¿Qué tal tropezar con Damastes en una esquina literaria?

Al volver la vista atrás hacia el mundo griego, nos encontramos con que, en la Grecia Antigua, existía la famosa ciudad de Eleusis (polis de Eleusis) donde se realizaba el culto de las deidades femeninas Perséfone y Deméter, madre diosa y su hija también diosa. Fue uno de los cultos mistéricos con más adeptos de su tiempo. Además, de todos los ritos celebrados en la antigüedad, estos eran considerados los de mayor importancia y se extendieron posteriormente al imperio Romano.

Fue en la “polis de Eleusis” que Damastes, el hijo de Poseidón, dios de los mares, se estableció como posadero en su casa en las colinas.

Damastes ofrecía posada al viajero solitario. Tenía un comportamiento muy amable, solícito y cariñoso hacia los viajeros, a quienes les ofrecía hospedaje en su casa.

En seguida se hizo conocido como hospedero y luego fue apodado de Procusto que significa “el estirador” por su exclusivo método de tornar perfecta la estancia a los huéspedes de su posada.

Cuentan que Procusto les invitaba a acostarse en una cama de hierro, cuando los huéspedes estaban durmiendo profundamente, los amarraba en la cama y aquellos que no se ajustaban a ella porque su estatura era mayor que el lecho, les serraba los pies que sobresalían de la cama; y si el desdichado era de estatura más corta, entonces les estiraba las piernas golpeándolas con un mazo hasta quedar a la altura del lecho, hasta que se ajustaran exactamente al catre.

Algunos cuentan que se trataba de dos camas de diferentes tamaños, una larga y otra corta, dependiendo de su apetito era la cama que ofrecía. Sin embargo, otros cuentan que la cama poseía un mecanismo móvil por el que se alargaba o acortaba, según el deseo del perverso posadero. Por tal motivo, nadie podía ajustarse exactamente al catre y, por tanto, todo el que se alojaba en su posada era sometido a la mutilación o al descoyuntamiento.

Procusto terminó su reinado de terror y su malvada existencia de la misma manera que sus víctimas. Fue capturado por Teseo, que lo acostó en su camastro de hierro y le sometió a la misma tortura que tantas veces él había aplicado a los hospedados.

El mito de Procusto ha quedado enraizado en la tradición popular y en la literatura universal como una expresión característica para referirse a quienes siempre pretenden acomodar la realidad a la inopia de sus intereses o a su particular visión de las cosas.

Estas personas poseen un plausible empeño por cautivar a los demás, dando la impresión de ser muy amables y agradables, además de sinceras.

Están siempre muy seguros de lo que deben hacer, pero esa clarividencia suya es la principal causa de su obstinación al error ya que su preocupación por los demás se inscribe en un patrón que no hay forma de eludir. Pues son previsibles e irreductibles.

Su incansable actividad deja numerosos heridos a su paso. Cuando se les hace alguna objeción acerca de sus rígidos planteamientos, se molestan y suelen seguir adelante sin inmutarse, convencidos de estar siempre en la mejor de las actitudes.

Su generosidad es bastante egoísta. Siempre guardan una intención oculta detrás de sus actos aparentemente inofensivos y hasta, de cierta forma, benévolos y humildes.

Son personas que no se sitúan. Son los que piden sinceridad y cuando se les dice la verdad, se enfadan. Los que piden que se les haga cualquier observación con toda confianza, pero cuando se les dice algo concreto, no les gusta nada. Los que hablan de diversidad y de tolerancia pero no les gusta que no se piense exactamente como ellos. Son los que se llenan de celos si alguien sobresale de la medida de su propia mediocridad. Todo lo juzgan a su conveniencia. Todo lo quieren cortar a su medida. Quizá su principal problema es precisamente que se creen medida de todo y, por eso, siempre llega el momento que es ingrata su compañía.

El Síndrome de Procusto, al igual que otras patologías, está bastante más extendido de lo que uno puede llegar a pensar. Y como en cualquier patología obsesiva, puede observarse en prácticamente cualquier entorno, puede estar disfrazado de amigo, padre, hermano, profesional de confianza, etc. Lógicamente, eso tiene graves efectos sobre quien se relaciona con ellos.

Este mito refleja la presión a la uniformidad que es característica del síndrome con su mismo nombre, así como la actitud inicialmente afectuosa y acogedora que muchas personas, que manifiestan este síndrome, imprimen a su interacción sin que aparentemente exista ningún tipo de malestar o conflicto.

Algunos de los ámbitos en los que resulta visible este síndrome, que se define por la intolerancia a la diferencia, son los siguientes: laboral, familiar, personal, etc.

En el ámbito académico, quien sobresale es muchas veces mal considerado. Se trata del sector en el que el síndrome de Procusto puede resultar más evidente, especialmente, al existir una gran competitividad. En ese ámbito se va a intentar que la persona que sobresale, no lo haga, minusvalorando sus aportaciones o incluso apropiándose de ellas, estableciendo un excesivo nivel de control sobre el sujeto en cuestión y, en algunos casos, se extienden rumores respecto a su persona o su trabajo con el fin de desacreditarla.

En muchos casos, en los que la persona que se siente amenazada tiene poder para ello, puede llegar a no contratar o no promover a las personas más eficientes, sino a otras más dominables y que pueden suponer una menor amenaza.

Atendiendo a esta leyenda y a esta definición, es evidente que esta patología hace que quien la sufre se muestre intolerante ante los éxitos de los demás. De este modo, las personas que padecen el Síndrome de Procusto detestan a aquellos que destacan en algún aspecto y rechazan, en consecuencia, todos los proyectos e ideas que proponen.

El perfil de una persona con el Síndrome de Procusto se resume en que sufren enormemente y se sienten mal cuando otras personas tienen la razón y ellos no. Además, por lo general no son conscientes de lo que les ocurre y puede que incluso piensen que son empáticos.

Así, ante a una situación tiránica y arbitraria, se dice acuéstense en el “lecho de Procusto”. En la práctica, es la incapacidad para reconocer como válidas las ideas del otro, el miedo a ser superados profesionalmente o al ser superados en sus conocimientos.

También existen Procustos en la literatura. Ahora, en tiempos de pandemia que el intercambio tiende a ser mayor ya que las redes sociales hacen las relaciones literarias más dinámicas, es fácil reconocerlos. Entonces, te pregunto: ¿Qué tal, tropezar con Damastes en una esquina literaria?

– Márcia Batista Ramos

SOBRE LA AUTORA:

Márcia Batista Ramos, nació en Brasil. Licenciada en Filosofía. Es gestora cultural, escritora, poeta y crítica literaria. Es columnista en la Revista Inmediaciones, La Paz, Bolivia y en periodismo binacional Exilio, México. Publicó: Mi Ángel y Yo; La Muñeca Dolly; Consideraciones sobre la vida y los cuernos; Petty Barrón De Flores: La Mujer Chuquisaqueña Progresista Del Siglo XX; Tengo Prisa Por Vivir; Escala de Grises – Primer Movimiento; Rostros del Maltrato en Nuestra Sociedad; Dueto; Escritoras Cruceñas, Caballero, Reck & Batista; Escritoras Contemporáneas Bolivianas, Caballero, Decker & Batista; Caspa de Ángel – antología de cuentos, crónicas y testimonios del narcotráfico, Batista-Ramos & Carvalho Oliva. Es colaboradora en diversas revistas internacionales.

Sabrosa relación entre gastronomía y literatura

Entendiendo nuestra doble condición como seres humanos que, al mismo tiempo somos seres culturales y seres biológicos, manifestamos un fuerte vínculo entre la cultura y la comida. Siendo que la comida no se restringe a lo culinario ya que engloba valores de la identidad religiosa, histórica, económica y social, entre otros.

La comida, en cuanto a usos y costumbres, fue analizada por la investigación antropológica de diversas maneras: la construcción del llamado objeto de estudio o la selección de los sujetos participantes en la investigación.

Según el grupo humano al que pertenecemos, ciertos aromas y sabores son muy agradables y familiares a nosotros, ya que son una representación de nuestra cultura, sin embargo, otros no.

En el mundo pluricultural en que habitamos, el queso y los lácteos no son ingredientes comunes en la cocina china. Mientras que para los seguidores del judaísmo; el cerdo, las liebres y los camarones están prohibidos. Pues cada cultura tiene su código de ética alimentaria, construida históricamente en base a factores de producción y acceso a los diferentes ingredientes, igualmente, a la forma de preparar cada uno de los alimentos, sumados a la religión y otras costumbres.

De esta forma, construimos nuestro paladar. A mí, por ejemplo, sabe imposible siquiera probar “Casu Marza”, un queso de leche de oveja blando y descompuesto que sirve de casa para las larvas de la mosca del queso, servido con las larvas vivas, típico de Cerdeña; o cualquier animal vivo, como el pulpo en Corea del Sur; u otros platos como los huevos pasados, exquisitez filipina que tienen, en su interior, el feto de un pájaro de 18 días, con plumas, pico y huesos.

Así, la gastronomía recrea, cotidiana y extraordinariamente, su sentido de pertenencia a ciertos grupos humanos y se torna un referente.

Como cada grupo humano codifica el mundo de los sentidos, desde una mirada propia basada en su particular racionalidad, la alimentación está  presente en las particularidades de toda sociedad, ya que la comida es un espacio cargado de significados, pues está fuertemente enlazado a nuestra historia social, lo cual, permite ver la diversidad cultural en todos los tiempos.

El universo del quehacer alimentario es, en sí mismo, un referente vital de un grupo social o comunidad, ya que representa uno de los principales rasgos de identidad de cualquier grupo; es el rasgo capaz de aportar referentes que enriquecen investigaciones concernientes a la cultura, la economía, el derecho, la nutrición y la salud de una comunidad.

A lo largo del tiempo, la aparición de la comida en la literatura siempre estuvo presente, asumiendo distintos significados y aportando nuevas informaciones, tanto sobre la temporalidad como sobre la espacialidad, dando mayor realismo a los textos.

La descripción concienzuda sobre mezcla de sabores, olores, colores, texturas, sonidos y pensamientos que se encuentran en los diversos universos de la comida, permitieron que la relación gastronómico-literaria sea un componente enriquecedor de los textos literarios. Transmitiendo conocimiento y cultura al reflejar costumbres de diferentes sociedades.

La literatura tiene ejemplos tan fidedignos de momentos culinarios, que logra transmitir aromas y sabores a través de su hilo narrativo. Asimismo, el hambre también es gastronómico, pues a través de un personaje hambriento se muestra la injusticia y la desigualdad humana. Frecuentemente, la comida o la falta de esta, en la literatura, puede ser una forma de cómo medir el tiempo. Tonino Guerra habla de su relación con la comida incluso cuando no había comida en el campo de concentración, donde estuvo internado durante la Segunda Guerra Mundial.

Creo que todos los escritores, en algún momento, hacemos una descripción culinaria, pues es difícil vivir sin tropezar con la cocina y eso se da porque la alimentación está entrelazada con muchas formas de comunicación artística. Al momento, son incontables los ejemplos de obras literarias que incluyen detalladas recetas y referencias culinarias:

La serie del comisario Montalbano de Andrea Camilleri; “Chocolat” de Joanne Harris; “Como agua para chocolate” de Laura Esquivel; Patricia Highsmith, por ejemplo, en “Extraños en un tren” describe el momento central del encuentro de sus dos protagonistas, dos extraños que cenan juntos en un tren: “El camarero con una bandeja cubierta con una tapadera de peltre en un instante les instaló la mesa. El aroma de la carne asada sobre carbón vegetal le dio ánimos. Bruno insistió tanto en pagar la cuenta que Guy accedió a ello sin oponer más resistencia. Para Bruno había un enorme bistec cubierto de setas; para él, una hamburguesa”.

