La muerte del sol

Siento

La brisa recorre violentamente mi cuerpo con un golpe de ira inmaculada que solo tú podrías lanzar, me desestabiliza, me impacta destrozando mis entrañas, mi mente y mi corazón. 

Me transforma en un ser decrépito, agonizante, jadeando y botando rayos de espuma.

Veo el cielo azul lleno de nubes, el arrebol se forma con la caída del sol, mi caída, esperando renacer para mañana.

La noche será larga, la luna remplazará esta canción para mi muerte.

– J. Martín

Óleo sobre tela

Me gustas cuando callas y estás como distante.
Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:
Déjame que me calle con el silencio tuyo.

– Pablo Neruda

No creías en nada, Laura, antes dudabas de nuestro sublime romance. Hace algunos años, tenías una posición incrédula y yo no conseguía descifrarla por el sucinto silencio tuyo. Menos mal, sucedió toda nuestra pasión entre ambos, yo haciendo como hombre y tú renaciendo como mujer. Nuestro ardor fulgía, mientras mi alma te descubría, cuando mi amor te prefería entre un sueño de pureza. Fue durante nuestros bellos recuerdos de fantasía cuando se dio nuestra magia idílica. Ante ello, yo no discuto más los pasados paralelos. Esta vez, mujer, larga nuestra dulzura, sola nuestra confianza, se hizo latente con evocaciones imperecederas; se volcó en nuestras alucinaciones solamente lúcidas. Y claro, que fue elevado nuestro abrazo de intimidad ardiente. Además, fue tan vívido y preciado para ambos, que voy contártelo otra vez. Por cierto, hoy te digo un secreto más de lindura; mi recital inmediato, va a ser más preciso y descriptivo, antes que nuestro primer día, cuando nos sentimos juntos, cuando nos supimos enamorados, atrás de una vasta lejanía. Aquí recomienza entonces, nuestra historia encantada, hermosa mía, mi mujer de las muchas existencias.

Si mal no recuerdo, la noche de aquel jueves anhelante, estuve recostado contra el camastro de mi cuarto umbrío. Me envolvía en las sábanas de arco iris, mientras en los pies las sentía suaves, un poco frías. Luego, decidí erguir un poco el cuerpo hacia el espaldar rojizo del descansar. Lo hice sin saber cómo me dejaba llevar por la soledad de la noche, una noche muy taciturna y ella muy espejada. Acomodé así entre las rutinas, una almohada de plumas atrás de mi cabeza. Esperé algo bueno por hacer entre el espacio sereno. Del mismo instante, quise tomar el poemario de Neruda, que estaba encima de la repisa de caoba. Estaba al lado derecho mío. Pronto lo acerqué al rostro lánguido. Lo abrí con suma elegancia. Comencé a leer; Me gustas cuando callas a medida que salían unas nebulosas del cielo limpio. Yo repasaba ya las frases en verso suavemente hacia mis ojos fugados. Todo el canto iba al ritmo impuesto por el poeta inmortal. Su armonía parecía contener unos bajos deslices de nostalgia. Por el demás gusto, fue tanta la belleza artística, que hube de llegar al estremecimiento de sentirme absolutamente deslumbrado y quemado por el fuego astral. Así entonces, mi propia conciencia se vio arrastrada por la altura amorosa del verso final.

Una vez terminada la última estrofa, no contuve la pasividad. Amor, elevé un poco la voz de este gran artífice áulico. Evoqué otra vez el poema con rubores en las mejillas. Percibía mi voz rumorosa, deshilándose desde esa única emoción poética. Del hecho, santo fue como volver al pasado del universo llenamente nuestro. Laura, fue estar reposado entre tu mariposa flotante, fue como verte en verdad, abajo de mi ulular fantástico. En cualquier caso surrealista, no sé bien como nos bebimos nuestra lluvia de vida. Sola te profesaba cerca de mí y sola te sentía, adentro de mí, amada adónica. Todo se nos daba sobre unos tiempos indecibles. Era divino acariciarte junto a tu intimidad femenina. Cada danza de cuerpos ajenos, vibraban en una unión espiritual. Luego del último grito, te alejaste del placer y me dejaste ebrio de placer. Y yo, volví otra vez al presente y dejé el poemario al lado de otras obras maestras. De repente me supe cansado volviendo a una llenura en ausencia. Me pensé solo y sufrí tu ausencia, mirando hacia el tejado de las lunas impresionistas. Así pues, que decidí presionar ya el interruptor de la luz del cuarto y sin ningún fin, me recosté en la lentitud relajante del lecho blándido.

A esa hora, sólo apreciaba por atrás de los ventanales del recinto, algunas estrellas sin distancia de luminosidad. Y otra vez lejana tú y tus besos febriles. Aún pensaba en vos sinceramente. Aún me quería en tu nobleza y yo paseando con los dedos tu sonrisa de blancura. Seguía amándote desde lo distante con presunto cuidado. Te figuraba ahora entre el pensamiento, bajo la negrura de mis ojos recién apagados. Luego comencé a sentir un agradable adormecimiento que procuraba distanciarme de a poco de aquel sitio agonizante. Me fui alejando de la habitación forzosamente. El sueño me sacó del dolor oscuro, donde antes se ahogaba la muerte. Del otro espejo viviente se abrió entretanto un mundo desconocido. Ya me soltaba con cuidado hacía sus maravillas inhóspitas, se desvestía bajo una lentitud acompasada y entre una intensidad eternizada. Pero a la vez, todo pareció suceder fugazmente, hacia mi videncia. Laura, mientras entraba más y más hacia lo hondo de paisaje vaporoso, yo recorría a solas el sendero de un bosque con un traje negro. Iba yo como sin un rumbo escogido. Y cerca de mí, escuchaba el crujir del césped a cada paso andado. Además, parecía que te estuviera persiguiendo con locura porque mi alma siempre te ha amado. Tú lo sabrás más que nuestro corazón sin coraza. Aparte, antes del principio creador, te anhelé desde siempre con sobrada vehemencia, te quise con una esperanza abrazadora. Por esto bello, la brisa del paraje era ligeramente fría. Volaba acompañada por un olor perfumado a flores invernales, ellas flores, siempre impregnadas con pureza angelical. Y tan sólo yo y la tristeza, que se me agolpaba en el espíritu, durante este recorrido incierto. Por esto bello, se me venían las lágrimas como una avalancha de nieve arrasadora.

Ahora, yo esquivaba unas ramas de cipreses frondosos. Al tiempo, exploraba la selva más bien primaveral. Trataba de mirar una y otra vez hacia el horizonte perlado y hacia toda su inundación de frescura. Pero mi confusión era sincera, no veía con sincera claridad. El cielo del cielo, se removía sutilmente nublado como si fuera una ceguera inmaculada. Había además una bruma espesa, revolviéndose en la atmósfera ondeante, rodeando las hojas azules y los troncos boscosos de esta naturalidad edénica.

Así por cierto, debido al deambular mareado, escogí tomar por un paraje extremo del bosque, originado con madrigales. Ahora allá, rebasaba varias rocas revestidas con musgos babeantes. Sorteaba durante el mismo camino, un arroyo de agua trasparente y repleto de peces rojos. Todo este paraíso de unción, se hacía más fijo en realidad. Lo percibí un poco tangible, mientras me sentía otra vez exhausto en esta perfección existencial. Desde lo individual, me impresioné por obviedad y renuncié a la búsqueda tuya en este escondite. Afortunadamente, para mi incierta ansiedad, resolví recorrer otras cuantas praderas intensas. Aparte, había descubierto a lo lejos, una cabaña de maderas antiguas, mientras más allá de la otra orilla, aparecía un lago finamente plateado, era un lago místico y algo apacible.

Así entonces, fui solo hasta allá, haciendo uso de una exagerada precaución, entre la bruma maleable, entre la quietud nevada. De paso a paso, fui reconociendo la cabaña sin ningún habitante y de una vez, estuve andando por las afueras de aquel hogar descuidado hasta cuando vi un escaño de metal, escondido entre varios arbustos de abejas, entre pequeñas rosas violetas y otras vegetaciones, sembradas a un rincón de la puerta desvencijada. Supe próximo este asiento de relajación. Luego, resolví recostar allí, mi cuerpo ajado. Descansé un poco la mente mientras volvía a evocar tus bellos encantos de mujer; Laura. Y cierto, Laura, estiré mis brazos de piel morena hacia los costados y entrecrucé las piernas. Al mismo presente, observé un brillante rebrotar de mañanas entre vuelos de cisnes, cantando ellos bajo las nubes pintorescas, cortando las auroras invisibles. Divisaba enseguida el reflejo de unas altas montañas que parecían mecerse en ese mismo lago de olas leves. Ya a mi vez, volví el rostro, justo al frente y de golpe, aprecié todo este cuadro milenario, queriendo recortase vertiginosamente. El sueño atractivo, Laura, sin embargo allí, no acabó con la magnitud. Yo hice un máximo esfuerzo por volver a ese espacio increíble otra vez; sólo por vos procuraba revivirlo en los instantes salvadores. Sucesivamente percibía que la acción inmediata resurgía como leves nociones de fijación. De un solo chispazo entonces, te descubrí, mi enamorada, pude contemplarte con tu alta figura de belleza proviniendo del lejano mundo. Venías ahora, recorriendo un sendero de arena por entre los árboles tupidos de matorrales. Te acercabas junto a tus pasos lentos hacía mí. Venías ondeando tu cabellera castaña. Hubo pese a todo, otro apagón violento en esa instancia. Se hizo con un sentido palpitante. Al corto tiempo, regresó completo el espejismo y tú regresaste a mí. Te hiciste al lado mío con delicadeza; nos aferramos a nuestras manos, nos besábamos como si lleváramos muchos años de estar juntos. Tenías el vestido de coloraciones blancas, que tanto me gusta verte; te quedaba muy precioso y te queda muy hermoso. Se te hace todo digno a tu elegancia celestial. Luego, te aproximaste más y más hacia mi hombría. Te viniste encima de mí con timidez y me abrazaste con calores tiernos. Al otro sublime encanto, me susurraste al oído: Amor, vamos a pasear por el edén, quiero recibir la brisa, quiero contemplar los pájaros azules. Ante la petición tuya, aprobé el antojo tuyo; sin vacilar nunca. Sin pensarlo una sola vez; te dije que sí, te amé en verdad. Así que ambos nos levantamos enlazados, nos alejamos felices del pasado, hacia los cipreses danzantes del bosque.

Ahora, no hay más recuerdos legendarios. No sé tampoco cuántos siglos llevamos reunidos en nuestro sueño sereno. Sólo más bien, hoy sé que me gustas, que cautivas cuando me abrazas, que encantas con tu presencia, cuando vienes otra vez y me despiertas, atrás de la otra realidad, entre un beso y entre muchos más besos. Y hoy me sé embelesado, hoy me siento enamorado porque ya estoy contigo, hoy estamos por fin juntos, adentro de nuestra fantasía. Y hoy estoy alegre, alegre de que nuestro amor sea cierto; Laura, novia mía, mi Laura virgen.

– Rusvelt Nivia Castellanos

SOBRE EL AUTOR:

Rusvelt Julián Nivia Castellanos nació el 24 de septiembre de 1986. Actualmente reside en Ibagué; Tolima, Colombia. De profesión es Comunicador social y periodista, carrera que estudió en la Universidad del Tolima. Ha participado en el Taller de cuento Hugo Ruiz Rojas en la Universidad del Tolima y en el taller de Relata, Escribarte, Ibagué.

Último cariño

Después del cariño solo el último estío,

y el amor dejado no da razón de olvidos,

no parece justo el proceder sombrío.

*

En la puerta queda la piel del último cariño,

en que entrara yo para tu vil designio

y quedaras tú marcada por tal sino,

tras la puerta del amor, sin fe, ni cruz ni corpiño.

*

Volver al sitio del eterno corazón contigo,

reclamar los labios aunque polvo perdure el beso,

no tiene caso el fuego si en la luna te persigo

para borrar con tiempo la razón de tu embeleso.

*

En tus ojos cada instante de amor perdido,

con los años y el dolor en el pecho hendido

y el final del último cariño prendido.

HERKUMBL

Otra vez estoy en el campo de batalla

Otra vez lucho en desventaja

Otra vez busco mi entrada al Valhalla

Pero esta vez es diferente

No busco una lucha sin sentido

No busco honor individual

Ni busco el reconocimiento

Ahora estoy en las calles

Mano a mano con mis hermanos

Luchando en desventaja de armas

Estamos en pie de lucha por nuestra patria

Salimos otra vez a la calle

Salimos a gritar

Salimos a reclamar

Salimos a derrocar al dictador

Hemos tenido bajas

Los grandes Inti y Jack

Se nos adelantaron con los dioses

Y justo por ellos seguiremos adelante

No bajaremos los brazos

No silenciaremos las gargantas

Nuestro enemigo es la corrupción

Y hasta ver su fin no nos rendiremos

Hasta ver su cuerpo helado

Hasta que deje nuestra nación

Solo en ese instante descansaremos

Y como hermanos abrazados

A nuestra casa regresaremos

A contarle a nuestras familias

Que conseguimos la victoria

Y que el Perú será grande otra vez.

El álter ego y la gracia olvidada

Hoy la vida perdió un poco más de su gracia.

Eran las 7 a.m. y no había sonado el despertador. Es normal esperar que todo se repita, que salga el sol, que encuentres agua en el grifo y que puedas repetir, distraídamente, la usanza de los últimos tiempos.

Hacer lo mismo sin experimentar el factor sorpresa. No soportas esperar para luego regocijarte con una sorpresa…

Nunca miras la tele, especialmente porque a ti no te gusta la política, ni el fútbol, peor las clases de cocina televisada. Cualquiera diría, que no te gusta nada.

Te gustaba leer, antes de que el mundo fuera mundo. Eso yo lo sé. Te gusta leer. Anoche leías el poema de Huidobro y te quedaste dormido. No es que no te guste… por gusto, por simple gusto, ya leíste unas veintitrés o veinticuatro veces el poema entero. Anoche pasó algo. Anoche te quedaste dormido, en el canto I.

[1]¿(…) por qué perdiste tu primera serenidad? \ ¿Qué ángel malo se paró en la puerta de tu sonrisa \Con la espada en la mano?”

Tu inconsciente es el lugar en que se almacenan todos aquellos recuerdos que deseas apartar y que no son accesibles conscientemente. Es donde guardas, las cosas que nunca hablas. O la verdad verdadera, de todo aquello que haces público.

En nuestra adolescencia inmaculada, creíamos que había un único camino…1977 o 78. Escuchábamos música toda la tarde y por las noches, apenas dormíamos. Los primeros cigarrillos, rara vez, alguna hierba mala… la seguridad de ser uno y ser millones, sin saber de lo agridulce que es la vida. Éramos felices y ni sabíamos. Después, empezaste a percatarte de tantas cosas. Te volviste rebeldía, más por imitación que por conciencia…

Nunca rezaste. No crees en plegarias muertas… ¿Anoche te vi de rodillas rezando? No sabes todo lo que te pasa, no lograste alcanzar el silencio, ni por un minuto, una única vez.

 “¿Quién sembró la angustia en las llanuras de tus \ (ojos como el adorno de un dios?”

Vaya, vaya lloras mientras planeas… Ni siquiera logras tocar el piso, permaneces flotando en el “8vacío”. Y te duele mucho y lloras.

“¿Por qué un día de repente sentiste el terror de \ser?”  

¿Recuerdas? La muerte te abrazó cuando la buscaste. Todos corrieron a separarlos y el abrazo se diluyó, trayendo el silencio mojado por lágrimas… Sin redimirte o purificarte, descubriste tu propio caos lumínico de ser humano.

Tanto desencanto amontonado. Los días no siempre fueron dorados, algunas veces no llegó la primavera, te dejaste estar: “Y esa voz que te gritó vives y no te ves vivir” era mi voz que te llamaba para que no me dejes así: tan solo, tan triste, tan quieto; mirando al espejo tratando de reconocerme o identificarte, para encontrarme, entre tantos; en ese doble espejismo, que quita la solidez de nuestro mundo externo y que se disipa cuando, creemos que no existe por si, que existe por nosotros.

“¿Quién hizo converger tus pensamientos al cruce \ (de todos los vientos del dolor? A penas te callas, no \Se rompió el diamante de tus sueños en un mar \ (de estupor”

No pasó nada. Todo está bien. Apenas nos volvimos extraordinariamente (im)previsibles. Tal vez, porque no nos comprendieron o no nos comprendimos, desde los presupuestos más adecuados, porque eres (insostenible). De carácter disperso, distraído, ansiosamente distraído. Y te debates en la angustia de existir. “(…) morirás Se secará tu voz y serás \ (invisible”

Ya no estaré, ni los otros, que te acompañamos en vida, haciendo eco en tu mente. Hablando cuando te callas, cuando buscas silencio…  Presentándome ante ti, a veces, a través de los sueños, de los símbolos y del lenguaje de los arquetipos, otras veces, por medio de la conducta motivada y, accidentalmente, de los lapsus verbales. Ya no estaré cuando mueras. Tu mente, por fin, será solo silencio.

Tal vez, puedas recordar que anoche pasó algo. Anoche te quedaste dormido, en el canto I. No terminaste tu lectura. Habías orado de rodillas la plegaria petrificada, por otras voces, en el tiempo.

Y hoy la vida perdió un poco más de su gracia.

Ya sabes que uno de nosotros existe como un individuo separado, que ve el mundo a través de sus propios ojos, conoce los límites que lo separa de los demás y del mundo que le rodea, y asume dicha separación en su pensamiento y en su modo de interactuar con el entorno. Por eso tú escribes mientras caes.

