré ninguna digresión sobre la necesidad y el concepto de responsabilidad que nos inculcaron los mayores.

Tampoco utilizaré estas pocas líneas para hablar del universo mitológico que representa el amor; o para contar sobre las veces que amé y las veces que fui amado. Sencillamente porque el tedio de la espera se apoderó de mi existencia. La incertidumbre tejió su manto sobre mi presencia y la duda sobre si un día seré, crece como un hongo que me deja inerte y coagulado entre papeles en las gavetas del escritorio.

Cuando fui al cuartel, me separé de Borges, él, por razones obvias, no pudo ingresar al cuartel, a pesar de que no le hubiera gustado. Por su temperamento, apenas me escribía cartas esporádicas, hasta que un día se extinguió su cuerpo y él se hizo inmortal.

La vida pasó, de forma lenta y gradual en mi caso. Y estoy aquí, entre papeles en las gavetas del escritorio, con mi edad incierta que bien podría pasar el siglo. Estoy aquí con esperanzas adolecentes… Atiborrado de remembranzas e incertezas. Sin ningún tipo de resquemor que me nuble el alma.

Otra vez, me pregunto: ¿Quién soy?

Borges decía que: “Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos.”

Yo diría que mi memoria es un acumulo de anotaciones, para una historia que quizás se escriba. Quizás, jamás se escriba… Porque soy un personaje, sin nombre, de una historia que Márcia no escribió, sobre mi niñez junto a Borges y del camino que cada uno tomó en una encrucijada de la vida.

Existe una brecha entre escribir y vivir. No todos los lectores comprenden, asimismo, no todos los escritores lo saben.

– Márcia Batista Ramos

SOBRE LA AUTORA:

Márcia Batista Ramos, nació en Brasil. Licenciada en Filosofía. Es gestora cultural, escritora, poeta y crítica literaria. Es columnista en la Revista Inmediaciones, La Paz, Bolivia y en periodismo binacional Exilio, México. Publicó: Mi Ángel y Yo; La Muñeca Dolly; Consideraciones sobre la vida y los cuernos; Petty Barrón De Flores: La Mujer Chuquisaqueña Progresista Del Siglo XX; Tengo Prisa Por Vivir; Escala de Grises – Primer Movimiento; Rostros del Maltrato en Nuestra Sociedad; Dueto; Escritoras Cruceñas, Caballero, Reck & Batista; Escritoras Contemporáneas Bolivianas, Caballero, Decker & Batista; Caspa de Ángel – antología de cuentos, crónicas y testimonios del narcotráfico, Batista-Ramos & Carvalho Oliva. Es colaboradora en diversas revistas internacionales.

La microficción como espacio de denuncia social

El conjunto de obras diversas cuya principal característica es la brevedad de su contenido escrito en prosa, de naturaleza narrativa y ficcional que, usando un lenguaje preciso y escueto se sirve de la elipsis para contar una historia a un lector activo, es conocida como cuento brevísimo, microcuento, microrrelato, microficción y minicuento, entre otros.

La escritura de las obras mencionadas cabe en el espacio de una página, pues debe abarcar el máximo de 250 palabras. Haciendo que la microficción sea un momento, un instante de quien narra y en la brevedad establece la precisión de lo que ha decidido contar.

Para David Lagmanovich, los cambios culturales de la modernidad propician, junto a otras innovaciones en otros campos, el surgimiento de las narrativas mínimas, que cumplen con todos los roles de la literatura incluyendo la literatura de denuncia social; que es de suma importancia para la humanidad, ya que ofrece un análisis crítico de su época y la convierte en un disparador de la reflexión acerca de la sociedad plagada de desigualdades en que vivimos.

La literatura como instrumento de denuncia social, logra revelar los problemas endémicos de una sociedad que se disfraza de correcta, moral y ecuánime.

Desde la perspectiva de la literatura latinoamericana de denuncia social, el papel del intelectual no solo implica un interés por evidenciar una serie de problemas que aquejan la sociedad, como también, su creatividad al poner en relieve tan escabrosas situaciones.

La temática merece un estudio exhaustivo ya que son muchos los escritores microficcionistas que utilizan sus letras como instrumento de denuncia social, empero citaré dos ejemplos:

La literatura urbana en Latinoamérica pasa, necesariamente, por los espacios de pobreza, en que sus habitantes están condenados a vivir en un permanente contexto de necesidades insatisfechas, exclusión y precariedad… En una lucha constante por la sobrevivencia que ineluctablemente consume todas las posibilidades de ser feliz en el presente y compromete de manera poco optimista el futuro.

Estas situaciones sociales heterogéneas, en países conformados por contrastes brutales, abren espacios para la delincuencia que es vista, por los marginados, como la posibilidad de ascenso social rápido o la fórmula mágica para dejar la pobreza y la carencia en el pasado.

Angélica Villalba Cárdenas, escritora colombiana, sensibilizada por el mundo caótico cementado en las desigualdades, registra la soledad y la violencia del ámbito urbano desde la mirada humana que la caracteriza:

“Break

El man era todo alzado y me lo bajé. La embarrada es que el muñeco quedó en plena calle y la sapa de la Miriam gritó re duro. Los tombos del CAI se la pillaron, pero no me voy a dejar agarrar porque ni loco vuelvo a la cárcel.

Corro y corro, sin mirar pa’ atrás, aunque aún escucho los alaridos de la cucha Miriam y las sirenas de la patrulla.

De pronto, tras dejar botados a los tombos, lo único que veo, rodeada de gente, es una tarima. En ella están mis ex parceros del parche de rap. Mi salvación.

─ ¿Sigue en la mala, güevón? ─me dice Álex.

─No, para nada, parce. ¿Me deja trepar?

─ Hágale.

Saludo a los demás bailarines y comienzo la función. Siento como mi cuerpo se mueve al ritmo de la música mientras me pierdo entre las rimas.

Un tiro al aire, los bailarines saltan de la tarima y yo solo sigo bailando, como un güevón.”

La desigualdad de géneroes tan profunda en nuestra sociedad, que llega al punto de que ciertos individuos del sexo masculino, cegados por su sexismo, no logran asimilar la gravedad de los hechos violentos cuando esos son propinados en contra de una mujer, más aun si se trata de “su mujer”, porque hasta en la forma de hablar, el patriarcado recalcitrante se hace presente y la mujer es vista como un objeto o una pertenencia más del hombre.

En pleno siglo XXI, cuando los avances tecnológicos y científicos aumentan cada día, las nuevas tecnologías son de amplio espectro y transcendentales por su potencial de transformación, aún existen hombres en un nivel de barbarie y primitivismo que no logran relacionarse con las mujeres e infantes en condiciones de respecto e igualdad.

En el planeta entero los derechos humanos de las mujeres y niñas son vulnerados constantemente, porque la inequidad de género prevalece en las relaciones humanas, sin importar el sufrimiento que es impuesto al otro. Todos los días, en todas las horas del día, las mujeres y niñas son víctimas de violencia machista en algún lugar del mundo, solo por el hecho de ser mujeres.

Camilo Montesinos Guerra, escritor chileno, registra con su pluma dolorosa y realista:

“Biografía inconclusa

Nació el 4 de octubre del 2007, cursa cuarto básico y le gusta el deporte.

Murió un viernes de abril del 2015. El viernes siguiente murió otra vez, y al siguiente viernes lo mismo.

Y así muere cada viernes, cuando el padrastro abre la puerta de la pequeña habitación y apaga la luz.”

Es esa escalofriante realidad, donde la mujer se encuentra supeditada al deseo y control masculino y es sometida por la violencia que el escritor retrata, a través del microcuento:

Veinte golpes de amor y una mujer desesperada

«Puedo escribirte las amenazas más tristes esta noche, escribir, por ejemplo, mi puño está cerrado y tiritan azules tus ojos a lo lejos», expresó alardeando de sus talentos poéticos.”

Así, el microrrelato, tan escueto y como cualquier otro género literario, sirve de espacio de denuncia social y trata, a través de sus escritores, de despertar la sociedad de las taras a las que está sometida. Un triunfo más de la minificción en el mundo plagado de mediocridad y de dolor.

– Márcia Batista Ramos

SOBRE LA AUTORA:

Márcia Batista Ramos, nació en Brasil. Licenciada en Filosofía. Es gestora cultural, escritora, poeta y crítica literaria. Es columnista en la Revista Inmediaciones, La Paz, Bolivia y en periodismo binacional Exilio, México. Publicó: Mi Ángel y Yo; La Muñeca Dolly; Consideraciones sobre la vida y los cuernos; Petty Barrón De Flores: La Mujer Chuquisaqueña Progresista Del Siglo XX; Tengo Prisa Por Vivir; Escala de Grises – Primer Movimiento; Rostros del Maltrato en Nuestra Sociedad; Dueto; Escritoras Cruceñas, Caballero, Reck & Batista; Escritoras Contemporáneas Bolivianas, Caballero, Decker & Batista; Caspa de Ángel – antología de cuentos, crónicas y testimonios del narcotráfico, Batista-Ramos & Carvalho Oliva. Es colaboradora en diversas revistas internacionales.

Apuntes sobre la producción actual

Cuando me invitaron a participar en esta mesa, me asignaron como tema referirme al “libro en el contexto actual”, una propuesta que supera mi responsabilidad. Entonces, por respeto a mi ignorancia, voy a decir algo acerca de lo que creo tener opinión. La poesía, la misma que de un tiempo a esta parte sigue esperando (y merece) una atención más plena a los interrogantes que tienen lugar en la cultura.

La poesía puede ser uno de los pájaros de nuestra memoria pasada y presente dada la velocidad del viento en el tiempo que nos toca. Pero por todo ello, advierto que apenas tenemos borradores donde seguimos apuntando y corrigiendo. Porque el poema se hace con palabras que no ausentan el mundo que hubiera pensado.

Pero “hubiera” es una suerte de contemplación benemérita del deseo. Ante su reiteración, recuerdo, en la revista Plural, de México, alguna vez llegamos a la conclusión de que “el hubiera es el tiempo pluscuanpendejo del verbo ni modo”.

Visto así, el afuera parece haber dejado de pertenecer al adentro en un segmento considerable de la producción actual, observando cómo responde el autor a las nuevas subjetividades que compartimos como lectores en esta especie de resumen general de los olvidos. Y también observamos cómo la audiencia crítica (que alguna vez tuvo referentes) se ha empobrecido.

La expansión del librismo culturoso hecho sólo de palabras es una más de las expresiones que ocupa la desolación del arte contemporáneo.

Esto habla del mercado y del lector, de sus escuchas.

Edward Albee hace unos años estuvo en México. Entonces, nos dijo que “el público está entrenado para la mediocridad (para lo superficial y lo estúpido)”, pero también dijo algo más inquietante: “que en su país existe una política dirigida expresamente a destruir la educación estética. La democracia es muy frágil y los políticos están asustados; como consecuencia, los intelectuales y artistas creativos están siendo sometidos a una censura que será difícil de parar. De momento -agregó-, el teatro, el arte de calidad, han tenido que refugiarse en pequeños foros porque sus espectadores, sus lectores, están siendo capacitados para exigir cada vez menos”.

Por esta y otras razones (de no menor peso) me siento habitante de un mapa determinado por el compromiso al que se refiere el dramaturgo.

Más recientemente, y audaz, el español Ballester Moreno me dejó a la intemperie: “el arte se separó tanto de la vida que ya no representa nada”, dijo.

La fidelidad conservada por Canetti en La conciencia de las palabras se pierde como se pierden los oficios.
El árbol de la vida no puede leerse construyendo artificios. La poesía tiene un follaje que no se alimenta sólo de palabras, sino de todo aquello que habita en ella y con ella, entonces cobra peso y significado.

Quinientos años después de que nos trajeran a Dios, con el mismo incentivo de progreso, los patrones culturales dominantes la verbalizan y descompletan hasta colmarla de muletillas contractuales. Son los nuevos guionistas del espíritu. Que se pueden leer como ráfagas inconclusas que se suceden cuadro a cuadro en una pesadilla.

Muchos aprendimos que la sensibilidad poética resuelta por medios sencillos convierte en íntima la comunicación compleja. El “asunto” exige rigor y, tal parece, cada vez tiene menos adeptos. Y ese rigor, también obliga a defenderlo no solo con consignas. Vieja y difícil tarea que se teje sobre el cuerpo de la imagen simbólica.

El territorio de la poesía es un lugar al que van pocos, y llegan menos, como los pasajeros de una diáspora.

En simultáneo, existe una defensa ingenua, superficial, que trae consigo la educación meramente instrumental que se ha venido construyendo casi sin oposición o con indiferencia del proceso donde tiene lugar y desarrollo. Y la multiplicación de talleres donde la subjetividad no excede la exposición rudimentaria.

Hace veinte, treinta años (un pestañeo en la Historia, una vida en  nosotros) muchos que escribían, pintaban, cantaban… decían tener un hobby. Hoy publican, exponen, realizan conciertos, sin el humilde reconocimiento de entonces como pasatiempo reservado a los ratos de ocio.

Con el desarrollo exponencial de los medios y las redes, un segmento considerable de promotores, asistentes, participantes, califica sus eventos como “noche mágica”: una franquicia de Disney que saca a pasear versos que siempre llegan tarde donde nunca pasa nada.

La devaluación de la moneda, escuchamos, devalúa la vida. Por lo que no sería aventurado suponer que los comportamientos del lenguaje quedan fuera de esa devaluación.

La tecnología impuso la aceleración de la imagen y redujo los caracteres hasta pulsiones primarias.

La edición de libros no escapa a este fenómeno, se ha convertido en uno más de los artefactos de certificación que conceden pertenencia. Legitimación ilusoria que a mucha gente le permite confundir un poeta con quien escribe poemas, por ejemplo.

Sin dejar de reparar en la responsabilidad que le cabe a buena parte de la docencia en esta domesticación anunciada.

En medio de una diversidad engañosa, en horario Triple A (más cerca de las creencias que de la reflexión), la habituación a los modos de comunicación dominantes ha sumido a la escritura (como a otras expresiones del arte) en un espacio del trilingüismo cultural tal vez irremediable. La opción (sin decirlo expresamente) elude aquello de que las preguntas valen tanto como las respuestas que puede ahorrar.

Me temo que el atajo (menor exigencia crítica, responsabilidad, compromiso…) nos trajo hasta aquí. Y nos informa acerca de la fortaleza que ejercen las voluntades ajenas sobre la vida y el destino individual.
Celebrando las paradojas que nos asaltan con frecuencia (en esta encrucijada) podríamos inferir que el presente se ostenta tan ignorante como pretencioso. No tomar nota de lo que ofrece su escenario es, “sería”, como exigir que el fuego no se entere del viento.

– José Antonio Cedrón

SOBRE EL AUTOR:

José Antonio Cedrón nació en Buenos Aires, donde comenzó a publicar en la década de los años 70 e integró la mesa directiva de la Agrupación Gremial de Escritores Argentinos. Vivió varias décadas en diversos países de Latinoamérica, la primera de ellas en calidad de exiliado. En Venezuela trabajó como docente (educación básica) y en la revista Los Libros. En México fue coordinador de Bibliotecas de Investigación en el Archivo Histórico de Puebla. Luego trabajó cinco años en la Universidad Autónoma de Puebla.

Regresó a su país y, posteriormente, en los años 90, en la Ciudad de México, fue coordinador de Ediciones del diario unomásunoy se desempeñó como editor de la revista Este País. Integró el Consejo Editor de la revista Plural, dirigida por Jaime Labastida. Publicó los poemarios La tierra sin segundos, De este lado y del otro, Actas, Vidario, Circuito interior, Antología personal –pequeña cosa.  Y el reportaje novelado El Negocio de la Fe.

Parte de su obra fue traducida al francés, inglés, portugués, italiano y catalán.

Obtuvo el II Premio Concurso Cincuentenario del Periódico Alberdi, en Buenos Aires; la Primera Mención Honorífica Premio Latinoamericano de Poesía Rubén Darío, en Nicaragua; Mención Premio Carlos Pellicer para obra publicada en México, y el Premio Nacional de Poesía de México, Sinaloa.

Trabajos suyos fueron musicalizados en Argentina, México, España, Nicaragua y Costa Rica. Realizó espectáculos de café-concert con poemas y canciones y grabó discos con la participación de los músicos Carlos Díaz Caíto, Rolo Taubas, Nobilis Factum, Helio Huesca, Ofilio Picón, Nimbus Jazz, Raquel Oyola, Marianne Friederichs, Delia Caffieri, Horacio De Tomaso, Adrián Goizueta y el Grupo Experimental, entre otros.

Es coautor de libros de texto de Español para la Secretaría de Educación Pública —secundaria a distancia para adultos.

Trabajó en el área de Educación e Investigación Artísticas del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) durante cuatro años. Como docente, impartió en el Diplomado de Creación Literaria de la Sociedad General de Escritores de México (Sogem), y tuvo a su cargo la cátedra Lengua y Comunicación para maestros que cursan Docencia en Artes en el Centro Morelense de las Artes (CMA) de la Ciudad de Cuernavaca, Morelos. Actualmente reside en Buenos Aires.

Mecenas del arte abstracto en Latinoamérica

A mediados de la década pasada, Tom Braden, quien fuera dirigente de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) durante la denominada guerra fría de los años 50, declaró en un explosivo documental transmitido por el canal 4 de la televisión independiente británica, que la División de Organizaciones Internacionales que encabezaba, coordinó y fomentó clandestinamente las más diestras ofensivas a favor del arte abstracto.

Se rio de su desfachatez con el mismo júbilo con que los poderosos de entonces venden hoy sus memorias (como si fueran solo suyas) en mesas redondas, foros, programas televisivos, defendiendo el contexto (como si fuera también de su propiedad), a sabiendas que la audiencia ignora porque el pasado que vuelve no se baila, y aburre. Pero no se resignan.

Convencido de su tarea a favor de la libertad, Braden aceptó que la CIA fue el mecenas excepcional en la batalla por el éxito internacional de lo abstracto contra la influencia del comunismo, que se presentaba como “una perspectiva horrible para el mundo, dominado por las ideas estalinistas sobre el arte”.

Aun así, al interior de los cubículos, los expertos no se ponían de acuerdo.

Alcanza con saber que en 1947, el Departamento de Estado había tratado de organizar una gran exposición de arte norteamericano en el exterior, y se había visto obligado a un humillante retroceso después de los ataques de un pequeño grupo de parlamentarios, para los cuales el abstraccionismo era “una forma de expresión degenerada, subversiva, paracomunista”.

Sin embargo, lo que fue malo ayer, puede ser bueno hoy.

Para que el mismo producto cambiara de cualidades, las máquinas recicladoras empezaron por las ideas, reduciendo los costos de inversión.

Tres años después, en 1950, durante la influencia generada por el senador Mc Carthyse desarrolló en plenitud la histeria anticomunista; los dirigentes más creativos de la CIA (muchos de ellos liberales graduados en Harvard y Yale) remaron clamorosamente contra la corriente con el objetivo de imponer en la escena internacional el arte abstracto “made in America”, en cuya novedad, frescura y creatividad veían un potente símbolo del llamado “mundo libre”.

Con la guerra fría a plenitud, la agencia financió en complicidad con banqueros, directores de museos, empresarios de élite y críticos, exposiciones internacionales de los más diversos y controvertidos exponentes del expresionismo abstracto estadounidense, como Jackson Pollock, Willem de Kooning, Mark Rothko, o Franz Kline, por ejemplo.

“Queríamos unir a los artistas —recuerda Braden—, también a los músicos, a los literatos y a todo su público en la batalla para mostrar que, al contrario de la Unión Soviética, Occidente y Estados Unidos en particular, eran devotos de la libertad de expresión y de los sucesos del intelecto sin barreras, en cuanto a lo que se puede decir, escribir, pintar, hacer…”

En la frontera enemiga decían lo mismo, pero en edición rústica.

Para que esta unificación fuera posible, la CIA creó varias fundaciones-cortina en Nueva York en complicidad con críticos, directores de museos y millonarios que pagaron exposiciones en Europa y América Latina.

Con el afán de darle existencia y ganar reconocimiento en el mercado, tal apoyo secreto debía tener, como lo tuvo, la mayor penetración y todos los debates posibles que le fueran favorables ante el público y los mismos creadores.

Para administrar la intrincada red de fundaciones y de iniciativas, el servicio secreto también creó en 1950 el instrumento de difusión más grande del arte abstracto, el Congress for Cultural Freedom (Congreso para la Libertad de la Cultura), que abrió 35 sedes en el exterior y durante su apogeo empleó más de 300 personas.

El Museum of Modern Art, y el Whitney Museum de Nueva York, el Chase Manhattan Bank, de Nelson Rockefeller, diarios, revistas y medios audiovisuales, tomaron parte activa en esta gigantesca promoción de los artistas abstractos.

La mayoría de los críticos, historiadores y sociólogos de la cultura entrevistados en el documental de canal 4 condenaron las pesadas interferencias de la CIA que, entre otras cosas, aparentemente ayudaron a Nueva York en la batalla contra París por la “supremacía cultural” mundial.

Pero Tom Braden no se arrepiente de nada:

“Estoy contento —asegura frente a la cámara— de que la CIA haya sido inmoral, si es que se puede llamar inmoral a la financiación secreta de lo que es esencial para la libertad del mundo”.

Según el documental, la CIA se sirvió del Plan Marshall para enviar dólares a organizaciones “culturalmente amigas” en Europa, y para la promoción del arte abstracto se apoyó también en una serie de revistas que financiaba en diversos países: desde la británica Encounter a la francesa Preuves, pasando por publicaciones de India y Australia.

Lo que no dijo el entusiasta Braden (tal vez debido a la fortaleza cultural de su formación), aunque lo sepa, es que para esos años en América Latina se tenía como agente de la CIA a un oscuro personaje de apellido Verias (o Veidas), de quien nunca se pudo comprobar si era uruguayo o brasileño, pero cuya estación cubría los países donde mayor influencia, asimilación y adhesiones podrían obtenerse.

Trabajó en las capitales de Uruguay y Argentina, como en ciudades de Brasil, donde debía “formar” críticos, galeristas y coleccionistas mediante el soborno y la falsa compraventa de obras para darle existencia al arte abstracto.

Pero la tarea principal era “comprar” medios de comunicación que, como en el negocio del disco, reciben “regalías”, no sólo por la difusión y defensa de esa línea política para las artes plásticas, sino por enfrentarla (sin decirlo expresamente) con el arte considerado “comprometido” o “socialista”.

Así, se crearon lujosas publicaciones, en las cuales se daban a conocer también los nuevos “críticos” de la “nueva” cultura, todos ellos pagados por el pragmatismo financiero elaborado por la CIA mediante fideicomisos.

Dos prestigiados galeristas, con salones en el centro porteño de Buenos Aires, también fueron señalados en esa década, sin que se haya podido probar hasta la fecha su participación en el mercado doméstico. A menos que aparezca un Tom Braden sudamericano tan confiable como el original.

En un campo minado por veleidades egotistas y deserciones multicolor, la práctica fijó precedente, y tiene vigencia.

Lo cierto es que la línea hizo escuela en el sur.

Sabemos que una vez establecido el gusto oficial (el sentido estético) el comportamiento de los artistas en su mayoría trabaja por sí solo.

Esa conformidad compulsiva hace el resto y, por extensión, abre un poderoso segmento de impunidad y delación por el que puedan ser sacados del mercado, aquellos motejados como “militantes” por su intransigencia.

Sin embargo, debido a la transformación de estos mercados y su globalización, el segmento tiende a borrar sus límites por la cooptación directa o indirecta de variados operadores, haciendo menos grosero, más sutil y engañoso el juego de la diversidad en el “mundo libre” del que Braden se ufana como pionero.

Con todo, sus confesiones del pasado sugieren una hermenéutica que debemos leer como memorias del presente.

– José Antonio Cedrón

SOBRE EL AUTOR:

José Antonio Cedrón nació en Buenos Aires, donde comenzó a publicar en la década de los años 70 e integró la mesa directiva de la Agrupación Gremial de Escritores Argentinos. Vivió varias décadas en diversos países de Latinoamérica, la primera de ellas en calidad de exiliado. En Venezuela trabajó como docente (educación básica) y en la revista Los Libros. En México fue coordinador de Bibliotecas de Investigación en el Archivo Histórico de Puebla. Luego trabajó cinco años en la Universidad Autónoma de Puebla.

Regresó a su país y, posteriormente, en los años 90, en la Ciudad de México, fue coordinador de Ediciones del diario unomásunoy se desempeñó como editor de la revista Este País. Integró el Consejo Editor de la revista Plural, dirigida por Jaime Labastida. Publicó los poemarios La tierra sin segundos, De este lado y del otro, Actas, Vidario, Circuito interior, Antología personal –pequeña cosa.  Y el reportaje novelado El Negocio de la Fe.

Parte de su obra fue traducida al francés, inglés, portugués, italiano y catalán.

Obtuvo el II Premio Concurso Cincuentenario del Periódico Alberdi, en Buenos Aires; la Primera Mención Honorífica Premio Latinoamericano de Poesía Rubén Darío, en Nicaragua; Mención Premio Carlos Pellicer para obra publicada en México, y el Premio Nacional de Poesía de México, Sinaloa.

Trabajos suyos fueron musicalizados en Argentina, México, España, Nicaragua y Costa Rica. Realizó espectáculos de café-concert con poemas y canciones y grabó discos con la participación de los músicos Carlos Díaz Caíto, Rolo Taubas, Nobilis Factum, Helio Huesca, Ofilio Picón, Nimbus Jazz, Raquel Oyola, Marianne Friederichs, Delia Caffieri, Horacio De Tomaso, Adrián Goizueta y el Grupo Experimental, entre otros.

Es coautor de libros de texto de Español para la Secretaría de Educación Pública —secundaria a distancia para adultos.