También, el poeta Giovanni Pascoli pone en verso recetas reales, como en el caso de los poemas: «La piada» e «Il desinare», dedicado a la polenta o «Risotto de Romaña».

La verdad es que existen referencias culinarias desde “El banquete” de Platón, “Notas de cocina de Leonardo da Vinci” de Leonardo da Vinci, “No solo de caviar vive el hombre” de J. M. Simmel, hasta “El Quijote” de Miguel de Cervantes, haciendo una sabrosa relación entre gastronomía y literatura.

– Márcia Batista Ramos

SOBRE LA AUTORA:

Márcia Batista Ramos, nació en Brasil. Licenciada en Filosofía. Es gestora cultural, escritora, poeta y crítica literaria. Es columnista en la Revista Inmediaciones, La Paz, Bolivia y en periodismo binacional Exilio, México. Publicó: Mi Ángel y Yo; La Muñeca Dolly; Consideraciones sobre la vida y los cuernos; Petty Barrón De Flores: La Mujer Chuquisaqueña Progresista Del Siglo XX; Tengo Prisa Por Vivir; Escala de Grises – Primer Movimiento; Rostros del Maltrato en Nuestra Sociedad; Dueto; Escritoras Cruceñas, Caballero, Reck & Batista; Escritoras Contemporáneas Bolivianas, Caballero, Decker & Batista; Caspa de Ángel – antología de cuentos, crónicas y testimonios del narcotráfico, Batista-Ramos & Carvalho Oliva. Es colaboradora en diversas revistas internacionales.

Latinoamérica, literatura, género e ideología en el siglo XXI

La escritura siempre fue un medio de empoderamiento, motivo por el cual, estuvo vetada a las mujeres por mucho tiempo.

Sin embargo, la literatura del siglo XXI vuelve su mirada hacia las posibilidades artísticas de su propia materia constitutiva: la lengua. Contextualizada por la nueva realidad social vigente en la región. Sin alejarse del eterno drama existencial humano. Al tiempo que vive un impasse radical. Ya que, por un lado, no consigue convertirse en la gesta de la edificación nacional (en ninguno de los países de la región), ya que las luchas tienden a ser inmediatistas y concernientes a grupos específicos, generalmente asociadas a reivindicaciones sectoriales.

Cabe mencionar, como lo han señalado otros críticos y teóricos, que entre la literatura y la sociedad existen vínculos profundos y determinantes que, en la medida en que la sociedad se modifica, la literatura y el arte en general, a su vez, también se transforman, dando cuenta de los nuevos aspectos de la sociedad en la cual se encuentran inmersos, al tiempo que se dirigen a esa misma sociedad.

En tal sentido, no es extraño que, en el nuevo momento social y cultural vigente, la literatura haya adoptado características que la distinguen de la literatura de los últimos treinta o cuarenta años del siglo pasado. Puesto que responde a las pautas generales de la sociedad del siglo XXI y que responden a los nuevos rasgos como: la subjetividad, la relación con el pasado y la tradición, las relaciones intersubjetivas, la política, la filosofía y la economía del final del siglo XX y comienzos del XXI.

Así, el nuevo siglo provocó el nacimiento de nuevos narradores cosmopolitas que buscaron y optaron por un discurso diferente al realismo mágico, a la revolución, a las guerrillas y militarismos; que caracterizó la segunda mitad del siglo XX.  Por ende, fueron derrumbados conceptos de diversas índoles como del artista o del intelectual comprometido.

Con este cambio de paradigma, la literatura de Latinoamérica actual fusiona el compromiso, se evade en el decadentismo ético y renuncia a cualquier búsqueda nacional o territorial. Presenta una nueva visión de lo real, que es resultante de las tecnologías y de la comunicación multimedia que establece un nuevo orden en el planeta, ahora globalizado.

De tal suerte que desapareció la idea mítica de América Latina y esta ha sido sustituida por visiones más pragmáticas y cosmopolitas, geográficamente hablando, pero también, más subjetiva e intimista, humanísticamente hablando.

Empero, la escritura hecha por mujeres en Latinoamérica en lo que va del primer cuarto del siglo XXI, permite identificar las múltiples y heterogéneas voces literarias mujeriles que se hacen escuchar en una etapa de intensa fermentación cultural, donde se hacen visibles los espacios íntimos de hechos compartidos (sea por la experiencia personal o por el sentimiento de justicia que provocan): la violencia y las desigualdades que sufren por cuestión de género.

Hoy, en este espacio geográfico, la literatura no es nueva, pero vive una renovación que acompaña cambios sustanciales en la sociedad, que se modifica a pasos atropellados, exigidos por el ritmo frenético del mundo globalizado cada vez más acelerado con el acceso a las redes sociales, imponiendo los estándares a los que todos deben adecuarse.

La escritura literaria tiene género e ideología femenil que, además, está conquistando un dominio, con toda legitimidad, que de per se enriquece la literatura mundial; ya que las mujeres se expresan por sí mismas, dejando atrás la fuerza del patriarcado que las sometían a escuchar monólogos.

Empero, aún está vigente en la tradición literaria, la nomenclatura de “literatura escrita por mujeres”, como si se tratara de un subgénero literario sin vislumbrar que, desde las distintas expresiones literarias, las mujeres abordan temas privados, tornándolos públicos y, así, politizándolos.

A esa politización de lo privado se le puede llamar “ruptura de viejos esquemas” (pues crearon lo privado para ocultar actitudes reprochables públicamente), entonces, hacer de lo íntimo una narrativa de algo compartido fue totalmente revolucionario. Representó la ruptura de modelos y difundió tópicos que, según el contexto, resultaron impensables, al tiempo que fue la manera de crear imágenes que cuestionan ciertos modos de vida y de escritura, basados en roles establecidos. ¿Y por qué no decir que de ésta forma se creó la conciencia de género?

Pues el cambio de paradigmas en la escritura femenil en Latinoamérica se da a partir de la conciencia de género, momento en que las mujeres rompieron con la preponderancia cultural de la sociedad patriarcal construida en torno de la mujer abnegada. Figura que cobró espacio en el imaginario colectivo y persiste como símbolo de nobleza de espíritu, el ser abnegada madre o esposa, hasta el día de hoy.

Este prototipo, relacionado a la abnegación, es altamente lesivo pues vincula a la mujer a lo doméstico, al sufrimiento y al altruismo extremo, que puede anularla como persona, siempre y cuando, su marido e hijos estén bien.

Lógicamente, al asumir el rol de abnegación en la sociedad, las mujeres también lo asumieron como figura literaria correctamente aceptada y contribuyeron para mantenerse en un espacio determinado en la sociedad. En cuanto a la abnegación, concluyo y afirmo que, históricamente, la mujer en Latinoamérica se recluyó al hogar, asumiendo la posición de doméstica virtuosa que se sostiene en el complementario masculino y viril, comportamiento reforzado, inicialmente, por las revistas femeninas y luego por la televisión, construyendo un espacio de silencio, donde era fácil acumular el dolor, al tiempo que la mujer se fragilizaba por la suma de frustraciones y por la dependencia económica del marido.

Se tuvo que pasar a la segunda mitad del siglo XX para empezar a vislumbrar cambios comportamentales y tuvo que pasar dos tercios del mismo siglo para empezar a ver los cambios sociales reflejados en la literatura escrita por mujeres. Pues no es fácil el cambio de paradigma en la literatura, lo mismo porque las editoriales, en su mayoría, están en manos masculinas que responden a ancestros modelos patriarcales y capitalistas.

Hoy por hoy, la literatura escrita por mujeres está ganando fuerza a cada día que pasa, mostrando su valor y potencia; como nada es casual, anda en paralelo con la renovación de las luchas feministas y con la crítica a las violencias a que las mujeres y niñas son sometidas.

El cambio de paradigma literario apareció en la poesía y en la narrativa desarrolladas por mujeres que no tuvieron miedo de mostrar diversas formas de intimidad y registrar mucho (no creo que todo) de lo que ocurre a nivel privado, en una huida real de la zona de confort, sin temor a acompañar las luchas políticas y las batallas teóricas del momento.

Es obvio que, en la literatura, se siguió hablando de la familia y del ámbito doméstico, de la maternidad, de la sexualidad; empero, se sumaron a esas temáticas los feminicidios, el erotismo, el hogar como lugar no siempre seguro; se mostró la literatura desde la contrariedad de las experiencias en el mundo patriarcal y se empezó a escribir sobre la perspectiva política de las mujeres. Se visibilizó la carga simbólica que se da a lo privado y eso hizo emerger, a la superficie, las desigualdades y violencias sexistas que se manifiestan de lo privado a lo público.

Frente a temas y escrituras de este tipo, era de esperar que no fuera del gusto de todos y naciera la controversia en muchos medios donde se banaliza a la literatura crítica escrita por mujeres, que es el producto histórico determinado por luchas sociales y políticas de largo aliento.

– Márcia Batista Ramos

SOBRE LA AUTORA:

Márcia Batista Ramos, nació en Brasil. Licenciada en Filosofía. Es gestora cultural, escritora, poeta y crítica literaria. Es columnista en la Revista Inmediaciones, La Paz, Bolivia y en periodismo binacional Exilio, México. Publicó: Mi Ángel y Yo; La Muñeca Dolly; Consideraciones sobre la vida y los cuernos; Petty Barrón De Flores: La Mujer Chuquisaqueña Progresista Del Siglo XX; Tengo Prisa Por Vivir; Escala de Grises – Primer Movimiento; Rostros del Maltrato en Nuestra Sociedad; Dueto; Escritoras Cruceñas, Caballero, Reck & Batista; Escritoras Contemporáneas Bolivianas, Caballero, Decker & Batista; Caspa de Ángel – antología de cuentos, crónicas y testimonios del narcotráfico, Batista-Ramos & Carvalho Oliva. Es colaboradora en diversas revistas internacionales.

La pandemia aumentando las grandes brechas históricas de la humanidad

La pandemia que estamos viviendo desde el 2020, con las medidas restrictivas, el encierro, los cuidados, el temor al virus, las muertes y hospitalizaciones de personas cada vez más jóvenes, es asustadora.

Tal vez, la pandemia permita experimentar la sensación de que somos una sola humanidad, que lo que le pasa a uno puede pasarle a todos, porque estamos todos enfrentando este virus, en cuarentena.

Empero, la pandemia aumenta las grandes brechas históricas de la humanidad, porque no enfrentamos el virus en las mismas condiciones, tampoco son similares las condiciones en que enfrentamos la cuarentena por las grandes diferencias económicas en que viven las personas en todo el planeta.

No todas las personas tienen un ingreso fijo que les permita estar en cuarentena, alimentándose y esperando que pase la pandemia. Además, la mayoría de las personas tienen que pagar un alquiler para vivir y la cuarentena, al no permitir trabajar, aumenta el estrés y baja las defensas, consecuentemente, las deja más vulnerables al contagio. Asimismo, las condiciones de vivienda de unos son inversamente proporcional a las condiciones de vivienda de otros, impidiendo a que muchas personas puedan realizar actividades alternativas en sus domicilios por la falta de espacio y de comodidades.

Eso refleja la fragilidad financiera de muchos países, que es real, y la crisis económica afecta a los presupuestos de todos los hogares y en mayor medida a los más pobres, ya que no cuentan con ingresos fijos.

En Sudamérica, por ejemplo, el comercio informal representa un número significativo de empleos y las medidas restrictivas afectaron directamente a los hogares que dependen de esas actividades que perdieron el derecho de salir a laburar y ganarse el pan del día, agravando más la situación de pobreza. Asimismo, es significativo el número de pequeñas y medianas empresas que tuvieron que cerrar, engrosando el ejército de desempleados. 

Mucha gente está pasando por situaciones realmente difíciles. En estos momentos, se pone en relieve las desigualdades de género: las mujeres son las más afectadas por el aumento de desempleo, la pobreza y la sobrecarga de trabajos no remunerados.