“Piensas que no importa caer eternamente si se \ (logra escapar\ ¿No ves que vas cayendo ya? \Limpia tu cabeza de prejuicio y moral \Y si queriendo alzarte nada has alcanzado \Déjate caer sin parar tu caída sin miedo al fondo \ (de la sombra \Sin miedo al enigma de ti mismo”

Ahora te preguntas por la trascendencia, que abrirá las dimensiones para una experiencia del (no) fundamento y para la poesía como consumación, como no ser.

Tu posición es elevada, te encuentras en el espacio sideral y, empiezas a caer: “Cae \Cae eternamente \Cae al fondo del infinito \Cae al fondo de ti mismo \Cae lo más bajo que se pueda caer \Cae sin vértigo \A través de todos los espacios y todas las edades”

Mientras caes, piensas que: ¿y si no hubiera nada ahí afuera que pudiésemos reconocer como separado de nosotros mismos?

Tú no serías tú, y yo no sería yo, y tu caída sería sin fin. No podríamos conceptualizar nuestra noción del yo, pues no habría un ser delimitado en el que pensar. No tendríamos medio para determinar que somos distintos del mundo que nos rodea.

Mientras caes amanece en el mundo de signos y códigos. Y tú no sabes qué pasó anoche y te dejas caer, mientras ves que “\Cae en infancia \Cae en vejez \Cae en lágrimas \Cae en risas”

¿Dónde está la gracia? ¿Tu elegancia, tu postura, tu arrogancia tu garbo? ¿Dónde me olvidaste a noche?

“(…) Estás solo \Y vas a la muerte derecho como un iceberg que \ (se desprende del polo \Cae la noche buscando su corazón en el océano \La mirada se agranda como los torrentes \Y en tanto que las olas se dan vuelta \La luna niño de luz se escapa de alta mar”

¿Huidobro, te preguntaste, por qué nos llamaron Vicente?

– Márcia Batista Ramos

SOBRE LA AUTORA:

Márcia Batista Ramos, nació en Brasil. Licenciada en Filosofía. Es gestora cultural, escritora, poeta y crítica literaria. Es columnista en la Revista Inmediaciones, La Paz, Bolivia y en periodismo binacional Exilio, México. Publicó: Mi Ángel y Yo; La Muñeca Dolly; Consideraciones sobre la vida y los cuernos; Petty Barrón De Flores: La Mujer Chuquisaqueña Progresista Del Siglo XX; Tengo Prisa Por Vivir; Escala de Grises – Primer Movimiento; Rostros del Maltrato en Nuestra Sociedad; Dueto; Escritoras Cruceñas, Caballero, Reck & Batista; Escritoras Contemporáneas Bolivianas, Caballero, Decker & Batista; Caspa de Ángel – antología de cuentos, crónicas y testimonios del narcotráfico, Batista-Ramos & Carvalho Oliva. Es colaboradora en diversas revistas internacionales.


[1] Huidobro, Vicente. “Altazor o el viaje en paracaídas” –Canto I. Madrid (1931).

Madre Patria

Nuestra patria, el Perú, actualmente se encuentra atravesando una crisis general, me refiero a aquellos aspectos político-social y económico en la cual se encuentra. En mi opinión, dichos aspectos son sumamente importantes y urgentes de tratar, estos aspectos desde ya entrarán en el tema de agenda del próximo gobierno de turno.

Y pues, en que peor momento podía suceder todo aquello, es decir, las diversas crisis como la sanitaria respecto a la pandemia del COVID-19 o como la económica con la falta de empleo y ni mencionar la crisis política-social, que hace tambalear y derramar la última gota del vaso en términos coloquiales.

Nuestra querida Madre Patria debe estar de luto, la nación aún tiene muchas dolencias y desaciertos por corregir y superar, sin embargo mientras que no haya una cultura de paz, de prevención, de integración, de proyección y política en el país, será muy difícil de salir adelante.

En ese sentido, les espera un arduo trabajo a los pre-candidatos, aunque este trabajo es de todos los peruanos, depende de la clase política tomar las mejores decisiones y aquellos cuando asuman el poder. Desde mi punto de vista, la implementación de políticas públicas serán clave para el desarrollo, políticas públicas que contribuyan a no solo mejorar los servicios o busquen incrementar el PBI nacional, sino que como anteriormente señalamos, son necesarias políticas que prevean, integren, proyecten y anticipen los posibles problemas políticos, sociales, culturales y económicos.

La Madre Patria ya ha sufrido demasiado, nos acercamos al Bicentenario y aún somos una república que no tiene claro sus horizontes, la falta de concertación entre los sectores es un problema que se acarrea cada día y el único consuelo que tenemos son nuestras maravillas y recursos naturales.

Hasta cuando podremos soportar esto, no es justo que un país como el nuestro siga contemplado esta situación, esperemos que los próximos comicios electorales podamos elegir a un buen representante y cada uno de nosotros sigamos aportando para el bien de nuestra Madre Patria.

Bicentenario

Hoy desperté con un sueño palpitando en mi pecho,
Un sueño de libertad, pero de libertad en serio.
Hoy, que se alzan las masas,
Y que el cielo clarea,
Hoy que se juntaron los de abajo y los de atrás.
¡Hoy! el paraíso nos espera.

Ya escucharon el inicio del cambio,
No es momento de bajar los brazos,
Son los de arriba los que están temblando,
La fuerza que mueve el mundo,
Es la fuerza del mozo, de la vendedora,
De la mano de obra,
Es la fuerza del proletariado.

No te quedes callado,
Si te vas al cumplir tus horas,
No es falta de compromiso,
Es por lo que te están pagando.
No te hace un favor el que te está contratando,
Las horas extra se pagan,
No pidas lo que la ley te ha otorgado.

Optemos por el cambio,
Equilibrio entre el pago y lo que hago,
Por tiempo para distraer la mente,
Por un café, un libro o un estadio.
No hay superiores cuando la cooperación dirige al estado.
Optemos por el cambio afuera,
Porque por dentro ya está cambiando.
Todavía hay mucho por hacer hermanas y hermanos.

– César Salizar

No somos

No somos los mismos de ayer
Los que jugábamos al zapatito roto
Para definir quién empezaba a contar
Y a cantarle a la mañana

No somos el columpio del árbol
La piedrita convertida en carro
El balón de trapo en la canchita del barrio
las caritas sucias que sonreían
o los brazos que se abrían
para recibir el regalo del sol
iluminarnos la piel y empezar a sudar

dejamos las zapatillas de nuestra comunión
colgadas en el zaguán de las memorias
de las hojas de los árboles
que aún siguen de pie

abandonamos al primer beso de María
y la entrega de largas horas
en las veredas de nuestras casas
cantándole a la noche
hasta sentir el chanclazo de mamá.

Ya es tarde para continuar
El tic tac corre y nos olvidamos
De ser niños otra vez
Y nos entregamos a nuestra propia miseria
Y caminamos en el lodo
Cargando el saco y la camisa
Quemada de tanto planchar

Olvidamos que el secreto de la vida está
En sonreírle al espejo y sentirnos niños
Aunque nuestra niñez nos fuera arrebatada
Por el pasar de los pasos
Y el sufrimiento que al crecer
Nos enseña a llorar.
Nos olvidamos de vivir.

– Adrián Do Chávez

SOBRE EL AUTOR:

ADRIAN DO CHAVEZ, pseudónimo de Danny Adrián Domínguez Chávez, nacido en Huancayo el 15 de junio de 1986; Artista polifacético, integrante del Movimiento Cultural DosAmarus (Huancayo – Perú), ex integrante del elenco de teatro universitario UPLA (Huancayo-Perú), integrante de TEMPLOFUROR (Lima-Perú) y de “EFIMERO…” (Piura-Perú); tallerista de teatro y dibujo – pintura en diversas instituciones privadas y programas como PRONIÑO. Autor de plaquetas poéticas conjuntas e individuales, autor también del libro de dramaturgia “La Imagen de Dios” considerado como mejor libro publicado en categoría de dramaturgia en el ranking de la Revista Lima Gris en el año 2017, colaborador en revistas culturales como “perro histérico” y “estepario”, así como en antologías como “EL MAR NO CESA” y “ABRIL EN LOS ÁRBOLES” de la editorial “Ángeles de Papel” y “EL DOLOR DE LA TINTA” de la editorial “El Verso Azul” y en la antología digital “SOLTEMOS LETRAS AL MAR” de la editorial argentina “Escritores Eleutheros”, antalogado en el libro de micro ficción contemporánea “HISTORIAS MINIMAS” por la editorial Deandro editores. Actor y director de teatro, director del grupo cultural “SOTTOOMBRA” (Perú); con participaciones en cortometrajes como “El Sendero Tenebroso” (Huancayo-Perú) y “Ojo por Ojo” (Lima-Perú).

Digna rabia

El silencio es profundo, pero amo las alturas
No conocía el rostro de mi patria,
Decidí ahogarme fausto entre miles de
letras y mucho estruendo indignado
Así te conocí, con abundante brío y valía

¡Atención! ahora si te escucharán gritar
Entonces se largó aquel complejo entumecimiento mental en algunos
No es un sueño, no puedo escapar
Seres contagiados de indignación solo quieren avanzar
¡Qué tristeza!
No puedes aplacar con escupitajos a un pueblo ardiendo

Las heridas expuestas solo dan paso libre a el eco de nuestros antepasados
Mientras el festejo y la marinera descosen nuestros miedos
Cada minuto se eleva el apetito de respeto y sed de derechos
de innumerables seres políticos, en su mayoría jóvenes.

– Boris G.

Otro de ella

Y es probable
            Muerte
que haya nacido el universo
pereciendo en tus manos.
Que tu labor sea
la de construir moradas
infinitas
con ladrillos contados.
Y así rehaces el barro
de cada bloque desmoronado
de cada sol que arroja sus entrañas
al cosmos,
así levantas cada luna
y cada corazón que la mira
sin tregua ni descanso.

– Ricardo Niño

Un gato en la noche

Un gato se pierde en la soledad de la noche
Taciturno se encuentra, vagando por las callejas
Que se encierran en el laberinto
De una mente que se marchó
En busca de nuevos colores
Que den alegrías
A las tardes monocromáticas
De un gato perdido
En la soledad de la noche.

– Adrián Do Chávez

SOBRE EL AUTOR:

ADRIAN DO CHAVEZ, pseudónimo de Danny Adrián Domínguez Chávez, nacido en Huancayo el 15 de junio de 1986; Artista polifacético, integrante del Movimiento Cultural DosAmarus (Huancayo – Perú), ex integrante del elenco de teatro universitario UPLA (Huancayo-Perú), integrante de TEMPLOFUROR (Lima-Perú) y de “EFIMERO…” (Piura-Perú); tallerista de teatro y dibujo – pintura en diversas instituciones privadas y programas como PRONIÑO. Autor de plaquetas poéticas conjuntas e individuales, autor también del libro de dramaturgia “La Imagen de Dios” considerado como mejor libro publicado en categoría de dramaturgia en el ranking de la Revista Lima Gris en el año 2017, colaborador en revistas culturales como “perro histérico” y “estepario”, así como en antologías como “EL MAR NO CESA” y “ABRIL EN LOS ÁRBOLES” de la editorial “Ángeles de Papel” y “EL DOLOR DE LA TINTA” de la editorial “El Verso Azul” y en la antología digital “SOLTEMOS LETRAS AL MAR” de la editorial argentina “Escritores Eleutheros”, antalogado en el libro de micro ficción contemporánea “HISTORIAS MINIMAS” por la editorial Deandro editores. Actor y director de teatro, director del grupo cultural “SOTTOOMBRA” (Perú); con participaciones en cortometrajes como “El Sendero Tenebroso” (Huancayo-Perú) y “Ojo por Ojo” (Lima-Perú).

A, E, I, O, U

Odio mi corazón.
Maldito sin sabor.
Me duele tener la razón.
Odio ser un perdedor.

Uno, uno más del montón.
Ni sé hacía donde voy.
No creo en mí, por qué piensas que sí.
Un cielo gris, otro atardecer que a tu lado no estaré.

Estos versos solo me calman.
Las ganas de gritar mi dolor.
Las noches de insomnio, que recuerdo con frustración.
Este fragmento de mi depresión.

Amanezco asustado, lloroso y sudoroso.
Poco a poco recobro la memoria.
Pequeños destellos de dolor se pasean a mi alrededor.
Asco siento al saber quien soy.

Imaginó un futuro mejor.
Se ve tan lejos y tan cerca está el dolor.
Siento el peso de ser yo.
Inhalo, otro día empezó, pues ya salió el sol.

Marido y mujer

Ellos conversan en el bar de los cisnes. Juntos, se murmuran los secretos mimosos y suyos. Y sus manos se tocan con suavidad al vaivén de la bruma que se agita suspirada en la calle décima. El viento de hoy es frío en Bogotá y ellos se beben el café caliente con las voces, adentro del establecimiento que es apacible. La tarde reluce en la mujer, Aura, la sombra desaparece en la cara del joven, Felisín, mientras él reconoce a esa cineasta de ojos negros. Dejan otra vez las tazas sobre la mesa. En la rockola suena la música de Ely Guerra. Ambos se desean con timidez. Sus brazos los rozan con una parsimonia temblorosa. Lo importante es estar a solas. La piel de la fémina es serenática. Su alma aviva en mocedad su belleza. El enamorado entonces con galanura, le acaricia una mejilla con sus dedos. Despacio, la consiente con felicidad. Huele su fragancia, le coge el pelo con sus labios. Sin embargo, no es capaz de besarla. De hecho, Felisín ve que acaba de aparecer el esposo por la entrada secundaria. Mejor entonces, corre la silla hacia atrás en un acto disimulado y solo se pone a silbar a medida que Saleza se acerca y los saluda diciendo:

-Hola, mis amores, pero como están de bien, que dicha de verlos.

Ya aquí cierra la boca, por cierto que él guarda un revólver en el bolsillo del pantalón, desde hace casi dos días.

– Rusvelt Nivia Castellanos

SOBRE EL AUTOR:

Rusvelt Julián Nivia Castellanos nació el 24 de septiembre de 1986. Actualmente reside en Ibagué; Tolima, Colombia. De profesión es Comunicador social y periodista, carrera que estudió en la Universidad del Tolima. Ha participado en el Taller de cuento Hugo Ruiz Rojas en la Universidad del Tolima y en el taller de Relata, Escribarte, Ibagué.

La duda

Estaba a punto de besarme, una pequeña gota de sudor empezó a caer lentamente por mi mejilla, me hizo despertar; las sábanas se habían enredado entre mis piernas, hacía demasiado calor, 31 grados para ser precisa, hice movimientos sobre la cama y abrí lentamente mis ojos.

Mis cabellos estaban alborotados y mi boca totalmente seca, como sí hubiera caminado por el desierto varios días sin probar una gota de agua. Tomé mi celular mire la hora y ya eran un cuarto para las ocho, anoche no había podido dormir. Hace una semana que se me había terminado mi contrato laboral, debía la renta del departamento pero era la primera vez porque cuando trabajaba la pagaba sin falta y se estaban por vencer las fechas de pago de todos los servicios.

El calor era insoportable, salí de la cama casi de inmediato, tomé una toalla y me metí al baño, mientras estaba entretenida agasajando mi cuerpo con el chorro de la ducha un mensaje llegó a mi celular; lo supe por el tono ridículo que le coloque, no le di mucha importancia al principio porque en esta última semana no recibía ni buenas ni malas noticias. Pero cuando salí del baño y tomé el móvil, vaya sorpresa que me lleve. Tal fue el escándalo que hasta la toalla que me envolvía el cuerpo cayó desvanecida…

“Quiero verte, dónde podemos vernos o tal vez puedo llamarte para coordinar, necesito hablar contigo” decía el mensaje, no tenía destinatario, no reconocía el número del que provenía el mensaje; al principio me vino la duda y luego al pasar las horas tranquilamente lo ignoré, pues no llegó un nuevo mensaje del mismo número, todo transcurrió normal, recogí la ropa sucia, la puse a lavar, hice limpieza, luego salí a tomarme un café, horas después regresé al departamento y navegué en internet buscando ofertas de empleo y enviando currículos, luego cayó la noche, vi un poco de series en la televisión y sin darme cuenta caí rendida.

Mis días transcurrieron, diría yo, bajo la cotidianidad de siempre, estaba revisando el correo, cuando volvió a sonar el celular; demoré un momento en revisar y nuevamente el mismo número que hace unos días inquieto mi día, esta vez el mensaje decía: “No te hagas la interesante te vi en el café hace unos días  ni siquiera me saludaste, por qué no me has escrito para coordinar”. Me quedé totalmente desconcertada, porque alguien que me conoce y quería hablar conmigo me reconoció y no pudo hablarme. Empecé a asustarme, llamé a varios amigos preguntando si alguien me había visto hace unos días, pero todos estaban realizando actividades diferentes.

Todo el día la pasé pensando en qué era lo que sucedía, era a mí a quien escribían, era una broma. Eran las siete y media de la noche y mientras veía una película el timbre sonó y cuando me disponía abrir, un sobre misterioso se deslizó por debajo de la puerta…

– Pamela Arteaga Lamadrid

Escucha el relato leído por su autora aquí.

ENTE EXISTENTE

Ente existente, sin suerte.
Un sobreviviente, que anhela la muerte.
Otro ser, igual de corriente.
Reanímenlo, que se pierde.
Deprimente, lo tienes de frente.