Trabajó en el área de Educación e Investigación Artísticas del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) durante cuatro años. Como docente, impartió en el Diplomado de Creación Literaria de la Sociedad General de Escritores de México (Sogem), y tuvo a su cargo la cátedra Lengua y Comunicación para maestros que cursan Docencia en Artes en el Centro Morelense de las Artes (CMA) de la Ciudad de Cuernavaca, Morelos. Actualmente reside en Buenos Aires.

El poema

Es puñado de luz en la memoria
sobre el papel
en los oídos

es
puñado de estrellas
sobre campo frío
en noche fría
de un invierno frío

es
pirueta de algún pez

es
arco iris

es 
cantor triste
tierno
resignado

¿es 
melodía que repiten los tilos?

– Amadeo Gravino

Ilusionista

Hace meses no he viajado
por tus dimensiones,
magia negra de mis deseos
¡oh amado ilusionista!
Conoces el misterioso hado
de tus caricias de caballero…

El ilusionismo de sus ojos color tierra,
tortura que me corta a pedazos,
he intentado practicar magia yo sola,
pero nada se compara con sus caricias de caballero…

¿Cuál es el color de mi boca
que te gustaría pintado en el cuello?
Soy tuya para extinguirme entre tu torso,
ahogarme en la corriente salvaje de tu río,
respirar desnuda bajo las costras de tu dermis,
y hacerte tan mío para ser mi columna vertebral,
y hacerte tan mío para darte mis retinas.

¿Cuánto más el cuervo tatuado en mi pelvis
debe esperar tu beso prometido?
Vuela a través de mi cuerpo sin encontrarte… 

¡Date prisa, será consumido hasta las cenizas!
Vive cerca de mis labios de fuego,
nunca una palabra han pronunciado,
¡oh, pero como braman tu nombre
para apagarse ya con tu vía láctea!
pero tú no has regresado en estas horas…

El juego de tus manos.
baraja de colores,
trampas a mi intuición,
nada aquí, nada allá,
soy alguien y después otra
cuando me tocas la vida.

Tu lengua invasora, ladrona de mis versos,
aprendí su idioma y pelear contra ella
por tomar posesión de mí, de ti;
pero con tu pulgar en mi labio arrebatar
todos mis latidos que no podrán
llevar las barreras de una palabra…
¿Cómo lo hiciste?

Tus yemas que poco a poco levantan mi vestido
trazan infinitos dorados en confines de campos prohibidos,
quemando la rosa azul tatuada en mis costillas,
una serpiente hambrienta de una rosa y un silencio absoluto…
¡Maravillada, quiero solo para mí el arte de tu alquimia!

¡Aparece de una vez!
No te veo, estoy llorando por culpa
de un intermedio a este espectáculo nuestro
donde no hay invitados,
¡oh amado ilusionista!
El corazón corre hacia la muerte,
posesivo y sediento.

Oscuridad,
tus dientes y mi piel,
oscuridad,
tu barba y mis labios,
oscuridad,
suspiros y tu ausencia,
oscuridad,
¿mi sueño se cumplirá?
Oscuridad,
tus secretos jamás serán revelados…

– Krizia Tovar

SOBRE LA AUTORA:

Krizia Fabiola Tovar Hernández nació en el Estado de México, en 1996. Algunos de sus escritos aparecieron en las revistas Reflexiones Alternas, Poetómanos, Awita de chale, Perro negro de la calle, MÁS Literatura, El morador del umbral, Prosa Nostra MX, Collhibrí, Teresa Magazine, Circulo literario de mujeres, Clan Kutral y El templo de las mil puertas. Actualmente estudia el último año de la licenciatura en Ciencias Humanas en el Centro Universitario de Integración Humanística.

El poeta y el otro: Diario de un indigente de Sixto Sarmiento

El infeliz sufre la lluvia de plagas; el rico goza […]”
– Rubén Darío

El poeta y compositor Sixto Sarmiento Chipana nació en Ayacucho, Perú (1964). Con estudios de especialización en Alemania, EEUU, Brasil, Colombia y Chile, es doctor   en   Educación y docente en TECSUP y en la en la maestría de Universidad Nacional de Ingeniería. Es columnista en el diario Expreso de Lima.

Publicó los poemarios: “El desaparecido” (1986), “Cantos del   Silencio” (2016), “Lágrimas sin sombras” (2016), “Sindulia el   Verbo” (2017), “En Voz Alta” (2019) y “Diario de un indigente” (2020).

Desde el 2015 es miembro del Comité Organizador del Festival   Internacional FIP Perú – Primavera poética. 

Participó en el V Encuentro Internacional de Escritores en el Bío Bío en Chile (2019).

Sus poemas han sido antologados en diversas muestras de poesía iberoamericana. Integra la Asociación Cultural Cangallo Corazón, es políglota y apasionado quechua hablante.

Es importante la obra poética de Sixto Sarmiento, porque es un poeta del amor y del dolor, empero, dolor en su caso, no es el dolor de amar y desilusionarse; en el caso de Sixto, me refiero al dolor de existir y ser consciente de la existencia del OTRO.

El poema urdido en torno a la vida de un indigente, da el nombre al poemario que fue presentado en el marco del Festival Internacional FIP Perú – Primavera   poética (2020).

En el poemario “Diario de un indigente”, contiene un poema, con el mismo nombre, que plasma las vicisitudes que afronta un ser humano en condición de indigencia y exclusión social. Entonces, desde la conciencia compartida, el poeta adopta un posicionamiento reflexivo como eje transmisor y preservador de la fraternidad entre los individuos.

De manera tal que, Sixto Sarmiento, con “Diario de un indigente”, comprueba que hace parte de la constelación de poetas, que lejos de vivir ensimismados, miran al mundo y en él, descubren al otro.

Sixto al mirar al otro, se reconoce, no como un ser individual, se reconoce como un ser humano más y se hace universal. Y ese reflejo devuelto por el espejo, le hiere de muerte y Sixto se desangra en versos:

“Yo caminé
Por estas calles
Presuroso muy de madrugada
Saludando a las calzadas somnolientas
Mientras avanzaba con la mirada perdida
Sintiendo el contagioso cosquilleo de los que aún soñaban (…)”

La exclusión social y la invisibilización del ser humano, por las condiciones económicas y de salud mental, sumado a la ineficacia e ineficiencia de los Estados, crea un contingente humano que vive en situación de indigencia económica, social y afectiva. Estas personas carecen de todo, incluso, de la posibilidad de ejercer cualquiera de sus derechos más elementales.

La poesía revolucionaria es la que reivindica los derechos violados, involucrándose con la problemática social en cuestión; en el caso, el poeta, da a conocer a través de la poesía, una realidad que nadie quiere ver, que todos desvían la mirada para no enterarse, dejando en total desvalía al desamparado.

Como si fueran transparentes los N.N., son los que coexisten con los demás, sin condiciones de sobrevivir… deambulando por las metrópolis, lastrados por su destino. Pero es la sensibilidad de Sixto Sarmiento que le permite verlos y visibilizarlos a través del verso:

“(…) Y caminé
Sintiéndome entre los vagabundos uno más de ellos
Con quienes compartía las mismas heridas
Y los mismos dolores perpetrados por insaciables alimañas.
Por eso merodeábamos cargando la misma cruz por el Gólgota de la vida (…)”

La poesía comprometida de Sixto Sarmiento, refleja los espacios sociales de Latinoamérica, donde la herencia feudal colonial y la crisis de un capitalismo oligárquico y dependiente se hacen sentir en las calzadas, bajo los puentes y viaductos, en los basurales y en las favelas.

La importancia de la poesía de Sixto Sarmiento, reside en el hecho de que el poeta logra, en un solo poema, configurar el paradigma estético como forma de relación social que pretende recuperar el ser humano, refiriéndolo a las contradicciones sociales de una época caótica y, como era de esperarse, tomando partido por los oprimidos. Entonces el poeta escribe:

“Yo caminé
Por esas calles
Cruzando a escondidas las prohibidas alfombras de sus
jardines
Entre el bullicio de quienes me enrostraban
Sus blancas pero impuras sonrisas carcajeando con sorna
A quienes mis fieles amigos les saludaba moviéndoles la
Cola (…)”

Es importante recalcar, que la vindicación del OTRO, que realiza Sixto Sarmiento en su poesía, no es parte de un Neo Romanticismo en pleno siglo XXI; él apenas hace uso de la palabra como baluarte extraordinario y singular de valor creador. Con una carga personal de reflexión ética, precisa, que se refiere a la situación psico social de todos aquellos individuos que se encuentran en situación permanente de abandono, dando a conocer así, en forma de poema, la situación sentimental y material del humano invisibilizado:

“Yo anduve
Siempre a paso firme
Luciendo el brillo de mis polvorientos pies descalzos
Sudando, mientras abría surcos en busca de la sagrada
tierra
Para sembrar árboles en cada espacio de mi hogar
Donde ustedes, los cuerdos, arrojaban sus desechos y
Venenos (…)”

Sin imposturas, alejado de la miseria moral deshumanizante que carcome la sociedad occidental, Sixto Sarmiento se revela ético y llama a todos a volver la mirada al ser humano que está invisible, pero que es el otro, que emerge del espejo del verso como nosotros, reclamando su lugar en el universo:

“(…) Yo caminé
Apresurado por esas calles
Intercambiando santo y seña con la cruda nostalgia de
la madrugada
Mientras sin creerlo permitía
Que el viento danzara con mis felices cabellos despeinados
Al ritmo del melancólico crujido de los panes heridos (…)”

Así, a través de una lírica solidaria, Sixto Sarmiento reivindica la humanidad del OTRO humano, de ese humano que está ahí, invisibilizado por la sociedad.

Diario de un indigente es el poema cumbre que implica profundamente a Sixto Sarmiento como un referente de la poesía social, peruana y universal del siglo XXI.

– Márcia Batista Ramos

SOBRE LA AUTORA:

Márcia Batista Ramos, nació en Brasil. Licenciada en Filosofía. Es gestora cultural, escritora, poeta y crítica literaria. Es columnista en la Revista Inmediaciones, La Paz, Bolivia y en periodismo binacional Exilio, México. Publicó: Mi Ángel y Yo; La Muñeca Dolly; Consideraciones sobre la vida y los cuernos; Petty Barrón De Flores: La Mujer Chuquisaqueña Progresista Del Siglo XX; Tengo Prisa Por Vivir; Escala de Grises – Primer Movimiento; Rostros del Maltrato en Nuestra Sociedad; Dueto; Escritoras Cruceñas, Caballero, Reck & Batista; Escritoras Contemporáneas Bolivianas, Caballero, Decker & Batista; Caspa de Ángel – antología de cuentos, crónicas y testimonios del narcotráfico, Batista-Ramos & Carvalho Oliva. Es colaboradora en diversas revistas internacionales.

Harold Alva, poeta de la soledad y la ausencia

Harold Alva nació en 1978 en Piura, Perú. Es escritor, poeta, editor, pintor y analista político. Es uno de los poetas e intelectuales más relevantes en Perú, nacido después de 1970. Estudió derecho y ciencias políticas.

Fue miembro fundador del grupo literario Triángulo4 de Trujillo (1996-1998) y miembro del movimiento cultural Neón de Lima (1999-2003). Fue editor de la Revista del Foro del Ilustre Colegio de Abogados de Lima (2011/ 2012), conductor de los programas de radio y televisión Habla el Pueblo (2016), Abogados de Lima (2017), Contrapoder (2018), Mesa de debate (Best cable) y Diálogo & Debate (UCI Noticias). Actualmente dirige Editorial Summa y Contrapoder, suplemento dominical del diario Expreso

Dirige el Festival Internacional Primavera Poética (FIP Perú), evento que el 2020 está en su octava realización. El 2003 fue uno de los promotores del proyecto editorial Perú Lee, del Fondo Editorial Cultura Peruana (cada título se vende al precio de un nuevo sol, a la fecha la colección ha editado más 50 títulos).  

Jacobino: pluralista, laico y radical. Fue Secretario General de la Asociación de Estudiantes de Derecho de la UPAO (1997/ 1998), Secretario General del Comité Nacional de Juventudes Democráticas (2000/ 2001), Coordinador Metropolitano de Perú Joven (2002), fundador del Colectivo Bicentenario, pre candidato a la alcaldía de Lima Metropolitana (2018) y candidato al Congreso de la República (2020).

A sus 42 años su obra es considerable, ha publicado una veintena de libros, entre los que destacan: Lima: Firmamento (Trujillo, 1996), Morada y sombras (Camión Editores, Trujillo, 1998), Antes de abandonar la sombra (Lima, 1999), Cañaveral: libro de tierra (Lima, 2001), Sotto voce (Fondo Editorial de la U. Inca Garcilaso de la Vega, 2003), El sonido de la sangre (Altazor, 2006), Los extraños (Altazor, 2009), Lima, la épica del desastre (Altazor, 2012), Ciudad desierta: apuntes para convivir con el insomnio (Summa, 2012), Antología Personal (La manzana mordida, 2012), Ciudad desierta: apuntes de occidente (Summa, 2014), A tiempo completo (2020), entre otros libros.

Ha participado como expositor en la Feria Internacional del Libro de Guayaquil (Ecuador), Feria Internacional del Libro de Concepción (Chile), Feria Internacional del Libro de Buenos Aires (Argentina), Feria Internacional del Libro de Lima.

Harold Alva, desde niño, tuvo el destino marcado por los constantes cambios de ciudad, de casa, de escuela, de amigos y paisajes, porque la profesión del padre así lo exigía. Ser el nuevo en la escuela, donde todos se conocen desde el jardín de niños, donde todos ya tienen su mejor amigo y no tienen interés en descubrir un amigo mejor, es difícil para cualquier niño.

Tal vez, la soledad y el aislamiento circunstancial, hasta adaptarse, en cada escuela o casa y calle nueva, le hicieron buscar en el arte la paz para su espíritu de niño desconsolado. Harold antes de escribir, dibujaba, hacía historietas.

Como los sentimientos rebasaban los colores, Harold al cumplir los trece años, descubre que la poesía le permitía decir lo que no podía expresar con el color de las imágenes; así nace su poesía de su gran sensibilidad anímica aún en la niñez.

Tal vez, el desarraigo le hizo poeta. Con su mirada retrospectiva en un intento de armar el rompe cabezas de los recuerdos en la memoria escribe: I

En Cañaveral, \con el agua que caía de los techos, \mis ojos \acechaban como búhos \los charcos prisioneros del silencio.

Sin que nadie lo advierta, \visitaba las tumbas \con la audacia de un pájaro en vigilia.

Herí los surcos \con la lampa irreal de la tristeza; \fui el corsario que en las cercas \lapidaba su nombre de colambo.

Allí \brotaron los nidos de las zoñas, \el devoto filamento de la luna, \la rama medular de este concierto; \aquella piedra que en la casa \sujetaba como horqueta los tabiques.

La silueta del “Calvario” \desdibujaba de las cejas \el ceño \donde la furia

\reposaba sus motivos.

Era fuerte: \en las manos estiraba \el cordón umbilical de las acequias; \qué será hoy de su estructura, \la palma cayosa del terruño, \el huracán de fuego \donde macanches \silbaban \la zarzuela intemporal de este suceso.

Aquí, \sobre el laberinto de los disturbios, \la luna se torna el diente

\que proyecta \en la memoria \la calle polvosa de mi pueblo, \la “Joaquin Rujel”

\donde solía \jugar descalzo a las canicas; \el camino al pozo con las latas,

\el yugo que formó a este hombre \que le canta a las cigarras \y los perros.

Allí \aprendí sobre la tierra, \escogí su idioma de raíces, \de semilla,

\de huaraca roja que asumo con la lengua \para esculpir al aire \estos líticos discursos.”

Mientras uno crece, uno no sabe lo que le pasa, porque es al volver la vista atrás que uno entiende, a veces, lo que pasó; otras veces la mirada no alcanza para repasar todo, porque hay cosas, especialmente sentimientos, que se quedan perdidos en la nebulosa de la memoria, que ya no los identificamos a cabalidad. Así, nos forjamos como seres humanos normales. Y los más sensibles, se forjan como poetas. Como es el caso de Harold Alva, para quien la poesía es una expresión necesaria de las interrogantes conscientes o inconscientes, cada poema es un intento de búsqueda del mundo, para aprehenderlo y comprenderlo; en el intento el poeta escribe: “VIII/ QUILCA 3h 33 AM

Hay una horda de coyotes Una multitud de adverbios sobre la boca que subordina mis palabras Le pregunto a esta ciudad si tiene sentido alguna estrategia o acaso debo capitular con la furia y detenerme sobre las vías que no han dejado de quebrar tus osamentas Tu palidez de cadáver Tus dedos largos que se sujetan con pánico a la noche A mi entelequia de asombros

Yo te necesito para completar la realidad

Le señalo a mis verbos la soledad que flota a tu alrededor como libélula y me pierdo contigo entre los neumáticos de aquellos buses De aquellas serpientes de metal que ignoran la tragedia de sus eventuales habitantes”

La poesía de Harold Alva no se limita a las estructuras convencionales, él elige su propio ritmo en una búsqueda constante por la forma, dentro de un marco contextual mucho más abierto que hace parte de la tradición del siglo XXI. Es a través de la poesía que Harold Alva enfrenta, desde niño, a sus angustias, desesperanzas y delirios ya que para el poeta la poesía es un espacio de lucha   y de sueños: “A

Hay un rumor de aviones en el subsuelo Un grito de hierba Una procesión de estatuas que avanza hacia mis brazos con la devoción de un monje que aterrado se aferra a su fe A la edad del libro blanco Hay una catedral de silencio entre mis manos Un nido de cobras que tiembla con el lenguaje de los pájaros Un ataúd Una mortaja de algas Un hombre ansioso por romper el calendario Su martes negro Hay un altar de cuerpos destrozados Una multitud de adverbios De extraños De bocas que subordinan el espanto”

Sus autores de cabecera: Baudelaire, Milosz, Blacke, Martín Adán, César Moro, Vicente Huidobro, Zurita, Leopoldo María Panero, Paz, Juarroz, Dávila Andrade, sumados a sus ansias por cruzar fronteras estéticas le hacen coincidir con las vanguardias europeas, permiten ese anclaje en la tradición como refugio donde todo nace y nada muere.

Su poesía gira en torno, al desasosiego, al desencanto, a la ciudad, todo porque Harold es un pesimista en su escritura; ¿influencia de otros autores o de la vida misma?

Él es un hombre que ha perdido eso que los cristianos llamamos “fe”, él fue ateo por cierto tiempo. Pero yo siempre digo que: “quien no tiene fe, tiene miedo”; después recuperó la fe, pero le quedó algo de miedo, tal vez, es ese miedo primigenio que creció desde la niñez el que roba el sueño al poeta (Harold duerme apenas 3 horas y media por noche); y escribe por necesidad, por instinto o tal vez por miedo a esos fantasmas innombrables, que desde niño venían a poblar sus noches (como lo hacían con Alejandra Pizarnik) como hacen con muchos poetas que no tienen valor de confesar su pánico, pero la poesía siempre los delata, nos delata. Porque el verso siempre revela lo que está oculto. Y Harold Alva lo escribe así: “XXX / ARTE POÉTICA

La estabilidad emocional es un peligro \Una bala certera \El diente venenoso que se clava en la nuca del poeta \Para inmovilizar sus nervios \La osadía \Su mística de orate \El fracaso es su delicada condena \Su tótem para fabular \La furia que enerva su poema \Yo suscribo esto \Lo firmo con mi trazo de traidor \De cuervo acorralado por la pérdida

Harold Alva es un hombre que cree en el compromiso social, que no concibe a un escritor que no se involucre con su contexto, cree que la poesía es compromiso, y cree que el momento actual demanda escritores que lo asuman con gallardía, que asuman su responsabilidad histórica. Por eso se volvió editor, por eso escribe, por eso se involucra en política (pienso que un día será presidenciable, quien vivir verá) … El caso es que su poesía no se evade de la realidad, sino que incide en ella con intención transformadora, por estar teñida por el compromiso ético de Harold Alva, poeta que deja escurrir de su pluma una poesía no neutral.

En fin, su percepción del mundo y de la vida es expresada radicalmente por su palabra, que primero se queda atragantada después, es expulsada como quien vomita, todo porque el mundo y la vida le duelen (desde niño) y el poeta sabe que la palabra es eterna, igual que el verso y el poema, entonces escribe: “B

Debo estar enfermo Anochece en mis ojos ahora que todo está sellado El tipo que proyecto en la ventana sabe que todo está sellado Intento perderme Le hablo a los fantasmas que aparecen al otro lado de la tragedia Lo escupo Apago las luces para que desaparezca y me deje en paz con esos aguafuertes No sé hasta qué punto un hombre destroza con insensatez los nervios que equilibran la corriente Debo estar enfermo El agua se detiene cuando hablo y yo la difumino con este olor a sangre Con esta velocidad Con este tajo de ansias que excusa el placer de un asesinato”

Lo cierto es que la poesía, siempre sobrevive a todas las circunstancias y de igual modo, el poeta sabe, que la poesía le ayuda a sobrevivir a todas las circunstancias. La obra y la figura de Harold Alva, poeta de la soledad y la ausencia, tienden a trascender a lo literario y quedarse como símbolo de Perú.

– Márcia Batista Ramos

SOBRE LA AUTORA:

Márcia Batista Ramos, nació en Brasil. Licenciada en Filosofía. Es gestora cultural, escritora, poeta y crítica literaria. Es columnista en la Revista Inmediaciones, La Paz, Bolivia y en periodismo binacional Exilio, México. Publicó: Mi Ángel y Yo; La Muñeca Dolly; Consideraciones sobre la vida y los cuernos; Petty Barrón De Flores: La Mujer Chuquisaqueña Progresista Del Siglo XX; Tengo Prisa Por Vivir; Escala de Grises – Primer Movimiento; Rostros del Maltrato en Nuestra Sociedad; Dueto; Escritoras Cruceñas, Caballero, Reck & Batista; Escritoras Contemporáneas Bolivianas, Caballero, Decker & Batista; Caspa de Ángel – antología de cuentos, crónicas y testimonios del narcotráfico, Batista-Ramos & Carvalho Oliva. Es colaboradora en diversas revistas internacionales.

Schopenhauer, Los Heraldos Negros y la desesperanza que circundó el planeta en el 2020

Al acercarse a las últimas semanas de un año totalmente inaudito, que obligó a todos a pensar en la dicotomía vida-muerte, encontré un poema de César Vallejo “Los Heraldos Negros” y, me pareció que el poeta peruano, había previsto, además de su muerte (“Me moriré en París con aguacero \un día del cual tengo ya el recuerdo”), previó la muerte de nuestros días…la muerte de nuestro mundo.

Ya que el título es una evocación de los mensajeros de la muerte, los cuales, obviamente, solo pueden anunciar el dolor.

Ese dolor, inexplicable, que llegó cambiando el orden del mundo, dolor que se levanta desde lo más subrepticio del ser humano, pareciera premonitorio, al leer los versos del poeta, que lo visibiliza desde el primer verso del poema que tiene una estructura de círculo vicioso: “Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!”

Desde la óptica trágica de César Vallejo, con atributos schopenhauereanos, solamente, por el hecho de existir el ser humano tiene que lidiar con el sufrimiento.

En 2020, por el simple hecho de estar vivos, por habitar el planeta, todos tuvimos que lidiar con acontecimientos dolorosos que, aunque para algunos fueron pocos, en todos los seres humanos, quedó una huella indeleble, incluso en aquellas personas cuyo espíritu es más fuerte para soportar las adversidades. La pandemia que asola el planeta, es la representación de la desesperanza para todos nosotros.

Schopenhauer analiza el mundo en su dualidad trágica esencial “Mundo como Voluntad y Representación”. A partir de una concepción de la vida como dolor, reflexiona sobre la negación de la voluntad de vivir y encuentra en la religión una respuesta mítica al dolor del mundo. Además, considera la contemplación mística y ascetismo como liberación.

Empero, Vallejo se muestra escéptico de su filiación divina y lo manifiesta en su poema “Espergesia”: “Yo nací un día \que Dios estuvo enfermo, \grave.”

Y sin considerar la contemplación mística y el ascetismo como liberación, Vallejo, inmediatamente reconoce la furia de la divinidad y la expresa en sus versos: “Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos, \la resaca de todo lo sufrido \se empozara en el alma. ¡Yo no sé! \Son pocos; pero son. Abren zanjas oscuras \en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte. \- Serán tal vez los potros de bárbaros atilas; \o los heraldos negros que nos manda la Muerte”.

El sentimiento preponderante, sin lugar a dudas, en el poema de César Vallejo, es el dolor, que se asemeja a una caída, por eso la imagen de un pozo donde se acumula el sufrimiento: “se empozara en el alma”, además como todo lo que mata o hiere, recuerda a sombra, a oscuridad: “Abren zanjas oscuras”

Es así, como César Vallejo, en un posible trance premonitorio, logra rescatar el estado anímico de todos aquellos que perdieron familiares y no tuvieron la posibilidad de darles un último adiós. O como en casos más extremos, en la ciudad de Guayaquil, por ejemplo, tuvieron que dejar los cuerpos, de sus deudos, en las calzadas delante de sus casas, acumulando en sus almas la desazón de todo lo sufrido.

El pesimismo trágico de Arthur Schopenhauer, se manifiesta en los versos de Vallejo, al negar el estoicismo del cuál el ser humano es capaz.

Ya que, por su lado, Schopenhauer afirma: “El conocimiento perfecto de la esencia del mundo, obrando como aquietador de la voluntad, trae la resignación y la renuncia, no sólo de la vida, sino de toda voluntad de vivir. Por eso vemos que en la tragedia hasta los caracteres más nobles renuncian tras cruentos combates y prolongados dolores, a los fines que hasta entonces habían perseguido. Vemos que sacrifican los goces de la vida.”