En este escenario de exclusión y pobreza ante las adversidades; las mujeres rurales, indígenas y afrodescendientes se enfrentan a mayores obstáculos para acceder a recursos productivos como el agua, la tierra, insumos agrícolas, financiamiento, seguros, capacitación, entre otros; a esto se suman diversas barreras que les dificultan comercializar sus productos, aumentando el riesgo de caer en la pobreza extrema.

Sin embargo, existen muchas personas que se refieren de una manera romántica a la pandemia, porque la pandemia vino a frenar los abusos en contra del planeta, del clima, de la naturaleza, del reino animal… No obstante, se olvidan de que adultos de todas las edades -incluidos los jóvenes- se están enfermando gravemente y muchos de ellos están muriendo en todos los países por la pandemia que está, indirectamente, preservando la naturaleza.

Existe una clara aceleración de la pandemia que está provocado un aumento en el número de casos en general y, por ende, un aumento en el número de jóvenes afectados también.

La población joven es la que está más expuesta al virus en comparación con la población de mayor edad. Son los que están más activos al ser la base de la fuerza laboral. Muchos forman parte del sector de servicios y desempeñan trabajos que requieren participación presencial. Además, es el grupo etario que no está siendo vacunado, aumentando la situación de morbilidad y mortandad por la enfermedad.

Los hospitales están llenos. En los países emergentes y pobres, los sistemas de salud están colapsando y el sufrimiento para los enfermos es grande, asimismo, para sus familiares y entorno.

La pandemia aumenta las grandes brechas históricas de la humanidad y los organismos internacionales no están implementando políticas universales, redistributivas y solidarias con enfoque de derechos para tratar de paliar los estándares socioeconómicos de los más desposeídos. Urge un reforzamiento de las medidas existentes y la creación de nuevas medidas de protección social.

Las respuestas en materia de protección social deben articular las medidas necesarias para atender las expresiones más graves de la emergencia; como garantía universal de ingresos, acceso universal a las pruebas sanitarias y a la atención médica, a los servicios básicos y a la vivienda, a la alimentación adecuada y a la educación, asimismo, salud universal e inclusión laboral orientada a garantizar el ejercicio de los derechos de las personas mediante el fortalecimiento del estado de bienestar y la provisión universal de protección social.

A consecuencia de la pandemia y frente al aumento de la pobreza histórica que la humanidad arrastra, pienso que existe un gran desafío para todos los seres humanos, ya que la crisis sanitaria es global y sus diferentes impactos socioeconómicos evidencian un aumento de la pobreza extrema y reflejan cada vez más la desigualdad en el planeta. Entonces, estamos ante el desafío de la empatía y ante la obligación de pensar en un mundo mejor.

Pese a la vacunación a nivel global, las perspectivas de una vida normal con abrazos y sin el uso de barbijo a corto plazo, siguen siendo muy inciertas.

– Márcia Batista Ramos

SOBRE LA AUTORA:

Márcia Batista Ramos, nació en Brasil. Licenciada en Filosofía. Es gestora cultural, escritora, poeta y crítica literaria. Es columnista en la Revista Inmediaciones, La Paz, Bolivia y en periodismo binacional Exilio, México. Publicó: Mi Ángel y Yo; La Muñeca Dolly; Consideraciones sobre la vida y los cuernos; Petty Barrón De Flores: La Mujer Chuquisaqueña Progresista Del Siglo XX; Tengo Prisa Por Vivir; Escala de Grises – Primer Movimiento; Rostros del Maltrato en Nuestra Sociedad; Dueto; Escritoras Cruceñas, Caballero, Reck & Batista; Escritoras Contemporáneas Bolivianas, Caballero, Decker & Batista; Caspa de Ángel – antología de cuentos, crónicas y testimonios del narcotráfico, Batista-Ramos & Carvalho Oliva. Es colaboradora en diversas revistas internacionales.

Holocausto: cuando dejamos de llamarnos humanos

Como el día 27 de enero fue el Día del Holocausto, instituido por la ONU en el día de la liberación de Auschwitz por tropas soviéticas, recordé que, por cosas del destino (no por curiosidad o por interés histórico, por cosas del destino no más) conocí el pueblo de Dachau y el campo de exterminio en la misma localidad; con su pequeño patio de fusilamiento, sus cuatro hornos crematorios, algunas fotografías de experimentos médicos inhumanos, registro de relatos de castigos tremendamente crueles y aniquiladores… fotografías de los sobrevivientes angustiados y horrorizados… recordé que la atrocidad de los campos de exterminio nazi es total. Dicen que no hay ningún ser humano que no se sienta aludido por lo que ocurrió allí.

La historia del Holocausto asombra a cualquiera que se le acerque. Los campos de exterminio nazi significaron tanto dolor, que creo que la energía negativa generada en aquellos recintos sigue causando sufrimiento en el planeta. Tomando en cuenta la Ley de la conservación de la energía que afirma que la energía no se destruye, solo se transforma; tanto dolor, sufrimiento y maldad, de hecho, no se transformó en bendiciones; porque si así hubiera sucedido, el planeta sería ahora un Edén.

Asimismo, considerando la energía de 11 000 000 de seres humanos asesinados en los campos de extermino, sumado a la energía del sufrimiento de sus familiares y de otros seres piadosos que no tuvieron ninguna posibilidad de escoger no ser víctima… estoy hablando de una suma de energía negativa tan grande que, a simple vista, no cabe en mi imaginario; pero cuando me detengo a cavilar sobre el asunto, me estremezco desde los cabellos hasta el tuétano y comprendo el porqué del atraso y desorden planetario; el porqué de tanta miseria en un solo planeta. Es la energía del Holocausto que sigue envolviendo al planeta azul.

Theodor Adorno, en un intento de explicar la poesía de Paul Celan, estaba cubierto de razón cuando afirmó que “escribir poesía después de Auschwitz es un acto de barbarie”, frase que repitió con formulaciones diversas.  Empero, tenía mucho sentido porque resumía muy bien lo que estaba pasando en la poesía europea tras el fin de la segunda guerra mundial, ya que el Holocausto representó la pérdida de la belleza, de la candidez y de todos los valores éticos y morales que, como humanidad, pensábamos que teníamos. La pérdida de las seguridades dio paso a la duda, actitud que fue fundamental en la literatura de la segunda mitad del siglo XX.

El Holocausto mostró la cara más sórdida de algunos humanos y dejó muy en destaque que el ser humano tiene una faceta monstruosa que puede aniquilar, en un ataque de ira antropófaga, a todos sus similares.

Fueron momentos atroces, tristemente dramáticos, sufridos ante la indiferencia, la apatía y la ceguera del mundo ante el infortunio del otro, que nos obligan a pensar y accionar de forma distinta. Lo mismo, cuando las condiciones son adversas y somos obligados, como ahora con la pandemia, a observar el colapso de la humanidad, el fin de nosotros mismos, en cuanto a especie se refiere.

También, imagino el cúmulo de miedo y soledad de quien se sabe condenado y no puede hacer nada.

Después del Holocausto cambiaron muchas cosas, incluso en las estéticas poéticas, ya que ningún escritor pudo encerrarse en su burbuja y el compromiso con el otro se hizo más que necesario, se hizo vital. Así, la guerra y el genocidio determinan un viraje notable en la creación de los poetas sobrevivientes, judíos o no, y de todos aquellos que aparecen después. Se nota, en la poesía, el reflejo de hondas maduraciones individuales.

Me remito a la poesía para hablar de la tragedia que representó el Holocausto porque los gritos de dolor, a pesar de que siguen propagándose en el espacio, ya no logramos captarlos por la difracción que sufrieron en su trayectoria espacial, en el tiempo. Las fotografías estáticas de cuerpos ultrajados, muertos o en agonía; tampoco traducen el sentimiento que la poesía logra manifestar a través de sus versos. Me remito al poema de Aron Verguelis:

 “Bosque sin alerces /bosque sin abetos /bosque de Sarahs /bosque de Hannahs”.

Porque, sobre las fosas comunes, los árboles echaron cuerpo y sus raíces se alimentaron de aquellos cuerpos que pertenecían a humanos que tenían sueños y aspiraciones, una vida en andamiento, una ilusión, un fracaso, un amor en el corazón…

Algunos criaban gallinas…

                Algunos escribían un libro…

                                Algunos eran empleados…

                                               Bohemios… empleadores…

Muchos, eran apenas… niños.

Entretanto, terminaron en cámaras de gas, enterrados vivos o en hornos encendidos que los transformaron en cenizas para abonar el bosque.

¿Quién pudo hacer todo eso?

Entonces reconozco que el Holocausto, con sus masacres perpetuas, transformó de sobremanera el mundo. Mostró los monstruos que cohabitan con nosotros en el planeta y la capacidad que tienen para generar el caos, dado a su esencia maligna, al tiempo que acabó con la inocencia y colocó a Dios en duda, ya que parece haber fallado con las víctimas que solamente tenían su mano para agarrarse y tuvieron que sufrir y sufrir para después, recién, sucumbir.

También afirmo, porque así lo percibo, que la energía calificada por el mal y por el dolor, en los campos de exterminio, aún permanece envolviendo al planeta y propiciando más dolor y sufrimiento, como si la vida en el planeta tuviera que ser una especie de expiación de pecados que no cometimos. En cuanto a eso, la injuriosa masacre de Kielce apenas sirve para corroborar mi idea de que vivimos envueltos por la energía maligna, como planeta; pues asesinaron (y no eran nazis, eran vecinos) a sobrevivientes del Holocausto después de la magnitud del genocidio, en un delirio paranoico asesino, fruto del racismo y xenofobia.

¿La condición humana es de naturaleza mezquina?

Después de las catástrofes, en nuestro planeta azul, se suele instituir un día para recordar a las víctimas; tal vez, solo así, se lavan las manos teñidas de sangre, solo tal vez.

Pero, del mismo modo, los sobrevivientes nos dieron sendas lecciones de vida, de resistencia, de fuerza de voluntad y capacidad de empezar todo otra vez, lo mismo sin saber si el final sería feliz, pero con la certeza de que la vida vale la pena ser vivida. Fueron personas que siempre lucharon por ver lo bello, a pesar del sufrimiento.

En el intento de recrear la experiencia subjetiva del siniestro al que fueron sometidas tantas personas en los campos de exterminio, la poesía y solo ella, recupera un gesto humano, una ternurita, un ser humano, invisible, víctima del Holocausto, de cuando dejamos de llamarnos humanos.

“Si acaso

– Wislawa Szymborska (Premio Nobel de Literatura en 1996)

Podía ocurrir.
Ocurrió antes. Después.
Más cerca. Más lejos.
Ocurrió; no a ti.
Te salvaste porque fuiste el primero.
Te salvaste porque fuiste el último.
Porque estabas solo. Porque la gente.
Porque la izquierda. Porque la derecha.
Porque llovía. Porque había sombra.
Porque hacía sol.
Por fortuna había allí un bosque.
Por fortuna no había árboles.
Por fortuna una vía, un gancho, una viga, un freno,
un marco, una curva, un milímetro, un segundo.
Por fortuna una cuchilla nadaba en el agua.
Debido a, ya que, y en cambio, a pesar de.
Qué hubiera ocurrido si la mano, el pie,
a un paso, por un pelo, la casualidad.
¿Ah, estás? ¿Directamente de un momento todavía
entreabierto?
¿La red tenía un solo punto, y tú a través dese punto?
No dejo de asombrarme, de quedarme sin habla.
Escucha cuán rápido me late tu corazón.”