Ente existente, sin ganas de ser él, siempre.
Co-dependiente, no quiere amarse, jodidamente.
Quebrado, en pedazos, y no entiende.
Solitario, un imbécil, sin pretendientes.
Tan solo otro ente, existente, lastimosamente.

Tan solo un respiro

La vida en un respiro, en una taza de café, en una mirada, en el despertar de cada mañana, en aquel beso delicado de las madres, en aquel abrazo de los hijos a sus padres, en el caminar de cada día, en el obrar con alegría.

¿Cuál es el sentido de la vida? Pregunta capciosa, un tanto tediosa y complicada para responder, sin embargo la respuesta es simple, se encuentra en cada uno de nosotros, en aquellas pequeñas cosas que hacemos día a día.

Pero no se trata de hacer por hacer, vivir por vivir, el sentido de la vida se trata en realizar lo que hacemos con ánimo y predisposición, con buena voluntad y sobre todo con la alegría de poder ayudar a los demás.

En ese sentido, la vida es un regalo, es un arte en la cual le damos color cada día, algunos con tonalidades grises otras muy coloridas, al final, de lo que se trata es de disfrutar la vida y gozar de ella, de cada momento que tenemos como una oportunidad para transformarnos, para crecer, para ser mejores cada vez.

Si disfrutas lo que haces, te aseguro vivirás feliz, ese es el sentido de la vida, ya sea disfrutando cuando bebemos una taza de café o al despertar cada mañana, abrir los ojos y agradecer por una nueva oportunidad, ya sea en aquel caminar hacia el trabajo, o apreciando en el camino a los pajaritos, disfrutando del clima, o simplemente en tan solo un respiro.

GRITAR TU NOMBRE

Gritar tu nombre en mis sueños, es mi consuelo.

Gritar tu nombre desde el fondo de mi corazón
en este exilio que vivo lejos de ti.

Gritar tu nombre una y mil veces, sin saber si algún día volverás a mí.


Gritar tu nombre es lo único que hago  para sentir que aún estoy vivo y que debo luchar por que mis gritos lleguen hasta ti.


Grito tu nombre entre la lluvia que cae, para que esta me acaricie como si tú lo hicieras y así me consueles de esta tristeza que vive mi corazón por tu ausencia.


Grito tu nombre deseando que el día que estemos frente a frente tú me digas que escuchaste mis susurros de amor llamándote como tú me llamabas a mí con el corazón.

Despierta

Despierta

Que ya la mañana llegó con todo su color

Que sol ya ingreso por tu ventana

Para calentarte, princesa

Despierta

Que ya se acabó la noche eterna

Y se fue a descansar

Envidiando tu belleza sempiterna

Ya las aves están cantando

Esperando que los dos luceros

Que posees por ojos

Iluminen su día con su luz cándida

Despierta

E ilumina este oscuro mundo

Con tu radiante sonrisa

Despierta y danos el calor de tu amor

Para este día alejar por completo

A las tinieblas del lejano norte

Despierta princesa

El salto

En el fondo más lejano de la noche

se apaciguan tus ojos,

se distancian como deseos perpetuos.

A veces prefiero no evocarlos pero

no tengo salida,

me es irremediable esa turbulencia con que

destrozas la luz

sin importar el número ni la letra.

No tengo más respuesta que el silencio.

Debo sincerarme,

yace en tu mirada la forma inicial del misterio,

la intriga de los amores súbitos,

la rendición definitiva.

En esa pequeña puerta me detengo

para incendiar las manos repetidamente,

me aferro a tus pupilas

y no pretendo ninguna tregua,

allí descanso y me consumo.

Me reafirmo

en la existencia de tus ojos

solamente para volver a soñar,

no tengo escena,

ni óleo,

ni papel

para lo incontenible.

Salto a la noche y salto a tus ojos,

ya no hay retorno, digo.

ya no.

Embriágame

Embriágame con tus besos amor,

y te aseguro que no te arrepentirás,

embriágame con tus abrazos cariño,

y te prometo que estaré perdido de amor.


Embriágame mi hermosa princesa,

y te aseguro que te querré con el alma,

embriágame con toda tu esencia,

y te prometo que estaré contigo mi amor.


Embriágame de caricias, pero embriágame…


Embriágame con tu amor,

y te aseguro que mi corazón será tuyo,

embriágame con tus pensamientos,

y te prometo que pensaré solo en ti.


Embriágame con todo tu ser,

y mi vida será toda tuya,

embriágame con mucha locura,

y te aseguro que te daré todo mi amor.


Embriágame de ti, pero embriágame…

URÐ

Viví por años en las tinieblas

Creando corazas de hierro a mi alrededor

Alejando a todos de mi presencia

Porque me dejé llevar por el temor

El odio se convirtió en mi compañía

Y la única llama que alimentaba mi ser

Fue el rencor absoluto

Era un berseker hundido en la desesperación

Pero encontré una linterna

Un haz de luz en esta infausta vida

Una hermosa elfa de los bosques

Enviada por los Vanir de Vanaheim

Esos dioses de la curación

Los que la enviaron para salvarme de este destino

Con el que las Normas me castigaron

Ahora llevo el Vegvísir en mi hombro

Para que me guíe, siempre a ella

Porque se ha convertido en mi ancla

Mi razón de ser

Y si caigo en batalla, la esperaré en Valhalla

Para estar juntos por la eternidad

PENSAMIENTO 5 (QUERÍA VERTE)

Quería verte, por eso pensé en ti

quería admirarte, por eso vi a las estrellas

pues la otra noche me acordé de ti y de tu belleza.

De tu mirada intensa, de tus ojos bonitos y de esa sonrisa

amplia de alegría, amplia de locura.

De esa forma de hablar, de esos gestitos hipnotizantes,

de esa delicadeza tan tuya, más que ninguna otra, más que nadie.

Mañana quedré verte de nuevo y pensaré en ti

quedré admirarte por eso volveré a mirar las estrellas

pues de seguro de nuevo me acordaré de ti y de tu belleza.

Gata negra

Ella me eligió
Y no a otros más ágiles
Y elásticos gimnastas
De bigotes largos.
Su universo simbólico
Era como un concierto
De John Cage.
Grácilmente roció
Con su orina de almizcle
De gata alunada
Mi maletín negro
De gris oficinista.

– Márlet Ríos

SOBRE EL AUTOR:

Márlet Ríos (Piura, 1977): Escritor, editor y traductor. Ha publicado La balada de Crates y otros poemasComo barca encallada en la arenaSenda de la desesperanza y Ancestros. Ha publicado poemas en ÓniceBocanadaLa CityCírculo de FuegoEl BosqueTXTConexos (Miami), TajoBosque de latidosVorágine (Antofagasta), etc. Sus poemas aparecen en Ausente ardor de arena & algarrobos. Antología de la poesía piurana contemporánea y en Poetas del algarrobo. Editor de Como el viento cabalgando al sol. Primera antología de la literatura de Salamanca de Monterrico. Administrador del blog http://cerosoccer.blogspot.com/

INSOPORTABLE

Esta por acabarse, ya prendí la luz, ya cené, otro día más que desperdicié.
Ya discutí, ya nadie quiere hablarme, todos deciden ignorarme.
No los culpo, soy insoportable.
Deja de responderme, no debería de escucharte, sé quién eres y por eso no te permitiré habitarme.
Tampoco te maltrates, tan solo pasa que nadie se dio el tiempo para amarte.
No los culpo, soy insoportable.
Debo dejar de hablarte, pero no dejo de escucharte, porque llegué a este punto de inventarte.
Nadie te habla, y tienes mucho que decir, la respuesta es esa, aunque no la quieres admitir.
No los culpo, soy insoportable.
Ya la locura se apoderó de ti, sabemos que es así, además aún quedan muchos dentro de ti.
Incluso ellos me odian, tampoco te hagas el bueno, ambos sabemos que odiamos mentir.
No los culpo, soy insoportable.

Calle Plateros, 5:42 a.m.

La noche anterior salí por un Inkaria. Nada más.

Que mentira tan grande para un hígado tan gastado.

Desperté de mi leve inconsciencia y me encontré caminando en aquella demacrada calle que ya ha visto suficiente. Recuerdo que se me hizo muy difícil contener la avalancha de maldiciones que querían salir de mi boca. El extenuante frío me encogía los pulmones y la borrachera estaba a punto de abandonarme a mi suerte. Era una amante que cobraba por horas. Para empeorarlo todo, ya no había alcohol.

Los postes de luz estaban a punto de cumplir su horario de trabajo. Poco a poco, Plateros se fue convirtiendo en un antro sin música para clientes sin efectivo. Los jóvenes intoxicados deambulaban de vereda en vereda, haciéndose antojar por la interminable fila de taxis que adornaba todo el largo de la vía. Vi, entre ellos, un patrullero que se encontraba en un bucle de interminables rondas nocturnas.

El humo del tabaco ya no entraba igual, se volvía rasposo y dejaba de ser amable con mi garganta, como si se negara a ser inhalado. Hace rato que los vasos habían perdido su forma y noté que mi vista se tornaba nublosa. La luz del día comenzó a ser molestia. No estaba seguro si acababa de salir de un hueco o si el amanecer había ocurrido demasiado rápido.

Cuando mi visión pudo acomodarse al agotante brillo, vi un par de figuras humanas que caminaban con torpeza. Dos chicos con las casacas a medio poner me decían que la noche se les había escapado de las manos. Pasaron al lado de una señorita que iba en sentido contrario y sus ojos quedaron clavados en la singular belleza de la minifalda que ella modelaba. Los instintos son veloces cuando se trata de lujuria. Me atrapó a mí también.

Unos cuantos pasos más allá, la chica en minifalda se encontró con un amante insípido. Ella se acercó para un beso en la boca pero él le volteó la cara. La escena se convirtió, al instante, en la típica pelea de pareja. Los celos saltaron sin tener piedad de nadie. Ella le reclamaba asuntos privados, luego, le exigía privacidad. Él, inseguro, se dio media vuelta y caminó sin volver a voltear. Tal parece que el amor siempre estará destinado a morir en fines de semana.

De repente, mi amigo se acercó con una pésima noticia: “Ya no están vendiendo nada”.
“¿Ni siquiera Sin comentarios?”.
“Nada”.
“Bueno, al diablo”. Fuimos a mi casa, tenía media botella de pisco escondida en algún lado.

Me despedí de la calle Plateros hasta una nueva ocasión.

En el sinuoso terreno del “no vuelvo a tomar” ya no quedan espacios disponibles, así que será una promesa. Además, hay algo sobre ese lugar que siempre me ayuda a curar cabeza.

Harawiku

he tenido mil oficios
extenuantes jornadas
rumiando imprecaciones
sintiéndome solo con vida
cuando evocaba la soberbia
prestancia de los gatos
sus gráciles rodeos
para evitar la autoridad
y así me convertí
en cat lover irredento
malandrín innoble
malgastando muchas horas
de ansiedad
desoyendo valiosos
consejos
soñando desbocado
con nereidas y faunos
ensimismado
con voces del pasado
rumiando una ira nada santa
pergeñando malos versos
ad libitum
mientras miles
con las manos
encallecidas
y furibundas
perseguían sus sueños
silbando epicúreos
como demonios del Ande.

– Márlet Ríos

SOBRE EL AUTOR:

Márlet Ríos (Piura, 1977): Escritor, editor y traductor. Ha publicado La balada de Crates y otros poemasComo barca encallada en la arenaSenda de la desesperanza y Ancestros. Ha publicado poemas en ÓniceBocanadaLa CityCírculo de FuegoEl BosqueTXTConexos (Miami), TajoBosque de latidosVorágine (Antofagasta), etc. Sus poemas aparecen en Ausente ardor de arena & algarrobos. Antología de la poesía piurana contemporánea y en Poetas del algarrobo. Editor de Como el viento cabalgando al sol. Primera antología de la literatura de Salamanca de Monterrico. Administrador del blog http://cerosoccer.blogspot.com/

Haikus gatunos

La noche es de los gatos
como tu piel
de mis caricias.

El fantasma de mi gato
tras una sombra.
Silente ave.

– Márlet Ríos

SOBRE EL AUTOR:

Márlet Ríos (Piura, 1977): Escritor, editor y traductor. Ha publicado La balada de Crates y otros poemasComo barca encallada en la arenaSenda de la desesperanza y Ancestros. Ha publicado poemas en ÓniceBocanadaLa CityCírculo de FuegoEl BosqueTXTConexos (Miami), TajoBosque de latidosVorágine (Antofagasta), etc. Sus poemas aparecen en Ausente ardor de arena & algarrobos. Antología de la poesía piurana contemporánea y en Poetas del algarrobo. Editor de Como el viento cabalgando al sol. Primera antología de la literatura de Salamanca de Monterrico. Administrador del blog http://cerosoccer.blogspot.com/

Veneno y cura

El centro comercial luce inhóspito 
por la certeza de tu ausencia. 
Las voces resuenan en el vacío de mi alma,
las personas solo son el preámbulo de mi soledad. 
Vuelvo a caer en la decepción,
vuelvo a ser el «visto» en tu existir. 
Pero esta vez jamás volverás a conectarte, 
pues claramente entendí el «nunca más» 
que me deletreaste al amanecer.

Y mi corazón ¿sabrá entender? 
¿Habitará incesantemente 
el territorio estéril de la decepción? 
¿Podrá restaurar su iluso latir? 

Me apena saber que antaño anduvo paralizado 
hasta que fue revivido, 
al último segundo, por tu presencia. 
La misma presencia que se aleja sin armisticios, 
la misma figura que tras de sí solo deja escombros, 
la misma mujer que, 
en su ausencia, 
declaró una guerra ineludible en mi interior. 

No lo sabes, pero eres melancolía, 
no lo sabes, pero siempre lo serás. 

Renacer, 
fue un milagro que tu aroma me obsequió. 
Volver a hacerlo sin ti 
será una proeza 
que ya no me interesa alcanzar. 

El propio veneno es la misma cura 
¿Cómo tomarlo y no morir en el intento? 

La misma herida, 
la misma desazón, 
el mismo dolor, 
el mismo martirio, 
la misma condena,
la misma y repetible historia
de un febrero sin ti…

– Andrei Velit

Pelea gris

Esta gris amiga, que suele aparecer de vez en cuando, da volteretas acariciando mi cabeza y susurrando en mis oídos.

Siempre estuvo ahí, vigilante, esperando el momento oportuno para tomar mi mano y arrastrarme dentro de su cuerpo, y lo ha logrado. 

No sé cuando, no sé cómo, pero lo hizo, y desde entonces se cree dueña de mi ser, ataca mis pasos y los vuelve lentos, abraza mis pulmones y el aire parece no entrar, aprieta mi estómago y el hambre no está más; y lo peor…  come mi cerebro y lo vomita con ideas aterradoras, miedos infundados que pasean por mis nervios en la misma sintonía en la que circula mi sangre.

De pronto yo no estoy en mi cuerpo, lo veo a la distancia siendo manejado por esta amiga, y la lucha comienza. Quiero detenerla, y no obedece, se ríe causando ecos, y veo mis ojos ennegrecidos por el pánico, todo pierde el color, la gravedad no me ata a la tierra, aparezco en el limbo, sin fuerza, sin voluntad.

Quienes más amo parecen distanciados, entes de relleno que solo aportan con su nombre y un par de minutos a mi lado, me sonríen y abrazan, pero ese cuerpo ya no es mío, y esta amiga no les cree, los aleja, los desea eliminados, quiere mi cuerpo para ella sola, para alimentarse hasta los huesos y no dejar nada, ni siquiera el recuerdo.

Me acerco con cautela, y trato de recuperar mi piel, grito cuanto puedo para que mi cuerpo reaccione, pero un susurro de ella es más fuerte que el alboroto que yo pueda causar.

A veces gano la batalla, pero ella sigue ahí, esperando al más pequeño tintineo de luz y así apoderarse de este envase una y otra vez.

Quiero deshacerme de ella, dejarle en claro que no estoy a su servicio, y cuando creo lograrlo devora mis sentidos y me causa temblores, ansiedad, frío, vacío y soledad y agrede en demasía, golpea con bravura y lanza el golpe de gracia: me obliga a buscar la muerte.

Con la debilidad que tengo por la pelea, le obedezco y ella ensancha la sonrisa y respira aceleradamente, levanto la mirada a sus cuencas vacías y solo puedo llorar, ella acaricia con sus húmedas y frías garras mi rostro, asintiendo con la cabeza, trata de portarse materna, solo ella me entiende, es lo que quiere hacerme creer.

Me acompaña al abismo, cuando caigo me levanta, me da empujoncitos hasta que llegamos al borde, sonríe tanto que se rasga la comisura de sus labios, pero no le importa, está creciendo, y yo estoy muriendo.

Su voz rasposa, invade mis oídos, y de pronto, estamos ahí, en el abismo; ella lista para ver el espectáculo y yo lista para darle lo último que queda de mí. Pero algo pasa, el tiempo se detiene, ella deja de sonreír y se arrastra agitada para detenerme, emite gemidos lastimeros, está llorando, sabe que mi fin podría ser el suyo, pero como no le oigo, trepa por mi espalda, desesperada y me inyecta de miedo, el frío aire invade mis pulmones y caigo en sus brazos, no siento nada y me desvanezco entre sus flacos brazos, ella me regresa de vuelta, cada paso que da la hace más pequeña, más débil, más nada.

Con llanto fingido me deja vacía, se apoya en mi pecho y como no puede hablar, se acerca a mi garganta y juntas murmuramos: “Eres cobarde para morir” y así lloramos por un buen rato, porque nadie ha ganado pero si nos hemos lastimado, ella se aleja, se despide, pero ambas sabemos que volverá, porque necesita de mí, me da tregua para sanar las heridas.