Por otro lado, César Vallejo deja explícito que la inspiración principal de su poema es el dolor humano incompresible e inexpresable, para ello utiliza la imagen de los “golpes”: Hay golpes en la vida tan fuertes. ¡Yo no sé! Además, se refiere a la incertidumbre que padece el ser humano cuando le busca un sentido a su existencia, ante la adversidad, impuesta por el destino cruel y desolador, el ser humano no encuentra ningún consuelo, ya que lo vivido no sirve ni de excusa, ni de paliativo para lograr afrontar la adversidad.

Muchos críticos, consideran que “Los Heraldos Negros”, muestra la búsqueda propia de una conciencia ultrasensible, característica del poeta, sumido en su drama existencial; al igual que Camus, Sartre, Heidegger y otros existencialistas no teístas, que aseguraban que el destino necesario de la vida es la muerte, que su nacimiento no tiene otra finalidad que la muerte, que la vida carece de sentido, bordeando el absurdo.

Vallejo asume la conciencia trágica, fatídica, y la vuelca desgarradoramente en su poesía, manteniendo la muerte siempre presente.

Asumo lo que dicen otros estudiosos sobre el poeta autor de Los Heraldos Negros. Empero, desde mi mirada, identifico en Vallejo, también una preocupación con lo universal, expresada desde un punto algo neutral, a través de un sujeto indefinido, como si escribiera otra historia entrelíneas; como si se tratara de una especie de Michael de Nôtre-Dame; en realidad un Nostradamus moderno, porque veo sin ningún esfuerzo, una vez más, a César Vallejo, anticipando, un siglo antes de lo sucedido y cantando premonitoriamente nuestro “momento”, en su poema: “Son las caídas hondas de los Cristos del alma, \de alguna fe adorable que el Destino blasfema”.

La visión del mundo como tragedia y dolor es el mayor legado schopenhauereano a Vallejo, ya que, para Schopenhauer, la base y constitución del “mundo como tragedia” reside en la dualidad trágica esencial del mundo.

Y el principal legado de Vallejo es su profecía, a través de los Heraldos Negros, escrita cien años antes de que tengamos que soportarla.

De modo que, la devastación y la inseguridad que padecemos como seres humanos en el año 2020, – cuando fuimos víctimas de la guerra bacteriológica o de la purga del planeta (el tiempo dilucidara lo ocurrido), – cuando sufrimos la pandemia creada, que nos obliga a replantearnos la búsqueda de un sentido a la existencia, ante la situación real, en este caso inesperada, desgarrada y trágica.

Ante tantas adversidades que debimos soportar los seres humanos, el augurio de la muerte y la destrucción sin medida del orden establecido: el empobrecimiento, la reclusión obligada, la soledad implícita, en muchos casos, la suma de todos los dolores, derivó en la decepción de las creencias religiosas y en la consecuente pérdida de la fe. Todo eso, en Vallejo se relaciona con el odio de Dios o la furia de la divinidad.

Entonces, nos preguntamos ¿de dónde sale ese dolor?

La respuesta sería: de Dios o del destino. Aunque, en verdad, no importa la respuesta, pues el ser humano no puede comprender su origen, apenas tiene que reconocer su indefensión ante los hechos y soportar el dolor, independientemente de su voluntad, porque el dolor está ahí, llega sin que se lo busque; en fin, el dolor es cosa de Dios o del destino. 

César Vallejo, se muestra disconforme, con el sinsentido de la existencia trágica, nos presenta la imagen de los “ojos locos” que reaparecen para mirar lo irremediable e incomprensible:

“Estos golpes sangrientos son las crepitaciones \de algún pan que en la puerta del horno se nos quema. \Y el hombre. Pobre. ¡Pobre! Vuelve los ojos, como \cuando por sobre el hombro nos llama una palmada; \vuelve los ojos locos, y todo lo vivido \se empoza, como charco de culpa, en la mirada. \Hay golpes en la vida, tan fuertes. ¡Yo no sé!”

Vallejo, en este poema, busca la razón de ser del dolor que, a cada instante, ahoga la existencia del ser humano, en cierta medida, previno nuestros días, pero no logró prever nuestro futuro. Y al final, concluyó que no hay una respuesta al dilema existencial.

Schopenhauer cree que la única manera de sobreponerse al dolor que conduce nuestra existencia desde el nacimiento, es renunciar al deseo, a la intención, a la voluntad, en suma, dejarse arrastrar a la negación de esa tendencia innata a conservar lo material. Es esperar la muerte, que ya está asegurada, para descansar en la nada.

Mientras nosotros, los habitantes humanos de la tierra, que estamos viviendo en la desesperanza que circunda el planeta, durante la pandemia del año 2020; que todos los días recibimos por medio de nuestros televisores a los heraldos negros, anunciando dolor y muerte, resolvemos, porque tenemos libre albedrío para hacerlo, desarrollar nuestra capacidad de resiliencia.

Decidimos superar las circunstancias traumáticas, dolorosas y decidimos vivir de la mejor manera nuestra existencia, que, desde luego, sabemos que es finita y, muy al margen de los heraldos negros o de Vallejo cargado de su herencia schopenhauereana, decidimos potenciar la felicidad.

– Márcia Batista Ramos

SOBRE LA AUTORA:

Márcia Batista Ramos, nació en Brasil. Licenciada en Filosofía. Es gestora cultural, escritora, poeta y crítica literaria. Es columnista en la Revista Inmediaciones, La Paz, Bolivia y en periodismo binacional Exilio, México. Publicó: Mi Ángel y Yo; La Muñeca Dolly; Consideraciones sobre la vida y los cuernos; Petty Barrón De Flores: La Mujer Chuquisaqueña Progresista Del Siglo XX; Tengo Prisa Por Vivir; Escala de Grises – Primer Movimiento; Rostros del Maltrato en Nuestra Sociedad; Dueto; Escritoras Cruceñas, Caballero, Reck & Batista; Escritoras Contemporáneas Bolivianas, Caballero, Decker & Batista; Caspa de Ángel – antología de cuentos, crónicas y testimonios del narcotráfico, Batista-Ramos & Carvalho Oliva. Es colaboradora en diversas revistas internacionales.

Las palabras

La casa fue un pequeño cuartel español que sirvió de protección y albergue para los Jesuitas de la extinta Misión de San Juan, cuando viajaban desde El Oro hasta la audiencia de Charcas, cargados del metal precioso, que explotaban en las minas de su misión, con la gracia de Dios y la sangre de los indígenas apresados en cualquier lugar y también a las orillas del río Grande, otrora navegable hasta la audiencia de La Plata.

Después de la Republica la casa fue guarida de cuatreros, hasta que un palestino de pasado dudoso, los mató a tiros y se apropió de la casa, que pasó a sus herederos, que un día derrumbaron la torre de vigilia para que la historia se olvide que existió un cuartel y cambiaron algunas paredes de tapial por adobes, la paja por teja y llamaron al antiguo cuartel y guarida de cuatreros de hacienda.

Los años y la historia corrieron a raudales, toda suerte de gente vivió y murió entre sus muros: por enfermedad, tiro o degüelle. Sus almas no pudieron abandonar el lugar y se acomodaron en los rincones oscuros para no molestar, otros en el sótano que sirvió de mazmorra y les es más familiar. Algunos se acercan a la puerta de la capilla, que siempre dejo abierta, por si quieran entrar. El caso es que convivimos como almas benditas que deambulamos en el mismo espacio.

Por esas cosas del destino, esos encuentros que no sabemos explicar y para calmar nuestra mente llamamos reencuentros, ocurren con frecuencia. A veces, los reencuentros perturban tanto, que queremos negar los sentimientos que nos provocan, porque somos humanos con una única diferencia: ellos ya no tienen un cuerpo…

Otro día estuve sola en la casa y en la cabecera de la angosta mesa del comedor de diario, sentó uno de ellos, respirando profundo, como si tuviera las vías respiratorias cargadas y con la mirada inquieta dijo:

-Soy Dante. No el que escribió sobre “El amor que mueve el sol y las estrellas”. Soy Dante, el que no aprendió a escribir en la última vida y que vine cruzando el mar, muchas veces castigado en el carajo, porque no podía acallar a mis demonios… Después anduve en lomo de bestia y caminé mucho para llegar aquí y encontrar la muerte. ¡Ah! ¿Me escuchas? La muerte, estoy muerto. ¿Y tú qué me miras?

-No aprendiste a escribir y sabes un verso de Dante. Por eso, por un verso, llamas mi atención… Soy una simple mortal que se deja llevar por las palabras bonitas. Me gustan los versos. Recuerdo siempre los versos bonitos que llegaron ante mis ojos para iluminar mis días tristes, en los largos meses en que convalecía, en la adolescencia marcada por la enfermedad, la muerte y el miedo… Días grises que quedaron como una pequeña sombra en el resto de mis días. Un simple verso, me conmueve y no hace falta que venga de los labios de un poeta, si es verdadero puede ser de la voz de un agricultor o taxista. Si es verdadero…

-La verdad de las palabras no existe, amiga mía. No seas ilusa. El soldado, el agricultor o el poeta pueden decir las mismas palabras, empero, no podrás saber cuál voz es verdadera, porque nunca podrás saber lo que lleva en el corazón un hombre. Algunos, son falaces ilusionistas, que quieren arrebatar la gracia de un cuerpo y para seducir pueden decir los versos más dulces. Ya no eres niña, para dejarte embaucar por simples palabras, expresiones vacías de sentimientos.

-Es que las palabras sirven para expresar los sentimientos… Las palabras cuando llegaban por medio de los libros, con formas, sonidos, olores y muchos colores, acercándome a otros universos, me permitían transportarme de forma maravillosa. Entonces cuando vienen de una voz sincera, me conmueven, me llegan al alma.

-Las palabras crean realidades y has de creer en la realidad que te plazca. Nunca sabrás qué voz es sincera, qué palabras son verdaderas o no, porque nunca podrás conocer la intención de tú interlocutor. Ya viví largos años en un cuerpo y muchos más años en la muerte, fuera del cuerpo y vi la gente hablar de amor y de sueños, hacer planes y construir una nueva vida apenas con palabras bonitas. Sin un gesto, sin la mera intención de dar un paso para concretizar el mundo ilusorio construido ante el otro. Solo palabras bonitas, jamás verdaderas, jamás sinceras. Como débiles sombras, como siluetas poco definidas y difusas… Hay palabras que expresaban un mundo de perfección que jamás existió, pero sirven para presentarse ante una sociedad que se fija en las apariencias, entonces pueden reflejar una relación familiar perfecta, amorosa, comprensiva entre personas que se aman y son unidas, cuando en verdad son un grupo de personas solitarias bajo un mismo techo, con sus vacíos insondables y llenos de miedos que no pueden comunicar, magnificando cualquier menguado tema a fin de sobrellevar la existencia frente a la sociedad… Las palabras son amigas fieles que nos acompañan desde la infancia hasta la tumba y más allá. A veces nos convierten en esclavos de algunas ideas. Otras veces somos hijos herederos de ellas. En el mundo caótico que habitamos, nos han explicado que valemos más por lo que callamos, que por lo que decimos y es así que las palabras se hacen nudos en la garganta.

-Pero las palabras encierran realidades poderosas, llaves que abren nuestra mente e inyectan emociones, ideas y sueños.

-Correcto. Sin embargo, es lo que aceptas en tu mente es lo que quieres creer. Porque la verdad de las palabras del otro, no sabes. La magnitud de la intención con que el otro expresa sus sentimientos, no conocerás, solamente a través de una experiencia. Nunca sabrás si es real cuando un hombre te pide en matrimonio, hasta que se case contigo… ¿Me hago entender? Puedes creer en sus palabras, si quieres imaginar que son sinceras. Pero no puedes saber si son sinceras o verdaderas como dijiste. Toda promesa es ficticia. Toda, incluso aquella que te inspira a hacer cambios en tu vida. El criterio de la verdad y de la sinceridad, antes de la experiencia, se apoya exclusivamente en el criterio del interlocutor.

– ¿Acaso eso es malo? Para nada. Es, más al contrario, beneficioso. Todos tenemos eso que se llama buena fe y lo notamos cuando, nos encontramos con alguna persona que su simple presencia nos llena de alegrías y surge el Impulso que llamamos amor y a partir de ese momento hacemos planes y construimos otra vida juntos. Es algo genuino, es normal. Por eso las sociedades se forman alrededor de una familia y se sostienen.

– Se sostienen en base a palabras falaces, por el miedo a las palabras ajenas, por la presión social. No en base a la verdad.

-¿Pero, Dante, dime cuál es la verdad? Me confundes con tanto escepticismo. No crees en las palabras, ni en la familia, tampoco en el amor. Si las palabras, sean falsas o verdaderas, son la unidad de medida para todos los humanos. Pues son nuestras palabras, cuando callamos o hablamos, cuando vemos o no, cuando nos negamos a oír o escuchamos, son nuestras palabras, la única unidad de medida de la verdad que poseemos. Es la palabra que hace verosímil lo que no existe.

– ¿Con eso quieres decime que no soy verosímil? ¿Quieres decir que las palabras me hacen existir y ser verdadero? ¡Tu espíritu irrita a los demonios! Porque ahora no poseo un cuerpo como tú… ¡Oh! ¿Quieres decir que no existo?

Hace unos días estuve desempolvando y de repente lo encontré entre los archivos de la memoria, hecho pedazos… En su mano derecha había un papelito doblado, escrito con una letra tan familiar que parecía la mía:

“Las palabras son apenas palabras cuando son pronunciadas por las personas comunes, empero cuando un poeta las articula, se vuelven máximas a los ojos de todos los mortales. Eso me confunde un poco, porque preferiría escuchar ciertas cosas de la gente que no sabe tejer un mar de ilusiones con palabras, tal vez, porque podrían ser más sinceras; tal vez, porque no abandonarían las palabras como muñequitas rotas a la vera del camino; tal vez, porque no me abandonarían como suelen hacer los poetas.”

– Márcia Batista Ramos

SOBRE LA AUTORA:

Márcia Batista Ramos, nació en Brasil. Licenciada en Filosofía. Es gestora cultural, escritora, poeta y crítica literaria. Es columnista en la Revista Inmediaciones, La Paz, Bolivia y en periodismo binacional Exilio, México. Publicó: Mi Ángel y Yo; La Muñeca Dolly; Consideraciones sobre la vida y los cuernos; Petty Barrón De Flores: La Mujer Chuquisaqueña Progresista Del Siglo XX; Tengo Prisa Por Vivir; Escala de Grises – Primer Movimiento; Rostros del Maltrato en Nuestra Sociedad; Dueto; Escritoras Cruceñas, Caballero, Reck & Batista; Escritoras Contemporáneas Bolivianas, Caballero, Decker & Batista; Caspa de Ángel – antología de cuentos, crónicas y testimonios del narcotráfico, Batista-Ramos & Carvalho Oliva. Es colaboradora en diversas revistas internacionales.

Las palabras y la fractura en la poesía de Alejandra Pizarnik

Nacer poeta, ser polémica por renovar el lenguaje y la poesía de su época y, sobre todo, ser una persona sensible que vive el dolor interno, que nadie ve, pero que no deja descansar la mente en constante ebullición y sufrimiento, no es sencillo.

Así era Alejandra, una de las mayores referencias en mi memoria y de miles de poetas de diversas generaciones, que tuvimos sus versos acuñados en nuestras almas; porque ella supo decir lo que sentíamos, antes mismo, que sintiéramos. Porque ella sabía que “Las imágenes solas no emocionan, deben ir referidas a nuestra herida: la vida, la muerte, el amor, el deseo, la angustia”.

De su pluma goteaba la contemplación, la entrega, la tristeza, la duda, la derrota, el desamor y la muerte. Porque ella tenía (como nosotros tenemos) muchas facetas contradictorias. La gran diferencia entre ella y nosotros, es que ella asumía: el silencio, la muerte, la locura… Nosotros: a veces.

Alejandra reiteró sus emblemas poéticos: la jaula, donde se encierra la libertad culpable sólo por existir y que, no obstante, la sujeta dentro de los límites de la realidad y ahuyenta sus terrores nocturnos, puesto que la noche ya no tiene el sentido agradable y nutricio que hace nacer el poema y, el viento que disemina, una y otra vez, la identidad inquieta. Sumados al miedo que alimenta los delirios que cobran vida, dejándola a la indefensión: “\Señor \la jaula se ha vuelto pájaro \y se ha volado \y mi corazón está loco \porque aúlla a la muerte \y sonríe detrás del viento \a mis delirios \Qué haré con el miedo \Qué haré con el miedo (…)”

Ella logró desnudar la sufriente conciencia de existir, sus obsesiones (y de alguna manera las nuestras) y sus fantasmas a través del estigma de sus versos, oscuros y extenuados.

Eventualmente, podrá existir poesía más sobrecogedora, revulsiva e hiriente que la de Alejandra Pizarnik. Porque ella era sincera y sencillamente impúdica, a la hora de desnudarse y exhibir sus fantasmas interiores. Además, es sabido que ella eligió vivir en la palabra, o sea, encubrirse en el lenguaje, tal vez, para resguardarse en él:

“y qué es lo que vas a hacer                                                       Sólo un nombre

voy a ocultarme en el lenguaje                                                alejandra alejandra

y por qué                                                                                            debajo estoy yo

tengo miedo                                                                                          Alejandra”

Agregado, a su permanente reflexión sobre las fronteras del lenguaje, que jamás fueron engañifas.

Alejandra extremaba la búsqueda de la palabra justa, trataba de generar un mundo de palabras perfectas en donde valga la pena residir. Lo hacía combinando los matices surrealistas de sus escritos, con un trabajo intenso de supresión y síntesis en la expresión verbal. Como resultado su poesía es sobria, economiza términos y gana en contundencia. Y escribe:

“Dile que los suspiros del mar/ humedecen las únicas palabras/ por las que vale vivir”.

La poeta hizo, a través de su obra, una crítica y muestra de una apasionada obsesión por la palabra, esto es, en su obra siempre está presente una reflexión incesante acerca de las posibilidades y los límites del lenguaje.

Alejandra Pizarnik en su diario, escribe en septiembre de 1962, refiriéndose a la elocuencia y engañosa obviedad de lo que se dice: «Esta voz aferrada a las consonantes. Este cuidar de que ninguna letra quede sin enunciar. Hablas literalmente. No obstante, se te comprende mal. Es como si la perfecta precisión de tu lenguaje revelara en cada palabra un caos que se vuelve más evidente en la medida en que te esfuerzas por ser comprendida».

En su poesía, la tragedia y el humor también son elementos centrales, así como la visión crítica de la tradición literaria. Ya que Alejandra Pizarnik, vivió en la búsqueda interminable de la palabra exacta, para contar la ausencia y el naufragio.

No trataba de salvarse: era sincera consigo misma, no se resignaba, ni podía olvidar, así que lo único que le quedaba era escribir con sencillo fatalismo. Y lo hacía:

“No \las palabras \no hacen el amor \hacen la ausencia \si digo agua ¿beberé? \si digo pan ¿comeré? \en esta noche en este mundo \extraordinario silencio el de esta noche \lo que pasa con el alma es que no se ve \lo que pasa con la mente es que no se ve \lo que pasa con el espíritu es que no se ve \ ¿de dónde viene esta conspiración de invisibilidades? \ninguna palabra es visible”.

Hace parte de la condición humana tener algo que decir, y artista quien resulte capaz de decirlo. Alejandra Pizarnik lo evidenciaba del mejor modo, a través de su poesía, distanciada del contexto inmediato y de referentes concretos, canalizada en ámbitos que muchas veces miraban desde lejos o de reojo al devenir histórico.

Como la palabra sirve para exorcizar, conjurar y reparar, entonces para la poeta, escribir era reparar la herida fundamental que nos horada a todos, escribiendo ella trataba de suturar esa brecha que nos impide coincidir con nosotros mismos para encontrar la plenitud de nuestro ser; transfigurando el dolor en belleza, la palabra en poesía, la poesía en refugio del devenir y la fractura mientras anhelaba el silencio total del sueño eterno. Entonces escribe:

“Mi sueño es un sueño sin alternativas y quiero morir al pie de la letra del lugar común que asegura que morir es soñar”.

Posiblemente el vagar, transitar y perderse cada vez, resultó en la imperiosa necesidad de buscar el silencio como el lugar de alivio, como el espacio donde protegerse en un sueño permanente.

– Márcia Batista Ramos

SOBRE LA AUTORA:

Márcia Batista Ramos, nació en Brasil. Licenciada en Filosofía. Es gestora cultural, escritora, poeta y crítica literaria. Es columnista en la Revista Inmediaciones, La Paz, Bolivia y en periodismo binacional Exilio, México. Publicó: Mi Ángel y Yo; La Muñeca Dolly; Consideraciones sobre la vida y los cuernos; Petty Barrón De Flores: La Mujer Chuquisaqueña Progresista Del Siglo XX; Tengo Prisa Por Vivir; Escala de Grises – Primer Movimiento; Rostros del Maltrato en Nuestra Sociedad; Dueto; Escritoras Cruceñas, Caballero, Reck & Batista; Escritoras Contemporáneas Bolivianas, Caballero, Decker & Batista; Caspa de Ángel – antología de cuentos, crónicas y testimonios del narcotráfico, Batista-Ramos & Carvalho Oliva. Es colaboradora en diversas revistas internacionales.

El beso deseado

Pasé varios meses acechándola. Observé su salida por las mañanas y su regreso muy tarde entre las sombras. Fui su vigía. Ella era una hermosa muchacha de mirada profunda. La veía a diario salir, quizás, rumbo al trabajo o a estudiar. Yo era vendedor ambulante, ofrecía periódicos en la calle por las mañanas y golosinas el resto del día.

Me prendé de ella. Cada vez día la veía más hermosa y fuera de mi alcance. No sabía sobre ella, pero intuía que era una joven carismática. Su sonrisa, su andar tranquilo me daban esa impresión. Yo me veía tan tosco, siempre con las uñas mugrosas y vistiendo el mismo pantalón por semanas. No tuve esperanza de que posará sus ojos en los míos aunque sea por unos segundos. Mi timidez no me permitía acercarme a ella.

Una noche casi al dar las nueve, y sin verla llegar a casa, inicié la retirada hacía la mía. Con desánimo di unos pasos para alejarme de su calle. Mi día había sido malo en las ventas, admirarla hubiera llenado mi día de felicidad. Sin embargo ella no llegaba, tardaba y yo tenía que descansar mis huesos.

Caminé aletargado. Di un largo suspiro y volteé la esquina. Alcé la mirada, ella venía hacia mí, rumbo a su casa. Mi corazón se aceleró, sentí una opresión de alivio en el pecho. Disminuí la velocidad de mis pasos para verla con detenimiento, siempre quise saber a qué olía, y era mi momento de comprobarlo. Me detuve cuando estuvo muy cerca de mí, fingiendo que arreglaba los dulces y cigarros.

Cerré mis parpados y sentí su aroma. Su Perfume (de lirios, madera y tierra fresca) inundó mis sentidos, en ese instante mi ser se elevó y alcanzó el nirvana. Al despejar mis ojos, ella estaba frente a mí y me dijo:

—Dame dos cigarros por favor y me regalas fuego.

—…

—¿Me escuchas?

—…

—¿Estás bien?, ¿será sordo este joven?

—La escucho—dije incrédulo—disculpe, tome aquí los tiene. Deme un momento para buscar el encendedor.

—¿Cuánto te debo?

—Se los regalo.

—No puede ser, yo te los pago, tuve un duro día hoy, no hallé a un… bueno no importa, estoy furiosa así que por favor, déjame pagarte.

—Está bien señorita, creo que yo también fumaré, no fue un buen día para las ventas.

—¡Ay! Así querías regalármelo. Entonces ¿tú también fumas? ¿Lo haces seguido?

—No fumo, no fumo, solo que bueno, este… yo… también quiero relajarme, usted me está comprando dos cigarros y lo voy a celebrar así.

Acerqué el encendedor y ella esperó a que prendiera el cigarro sosteniéndolo en los labios. Yo temblaba y a duras penas pude hacerlo. Saqué uno para mi he hice lo propio, esperé a que se fuera para admirarla por detrás y poder celebrar mi interacción con ella. Sin embargo, no se movió, dio grandes bocanadas y expulsó hilos delgados de humo que se disipaban en la fría oscuridad.

—Creo que el cigarro no será suficiente, ¿me acompañas a casa?, tengo miedo a que me asalten.

Yo empecé a toser por la impresión y por mi inexperiencia fumando. Accedí moviendo mi cabeza afirmativamente, mientras trataba de no verme tan patético. Ella botó el cigarro a medio fumar a la vereda y lo pisó. Con paso acelerado avanzó y yo la seguí como un corderito.

La calle estaba solitaria, pero para mí era un campo verde en plena primavera y escuché a los pajaritos cantar.

—Llegamos, ¿me esperas aquí?

—Sí señorita, aquí la espero—le dije muy intrigado y sorprendido.

Al rato salió, se había cambiado de ropa y llevaba una gran cartera. Acompáñame, ¿conoces el parque de atracciones abandonado?

—Sí señorita, pero ese lugar debe ser peligroso.

—¿Tienes miedo?

—No.

—¿Tienes familia, estás solo en la ciudad?

—Tengo familia, están lejos, vivo solo aquí.

—¿Estás bien de salud?, ¿toses normalmente?, ¿tienes alguna enfermedad importante?

—No, no señorita, estoy delgado pero soy muy saludable.

—Qué bueno, ¿cuál es tu nombre?

—Tomás…, Tomás Aguirre.