– Márcia Batista Ramos

SOBRE LA AUTORA:

Márcia Batista Ramos, nació en Brasil. Licenciada en Filosofía. Es gestora cultural, escritora, poeta y crítica literaria. Es columnista en la Revista Inmediaciones, La Paz, Bolivia y en periodismo binacional Exilio, México. Publicó: Mi Ángel y Yo; La Muñeca Dolly; Consideraciones sobre la vida y los cuernos; Petty Barrón De Flores: La Mujer Chuquisaqueña Progresista Del Siglo XX; Tengo Prisa Por Vivir; Escala de Grises – Primer Movimiento; Rostros del Maltrato en Nuestra Sociedad; Dueto; Escritoras Cruceñas, Caballero, Reck & Batista; Escritoras Contemporáneas Bolivianas, Caballero, Decker & Batista; Caspa de Ángel – antología de cuentos, crónicas y testimonios del narcotráfico, Batista-Ramos & Carvalho Oliva. Es colaboradora en diversas revistas internacionales.

Las redes sociales como factor benéfico para la microliteratura

En lo que va del siglo XXI, podemos constatar el crecimiento vertiginoso de las redes sociales que sirven, especialmente en tiempos de pandemia, de conector entre los seres humanos. De forma particular, favorecen el intercambio de opiniones y gustos literarios entre lectores, autores, críticos, editores, agentes literarios y todo aquel que tenga interés en la materia.

Las redes sociales, hoy por hoy, se transformaron en un importante vehículo de la literatura, ya que sirve para acercar al lector a la experiencia estética literaria. Lo mismo cuando existan opiniones contrapuestas que, a pie juntillas, denigran las redes sociales como espacio de creación artística.

Además, es sabido que las plataformas están influenciando en la forma de escribir de muchos autores, ya que su forma de expresarse en las redes sociales se traslada a sus obras literarias. Motivados, seguramente, por el alcance a mayor número de lectores familiarizados con el lenguaje usado en este contexto.

Son tendencias que promueven diversas reflexiones e ideas, no siempre concordantes (lo que a mí, me parece muy sano) al tiempo que fomentan diversas contemplaciones sobre el futuro de la literatura.

Yo veo que, a muchos, preocupa más que el futuro de la literatura, el futuro del invento de Gutenberg. No quiero ocuparme de los derroteros que esperan a la literatura o al libro en el futuro; lo mismo porque, a veces, en un trance de pesimismo irónico, no sé si habrá futuro. De cualquier modo, mis digresiones pesimistas no vienen al caso.

Lo que quiero referir es al hecho de que las redes sociales están fomentando a la producción y consecuente consumo de la microliteratura[1] como género creciente en cantidad de autores, sumado a la cantidad exponencial de textos y lectores.

Atribuyo la cantidad de lectores a que, en la actualidad, los jóvenes esquivan a los libros voluminosos de tiempos pasados por una serie de factores, como la mala formación escolar que no supo incentivar la lectura de volúmenes ampulosos, por ejemplo. Lo tomo como una desventaja del libro físico frente a las nuevas tecnologías.

Sin embargo, los jóvenes (desde pequeños) están entrenados y totalmente familiarizados con las plataformas tecnológicas y al texto electrónico. Siendo que, la mayoría de ellas, funciona de manera estructural a partir de la redacción y la lectura de escritos breves. Una ventaja de las nuevas tecnologías frente al libro físico.

Es importante notar que, en las librerías, el fenómeno de la microliteratura pasa casi desapercibido mientras que en internet se trata de una manifestación en pleno incremento, comprobando que las redes sociales favorecen al crecimiento de la producción de la microliteratura, por ende, al aparecimiento de nuevos escritores y cultores del género con fuerza inusitada que, a su vez, responden a la marcada necesidad de inmediatez, de la sociedad del siglo XXI (la sociedad líquida de Bauman), pues, al igual que en las redes sociales, la microliteratura está signada por la concisión, la fragmentariedad y un sentido divertido de la interactividad.

Asimismo, la microliteratura se beneficia con las nuevas tecnologías, insiriéndose como modelo en un mundo veloz que deja un espacio exiguo para lecturas extensas.

– Márcia Batista Ramos

SOBRE LA AUTORA:

Márcia Batista Ramos, nació en Brasil. Licenciada en Filosofía. Es gestora cultural, escritora, poeta y crítica literaria. Es columnista en la Revista Inmediaciones, La Paz, Bolivia y en periodismo binacional Exilio, México. Publicó: Mi Ángel y Yo; La Muñeca Dolly; Consideraciones sobre la vida y los cuernos; Petty Barrón De Flores: La Mujer Chuquisaqueña Progresista Del Siglo XX; Tengo Prisa Por Vivir; Escala de Grises – Primer Movimiento; Rostros del Maltrato en Nuestra Sociedad; Dueto; Escritoras Cruceñas, Caballero, Reck & Batista; Escritoras Contemporáneas Bolivianas, Caballero, Decker & Batista; Caspa de Ángel – antología de cuentos, crónicas y testimonios del narcotráfico, Batista-Ramos & Carvalho Oliva. Es colaboradora en diversas revistas internacionales.


[1] La microliteratura se define como la suma de géneros narrativos, poéticos, ensayísticos y sapienciales caracterizados por la brevedad, que carecen de extensión mínima y su extensión máxima suele ser de una página, aunque muchos estudiosos, definen por el número de palabras, habiendo pequeñas variantes. (N.A).

La soledad y nosotros

“La vida y el dolor de vivirla como un eterno sobreviviente de uno mismo”, creo que eso es lo que me impele a escribir día tras día en el intento de contarme historias con palabras que puedo entender en el idioma que aún no logro rezar, soñar o pensar.

Como poeta, pienso que el amor es una cuestión de fe, que nace de nuestra decisión de espantar la soledad y todos los demonios que la acompañan; sencillamente, porque no queremos apropiarnos de algo tan nuestro, tan humano como es la soledad. Así, en el intento de despoblar el cuarto invisible donde habitan los demonios compañeros de la soledad, buscamos el amor y aseguramos amar. Y más, prometemos y juramos que es para toda la vida.

Las juras de amor eterno y todo lo que las envuelven como actos deliberados ante la sociedad que aprueba (o desaprueba) los actos individuales de cada ser humano, es apenas el comienzo de la metamorfosis a la que nos sometemos en el intento de abandonar la soledad, que a partir de ese momento, se siente acompañada porque dejamos de ser yo para ser nosotros. Al tiempo en que garantizamos la reproducción del modelo social que nos fue impuesto, sin cuestionar nada, siquiera pensar si existe otra posibilidad de espantar demonios sin unirlos a los demonios del otro, sin crear un pequeño infierno tibio, monótono y repetitivo por los siglos de los siglos.

Tal vez, eso pase porque no preguntamos en qué creemos y por qué creemos. Apenas reproducimos el modelo impuesto, asumiendo la ética que nos fue heredada. Empero, aseguramos que somos felices, somos (en el caso) es la suma de seres en los que nos multiplicamos al unirnos con el otro, sin haber identificado a los otros que ya hacían parte de nosotros desde antes, cuando estábamos oficialmente solos.

“Ellos tienen razón”

“esa felicidad \al menos con mayúscula \no existe \ah, pero si existiera con minúscula \sería semejante a nuestra breve \presoledad \\después de la alegría viene la soledad \después de la plenitud viene la soledad \después del amor viene la soledad (…)”

Así habló Mario Benedetti, sin pensar que yo me agarraría de su mano un día, para tratar de entender el dolor de no poder llorar cuando me siento así, tan sola, tan triste y tan acompañada…

Eso ocurre porque, al fin y al cabo, la soledad es mía, es tan mía cuanto tuya, es esta parte de nosotros que no queremos aceptar, como si fuera un defecto… cuando apenas, es algo intrínseco a todos. Es nuestra orfandad primigenia que se manifiesta en la necesidad de conocernos a nosotros mismos a profundidad, porque cuando hacemos el viaje hacia adentro, el viaje interior, encontramos los demonios que nos acompañaron desde siempre y que no habían sido tan malos, como tratamos de imaginar a priori.

“(…) ya sé que es una pobre deformación \pero lo cierto es que en ese durable minuto \uno se siente \solo en el mundo \\sin asideros \sin pretextos \sin abrazos \sin rencores \sin las cosas que unen o separan \y en es sola manera de estar solo \ni siquiera uno se apiada de uno mismo (…)” dijo Benedetti sin pensar que vendría Erich Fromm a reforzar toda la teoría social que nos fue impuesta; de que en vez de centrarnos en todo lo que nos falta, debemos recordar todo lo que tenemos y practicar la gratitud con la vida, con uno mismo: “Si con todo lo que tienes no eres feliz, con todo lo que te falta tampoco lo serás” escribió Erich Fromm sin recordar que, tal vez, la soledad tan eterna que sentimos sea la manera más sencilla de manifestar la existencia del otro o de otros que nos acompañan, que nos pueblan y que no admitimos y tratamos como demonios que deben estar ocultos en un cuarto oscuro, como demonios que no debemos mencionar, peor encontrar.

Es cuando negamos la posibilidad de apiadarnos, de nosotros mismos, que buscamos el amor como una salvación miserablemente terrena, que debe dejar de ser romántico para ser conyugal, donde dejamos de ser yo para ser nosotros, donde el placer usa pantuflas y camina de la mesa de la cocina hasta el televisor. Pero aseguramos que somos felices, que todos somos felices.

Sin pensar que Mario Benedetti tenía razón: “(…) hay diez centímetros de silencio \entre tus manos y mis manos \una frontera de palabras no dichas \entre tus labios y mis labios \y algo que brilla así de triste \entre tus ojos y mis ojos \\claro que la soledad no viene sola (…)”. Porque entre nosotros existe la soledad de cada uno, la tuya que te envuelve en cinco centímetros donde caben tus otros yos, y la mía con cinco centímetros de demonios que trato de no conocer para que la sociedad no desapruebe mi actitud, en caso los conociera, y me rotule de loca.

“(…) si se mira por sobre el hombro mustio \de nuestras soledades \se verá un largo y compacto imposible \un sencillo respeto por terceros o cuartos \ese percance de ser buenagente (…)” porque el poeta ya sabía, antes de mí, que nuestra soledad anda acompañada y sus acompañantes son los que nos hacen así, medio melancólicos y tristes cuando hay lluvia y cuando brilla el sol… y nos recogemos a refugiarnos al medio de nosotros, o sea, nos recogemos a nuestro nido, donde están todos los que hemos reproducido cuando aceptamos la metamorfosis de dejar de ser yo para ser nosotros y pensamos que el amor era eterno, como eterno es el olvido

“(…) a veces no me siento \tan solo \si imagino \mejor dicho sí sé \que más allá de mi soledad \y de la tuya \otra vez estás vos \aunque sea preguntándote a solas \que vendrá después \de la soledad”. A veces, pienso que el amor es una cuestión de fe, que nace de nuestra decisión de espantar a la soledad y a todos los demonios que la acompañan; y como un eterno sobreviviente de mí mismo, escribo contándome historias con palabras que puedo entender… en el idioma que aún no logro rezar, soñar o pensar.

– Márcia Batista Ramos

SOBRE LA AUTORA:

Márcia Batista Ramos, nació en Brasil. Licenciada en Filosofía. Es gestora cultural, escritora, poeta y crítica literaria. Es columnista en la Revista Inmediaciones, La Paz, Bolivia y en periodismo binacional Exilio, México. Publicó: Mi Ángel y Yo; La Muñeca Dolly; Consideraciones sobre la vida y los cuernos; Petty Barrón De Flores: La Mujer Chuquisaqueña Progresista Del Siglo XX; Tengo Prisa Por Vivir; Escala de Grises – Primer Movimiento; Rostros del Maltrato en Nuestra Sociedad; Dueto; Escritoras Cruceñas, Caballero, Reck & Batista; Escritoras Contemporáneas Bolivianas, Caballero, Decker & Batista; Caspa de Ángel – antología de cuentos, crónicas y testimonios del narcotráfico, Batista-Ramos & Carvalho Oliva. Es colaboradora en diversas revistas internacionales.