Es cuando despierto, débil pero aliviada. “Un episodio más” así le llamo, desde el día uno sin ella, debo buscar la vida, hallar la luz, y refugiarme en el amor de quienes no se han rendido conmigo, debo forjar una nueva armadura para no perder la siguiente batalla, una más fuerte e iluminada.

Vendrás amiga, y espero algún día estar lista y acabarte completamente, ser yo quién ría sobre tu cadáver y se aleje triunfante para celebrar con los pocos aliados que queden.

– Marcia Castro

Cifrado

Mientras los huesos se acobardan del frío y de la vida

he querido señalarte,

ver cómo de lejos pasas por estas líneas sin poder notarme

pero consciente de cada uno de mis dedos

en cada una de las frías teclas

que tampoco saben de mí,

tan poco realmente.

Entiendo que no son posibles los designios

pero hay fantasmas que se encaprichan al azar, lo juro.

Lo juro por la flama tenue que aparenta tu labio,

porque tu voz ajena compite con la mía ausente,

porque a la larga, pasado el café,

la sed no nos distancia.

Aunque tarde tengamos lugar tras la capitulación de la piel:

No te lo repito porque no hace falta:

Ineludibles cáscaras que se marchitan:

Elementos livianos que integran la nada.

Puerta II

De cuando en vez
La luz entre los árboles
Nace muerta
Ya desde el rocío
De algún paraje escondido
Pero al segundo
A tus pies.

De pronto. Brilla!!
Y se esfuerza. Condescendiente.
Tratando de hacerse plana
Ya es tarde. Partieron.

Y van peleando
Entre colores
De un arco iris superior
Que muchos hay que ignoran.

Un rayo de luz cae
Atraviesa nuestro desconocimiento
Sangrando
El otro mal herido
Va descendiendo lentamente
Oteando
Dónde no morirá.

– Ernesto Muro

Inadvertencia

Los detalles se constituyen en lo más complejo de tu ser, puedo jurarte,

pero yo no juro lo sabes,

lo sabes bien y eso que no he querido hablar de amor.

Lo más difícil deben ser las dos figuras negras que ocupan el lugar de tus ojos,

o el color que usurpa la tonalidad de los bellos misterios, sí,

te hablo del cielo o del estío, o si prefieres del durazno,

sin duda te toparás con retazos míos

que harán las veces de palabras que no necesitas,

y eso es lo de menos

porque lo importante es que no alcanzamos a reparar en nada,

ni en el eco estrepitoso con el que invocas los labios

ni en el silencio en el que se arden los cuerpos.

CUAL LLEGUE PRIMERO

Vuelve a repetirse la triste canción, abrumando de eco la habitación avejentada por el descuido del dueño, a hacer languidecer la potencia del foco apunto de quemarse, a hacer rechinar la puerta con el soplido del viento, a invitar a la lluvia que pase por la ventana malograda y enfriar un corazón con la humedad de las paredes. El tierno amor como cardo se marchita y las espinas parecen cenizas que se destruyen con el roce de cualquier objeto, permitiendo ser manipulada y arrancada al antojo de cualquiera, pero, ¿cómo regenerarla? si el agua de la confianza ya no es absorbida por sus raíces, como un poeta vetusto en su escritorio forzando su creatividad y recurriendo a álbumes de antaño para recobrar su memoria extinta, pero al parecer los recuerdos nos son suyos, son de su amada y los momentos felices no son con él, el pobre viejo solo rechina los dientes y humedece los ojos con las pocas lágrimas que le quedan y observa con detenimiento las fotos, volteando de vez en cuando los cartones para leer las dedicatorias. Con la voz áspera por el vino se cuestiona ¿por qué siguen allí las fotos? ¿por qué no se borraron las dedicatorias? ¿hasta ahora lo recuerda con amor? ¿por qué? y, ¿por qué?, el viejo tan solo sube la mirada, guarda el álbum y se acomoda en su sillón favorito, prende un cigarrillo y espera la hora del almuerzo o de la muerte, cual llegase primero ya no le importaba… La canción triste termina, la habitación vuelve a su silencio habitual y el amor vuelve a su primavera.

P…

Prometí un poema para ti crear
Pero aun no encuentro las rimas
Ni las palabras ideales
Para poder expresar
Todo lo que para mí significas
Tienes cosas que no han de ser reales
Deben ser manifestaciones
De la mente de este demente
Aquel que solo te ve con ojos hechizados
Aquel que en ti divinos rasgos ha notado
Como una sonrisa del color del alba
Con la misma intensidad
Con el mismo calor innato
También ha visto esos dos luceros
Que llevas por ojos
Esos dos que iluminan mi camino
Y que me mostraron la luz
En ese abismo donde vivía
Ha visto también cosas
Que los ojos humanos no notan
Cosas que un zorro siente
Como tu alma hermosa y llena de amor
Tu radiante aura de alegría
Y tu fortaleza interna
Por eso aveces siento que alucino
Porque no puedes ser real
Tal vez eres un regalo de los dioses
O una maldición del infierno
Pero ya nada me importa
Soy un adicto a ti
Te necesito cerca
Porque si me alejo sufro
La ansiedad me comienza a devorar
Y la oscuridad me envuelve
Pero al verte todo desaparece
Así que no me importa que te trajo
Si los dioses o el demonio
Yo me quedare a tu lado
En esta vida y en las siguientes

Poema 2 una tarde de M

tranquilo despides el día como kamikaze sublime
como general abyecto que entrega sus galones a la posteridad
como sacerdote de secta epicúrea luego de sodomizar a imberbes efebos
tranquilo te plantas
ante la autoridad más indecible más grotesca
y orinas como un gato tocado por un breve resplandor
al costado de nenúfares y templos del Buda
con la risa de un beodo feliz
que no le debe nada a ninguna rata sabionda y titulada
y partes, tranquilo,
hasta tu pequeño bastión.

– Márlet Ríos

SOBRE EL AUTOR:

Márlet Ríos (Piura, 1977): Escritor, editor y traductor. Ha publicado La balada de Crates y otros poemasComo barca encallada en la arenaSenda de la desesperanza y Ancestros. Ha publicado poemas en ÓniceBocanadaLa CityCírculo de FuegoEl BosqueTXTConexos (Miami), TajoBosque de latidosVorágine (Antofagasta), etc. Sus poemas aparecen en Ausente ardor de arena & algarrobos. Antología de la poesía piurana contemporánea y en Poetas del algarrobo. Editor de Como el viento cabalgando al sol. Primera antología de la literatura de Salamanca de Monterrico. Administrador del blog http://cerosoccer.blogspot.com/

Puerta XXVI

Le han quitado la vida
Sin máscaras -es un doble mérito
Sin usar las manos –no es un decir

Le han quitado la vida
Sin titubeos –qué duda cabe
Sin prisa –de a pocos, acompañamos todos, no lo recuerdas?

Le han quitado la vida
Sin preguntarle nada –ni un cuándo
Sin matarlo –la sangre nunca secará

Perdido en ti
Sin nada que decirte
Que mejor lienzo

Abriendo tu cuerpo
Siento todos los colores alrededor
Sin pausa
Con aires propios

De tus roces, los sonidos
Las aguas vertientes
Las armonías constantes
Y los segundos inmóviles
Y
El tiempo
Se acaba.

– Ernesto Muro

Fugacidad

El tiempo que me toma escudriñar la noche

es el tiempo que me toma el parpadeo,

la duración de la vida tiene el símil de una manzana

o viceversa,

la calle borra el rastro del desorden y lo remplaza con el caos,

o la voz del viejo, o el que ya no es niño, ni joven, ni adulto,

que no es lo mismo.

En esencia, la vida tiene el lapso equivalente al de la muerte,

de a pocos uno se muere, dicen,

pero quizá morimos varias veces. Repetidas veces.

Cuando llega la mañana tarda lo mismo el parpadeo

o la consciencia o la ilusión

de saberse despierto y estar vivo

o de todo lo contrario.

LA QUIERO CONOCER

La quiero conocer sin tapujos,

tal como es, tal como me mira

tal como me habla.

Como ella es quiero que sea conmigo,

sin apariencias, con esa actitud tan espontánea,

tan fresca.

Quiero que conquiste mi vida y alma,

que yo entre en mis pensamientos y ella en mi corazón.

Conocerla como es tan linda, casual, alegre,

sé que el tiempo dirá, pero igual me arriesgo porque

quiero saber todo de ella, pasar tiempo con ella,

en realidad conocerla.

Puerta CLXXIV

De qué colores
A cuántos amarás
Sin salir de ti
Hacia la misericordia

Repasas
Nada se puede estar yendo
Ni entre tus cabellos
Ni entre las horas, donde caímos tanto
Que ya no recuerdo
Aquel lugar
Donde alguna vez
Se perdió algo indebidamente

Una lágrima
Color del aire
Siempre al lado de tus ojos
Qué esperaba para caer?!

Y sin embargo todo sería distinto
Hoy
Tan solo sí volviesen los colores
De aquel invierno
De aquella soledad.

– Ernesto Muro

Día y Noche

Es media mañana pero el tiempo parece que no pasa,

estoy soñando despierto hasta que me pierdo en su mirada,

esa mirada que me mantiene cautivo y un tanto atónito,

y la dulce melodía de su susurro en mis oídos.

Ya es medio día pero el tiempo parece que no pasa,

estoy enloquecido en tiempos de suspiros,

sus labios delicados y el dulce aroma de su cuerpo,

combinación perfecta que refleja su belleza.

Es media tarde pero el tiempo parece que no pasa,

estoy perdido deleitando algunos de sus dulces besos,

cada día es tan perfecto como ella y su silueta,

y anhelo cada día de sus manos las caricias.

Ya es la media noche pero el tiempo parece que no pasa,

estoy despierto alucinando tenerla a ella en mi regazo,

la ternura de sus ojos y el agradable compás de su corazón,

todo ella es mi pasión, el pequeño reflejo afable de su alma.

Cats

La vi cazar palomas distraídas
en el jardín de mi casa
gata siamesa con nombre de hetaira.
La miré acicalarse un millón de veces
y luego leí en una revista:
“A ellos les gusta ser acicalados. Las caricias
mezclan el olor”.
No pudo presagiar un sueño aciago
entretenida como estaba.

– Márlet Ríos

SOBRE EL AUTOR:

Márlet Ríos (Piura, 1977): Escritor, editor y traductor. Ha publicado La balada de Crates y otros poemasComo barca encallada en la arenaSenda de la desesperanza y Ancestros. Ha publicado poemas en ÓniceBocanadaLa CityCírculo de FuegoEl BosqueTXTConexos (Miami), TajoBosque de latidosVorágine (Antofagasta), etc. Sus poemas aparecen en Ausente ardor de arena & algarrobos. Antología de la poesía piurana contemporánea y en Poetas del algarrobo. Editor de Como el viento cabalgando al sol. Primera antología de la literatura de Salamanca de Monterrico. Administrador del blog http://cerosoccer.blogspot.com/

Puerta LXXVI

Están despertando
Millones de segundos
Listos a su efímera vida

Corre
Que se quede un poco de ti
En ellos

Vienen uno tras otro
Hacia esta orilla
Sin descanso
Cargando cada uno su puñal, su aire, sus bemoles.

Y
Llegado el momento
Se lanzan
Al vacío infinito
De nuestras vidas.

– Ernesto Muro

Vértigo

Al borde de tus miedos transitas como de costumbre,

junto a la misma ventana fría que te muestra la fragilidad del afuera,

mientras piensas por adentro y estás peor, te dices,

el filo que separa la vida de la muerte es tu despertador.

Si la mañana es agitada el café te consume,

quisieras que el aire fuese la célula final con la que muere el cáncer,

o el parpadeo temeroso inmediatamente después de una bala.

Sabes que después del paso al vacío ya no hay nada,

o al menos eso te han dicho.

Te enfrentas con el vértigo, en el duelo que paga el doble

o el triple en contra tuya y de todas formas saltas,

eres valiente, te dices,

pero no tienes agallas. Te falta mucho para saber de ti.

Puerta XXX

Camarada sin rostro
Para luego perderse
Tanto trasto a dos pasos
Media vuelta
A tal olvido han llegado

Se encienden a tus pies
Y pasan y pasan
Besando con su aire
La parte hueca de un cuerpo yermo
Y el viento fluye
En las miradas
En busca de algunos, los otros.

Se pierde el paso
A los extremos de tus ojos

Calma camarada
Que hoy endiosan en silencio
Un ave y un árbol
Muertos iban a tientas
Entre rayos infinitos
De días eternos
Anteriores a los tuyos
Cruzando nubosos bosques
De rodillas sobre la tibia sangre
Mirando adelante
Siempre
Cabrón.

Al Che.

– Ernesto Muro

La tarde bajo la tarde

En la tarde tendremos la noción exacta

de aquello que no podemos decir

precisamente porque a medida del paso, el devenir,

resulta más densa la figura de la distancia

que la propia distancia.

Bajo la tarde soy la propia tarde

que desvanece su imagen sin ningún tipo de temor,

no tengo el rezago del adiós y carezco de atadura.

Bajo la tarde redundo entre el final de sus colores

y el origen de su forma. No hay palabra todavía. Ningún concepto aterriza.

La duplicidad es una gran constante de la tarde:

la misma

pero tan distinta de sí misma.

A la espera de una cura

Las noches en prisión arrastran las cadenas
que creímos haber dejado atrás.
Parsimoniosas,
se deslizan como feroces serpientes al acecho.
Se inmiscuyen, se asientan en nuestra piel.

Rebelan un pasado
Donde la máxima victoria no era vivir un día más
Donde las sonrisas no eran tristes muecas de autoengaño
Donde nuestras almas tenían el confort del libre albedrío.
Donde la pendiente de las muertes aún no conocía el cielo.

¿Un amor correspondido?
¿Una caminata de ensueño?
¿Un sutil roce a la libertad?
Trasmutaron los días en incoloros…
¡displicentes!

La presente humanidad
es vigilada por un podrido miedo
que observa, cual terco celador,
desde una zona agreste.
Y resignada,
baja la cabeza y se rinde:
No al virus, sino a su propia estupidez.

Y las matemáticas listas para el conteo dramático
Y el humano quemando el tiempo
a la espera desesperada de una cura.
¿Será posible?
¿No estaremos muertos antes de su llegada?
¿La podremos costear?

Es mejor cerrar los ojos 
hallar la paz
entre las páginas de un libro,
en un solo de guitarra,
en la redención de un verso
en lo insondable de tu mirar.

Crear para liberar
Liberar para curar.

Pero al abrir los ojos,
Soy incapaz
de hallar una cura
como ellos
incapaces también son.

No hay arte que los encienda
ni necesidad que necesite de aquel calor.

Del arte que fluyó por entre mis venas
Que se inmiscuyó por cada resquicio de mi ser.
Por entre este saco de podredumbre
que apenas a un alma exangüe cubrió
y que ahora se va para no volver.

Revitaliza, sana.
Como el ronroneo de un gato a la luna.
Como el voyerismo de unas estrellas en extinción.
Como la respiración de un pequeño ser en una cuna.
Como cuando eras parte de la revolución.

La noche baja su telón
Y con ella las cifras en rojo
Se intensifican y conmocionan
¿Nuestro fin será tan aburrido?
Los fuegos artificiales que nos prometieron ¿dónde están?

Mientras que un hombre recibe el encargo
de preparar el himno al adiós,
El mundo alista su traje más mustio
Los bancos aún se niegan a bajar sus tasas de interés
Y los presidentes levantan bandera blanca
aceptando su necedad…

Los humanos seguimos aquí,
Los humanos seguiremos aquí,
¡Soñando!
En este,
o en el otro mundo.
¡Ya qué más da!

– Andrei Velit

Puerta CDVI

Decadencia en avance
Tan llena de vacío
Presencia fulminante.

Luz del frío
Ocúpalo todo, hasta los violines y el piano que huyen
Maldiciendo
Por novena vez
La Batalla de Vitoria.

Pasos idos
Tres segundos atrás
De pensamientos de ahora
Tan veloces de alma

Al paso de luces básicas
Fulguran en tu cuarto oscuro
Sol y Luna en entredichos
De Dante en el infierno de tu cuerpo

Soportando en vilo
Tu amor oceánico
De tierras firmes
De olvido.

– Ernesto Muro

Puerta IV

Náufrago citadino
Sé que pasas
Que subsistes

Y que extrañas el anochecer
En tu mansedumbre

Y que avanzas
Cual Quijote humeante
En busca de nueve monstruos azules
Que nutran tus demonios
Sin tanta súplica ya ahogada
Ávido de luz crepuscular

Y que en días como estos
Iluminados
Odias
En silencio
A solas con tus sanchos
Rosinando tus rabias

Y que te obnubilas
Con tanta realidad que podríamos cortar el aire
Alrededor de ti
Sin más que el ruido
De tu dicha eviterna.

– Ernesto Muro

Puerta LV

A la misma hora corta, casi imperceptible
El sol recoge presuroso
De la tarde
Su manto de luz honda
Tendido sobre el Mar de Tales
A extremos sin origen ni fin.

Y en ese instante
Las ansias fluyen
Arrasando las súplicas y el llanto ajeno
Enfermizo
Y cómplice
Del pensar siniestro
Indubitablemente de uno solo.

De venas hechas girones del tiempo
Acaso recodos del olvido
En clara oblación a la euforia
Ardiéndose los labios
Fustigando el aire
Hiriéndolo mortalmente
De libertad profana.