—Me llamo Sandra, no sé por qué, pero te tengo confianza. Presiento que no eres un mal hombre. Necesito relajarme, el cigarro no me ayudó, tengo un poco de hierba, quiero fumarla en ese lugar abandonado, el parque de diversiones, ¿me acompañas?

—¿Yo? Sí.

Me clavó la mirada donde yo navegaba a mis anchas, en un mar oscuro, tenebroso pero hermoso. En el trayecto no habló más y yo no sabía que decirle o que preguntarle. Al poco tiempo llegamos, no había nadie más en ese lugar. Olía extraño entre mezcla de orines, alcohol y marihuana. Nos sentamos en las bancas que antes habían albergado a muchas familias contentas de pasar su día ahí.

—Tengo aquí un poco de hierba ¿tú has fumado esto antes?

—No señorita, pero yo la voy a cuidar mucho, aunque no creo que sea saludable consumir eso.

—Esto es medicinal. Te invito un poco, te vas a sentir bien.

—Mejor no señorita Sandra, así estoy bien.

—¿Me estás rechazando el regalo?

—No señorita, yo no podría ser capaz de rechazarle algo a usted.

—Trátame de tú, creo que tenemos la misma edad, mira, ya los tengo listos, listos para prender.

Saqué el encendedor, ya sin nervios. Prendió el porro y me lo puso en la boca. Sacó otro, lo prendió y aspiró. Yo empecé a hacerlo pero con mucha cautela. Ella ensayó un tarareo y se quitó el abrigo, lo tiró al suelo y se acercó a mí. Sentí su muslo pegado al mío. Yo tuve temor de voltear. Tenerla tan cerca me incitaba a querer abrazarla y besarla. Tuve mucha voluntad para quedarme quieto mirando al frente, rezando para no dejar aflorar mis instintos. Cuando terminé la oración ella tenía sus brazos encima de mis hombros. «Dios quiere que lo haga» me animé y retirando la marihuana de mis labios giré mi rostro hacia ella quien ya me esperaba con la boca abierta. En ese momento se juntaron todas las emociones, el efecto de la droga, más el beso que siempre añoré.

En mi mente, el lugar se iluminó, todo dio vueltas. Los juegos mecánicos resplandecían. Escuché las carcajadas de los niños, quienes felices subían una y otra vez a las atracciones. De tanta felicidad me desmayé o eso creí cuando abrí mis párpados. Estaba a oscuras, apenas una lámpara iluminaba el ambiente. Quise poner mis manos en la cara, pero estaban atadas. Sentí que no llevaba ropa, solo una sábana encima. Mis ojos se acostumbraron a la tenue luz y aunque estaba amarrado de manos y pies pude incorporarme levemente, estaba en un cuarto sucio. Vi, a duras penas, material médico, al costado mío, pinzas, bisturís y otros objetos de los cuales yo no sabía sus nombres. «La droga debe tener este efecto», me consolé. Me apacigüé un poco cuando escuché la voz de Sandra a lo lejos. «Estoy alucinando», me tranquilicé, y cerré mis ojos para tratar de controlar lo que estaba sintiendo, para tratar de cambiar de escenario y regresar al parque de diversiones para seguir besando a Sandra. Oí su voz cada vez cerca… «Seguro que ahora despierto en un campo, sí, un campo de flores junto a ella», razoné. Respiré profundo y con los párpados cerrados, por fin la escuché:

—Mira, ¡está joven! Qué bueno que sigue dormido, la dosis de anestesia es la correcta, llevo años haciendo esto. ¡No puedes bajar el precio! De él sacarás órganos sanos. Está delgado, sin embargo los análisis de sangre dicen que está muy bien de salud. ¿Cuándo te he fallado? No me rebajes la paga ¡maldita sea! Sabes que tengo deudas con la mafia.

—No Sandra, ésta vez no será la paga de siempre. Ya te dije que lo que te ofrezco está bien por este «mendigo», además esta vez te la llevaste fácil, ¿crees que no te vigilo?

—Trátalo bien, ¿ok? Me simpatizaba. Él siempre me veía todos los días salir y entrar a esa casa alquilada que me ubicaste. ¿Dónde está el dinero?

– Mirza Mendoza

SOBRE LA AUTORA:

Mirza Mendoza, es cuentista limeña nacida en 1985.
Es colaboradora en la editorial Libre e Independiente y en la editorial Sexta Fórmula. Participa en la antología «El día que regresamos» de Pandemonium Editorial. Autora del ebook «Tenebrismo» y del ebook «El currículum de una ludópata». Es parte de la antología «4 Narradores». Su cuento «Cadáveres abandonados» conforma la antología «Relatos de Pandemia» de editorial La Rata Esquizofrénica. Su cuento «Mochila de emergencia». Conforma la antología «Última estación» de editorial Ángeles del Papel. Ha sido publicada en diversas revistas digitales de México y Argentina.

La catábasis es la anábasis en la poesía de Jorge Teillier

(poema XXIII)[1]

Desde niño el poeta tuvo conciencia de la muerte, no como fin, pero como continuidad de la misma existencia en otras circunstancias, tal vez, más tenues, sin el ropaje del cuerpo. Cuenta que cuando era niño sentía pasos subiendo la escalera que llevaba a la torre de la casa, donde se encerraba a leer, lo que le dio familiaridad con la muerte y la seguridad de que el “yo” o el “tú” siguen existiendo, después de abandonar esa indumentaria que llamamos cuerpo y que nos da la certeza de la vida, en cuanto lo habitamos. 

Jorge Teillier, apegado a la sencillez fundamental de sus imágenes poéticas, reconoce la importancia por estar vivo, empero, al mismo tiempo, registra el desamparo y desconsuelo por sentirse infecundo a la mitad de la vida. Porque la vida en sí misma, no es totalmente grata, independientemente, de las imágenes idílicas creadas o no, que habitan la geografía de la memoria y del verso:

“Lo que importa \es estar vivo \y entrar a la casa \en el desolado mediodía de la vida. (…)”

El trabajo cotidiano repetido hace siglos y exigido para seguir vivo en la aldea, espacio geográfico idílico, en el cual lo cotidiano, discrepa con la modernidad imperante, aparece en la poesía de Jorge Teillier, reafirmando la necesidad que cada individuo tiene de arraigo, para existir como tal, en el mundo complejo y deshumanizante, que trata a todos como números en estadísticas sin rostros ni alma.

El poeta, sabe que la vida en sus repertorios básicos es cíclica, que siempre existirá un hombre que are el campo, independiente de la tecnología espacial, se repetirán los mismos gestos confirmando que la vida es simple, como simples son las faenas en la aldea y mientras alguien esté para realizarlas, la vida seguirá siendo vida:

 “(…) \El río pasa recogiendo la calle polvorienta.\Los satélites artificiales pueden rodear la tierra, \pero nada saben de ellos los bueyes enyugados a las carretas.\Es el mismo de otro siglo el gesto del campesino al descargar un saco de trigo, (…)”.

Empero, es menester observar que el espacio geográfico en la poesía de Jorge Teillier cobra una fisionomía humana donde: el polvillo danza, el sol no tiene memoria, los sacos están dormidos y el resplandor de las cosas tiene secretos que los aromos revelan:

 “(…) \el polvillo de la molienda danza en el sol sin memoria, \escuchamos el trote de los ratones entre los sacos dormidos en la bodega, \y el oculto resplandor de las cosas\tiene un secreto revelado por los aromos.”

Sencillamente, porque el poeta no logra concebir el mundo con la clásica división de seres animados e inanimados, vivos y muertos…Ya que, en su universo, idílico, todo palpita, todo vive.

De pronto un tren en movimiento silbando, animado como todo su universo, aparece en escena y en acción:

“(…) Escucho el pitazo del tren \cortando en dos al pueblo. (…)”

Es la segmentación de la aldea en dos, que hace con que el poeta se situé en un segmento (en el presente), y evoca sus recuerdos personales:

“(…) El pueblo donde pedí tres deseos al comer las primeras cerezas, \donde me regalaron una lámpara humilde que no he vuelto a hallar, (…)”

Asimismo, desde el segmento del presente, evoca sus ancestros, los que construyeron la aldea, porque sabe que no existe una expiración, todos siguen existiendo y la memoria es el medio para canalizar la anábasis o resurrección, que permite traerlos de regreso, independientemente, de dónde se hallan:  

“(…) el pueblo que tenía unos pocos miles de habitantes cuando nací, \y fue fundado como un Fuerte \para defenderse de los mapuches \ (todo eso era nuestro Far West). (…)”

Después, de ver su aldea resucitada, el poeta reconoce la simbiosis del tiempo en los elementos que “aún” permanecen vigentes o vivos como hábitos humanos de la aldea que, para él, es un universo que palpita:

“(…) El pueblo donde aún humean mantas junto a cocinas a leña

y el invierno es la travesía de un tempestuoso océano. (…)”

Vuelto a sí mismo, el poeta trata de buscar su memoria personal y otra vez, se depara con la universalidad de la existencia, donde el “yo” se diluye, dando paso a la colectividad:

“(…) Si me pidieran recordar \algo más allá de las calles donde di los primeros pasos \no sabría mucho que decir. \Creo que he estado en otros países \he visto día a día en las ciudades vehículos iluminados como trasatlánticos \llevar rostros fatigados de un matadero a otro. (..)”

En ese abrir y cerrar entre la vida y la muerte, representado entre el presente y los recuerdos, entre el yo y los antepasados, surgen las cavilaciones del poeta que, a veces, duda que es poeta:

“(..) ¿La vida es un pretexto para escribir dos o tres versos \cantantes y luminosos?, escribió un poeta, \pero tal vez yo no sea de verdad un poeta. (…)”

En medio a las dudas del poeta resucita el individuo que sabe lo que no quiere, para sí y para su prójimo:

“(…) Me amo a mí mismo tanto como a mi prójimo \pero estoy dispuesto a desaparecer junto a todo mi prójimo. \Puedo rezar sin creer en dios, \a las noticias del día \suelo preferir leer memorias de oscuros personajes de otras épocas\o contemplar los gorriones picoteando maravillas. (…)”

El poeta, Jorge Teillier, sabe que la vida en sus repertorios básicos es cíclica y otra vez, vuelve a constatarlo en un soliloquio circular:

“(…) De nuevo alguien ve derrochar \los yuyos su oro al viento. \Alguien va a temer cada mañana que el sol no regrese, \alguien tal vez aprenderá a leer en diarios que anuncian nuevas guerras, \alguien en la noche \va a tomar un carbón encendido para trazar círculos de fuego \que lo protegen de todo mal. (…)”

Sin denotar sorpresa, imbuido de fatalidad el poeta vislumbra el camino que le conducirá a su muerte:

“(…) Quedaré solo en un bosque de pinos. \\De pronto veré alzarse los muros al canto de los gallos. \Podré pronunciar mi verdadero nombre. \Las puertas del bosque se abrirán, \mi espacio será el mismo que el de las aves inmortales \que entran y salen de él, \y los hermanos desconocidos sabrán que ya pueden reemplazarme. \\Debo enfrentar de nuevo al río. (…)”

Ante lo inevitable, el poeta no duda, porque desde niño sabe que no se trata del fin y si de otro camino:

“(…) \Busco una moneda. \El río ha cambiado de color. \Veo sin temor \la canoa negra esperando en la orilla”.

El poeta sabe que la muerte es una parte de la vida, estuvo seguro que la vida vale la pena ser vivida por todas las imágenes que pudo absorber de la realidad o verlas con los ojos cerrados y permanecer en esos sitios idílicos. Asimismo, sabe que morir también vale la pena y no hay miedo de avistar a Caronte, apenas, hay que alistar la moneda para cruzar el río de Hades en una verdadera catábasis (una expedición a los infiernos). Que no será nada más que una simple anábasis que le permitirá seguir en la vida que le corresponderá vivir (como de aquellos que se escuchaban los pasos subiendo las escaleras en su infancia) después de la muerte.

– Márcia Batista Ramos

SOBRE LA AUTORA:

Márcia Batista Ramos, nació en Brasil. Licenciada en Filosofía. Es gestora cultural, escritora, poeta y crítica literaria. Es columnista en la Revista Inmediaciones, La Paz, Bolivia y en periodismo binacional Exilio, México. Publicó: Mi Ángel y Yo; La Muñeca Dolly; Consideraciones sobre la vida y los cuernos; Petty Barrón De Flores: La Mujer Chuquisaqueña Progresista Del Siglo XX; Tengo Prisa Por Vivir; Escala de Grises – Primer Movimiento; Rostros del Maltrato en Nuestra Sociedad; Dueto; Escritoras Cruceñas, Caballero, Reck & Batista; Escritoras Contemporáneas Bolivianas, Caballero, Decker & Batista; Caspa de Ángel – antología de cuentos, crónicas y testimonios del narcotráfico, Batista-Ramos & Carvalho Oliva. Es colaboradora en diversas revistas internacionales.


[1]  “Crónica del forastero”. Santiago: Talleres Gráficos Arancibia Hermanos, 1968.

La muerte del sol

Siento

La brisa recorre violentamente mi cuerpo con un golpe de ira inmaculada que solo tú podrías lanzar, me desestabiliza, me impacta destrozando mis entrañas, mi mente y mi corazón. 

Me transforma en un ser decrépito, agonizante, jadeando y botando rayos de espuma.

Veo el cielo azul lleno de nubes, el arrebol se forma con la caída del sol, mi caída, esperando renacer para mañana.

La noche será larga, la luna remplazará esta canción para mi muerte.

– J. Martín

Óleo sobre tela

Me gustas cuando callas y estás como distante.
Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:
Déjame que me calle con el silencio tuyo.

– Pablo Neruda

No creías en nada, Laura, antes dudabas de nuestro sublime romance. Hace algunos años, tenías una posición incrédula y yo no conseguía descifrarla por el sucinto silencio tuyo. Menos mal, sucedió toda nuestra pasión entre ambos, yo haciendo como hombre y tú renaciendo como mujer. Nuestro ardor fulgía, mientras mi alma te descubría, cuando mi amor te prefería entre un sueño de pureza. Fue durante nuestros bellos recuerdos de fantasía cuando se dio nuestra magia idílica. Ante ello, yo no discuto más los pasados paralelos. Esta vez, mujer, larga nuestra dulzura, sola nuestra confianza, se hizo latente con evocaciones imperecederas; se volcó en nuestras alucinaciones solamente lúcidas. Y claro, que fue elevado nuestro abrazo de intimidad ardiente. Además, fue tan vívido y preciado para ambos, que voy contártelo otra vez. Por cierto, hoy te digo un secreto más de lindura; mi recital inmediato, va a ser más preciso y descriptivo, antes que nuestro primer día, cuando nos sentimos juntos, cuando nos supimos enamorados, atrás de una vasta lejanía. Aquí recomienza entonces, nuestra historia encantada, hermosa mía, mi mujer de las muchas existencias.

Si mal no recuerdo, la noche de aquel jueves anhelante, estuve recostado contra el camastro de mi cuarto umbrío. Me envolvía en las sábanas de arco iris, mientras en los pies las sentía suaves, un poco frías. Luego, decidí erguir un poco el cuerpo hacia el espaldar rojizo del descansar. Lo hice sin saber cómo me dejaba llevar por la soledad de la noche, una noche muy taciturna y ella muy espejada. Acomodé así entre las rutinas, una almohada de plumas atrás de mi cabeza. Esperé algo bueno por hacer entre el espacio sereno. Del mismo instante, quise tomar el poemario de Neruda, que estaba encima de la repisa de caoba. Estaba al lado derecho mío. Pronto lo acerqué al rostro lánguido. Lo abrí con suma elegancia. Comencé a leer; Me gustas cuando callas a medida que salían unas nebulosas del cielo limpio. Yo repasaba ya las frases en verso suavemente hacia mis ojos fugados. Todo el canto iba al ritmo impuesto por el poeta inmortal. Su armonía parecía contener unos bajos deslices de nostalgia. Por el demás gusto, fue tanta la belleza artística, que hube de llegar al estremecimiento de sentirme absolutamente deslumbrado y quemado por el fuego astral. Así entonces, mi propia conciencia se vio arrastrada por la altura amorosa del verso final.

Una vez terminada la última estrofa, no contuve la pasividad. Amor, elevé un poco la voz de este gran artífice áulico. Evoqué otra vez el poema con rubores en las mejillas. Percibía mi voz rumorosa, deshilándose desde esa única emoción poética. Del hecho, santo fue como volver al pasado del universo llenamente nuestro. Laura, fue estar reposado entre tu mariposa flotante, fue como verte en verdad, abajo de mi ulular fantástico. En cualquier caso surrealista, no sé bien como nos bebimos nuestra lluvia de vida. Sola te profesaba cerca de mí y sola te sentía, adentro de mí, amada adónica. Todo se nos daba sobre unos tiempos indecibles. Era divino acariciarte junto a tu intimidad femenina. Cada danza de cuerpos ajenos, vibraban en una unión espiritual. Luego del último grito, te alejaste del placer y me dejaste ebrio de placer. Y yo, volví otra vez al presente y dejé el poemario al lado de otras obras maestras. De repente me supe cansado volviendo a una llenura en ausencia. Me pensé solo y sufrí tu ausencia, mirando hacia el tejado de las lunas impresionistas. Así pues, que decidí presionar ya el interruptor de la luz del cuarto y sin ningún fin, me recosté en la lentitud relajante del lecho blándido.

A esa hora, sólo apreciaba por atrás de los ventanales del recinto, algunas estrellas sin distancia de luminosidad. Y otra vez lejana tú y tus besos febriles. Aún pensaba en vos sinceramente. Aún me quería en tu nobleza y yo paseando con los dedos tu sonrisa de blancura. Seguía amándote desde lo distante con presunto cuidado. Te figuraba ahora entre el pensamiento, bajo la negrura de mis ojos recién apagados. Luego comencé a sentir un agradable adormecimiento que procuraba distanciarme de a poco de aquel sitio agonizante. Me fui alejando de la habitación forzosamente. El sueño me sacó del dolor oscuro, donde antes se ahogaba la muerte. Del otro espejo viviente se abrió entretanto un mundo desconocido. Ya me soltaba con cuidado hacía sus maravillas inhóspitas, se desvestía bajo una lentitud acompasada y entre una intensidad eternizada. Pero a la vez, todo pareció suceder fugazmente, hacia mi videncia. Laura, mientras entraba más y más hacia lo hondo de paisaje vaporoso, yo recorría a solas el sendero de un bosque con un traje negro. Iba yo como sin un rumbo escogido. Y cerca de mí, escuchaba el crujir del césped a cada paso andado. Además, parecía que te estuviera persiguiendo con locura porque mi alma siempre te ha amado. Tú lo sabrás más que nuestro corazón sin coraza. Aparte, antes del principio creador, te anhelé desde siempre con sobrada vehemencia, te quise con una esperanza abrazadora. Por esto bello, la brisa del paraje era ligeramente fría. Volaba acompañada por un olor perfumado a flores invernales, ellas flores, siempre impregnadas con pureza angelical. Y tan sólo yo y la tristeza, que se me agolpaba en el espíritu, durante este recorrido incierto. Por esto bello, se me venían las lágrimas como una avalancha de nieve arrasadora.

Ahora, yo esquivaba unas ramas de cipreses frondosos. Al tiempo, exploraba la selva más bien primaveral. Trataba de mirar una y otra vez hacia el horizonte perlado y hacia toda su inundación de frescura. Pero mi confusión era sincera, no veía con sincera claridad. El cielo del cielo, se removía sutilmente nublado como si fuera una ceguera inmaculada. Había además una bruma espesa, revolviéndose en la atmósfera ondeante, rodeando las hojas azules y los troncos boscosos de esta naturalidad edénica.

Así por cierto, debido al deambular mareado, escogí tomar por un paraje extremo del bosque, originado con madrigales. Ahora allá, rebasaba varias rocas revestidas con musgos babeantes. Sorteaba durante el mismo camino, un arroyo de agua trasparente y repleto de peces rojos. Todo este paraíso de unción, se hacía más fijo en realidad. Lo percibí un poco tangible, mientras me sentía otra vez exhausto en esta perfección existencial. Desde lo individual, me impresioné por obviedad y renuncié a la búsqueda tuya en este escondite. Afortunadamente, para mi incierta ansiedad, resolví recorrer otras cuantas praderas intensas. Aparte, había descubierto a lo lejos, una cabaña de maderas antiguas, mientras más allá de la otra orilla, aparecía un lago finamente plateado, era un lago místico y algo apacible.

Así entonces, fui solo hasta allá, haciendo uso de una exagerada precaución, entre la bruma maleable, entre la quietud nevada. De paso a paso, fui reconociendo la cabaña sin ningún habitante y de una vez, estuve andando por las afueras de aquel hogar descuidado hasta cuando vi un escaño de metal, escondido entre varios arbustos de abejas, entre pequeñas rosas violetas y otras vegetaciones, sembradas a un rincón de la puerta desvencijada. Supe próximo este asiento de relajación. Luego, resolví recostar allí, mi cuerpo ajado. Descansé un poco la mente mientras volvía a evocar tus bellos encantos de mujer; Laura. Y cierto, Laura, estiré mis brazos de piel morena hacia los costados y entrecrucé las piernas. Al mismo presente, observé un brillante rebrotar de mañanas entre vuelos de cisnes, cantando ellos bajo las nubes pintorescas, cortando las auroras invisibles. Divisaba enseguida el reflejo de unas altas montañas que parecían mecerse en ese mismo lago de olas leves. Ya a mi vez, volví el rostro, justo al frente y de golpe, aprecié todo este cuadro milenario, queriendo recortase vertiginosamente. El sueño atractivo, Laura, sin embargo allí, no acabó con la magnitud. Yo hice un máximo esfuerzo por volver a ese espacio increíble otra vez; sólo por vos procuraba revivirlo en los instantes salvadores. Sucesivamente percibía que la acción inmediata resurgía como leves nociones de fijación. De un solo chispazo entonces, te descubrí, mi enamorada, pude contemplarte con tu alta figura de belleza proviniendo del lejano mundo. Venías ahora, recorriendo un sendero de arena por entre los árboles tupidos de matorrales. Te acercabas junto a tus pasos lentos hacía mí. Venías ondeando tu cabellera castaña. Hubo pese a todo, otro apagón violento en esa instancia. Se hizo con un sentido palpitante. Al corto tiempo, regresó completo el espejismo y tú regresaste a mí. Te hiciste al lado mío con delicadeza; nos aferramos a nuestras manos, nos besábamos como si lleváramos muchos años de estar juntos. Tenías el vestido de coloraciones blancas, que tanto me gusta verte; te quedaba muy precioso y te queda muy hermoso. Se te hace todo digno a tu elegancia celestial. Luego, te aproximaste más y más hacia mi hombría. Te viniste encima de mí con timidez y me abrazaste con calores tiernos. Al otro sublime encanto, me susurraste al oído: Amor, vamos a pasear por el edén, quiero recibir la brisa, quiero contemplar los pájaros azules. Ante la petición tuya, aprobé el antojo tuyo; sin vacilar nunca. Sin pensarlo una sola vez; te dije que sí, te amé en verdad. Así que ambos nos levantamos enlazados, nos alejamos felices del pasado, hacia los cipreses danzantes del bosque.

Ahora, no hay más recuerdos legendarios. No sé tampoco cuántos siglos llevamos reunidos en nuestro sueño sereno. Sólo más bien, hoy sé que me gustas, que cautivas cuando me abrazas, que encantas con tu presencia, cuando vienes otra vez y me despiertas, atrás de la otra realidad, entre un beso y entre muchos más besos. Y hoy me sé embelesado, hoy me siento enamorado porque ya estoy contigo, hoy estamos por fin juntos, adentro de nuestra fantasía. Y hoy estoy alegre, alegre de que nuestro amor sea cierto; Laura, novia mía, mi Laura virgen.

– Rusvelt Nivia Castellanos

SOBRE EL AUTOR:

Rusvelt Julián Nivia Castellanos nació el 24 de septiembre de 1986. Actualmente reside en Ibagué; Tolima, Colombia. De profesión es Comunicador social y periodista, carrera que estudió en la Universidad del Tolima. Ha participado en el Taller de cuento Hugo Ruiz Rojas en la Universidad del Tolima y en el taller de Relata, Escribarte, Ibagué.

El álter ego y la gracia olvidada

Hoy la vida perdió un poco más de su gracia.

Eran las 7 a.m. y no había sonado el despertador. Es normal esperar que todo se repita, que salga el sol, que encuentres agua en el grifo y que puedas repetir, distraídamente, la usanza de los últimos tiempos.

Hacer lo mismo sin experimentar el factor sorpresa. No soportas esperar para luego regocijarte con una sorpresa…

Nunca miras la tele, especialmente porque a ti no te gusta la política, ni el fútbol, peor las clases de cocina televisada. Cualquiera diría, que no te gusta nada.

Te gustaba leer, antes de que el mundo fuera mundo. Eso yo lo sé. Te gusta leer. Anoche leías el poema de Huidobro y te quedaste dormido. No es que no te guste… por gusto, por simple gusto, ya leíste unas veintitrés o veinticuatro veces el poema entero. Anoche pasó algo. Anoche te quedaste dormido, en el canto I.

[1]¿(…) por qué perdiste tu primera serenidad? \ ¿Qué ángel malo se paró en la puerta de tu sonrisa \Con la espada en la mano?”

Tu inconsciente es el lugar en que se almacenan todos aquellos recuerdos que deseas apartar y que no son accesibles conscientemente. Es donde guardas, las cosas que nunca hablas. O la verdad verdadera, de todo aquello que haces público.