Aproximación al tiempo en Borges

“El río me arrebata y soy ese río. / De una materia deleznable fui hecho, de misterioso tiempo. / Acaso el manantial está en mí. / Acaso de mi sombra / surgen, fatales e ilusorios, los días.”

Jorge Luis Borges, Elogio de la sombra

Vivir en este planeta es un arte temporal que transcurre entre lo profano y lo divino, la mayor parte de las veces, de manera profanamente divina.

Es cierto que muchos piensan que es así, o por lo menos viven como si así lo fuera: de manera profanamente divina, mismo a sabiendas que el tiempo todo lo cambia o con el tiempo todo se extingue.

En Séneca aparece el tiempo dividiendo la vida y la muerte, con su tremenda brevedad. De ahí que Séneca permanece siempre con el presente. Ya que sobre el presente gravita la vida con toda intensidad.

El pasado, entonces, es ya el rostro mismo de la muerte; porque la vida va dejando un lastre muerto y el tiempo ineludible la empuja, forzosamente, a la muerte final y definitiva, cumpliendo así con una ley natural.

La temporalidad de la vida, en el planeta, parece necesaria. Si no es necesaria, sabemos que es inevitable. Por lo tanto, el tiempo se torna un tema eterno en la poesía.

¿Qué poeta no cantó la angustia que causa la temporalidad tan efímera de la existencia?

Los conocedores de la obra poética de Jorge Luis Borges saben que su nombre debe incluirse entre los pocos poetas latinoamericanos que escribieron su pensamiento, también a través de la poesía, y dejaron una intensa y profunda impresión sobre la temporalidad, entre otros temas, asumiendo que el verso es forma temporal de la expresión artística.

Borges, consignatario de una poesía más tributaria de la prosodia clásica, escribió de forma muy disciplinada circunscrita a una preceptiva canónica, sin alejarse de las temáticas que angustian al hombre por el simpe hecho de existir.

La profunda e intensa impresión del tiempo en la poesía de Borges, permite reflexionar sobre la existencia mortal, finita, inevitablemente temporal de las personas que habitamos en el planeta en ese preciso instante, ya que después, no estaremos; ya seremos historia, memoria, pasado…

La fugacidad del tiempo fue uno de los orígenes de la angustia manifestada en las letras de Borges, ya que escribió muchos textos en alusión a este tema.

En el poema “Heráclito”, la angustia que produce la fugacidad del tiempo está relacionada al devenir incesante y al cambio de la realidad que nos rodea. Pero Borges identifica que nosotros, los humanos, también somos una realidad en eterno devenir, entonces para él, estamos hechos de esa “materia deleznable de misterioso tiempo”. Reconociendo que somos seres hechos de tiempo, lo cual acentúa la conciencia de nuestra fragilidad.

Borges escribió: “Yo diría que siempre sentimos esa antigua perplejidad, esa que sintió mortalmente Heráclito en aquel tiempo al que vuelvo siempre: nadie baja dos veces al mismo río. ¿Por qué nadie baja dos veces al mismo río? En primer término, porque las aguas del río fluyen. En segundo término –esto es algo que ya nos toca metafísicamente, que nos da como un principio de horror sagrado-, porque nosotros mismos somos también un río, nosotros también somos fluctuantes. El problema del tiempo es ése. El problema de lo fugitivo: el tiempo pasa”. (“El tiempo”, en “Borges, oral”).

En otro poema con el mismo título, Borges agrega algo novedoso al análisis del tema de la fugacidad, de nuevo inspirado en la filosofía de Heráclito:

“Se mira en el espejo fugitivo / y descubre y trabaja la sentencia / que las generaciones de los hombres no dejarán caer. Su voz declara: / Nadie baja dos veces a las aguas / del mismo río. Se detiene. Siente / con el asombro de un horror sagrado que él también es un río y una fuga”.

Además de reconocer que siempre habrá otro río a pasar, Borges reconoce que ya no somos los mismos cada vez que retornamos al río. Empero, posteriormente, siguiendo la lectura del poema, el lector comprueba que el verdadero protagonista del mismo no es Heráclito, sino un “hombre gris” que ha soñado con Heráclito y que “entreteje endecasílabos para no pensar tanto en Buenos Aires y en los rostros queridos”, lo que hace pensar en Borges eternizado en uno de sus poemas; tal vez, para no sentirse finito, mortal.

Jorge Luis Borges escribe versos adamantinos que resisten el desgaste del tiempo, versos perdurables que sobrevivan al autor y a su recuerdo, comprobando que la simpleza técnica conduce a la grandeza intrínseca y escribe:

“Pido a mis dioses o a la suma del tiempo \Que mis días merezcan el olvido, \Que mi nombre sea Nadie como el de Ulises, \Pero que algún verso perdure \En la noche propicia a la memoria \O en la memoria de los hombres”. (Obra poética: 247).

Así como Píndaro al declarar que el ser humano es el “sueño de una sombra”, Shakespeare dijo que “estamos hechos de la madera de los sueños” o Calderón de la Barca en su libro “La vida es sueño”; Borges introduce este recurso en su obra, en el caso, la figura del sueño en el que aparece Heráclito aumenta la sensación de la imperdonable brevedad que conlleva el paso del tiempo.

Borges, en sus relatos, también muestra su preocupación por el tema del doble, que desarrolla en “El otro” (El libro de arena), donde reconoce la capacidad de ser distinto, esa alteridad, imaginario espejo del que permanentemente se sintió acompañado, incluso en su ceguera.

“El Otro” sería uno mismo, visto a través del tiempo con todos los cambios consecuentes del transcurrir en el tiempo. “El Otro” fue interpretado como una consecuencia de esta inquietud: ¿Cómo sería un encuentro con nosotros mismos, pero mucho más jóvenes de lo que somos ahora, cuando el paso del tiempo nos ha convertido en “otras” personas? ¿Seguimos siendo “el mismo” o, por el contrario, podemos desconocernos en este espejo deformado por el tiempo?  A esas interrogantes, Borges responde en este relato: que es un desafío a la lógica y al tiempo, a través de un viaje al pasado y al futuro de sí mismo o la conversación con el “alter ego”.

Para Borges, la vida es una especie de camino de la muerte y escribe: “Morir es perder el ámbito de la costumbre. Morir es sentir que el mundo se le hace cada vez más ajeno y ver que se queda como una litografía”.

Muy probablemente, Borges retoma el concepto de Séneca de que la vida va dejando un lastre muerto a su paso, entonces asume la muerte como el desprendimiento de algo propio, de vivencias y de recuerdos que, de alguna manera, son dejados en el pasado y que ya no regresarán.

Por ende, cada acto de su vida le parece definitivo e irrevocable, puertas que se cierran a su paso en un camino ya recorrido y sin regreso.

Por eso cavila y se pregunta: ¿Cómo soy y quién es el otro, él que fui yo, cuando joven? En un ejercicio cíclico que caracteriza su poesía y su pensamiento circular y tautológico.

Borges escribe sobre el tiempo que “es irreversible y de hierro”, reconociendo siempre que es la sustancia de que está hecho el hombre, que radica en el hombre mismo. A pesar de su fuerza, el tiempo marcha de ascenso a descenso y es este tiempo el que finalmente destruye al hombre cuando llega al punto cero de su trayectoria, de la muerte. No obstante, que el tiempo “es ciega sucesión, pero se vuelve lucidez en la conciencia del hombre”. Ya que el hombre reconoce lo que ha vivido y sabe que ya no puede volver a vivir lo mismo otra vez. 

Borges lo registra: “Laberinto

No habrá nunca una puerta. Estás adentro \Y el alcázar abarca el universo \Y no tiene anverso ni reverso \Ni externo ni secreto centro”. (Elogio de la sombra).

Borges sabe que, a través de la palabra, él puede contrariar la divinidad y eternizar al hombre o eternizarse a través de la palabra hecha poesía, pero también sabe que la vida llega a su fin; que para el fin que es la muerte, no existe escapatoria, ni salida. Entonces escribe: “Es de hierro tu destino/ Como tú juez. No existe. Nada. Ni siquiera/ En el negro crepúsculo la fiera.” (Elogio de la sombra).

No hay más tiempo, el acto de la muerte no es reversible. No hay esperanza. La condenación es aniquilante, al final todo termina. Se cierra la última puerta que Borges menciona constantemente, para mostrar que no hay salida posible y registra: “Todo lo arrastra y pierde este incansable \Hilo sutil de arena numerosa. \No he de salvarme yo, fortuita cosa \De tiempo, que es materia deleznable”. (El Hacedor).

Borges sabe que el tiempo termina, que ya no vuelve, que el último movimiento del río de Heráclito pasará para siempre y la memoria será olvido.

Ya que el tiempo es una ley que lo rige todo, manifestando un esquema establecido y completa un círculo que termina invariablemente.

– Márcia Batista Ramos

SOBRE LA AUTORA:

Márcia Batista Ramos, nació en Brasil. Licenciada en Filosofía. Es gestora cultural, escritora, poeta y crítica literaria. Es columnista en la Revista Inmediaciones, La Paz, Bolivia y en periodismo binacional Exilio, México. Publicó: Mi Ángel y Yo; La Muñeca Dolly; Consideraciones sobre la vida y los cuernos; Petty Barrón De Flores: La Mujer Chuquisaqueña Progresista Del Siglo XX; Tengo Prisa Por Vivir; Escala de Grises – Primer Movimiento; Rostros del Maltrato en Nuestra Sociedad; Dueto; Escritoras Cruceñas, Caballero, Reck & Batista; Escritoras Contemporáneas Bolivianas, Caballero, Decker & Batista; Caspa de Ángel – antología de cuentos, crónicas y testimonios del narcotráfico, Batista-Ramos & Carvalho Oliva. Es colaboradora en diversas revistas internacionales.

La científica y escritora Lorena Escudero Sánchez, una Hipatia del siglo XXI

 “La ciencia no sólo es una disciplina de la razón,
sino también del romance y de la pasión”
 –Stephen Hawking

En la semana que pasó, el mundo recordó a la mujer y niña en la ciencia, porque la ONU estableció que el 11 de febrero de cada año sería el día internacional para reconocer el rol crítico que juegan las mujeres y las niñas en la ciencia y la tecnología, reconociendo así, su plena capacidad para hacer oír sus ideas que son los motores del desarrollo y la paz. Sumado al objetivo principal de este día tan especial, que es lograr una mayor participación e inclusión de las mujeres y las niñas en el mundo de la ciencia y la tecnología y, de esta manera, romper con la brecha de géneros.

Llamar la atención sobre la presencia de la mujer y niña en la ciencia, desde mi punto de vista, también es hacer un reconocimiento a mujeres que hacen de la actividad científica su elección de vida y contribuyen de diversas maneras a elevar la calidad de vida de las demás personas, tomando en cuenta que la ciencia y la tecnología son factores principales para el crecimiento económico, generando e interactuando con los sectores productivos, importantes aportes al desarrollo sustentable.

Para esta fecha, elegí acercarme a la eminente joven científica española Lorena Escudero Sánchez (Soria, 1985), cuya trayectoria meteórica está marcando un punto de inflexión en el desarrollo de la ciencia en el mundo puesto que, su profunda labor de investigación, está dejando una huella imborrable en la historia de la ciencia. Galardonada con numerosas becas y premios, entre ellos el “Premio Breakthrough 2016” en Física Fundamental (como parte de la colaboración T2K) y el “Premio de Doctorado a la Excelencia de la Universidad de Valencia”, un premio extraordinario (de doctorado de la Universitat de València), por su tesis realizada en el IFIC, la primera que analiza de forma simultánea las diferentes oscilaciones de neutrinos que mide el experimento T2K (Japón).