– Ernesto Muro

Suicida

Son monomanías del ánima mía,
si el deseo es conocer razones,
tú tendrás que responderles,
muestra tus ojos de demonio,
la maldición de todas mis historias,
dulce castigo de Sísifo
volviste a mis amigos, mis enemigos,
a mis amores solo polvo.

¿Realmente merecía aquel odio?
Al condenarme te has condenado,
mi funeral será tu tribunal,
el miedo de tus pesadillas
será mi espectro,
pobre inocente, pagué por tus crímenes.

Lágrimas furtivas entre pliegues
de una sonrisa de luz artificial,
conocen más de mis insomnios
que los libros nuevos sobre mi cama,
quizá jamás serán leídos,
pobres inocentes pagaron por tu crimen.

Doy una milésima oportunidad
a una moneda lanzada a una fuente
de los deseos,
el mesías jamás vendrá,
el mismo que te puso en mi camino,
cuando tu nombre está escrito en mis páginas,
la esperanza no es esperanza
viene de la caja de Pandora,
quizá, ni siquiera es tu culpa,
quizá es mía sólo mía…

Por todos mis atajos te encuentro a ti,
vil centinela, solo escapar
de las reminiscencias de tus ojos
cuando miro al único que ángel
que no se ha ido de mí,
pobre inocente, paga por tu crimen.

Quiero apagarme con la melodía del verano,
Werther espera mi llegada,
sé lo que haré una mañana de julio al despertar.
Cuerdas, pastillas o ríos de sangre
el final es el mismo siempre…

¿Me ahogaré en el mismo río de silencios?
No hay más remedio para mí,
tu maldición está en mi piel,
chamuscada y podrida,
la muerte quiero conquistar
pues es el único amante que dejaste entrar,
y entre sus sombras dormir en paz.

¿Dónde encuentro valor para la frontera cruzar?
Entre el sueño vivo y el muerto
¿Dónde estará, cuando será?
¿Cuál es la calle por dónde me espera Werther?

– Krizia Tovar

SOBRE LA AUTORA:

Krizia Fabiola Tovar Hernández nació en el Estado de México, en 1996. Algunos de sus escritos aparecieron en las revistas Reflexiones Alternas, Poetómanos, Awita de chale, Perro negro de la calle, MÁS Literatura, El morador del umbral, Prosa Nostra MX, Collhibrí, Teresa Magazine, Circulo literario de mujeres, Clan Kutral y El templo de las mil puertas. Actualmente estudia el último año de la licenciatura en Ciencias Humanas en el Centro Universitario de Integración Humanística.

Puerta CCXLVI

Qué sano me siento así de indignado,
Tan crepuscular, tan cadavérico de alma.

Solía decir, casi en silencio, aquel Ser vaiveneante, entre las nubes, solitario.
Asomándose con miedo hacia el abismo.

Señor Aire
Cuándo te veré en calma
Silbas y pasas
Eólico
Nunca permaneces
Qué designio el tuyo !!
Quién fuese tu aliado eterno !!

– Ernesto Muro

Ven, escapemos de Latinoamérica

Ser centinela a tus espaldas.
No me sirve de nada, al menos si fuese.
Conocer los peligros que cruzan tus pasos
Y los sonidos de las hojas secas en invierno.
Brillos en mi ocaso, señales en mi sueños.

Las brujas recorren el páramo cuando el sol descansa entre tus montes.
Mi espada no desenvaina, esperando el momento preciso de apuñalarme una, otra y otra vez, cada una más profunda que la anterior.

Tu sombra sigue caminando por una senda de luz tan hermosa como tu propia existencia.
No puedo dejar éste lugar, o quizá sí.
Necesito dejar de pensar en ti, o quizás no.

En este mundo que preparé en mi cabeza,
mi realidad es más ligera.
Sé que esto me está destruyendo,
pero me siento feliz.
Si me dieras un segundo,
te daría mi vida entera.

– Chopper

Mi himno blanquirrojo

(I)
Déjame que te cuente hermano, lo que es ser peruano
Acá aprendes que por más que estés cuesta abajo
Nunca doblega, tan solo te esfuerzas a seguir luchando
Para llegar a la cima como nuestro pasado nos ha enseñado.

(II)
Que somos un pueblo que sufre pero se levanta
No se resigna a someterse y siempre da batalla
A lo que se presente sin temor al hombre, ni a nada
Como Tupac resistiendo y demostrando nuestra casta.

(Coro)
Agradecido de la fortuna de vivir en esta tierra
Orgulloso siempre de la historia que te rodea
No hay manera que no sientas esta bandera
Cuando la ves flamear reconoces su grandeza. (BIS)

(III)
Somos todas las sangres queriendo salir adelante
Fuerza obrera, soñadora siempre triunfante
Aunque golpeada, ya sabes, si no se sufre no se vale
Por eso así seamos libres, elegimos malos gobernantes.

(IV)
Pero seguimos dándole cara al futuro incierto
La situación actual no es la mejor, es cierto
Hay mucha incertidumbre, demasiado miedo
Pero no hay partido que juntos no afrontemos.

(Coro)
Agradecido de la fortuna de vivir en esta tierra
Orgulloso siempre de la historia que te rodea
No hay manera que no sientas esta bandera
Cuando la ves flamear reconoces su grandeza. (BIS)

(V)
Así que hermano, por si lo olvidaste te lo recuerdo
Debes ser aguerrido como Bolognesi y nuestros demás ancestros
Que el futuro nos llama para que sea nuestro
Por eso me puse La Rojiblanca para escribir estos versos.

(VI)
Ya que fácil sería enaltecer mi patria con majestuosos calificativos
Hacer una prosa con refinadas y rebuscadas expresiones con motivo
De tu día festivo, pero quise ser más productivo
Conmemorando en cada rima que escribo: ¡Que somos!, ¡De donde somos! y ¡De donde vinimos!

– Diego Nuñez

Puerta LXIII

Cómo podría decirlo
Si contra tu aire
Ya no fluye aliento
Culpabilidad. Estancia obligada.
De tu santuario
A lo mundano que nos avejenta la mirada
De tanto tamaño
De traer lo lejos a tu lado izquierdo
O a tu bolsillo sin oración completa

Si acaso fuese tu capilla
Un adulterio oculto
Detrás de todas las cosas
Idas a destiempo
Entre tu y yo, en masa, en montones de minutos
De súplicas disfrazadas de canto

En tardes en las que vestías tus árboles
De contradictorios

Entonces entendería el por qué
De tus misas
A solas.

– Ernesto Muro

Soy una bandera

Soy una bandera rojiblanca
flameando incólume
ante los crueles vendavales de la historia.

Soy el árbol de la quina, la vicuña solitaria y una cornucopia vacía.

Soy tu himno al mediodía,
cantado de norte a sur,
con solemnidad.

Soy todos los ancestros corriendo por mis venas.
Soy el cacique de una rebelión que ante el destino se levanta.
Soy un balcón escondido, proclamándote la independencia.

Soy el monitor Huáscar
surcando al enemigo
presa por presa.

Soy ese último cartucho
quemado con honor
en nombre de la libertad.

Soy el sacrificio de la vida
surcando los parajes del cielo
bajo los colores de mi patria.

Soy un pueblo condenado, con resistencia a la tiranía.
Soy la lucha campesina por toda la sangre derramada.
Soy todo lo perdido y una herida en la memoria.

Soy la vanguardia del cigarro y el cuento de la insignia.
Soy un huaynito para el frío y una calurosa marinera.
Soy la voz del zambo Cavero y Avilés con su guitarra.

Soy una piedra negra sobre una piedra blanca.

Soy la bandera de una plazoleta desierta, sofocándose en la costa.
Soy la bandera de una escuelita olvidada, en lo más alto de la sierra.
Soy la bandera de un bote adormecido, entre la noche y la selva.

Soy la identidad en el rostro de tu gente,
el dolor punzante de un par de siglos
y todas las escarapelas de mi infancia.

El Perú es su gente

El Perú es su gente,
sentencias,
y es cierto porque
nosotros definimos las cosas,
nosotros alzamos la vista
y gritamos ¡Huascarán!,
al ver su pico abierto en búsqueda del cielo,
nosotros caminamos
y descubrimos nuestros pasos,
esos que antaño forjaron los caminos,
Qhapaq Ñan, la gran serpiente del mundo;
fuimos nosotros,
su gente sudorosa que contuvo el mar,
la arena de sus playas,
la misma gente que lloró por las orillas,
por las rocas,
la que luchó contra los yugos
y resolvió las ataduras,
la que persiste en pie
incendiando jaulas,
bebiendo del agua dulce de los mayus,
rezándole a las q’ochas,
a los apus tutelares;

de algún rincón nacimos nosotros,
unos del yuyo verde y sincero,
otros del sol y del oleaje,
hijos de Grau,
de las vidas que perdimos,
de la espuma y el orgullo,
del mar, la tarde,
la calma del Pacífico;
otros más bien alumbramos
de la tierra,
de la sed de nuestras pampas,
de las espinas pétreas que punzan
las nubes
y se mezclan con los cóndores,
de la nobleza
de la Pachamama,
del maíz y de la papa,
venimos también del polen,
de la lúcuma y su esencia,
somos cantuta y pisonay,
y florecemos siempre,
somos semilla,
fruto.

Llegamos de un solo lado,
pero también de varios,
crecimos de Caral,
de sus lejanos misterios,
fuimos siempre una mistura,
un perpetuo mestizaje,
nos hincamos bajo los mismos dioses,
Viracocha,
bebimos del fuego
y de la chicha,
cubiertos de textiles imposibles,
fuimos síntesis
de una sola memoria,
Wari,
quechuas, chankas y yungas,
fuimos todos Pachaquteq,
bañados de oro
y bendecidos por el Inti,
nuestra gloria es nuestra historia,
el sendero
por el que brilla nuestra sangre,

la patria,

la esencia de todos los rincones,
Amaru,
Melgar,

el sinfín de todos nuestros
nombres.

El Perú es su gente,
sentencias, sí.

Nosotros.

Dichoso desde el nacimiento

Nací en el país más lindo del planeta

Ese que tiene los más paradisíacos paisajes

Con montañas que están sobre las nubes

Una selva inmensa que no se acaba en el horizonte

Una costa deslumbrante con oasis en su desierto

Y un mar que es tan frió, que existe para entibiar nuestros corazones

Porque el peruano es cálido de nacimiento

Calidez que notas en su sonrisa

Calidez que sientes en sus abrazos

Calidez que ves en sus ojos

Nací en el país más hermoso del planeta

Este que tiene un himno que te activa la adrenalina

Este país donde todas las razas se unen

Y crean una nueva, la raza peruana

Esa que nunca se rinde ni baja la cabeza

Esa que se ha levantado de todas las adversidades

Esa que cuando un compatriota lo necesita estira la mano y lo ayuda

Nací en el mejor país del planeta

Y estoy orgulloso de eso

Orgulloso de su historia

Orgulloso de su gente

Orgulloso de su cultura

Y más que nada orgulloso de poder decir…

QUE SOY PERUANO

Hoy, te amo Perú

Hoy, repican campanadas de felicidad patria,
colmando de alegría los pechos compungidos,
de peruanos sufridos, golpeados y asolados por una pandemia y
por una corrupción tan letal como la primera.

Hoy, hombres, mujeres y niños entonan a voz en cuello,
la magnificencia de los colores de sus entrañas,
del blanco de su alma, y el rojo de sus venas que impregnan
una bandera de lucha y esperanza.

Hoy, copas tocan el cielo, repletas de néctares y ambrosias
donde Dios con un resoplido mágico, bendice esta tierra divina y sagrada,
cuna de poetas amantes y valientes,
y camposanto de indómitos rebeldes que sonríen a la muerte.

Hoy, guitarras y requintos trinan y agolpan con severidad su cajón,
instigan a las notas más tristes y más dulces, a recordar nuestra
alicaída historia, llena de episodios de desilusión como capítulos
de triunfo y de inexorable gloria.

Hoy, politiqueros se llenan las fauces de promesas y paparruchadas,
repletas de inmisericordes y demagogos discursillos, que procuran
sanar los corazones de treinta y tres millones de guerreros, que aplacados
por estos mismos anhelan la ilusión de un Perú mejor.

Hoy, 28 de julio es día de júbilo, de alborozo y regocijo,
de cervezas heladas y valses criollos,
de jacarandosa jarana y de un buen ceviche norteño,
de besos cándidos de nuestra madre y de abrazos de reconciliación con nuestro prójimo.

Hoy, te amo Perú.  

Perú al Bicentenario

Mi querido Perú, son 199 años por las que muchas generaciones te vieron nacer, nacer como República, soberana e independiente. Has pasado por muchos episodios y acontecimientos conmemorables, que cualquiera de tus hijos daría su vida por tu querer.

Hoy nos encontramos luchando todavía, resistiendo ante la adversidad por ganar la libertad, así como Alcides Carrión, los héroes de hoy no hacen uso de algún rifle o cañón, sino que ofrecen su vida usando mandil blanco en cuidado de tu población. Hoy el enemigo es diminuto vulnerando a tu nación. Se que saldremos victoriosos de esta horrible desazón.

¡Oh! Patria inolvidable, anhelo de las naciones, hoy te rendimos homenaje con gran afecto y muchas emociones. Como no recordar la grandeza de tus hazañas plasmadas en las canciones, el vibrar de tu gente y el coraje de tus pobladores.

Eterna tierra querida, aquella sangre derramada sobre tu lecho es una muestra del amor y cariño, que tanto Grau como Quiñones, entregaron sus vidas en defensa de la nación y tantos otros innumerables héroes, que a través de tu historia, defendieron tu bandera con gran honor.

Amado Perú, tierra de maravillas, tus cumbres nevadas son testigos de la creación, las tradiciones y costumbres de cada uno de tus pueblos te hace rica y no existe comparación. Me atrevo a decir, eres envidia del mundo, tus paisajes me dan la razón, tu historia y comida son el deleite de una nación.

¡QUE VIVA EL PERÚ!

Patria del alma

Mi patria es una ola soberbia
de un mar entrañable del Norte;
un cementerio marino en silencio;
una catarata furibunda en el bosque;
un puquial enamorado del musgo;
una fiesta del agua en la puna;
una aldea de pastores errantes;
una comarca de nubes apátridas.

Mi patria tiene la edad de los nevados;
tiene el lustre de las pinturas murales
de ciudadelas de barro majestuoso;
tiene el fulgor de las dunas rutilantes.

Mi patria es una caleta de pescadores;
un altar de sacrificios muchik;
un regazo maternal expectante;
una marcha de estandartes vibrantes.

Mi patria es una colonia penal
de viejos luchadores sociales;
un valle agrario donde anidan cernícalos.
Una isla de mil lenguas y mil banderas.

– Márlet Ríos

SOBRE EL AUTOR:

Márlet Ríos (Piura, 1977): Escritor, editor y traductor. Ha publicado La balada de Crates y otros poemas, Como barca encallada en la arena, Senda de la desesperanza y Ancestros. Ha publicado poemas en Ónice, Bocanada, La City, Círculo de Fuego, El Bosque, TXT, Conexos (Miami), Tajo, Bosque de latidos, Vorágine (Antofagasta), etc. Sus poemas aparecen en Ausente ardor de arena & algarrobos. Antología de la poesía piurana contemporánea y en Poetas del algarrobo. Editor de Como el viento cabalgando al sol. Primera antología de la literatura de Salamanca de Monterrico. Administrador del blog http://cerosoccer.blogspot.com/

Mi Tierra

A las veces que bebo historias
llenas de recuerdos,
de mi país ya casi añejo.
De las tierras encumbradas,
de los mares apacibles e impredecibles.
En tus costas ardientes,
de tu sierra fértil,
de tu selva frondosa.

Veo lluvias que desembocan
en tus ríos,
de tristeza y esperanza.
De vientos olvidados, en alturas frígidas,
de tus hermosos glaciales.

El lugar que me vio nacer,
el lugar que me vio crecer,
que me vio sufrir.

Recuerdo esa lluvias diagonales,
que cubrían las lagrimas tardías.
Me ayudabas a callar las huellas
del pasado.

Mi país amado, bendecido y latigado.
Donde mis pies pisen,
me das la bien aventura.
ciño fuerza al cálido lomo de tus atardeceres,
ciño esperanza para los nuevos amaneceres,
ciño lo indefectible de los anocheceres.

Vamos libres donde me lleves,
mi tierra amada, mi tierra incomprendida y milenaria.

Puerta XXIII

Si me preguntases
De dónde saco las palabras
Te diría
Que…
Las descuelgo del aire
Se las robo a la gente sin que lo note
Las respiro cuando me estoy ahogando
Las escarbo en una y mil pieles
Las encuentro en los sueños de todos
Se me presentan como intrusas en los senderos nocturnos
Me llueven
Se me rebelan en los silencios, amenazándome de muerte
Las escucho perdidas en canciones muertas
Se me clavan como dagas de plata al amanecer
Las rebusco entre rendijas del tiempo
Las descubro huérfanas
Las sorprendo clandestinas en las fronteras del algún amor por partir
Las repaso en mis recuerdos
Las rescato antes de caer al abismo sin fin de mi olvido
Y claro
A veces
Como hoy
No las encuentro

– Ernesto Muro

No podemos seguir así

“¡No podemos seguir así, tenemos que verla!”, gritó el corazón mientras se lamentaba amargamente. Estaba sosteniendo un vaso de whisky casi vacío en una mano y un cigarro recién encendido en la otra. Se encontraba recostado en el sofá, recubierto por una sábana delgada y recordando al amor.