En nuestra adolescencia inmaculada, creíamos que había un único camino…1977 o 78. Escuchábamos música toda la tarde y por las noches, apenas dormíamos. Los primeros cigarrillos, rara vez, alguna hierba mala… la seguridad de ser uno y ser millones, sin saber de lo agridulce que es la vida. Éramos felices y ni sabíamos. Después, empezaste a percatarte de tantas cosas. Te volviste rebeldía, más por imitación que por conciencia…

Nunca rezaste. No crees en plegarias muertas… ¿Anoche te vi de rodillas rezando? No sabes todo lo que te pasa, no lograste alcanzar el silencio, ni por un minuto, una única vez.

 “¿Quién sembró la angustia en las llanuras de tus \ (ojos como el adorno de un dios?”

Vaya, vaya lloras mientras planeas… Ni siquiera logras tocar el piso, permaneces flotando en el “8vacío”. Y te duele mucho y lloras.

“¿Por qué un día de repente sentiste el terror de \ser?”  

¿Recuerdas? La muerte te abrazó cuando la buscaste. Todos corrieron a separarlos y el abrazo se diluyó, trayendo el silencio mojado por lágrimas… Sin redimirte o purificarte, descubriste tu propio caos lumínico de ser humano.

Tanto desencanto amontonado. Los días no siempre fueron dorados, algunas veces no llegó la primavera, te dejaste estar: “Y esa voz que te gritó vives y no te ves vivir” era mi voz que te llamaba para que no me dejes así: tan solo, tan triste, tan quieto; mirando al espejo tratando de reconocerme o identificarte, para encontrarme, entre tantos; en ese doble espejismo, que quita la solidez de nuestro mundo externo y que se disipa cuando, creemos que no existe por si, que existe por nosotros.

“¿Quién hizo converger tus pensamientos al cruce \ (de todos los vientos del dolor? A penas te callas, no \Se rompió el diamante de tus sueños en un mar \ (de estupor”

No pasó nada. Todo está bien. Apenas nos volvimos extraordinariamente (im)previsibles. Tal vez, porque no nos comprendieron o no nos comprendimos, desde los presupuestos más adecuados, porque eres (insostenible). De carácter disperso, distraído, ansiosamente distraído. Y te debates en la angustia de existir. “(…) morirás Se secará tu voz y serás \ (invisible”

Ya no estaré, ni los otros, que te acompañamos en vida, haciendo eco en tu mente. Hablando cuando te callas, cuando buscas silencio…  Presentándome ante ti, a veces, a través de los sueños, de los símbolos y del lenguaje de los arquetipos, otras veces, por medio de la conducta motivada y, accidentalmente, de los lapsus verbales. Ya no estaré cuando mueras. Tu mente, por fin, será solo silencio.

Tal vez, puedas recordar que anoche pasó algo. Anoche te quedaste dormido, en el canto I. No terminaste tu lectura. Habías orado de rodillas la plegaria petrificada, por otras voces, en el tiempo.

Y hoy la vida perdió un poco más de su gracia.

Ya sabes que uno de nosotros existe como un individuo separado, que ve el mundo a través de sus propios ojos, conoce los límites que lo separa de los demás y del mundo que le rodea, y asume dicha separación en su pensamiento y en su modo de interactuar con el entorno. Por eso tú escribes mientras caes.

“Piensas que no importa caer eternamente si se \ (logra escapar\ ¿No ves que vas cayendo ya? \Limpia tu cabeza de prejuicio y moral \Y si queriendo alzarte nada has alcanzado \Déjate caer sin parar tu caída sin miedo al fondo \ (de la sombra \Sin miedo al enigma de ti mismo”

Ahora te preguntas por la trascendencia, que abrirá las dimensiones para una experiencia del (no) fundamento y para la poesía como consumación, como no ser.

Tu posición es elevada, te encuentras en el espacio sideral y, empiezas a caer: “Cae \Cae eternamente \Cae al fondo del infinito \Cae al fondo de ti mismo \Cae lo más bajo que se pueda caer \Cae sin vértigo \A través de todos los espacios y todas las edades”

Mientras caes, piensas que: ¿y si no hubiera nada ahí afuera que pudiésemos reconocer como separado de nosotros mismos?

Tú no serías tú, y yo no sería yo, y tu caída sería sin fin. No podríamos conceptualizar nuestra noción del yo, pues no habría un ser delimitado en el que pensar. No tendríamos medio para determinar que somos distintos del mundo que nos rodea.

Mientras caes amanece en el mundo de signos y códigos. Y tú no sabes qué pasó anoche y te dejas caer, mientras ves que “\Cae en infancia \Cae en vejez \Cae en lágrimas \Cae en risas”

¿Dónde está la gracia? ¿Tu elegancia, tu postura, tu arrogancia tu garbo? ¿Dónde me olvidaste a noche?

“(…) Estás solo \Y vas a la muerte derecho como un iceberg que \ (se desprende del polo \Cae la noche buscando su corazón en el océano \La mirada se agranda como los torrentes \Y en tanto que las olas se dan vuelta \La luna niño de luz se escapa de alta mar”

¿Huidobro, te preguntaste, por qué nos llamaron Vicente?

– Márcia Batista Ramos

SOBRE LA AUTORA:

Márcia Batista Ramos, nació en Brasil. Licenciada en Filosofía. Es gestora cultural, escritora, poeta y crítica literaria. Es columnista en la Revista Inmediaciones, La Paz, Bolivia y en periodismo binacional Exilio, México. Publicó: Mi Ángel y Yo; La Muñeca Dolly; Consideraciones sobre la vida y los cuernos; Petty Barrón De Flores: La Mujer Chuquisaqueña Progresista Del Siglo XX; Tengo Prisa Por Vivir; Escala de Grises – Primer Movimiento; Rostros del Maltrato en Nuestra Sociedad; Dueto; Escritoras Cruceñas, Caballero, Reck & Batista; Escritoras Contemporáneas Bolivianas, Caballero, Decker & Batista; Caspa de Ángel – antología de cuentos, crónicas y testimonios del narcotráfico, Batista-Ramos & Carvalho Oliva. Es colaboradora en diversas revistas internacionales.


[1] Huidobro, Vicente. “Altazor o el viaje en paracaídas” –Canto I. Madrid (1931).

Bicentenario

Hoy desperté con un sueño palpitando en mi pecho,
Un sueño de libertad, pero de libertad en serio.
Hoy, que se alzan las masas,
Y que el cielo clarea,
Hoy que se juntaron los de abajo y los de atrás.
¡Hoy! el paraíso nos espera.

Ya escucharon el inicio del cambio,
No es momento de bajar los brazos,
Son los de arriba los que están temblando,
La fuerza que mueve el mundo,
Es la fuerza del mozo, de la vendedora,
De la mano de obra,
Es la fuerza del proletariado.

No te quedes callado,
Si te vas al cumplir tus horas,
No es falta de compromiso,
Es por lo que te están pagando.
No te hace un favor el que te está contratando,
Las horas extra se pagan,
No pidas lo que la ley te ha otorgado.

Optemos por el cambio,
Equilibrio entre el pago y lo que hago,
Por tiempo para distraer la mente,
Por un café, un libro o un estadio.
No hay superiores cuando la cooperación dirige al estado.
Optemos por el cambio afuera,
Porque por dentro ya está cambiando.
Todavía hay mucho por hacer hermanas y hermanos.

– César Salizar

No somos

No somos los mismos de ayer
Los que jugábamos al zapatito roto
Para definir quién empezaba a contar
Y a cantarle a la mañana

No somos el columpio del árbol
La piedrita convertida en carro
El balón de trapo en la canchita del barrio
las caritas sucias que sonreían
o los brazos que se abrían
para recibir el regalo del sol
iluminarnos la piel y empezar a sudar

dejamos las zapatillas de nuestra comunión
colgadas en el zaguán de las memorias
de las hojas de los árboles
que aún siguen de pie

abandonamos al primer beso de María
y la entrega de largas horas
en las veredas de nuestras casas
cantándole a la noche
hasta sentir el chanclazo de mamá.

Ya es tarde para continuar
El tic tac corre y nos olvidamos
De ser niños otra vez
Y nos entregamos a nuestra propia miseria
Y caminamos en el lodo
Cargando el saco y la camisa
Quemada de tanto planchar

Olvidamos que el secreto de la vida está
En sonreírle al espejo y sentirnos niños
Aunque nuestra niñez nos fuera arrebatada
Por el pasar de los pasos
Y el sufrimiento que al crecer
Nos enseña a llorar.
Nos olvidamos de vivir.

– Adrián Do Chávez

SOBRE EL AUTOR:

ADRIAN DO CHAVEZ, pseudónimo de Danny Adrián Domínguez Chávez, nacido en Huancayo el 15 de junio de 1986; Artista polifacético, integrante del Movimiento Cultural DosAmarus (Huancayo – Perú), ex integrante del elenco de teatro universitario UPLA (Huancayo-Perú), integrante de TEMPLOFUROR (Lima-Perú) y de “EFIMERO…” (Piura-Perú); tallerista de teatro y dibujo – pintura en diversas instituciones privadas y programas como PRONIÑO. Autor de plaquetas poéticas conjuntas e individuales, autor también del libro de dramaturgia “La Imagen de Dios” considerado como mejor libro publicado en categoría de dramaturgia en el ranking de la Revista Lima Gris en el año 2017, colaborador en revistas culturales como “perro histérico” y “estepario”, así como en antologías como “EL MAR NO CESA” y “ABRIL EN LOS ÁRBOLES” de la editorial “Ángeles de Papel” y “EL DOLOR DE LA TINTA” de la editorial “El Verso Azul” y en la antología digital “SOLTEMOS LETRAS AL MAR” de la editorial argentina “Escritores Eleutheros”, antalogado en el libro de micro ficción contemporánea “HISTORIAS MINIMAS” por la editorial Deandro editores. Actor y director de teatro, director del grupo cultural “SOTTOOMBRA” (Perú); con participaciones en cortometrajes como “El Sendero Tenebroso” (Huancayo-Perú) y “Ojo por Ojo” (Lima-Perú).

Digna rabia

El silencio es profundo, pero amo las alturas
No conocía el rostro de mi patria,
Decidí ahogarme fausto entre miles de
letras y mucho estruendo indignado
Así te conocí, con abundante brío y valía

¡Atención! ahora si te escucharán gritar
Entonces se largó aquel complejo entumecimiento mental en algunos
No es un sueño, no puedo escapar
Seres contagiados de indignación solo quieren avanzar
¡Qué tristeza!
No puedes aplacar con escupitajos a un pueblo ardiendo

Las heridas expuestas solo dan paso libre a el eco de nuestros antepasados
Mientras el festejo y la marinera descosen nuestros miedos
Cada minuto se eleva el apetito de respeto y sed de derechos
de innumerables seres políticos, en su mayoría jóvenes.

– Boris G.

Otro de ella

Y es probable
            Muerte
que haya nacido el universo
pereciendo en tus manos.
Que tu labor sea
la de construir moradas
infinitas
con ladrillos contados.
Y así rehaces el barro
de cada bloque desmoronado
de cada sol que arroja sus entrañas
al cosmos,
así levantas cada luna
y cada corazón que la mira
sin tregua ni descanso.

– Ricardo Niño

Un gato en la noche

Un gato se pierde en la soledad de la noche
Taciturno se encuentra, vagando por las callejas
Que se encierran en el laberinto
De una mente que se marchó
En busca de nuevos colores
Que den alegrías
A las tardes monocromáticas
De un gato perdido
En la soledad de la noche.

– Adrián Do Chávez

SOBRE EL AUTOR:

ADRIAN DO CHAVEZ, pseudónimo de Danny Adrián Domínguez Chávez, nacido en Huancayo el 15 de junio de 1986; Artista polifacético, integrante del Movimiento Cultural DosAmarus (Huancayo – Perú), ex integrante del elenco de teatro universitario UPLA (Huancayo-Perú), integrante de TEMPLOFUROR (Lima-Perú) y de “EFIMERO…” (Piura-Perú); tallerista de teatro y dibujo – pintura en diversas instituciones privadas y programas como PRONIÑO. Autor de plaquetas poéticas conjuntas e individuales, autor también del libro de dramaturgia “La Imagen de Dios” considerado como mejor libro publicado en categoría de dramaturgia en el ranking de la Revista Lima Gris en el año 2017, colaborador en revistas culturales como “perro histérico” y “estepario”, así como en antologías como “EL MAR NO CESA” y “ABRIL EN LOS ÁRBOLES” de la editorial “Ángeles de Papel” y “EL DOLOR DE LA TINTA” de la editorial “El Verso Azul” y en la antología digital “SOLTEMOS LETRAS AL MAR” de la editorial argentina “Escritores Eleutheros”, antalogado en el libro de micro ficción contemporánea “HISTORIAS MINIMAS” por la editorial Deandro editores. Actor y director de teatro, director del grupo cultural “SOTTOOMBRA” (Perú); con participaciones en cortometrajes como “El Sendero Tenebroso” (Huancayo-Perú) y “Ojo por Ojo” (Lima-Perú).

Marido y mujer

Ellos conversan en el bar de los cisnes. Juntos, se murmuran los secretos mimosos y suyos. Y sus manos se tocan con suavidad al vaivén de la bruma que se agita suspirada en la calle décima. El viento de hoy es frío en Bogotá y ellos se beben el café caliente con las voces, adentro del establecimiento que es apacible. La tarde reluce en la mujer, Aura, la sombra desaparece en la cara del joven, Felisín, mientras él reconoce a esa cineasta de ojos negros. Dejan otra vez las tazas sobre la mesa. En la rockola suena la música de Ely Guerra. Ambos se desean con timidez. Sus brazos los rozan con una parsimonia temblorosa. Lo importante es estar a solas. La piel de la fémina es serenática. Su alma aviva en mocedad su belleza. El enamorado entonces con galanura, le acaricia una mejilla con sus dedos. Despacio, la consiente con felicidad. Huele su fragancia, le coge el pelo con sus labios. Sin embargo, no es capaz de besarla. De hecho, Felisín ve que acaba de aparecer el esposo por la entrada secundaria. Mejor entonces, corre la silla hacia atrás en un acto disimulado y solo se pone a silbar a medida que Saleza se acerca y los saluda diciendo:

-Hola, mis amores, pero como están de bien, que dicha de verlos.

Ya aquí cierra la boca, por cierto que él guarda un revólver en el bolsillo del pantalón, desde hace casi dos días.

– Rusvelt Nivia Castellanos

SOBRE EL AUTOR:

Rusvelt Julián Nivia Castellanos nació el 24 de septiembre de 1986. Actualmente reside en Ibagué; Tolima, Colombia. De profesión es Comunicador social y periodista, carrera que estudió en la Universidad del Tolima. Ha participado en el Taller de cuento Hugo Ruiz Rojas en la Universidad del Tolima y en el taller de Relata, Escribarte, Ibagué.

La duda

Estaba a punto de besarme, una pequeña gota de sudor empezó a caer lentamente por mi mejilla, me hizo despertar; las sábanas se habían enredado entre mis piernas, hacía demasiado calor, 31 grados para ser precisa, hice movimientos sobre la cama y abrí lentamente mis ojos.

Mis cabellos estaban alborotados y mi boca totalmente seca, como sí hubiera caminado por el desierto varios días sin probar una gota de agua. Tomé mi celular mire la hora y ya eran un cuarto para las ocho, anoche no había podido dormir. Hace una semana que se me había terminado mi contrato laboral, debía la renta del departamento pero era la primera vez porque cuando trabajaba la pagaba sin falta y se estaban por vencer las fechas de pago de todos los servicios.

El calor era insoportable, salí de la cama casi de inmediato, tomé una toalla y me metí al baño, mientras estaba entretenida agasajando mi cuerpo con el chorro de la ducha un mensaje llegó a mi celular; lo supe por el tono ridículo que le coloque, no le di mucha importancia al principio porque en esta última semana no recibía ni buenas ni malas noticias. Pero cuando salí del baño y tomé el móvil, vaya sorpresa que me lleve. Tal fue el escándalo que hasta la toalla que me envolvía el cuerpo cayó desvanecida…

“Quiero verte, dónde podemos vernos o tal vez puedo llamarte para coordinar, necesito hablar contigo” decía el mensaje, no tenía destinatario, no reconocía el número del que provenía el mensaje; al principio me vino la duda y luego al pasar las horas tranquilamente lo ignoré, pues no llegó un nuevo mensaje del mismo número, todo transcurrió normal, recogí la ropa sucia, la puse a lavar, hice limpieza, luego salí a tomarme un café, horas después regresé al departamento y navegué en internet buscando ofertas de empleo y enviando currículos, luego cayó la noche, vi un poco de series en la televisión y sin darme cuenta caí rendida.

Mis días transcurrieron, diría yo, bajo la cotidianidad de siempre, estaba revisando el correo, cuando volvió a sonar el celular; demoré un momento en revisar y nuevamente el mismo número que hace unos días inquieto mi día, esta vez el mensaje decía: “No te hagas la interesante te vi en el café hace unos días  ni siquiera me saludaste, por qué no me has escrito para coordinar”. Me quedé totalmente desconcertada, porque alguien que me conoce y quería hablar conmigo me reconoció y no pudo hablarme. Empecé a asustarme, llamé a varios amigos preguntando si alguien me había visto hace unos días, pero todos estaban realizando actividades diferentes.

Todo el día la pasé pensando en qué era lo que sucedía, era a mí a quien escribían, era una broma. Eran las siete y media de la noche y mientras veía una película el timbre sonó y cuando me disponía abrir, un sobre misterioso se deslizó por debajo de la puerta…

– Pamela Arteaga Lamadrid

Escucha el relato leído por su autora aquí.

Gata negra

Ella me eligió
Y no a otros más ágiles
Y elásticos gimnastas
De bigotes largos.
Su universo simbólico
Era como un concierto
De John Cage.
Grácilmente roció
Con su orina de almizcle
De gata alunada
Mi maletín negro
De gris oficinista.

– Márlet Ríos

SOBRE EL AUTOR:

Márlet Ríos (Piura, 1977): Escritor, editor y traductor. Ha publicado La balada de Crates y otros poemasComo barca encallada en la arenaSenda de la desesperanza y Ancestros. Ha publicado poemas en ÓniceBocanadaLa CityCírculo de FuegoEl BosqueTXTConexos (Miami), TajoBosque de latidosVorágine (Antofagasta), etc. Sus poemas aparecen en Ausente ardor de arena & algarrobos. Antología de la poesía piurana contemporánea y en Poetas del algarrobo. Editor de Como el viento cabalgando al sol. Primera antología de la literatura de Salamanca de Monterrico. Administrador del blog http://cerosoccer.blogspot.com/

Harawiku

he tenido mil oficios
extenuantes jornadas
rumiando imprecaciones
sintiéndome solo con vida
cuando evocaba la soberbia
prestancia de los gatos
sus gráciles rodeos
para evitar la autoridad
y así me convertí
en cat lover irredento
malandrín innoble
malgastando muchas horas
de ansiedad
desoyendo valiosos
consejos
soñando desbocado
con nereidas y faunos
ensimismado
con voces del pasado
rumiando una ira nada santa
pergeñando malos versos
ad libitum
mientras miles
con las manos
encallecidas
y furibundas
perseguían sus sueños
silbando epicúreos
como demonios del Ande.

– Márlet Ríos

SOBRE EL AUTOR:

Márlet Ríos (Piura, 1977): Escritor, editor y traductor. Ha publicado La balada de Crates y otros poemasComo barca encallada en la arenaSenda de la desesperanza y Ancestros. Ha publicado poemas en ÓniceBocanadaLa CityCírculo de FuegoEl BosqueTXTConexos (Miami), TajoBosque de latidosVorágine (Antofagasta), etc. Sus poemas aparecen en Ausente ardor de arena & algarrobos. Antología de la poesía piurana contemporánea y en Poetas del algarrobo. Editor de Como el viento cabalgando al sol. Primera antología de la literatura de Salamanca de Monterrico. Administrador del blog http://cerosoccer.blogspot.com/

Haikus gatunos

La noche es de los gatos
como tu piel
de mis caricias.

El fantasma de mi gato
tras una sombra.
Silente ave.

– Márlet Ríos

SOBRE EL AUTOR:

Márlet Ríos (Piura, 1977): Escritor, editor y traductor. Ha publicado La balada de Crates y otros poemasComo barca encallada en la arenaSenda de la desesperanza y Ancestros. Ha publicado poemas en ÓniceBocanadaLa CityCírculo de FuegoEl BosqueTXTConexos (Miami), TajoBosque de latidosVorágine (Antofagasta), etc. Sus poemas aparecen en Ausente ardor de arena & algarrobos. Antología de la poesía piurana contemporánea y en Poetas del algarrobo. Editor de Como el viento cabalgando al sol. Primera antología de la literatura de Salamanca de Monterrico. Administrador del blog http://cerosoccer.blogspot.com/

Veneno y cura

El centro comercial luce inhóspito 
por la certeza de tu ausencia. 
Las voces resuenan en el vacío de mi alma,
las personas solo son el preámbulo de mi soledad. 
Vuelvo a caer en la decepción,
vuelvo a ser el «visto» en tu existir. 
Pero esta vez jamás volverás a conectarte, 
pues claramente entendí el «nunca más» 
que me deletreaste al amanecer.

Y mi corazón ¿sabrá entender? 
¿Habitará incesantemente 
el territorio estéril de la decepción? 
¿Podrá restaurar su iluso latir? 

Me apena saber que antaño anduvo paralizado 
hasta que fue revivido, 
al último segundo, por tu presencia. 
La misma presencia que se aleja sin armisticios, 
la misma figura que tras de sí solo deja escombros, 
la misma mujer que, 
en su ausencia, 
declaró una guerra ineludible en mi interior. 

No lo sabes, pero eres melancolía, 
no lo sabes, pero siempre lo serás. 

Renacer, 
fue un milagro que tu aroma me obsequió. 
Volver a hacerlo sin ti 
será una proeza 
que ya no me interesa alcanzar. 

El propio veneno es la misma cura 
¿Cómo tomarlo y no morir en el intento? 

La misma herida, 
la misma desazón, 
el mismo dolor, 
el mismo martirio, 
la misma condena,
la misma y repetible historia
de un febrero sin ti…

– Andrei Velit

Pelea gris

Esta gris amiga, que suele aparecer de vez en cuando, da volteretas acariciando mi cabeza y susurrando en mis oídos.

Siempre estuvo ahí, vigilante, esperando el momento oportuno para tomar mi mano y arrastrarme dentro de su cuerpo, y lo ha logrado. 

No sé cuando, no sé cómo, pero lo hizo, y desde entonces se cree dueña de mi ser, ataca mis pasos y los vuelve lentos, abraza mis pulmones y el aire parece no entrar, aprieta mi estómago y el hambre no está más; y lo peor…  come mi cerebro y lo vomita con ideas aterradoras, miedos infundados que pasean por mis nervios en la misma sintonía en la que circula mi sangre.

De pronto yo no estoy en mi cuerpo, lo veo a la distancia siendo manejado por esta amiga, y la lucha comienza. Quiero detenerla, y no obedece, se ríe causando ecos, y veo mis ojos ennegrecidos por el pánico, todo pierde el color, la gravedad no me ata a la tierra, aparezco en el limbo, sin fuerza, sin voluntad.

Quienes más amo parecen distanciados, entes de relleno que solo aportan con su nombre y un par de minutos a mi lado, me sonríen y abrazan, pero ese cuerpo ya no es mío, y esta amiga no les cree, los aleja, los desea eliminados, quiere mi cuerpo para ella sola, para alimentarse hasta los huesos y no dejar nada, ni siquiera el recuerdo.

Me acerco con cautela, y trato de recuperar mi piel, grito cuanto puedo para que mi cuerpo reaccione, pero un susurro de ella es más fuerte que el alboroto que yo pueda causar.

A veces gano la batalla, pero ella sigue ahí, esperando al más pequeño tintineo de luz y así apoderarse de este envase una y otra vez.

Quiero deshacerme de ella, dejarle en claro que no estoy a su servicio, y cuando creo lograrlo devora mis sentidos y me causa temblores, ansiedad, frío, vacío y soledad y agrede en demasía, golpea con bravura y lanza el golpe de gracia: me obliga a buscar la muerte.

Con la debilidad que tengo por la pelea, le obedezco y ella ensancha la sonrisa y respira aceleradamente, levanto la mirada a sus cuencas vacías y solo puedo llorar, ella acaricia con sus húmedas y frías garras mi rostro, asintiendo con la cabeza, trata de portarse materna, solo ella me entiende, es lo que quiere hacerme creer.

Me acompaña al abismo, cuando caigo me levanta, me da empujoncitos hasta que llegamos al borde, sonríe tanto que se rasga la comisura de sus labios, pero no le importa, está creciendo, y yo estoy muriendo.

Su voz rasposa, invade mis oídos, y de pronto, estamos ahí, en el abismo; ella lista para ver el espectáculo y yo lista para darle lo último que queda de mí. Pero algo pasa, el tiempo se detiene, ella deja de sonreír y se arrastra agitada para detenerme, emite gemidos lastimeros, está llorando, sabe que mi fin podría ser el suyo, pero como no le oigo, trepa por mi espalda, desesperada y me inyecta de miedo, el frío aire invade mis pulmones y caigo en sus brazos, no siento nada y me desvanezco entre sus flacos brazos, ella me regresa de vuelta, cada paso que da la hace más pequeña, más débil, más nada.

Con llanto fingido me deja vacía, se apoya en mi pecho y como no puede hablar, se acerca a mi garganta y juntas murmuramos: “Eres cobarde para morir” y así lloramos por un buen rato, porque nadie ha ganado pero si nos hemos lastimado, ella se aleja, se despide, pero ambas sabemos que volverá, porque necesita de mí, me da tregua para sanar las heridas.

Es cuando despierto, débil pero aliviada. “Un episodio más” así le llamo, desde el día uno sin ella, debo buscar la vida, hallar la luz, y refugiarme en el amor de quienes no se han rendido conmigo, debo forjar una nueva armadura para no perder la siguiente batalla, una más fuerte e iluminada.