Lorena Escudero Sánchez es licenciada en Física por la Universidad de Salamanca y Máster en Cosmología y Física de Partículas. Después de un breve tiempo trabajando en el CERN, se trasladó a Valencia con una beca FPU para completar su doctorado en Física de Neutrinos, trabajando en el experimento T2K en Japón.

En 2016 se mudó a Cambridge y trabajó como investigadora asociada en el Laboratorio Cavendish, trabajando principalmente en algoritmos de reconocimiento de patrones y desarrollo de software relacionados.

Lorena también ha tenido roles de responsabilidad dentro de colaboraciones mundiales, p. Ej. sirviendo como coordinador de la reconstrucción y redactando la sección de reconstrucción del Informe de Diseño Técnico del experimento DUNE, también ha liderado y gestionado iniciativas internacionales como la “Iniciativa de Neutrinos Reino Unido-América Latina” (2018-2019).

Sus intereses de investigación actuales se centran en aplicar su experiencia en análisis de imágenes y aprendizaje automático a la investigación del cáncer, con una fuerte defensa del desarrollo de software y un gran interés en desarrollar métodos de IA. También forma parte del equipo del repositorio de NCITA  y su función es crear y gestionar un repositorio de imágenes local en Cambridge”[i].

El experimento T2K, que lleva a cabo Lorena Escudero Sánchez, consiste en un haz de neutrinos muónicos enviados desde J-PARC en Tokai (costa este de Japón) hasta el detector Super-Kamiokande, a 300 kilómetros de distancia en la costa oeste. En 2013, T2K descubrió un nuevo canal de oscilación del neutrino al comprobar que una pequeña parte de los neutrinos muónicos que componen el haz enviado desde J-PARC se transforman en neutrinos electrónicos, ‘apareciendo’ estos en Super-Kamiokande.

El trabajo de Escudero combinó, por primera vez, los datos del canal de ‘aparición’ con los del canal dominante de ‘desaparición’, descubierto en 1998 por Super-Kamiokande y merecedor de la mitad del Premio Nobel de Física de 2015.

Lorena Escudero trabaja actualmente en la Universidad de Cambridge con una estancia postdoctoral en la preparación del experimento DUNE, un gran proyecto internacional que estará operativo en Estados Unidos a partir de 2026 y que pretende dar respuesta a los interrogantes que todavía perduran en la física de neutrinos[ii]

Lorena Escudero Sánchez es una científica talentosa que tiene un papel fundamental en la comunidad científica internacional; empero, su genialidad, excelencia y creatividad no paran ahí, la acompañan en muchas otras esferas de su vida y una faceta importante de la doctora en física es la de escritora, también talentosa, que cultiva el género literario de la microficción.

Publicó diversos libros y antologías, asimismo, su obra literaria hace parte de diversas antologías y fue publicada en muchas revistas.

Es interesante notar que, entre los varios títulos de su obra microficcionista, se encuentra el libro Formulario (2019), donde confluyen la científica y la literata, haciendo gala, en una sola obra, del conocimiento científico matemático y de su sensibilidad estética literaria.

Como una muestra espontanea del talento científico y literario, el libro “Formulario” es un conjunto de minificciones con alusión científica con títulos sugestivos como: “Antimateria”, “Binario”, “Campo electromagnético”, “Personalidad múltiple (oscilaciones de neutrinos)”, “Simetrías”, “Índice de refracción”, “Cero absoluto”, “Horizonte de eventos” y “Colisionador de hadrones”; también, el microensayo “Entropía (caos)”, “Geometría (espacio de Minkowski)” y “Serie de Taylor”;  el poema en prosa “Dualidad”, “Densidad y singularidad”, “Principio de exclusión de Pauli”, “Reductio ad absurdo” y “Acústica” y el aforismo “Solución”.

“Antimateria

Ha decidido negarme en todo lo que soy. Existe para contradecirme. Y yo huyo: o nos mantenemos alejados, o nos aniquilaremos el uno al otro.

e+»[iii]

Hipatia fue una filósofa y maestra neoplatónica griega, natural de Egipto, que destacó en los campos de las matemáticas y la astronomía, ​ miembro y cabeza de la Escuela Neoplatónica de Alejandría a comienzos del siglo V.

Ahora, el planeta cuenta con los aportes de la científica y escritora Lorena Escudero Sánchez, una Hipatia del siglo XXI.

– Márcia Batista Ramos

SOBRE LA AUTORA:

Márcia Batista Ramos, nació en Brasil. Licenciada en Filosofía. Es gestora cultural, escritora, poeta y crítica literaria. Es columnista en la Revista Inmediaciones, La Paz, Bolivia y en periodismo binacional Exilio, México. Publicó: Mi Ángel y Yo; La Muñeca Dolly; Consideraciones sobre la vida y los cuernos; Petty Barrón De Flores: La Mujer Chuquisaqueña Progresista Del Siglo XX; Tengo Prisa Por Vivir; Escala de Grises – Primer Movimiento; Rostros del Maltrato en Nuestra Sociedad; Dueto; Escritoras Cruceñas, Caballero, Reck & Batista; Escritoras Contemporáneas Bolivianas, Caballero, Decker & Batista; Caspa de Ángel – antología de cuentos, crónicas y testimonios del narcotráfico, Batista-Ramos & Carvalho Oliva. Es colaboradora en diversas revistas internacionales.


[i]   Dr. Lorena Escudero Sánchez – Department of Radiologyradiology.medschl.cam.ac.u

[ii] http://webific.ific.uv.es/…/una-tesis-del-ific-pionera

[iii] Lorena Escudero: “Formulario”. Minificción. La Tinta del Silencio; Colección Minitauro; Ciudad de México, 2019.

Estelle Keita y su lucha por un mundo mejor para todos

El orden del mundo está equivocado, por eso, muchas personas sufren, ya que están privadas de ejercer sus derechos humanos fundamentales. Las injusticias se proliferan como hongos y muchos gobiernos prefieren cerrar los ojos y tolerar lo inadmisible mientras los más vulnerables padecen situaciones insufribles.

La francesa Estelle Keita, una estudiante de derecho apasionada por el bien y la justicia, lucha por los derechos humanos en un intento de transformar las sociedades que rayan al borde del primitivismo, a partir del momento en que mantienen la supremacía económica, sexual, de género, por color y por un sinfín  de motivos, que no permiten la igualdad de todos los seres humanos en una muestra absurda de poder, en desmedro del bienestar de todos.

A pesar de que muchas naciones mantienen su lucha para evitar la discriminación a minorías (sociales o étnicas), los residuos de prejuicios antiguos hacen difícil aplicar una ley igualitaria para todos los ciudadanos, lo que abre espacio para la militancia activa en pro de los derechos humanos.

Estelle Keita vive en la región número I parisina, es una joven ansiosa por aprender y por triunfar. Su mayor aspiración es lograr concientizar a las mujeres jóvenes sobre las distintas problemáticas que surgen en nuestra sociedad para que ellas, en primer lugar, no sean víctimas de las injusticias que ocurren por la falta del ejercicio de sus propios derechos.

Ya que derecho que no se ejercita es derecho que se pierde.

También centra su interés en las mujeres jóvenes porque sabe que si las mujeres están empoderadas, el mundo mejora, ya que ellas son la célula básica de la sociedad, por eso deben recibir educación y tener acceso a luchar por los derechos humanos, tomando en cuenta que a muchas mujeres, en el planeta, está vetado el derecho a la educación y también está prohibido luchar por sus propios derechos.

Ser activista que participa activamente en la propaganda de un partido o enarbola banderas en la sociedad a la que pertenece o practica la acción directa en la lucha por los cambios sociales o políticos que pretende; no es un derecho que, cualquier ser humano en el planeta, puede ejercer.

Eso hace que el activismo por los derechos humanos sea más importante en ciertos lugares donde, estos derechos, son ampliamente vulnerados y de manera frontal, especialmente en contra de las mujeres y niñas.

Estelle Keita decidió involucrarse en una forma de hacer política distinta de la tradicional, reservada históricamente al género masculino. Involucrándose en la defensa de los derechos humanos desde París, para el mundo, utilizando las redes sociales como un medio para hacer oír su voz. Toda a la vez que Instagram, Twitter, Facebook y YouTube son cada vez más populares entre los activistas de todo el mundo, pues ofrecen un espacio en el que las personas se reúnen, intercambian ideas, aprenden, se organizan y expresan opiniones.

Optar por el activismo es posicionarse políticamente, dejando constancia de su compromiso en la defensa de los derechos humanos, su compromiso por un mundo mejor, su compromiso con la humanidad.

Su activismo temprano la llevará a poner sus conocimientos como abogada en la lucha por la defensa de los derechos humanos pues, Estelle Keita, pretende graduarse en derecho para poder, a partir de su profesión, convertirse en una activista mucho más importante que logre hacer eco de su voz por una sociedad más justa y equitativa para todos.

Siempre mirando al futuro, ella quiere que las cosas cambien, que las personas vivan seguras, amparadas por las leyes y sin miedo del “otro”, porque bajo las condiciones de justicia e igualdad, el “otro” nunca será opresor o verdugo.

Ella es creadora del blog de opinión y de actualidad dedicado principalmente a las mujeres: “La belle militante”, convertido en uno de los principales escenarios de las protestas contra, lo que se considera, un atraso o retroceso en materia de derechos humanos. También es un espacio de promoción cultural que une continentes.

La joven, de nacionalidad francesa y de 23 años, está involucrada intelectualmente en diversas luchas y lo manifiesta a través de los diferentes artículos que publica, principalmente, sobre injusticias que existen en todo el mundo.

Se muestra molesta con las guerras, las desigualdades económicas, sociales y políticas que afectan, de forma especial, al hemisferio sur.

El racismo que involucra muchos aspectos (incluido los espirituales) es otro tema de la militancia de Estelle.

Cabe mencionar que, esta bella militante, ahora está escribiendo su primer libro sobre turismo sexual.

Así, Estelle Keita, quien se considera una persona apasionada por los derechos humanos, lucha con tesón y voluntad por mundo mejor para todos.

– Márcia Batista Ramos

SOBRE LA AUTORA:

Márcia Batista Ramos, nació en Brasil. Licenciada en Filosofía. Es gestora cultural, escritora, poeta y crítica literaria. Es columnista en la Revista Inmediaciones, La Paz, Bolivia y en periodismo binacional Exilio, México. Publicó: Mi Ángel y Yo; La Muñeca Dolly; Consideraciones sobre la vida y los cuernos; Petty Barrón De Flores: La Mujer Chuquisaqueña Progresista Del Siglo XX; Tengo Prisa Por Vivir; Escala de Grises – Primer Movimiento; Rostros del Maltrato en Nuestra Sociedad; Dueto; Escritoras Cruceñas, Caballero, Reck & Batista; Escritoras Contemporáneas Bolivianas, Caballero, Decker & Batista; Caspa de Ángel – antología de cuentos, crónicas y testimonios del narcotráfico, Batista-Ramos & Carvalho Oliva. Es colaboradora en diversas revistas internacionales.

El ideal del samurái Yukio Mishima

(El camino de la pluma y de la espada)

Yukio Mishima fue un genial y polifacético escritor, novelista, dramaturgo, poeta, ensayista, crítico y actor japonés. Considerado uno de los más grandes escritores de la historia del Japón, cuyo verdadero nombre era Kimitake Hiraoka, (Kimitake, significa príncipe guerrero), nació en Tokio, 14 de enero de 1925. Murió en Tokio, en el 25 de noviembre de 1970.

Después de una breve relación con Michiko Shoda, quien tiempo después se convertiría en esposa del Emperador Akihito, se casó con la hija de un conocido pintor, Yoko Sugiyama, en 1958 con quien tuvo una pareja de hijos.

Nacido en una familia de la burguesía, Mishima se orgullecía de pertenecer, por línea de sus antepasados, a la clase de los samuráis de la era Tokugawa.