“No podemos verla. No vamos a verla. Solo vamos a esperar”, respondió la razón con una serenidad desesperante. Él estaba sentado en una silla, dándole la espalda a su compañero y con los ojos clavados en un libro, uno de esos antiguos, de los que la poesía se había encargado de matar.

“No entiendo cómo ya no puedes amarla, si tú eras quien siempre estuvo detrás de ella. Si no es ahora, ¿cuándo? Si no es aquí, ¿dónde? Si no es ella, ¿quién? No me vengas con eso de esperar, que tú bien sabes que eso jamás nos ha servido, es más, eso nos ha terminado de joder cada maldita vez. Pero no ahora, no aquí, no con ella”. Corazón se levantó con dificultad y buscó alguna botella que aún tuviera contenido. Cuando la encontró, se lo terminó de servir con torpeza, llevó el vaso a la altura de su demacrado rostro y bebió el enésimo sorbo de la noche.

“Debemos esperar y punto, no seas terco. Ya estás demasiado ebrio como para seguir despierto, mejor apágate un rato y déjame manejar esto a mí”. Razón se levantó cerrando el libro entre sus manos. Luego, giró sobre su cuerpo para mirar a su compañero que ya estaba nuevamente tendido en el sofá con el licor a la mitad y el cigarro consumido.

Corazón se levantó nuevamente, acabó hasta la última gota del vaso que tenía en su mano, lanzó el cigarro al costado y encaró a la razón. “¿Manejarlo tú? Por favor, si tú no sabes nada de estas cosas. Tú eres el cuerdo, el que debe actuar con calma y serenidad, pero cuando la locura es necesaria, debo entrar yo, el avezado, el que corre los riesgos y al que siempre lastiman. Tú eres el que debería apagarse hoy, porque si ella no responde, no sabrás como lidiar con eso”.

“Tal vez estés en lo cierto, pero nunca más que yo. Nos conozco y sé que lo único que haremos ahora será adivinar lo que sea que pueda pasar aun sabiendo que siempre estaremos equivocados. Después de todo, esa es la causa de tu miedo: la incertidumbre.” La razón se quedó mirando fijamente al corazón que empezaba a quebrarse de nuevo y los ojos se le inundaban de lágrimas.

“¿Cómo es posible llegar a este extremo de sentimentalismo? Nunca nos preparamos para esto ni imaginamos que algo así podría llegar a pasar. Me arriesgué impulsado por ti y tus consejos. Ahora eres tú el que debería sacarnos de esto pero parece que no te interesa. Dime, ¿Por qué quieres seguir esperando, sin buscarla ni hacer nada?” dijo el corazón, mientras se secaba los ojos como podía y pedía compasión con la mirada.

La razón agachó la cabeza, dio un largo suspiro y abrió el libro que tenía entre las manos, justamente en la página que estaba viendo. Entre las hojas, había una foto de ella. “Porque, al igual que tú, tampoco quiero que esto termine. Aún la amo y no quiero olvidarla”.

Crítica

Había sido una mañana durísima. Entre mi sueño interrumpido y un café frío, las ganas de vivir se me estaban agotando en una rutina devastadora. Hace tiempo que no encontraba la paz mental necesaria para afrontar mi situación, mis problemas, ni mi vida.

Algunas semanas atrás, recibí una carta que no me daba la reverenda gana de leer, así que la tenía por ahí, llenándose de polvo entre documentos inútiles. Cuando me tocó revisar ese montón de árboles muertos, la carta resbaló como rogándome por recibir atención. Pensé que si alguien se había tomado la molestia de dirigirse a mí, sería muy descortés hacerlo esperar un poco más.

Abrí el sobre con indiferencia y noté que no tenía remitente. No le presté mucha importancia ni cuidado hasta que empecé a leer su maldito contenido. Al hacerlo, mi garganta se anudó.

“Estamos todos jodidos, Pareja. Ayer venía en el bus y no sabes la congestión de la evitamiento con Hilario Mendivil hermano, peor que Lima con el cristo morado, te lo juro; pero qué se hace.

Hoy me entregan la sentencia en el juzgado, Parejita. Parece bueno mi abogado pero era mejor el Alatrista dicen, solo que ese pata cobra un huevo y es tirar la plata como si sobráse, además, ni siquiera es él quien está en las audiencias dicen, está huevón.

Y ya sabes, que si todo sale bien, nos vamos por las respectivas chelas con el «boga» en su oficina por Pampa del Castillo.

Estamos jodidos, wayki. No pude llamarte, 12 años. Pero como alguien dijo hace mucho tiempo; en el Perú, solo hay dos tipos de problemas: los que nunca se resuelven, y los que se resuelven solos, Parejita.”

Luego de hacer algunas llamadas a un entorno no tan cercano, me enteré que un querido amigo mío había caído en una grieta del sistema por supuesta apología al terrorismo. Él era una de esas personas que no podía callar su voz. Me contaron que había asistido a una de esas tantas movilizaciones contra la corrupción y su error había sido usar una pañoleta roja para evitar ser reconocido. La policía no fue amable, mucho menos el juez a cargo. Indagando más y más, descubrí que le habían dado tres años de pena, pero, durante su primera semana allí, un matón que había perdido a su familia en el Ayacucho de los años ochenta, asesinó a mi amigo en su propia celda.

No pude cargar ni un minuto más con el peso de su ausencia. Rompí en llanto por la memoria de quien fuera mi mejor compañía de la infancia, pubertad y parte de mi adolescencia. Empecé a maldecir el momento en que nos distanciamos. Ahora él ya no estaba y solo había un responsable.

Y que más se puede esperar de un sistema judicial de mierda si todos están ahí para tapar su porquería. Y que nos quieren meter la rata con eso de la falta de pruebas corroboradas. Y que no nos damos cuenta mientras ellos ya están en España. Y que te vas al carajo si no tienes vara porque aquí parece que te encierran al azar aun con una buena defensa. En el Perú no importa que seas inocente, importa que tengas plata.

Visité la tumba de mi parejita un miércoles lluvioso de esos en los que las almas condenadas no salen a penar.

Al salir del cementerio, sentí nausea y asco por varias cosas. Por mí, por no haber abierto esa carta antes y por no haber conversado con él cuando aún podía. Por su proceso, su juez y su sentencia. Pero sobre todo, por esa pútrida razón por la que muchas personas tienen que rogar de rodillas, casi humillándose, ante esa ciega hija de puta comprada a la que llaman justicia.

– Rodrigo Ampuero Oróz y Pedro Javier Sedano

Dark poet

I

princesa gótica / una dulce epifanía
es tu voz que abrillanta mis horas
de mórbida adolescencia
en medio de susurros gatunos
y plazas sórdidas
escapando de la autoridad
tus gorjeos evanescentes
son un bálsamo posmoderno
en esta urbe de palomas esquizoides
cómo rememoro esos días
de indolente soledad
cuando tu venéfica mirada
de sacerdotisa moche
me incitaba al Caos
y yo ensimismábame 
y eludía la muchedumbre
y esquivaba las esquirlas 
de las bancas dinamitadas
por doquier

II

he dicho que tu voz era mejor
que un orgasmo en plenilunio
princesa gótica / mejor que
Cannabis sativa
en un balcón mudéjar
lleno de gatos angoras 
y no hay necesidad de clamar al cielo
solo vibrar con los acordes
de una canción de los 80 
bien dark 
en el idioma del enemigo

III

ahora todo es caos / soledad / delirio
mientras las veredas me musitan
el nombre de una ciudad costera
y yo voy a la deriva / sin rumbo
solo tu aliento de gata herida
princesa dark
mi adorable Némesis

IV

y caigo en la cuenta
de que te estuve buscando
todo ese bendito 1992 
en cada muchacha que conocía
en cada encuentro furtivo 
lejos de mi lar

V

oh dorada época de mis veinte
cuando todo era posible
y el ulular de las sirenas era
como un concierto de Vivaldi
yo te buscaba proterva Noche
y esquivaba tus baches y riachuelos de orines
y escapaba de los barrios 
de quintas antiguas y de brisa marina
oh Musa de mis más oscuras intenciones
Erato de caderas rollizas
y piel canela / adónde te largaste
por esos años de bombas y represión
de qué callejón de un solo caño
o casucha de esteras
emergiste / tendiéndome la mano
con toda ternura
y me guiaste
desde la infranqueable soledad de tus bucles
no supe encontrar tu ternura
ni aquilatar tu vesania
solo mi padre vio mi vocación /
por esos terribles años
cuando se sublevaba el viento
en los patios de la infancia
década del 90 como un grito destemplado
de pavor 
ningún sitio era seguro
por esos años / sin cannabis /
ni ansiolíticos
solo tú podías devolverme de golpe
lo que yo jamás debí perder.

– Márlet Ríos

SOBRE EL AUTOR:

Márlet Ríos (Piura, 1977): Escritor, editor y traductor. Ha publicado La balada de Crates y otros poemas, Como barca encallada en la arena, Senda de la desesperanza y Ancestros. Ha publicado poemas en Ónice, Bocanada, La City, Círculo de Fuego, El Bosque, TXT, Conexos (Miami), Tajo, Bosque de latidos, Vorágine (Antofagasta), etc. Sus poemas aparecen en Ausente ardor de arena & algarrobos. Antología de la poesía piurana contemporánea y en Poetas del algarrobo. Editor de Como el viento cabalgando al sol. Primera antología de la literatura de Salamanca de Monterrico. Administrador del blog http://cerosoccer.blogspot.com/

Dioramas

A lo lejos se desplomaba el atardecer, íbamos llegando a Lima. Para nosotros ese momento era aún de día o quizá ya caía la noche. El cielo combinaba ciertos tonos que pocas veces antes había visto juntos en un solo atardecer: líneas naranjas, como lenguas de fuego, casi fosforescentes, casi reales, se extendían sumisas a los pies del sol que ya sucumbía ante la crueldad del horizonte. Otras celestes aunque opacas, conformes y planas; pero había otras, y éstas eran las más extrañas, a las que no podría sentenciar dándoles un color, no sería exacto, mentiría.

-Todos esos colores están sólo en tu cabeza, yo no veo nada -dijo quizá aún dolida por lo que yo acababa de decir.

-Cree todo lo que quieras pero el amor no existe -sentencié, cerrando así una conversación que nos mantuvo enfrentados esporádicamente desde que salimos de aquella retirada playa sin nombre ni encanto en la que estuvimos acampando los cuatro últimos días, a la altura del kilómetro ciento ochenta de la Autopista Del Sur.

Antes no quise mentir con lo de los colores del cielo… y no lo hice. Sin embargo, lo acabo de hacer. Lo seguro es que sí fuimos con la intención de acampar pero al final ni siquiera armamos la carpa. Transpusimos nuestro cansancio las tres noches en la camioneta, desnudos, uno sobre el otro completamente ebrios, alucinados de tanta hierba. Esa última mañana, la del domingo, nos levantamos casi a las diez, sabiendo que tendríamos que regresar, y acaso sospechando que nunca debimos haber ido allá. Hicimos el amor con desapego, ausentes; se vistió aprisa y salió caminando hacia la orilla con los brazos cruzados a media altura sobre los pechos, como abrigándose las manos. Yo abrí la puerta y me paré al lado de la camioneta para cambiarme, la miraba sin atreverme a acercarme y lo cierto es que no sé bien por qué.

-¿Hay trago? -pregunté a la vez que miraba a ninguna parte por el espejo retrovisor. Aunque con ella el lenguaje es bastante obvio, esos gestos sin sentido, que preceden a una pregunta que intenta romper un corto silencio, no me abandonan y ya me había decidido a no esforzarme en evitarlos.
“Es la cuarta vez que preguntas lo mismo; si ya no sabes que decirme entonces mejor quédate callado”.
Al terminar de decir esto se pasó al asiento posterior y se echó encima de todo aquel desorden, conjurando, maldiciendo como si las cosas tuvieran madre. Últimamente esta era una actitud constante en ella, se irritaba con facilidad; recuerdo habérselo dicho, tratando de averiguar el por qué. No es fácil mantenerse al margen, uno siempre se llega a inmiscuir de una u otra forma, sobre todo cuando sucede que en tan corto tiempo las cosas cambian tanto y sin retorno.

Íbamos pasando San Bartolo y de pronto me vinieron recuerdos de cuando solía venir aquí con mi familia. Bueno, con mi viejo y mis hermanos; mi madre no era mucho de ir a la playa y se quedaba en casa pero se me ocurre pensar que no la pasaba tan mal librándose de nosotros por casi todo un día. Quería compartir estos recuerdos con alguien, con Edén, pero ella había decidido lo contrario.

– ¿Por qué no pones algo de música? -fue una pregunta que me llegó de a pocos, la dijo casi silabeando las palabras. Al mirarla por el espejo, vi que se había sentado y…
– ¿Qué pongo? -le pregunté mientras seguía observando los límites de su cuerpo por el espejo y la destreza para culminar lo que estaba haciendo. Aquella imagen me hizo sentir un extraño orgullo.
– No sé… cualquier cosa que vaya bien con todo esto -y lo encendió mientras me fingía una sonrisa en el espejo y absorbía el humo al tope de sus pulmones.
– Entonces es Lou Reed…
Al otro lado de las ventanas y arriba, la tarde caía pesadamente.

– ¿Te voy a dejar en tu casa?
– ¿En dónde estamos? -preguntó forzadamente.
Se me antoja pensar que estaba sucediendo eso que nos pasa a muchos –por lo menos a mí me pasó siempre- que cuando estamos durmiendo durante un viaje y de pronto nos despertamos, pareciera que no se hubiese avanzado mucho con respecto a la última vez que estuvimos despiertos y sin embargo sentimos haber estado envueltos en un largo sueño y entonces sucede que se quiere seguir durmiendo para así nunca llegar al destino. Esto sucede cuando no se quiere llegar ya sea porque el viaje fue muy placentero o algo indeseable nos espera al detenernos.

– Estamos a la altura de la Universidad, más o menos.
– ¿Cómo que más o menos?
– Acabamos de pasarla… tengo que echar gasolina.

Conocí a Edén hace seis meses aproximadamente, a mediados de agosto; cuando discutimos me saca en cara que ni siquiera me acuerdo del día y que eso se debía a lo poco que me interesaba pero lo cierto es que ella tampoco lo recuerda, y lo que es peor, lo niega. No sé muy bien que circunstancias me llevaron a acercarme a ella en esa fiesta –porque de eso sí me acuerdo. De principio, yo estuve allí más por lealtad a un amigo que por cualquier otra cosa. De un tiempo a esta parte, ya no me resultan interesantes las fiestas; en realidad creo que nunca me resultaron interesantes pero las soportaba, ahora ya no. Si la memoria no falla, fue algo así.

– ¿Me invitan un cigarro? -al retirarse nuestras miradas se cruzaron. Percibí en la de ella una vaga curiosidad.
– Hola… ¿bailamos? -no atiné a más.
– No… -respondió, dirigiendo la mirada distraídamente hacia el fondo del vaso para luego, cerrando los ojos, tomar un sorbo lento y largo que casi lo terminó.
– Bueno, entonces déjame conseguirte otra bebida…
– Eres muy pretencioso…
– ¿Qué soy qué?
– No está mal, considerando… -aquella sonrisa malévola se ha quedado grabada en mi memoria. Quizá va a ser, algún día, el único recuerdo que me quede de ella. Desde ese momento lo supe. Edén sería la chica con la quién yo quería estar; pensé que con un poco de suerte la relación duraría incluso hasta el verano. Iba a hacer que eso sucediera de una u otra forma y así fue.

Ella vivía con su abuela materna y una tía que era la menor de las hermanas de su madre, en una quinta en el Barrio de La Punta. Aquella casa siempre me llamó la atención, se notaba que era bastante antigua y sin embargo estaba bien conservada. Las paredes eran mucho más altas de lo normal y estaban cuidadosamente bien pintadas de un color blanco humo que las hacía parecer incluso más elevadas. Las maderas del techo eran largas y muy delgadas, tanto así que un día pensé que si las contase, no acabaría nunca, se veían en muy buen estado, brillaban como si estuvieran embadurnadas con algún tipo de cera. Pero lo más extraño era que una vez que se hubiese entrado a la casa, desaparecía el aroma de la brisa marina que estaba impregnado en el resto del vecindario.

Me contó se separaron cuando ella no había cumplido aún cuatro años y desde los catorce vivía con su abuela, nunca pudo llevarse bien con su padrastro. Este la echó de la casa un día que Edén llegó totalmente ebria a media noche y en plena discusión le dijo que lo único que él hacía bien era comer de la plata de su mamá y levantar putas en la Javier Prado, que ella lo había visto varias veces.
– Se ve que eras una chiquilla de mierda… ¿Nunca te pegó?
– Una vez lo intentó. Cuando se me estaba viniendo encima con una correa, se tropezó y se fue de cara sobre la mesa de centro. Le comenzó a salir sangre a borbotones y se puso a gritar como loco, mi mamá gritaba aún más fuerte y lloraba. Yo ya estaba en la puerta de la cal e preparada a correr en caso que me siguiera, de pronto me dio un ataque de risa…
– ¿Y qué hiciste?
– Lo de siempre, me fui a la casa de mi abuela… Me quedé una semana aquella vez. Mi mamá me fue a buscar, me dijo que Alfonso no me iba a hacer nada peor yo no le creí aunque regresé.
– ¿Y por qué te quiso pegar? esperando por respuesta algo que me hiciera reír.