Vendrás amiga, y espero algún día estar lista y acabarte completamente, ser yo quién ría sobre tu cadáver y se aleje triunfante para celebrar con los pocos aliados que queden.

– Marcia Castro

Puerta II

De cuando en vez
La luz entre los árboles
Nace muerta
Ya desde el rocío
De algún paraje escondido
Pero al segundo
A tus pies.

De pronto. Brilla!!
Y se esfuerza. Condescendiente.
Tratando de hacerse plana
Ya es tarde. Partieron.

Y van peleando
Entre colores
De un arco iris superior
Que muchos hay que ignoran.

Un rayo de luz cae
Atraviesa nuestro desconocimiento
Sangrando
El otro mal herido
Va descendiendo lentamente
Oteando
Dónde no morirá.

– Ernesto Muro

Poema 2 una tarde de M

tranquilo despides el día como kamikaze sublime
como general abyecto que entrega sus galones a la posteridad
como sacerdote de secta epicúrea luego de sodomizar a imberbes efebos
tranquilo te plantas
ante la autoridad más indecible más grotesca
y orinas como un gato tocado por un breve resplandor
al costado de nenúfares y templos del Buda
con la risa de un beodo feliz
que no le debe nada a ninguna rata sabionda y titulada
y partes, tranquilo,
hasta tu pequeño bastión.

– Márlet Ríos

SOBRE EL AUTOR:

Márlet Ríos (Piura, 1977): Escritor, editor y traductor. Ha publicado La balada de Crates y otros poemasComo barca encallada en la arenaSenda de la desesperanza y Ancestros. Ha publicado poemas en ÓniceBocanadaLa CityCírculo de FuegoEl BosqueTXTConexos (Miami), TajoBosque de latidosVorágine (Antofagasta), etc. Sus poemas aparecen en Ausente ardor de arena & algarrobos. Antología de la poesía piurana contemporánea y en Poetas del algarrobo. Editor de Como el viento cabalgando al sol. Primera antología de la literatura de Salamanca de Monterrico. Administrador del blog http://cerosoccer.blogspot.com/

Puerta XXVI

Le han quitado la vida
Sin máscaras -es un doble mérito
Sin usar las manos –no es un decir

Le han quitado la vida
Sin titubeos –qué duda cabe
Sin prisa –de a pocos, acompañamos todos, no lo recuerdas?

Le han quitado la vida
Sin preguntarle nada –ni un cuándo
Sin matarlo –la sangre nunca secará

Perdido en ti
Sin nada que decirte
Que mejor lienzo

Abriendo tu cuerpo
Siento todos los colores alrededor
Sin pausa
Con aires propios

De tus roces, los sonidos
Las aguas vertientes
Las armonías constantes
Y los segundos inmóviles
Y
El tiempo
Se acaba.

– Ernesto Muro

Puerta CLXXIV

De qué colores
A cuántos amarás
Sin salir de ti
Hacia la misericordia

Repasas
Nada se puede estar yendo
Ni entre tus cabellos
Ni entre las horas, donde caímos tanto
Que ya no recuerdo
Aquel lugar
Donde alguna vez
Se perdió algo indebidamente

Una lágrima
Color del aire
Siempre al lado de tus ojos
Qué esperaba para caer?!

Y sin embargo todo sería distinto
Hoy
Tan solo sí volviesen los colores
De aquel invierno
De aquella soledad.

– Ernesto Muro

Cats

La vi cazar palomas distraídas
en el jardín de mi casa
gata siamesa con nombre de hetaira.
La miré acicalarse un millón de veces
y luego leí en una revista:
“A ellos les gusta ser acicalados. Las caricias
mezclan el olor”.
No pudo presagiar un sueño aciago
entretenida como estaba.

– Márlet Ríos

SOBRE EL AUTOR:

Márlet Ríos (Piura, 1977): Escritor, editor y traductor. Ha publicado La balada de Crates y otros poemasComo barca encallada en la arenaSenda de la desesperanza y Ancestros. Ha publicado poemas en ÓniceBocanadaLa CityCírculo de FuegoEl BosqueTXTConexos (Miami), TajoBosque de latidosVorágine (Antofagasta), etc. Sus poemas aparecen en Ausente ardor de arena & algarrobos. Antología de la poesía piurana contemporánea y en Poetas del algarrobo. Editor de Como el viento cabalgando al sol. Primera antología de la literatura de Salamanca de Monterrico. Administrador del blog http://cerosoccer.blogspot.com/

Puerta LXXVI

Están despertando
Millones de segundos
Listos a su efímera vida

Corre
Que se quede un poco de ti
En ellos

Vienen uno tras otro
Hacia esta orilla
Sin descanso
Cargando cada uno su puñal, su aire, sus bemoles.

Y
Llegado el momento
Se lanzan
Al vacío infinito
De nuestras vidas.

– Ernesto Muro

Puerta XXX

Camarada sin rostro
Para luego perderse
Tanto trasto a dos pasos
Media vuelta
A tal olvido han llegado

Se encienden a tus pies
Y pasan y pasan
Besando con su aire
La parte hueca de un cuerpo yermo
Y el viento fluye
En las miradas
En busca de algunos, los otros.

Se pierde el paso
A los extremos de tus ojos

Calma camarada
Que hoy endiosan en silencio
Un ave y un árbol
Muertos iban a tientas
Entre rayos infinitos
De días eternos
Anteriores a los tuyos
Cruzando nubosos bosques
De rodillas sobre la tibia sangre
Mirando adelante
Siempre
Cabrón.

Al Che.

– Ernesto Muro

A la espera de una cura

Las noches en prisión arrastran las cadenas
que creímos haber dejado atrás.
Parsimoniosas,
se deslizan como feroces serpientes al acecho.
Se inmiscuyen, se asientan en nuestra piel.

Rebelan un pasado
Donde la máxima victoria no era vivir un día más
Donde las sonrisas no eran tristes muecas de autoengaño
Donde nuestras almas tenían el confort del libre albedrío.
Donde la pendiente de las muertes aún no conocía el cielo.

¿Un amor correspondido?
¿Una caminata de ensueño?
¿Un sutil roce a la libertad?
Trasmutaron los días en incoloros…
¡displicentes!

La presente humanidad
es vigilada por un podrido miedo
que observa, cual terco celador,
desde una zona agreste.
Y resignada,
baja la cabeza y se rinde:
No al virus, sino a su propia estupidez.

Y las matemáticas listas para el conteo dramático
Y el humano quemando el tiempo
a la espera desesperada de una cura.
¿Será posible?
¿No estaremos muertos antes de su llegada?
¿La podremos costear?

Es mejor cerrar los ojos 
hallar la paz
entre las páginas de un libro,
en un solo de guitarra,
en la redención de un verso
en lo insondable de tu mirar.

Crear para liberar
Liberar para curar.

Pero al abrir los ojos,
Soy incapaz
de hallar una cura
como ellos
incapaces también son.

No hay arte que los encienda
ni necesidad que necesite de aquel calor.

Del arte que fluyó por entre mis venas
Que se inmiscuyó por cada resquicio de mi ser.
Por entre este saco de podredumbre
que apenas a un alma exangüe cubrió
y que ahora se va para no volver.

Revitaliza, sana.
Como el ronroneo de un gato a la luna.
Como el voyerismo de unas estrellas en extinción.
Como la respiración de un pequeño ser en una cuna.
Como cuando eras parte de la revolución.

La noche baja su telón
Y con ella las cifras en rojo
Se intensifican y conmocionan
¿Nuestro fin será tan aburrido?
Los fuegos artificiales que nos prometieron ¿dónde están?

Mientras que un hombre recibe el encargo
de preparar el himno al adiós,
El mundo alista su traje más mustio
Los bancos aún se niegan a bajar sus tasas de interés
Y los presidentes levantan bandera blanca
aceptando su necedad…

Los humanos seguimos aquí,
Los humanos seguiremos aquí,
¡Soñando!
En este,
o en el otro mundo.
¡Ya qué más da!

– Andrei Velit

Puerta CDVI

Decadencia en avance
Tan llena de vacío
Presencia fulminante.

Luz del frío
Ocúpalo todo, hasta los violines y el piano que huyen
Maldiciendo
Por novena vez
La Batalla de Vitoria.

Pasos idos
Tres segundos atrás
De pensamientos de ahora
Tan veloces de alma

Al paso de luces básicas
Fulguran en tu cuarto oscuro
Sol y Luna en entredichos
De Dante en el infierno de tu cuerpo

Soportando en vilo
Tu amor oceánico
De tierras firmes
De olvido.

– Ernesto Muro

Puerta IV

Náufrago citadino
Sé que pasas
Que subsistes

Y que extrañas el anochecer
En tu mansedumbre

Y que avanzas
Cual Quijote humeante
En busca de nueve monstruos azules
Que nutran tus demonios
Sin tanta súplica ya ahogada
Ávido de luz crepuscular

Y que en días como estos
Iluminados
Odias
En silencio
A solas con tus sanchos
Rosinando tus rabias

Y que te obnubilas
Con tanta realidad que podríamos cortar el aire
Alrededor de ti
Sin más que el ruido
De tu dicha eviterna.

– Ernesto Muro

Puerta LV

A la misma hora corta, casi imperceptible
El sol recoge presuroso
De la tarde
Su manto de luz honda
Tendido sobre el Mar de Tales
A extremos sin origen ni fin.

Y en ese instante
Las ansias fluyen
Arrasando las súplicas y el llanto ajeno
Enfermizo
Y cómplice
Del pensar siniestro
Indubitablemente de uno solo.

De venas hechas girones del tiempo
Acaso recodos del olvido
En clara oblación a la euforia
Ardiéndose los labios
Fustigando el aire
Hiriéndolo mortalmente
De libertad profana.

– Ernesto Muro

Suicida

Son monomanías del ánima mía,
si el deseo es conocer razones,
tú tendrás que responderles,
muestra tus ojos de demonio,
la maldición de todas mis historias,
dulce castigo de Sísifo
volviste a mis amigos, mis enemigos,
a mis amores solo polvo.

¿Realmente merecía aquel odio?
Al condenarme te has condenado,
mi funeral será tu tribunal,
el miedo de tus pesadillas
será mi espectro,
pobre inocente, pagué por tus crímenes.

Lágrimas furtivas entre pliegues
de una sonrisa de luz artificial,
conocen más de mis insomnios
que los libros nuevos sobre mi cama,
quizá jamás serán leídos,
pobres inocentes pagaron por tu crimen.

Doy una milésima oportunidad
a una moneda lanzada a una fuente
de los deseos,
el mesías jamás vendrá,
el mismo que te puso en mi camino,
cuando tu nombre está escrito en mis páginas,
la esperanza no es esperanza
viene de la caja de Pandora,
quizá, ni siquiera es tu culpa,
quizá es mía sólo mía…

Por todos mis atajos te encuentro a ti,
vil centinela, solo escapar
de las reminiscencias de tus ojos
cuando miro al único que ángel
que no se ha ido de mí,
pobre inocente, paga por tu crimen.

Quiero apagarme con la melodía del verano,
Werther espera mi llegada,
sé lo que haré una mañana de julio al despertar.
Cuerdas, pastillas o ríos de sangre
el final es el mismo siempre…

¿Me ahogaré en el mismo río de silencios?
No hay más remedio para mí,
tu maldición está en mi piel,
chamuscada y podrida,
la muerte quiero conquistar
pues es el único amante que dejaste entrar,
y entre sus sombras dormir en paz.

¿Dónde encuentro valor para la frontera cruzar?
Entre el sueño vivo y el muerto
¿Dónde estará, cuando será?
¿Cuál es la calle por dónde me espera Werther?

– Krizia Tovar

SOBRE LA AUTORA:

Krizia Fabiola Tovar Hernández nació en el Estado de México, en 1996. Algunos de sus escritos aparecieron en las revistas Reflexiones Alternas, Poetómanos, Awita de chale, Perro negro de la calle, MÁS Literatura, El morador del umbral, Prosa Nostra MX, Collhibrí, Teresa Magazine, Circulo literario de mujeres, Clan Kutral y El templo de las mil puertas. Actualmente estudia el último año de la licenciatura en Ciencias Humanas en el Centro Universitario de Integración Humanística.

Puerta CCXLVI

Qué sano me siento así de indignado,
Tan crepuscular, tan cadavérico de alma.

Solía decir, casi en silencio, aquel Ser vaiveneante, entre las nubes, solitario.
Asomándose con miedo hacia el abismo.

Señor Aire
Cuándo te veré en calma
Silbas y pasas
Eólico
Nunca permaneces
Qué designio el tuyo !!
Quién fuese tu aliado eterno !!

– Ernesto Muro

Ven, escapemos de Latinoamérica

Ser centinela a tus espaldas.
No me sirve de nada, al menos si fuese.
Conocer los peligros que cruzan tus pasos
Y los sonidos de las hojas secas en invierno.
Brillos en mi ocaso, señales en mi sueños.

Las brujas recorren el páramo cuando el sol descansa entre tus montes.
Mi espada no desenvaina, esperando el momento preciso de apuñalarme una, otra y otra vez, cada una más profunda que la anterior.

Tu sombra sigue caminando por una senda de luz tan hermosa como tu propia existencia.
No puedo dejar éste lugar, o quizá sí.
Necesito dejar de pensar en ti, o quizás no.

En este mundo que preparé en mi cabeza,
mi realidad es más ligera.
Sé que esto me está destruyendo,
pero me siento feliz.
Si me dieras un segundo,
te daría mi vida entera.

– Chopper

Mi himno blanquirrojo

(I)
Déjame que te cuente hermano, lo que es ser peruano
Acá aprendes que por más que estés cuesta abajo
Nunca doblega, tan solo te esfuerzas a seguir luchando
Para llegar a la cima como nuestro pasado nos ha enseñado.

(II)
Que somos un pueblo que sufre pero se levanta
No se resigna a someterse y siempre da batalla
A lo que se presente sin temor al hombre, ni a nada
Como Tupac resistiendo y demostrando nuestra casta.

(Coro)
Agradecido de la fortuna de vivir en esta tierra
Orgulloso siempre de la historia que te rodea
No hay manera que no sientas esta bandera
Cuando la ves flamear reconoces su grandeza. (BIS)

(III)
Somos todas las sangres queriendo salir adelante
Fuerza obrera, soñadora siempre triunfante
Aunque golpeada, ya sabes, si no se sufre no se vale
Por eso así seamos libres, elegimos malos gobernantes.

(IV)
Pero seguimos dándole cara al futuro incierto
La situación actual no es la mejor, es cierto
Hay mucha incertidumbre, demasiado miedo
Pero no hay partido que juntos no afrontemos.

(Coro)
Agradecido de la fortuna de vivir en esta tierra
Orgulloso siempre de la historia que te rodea
No hay manera que no sientas esta bandera
Cuando la ves flamear reconoces su grandeza. (BIS)

(V)
Así que hermano, por si lo olvidaste te lo recuerdo
Debes ser aguerrido como Bolognesi y nuestros demás ancestros
Que el futuro nos llama para que sea nuestro
Por eso me puse La Rojiblanca para escribir estos versos.

(VI)
Ya que fácil sería enaltecer mi patria con majestuosos calificativos
Hacer una prosa con refinadas y rebuscadas expresiones con motivo
De tu día festivo, pero quise ser más productivo
Conmemorando en cada rima que escribo: ¡Que somos!, ¡De donde somos! y ¡De donde vinimos!

– Diego Nuñez

Puerta LXIII

Cómo podría decirlo
Si contra tu aire
Ya no fluye aliento
Culpabilidad. Estancia obligada.
De tu santuario
A lo mundano que nos avejenta la mirada
De tanto tamaño
De traer lo lejos a tu lado izquierdo
O a tu bolsillo sin oración completa

Si acaso fuese tu capilla
Un adulterio oculto
Detrás de todas las cosas
Idas a destiempo
Entre tu y yo, en masa, en montones de minutos
De súplicas disfrazadas de canto

En tardes en las que vestías tus árboles
De contradictorios

Entonces entendería el por qué
De tus misas
A solas.

– Ernesto Muro

Patria del alma

Mi patria es una ola soberbia
de un mar entrañable del Norte;
un cementerio marino en silencio;
una catarata furibunda en el bosque;
un puquial enamorado del musgo;
una fiesta del agua en la puna;
una aldea de pastores errantes;
una comarca de nubes apátridas.

Mi patria tiene la edad de los nevados;
tiene el lustre de las pinturas murales
de ciudadelas de barro majestuoso;
tiene el fulgor de las dunas rutilantes.

Mi patria es una caleta de pescadores;
un altar de sacrificios muchik;
un regazo maternal expectante;
una marcha de estandartes vibrantes.

Mi patria es una colonia penal
de viejos luchadores sociales;
un valle agrario donde anidan cernícalos.
Una isla de mil lenguas y mil banderas.

– Márlet Ríos

SOBRE EL AUTOR:

Márlet Ríos (Piura, 1977): Escritor, editor y traductor. Ha publicado La balada de Crates y otros poemas, Como barca encallada en la arena, Senda de la desesperanza y Ancestros. Ha publicado poemas en Ónice, Bocanada, La City, Círculo de Fuego, El Bosque, TXT, Conexos (Miami), Tajo, Bosque de latidos, Vorágine (Antofagasta), etc. Sus poemas aparecen en Ausente ardor de arena & algarrobos. Antología de la poesía piurana contemporánea y en Poetas del algarrobo. Editor de Como el viento cabalgando al sol. Primera antología de la literatura de Salamanca de Monterrico. Administrador del blog http://cerosoccer.blogspot.com/

Puerta XXIII

Si me preguntases
De dónde saco las palabras
Te diría
Que…
Las descuelgo del aire
Se las robo a la gente sin que lo note
Las respiro cuando me estoy ahogando
Las escarbo en una y mil pieles
Las encuentro en los sueños de todos
Se me presentan como intrusas en los senderos nocturnos
Me llueven
Se me rebelan en los silencios, amenazándome de muerte
Las escucho perdidas en canciones muertas
Se me clavan como dagas de plata al amanecer
Las rebusco entre rendijas del tiempo
Las descubro huérfanas
Las sorprendo clandestinas en las fronteras del algún amor por partir
Las repaso en mis recuerdos
Las rescato antes de caer al abismo sin fin de mi olvido
Y claro
A veces
Como hoy
No las encuentro

– Ernesto Muro

Crítica

Había sido una mañana durísima. Entre mi sueño interrumpido y un café frío, las ganas de vivir se me estaban agotando en una rutina devastadora. Hace tiempo que no encontraba la paz mental necesaria para afrontar mi situación, mis problemas, ni mi vida.

Algunas semanas atrás, recibí una carta que no me daba la reverenda gana de leer, así que la tenía por ahí, llenándose de polvo entre documentos inútiles. Cuando me tocó revisar ese montón de árboles muertos, la carta resbaló como rogándome por recibir atención. Pensé que si alguien se había tomado la molestia de dirigirse a mí, sería muy descortés hacerlo esperar un poco más.

Abrí el sobre con indiferencia y noté que no tenía remitente. No le presté mucha importancia ni cuidado hasta que empecé a leer su maldito contenido. Al hacerlo, mi garganta se anudó.

“Estamos todos jodidos, Pareja. Ayer venía en el bus y no sabes la congestión de la evitamiento con Hilario Mendivil hermano, peor que Lima con el cristo morado, te lo juro; pero qué se hace.

Hoy me entregan la sentencia en el juzgado, Parejita. Parece bueno mi abogado pero era mejor el Alatrista dicen, solo que ese pata cobra un huevo y es tirar la plata como si sobráse, además, ni siquiera es él quien está en las audiencias dicen, está huevón.

Y ya sabes, que si todo sale bien, nos vamos por las respectivas chelas con el «boga» en su oficina por Pampa del Castillo.

Estamos jodidos, wayki. No pude llamarte, 12 años. Pero como alguien dijo hace mucho tiempo; en el Perú, solo hay dos tipos de problemas: los que nunca se resuelven, y los que se resuelven solos, Parejita.”

Luego de hacer algunas llamadas a un entorno no tan cercano, me enteré que un querido amigo mío había caído en una grieta del sistema por supuesta apología al terrorismo. Él era una de esas personas que no podía callar su voz. Me contaron que había asistido a una de esas tantas movilizaciones contra la corrupción y su error había sido usar una pañoleta roja para evitar ser reconocido. La policía no fue amable, mucho menos el juez a cargo. Indagando más y más, descubrí que le habían dado tres años de pena, pero, durante su primera semana allí, un matón que había perdido a su familia en el Ayacucho de los años ochenta, asesinó a mi amigo en su propia celda.

No pude cargar ni un minuto más con el peso de su ausencia. Rompí en llanto por la memoria de quien fuera mi mejor compañía de la infancia, pubertad y parte de mi adolescencia. Empecé a maldecir el momento en que nos distanciamos. Ahora él ya no estaba y solo había un responsable.

Y que más se puede esperar de un sistema judicial de mierda si todos están ahí para tapar su porquería. Y que nos quieren meter la rata con eso de la falta de pruebas corroboradas. Y que no nos damos cuenta mientras ellos ya están en España. Y que te vas al carajo si no tienes vara porque aquí parece que te encierran al azar aun con una buena defensa. En el Perú no importa que seas inocente, importa que tengas plata.

Visité la tumba de mi parejita un miércoles lluvioso de esos en los que las almas condenadas no salen a penar.

Al salir del cementerio, sentí nausea y asco por varias cosas. Por mí, por no haber abierto esa carta antes y por no haber conversado con él cuando aún podía. Por su proceso, su juez y su sentencia. Pero sobre todo, por esa pútrida razón por la que muchas personas tienen que rogar de rodillas, casi humillándose, ante esa ciega hija de puta comprada a la que llaman justicia.

– Rodrigo Ampuero Oróz y Pedro Javier Sedano

Dark poet

I

princesa gótica / una dulce epifanía
es tu voz que abrillanta mis horas
de mórbida adolescencia
en medio de susurros gatunos
y plazas sórdidas
escapando de la autoridad
tus gorjeos evanescentes
son un bálsamo posmoderno
en esta urbe de palomas esquizoides
cómo rememoro esos días
de indolente soledad
cuando tu venéfica mirada
de sacerdotisa moche
me incitaba al Caos
y yo ensimismábame 
y eludía la muchedumbre
y esquivaba las esquirlas 
de las bancas dinamitadas
por doquier

II

he dicho que tu voz era mejor
que un orgasmo en plenilunio
princesa gótica / mejor que
Cannabis sativa
en un balcón mudéjar
lleno de gatos angoras 
y no hay necesidad de clamar al cielo
solo vibrar con los acordes
de una canción de los 80 
bien dark 
en el idioma del enemigo

III

ahora todo es caos / soledad / delirio
mientras las veredas me musitan
el nombre de una ciudad costera
y yo voy a la deriva / sin rumbo
solo tu aliento de gata herida
princesa dark
mi adorable Némesis

IV

y caigo en la cuenta
de que te estuve buscando
todo ese bendito 1992 
en cada muchacha que conocía
en cada encuentro furtivo 
lejos de mi lar

V

oh dorada época de mis veinte
cuando todo era posible
y el ulular de las sirenas era
como un concierto de Vivaldi
yo te buscaba proterva Noche
y esquivaba tus baches y riachuelos de orines
y escapaba de los barrios 
de quintas antiguas y de brisa marina
oh Musa de mis más oscuras intenciones
Erato de caderas rollizas
y piel canela / adónde te largaste
por esos años de bombas y represión
de qué callejón de un solo caño
o casucha de esteras
emergiste / tendiéndome la mano
con toda ternura
y me guiaste
desde la infranqueable soledad de tus bucles
no supe encontrar tu ternura
ni aquilatar tu vesania
solo mi padre vio mi vocación /
por esos terribles años
cuando se sublevaba el viento
en los patios de la infancia
década del 90 como un grito destemplado
de pavor 
ningún sitio era seguro
por esos años / sin cannabis /
ni ansiolíticos
solo tú podías devolverme de golpe
lo que yo jamás debí perder.

– Márlet Ríos

SOBRE EL AUTOR:

Márlet Ríos (Piura, 1977): Escritor, editor y traductor. Ha publicado La balada de Crates y otros poemas, Como barca encallada en la arena, Senda de la desesperanza y Ancestros. Ha publicado poemas en Ónice, Bocanada, La City, Círculo de Fuego, El Bosque, TXT, Conexos (Miami), Tajo, Bosque de latidos, Vorágine (Antofagasta), etc. Sus poemas aparecen en Ausente ardor de arena & algarrobos. Antología de la poesía piurana contemporánea y en Poetas del algarrobo. Editor de Como el viento cabalgando al sol. Primera antología de la literatura de Salamanca de Monterrico. Administrador del blog http://cerosoccer.blogspot.com/

Dioramas

A lo lejos se desplomaba el atardecer, íbamos llegando a Lima. Para nosotros ese momento era aún de día o quizá ya caía la noche. El cielo combinaba ciertos tonos que pocas veces antes había visto juntos en un solo atardecer: líneas naranjas, como lenguas de fuego, casi fosforescentes, casi reales, se extendían sumisas a los pies del sol que ya sucumbía ante la crueldad del horizonte. Otras celestes aunque opacas, conformes y planas; pero había otras, y éstas eran las más extrañas, a las que no podría sentenciar dándoles un color, no sería exacto, mentiría.

-Todos esos colores están sólo en tu cabeza, yo no veo nada -dijo quizá aún dolida por lo que yo acababa de decir.

-Cree todo lo que quieras pero el amor no existe -sentencié, cerrando así una conversación que nos mantuvo enfrentados esporádicamente desde que salimos de aquella retirada playa sin nombre ni encanto en la que estuvimos acampando los cuatro últimos días, a la altura del kilómetro ciento ochenta de la Autopista Del Sur.