Estudió en la famosa escuela Gakushüim, donde se graduó con honores y escribió su primer cuento a la edad de doce años. Desde 1938 hasta 1941 escribió su primer libro de relatos, aunque empezó a prosperar y se convirtió en el miembro más joven de la junta editorial en la sociedad literaria de esta prestigiosa escuela.

Fue invitado a escribir un relato para la célebre revista literaria «Cultura literaria» y presentó «El bosque en todo su esplendor». La historia fue publicada en forma de libro en 1944, si bien que, en una pequeña cantidad, debido a la escasez de papel en los difíciles tiempos de guerra.

A los dieciséis años publica su primer libro de relatos, que coincidió con su ingreso en la Facultad de Derecho en Universidad de Tokio. Aunque su padre le había prohibido escribir y peor, abrazar la carrera de escritor, Mishima continuó escribiendo en secreto cada noche, apoyado y protegido por su madre Shizue, quien era siempre la primera en leer cada nueva historia. A propósito de la prohibición de su padre, existe la célebre frase del escritor “Las buenas maneras no presuponen la obediencia a la voluntad ajena”.

Después de graduado, obtuvo un trabajo como funcionario en el Ministerio de Finanzas japonés donde trabajó por un año y dimitió para dedicar su tiempo completo a la escritura.

Mishima comenzó su primera novela, «Ladrones», en 1946 y la publicó en 1948, colocándose en la segunda generación de escritores de la posguerra. Le siguió «Confesiones de una máscara» en 1948, una obra de final abierto que cosechó un inmediato éxito y que supuso su definitiva consagración en el mundo literario; aparentemente una obra autobiográfica sobre un joven que debe esconderse tras una máscara para encajar en la sociedad. La novela tuvo un enorme éxito y convirtió a Mishima en una celebridad a la edad de 24 años.

Escritor profuso, hermético y fascinante, disciplinado y diverso, irónico y difícil, cuyo principal interés se centró en los valores tradicionales japoneses y la esterilidad espiritual de la vida contemporánea.

Mishima escribió cuarenta novelas, más de una decena obras de teatro, una veintena de libros de relatos y, al menos, veinte libros de ensayos, numerosos cuentos, poemas, artículos, así como un libreto. También escribió obras muy aclamadas para el teatro kabuki y versiones modernas de dramas no tradicionales. Obras Destacadas: «El pabellón de oro» (1956); «Nieve de primavera» (1968); «Caballos desbocados» (1969); «La corrupción de un ángel» (1970); «El templo del alba» (1970), entre muchos otros.

Yukio Mishima, es un autor que fascina por su vida; tuvo una vida desgarrada en múltiples direcciones que proporciona a su obra una riqueza impresionante.

No deja de ser, sin embargo, uno de los autores que van en contra de las opiniones dominantes tanto en su obra como en su vida: un romántico, al fin y al cabo, recuperable por los nostálgicos de 1968. Efectivamente, gran parte de estos escritos hacen referencia a las revueltas estudiantiles japonesas de 1969 y 1970, revueltas con las cuales mantiene una relación intelectual de ambivalencia…

Fue reconocido como uno de los más importantes estilistas del lenguaje japonés de la posguerra.

De temática audaz y despojada, atenta a los aspectos más oscuros de las pasiones humanas, contrasta con la delicadeza y contención de su estilo. Trazó con doloroso detalle el desarrollo de la personalidad y el efecto devastador de las crueles paradojas de deseo y rechazo, de belleza y violencia que la van conformando.

A través de la escritura, Mishima, adquirió fama internacional, siendo muchas de sus obras traducidas al inglés y otras lenguas europeas.

Fue propuesto para el Premio Nobel de Literatura en tres ocasiones. Sin embargo, en 1968 su primer mentor, Yasunari Kawabata, ganó el premio Nobel de Literatura y dijo «No comprendo cómo me han dado el premio Nobel a mí existiendo Mishima. Un genio literario como el suyo lo produce la humanidad solo cada dos o tres siglos. Tiene un don casi milagroso para las palabras… Es un genio universal».

Muchos grandes escritores, de talla universal, escribieron obras sobre Mishima como: «Una vida en cuatro capítulos», película de Paul Schrader, 1985; «Vida y muerte de Yukio Mishima», por Henry Scott Stokes, 1974; «Mishima o la visión del vacío», ensayo de Marguerite Yourcenar; «Mishima», biografía escrita por John Nathan, su traductor; «Mishima, o el placer de morir, análisis psicológico de Mishima» por Juan Antonio Vallejo-Nágera, 1978; «Un parque», ópera de Luis de Pablo, 2006, sobre un relato de Mishima; «Reflexiones sobre la muerte de Mishima», Henry Miller.

Su primer trabajo extenso, «El bosque en flor», fue publicado en 1941. Una característica de esta obra, como de «El cigarrillo», 1946; «Ladrones», 1946-48 y de otras que escribió en el período de la Segunda Guerra Mundial y en los años inmediatamente subsiguientes, es el total alejamiento de la trágica realidad de la guerra y de la derrota.

En los años sesenta, la figura de Mishima es vista siguiendo las dos distintas pero inseparables facetas de su personalidad. El Mishima hombre de acción, encontró su soporte teórico en la idea de que la verdad puede ser alcanzada sólo a través de un proceso intuitivo, en el que el pensamiento y la acción no son dos modalidades distintas. Encontró la ejemplificación de ello y la suma de los más auténticos valores nipones en la ética de los samuráis. Fascinado por la ideología transmitida de los guerreros escribió: «El camino del samurái»; y «En defensa de la cultura» (1968). Mishima se hizo portavoz de la necesidad de restaurar los valores de la cultura prebélica y militarista.

En esa década de los años sesenta es cuando escribió sus obras más importantes. Dentro de estas obras, destaca su tetralogía considerada su obra cumbre: «El mar de la fertilidad», compuesta de las novelas: «Nieve de primavera», «Caballos desbocados», «El templo del alba» y «La corrupción de un ángel» (esta, editada póstumamente); que constituye una especie de testamento ideológico del autor que se rebelaba contra una sociedad sumida en la decadencia espiritual y moral; es una obra de notable belleza literaria, sin precedentes en la literatura moderna japonesa, contiene e invoca el sentido el honor y el respeto a las tradiciones.

Su ensayo más importante, «En defensa de la cultura», defendía la figura del Emperador como la mayor señal de identidad de su pueblo. Mishima se preocupaba por la creciente occidentalización de su país y analizaba la transformación del Japón desde una perspectiva pesimista y crítica; para él, esta metamorfosis resultaría estéril en el futuro de un país dueño de tantas y tan sabias tradiciones. Sus héroes son jóvenes rebeldes aspirantes a una pureza utópica. El autor recrea los rituales de la vida y de la muerte, de la transmigración y la purificación del alma, tan presentes en años de tradición japonesa.

Más tarde, en 1968, formaría la «Sociedad del Escudo», una organización paramilitar de jóvenes que, desencantados con la debilidad de las instituciones imperiales y la mansedumbre constitucional del ejército, propiciaban un resurgimiento del Bushido, el tradicional código de honor samurái; con un fastuoso uniforme que él mismo diseñó y en el que pretendía reencarnar los valores nacionales de su Japón tradicional. Sin embargo, jamás descuidó su ingente producción literaria. De tal suerte que, Mishima, afirmaría dos caminos para superar la sociedad actual: el de las letras y el de la acción.

Mishima detestó la visión del mundo moderno. Siempre fiel al espíritu del samurái, Mishima se preocupó profundamente por la decadencia que las ideas de la ilustración habían causado a la cultura tradicional japonesa. La crítica a la modernidad dominó sus escritos. Se opuso a la derecha liberal japonesa defensora de los ideales de «paz perpetua» y «crecimiento indefinido capitalista.”

Fue un maestro de la representación, su grandilocuencia le llevó a participar en representaciones teatrales, espectáculos públicos y películas: actor de teatro, espadachín ritual, modelo de fotografías de simbología inquietante. Dicen que fue un adalid de una misoginia espartana. En los últimos diez años de su vida, Mishima actuó en varias películas y codirigió la adaptación de su historia «Patriotismo».

Durante la Segunda Guerra Mundial tras frustrarse su sueño de ingresar como piloto kamikaze, trabajó en una fábrica aeronáutica. Por ello, se sintió culpable de haber sobrevivido y haber perdido la oportunidad de una muerte heroica. Sobrevivir a una guerra en la que habían muerto tantos compatriotas se convirtió, para él, en un trauma lacerante, al asumir la culpa por haber sobrevivido al genocidio estadounidense de Hiroshima y Nagasaki, este imborrable suceso, que él mismo entendió como una humillación.

Mishima preparó de forma meticulosa su muerte durante al menos cuatro años y nadie, ajeno al cuidadosamente seleccionado grupo de miembros de la «Sociedad del Escudo», sospechaba lo que estaba planeando. Mishima se aseguró de que sus asuntos estuvieran en orden e incluso tuvo la previsión de dejar dinero para la defensa en el juicio de los otros tres miembros de la «Sociedad del Escudo» que no murieron.

La mañana de su muerte, el 25 de noviembre de 1970, Mishima envió la última parte de esta tetralogía a su editor. Después se dirigió junto con los miembros de su grupo a un cuartel del ejército que ocuparon y, tras un discurso a la tropa, él y su compañero Masakatsu Morita se quitaron la vida mediante el seppuku. Mishima realizó su seppuku en el despacho del general Kanetoshi Mashita. Él cumplió con el rito del seppuku, ante las cámaras de televisión, al grito de «Larga vida al Emperador».

Yukio Mishima dijo: «Hemos visto a Japón emborracharse de prosperidad y caer en un vacío espiritual… hemos tenido que contemplar a los japoneses profanando su historia y sus tradiciones… el auténtico Japón es el verdadero espíritu del samurái… cuando vosotros (soldados) despertéis, Japón despertará con vosotros… Tras meditarlo serenamente a lo largo de cuatro años, he decidido sacrificarme por las antiguas y hermosas tradiciones del Japón, que desaparecen velozmente, día a día… El Ejército siempre ha tratado bien al Tatenokai, ¿por qué entonces mordemos la mano que nos ha tendido? Precisamente porque lo reverenciamos… Salvemos al Japón, al Japón que amamos…».

Otros elementos tradicionales de la muerte ritual fueron la composición del jisei no ku —un poema escrito por el propio samurái cuando se acerca la hora de su muerte— antes de su entrada en el cuartel general.

Su muerte es considerada la protesta final contra la decadencia moderna de Japón. Su kaishaku (asistente) intentó decapitarlo tres veces sin éxito. Finalmente, fue Hiroyasu Koga, quien realizó la decapitación. Posteriormente, Masakatsu Morita intentó realizar su propio seppuku. Aunque sus cortes fueron poco profundos para ser fatales, hizo una señal a Koga para que también lo decapitase. Esa sería la última aparición en público de Yukio Mishima, de 45 años, un escritor altamente respetado en Japón. Una figura grandiosa en vida, Mishima, se convirtió en héroe mítico después de su suicidio ritual.

Con su muerte, desapareció uno de los críticos más lúcidos de la sociedad japonesa de la posguerra y un artista, un pensador superdotado que marcó señaladamente un rumbo en la historia de la literatura japonesa contemporánea.

– Márcia Batista Ramos

SOBRE LA AUTORA:

Márcia Batista Ramos, nació en Brasil. Licenciada en Filosofía. Es gestora cultural, escritora, poeta y crítica literaria. Es columnista en la Revista Inmediaciones, La Paz, Bolivia y en periodismo binacional Exilio, México. Publicó: Mi Ángel y Yo; La Muñeca Dolly; Consideraciones sobre la vida y los cuernos; Petty Barrón De Flores: La Mujer Chuquisaqueña Progresista Del Siglo XX; Tengo Prisa Por Vivir; Escala de Grises – Primer Movimiento; Rostros del Maltrato en Nuestra Sociedad; Dueto; Escritoras Cruceñas, Caballero, Reck & Batista; Escritoras Contemporáneas Bolivianas, Caballero, Decker & Batista; Caspa de Ángel – antología de cuentos, crónicas y testimonios del narcotráfico, Batista-Ramos & Carvalho Oliva. Es colaboradora en diversas revistas internacionales.