Fue una de las primeras veces que vi a Edén realmente alterada, recuerdo que bajó de la camioneta y empezó a caminar rápido y luego a correr. Intenté seguirla pero la perdí. Esa misma tarde la busqué en su casa pero su tía me dijo que se iba a quedar en casa de una amiga en Lince hasta el día siguiente. Yo sabía que eso era mentira, ella no tenía ninguna amiga en Lince… Edén no tenía amigas.

– ¿Me vas a llevar a La Punta?
– Si… -le respondí mientras observaba con atención como muchas personas cruzaban la autopista en cualquier lugar, de cualquier manera, como si estuviesen cruzando un parque.
– Se ve que no te aloca la idea de llevarme al Callao…
– ¿Qué quieres? ¿Qué te lo pida regalándote una rosa?
– Hablando de mal humor… ¿Me paso adelante?
– Si quieres. -Lo hizo a la vez que encendió dos cigarrillos y sintonizó una radio en AM que transmitía música folclórica.
– ¿Qué radio es?
– No sé. -me respondió casi sin prestarme atención. Tenía la mirada perdida en algún lugar allá afuera, el viento le revolvía la larga cabellera negra siempre de la misma forma sensual que fácilmente me encendía. Estaba allí a mi lado y la sentía distante, casi ausente.

– ¿Por qué me preguntas si te voy a llevar a tu casa?
– ¿Qué pasa? ¿Te piensas poner sentimental y decir que la pregunta está de más? ¡Qué por supuesto me vas a llevar!
– ¿Y si fuera así? ¿Algo de malo en eso?
– No lo sé pero quizá tú lo sepas… ¿tienes un Rizzla? -me preguntó esta vez dulcemente. Hay algo en ella que sabe cómo intentarlo pero se atreve muy poco y muy de vez en cuando.
– Si, busca en la gaveta -le respondí evitando sonreír.

Faltaba muy poco para que termine de oscurecer. De pronto un cúmulo de sensaciones me invadieron, quería detenerme y caminar y no podía. Quería conducir a más velocidad y era imposible. Edén se recostó en mi hombro sin decir palabra alguna, fumando pausadamente. No era más que una reacción típica en ella, yo lo sabía pero de alguna manera me engañé pensando que trataba de acercarse, así de un modo tan simple y a la vez tan estúpido. Siempre creí que no hay ser que se exprese mejor corporalmente que una mujer, en esto yo a menudo me pierdo, quedo desubicado y de seguro que ella lo había notado.

– ¿Recuerdas que una vez no quisiste llevarme a casa? preguntó mientras con mucha ternura me daba de fumar.
– Sí pero sabes muy bien porqué lo hice
– Me lo dijiste al día siguiente. Yo hasta ahora no lo recuerdo
– Y eso que importa
– A mí me importa… -dejó algo por decir que me impulsó a seguir hablando.
– Mientras conducía, a cada maldita cuadra, abrías la puerta y amenazabas con tirarte, decías que te querías liberar, me empezaste a gritar un montón de cosas… Estabas completamente ida, se te pasó la mano esa noche, con los tragos y con todo.
– Y me dejaste donde tu prima… -hubo algo de intriga en su modo de decirlo, como esperando a que le replicara.
– Nunca te conté lo que pasó donde Ruth…
Escuché que su voz se fue apagando sin advertir que en el futuro la falta de ésta me llenaría de un silencio lejano y pesado, como el de todos los días desde la última vez que la vi.
– Dijiste que pasarías por mí a las 8.30 y llegaste a las mil… Bueno, él a salió a comprar algo para el desayuno y el imbécil de Polo sentado enfrente mirándome las piernas… Me paré frente a él, me levanté la falda, me jalé el calzón a un lado y se la enseñé; casi se la puse en la cara. ¿Te gusta? Agárrala, anda, vamos… Se puso de todos los colores y quedó mudo en medio de su propio silencio. Se retiró no sé a dónde, seguro a hacerse una paja… No sé…

Casi desde el principio compartimos nuestra afición por la lectura, en algunos casos nos habían marcado los mismos libros. En otros, no. Ella no soportaba a Vargas Llosa porque lo considera el perfecto escritor de supermercado y un farsante por presentarse de candidato a la presidencia de un país en cual casi nunca vivió; yo pienso que es un excelente ensayista aunque le cueste dejar el hígado de lado. En lo político ya no lo escucho tanto, creo que es una copia mansa del discurso de Margareth Thatcher.

Según Edén, su pertenencia más preciada era una caja grande, cúbica de cartón –esas en las que antes venían los rollos de papel higiénico Suave- y bastante vieja. Allí guardaba sus libros, eran setenta y cuatro en total, varios de estos en inglés. Me dijo, con esa dulzura seca muy de ella, que paseo su insoportabilidad colegial por varios centros educativos; ya no los recordaba todos y esto parecía no importarle mucho. Me contaba de tardes interminables, en su temprana adolescencia, cuando se echaba sobre el fresco césped de su jardín a leer acerca de ciudades incas perdidas en medio de la selva. Y también poesía. Walth Whitman fue quien encendió en ella la pasión por la poesía. Es por eso que pensó estudiar inglés, para poder leer a Whitman en su idioma. Lo hizo casi por su cuenta y en uno que otro instituto que su madre le pagaba a escondidas del padrastro.

Por aquel entonces yo tenía –ahora ya no- un cuarto en una pensión en el Centro de Lima, en el jirón Azángaro a unas pocas cuadras del Parque Universitario; solíamos pasarnos días enteros allí metidos haciendo el amor, bebiendo vino y fumando hierba pero sobre todo leyendo poesía. Recuerdo una vez que a ella le tocaba escoger el libro y se apareció como casi nunca con un bolso muy extraño que sólo se lo vi en aquella ocasión. Traía dos botellas grandes de ron rubio, dos toallas playeras completamente viejas y agujereadas pero limpias, una gaseosa de dos litros y tres cintas de música.
– ¿Y todo esto?
– Tus toallas ya dan asco… ¿Alguna vez las lavas? -Esas sonrisas cortas, cercanas y limpias son las que tengo como recuerdo cuando no estoy con ella.
– Se supone que estoy en mis días de peligro… – “Entonces tendremos cuidado a la hora de llegar a la meta” le dije pensando que aprobaría mi consideración aunque en realidad esta no llevaba mucho de cierta.
– No te preocupes que no te creo ni una palabra, ni una sola. Además, para algo tengo la boca -dijo clavándome sus ojos burlones.

El cuarto era bastante lúgubre, estaba en el segundo piso; las ventanas eran grandes y toscas, unos plásticos que alguna vez habrían sido transparentes reemplazaban los vidrios faltantes. Las paredes de quincha eran altas y ya plomizas por la polución, tenían manchas de formas extrañas, como mapas de un mundo ajeno a este a los cuales les puse nombre para algún día inventarlas en mi otra realidad. El piso era de madera y crujía a cada paso que uno daba. La luz natural parecía no querer entrar por decisión propia, quizá porque la lujuria y la gula que solían acontecer en esa habitación la opacaban y la hacían innecesaria.
También tenía un pequeño baño mohoso y oscuro que nos daba la tranquilidad de estar allí por nosotros pero al cual evitábamos en lo posible de entrar. El único foco colgaba de un alambre pelado en medio del cuarto y era toda la luz que teníamos. La puerta no cerraba bien y la aseguraba con la silla pequeña; la más grande estaba celosamente reservada para nuestros malabares eróticos. Solíamos sacar el colchón -si es que a ese costal de pajas malolientes se le podría considerar tal- y ponerlo sobre el piso, luego sobre este mis dos almohadas y finalmente nosotros boca arriba, desnudos y con un libro sobre nuestras narices. La vida era sólo el presente, el de al lado, no necesitábamos más.

– ¿Qué libro has traído?
– Los Poemas Completos de Whitman, en inglés…. The Complete Poems.
– Walt Whitman… -repetí silabeando el nombre completo.

Dejé la habitación del Jirón Azángaro a fines de diciembre, una semana antes del año nuevo; me resultaba ya un gasto difícil de cubrir. Si bien no iba todos los días ni mucho menos, el lugar se había convertido en nuestro refugio, a ella también le costó aceptarlo. A veces cuando estamos muy borrachos o muy volados – o por lo general las dos cosas a la vez – y la nostalgia nos cae a golpes, Edén me dice que fue su culpa el que hayamos tenido que dejar el refugio; lo cierto es que nunca lo vi de esa manera.

– ¿Sabes? Mi abuela no cree que tengas 30 años, dice que aparentas ser más viejo o algo así…. Y que tienes cara de mañoso.
– Bueno amor, eso es todo un cumplido para mí… ¿Y tú qué crees?
– Yo creo que en este instante te voy a pedir que me lleves al refugio y me des duro… Que me dejes sin fuerza ni siquiera para caminar… Y sabes qué más me preguntó mi abuela y delante de mi tía Irma.
– No sé… Vamos, dímelo…
– Me preguntó: Edén, hijita, ¿ya has tomado leche de hombre? A mi tía se le cayó la cara al suelo… Yo me reí entre asombrada y nerviosa.
– No jodas… ¿Y qué le dijiste? -le pregunté ansioso, sonriendo con los pulmones llenos de humo, apunto de atorarme, mientras nuestras miradas se centraban en el cuidadoso pase del porro de mis dedos a los suyos.
– Que sí, que claro… Y mi tía Irma me gritó: “Cállate cochina, respeta que estamos en la mesa”. Pero bien que se hace la estrecha, como si yo no supiera que tiene un tremendo consolador escondido en su cuarto.
– No pares amor, no pares.
– El otro día yo estaba en el techo tomando sol y sentí que alguien entro al baño. Me asome al tragaluz y vi que era la tía Irma, se iba a bañar. Ahí le vi el aparato, se lo pasaba por todo el cuerpo, se lo metía hasta en las orejas.
– ¡Qué vieja degenerada…! -exclamé a manera de broma.

Noviembre fue siempre para mí un mes extraño, lleno de anécdotas, de conflictos. No es que sea supersticioso, sólo que es verdad. Me reclamó tímidamente que en realidad ella sabía muy poco de mí y que no conocía ningún lado oscuro en mí y que eso era imposible. Le conté que hasta lo que va de mi vida, pude haber sido padre ya dos veces pero no fue así.

– ¿Aborto? -me preguntó cómo sabiéndolo de antemano.
– Una abortó y yo hice nada por evitarlo. La segunda decidió tenerlo pero tuvo una pérdida en el segundo mes… Fue terrible para ella, casi se muere, estuvo en el hospital como un mes o algo así.
– ¿Para ella?… ¿Y para ti? -su expresión me decía que cualquier respuesta que le diese no la iba a convencer.
– Mira, eso fue algo bastante triste pero yo estaba más preocupado por el a, el bebé nunca llegó a nacer, fue algo natural.

Hay cosas que uno se esfuerza por olvidar y quizás por eso son las que más fácil se recuerdan; yo esperé convencerla de que aborte y cuando se lo dije, lo que me respondió me hizo replantearme todo lo que hasta en aquel momento creía. Ariana. Ella fue la única mujer a la que le dije que amaba y era cierto.

“Yo no voy a detener el milagro de la vida que l evo dentro de mi ser simplemente porque tú piensas que no eres capaz de ser padre. Ni siquiera necesito que lo reconozcas… No necesito de tu pena ni de tu simpatía…”

Fui a verla al hospital días después, cuando ya me retiraba me llamó a su lado y casi al oído me pidió que no volviera, que en nombre de lo que habíamos tenido, que por favor ya no la buscara. No la he vuelto a ver desde ese entonces. La amé –quizás ya no- y eso no contó absolutamente para nada. De pronto es que el amor dura sólo un par de segundos y lo viene después son sus consecuencias, pensé, tratando de consolarme. Hoy lo tengo por seguro que es así.
– ¿Pero no intentaste volver a verla?
– No.

Edén me dijo que lo que yo tenía era un trauma. No lo creo. Pienso más bien que nos ponemos muchos condicionamientos cuando nos relacionamos. He hablado de todo esto con ella y pareciera que por primera vez alguien me ha escuchado sin necesidad de preguntarme nada, sin esperar más de lo que dije, sin esperar más de mí.

A veces pienso en esas dos criaturas que pude tener, lo cierto es que no me pone tan mal como en realidad quisiera. Las imagino esforzándose por aprender a caminar, algo que hacemos casi por inercia; las imagino jugando a la luz de un falso reflejo mientras yo las observo desde alguna sombra cercana, casi sin respirar; las retengo en sus movimientos tratando de inventarles otros, aún más perfectos; les dibujo la sonrisa que no tuvieron para consolarme de una pena que no siento.
De pronto deseo que llueva torrencialmente para salvarme pero muero aún más ya que en Lima no llueve. Siempre me he preguntado por qué pareciera que es la única capital del mundo donde no llueve aunque sé que eso no es cierto.

“Necesito más a menudo esta inmensidad frente a mí… este silencio lleno de ruidos calmos… siempre.” Parada en la orilla de cara al mar, le contaba cosas al viento; yo tirado en la arena detrás de ella, la escuchaba como si fuera un intruso a la vez que contemplaba la perfección en las líneas de su sombra, que parecía querer levantarse y demostrarnos que las sombras tienen un mundo aparte del nuestro.
– Edén, cuéntame más de cuando eras niña… Quizás toda la belleza del momento me aturdió dejándome sin que decirle y se me ocurrió preguntarle esto que, al acabar de hacerlo me pareció insincero.
– No me gustan ese tipo de acercamientos… cuando te lo cuente lo sabrás, no me preguntes cosas así, de la nada, saliendo del silencio…
– Pero tú lo haces… -le dije, justificándome.
– ¿Te estás quejando? O es que…
– Hey… sólo estaba preguntando algo, no necesitas darme todo ese circo con tu actitud de “radical girl”… me jode sobremanera que me respondan con preguntas…
– Qué sentimental que estás últimamente, no me extraña…
Eso en realidad me hirió, de pronto porque era cierto y falso a la vez. Era algo que iba más allá de ella, había empezado a sentir que el tiempo pasaba más rápido solamente para mí y al hacerlo no me daba chance ni de mirar mi rastro, lo que iba dejando atrás aunque esto fuera muy poco.
– Sí, tienes razón. Lo que pasa es que me estás empezando a dar pena. Eres borracha, fumona… eso no tiene nada de malo. Lo malo es que empiezo a sospechar que ni lo disfrutas, que te engañas… por último, es tu problema.
– Nunca pensé que en circunstancias adversas te brotaran así los complejos… es divertido, ¿sabes?
– Si vas a seguir con tu rol o de condescendencia, mejor cállate.
– Tengo una mejor idea. Mejor me voy, ¿no crees? Camino hasta la pista, tiro dedo y me voy… Y me cago en ti y en tus complejos.
– No tienes por qué caminar. Con gusto te l evo hasta la pista -le dije casi riéndome con maldad, deseando en alguna parte, conocida y a la vez oculta de mi ser, que me diga que bueno, para así quedarme allí solo y arrepentirme por el resto del día.
– Gracias…. y espero que pare un hombre solo, así de aquí hasta Lima se la voy chupando todo el camino sin parar… pensando en ti y en tus complejos.
– Te faltan vencer aún muchos demonios Edén, muchos… tu silencio te desnuda, te traiciona.
Sin notarlo, la tarde del viernes pasó casi en silencio después de aquella discusión; sólo en la noche cuando volvimos a entrar a la camioneta volvimos a hablar en la misma forma en que siempre lo hacíamos, como si unas horas antes no hubiese sucedido nada. Hicimos el amor varias veces aquella noche, casi ya sin hablar.
Al despuntar el alba, abrimos unas latas de atún y unos panes que se supone eran el almuerzo; luego volvimos a hacer el amor y leímos poesía: Abolición de la muerte. Empezamos a sentir frío y apretándose contra mí, me hizo sentir la calidez de su espalda, de sus nalgas, de sus piernas entrelazadas con las mías, de sus pies…
Despertamos en medio de una tarde húmeda, completamente gris y triste; el mar parecía no querer golpear la orilla y daba la impresión de haberse retirado algo expectante. Abandoné esa extraña impresión pensando decirle a Edén que mejor sería irnos esa misma tarde.
– No… ¿te das cuenta? -Me preguntó tomando un poco de arena en sus manos para luego dejarla caer por entre sus dedos lentamente, de a pocos.
– ¿De qué?
– Ni bien el clima se muestra hostil, los sentimientos de las personas cambian, así, tan de pronto.
– Eso sólo nos demuestra que somos parte de la naturaleza y que sus cambios nos afectan en la medida que la afectan a ella… No todo evitamos el SER humanos.
Al decir esto encendí un cigarrillo y tomé un largo sorbo de ron que quedó de la noche anterior. Debí haberme perdido por un momento en algún pensamiento, de pronto a lo lejos escuché la voz de Edén que me repetía algo que no entendí.