Antes no quise mentir con lo de los colores del cielo… y no lo hice. Sin embargo, lo acabo de hacer. Lo seguro es que sí fuimos con la intención de acampar pero al final ni siquiera armamos la carpa. Transpusimos nuestro cansancio las tres noches en la camioneta, desnudos, uno sobre el otro completamente ebrios, alucinados de tanta hierba. Esa última mañana, la del domingo, nos levantamos casi a las diez, sabiendo que tendríamos que regresar, y acaso sospechando que nunca debimos haber ido allá. Hicimos el amor con desapego, ausentes; se vistió aprisa y salió caminando hacia la orilla con los brazos cruzados a media altura sobre los pechos, como abrigándose las manos. Yo abrí la puerta y me paré al lado de la camioneta para cambiarme, la miraba sin atreverme a acercarme y lo cierto es que no sé bien por qué.

-¿Hay trago? -pregunté a la vez que miraba a ninguna parte por el espejo retrovisor. Aunque con ella el lenguaje es bastante obvio, esos gestos sin sentido, que preceden a una pregunta que intenta romper un corto silencio, no me abandonan y ya me había decidido a no esforzarme en evitarlos.
“Es la cuarta vez que preguntas lo mismo; si ya no sabes que decirme entonces mejor quédate callado”.
Al terminar de decir esto se pasó al asiento posterior y se echó encima de todo aquel desorden, conjurando, maldiciendo como si las cosas tuvieran madre. Últimamente esta era una actitud constante en ella, se irritaba con facilidad; recuerdo habérselo dicho, tratando de averiguar el por qué. No es fácil mantenerse al margen, uno siempre se llega a inmiscuir de una u otra forma, sobre todo cuando sucede que en tan corto tiempo las cosas cambian tanto y sin retorno.

Íbamos pasando San Bartolo y de pronto me vinieron recuerdos de cuando solía venir aquí con mi familia. Bueno, con mi viejo y mis hermanos; mi madre no era mucho de ir a la playa y se quedaba en casa pero se me ocurre pensar que no la pasaba tan mal librándose de nosotros por casi todo un día. Quería compartir estos recuerdos con alguien, con Edén, pero ella había decidido lo contrario.

– ¿Por qué no pones algo de música? -fue una pregunta que me llegó de a pocos, la dijo casi silabeando las palabras. Al mirarla por el espejo, vi que se había sentado y…
– ¿Qué pongo? -le pregunté mientras seguía observando los límites de su cuerpo por el espejo y la destreza para culminar lo que estaba haciendo. Aquella imagen me hizo sentir un extraño orgullo.
– No sé… cualquier cosa que vaya bien con todo esto -y lo encendió mientras me fingía una sonrisa en el espejo y absorbía el humo al tope de sus pulmones.
– Entonces es Lou Reed…
Al otro lado de las ventanas y arriba, la tarde caía pesadamente.

– ¿Te voy a dejar en tu casa?
– ¿En dónde estamos? -preguntó forzadamente.
Se me antoja pensar que estaba sucediendo eso que nos pasa a muchos –por lo menos a mí me pasó siempre- que cuando estamos durmiendo durante un viaje y de pronto nos despertamos, pareciera que no se hubiese avanzado mucho con respecto a la última vez que estuvimos despiertos y sin embargo sentimos haber estado envueltos en un largo sueño y entonces sucede que se quiere seguir durmiendo para así nunca llegar al destino. Esto sucede cuando no se quiere llegar ya sea porque el viaje fue muy placentero o algo indeseable nos espera al detenernos.

– Estamos a la altura de la Universidad, más o menos.
– ¿Cómo que más o menos?
– Acabamos de pasarla… tengo que echar gasolina.

Conocí a Edén hace seis meses aproximadamente, a mediados de agosto; cuando discutimos me saca en cara que ni siquiera me acuerdo del día y que eso se debía a lo poco que me interesaba pero lo cierto es que ella tampoco lo recuerda, y lo que es peor, lo niega. No sé muy bien que circunstancias me llevaron a acercarme a ella en esa fiesta –porque de eso sí me acuerdo. De principio, yo estuve allí más por lealtad a un amigo que por cualquier otra cosa. De un tiempo a esta parte, ya no me resultan interesantes las fiestas; en realidad creo que nunca me resultaron interesantes pero las soportaba, ahora ya no. Si la memoria no falla, fue algo así.

– ¿Me invitan un cigarro? -al retirarse nuestras miradas se cruzaron. Percibí en la de ella una vaga curiosidad.
– Hola… ¿bailamos? -no atiné a más.
– No… -respondió, dirigiendo la mirada distraídamente hacia el fondo del vaso para luego, cerrando los ojos, tomar un sorbo lento y largo que casi lo terminó.
– Bueno, entonces déjame conseguirte otra bebida…
– Eres muy pretencioso…
– ¿Qué soy qué?
– No está mal, considerando… -aquella sonrisa malévola se ha quedado grabada en mi memoria. Quizá va a ser, algún día, el único recuerdo que me quede de ella. Desde ese momento lo supe. Edén sería la chica con la quién yo quería estar; pensé que con un poco de suerte la relación duraría incluso hasta el verano. Iba a hacer que eso sucediera de una u otra forma y así fue.

Ella vivía con su abuela materna y una tía que era la menor de las hermanas de su madre, en una quinta en el Barrio de La Punta. Aquella casa siempre me llamó la atención, se notaba que era bastante antigua y sin embargo estaba bien conservada. Las paredes eran mucho más altas de lo normal y estaban cuidadosamente bien pintadas de un color blanco humo que las hacía parecer incluso más elevadas. Las maderas del techo eran largas y muy delgadas, tanto así que un día pensé que si las contase, no acabaría nunca, se veían en muy buen estado, brillaban como si estuvieran embadurnadas con algún tipo de cera. Pero lo más extraño era que una vez que se hubiese entrado a la casa, desaparecía el aroma de la brisa marina que estaba impregnado en el resto del vecindario.

Me contó se separaron cuando ella no había cumplido aún cuatro años y desde los catorce vivía con su abuela, nunca pudo llevarse bien con su padrastro. Este la echó de la casa un día que Edén llegó totalmente ebria a media noche y en plena discusión le dijo que lo único que él hacía bien era comer de la plata de su mamá y levantar putas en la Javier Prado, que ella lo había visto varias veces.
– Se ve que eras una chiquilla de mierda… ¿Nunca te pegó?
– Una vez lo intentó. Cuando se me estaba viniendo encima con una correa, se tropezó y se fue de cara sobre la mesa de centro. Le comenzó a salir sangre a borbotones y se puso a gritar como loco, mi mamá gritaba aún más fuerte y lloraba. Yo ya estaba en la puerta de la cal e preparada a correr en caso que me siguiera, de pronto me dio un ataque de risa…
– ¿Y qué hiciste?
– Lo de siempre, me fui a la casa de mi abuela… Me quedé una semana aquella vez. Mi mamá me fue a buscar, me dijo que Alfonso no me iba a hacer nada peor yo no le creí aunque regresé.
– ¿Y por qué te quiso pegar? esperando por respuesta algo que me hiciera reír.

Fue una de las primeras veces que vi a Edén realmente alterada, recuerdo que bajó de la camioneta y empezó a caminar rápido y luego a correr. Intenté seguirla pero la perdí. Esa misma tarde la busqué en su casa pero su tía me dijo que se iba a quedar en casa de una amiga en Lince hasta el día siguiente. Yo sabía que eso era mentira, ella no tenía ninguna amiga en Lince… Edén no tenía amigas.

– ¿Me vas a llevar a La Punta?
– Si… -le respondí mientras observaba con atención como muchas personas cruzaban la autopista en cualquier lugar, de cualquier manera, como si estuviesen cruzando un parque.
– Se ve que no te aloca la idea de llevarme al Callao…
– ¿Qué quieres? ¿Qué te lo pida regalándote una rosa?
– Hablando de mal humor… ¿Me paso adelante?
– Si quieres. -Lo hizo a la vez que encendió dos cigarrillos y sintonizó una radio en AM que transmitía música folclórica.
– ¿Qué radio es?
– No sé. -me respondió casi sin prestarme atención. Tenía la mirada perdida en algún lugar allá afuera, el viento le revolvía la larga cabellera negra siempre de la misma forma sensual que fácilmente me encendía. Estaba allí a mi lado y la sentía distante, casi ausente.

– ¿Por qué me preguntas si te voy a llevar a tu casa?
– ¿Qué pasa? ¿Te piensas poner sentimental y decir que la pregunta está de más? ¡Qué por supuesto me vas a llevar!
– ¿Y si fuera así? ¿Algo de malo en eso?
– No lo sé pero quizá tú lo sepas… ¿tienes un Rizzla? -me preguntó esta vez dulcemente. Hay algo en ella que sabe cómo intentarlo pero se atreve muy poco y muy de vez en cuando.
– Si, busca en la gaveta -le respondí evitando sonreír.

Faltaba muy poco para que termine de oscurecer. De pronto un cúmulo de sensaciones me invadieron, quería detenerme y caminar y no podía. Quería conducir a más velocidad y era imposible. Edén se recostó en mi hombro sin decir palabra alguna, fumando pausadamente. No era más que una reacción típica en ella, yo lo sabía pero de alguna manera me engañé pensando que trataba de acercarse, así de un modo tan simple y a la vez tan estúpido. Siempre creí que no hay ser que se exprese mejor corporalmente que una mujer, en esto yo a menudo me pierdo, quedo desubicado y de seguro que ella lo había notado.

– ¿Recuerdas que una vez no quisiste llevarme a casa? preguntó mientras con mucha ternura me daba de fumar.
– Sí pero sabes muy bien porqué lo hice
– Me lo dijiste al día siguiente. Yo hasta ahora no lo recuerdo
– Y eso que importa
– A mí me importa… -dejó algo por decir que me impulsó a seguir hablando.
– Mientras conducía, a cada maldita cuadra, abrías la puerta y amenazabas con tirarte, decías que te querías liberar, me empezaste a gritar un montón de cosas… Estabas completamente ida, se te pasó la mano esa noche, con los tragos y con todo.
– Y me dejaste donde tu prima… -hubo algo de intriga en su modo de decirlo, como esperando a que le replicara.
– Nunca te conté lo que pasó donde Ruth…
Escuché que su voz se fue apagando sin advertir que en el futuro la falta de ésta me llenaría de un silencio lejano y pesado, como el de todos los días desde la última vez que la vi.
– Dijiste que pasarías por mí a las 8.30 y llegaste a las mil… Bueno, él a salió a comprar algo para el desayuno y el imbécil de Polo sentado enfrente mirándome las piernas… Me paré frente a él, me levanté la falda, me jalé el calzón a un lado y se la enseñé; casi se la puse en la cara. ¿Te gusta? Agárrala, anda, vamos… Se puso de todos los colores y quedó mudo en medio de su propio silencio. Se retiró no sé a dónde, seguro a hacerse una paja… No sé…

Casi desde el principio compartimos nuestra afición por la lectura, en algunos casos nos habían marcado los mismos libros. En otros, no. Ella no soportaba a Vargas Llosa porque lo considera el perfecto escritor de supermercado y un farsante por presentarse de candidato a la presidencia de un país en cual casi nunca vivió; yo pienso que es un excelente ensayista aunque le cueste dejar el hígado de lado. En lo político ya no lo escucho tanto, creo que es una copia mansa del discurso de Margareth Thatcher.

Según Edén, su pertenencia más preciada era una caja grande, cúbica de cartón –esas en las que antes venían los rollos de papel higiénico Suave- y bastante vieja. Allí guardaba sus libros, eran setenta y cuatro en total, varios de estos en inglés. Me dijo, con esa dulzura seca muy de ella, que paseo su insoportabilidad colegial por varios centros educativos; ya no los recordaba todos y esto parecía no importarle mucho. Me contaba de tardes interminables, en su temprana adolescencia, cuando se echaba sobre el fresco césped de su jardín a leer acerca de ciudades incas perdidas en medio de la selva. Y también poesía. Walth Whitman fue quien encendió en ella la pasión por la poesía. Es por eso que pensó estudiar inglés, para poder leer a Whitman en su idioma. Lo hizo casi por su cuenta y en uno que otro instituto que su madre le pagaba a escondidas del padrastro.

Por aquel entonces yo tenía –ahora ya no- un cuarto en una pensión en el Centro de Lima, en el jirón Azángaro a unas pocas cuadras del Parque Universitario; solíamos pasarnos días enteros allí metidos haciendo el amor, bebiendo vino y fumando hierba pero sobre todo leyendo poesía. Recuerdo una vez que a ella le tocaba escoger el libro y se apareció como casi nunca con un bolso muy extraño que sólo se lo vi en aquella ocasión. Traía dos botellas grandes de ron rubio, dos toallas playeras completamente viejas y agujereadas pero limpias, una gaseosa de dos litros y tres cintas de música.
– ¿Y todo esto?
– Tus toallas ya dan asco… ¿Alguna vez las lavas? -Esas sonrisas cortas, cercanas y limpias son las que tengo como recuerdo cuando no estoy con ella.
– Se supone que estoy en mis días de peligro… – “Entonces tendremos cuidado a la hora de llegar a la meta” le dije pensando que aprobaría mi consideración aunque en realidad esta no llevaba mucho de cierta.
– No te preocupes que no te creo ni una palabra, ni una sola. Además, para algo tengo la boca -dijo clavándome sus ojos burlones.

El cuarto era bastante lúgubre, estaba en el segundo piso; las ventanas eran grandes y toscas, unos plásticos que alguna vez habrían sido transparentes reemplazaban los vidrios faltantes. Las paredes de quincha eran altas y ya plomizas por la polución, tenían manchas de formas extrañas, como mapas de un mundo ajeno a este a los cuales les puse nombre para algún día inventarlas en mi otra realidad. El piso era de madera y crujía a cada paso que uno daba. La luz natural parecía no querer entrar por decisión propia, quizá porque la lujuria y la gula que solían acontecer en esa habitación la opacaban y la hacían innecesaria.
También tenía un pequeño baño mohoso y oscuro que nos daba la tranquilidad de estar allí por nosotros pero al cual evitábamos en lo posible de entrar. El único foco colgaba de un alambre pelado en medio del cuarto y era toda la luz que teníamos. La puerta no cerraba bien y la aseguraba con la silla pequeña; la más grande estaba celosamente reservada para nuestros malabares eróticos. Solíamos sacar el colchón -si es que a ese costal de pajas malolientes se le podría considerar tal- y ponerlo sobre el piso, luego sobre este mis dos almohadas y finalmente nosotros boca arriba, desnudos y con un libro sobre nuestras narices. La vida era sólo el presente, el de al lado, no necesitábamos más.

– ¿Qué libro has traído?
– Los Poemas Completos de Whitman, en inglés…. The Complete Poems.
– Walt Whitman… -repetí silabeando el nombre completo.

Dejé la habitación del Jirón Azángaro a fines de diciembre, una semana antes del año nuevo; me resultaba ya un gasto difícil de cubrir. Si bien no iba todos los días ni mucho menos, el lugar se había convertido en nuestro refugio, a ella también le costó aceptarlo. A veces cuando estamos muy borrachos o muy volados – o por lo general las dos cosas a la vez – y la nostalgia nos cae a golpes, Edén me dice que fue su culpa el que hayamos tenido que dejar el refugio; lo cierto es que nunca lo vi de esa manera.

– ¿Sabes? Mi abuela no cree que tengas 30 años, dice que aparentas ser más viejo o algo así…. Y que tienes cara de mañoso.
– Bueno amor, eso es todo un cumplido para mí… ¿Y tú qué crees?
– Yo creo que en este instante te voy a pedir que me lleves al refugio y me des duro… Que me dejes sin fuerza ni siquiera para caminar… Y sabes qué más me preguntó mi abuela y delante de mi tía Irma.
– No sé… Vamos, dímelo…
– Me preguntó: Edén, hijita, ¿ya has tomado leche de hombre? A mi tía se le cayó la cara al suelo… Yo me reí entre asombrada y nerviosa.
– No jodas… ¿Y qué le dijiste? -le pregunté ansioso, sonriendo con los pulmones llenos de humo, apunto de atorarme, mientras nuestras miradas se centraban en el cuidadoso pase del porro de mis dedos a los suyos.
– Que sí, que claro… Y mi tía Irma me gritó: “Cállate cochina, respeta que estamos en la mesa”. Pero bien que se hace la estrecha, como si yo no supiera que tiene un tremendo consolador escondido en su cuarto.
– No pares amor, no pares.
– El otro día yo estaba en el techo tomando sol y sentí que alguien entro al baño. Me asome al tragaluz y vi que era la tía Irma, se iba a bañar. Ahí le vi el aparato, se lo pasaba por todo el cuerpo, se lo metía hasta en las orejas.
– ¡Qué vieja degenerada…! -exclamé a manera de broma.

Noviembre fue siempre para mí un mes extraño, lleno de anécdotas, de conflictos. No es que sea supersticioso, sólo que es verdad. Me reclamó tímidamente que en realidad ella sabía muy poco de mí y que no conocía ningún lado oscuro en mí y que eso era imposible. Le conté que hasta lo que va de mi vida, pude haber sido padre ya dos veces pero no fue así.

– ¿Aborto? -me preguntó cómo sabiéndolo de antemano.
– Una abortó y yo hice nada por evitarlo. La segunda decidió tenerlo pero tuvo una pérdida en el segundo mes… Fue terrible para ella, casi se muere, estuvo en el hospital como un mes o algo así.
– ¿Para ella?… ¿Y para ti? -su expresión me decía que cualquier respuesta que le diese no la iba a convencer.
– Mira, eso fue algo bastante triste pero yo estaba más preocupado por el a, el bebé nunca llegó a nacer, fue algo natural.

Hay cosas que uno se esfuerza por olvidar y quizás por eso son las que más fácil se recuerdan; yo esperé convencerla de que aborte y cuando se lo dije, lo que me respondió me hizo replantearme todo lo que hasta en aquel momento creía. Ariana. Ella fue la única mujer a la que le dije que amaba y era cierto.

“Yo no voy a detener el milagro de la vida que l evo dentro de mi ser simplemente porque tú piensas que no eres capaz de ser padre. Ni siquiera necesito que lo reconozcas… No necesito de tu pena ni de tu simpatía…”

Fui a verla al hospital días después, cuando ya me retiraba me llamó a su lado y casi al oído me pidió que no volviera, que en nombre de lo que habíamos tenido, que por favor ya no la buscara. No la he vuelto a ver desde ese entonces. La amé –quizás ya no- y eso no contó absolutamente para nada. De pronto es que el amor dura sólo un par de segundos y lo viene después son sus consecuencias, pensé, tratando de consolarme. Hoy lo tengo por seguro que es así.
– ¿Pero no intentaste volver a verla?
– No.

Edén me dijo que lo que yo tenía era un trauma. No lo creo. Pienso más bien que nos ponemos muchos condicionamientos cuando nos relacionamos. He hablado de todo esto con ella y pareciera que por primera vez alguien me ha escuchado sin necesidad de preguntarme nada, sin esperar más de lo que dije, sin esperar más de mí.

A veces pienso en esas dos criaturas que pude tener, lo cierto es que no me pone tan mal como en realidad quisiera. Las imagino esforzándose por aprender a caminar, algo que hacemos casi por inercia; las imagino jugando a la luz de un falso reflejo mientras yo las observo desde alguna sombra cercana, casi sin respirar; las retengo en sus movimientos tratando de inventarles otros, aún más perfectos; les dibujo la sonrisa que no tuvieron para consolarme de una pena que no siento.
De pronto deseo que llueva torrencialmente para salvarme pero muero aún más ya que en Lima no llueve. Siempre me he preguntado por qué pareciera que es la única capital del mundo donde no llueve aunque sé que eso no es cierto.

“Necesito más a menudo esta inmensidad frente a mí… este silencio lleno de ruidos calmos… siempre.” Parada en la orilla de cara al mar, le contaba cosas al viento; yo tirado en la arena detrás de ella, la escuchaba como si fuera un intruso a la vez que contemplaba la perfección en las líneas de su sombra, que parecía querer levantarse y demostrarnos que las sombras tienen un mundo aparte del nuestro.
– Edén, cuéntame más de cuando eras niña… Quizás toda la belleza del momento me aturdió dejándome sin que decirle y se me ocurrió preguntarle esto que, al acabar de hacerlo me pareció insincero.
– No me gustan ese tipo de acercamientos… cuando te lo cuente lo sabrás, no me preguntes cosas así, de la nada, saliendo del silencio…
– Pero tú lo haces… -le dije, justificándome.
– ¿Te estás quejando? O es que…
– Hey… sólo estaba preguntando algo, no necesitas darme todo ese circo con tu actitud de “radical girl”… me jode sobremanera que me respondan con preguntas…
– Qué sentimental que estás últimamente, no me extraña…
Eso en realidad me hirió, de pronto porque era cierto y falso a la vez. Era algo que iba más allá de ella, había empezado a sentir que el tiempo pasaba más rápido solamente para mí y al hacerlo no me daba chance ni de mirar mi rastro, lo que iba dejando atrás aunque esto fuera muy poco.
– Sí, tienes razón. Lo que pasa es que me estás empezando a dar pena. Eres borracha, fumona… eso no tiene nada de malo. Lo malo es que empiezo a sospechar que ni lo disfrutas, que te engañas… por último, es tu problema.
– Nunca pensé que en circunstancias adversas te brotaran así los complejos… es divertido, ¿sabes?
– Si vas a seguir con tu rol o de condescendencia, mejor cállate.
– Tengo una mejor idea. Mejor me voy, ¿no crees? Camino hasta la pista, tiro dedo y me voy… Y me cago en ti y en tus complejos.
– No tienes por qué caminar. Con gusto te l evo hasta la pista -le dije casi riéndome con maldad, deseando en alguna parte, conocida y a la vez oculta de mi ser, que me diga que bueno, para así quedarme allí solo y arrepentirme por el resto del día.
– Gracias…. y espero que pare un hombre solo, así de aquí hasta Lima se la voy chupando todo el camino sin parar… pensando en ti y en tus complejos.
– Te faltan vencer aún muchos demonios Edén, muchos… tu silencio te desnuda, te traiciona.
Sin notarlo, la tarde del viernes pasó casi en silencio después de aquella discusión; sólo en la noche cuando volvimos a entrar a la camioneta volvimos a hablar en la misma forma en que siempre lo hacíamos, como si unas horas antes no hubiese sucedido nada. Hicimos el amor varias veces aquella noche, casi ya sin hablar.
Al despuntar el alba, abrimos unas latas de atún y unos panes que se supone eran el almuerzo; luego volvimos a hacer el amor y leímos poesía: Abolición de la muerte. Empezamos a sentir frío y apretándose contra mí, me hizo sentir la calidez de su espalda, de sus nalgas, de sus piernas entrelazadas con las mías, de sus pies…
Despertamos en medio de una tarde húmeda, completamente gris y triste; el mar parecía no querer golpear la orilla y daba la impresión de haberse retirado algo expectante. Abandoné esa extraña impresión pensando decirle a Edén que mejor sería irnos esa misma tarde.
– No… ¿te das cuenta? -Me preguntó tomando un poco de arena en sus manos para luego dejarla caer por entre sus dedos lentamente, de a pocos.
– ¿De qué?
– Ni bien el clima se muestra hostil, los sentimientos de las personas cambian, así, tan de pronto.
– Eso sólo nos demuestra que somos parte de la naturaleza y que sus cambios nos afectan en la medida que la afectan a ella… No todo evitamos el SER humanos.
Al decir esto encendí un cigarrillo y tomé un largo sorbo de ron que quedó de la noche anterior. Debí haberme perdido por un momento en algún pensamiento, de pronto a lo lejos escuché la voz de Edén que me repetía algo que no entendí.

Fue la segunda semana de octubre. Mauro había conseguido un buen empleo en Chiclayo y me pidió que lo ayudara con la mudanza; tendría que llevarse todas sus pertenencias y era muy inseguro enviar todo por encomienda. La propuesta era que a cambio de una paga que yo consideré justa más los gastos de combustible y alojamiento por dos días en Chiclayo, llevara las cosas que no quería enviar por carga. Era ya un mes y medio que salía con Edén, pasaba con ella casi todo el día, todos los días y empecé a sentir que nos estábamos ahogando muy pronto; necesitaba un tiempo a solas, para replantarme, para dudar un poco más. Sentí que estaba cayendo en la etapa en la que todo salía bien y eso es un mal indicativo; el exceso de luz me estaba cegando, me estaba quedando sin contrastes donde ocultarme para sabes que aún estaba allí. De pronto el mundo se había reducido a ella conmigo y me sentía bien y me sentía ridículo por momentos como un tipejo cursi y descarado portando un ramo de rosas rojas por la calle contando los segundos que faltan para hincarse ante su amada. Me sentía así de mal. Miraba mi rostro en el espejo y me conocía de memoria; escuchaba pronunciar mi nombre y decía “¿Qué?”, pero en realidad ya me estaba anticipando mucho a mí mismo. Tenía que hacer algo al respecto.
– ¿Cuándo dices que vienes? -me preguntó en tono casi desinteresado, mirando hacia el muelle.
– No sé, tres o cuatro días… en realidad es pronto.
– Bueno, tú sabrás… total, ¿de qué se trata todo esto? Bien podrías irte sin decírmelo, no es que tengas que…
– No empieces… no es que tenga o deba, lo hago porque quiero.
– No me interesa, ni quiero saberlo todo… ¿me entiendes? Tú me cuentas lo que quieres y ya, por mi lado yo también… sólo te pido que no me insultes.
– Pero si sólo se trata de tres o cuatro días…
– Ya ves… me sigues insultando… ¿Por quién me tomas? No se trata de que sean dos o tres días o mil… Por favor, no me digas que no pasa nada entre los dos; no me digas que se trata solamente de ti y que no es nada con lo que tenemos… No quiero escuchar eso. Se trata de los dos y tú lo sabes… Es algo personal, lo sé…
– Mira, mañana lunes me voy estoy de vuelta el jueves; no es gran cosa, ¿o sí?
– Puedes venir el otro año si quieres… muy bien sabes que eso es tu problema y yo no necesito saberlo pero hay algo que no me estás diciendo, al final… ¡olvídalo…! -dijo haciendo un movimiento con la mano como queriendo apartar el aire en frente de ella.
Empezó a moverse nerviosamente en el asiento, hablaba como restando importancia a lo que estaba diciendo; trataba de cambiar de tema pero no podía sostener una conversación sin detenerse a mirarme a los ojos y sonreír levantando las cejas como si nada la molestase. Capté tristeza en el fondo de su sonrisa; cada vez que se ponía muy expresiva con las manos, como tratando de convencerme de algo, era que estaba en algún apuro con lo que sentía y tenía que ocultarlo. Esa señal de fragilidad la envolvía en una vaga belleza que me resultaba imposible de ignorar. Era como contemplar a alguien herido, suplicando que no se le haga más daño y eso me causaba un involuntario placer.
Las nubes pasaban delante de la luna, cubriéndola por largos ratos para luego dejarla a la vista de quienes buscan en ella el consuelo –para muchos, acaso el más antiguo y el único- que les brinda la noche. El silencio entre los dos se hizo grueso, casi impenetrable; muchas veces las cosas que no se dicen son las que mejor se entienden.

