Marido y mujer

Ellos conversan en el bar de los cisnes. Juntos, se murmuran los secretos mimosos y suyos. Y sus manos se tocan con suavidad al vaivén de la bruma que se agita suspirada en la calle décima. El viento de hoy es frío en Bogotá y ellos se beben el café caliente con las voces, adentro del establecimiento que es apacible. La tarde reluce en la mujer, Aura, la sombra desaparece en la cara del joven, Felisín, mientras él reconoce a esa cineasta de ojos negros. Dejan otra vez las tazas sobre la mesa. En la rockola suena la música de Ely Guerra. Ambos se desean con timidez. Sus brazos los rozan con una parsimonia temblorosa. Lo importante es estar a solas. La piel de la fémina es serenática. Su alma aviva en mocedad su belleza. El enamorado entonces con galanura, le acaricia una mejilla con sus dedos. Despacio, la consiente con felicidad. Huele su fragancia, le coge el pelo con sus labios. Sin embargo, no es capaz de besarla. De hecho, Felisín ve que acaba de aparecer el esposo por la entrada secundaria. Mejor entonces, corre la silla hacia atrás en un acto disimulado y solo se pone a silbar a medida que Saleza se acerca y los saluda diciendo:

-Hola, mis amores, pero como están de bien, que dicha de verlos.

Ya aquí cierra la boca, por cierto que él guarda un revólver en el bolsillo del pantalón, desde hace casi dos días.

– Rusvelt Nivia Castellanos

SOBRE EL AUTOR:

Rusvelt Julián Nivia Castellanos nació el 24 de septiembre de 1986. Actualmente reside en Ibagué; Tolima, Colombia. De profesión es Comunicador social y periodista, carrera que estudió en la Universidad del Tolima. Ha participado en el Taller de cuento Hugo Ruiz Rojas en la Universidad del Tolima y en el taller de Relata, Escribarte, Ibagué.

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