Fue la segunda semana de octubre. Mauro había conseguido un buen empleo en Chiclayo y me pidió que lo ayudara con la mudanza; tendría que llevarse todas sus pertenencias y era muy inseguro enviar todo por encomienda. La propuesta era que a cambio de una paga que yo consideré justa más los gastos de combustible y alojamiento por dos días en Chiclayo, llevara las cosas que no quería enviar por carga. Era ya un mes y medio que salía con Edén, pasaba con ella casi todo el día, todos los días y empecé a sentir que nos estábamos ahogando muy pronto; necesitaba un tiempo a solas, para replantarme, para dudar un poco más. Sentí que estaba cayendo en la etapa en la que todo salía bien y eso es un mal indicativo; el exceso de luz me estaba cegando, me estaba quedando sin contrastes donde ocultarme para sabes que aún estaba allí. De pronto el mundo se había reducido a ella conmigo y me sentía bien y me sentía ridículo por momentos como un tipejo cursi y descarado portando un ramo de rosas rojas por la calle contando los segundos que faltan para hincarse ante su amada. Me sentía así de mal. Miraba mi rostro en el espejo y me conocía de memoria; escuchaba pronunciar mi nombre y decía “¿Qué?”, pero en realidad ya me estaba anticipando mucho a mí mismo. Tenía que hacer algo al respecto.
– ¿Cuándo dices que vienes? -me preguntó en tono casi desinteresado, mirando hacia el muelle.
– No sé, tres o cuatro días… en realidad es pronto.
– Bueno, tú sabrás… total, ¿de qué se trata todo esto? Bien podrías irte sin decírmelo, no es que tengas que…
– No empieces… no es que tenga o deba, lo hago porque quiero.
– No me interesa, ni quiero saberlo todo… ¿me entiendes? Tú me cuentas lo que quieres y ya, por mi lado yo también… sólo te pido que no me insultes.
– Pero si sólo se trata de tres o cuatro días…
– Ya ves… me sigues insultando… ¿Por quién me tomas? No se trata de que sean dos o tres días o mil… Por favor, no me digas que no pasa nada entre los dos; no me digas que se trata solamente de ti y que no es nada con lo que tenemos… No quiero escuchar eso. Se trata de los dos y tú lo sabes… Es algo personal, lo sé…
– Mira, mañana lunes me voy estoy de vuelta el jueves; no es gran cosa, ¿o sí?
– Puedes venir el otro año si quieres… muy bien sabes que eso es tu problema y yo no necesito saberlo pero hay algo que no me estás diciendo, al final… ¡olvídalo…! -dijo haciendo un movimiento con la mano como queriendo apartar el aire en frente de ella.
Empezó a moverse nerviosamente en el asiento, hablaba como restando importancia a lo que estaba diciendo; trataba de cambiar de tema pero no podía sostener una conversación sin detenerse a mirarme a los ojos y sonreír levantando las cejas como si nada la molestase. Capté tristeza en el fondo de su sonrisa; cada vez que se ponía muy expresiva con las manos, como tratando de convencerme de algo, era que estaba en algún apuro con lo que sentía y tenía que ocultarlo. Esa señal de fragilidad la envolvía en una vaga belleza que me resultaba imposible de ignorar. Era como contemplar a alguien herido, suplicando que no se le haga más daño y eso me causaba un involuntario placer.
Las nubes pasaban delante de la luna, cubriéndola por largos ratos para luego dejarla a la vista de quienes buscan en ella el consuelo –para muchos, acaso el más antiguo y el único- que les brinda la noche. El silencio entre los dos se hizo grueso, casi impenetrable; muchas veces las cosas que no se dicen son las que mejor se entienden.

A la mañana del segundo día de haber llegado dejé la camioneta en un taller hasta el día siguiente; era la primera vez que estaba en Chiclayo y quería caminar o por lo menos hacer más contacto con la gente lugareña.
Una fila de autos, la mayoría antiguos Dodge o Chevrolet, anunciaban como destino final el puerto de Pimentel. Serían aproximadamente las ocho de la mañana y después de tomar un jugo de frutas en la Plaza de Armas decidí ir a la playa. El día estaba fresco, el cielo despejado, no podría estar mal sentarse frente al mar por un rato.
Volví a preguntar por el nombre de la playa.
– Pimentel, señor, la mejor playa de Chiclayo… A sol cincuenta señor…. En diez minutos estamos allá jefe…
Pensé que eso de la mejor playa era lógico decirlo pero de seguro habrían otras mejores, aún así iría a Pimentel, sin imaginar siquiera que allí cambiarían muchas cosas para mí.

– Bueno, saquemos las cosas, la carpa primero… Ayúdame a armarla Edén… -le dije mientras miraba la orilla hacia ambos lados para ver dónde nos habíamos estacionado.
– Cálmate, acabamos de llegar… Ármate un porro, brindemos por la llegada y después hacemos tu carpa y todo lo que quieras.
No había gente acampando en las cercanías, daba la impresión que no había pasado nadie por allí pero de pronto la bocina lejana de un bus en la autopista me hizo regresar a la realidad.
Fue un espejismo verla salir del mar. Edén se había recostado a mi lado y quedó dormida balbuceando no sé bien qué maldiciones a qué personas mientras yo miraba con detalle cada comisura de su cuerpo y sentía que nos pertenecíamos. Lo imperceptible de su respirar le daba una apariencia de fragilidad aún mayor, de algún modo presentía que esa primera noche iba a ser distinta.
Es curioso como una botella de vino y algo de fumar pueden abrir puertas que te lleven incluso a sentir temores placenteros y dolores excitantes.
Aquella noche, a escondidas de mis miedos, preparé una velada especial para el estreno de unas posturas sexuales que, se me antojaba pensarlo, prometían muchísimo placer.

– Esas chaquiras que vez al í son todas originales. Yo mismo las he huaqueado… son de esta zona.
Celestino, orgullosamente huaquero y chamán, había nacido en Ecuador pero pasó casi toda su vida en el norte de Perú. Su aspecto era pétreo y su voz era áspera y firme, como si siempre estuviese sentenciando lo que dice aunque sus largas pausas al hablar hacían, al principio, que uno quede en un ansioso limbo que terminaba cuando sabiamente resolvía alguna duda o simplemente daba un dato histórico.
– Los Cupisnique… siempre sueño con sus arañas trepando los muros de sus templos… Es un sueño que siempre vuelve.
– ¿Te atacan las arañas? –pregunté mientras observaba los curtidos pliegues de su bronceado rostro.
– No. Nunca me atacan. Solo las veo que pasan… miles, muchas.

Miraba con atención las cosas que Celestino tenía. Piezas de cerámica y orfebrería que fue guardando y fotos de otras piezas que fue vendiendo a coleccionistas; telares incompletos, collares, anillos, aretes hechos de huesos de aves y especies marinas y alguna que otra antigüedad virreinal. Me llamó la atención en particular un cuchillo de combate medieval por los ornamentos de su empuñadura.
– Mil kilómetros…. Casi todo es desierto y aun así fueron grandes ancestros. Nos dejaron un legado que no podemos ni siquiera igualar…. Mil kilómetros, muchas veces…. Y las mujeres…. Las mujeres…
– ¿A qué te refieres con “mil kilómetros”? -pregunté algo confundido.
– Ellas tuvieron el poder por mucho tiempo…. Gobernaron en grandes extensiones de territorio…. Decidían la vida y la muerte…. De ellas viene toda la sabiduría.
– ¿Por qué “mil kilómetros”, Celestino?
– Y las arañas… siempre las arañas. En el as estaba la vida misma…

Me resultaba difícil sacar a Edén de mi mente. Escuchaba su nombre en la brisa que me golpeaba el rostro. Y no es que extrañara que estuviese allí, de hecho me sentía a gusto pensando en ella pero al mismo tiempo sentía que estaba bien que estemos distanciados y esa sensación me daba un poco de temor. ¿Sería que no la amaba? Me llenaba de dudas. Recordaba con especial detalle la última vez que estuvimos juntos. Creo que a pesar de toda esa noche que pasamos teniendo sexo intenso, sentíamos los dos que nos estábamos acercando al final de nuestra historia. Un halo de tristeza nos invadió al terminar extenuados uno al lado del otro y darnos la espalda. Luego de unos largos minutos de quietud me di vuelta y empecé a acariciar su cabellera, casi imperceptiblemente para ella y al asomarme temerosamente sobre su hombro izquierdo, noté que lloraba en silencio con la mirada puesta en ningún lado, vacía.
– ¿Sabes? El otro día Clarisa me preguntó si de veras te amaba.
Edén solía romper silencios incómodos de esa manera, de la nada. He llegado a creer que es un mecanismo de defensa ante esos silencios hirsutos

 ¿No era que amar es no poder sentirse bien sin el ser amado cerca de ti?

– El hombre en estas costas desiertas tiene mucho más tiempo de lo que la gente cree… Incluso desde antes que haya costa… El tiempo es infinito para el futuro y para el pasado… es un gran círculo que se cierra más al á de lo que podemos imaginar en tiempo y espacio. No podemos… pero el tiempo va y viene.

Esperaba con nerviosismo mi vuelta a Lima, estaba ansioso y no sabía bien el por qué. De pronto eran las ganas de ver a Edén, de abrazarla, de respirar su olor, de comerla a besos, de sentirla completarme en silencio, de humedecerme entre sus murmullos, de sentir ese placentero dolor que me provocan sus uñas y sus dientes. Ella estaba presente en mí de una manera absoluta, aun así sabiendo que nunca me diría quien realmente era, sus verdaderos deseos y metas. El lugar secreto que ella tenía era inalcanzable, inubicable. Solo quedaba esperar a que me dejara entrar algún día y sabía que eso no era posible; no se le puede pedir a una mujer que vaya contra su naturaleza. Y yo ya sabía que amaba a Edén y por lo mismo la iba a dejar ir, para siempre.

Esta historia ha sido construida sobre datos recogidos en muchos lugares, escuchando a quien quiso ser escuchado, en viajes inolvidables que me sugirieron que tendría que poner esas cosas por escrito y compartirlas con la inmensa minoría de los míos.

– Ernesto Muro

Cigarrillo

Soy infumable, estoy roto, soy desechable.
Perdí mi filtro, ese que te hace sentir todo más suave, ese que te protege de ciertos males.
Quisiera consumirme, exhalar estos negros sentimientos, que se formen nubes negras a mi alrededor, pronósticando dolor.
No hay llama que me prenda, ya no siento ese calor, no hay quien me fume, no hay quien me use, tampoco que me quiera.
Soy infumable, estoy roto, soy desechable.

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Etéreo

Si, soy aquello que golpea tu ventana,

raudo e impaciente, veloz y ruidoso. 

Soy aquello que tiene forma del simple toque con tu ser,

aquello que te acaricia cuando quieres libertad. 

Entro a veces entre tus cabellos de obsidiana,

los sacudo entre su aroma cubierto de deseos, de su olor inherente. 

Toco con frecuencia tu rostro cada vez que abres tu ventana,

te acaricio con fuerza, como si el mundo se fuera a acabar,

siento así que soy tuyo y que tu me perteneces. 

Siempre llego a mi parte favorita,

ahí cuando rozo tus labios,

los toco llenos de ese aroma carmesí,

me ahogo ahí hasta sentir tus besos. 

Toco tu piel hasta cansarme,

te acaricio plena y completa cuando me das la libertad sobre ti. 

Y siempre me das la espalda cada que cierras tu ventana,

allí donde no puedo llegar,

donde mi frialdad no te puede alcanzar,

no te puede tener. 

El deseo me retuerce a su merced,

silbo fuerte si acaso me puedes escuchar,

sueño completo inacabado,

el sueño de tocarte hasta el amanecer. 

Golpeó más fuerte, cuando la oscuridad se desenvuelve,

cuando duermes sin saber que existo. 

Allí donde en tu lecho quiero estar,

allí donde jamás me dejas entrar. 

Si, soy el viento, que te anhela desde siempre.

Qosqo

La noche está hermosa.

Desde una banca de la Plaza Mayor
puedo ver tus calles
y tus casas
junto a los faroles naranjas,

el puchito infaltable
y el friecito
me hacen quererte,
no sé,

quizá porque me has visto crecer. Me es inevitable reafirmar lo que son cada uno de los rinconcitos por donde te estuve, y tu gente, qué bonita tu gente. Dos nombres llevo grabados, la Doña Rosita y la Sra. Blanquita, con el permiso de los que –como yo- nos escapamos para nuestros picantes. Sinceramente te respeto, porque así me enseñaron mi madre y mi abuela, a querer tu pachamama, siempre, para todo en la vida. Bajo ese tu cielo cambiante tuve nostalgias y muchas alegrías, son testigos mi familia, el colegio, los amigos, y el Cienciano del Cusco. Siento temor –a veces- cuando al mirar tus imponentes piedras reparo en que son sagradas, como la vez en Machupicchu a las orillas del Urubamba, solo y de noche. Tenía toda la razón el Cholo Nieto, Qosqo willkaskan sutiyki (Cusco es tu nombre sagrado).

Y qué más, Pachamama

I
Y qué más, Pachamama
si ya no hay sangre pura

si se han llevado el oro y la creencia

y me arde la piedra labrada
bajo el sol que llora
por sus hijos.

II
Qué más que puma,
llaqta y wasi

si seguimos aquí
siendo incas
siendo dioses.

III
Qué más
si la hoja de coca nunca muere

en ofrenda
en la cocha
en la chuspa
en la boca

y nos cura
cada noche.

IV
Qué más que un caminito
del qhapaq ñan
que llega a casa
y me guarda los pies cansados
con mi madre.

V
Qué más

si no quedan lágrimas para sollozar
sobre un Machu Picchu

de cartulina.

VI
Qué más
si perdemos el sentido

del apu
del ancestro
del campesino
del ande.

VII
Y qué más, Pachamama
si nos haces falta

y solo tenemos
este manto de estrellas
brillando sobre nuestros chullos

al infinito.

Cusco Inmortal

Ciudad inca
Única en el universo
Solo tú tienes esta magia
Capaz de cautivar a cualquiera
Opulenta en historia como ninguna

Inmortal ciudadela
Nunca me cansaré de verte
Motivas mis más locos sueños
Omnisciente de ellos
Reanimas mi corazón moribundo
Tentándolo con promesas de grandeza
Algo parecida a la tuya
Legendaria ciudad de los incas

BLOG: FIESTA EN CUARENTENA

24/06/2020

Antes de escribir esta página del blog, pensaba hacer un poema (como los que acostumbro hacer) o de lo contrario un texto de opinión (como el que hice el año pasado); sin embargo, este año quise hacer algo distinto, pues como ya sabrán todas las celebraciones por este mes tan especial y festivo quedaron canceladas, debido al ataque del bicho que hasta hoy sigue sacando canas verdes a todo el mundo; razón por la cual decidí dedicarle una página de esta bitácora.

Bueno, para comenzar, no sé si vieron ese meme que citando varios aspectos del pasado, tenía una enmienda que decía: “Cuando éramos felices y no lo sabíamos”; pues bien, eso está pasando conmigo hoy y seguramente con muchos de ustedes, pues este mes era para celebrarlo e ir a las diversas reuniones costumbristas de nuestra tierra. Y aclaro con ello, que no soy un nostálgico encaprichado con recordar el pasado y vivir de él, sin embargo, no nos queda otra al estar aún en cuarentena (que dicho sea de paso , ya está tornándose aburrida) hasta finales de mes.

Vale, esto pasó a raíz de la publicación a principio de este mes, donde se exponía en un video las actividades por las fiestas del Cusco, que esta vez, serían de manera virtual (como se esperaba), donde me puse a reflexionar que toda esta cultura, costumbres y fiesta no habría este año. Y dicho y hecho, con la llegada de Corpus Christi, comencé a extrañar la subida de los santos con dirección a la catedral, rodeados de sus respectivas comparsas de bailarines, orquestas que daban colorido a la ciudad y esa sensación de que con esta fecha comienza oficialmente el mes Jubilar del Cusco. A lo largo de este mes, por otra parte y continuando con los festejos, es inevitable pensar que este año no habrá el ya clásico desfile de universidades y colegios; así como el saludo al Cusco por parte de las instituciones públicas y privadas, que era genial verlo por la señal de las televisoras locales. Otros eventos que no habrán este año, será los conciertos, que eran el deleite de los jóvenes y público en general, aparte el momento de distracción escuchando buena música; esto claro, fuera de los excesos a los que suele llegar la gente en su euforia, que daba siempre una mala imagen de estos eventos. Pero quizá, este año no habrá Inti Raymi, que a leguas es el evento que se roba las luces y por ende el más importante; donde el inca propicia la celebración de la fiesta del sol y conglomeraba la atención de la población local; así como también de turistas nacionales e internacionales.

Con todo lo dicho, esta pausa obligada siempre te pone a pensar de la importancia de nuestros orígenes, tradiciones y la importancia de la cultura viva que la percibimos día a día, que quizá por el ajetreo de las actividades cotidianas queda en ocasiones en un segundo plano; por lo cual creo es importante revalorarla y cultivarla en toda la amplitud de su riqueza (hablo de danza, música, poesía, entre otras) para que continúe viva por siempre. Ahora solo queda vivir las fiestas dese casa, pero estoy seguro que al siguiente año, volveremos a celebrar con todo el ánimo y cariño a nuestra tierra; claro, siempre manteniendo la corrección y cordura (te hablo a ti, cochinote que orinas en la plaza, durante la noche de luces y sonido) que nuestra tierra se merece.

Con esta última reflexión me despido, no sin antes recordarles que deben cuidarse del bicho que aún pulula por ahí (ahora que en unos días se reanudan las actividades en la ciudad) y que hayan pasado unas felices fiestas del Cusco. Les escribió el Agente D, hasta otro capítulo del blog. ¡¡¡¡Haylli Qosqo!!!!

Contraste verde y cielo

Verde y verdes
en un cielo totalmente despejado
uno se quema en el sol
y uno se congela en la sombra.

Verde y verdes cristalinos
sobre los cerros de los niños
verde amarillo como alfombra de amantes
y verde luminoso para las familias que hoy no lloran.

Verde y verdes
sobre rectas canteras
sobre históricas figuras
sobre la humanidad.

Verde bajo nubes grises
hoy he decidido
mi corazón es verde gris como la lluvia que se avecina
como esta tierra. Gracias Cusco.