A la mañana del segundo día de haber llegado dejé la camioneta en un taller hasta el día siguiente; era la primera vez que estaba en Chiclayo y quería caminar o por lo menos hacer más contacto con la gente lugareña.
Una fila de autos, la mayoría antiguos Dodge o Chevrolet, anunciaban como destino final el puerto de Pimentel. Serían aproximadamente las ocho de la mañana y después de tomar un jugo de frutas en la Plaza de Armas decidí ir a la playa. El día estaba fresco, el cielo despejado, no podría estar mal sentarse frente al mar por un rato.
Volví a preguntar por el nombre de la playa.
– Pimentel, señor, la mejor playa de Chiclayo… A sol cincuenta señor…. En diez minutos estamos allá jefe…
Pensé que eso de la mejor playa era lógico decirlo pero de seguro habrían otras mejores, aún así iría a Pimentel, sin imaginar siquiera que allí cambiarían muchas cosas para mí.

– Bueno, saquemos las cosas, la carpa primero… Ayúdame a armarla Edén… -le dije mientras miraba la orilla hacia ambos lados para ver dónde nos habíamos estacionado.
– Cálmate, acabamos de llegar… Ármate un porro, brindemos por la llegada y después hacemos tu carpa y todo lo que quieras.
No había gente acampando en las cercanías, daba la impresión que no había pasado nadie por allí pero de pronto la bocina lejana de un bus en la autopista me hizo regresar a la realidad.
Fue un espejismo verla salir del mar. Edén se había recostado a mi lado y quedó dormida balbuceando no sé bien qué maldiciones a qué personas mientras yo miraba con detalle cada comisura de su cuerpo y sentía que nos pertenecíamos. Lo imperceptible de su respirar le daba una apariencia de fragilidad aún mayor, de algún modo presentía que esa primera noche iba a ser distinta.
Es curioso como una botella de vino y algo de fumar pueden abrir puertas que te lleven incluso a sentir temores placenteros y dolores excitantes.
Aquella noche, a escondidas de mis miedos, preparé una velada especial para el estreno de unas posturas sexuales que, se me antojaba pensarlo, prometían muchísimo placer.

– Esas chaquiras que vez al í son todas originales. Yo mismo las he huaqueado… son de esta zona.
Celestino, orgullosamente huaquero y chamán, había nacido en Ecuador pero pasó casi toda su vida en el norte de Perú. Su aspecto era pétreo y su voz era áspera y firme, como si siempre estuviese sentenciando lo que dice aunque sus largas pausas al hablar hacían, al principio, que uno quede en un ansioso limbo que terminaba cuando sabiamente resolvía alguna duda o simplemente daba un dato histórico.
– Los Cupisnique… siempre sueño con sus arañas trepando los muros de sus templos… Es un sueño que siempre vuelve.
– ¿Te atacan las arañas? –pregunté mientras observaba los curtidos pliegues de su bronceado rostro.
– No. Nunca me atacan. Solo las veo que pasan… miles, muchas.

Miraba con atención las cosas que Celestino tenía. Piezas de cerámica y orfebrería que fue guardando y fotos de otras piezas que fue vendiendo a coleccionistas; telares incompletos, collares, anillos, aretes hechos de huesos de aves y especies marinas y alguna que otra antigüedad virreinal. Me llamó la atención en particular un cuchillo de combate medieval por los ornamentos de su empuñadura.
– Mil kilómetros…. Casi todo es desierto y aun así fueron grandes ancestros. Nos dejaron un legado que no podemos ni siquiera igualar…. Mil kilómetros, muchas veces…. Y las mujeres…. Las mujeres…
– ¿A qué te refieres con “mil kilómetros”? -pregunté algo confundido.
– Ellas tuvieron el poder por mucho tiempo…. Gobernaron en grandes extensiones de territorio…. Decidían la vida y la muerte…. De ellas viene toda la sabiduría.
– ¿Por qué “mil kilómetros”, Celestino?
– Y las arañas… siempre las arañas. En el as estaba la vida misma…

Me resultaba difícil sacar a Edén de mi mente. Escuchaba su nombre en la brisa que me golpeaba el rostro. Y no es que extrañara que estuviese allí, de hecho me sentía a gusto pensando en ella pero al mismo tiempo sentía que estaba bien que estemos distanciados y esa sensación me daba un poco de temor. ¿Sería que no la amaba? Me llenaba de dudas. Recordaba con especial detalle la última vez que estuvimos juntos. Creo que a pesar de toda esa noche que pasamos teniendo sexo intenso, sentíamos los dos que nos estábamos acercando al final de nuestra historia. Un halo de tristeza nos invadió al terminar extenuados uno al lado del otro y darnos la espalda. Luego de unos largos minutos de quietud me di vuelta y empecé a acariciar su cabellera, casi imperceptiblemente para ella y al asomarme temerosamente sobre su hombro izquierdo, noté que lloraba en silencio con la mirada puesta en ningún lado, vacía.
– ¿Sabes? El otro día Clarisa me preguntó si de veras te amaba.
Edén solía romper silencios incómodos de esa manera, de la nada. He llegado a creer que es un mecanismo de defensa ante esos silencios hirsutos

 ¿No era que amar es no poder sentirse bien sin el ser amado cerca de ti?

– El hombre en estas costas desiertas tiene mucho más tiempo de lo que la gente cree… Incluso desde antes que haya costa… El tiempo es infinito para el futuro y para el pasado… es un gran círculo que se cierra más al á de lo que podemos imaginar en tiempo y espacio. No podemos… pero el tiempo va y viene.

Esperaba con nerviosismo mi vuelta a Lima, estaba ansioso y no sabía bien el por qué. De pronto eran las ganas de ver a Edén, de abrazarla, de respirar su olor, de comerla a besos, de sentirla completarme en silencio, de humedecerme entre sus murmullos, de sentir ese placentero dolor que me provocan sus uñas y sus dientes. Ella estaba presente en mí de una manera absoluta, aun así sabiendo que nunca me diría quien realmente era, sus verdaderos deseos y metas. El lugar secreto que ella tenía era inalcanzable, inubicable. Solo quedaba esperar a que me dejara entrar algún día y sabía que eso no era posible; no se le puede pedir a una mujer que vaya contra su naturaleza. Y yo ya sabía que amaba a Edén y por lo mismo la iba a dejar ir, para siempre.

Esta historia ha sido construida sobre datos recogidos en muchos lugares, escuchando a quien quiso ser escuchado, en viajes inolvidables que me sugirieron que tendría que poner esas cosas por escrito y compartirlas con la inmensa minoría de los míos.

– Ernesto Muro

Manu

I
Fly from the west – soar down Peru’s dusty spheres,
Cusco – hard town, alpacas rest, altitude dares.
Now to replenish the current, now come,
Must reheal, needs conserve the Amazon.
Eagle upon high, I meet with Andean glare –
Mask upon stones – thin signifiers, thin air.
Car exchange, what whites here be smuggled?
Take sharp turn, pass by Inca struggles.
From range to range we rove, by cacti led –
Stop here, see skies, water, break the sweet bread.
Salvacion – within the jungle it snakes, simple streets,
Casual vultures scan the land, boys and dogs play, lizards sneak.

II
Ceaselessly drag by, beaks dart before red-breezy, lofty clouds,
Round still, close-linear, weepy mists the dark green softly shroud.
Slender cecropia branches outstretched, ‘tis slight, some storeys,
Stirs to the parrot, its vantage, ‘tis backed by azure glory.
At a sudden, there moving throughout the wood,
Twixt leaf and peeps, spindly raucous neighbourhood.
Green swooping bird, perches afar, soon turns, soon sings,
Why not then straight-plumed into sheer canopy flings.
Back to the trunk I look up, too many arboreal shapes to focus my gaze,
All caressed by kind beams, blurs the edge, shaded points swirl to and fro, nestle in lustrous haze.
But just above, soundly clinging in the din,
Silky silent grabs of brown capuchin.
Skip through the world’s lungs, I draw charms sweetly,
Sleek-tipped butterflies flit via palms neatly.
Doubtless by ear, always by eyes to miss,
Seething murmurs of small-eyed populace.
Deep in the stems, loose-grounded, therein breeds,
Teem in the air, drop to the growth; fair seeds.
Jungle breathes, lives, mostly non-visible signs –
Hoatzins crash, perfumes buzz, draw bites, smell the swine.
Pitfall! Chuck the spill, check, spell the possum,
Next step, muster, duck each zealous blossom.
From the verdant war, escapes to the flint,
Hops in the melting noon, braves its fierce tints.
Occasional, now clear:
Day-moon sober but sere.
Roll through utopia, at a saunter –
Light soles, light soul, clean thinks, clean laundry.
At the lodge, dinner, day’s good strolls confess,
Some jokes, candle, molls, a game of chess.
Coffee, work discuss, wrong talk I pardon,
Ponder bees, raincoat, walk in the garden.
Softly ignore the modest rain-sheets,
Ripple-blazes main distract, drenched in heat.
High as sun, wing-songs paddle lush airs, but hence, believe?
Quiet hummingbirds straddle each swing bush fast-gently.
Time falters, lack pendulum to set rhymes,
Only slack Oropendula’s wet chimes.
Back forth thus molten sky crux is volleyed,
Sheen, thrust-merged, seeming flux, would be solid!
Yep, the day may speed mellow,
But not so, feathers red and yellow.
Amusement, those minor orbs hung in indigo.
Curve-honeyed sweeping malevolent glow.
Swagger midst vine, swerve shadows, steeped in bog,
Thrash dagger, bestir a poison dart frog.
Put torch to the noir, bring out pupils, skins,
Crawl beyond the log, record their patterns, tinge.
Skilful forest wandering, mournful call at night,
Darkened rustlings – jaguar perchance, out of sight.
Wide ranging light arrow, strikes clean, ‘fore the sonic,
Champion thunderbolt’s aloof recognition laconic.
Can you spy our crescent, sat on wispy shelf?
Unsound atmosphere, soundless, gathers itself.
Pacas, tapirs, they sprint in the black thrall,
Where they flee, what spiders, do boas curl tall?
Rasping squawk, sliding strains, clay chirps, echo dim-sparse,
To feel with brain sprung shimmered audible collage.
I remember there, brilliant petals lined the floor,
Ocelot footprints made their way – took note, signed the score.
Senses on thrust, all-crawling, hundred on slant,
Tiny line, silent steps; behold leaf-cutter ants.
Tenacious terrain, stumble, kick the boot,
Tumble sometimes, up-and-down, trip the root.
Careful now; nigh poised within viscous soil,
Stare him down, toy with stripy vicious coil.
Grounded leaves are broken, twigs are feeble,
In plight of restless mean-turquoise beetle.
Rest a moment, they white-eyed parakeets I saw?
No, hear its call – ‘tis the blue-and-yellow macaw.
Spot to spot, views open out to highland,
Eat lunch, consider calm flowing diamond.
Past the bush, at a rock’s throw, encamped in maroon,
Pours into the hole, lowly green-sinky lagoon.
Across the clear – contrast to forest’s still,
Weightless fury – flaps by neon-cobalt thrill.
Seen on the stone, thick glint, metallic blue,
Peels away, dragonfly of rapid hue.
Seeping in parts, dancing, leaping streams,
Keep sharp, see prancing salamander gleam!

III
Easy to be ‘whelmed by Amazon’s vibrant power,
Wheel around in trees, view the scents, hear the flowers.
When we lose the track, out of step, world at schism,
Spin there, check the line, keep the tack, grasp the ribbon.
To plant the seed, shed the bad, have the verve,
Learn in one – protect the reserve.
Between us and nature, impossible is severance,
How why therefore break it, where is our reverence?
To sustain, not profit, should be our topic –
Digits rocket – all the while, tropics dwindle.
Away I go, recall those cloud-pufts simmering,
Bird tweets like multitudinous gems glimmering.

– Jack Snoddy

C19

Tiempos difíciles llevan los vientos.
Las maravillas las recorren los lamentos del botones.
Las calles asfaltadas están semisecas de muchedumbre, llenas de vientos.
El sendero virulento lo recorren: pobres los ignorantes,
          Informados, los ineludibles héroes de lo que traen los vientos.
Se enjaulan humanos, se echan al viento las aves, copulan los osos.
Los besos y abrazos se dicen ser armas, alejarse es ahora un acto de amor.
Las distancias siguen siendo sociales.
El hermoso mendigo de la silla de oro, no se siente atendido.
Se subsidia la pobreza, pero no se satisface el hambre.
¿La democracia, busca en el capitalismo, socialismo? ¿Qué vientos son estos?
Al oriente de Mao se le sigue viendo culpable de lo rojo que se tiñe el mundo.
Los Estados a los que Whitman dio voz, ya no sabe de amigos, refuerza intereses.
España ha bebido del cáliz. Tiempos difíciles.
Las góndolas flotan en aguas claras del Gran Canal,
          se renace cremando senectud. Dolores se llevan los vientos.
Ecuador no encuentra formol para sus errores. Hedores se llevan los vientos
Pasamos, de las marchas, a las distancias.
La humanidad,
          no necesita del hombre ¿necesita del hombre humano? Necesita del hombre humano
Los vientos llevan los tiempos difíciles.
El tiempo trae cura.
La cura para la desesperanza: poesía.

– Jhiwsell Vargas

SOBRE EL AUTOR:

Comparto lo poco que aprendí. Busco con las letras lo que no encuentro con los números.

Día 1 de 40: Tengo miedo

Tengo miedo…
de olvidar tu alma
en otros ojos,
de arrancarme tu sonrisa
como un poema de mi cuaderno.

Viajar libre,
sin tu carne,
sin tu suspiro,
sin tu frío cariño,
hacia el otro lado del olvido
dónde te dejaría en paz.

Si añoro
diseccionarme entre tus besos…

Tengo miedo…
de olvidar…
si en tus ojos
perpetuos
se grabaron los míos,
además de mi fe,
alma,
sangre
y suspiros.

– Jhiwsell Vargas

SOBRE EL AUTOR:

Comparto lo poco que aprendí. Busco con las letras lo que no encuentro con los números.

Manifiesto posmoderno gatuno

Escuchad hipsters, anarcopoetas,
diletantes supremos
escribo desde mi teclado Genius
pero no me creo mejor que ustedes
he transigido tanto
como el peor de los escritorzuelos.
Yo fui sindicalista, agitador,
editor de fanzines y de diarios
de muy escaso tiraje
he alimentado mariposas y aves
en el crepúsculo de la nostalgia
escuchando a Herb Albert & Tijuana Brass
(“El Toro Solitario” es un gran himno).
No busco distraerlos
ni apartarlos de su mundo online
lleno de microchips
muy alejado del ☼
solo estoy haciendo un llamado urgente
mientras recupero la plusvalía
que me extraen a diario.
La humanidad entera está en peligro
y no precisamente la del mundo online
Esto ya lo señaló Ferlinghetti
y mucho antes otros.      

Escuchad hipsters, anarcopoetas,
diletantes supremos,
jóvenes millennials
las luciérnagas brillan
más allá de los hilos de fibra óptica,
el verdadero cambio de estructuras
se dará cuando dejemos
salir nuestro instinto gatuno
refractario a la autoridad central.
No podemos sublimarlo más tiempo.
La autoridad central es enemiga
de todo lo gatuno.
No estoy inventando nada que alarme.
Los gatos son disidentes innatos.
El gato no dejará de cazar
palomas incluso si la revuelta
toma un curso vegano.

Escuchad hipsters, anarcopoetas,
rabiosos activistas:
Es el tiempo de la desconexión.
Es la hora de la revuelta gatuna.
Acudid a los viejos luchadores.
Ellos conocen de padecimientos
y han sufrido la violencia estatal.
No se han acobardado ni han transado
por prebendas con tiranuelos tránsfugas.
Ellos no se han vendido como hetairas.
Ellos siguen amando la poesía
y lo gatuno que existe en cada uno.
Benjamin Tucker debe ser leído
igual que los hegelianos de izquierda.
La lucha de clases no es un mito.
Los dueños de Topitop lo comprenden
y los sindicalistas.
La minera Yanacocha lo sabe.
La Telefónica está convencida.
La Confiep ha comprado
izquierdistas y antiguos petardistas.
Ha comprado policías,
periodistas, ministros,
miles de activistas.
Qué sentido tiene ir a recitales,
embriagarse y posar para la foto
como si el mundo fuese Disney World.
Escuchad vuestro fino ego gatuno
y cuando todos callen
ante el oprobio vil,
orinad en palacios, municipios,
iglesias, cuarteles y ministerios.
Y llevad adelante la revuelta
como un gran individualista anárquico
de siglos anteriores.

– Márlet Ríos

SOBRE EL AUTOR:

Márlet Ríos (Piura, 1977): Escritor, editor y traductor. Ha publicado La balada de Crates y otros poemas, Como barca encallada en la arena, Senda de la desesperanza y Ancestros. Ha publicado poemas en Ónice, Bocanada, La City, Círculo de Fuego, El Bosque, TXT, Conexos (Miami), Tajo, Bosque de latidos, Vorágine (Antofagasta), etc. Sus poemas aparecen en Ausente ardor de arena & algarrobos. Antología de la poesía piurana contemporánea y en Poetas del algarrobo. Editor de Como el viento cabalgando al sol. Primera antología de la literatura de Salamanca de Monterrico. Administrador del blog http://cerosoccer.blogspot.com/

Cuando te vi desnuda

Tu piel me sacude
con tanta ternura y me
emboscan tus
ojos pequeños
que
caigo
en
ti
inevitablemente

entonces llega la noche
en
el (silencio) de tus muslos
y abres –no-
tu boca –no-
pagana –no-

Mi bajel que a punto estaba de
izar las velas para enfrentar
tu cérvix
entra en parasismo:
el
orbe es vasto
y
tú –tristeza-
tampoco
eres oro

tu cuerpo es
una baratija brillante
más

¿De
qué sirve, entonces,
que
mis manos
dibujen
meridianos
en tu cuerpo
que
lo que yo busco de
caprichoso

portento

presumible

quieras reemplazarlo con tu rostro de miel?

Si hasta la grana
de
tu cielo húmedo me ruega fertilidad, 
pero
– tristeza-
ese apresto no tendría tierra
buena

Bien, tráfago: si mantienes tu lengua
clausurada

Mal, tráfago: de mi soberbia imposible ante
tu ignorancia

Y
mi alabarda cae al suelo, si hablas

Hiperión
me juzgas
no soy más que un peón
niobe,
el ronzal de mis huesos
nada más

pero busco a Nemea,
quiero
el agua de Leteo

y
si en tu jubón no caben las alas
porque
no las tienes
(lo sé, una bofetada no sería suficiente si
entendieras
de ignominias)

si
en tu tesitura
no encuentro a Eos,

plancharé
mis quejas y
me
iré
pronto.

– Maggie Oré

Cobarde

Pueblo de nadie,
fui una de ellos,
no corrí tras de ti
cuando el cielo se rompió
como un cristal
encima de tus hombros,
al perder a quien tú amas
aquella noche de marzo.

El hueco de tus pasos,
la música de tus lágrimas,
tu pena,
es todo mi pensar.

Mis ojos fueron las nubes negras
de un millón de tormentas
a las dos de la madrugada,
también puedo sentir de ella sus
reminiscencias en mis paredes,
tan cobarde fui,
mas respirar es tan difícil,
difícil para mí
verte así…

El fuego come la vieja casa de muñecas,
aquella de mi infancia
que hoy está ya tan lejos,
no existen más nuestros juegos,
cobarde fui al no buscarte.

En tus hombros cargaste su lecho
de madera,
y yo sólo sentí tu alma morir.

Cobarde soy por no cuidarte,
cobarde soy por no estar,
por callar tus gritos.

Este lugar parece otro,
sin ti, sin ella,
el azul  de este cielo
no es el mismo que
vivimos hace veinte años,
ni tú ni yo somos las mismas.

Otro final desearía escribir
a esa triste página,
regresarte el tiempo, jugar a ser Dios,
él no va a responder nuestras preguntas,
no por ahora,
si yo fuera él recuperaría la pieza
de la fotografía que faltará
hasta tu último día.

Soy un cuervo que evita tu perfume
al volar entre laberintos,
mas siempre regreso a ti,
mas yo he de huir
porque aún no puedo encontrarte
con tu corazón a la mitad,
porque tan cobarde soy yo,
tan cobarde fui.

– Krizia Tovar

SOBRE LA AUTORA:

Krizia Fabiola Tovar Hernández nació en el Estado de México, en 1996. Algunos de sus escritos aparecieron en las revistas Reflexiones Alternas, Poetómanos, Awita de chale, Perro negro de la calle, MÁS Literatura, El morador del umbral, Prosa Nostra MX, Collhibrí, Teresa Magazine, Circulo literario de mujeres, Clan Kutral y El templo de las mil puertas. Actualmente estudia el último año de la licenciatura en Ciencias Humanas en el Centro Universitario de Integración Humanística.

Cuando bailo

Son dos pasos dudosos,
Son dos alas con miedo,
Al son de un violín viejo,
Dando pasos de ciego.

Empieza con torpeza mi danza,
Con dudas en los dedos,
Con temor a que me vean.

Mas cuando la música suena…
¡Que explosión en el cuerpo!
¡Que ganas de alzar vuelo!
¡Que ganas de llevarme la vida por delante!
¡Que ganas de ser yo de nuevo!

Olvido porqué lloraba en la mañana,
Olvido porqué dudaba en la tarde,
Olvido porqué gemía en la noche.

Porque al son de un violín,
Mi vida tiene sentido.
Porque mis pasos,
No son míos,
Son los pasos de algún dios.

Porque cual Hermes,
Las alas me crecieron en los pies.

– Marcia Castro

Esbozo de un sentido estético post-indigenista

Es sabido que las vírgenes, niños manuelitos y demás parafernalia religiosa constituyen el grueso del “arte fino” cusqueño. No habido en estos lares una tendencia propia, fuera de la colonial.
El indigenismo ha querido remediar los cólicos producidos por beber leche de madrastra.
Ha sido un hurgar dentro de la identidad serrana, pero no un fin en si mismo.
En otras palabras, el indigenismo ha mostrado las múltiples sendas hacia la identidad peruana: Chankas, Qollas, Wankas,…No, ni sierra y menos aún la selva constituyen monolitos de identidad.
Un indigenismo  – neto – es una pluralidad de idiomas, usos y creencias.
Los incas no fueron indigenistas, al querer absorber dentro de su régimen otros reinos.
Así, lo indígeno no puede ser sinónimo de lo inca.

De ser así, el indigenismo de vieja guarda degeneraría en un post-modernismo nebuloso.
No basta con retratar “indios” de forma costumbrista. El ser indigenista es ser sicólogo, sociólogo y sobre todo contestatario frente a los monolitos de la identidad.

¿Qué significan estas reflexiones para el arte cusqueño, ya sea el popular o el académico?
Fundamentalmente, significa salir de lo quechua como arquetipo del arte. No significa destruirlo, pero si de-construirlo en sus matices, que naturalmente existen. Entre Sicuani y Quillabamba hay un océano de signos perdidos. Si bien la modernidad occidental ha tenido asiento en el Cusco urbano, aquel Cusco de poco mestizaje y hacendados, ahora la modernidad extiende sus brazos (¿o tentáculos?) hacia lo indígena. Facebook, Instagram y Google se abren camino en lo más adusto de las sierras y junglas cusqueñas. Lo indígena ha sido fecundado por la modernidad, es el deber del arte hacer de partera.

Finalmente, la supervivencia de la identidad quechua en el turismo resucitaría el “monolito”.
En el mundo globalizado del turismo, las identidades indígenas son marcas – como la Coca Cola. Los franceses son dueños de la marca que incluye la torre Eiffel, el Louvre y los cafés parisinos. Lo más sensato – según los oráculos del mercado – es persistir en nuestra marca, hablar de lo quechua y de lo inca como lo pétreo e inmutable. Este discurso es cómodo para el turista, y sus guías, evita el embarazoso tema de la violación masiva de mujeres quechuas por los conquistadores, el desprecio de los quechuas por los “salvajes” de la selva, y el actual fenómeno de la migración rural.
Pero para un arte, es necesario trascender la marca, acaso, desgarrarla.

– Gonzalo Ale