Concha Pelayo bajo el embrujo de los versos de Federico García Lorca

Cuando leí “Once poemas a Lorca” de Concha Pelayo, tuve que hacer una lectura comparada con Federico García Lorca. Inicialmente me llené de emoción, tal la belleza de las palabras y versos de ambos. Después, en un segundo momento, empecé a hacer conjeturas… 

En cada época y lugar, brotan del alma del universo, los poetas que cantan las bellezas y los dolores del mundo. Los que nacen primero influencian a los que vienen después. Porque siempre los primeros dejan un destello, casi luminoso, que impregna la voz o el alma de los que vienen más tarde a encantar al mundo, a través de sus propias letras.

Además, a veces, encontrarse con sus palabras es como un rencuentro espiritual. Es sentir la presencia por medio de las páginas, ya amarillas, que logran despertar sensaciones tan fuertes que el poeta (en calidad de lector) siente que el poema fue escrito para sí, aun cuando su escritura es de un tiempo en que todavía no había nacido.

Pienso y es mera especulación de mi parte, que Concha Pelayo empezó a leer a Federico García Lorca y, primero, se ruborizó porque sintió la familiaridad de su voz. Sintió que Lorca le hablaba a ella, a nadie más.

Volvió a leer y se dijo a sí misma: “Eso no se queda así, tengo que decirle lo que pienso, tengo que responderle, pues, tiene que escuchar mi versión de los hechos, ¡Federico, tienes que escuchar mi voz!”.

Son los misterios de las palabras bajo el sol, son las caricias de seres que ya no están a seres de este mundo.

Así, los versos de Lorca tuvieron un efecto mágico en Concha Pelayo. Y cuando Lorca canto:

“Romance sonámbulo[1]

\Verde que te quiero verde.\Verde viento. Verdes ramas. \El barco sobre la mar \y el caballo en la montaña. \Con la sombra en la cintura \ella sueña en su baranda, \verde carne, pelo verde, \con ojos de fría plata. \Verde que te quiero verde. \Bajo la luna gitana, \las cosas le están mirando \y ella no puede mirarlas. (…)”

Es muy evidente que García Lorca, a través de su poesía, estimula al lector a tener sensaciones emocionales e insinuaciones imaginativas intensas, al lograr asociar en sus versos lo popular y lo culto, lo lírico, lo dramático y lo narrativo-épico, lo tradicional y la innovación en un lenguaje altamente personal, muy musical, refinado y complejo, sofisticado y denso, partiendo de la tradición hispánica y manejando con propiedad los mecanismos del discurso poético.

Es clara la relación de influencia que ejerció Lorca en las letras de Concha Pelayo. Sin embargo, ella supo escribir, su conmovedora poesía, con la misma grandeza que lo hizo Lorca.

Además, Concha Pelayo no hizo un simple contrapunteo, porque no se trataba de una mera intertextualidad como diría Mijaíl Bajtín, ella hizo un diálogo de vuelta y a gran altura.

Dejó que escapara de su pluma, imágenes mágicas y luminosas, escribiendo   versos de exquisita sensibilidad, donde hace gala de su capacidad para captar los detalles y acariciar la esencia de los versos de Lorca, logrando mantener algunos aspectos morfosintácticos, rítmicos y musicales de los versos de Lorca en la construcción directa en el universo conceptual de sus poemas.

Son los misterios de las palabras bajo el sol, son las caricias de seres de este mundo a seres que ya no están.

Así, Concha Pelayo, bajo el embrujo de los versos de Federico García Lorca, escribió:

“Mi poema a Romance sonámbulo [2]

Sobre este lecho de agua, \adormecida está la gitana. \Verde la margen del río, \verde el bosque que la ampara.\Los juncos mueren de pesar, \las aves, tristes, no cantan. \Los pececitos flotan \sin saber lo que pasa, \y una cigüeña en la torre \mira impasible y silenciosa. \El pueblo entero la llora, \los gitanos en la plaza, \los niños se callan y miran, \los guardias se alborotan, \y un gitano que muere \mira para la luna de plata, \los ojos semi-cerrados, \las lágrimas se le escapan.”

Obviamente que yo podría preguntarle a Concha Pelayo qué le motivó a dialogar con Lorca, pero prefiero imaginar a la poeta bajo el embrujo de las palabras de Federico García Lorca, escribiéndole “Once poemas a Lorca” para, con su fuerza, romper el encanto y recordarle, donde quiera que se encuentre, que ella invariablemente dará su versión de los hechos, porque toda historia tiene siempre dos lados.

Puedo creer que Federico García Lorca; si la vida, el destino o el universo; hubieran permitido que se encuentre con la poeta peregrina Concha Pelayo, hubiera caído bajo el embrujo de sus palabras (y ni hablo de su belleza).

– Márcia Batista Ramos

SOBRE LA AUTORA:

Márcia Batista Ramos, nació en Brasil. Licenciada en Filosofía. Es gestora cultural, escritora, poeta y crítica literaria. Es columnista en la Revista Inmediaciones, La Paz, Bolivia y en periodismo binacional Exilio, México. Publicó: Mi Ángel y Yo; La Muñeca Dolly; Consideraciones sobre la vida y los cuernos; Petty Barrón De Flores: La Mujer Chuquisaqueña Progresista Del Siglo XX; Tengo Prisa Por Vivir; Escala de Grises – Primer Movimiento; Rostros del Maltrato en Nuestra Sociedad; Dueto; Escritoras Cruceñas, Caballero, Reck & Batista; Escritoras Contemporáneas Bolivianas, Caballero, Decker & Batista; Caspa de Ángel – antología de cuentos, crónicas y testimonios del narcotráfico, Batista-Ramos & Carvalho Oliva. Es colaboradora en diversas revistas internacionales.


[1] LORCA, Federico García. Poema:  “ROMANCE SONÁMBULO”; https://www.poesi.as/index203.htm

[2] PELAYO, Concha. “Once poemas a Lorca”; Traducido al portugués por Carlos Sousa Almeida; Editorial: Visión Libros; https://books.google.com.bo/books?id=6C0GjkWIiZkC&printsec=copyright&redir_

Traducción del portugués al español, por Márcia Batista Ramos, exclusivamente para el presente texto.

La ciudad de La Paz desde la pluma embriagada de alcohol y de nostalgias de Jaime Sáenz

La ciudad como tema literario, fue eternizada por varios escritores: São Paulo por Mario De Andrade; Lisboa por Fernando Pessoa; Buenos Aires por Jorge Luis Borges; Praga por Franz Kafka; La Paz por Jaime Sáenz; entre tantos otros grandes literatos que lograron captar el alma de la ciudad de sus amores y la plasmaron con gran belleza. Corroborando con la idea de que el espacio público causa un gran fascino para los escritores, como si de una especie de obsesión se tratara.

Es en el ambiente de la ciudad donde surgen, en la década de 1920, los movimientos de vanguardia en Europa y en Latinoamérica. Es en los centros urbanos importantes donde surgen las poéticas urbanas y se diseminan en sus respectivos contextos culturales.

Las ciudades poéticamente erigidas, como metáfora interpretativa de la experiencia humana, reflejan el hombre en su relación dialógica con el espacio social. Los literatos confieren, metafóricamente, al espacio urbano un sentido que supera su funcionalidad, mostrando una ciudad que siquiera es percibida por sus habitantes.

Así, hay una La Paz que sólo es visible a partir de los textos de Jaime Sáenz, esta ciudad que surge de su pluma embriagada, una ciudad con calles plagadas de nostalgias e historias que tienden a desaparecer con el paso de la modernidad con trozos de arquitectura tirados sobre sus calles empinadas, con la montaña en el horizonte y con personajes tan densos que se eternizan.

El escritor paceño Jaime Sáenz (1921-1986), al igual que el argentino Jorge Luís Borges (1899-1986), que siempre utilizó Buenos Aires como tema recurrente en su literatura; y más que un paño de fondo para sus poemas y cuentos fue muchas veces, personaje de sus obras; la ciudad, para Borges, fue la materia prima de su producción; así, también Jaime Sáenz, en su poesía, novelas, relatos y ensayos; se identifica con la ciudad de La Paz y la recrea de forma extensa y hermosa, con sus habitantes y espacio urbano; dejando claro que la ciudad de La Paz fue su espacio vital y el imborrable trasfondo de su obra.

A través de la obra de Jaime Sáenz, la ciudad de La Paz adquiere un carácter legendario. Él hace posible conocer La Paz sin tener que ir a la ciudad y lo hace de forma poética, a través de su literatura:

«Ni siquiera la fea plataforma de cemento, que tan solo data de unos cinco o seis lustros atrás, ha sido suficiente desatino para menoscabar el inexplicable, frío y austero encanto de la Garita de Lima, la populosa a la par que desolada plaza paceña, en la que suelen reunirse los desocupados, los vagos y malhechores de los barrios altos; en la que fenecen las calles Max Paredes y Tumusla, y en la que esta última cambia de nombre y se convierte en la avenida Batista, que sigue su curso hasta el Cementerio General para fenecer a su vez en las puertas de Villa Victoria. (…)».

Además, especialmente en su libro: «Imágenes Paceñas- lugares y personas de la ciudad», (1979), Jaime Sáenz desentraña los misterios de la ciudad de La Paz y de sus habitantes, contraponiendo una realidad superficial a la realidad profunda. Así, hay una ciudad que «se exterioriza», dice Sáenz, y otra que «se oculta». A Jaime Sáenz le interesa dirigir su atención a la segunda; recreando en su imaginario la ciudad que va a transitar en su mente a la eternidad y escribe:

«Dado por sentado que la ciudad de La Paz tiene una doble fisonomía, y admitiendo que mientras una se exterioriza la otra se oculta, hemos querido dirigir nuestra atención a esa última.

Pues en efecto, lo que aquí interesa es la interioridad y el contenido, el espíritu que mora en lo profundo y que se manifiesta en cada calle y en cada habitante, y en el que seguramente ha de encontrarse la clave para vislumbrar el enorme enigma que constituye la ciudad que se esconde a nuestros ojos».

A través de su obra, uno logra pasear por una ciudad que en realidad son muchas, donde se puede identificar una ciudad moderna y cosmopolita acorde con nuestro conocimiento sobre la importancia de la urbe paceña en el escenario nacional; y otra que se mueve en un tiempo y en un espacio estrictamente definidos, que solamente tiene sentido para aquellos que la habitan y conocen ciertos recovecos, que representa cierto caos e ininteligibilidad para quien la observa. Y entonces, Jaime Sáenz, escribe así:

«¿Quién puede explicar el extraño encanto de la Garita de Lima?
Nadie. Ni siquiera un paceño.
Únicamente el morador de la Garita de Lima».

También describe personajes paceños que constituyen, en sí mismos, una incongruencia al ser la esencia de una ciudad que, en cierta forma, los invisibiliza al tiempo que los hace desaparecer. Es la dualidad de la ciudad aparente, como la llama Jaime Sáenz, con la ciudad mágica que permanece oculta a la visión más pragmática. De ahí la mirada nostálgica de Sáenz.

Jaime Sáenz era dueño de una visión muy particular y original del mundo, tenía un modo singular de abordar temas y conceptos como el tiempo y el espacio, el destino y la realidad. Se dedicó a leer el contexto urbano paceño en transformación cimentando una obra literaria de relevancia, que sobrepasa el horizonte andino para ser estudiada tanto en Europa como en Norteamérica.

Sáenz, en su tierna juventud, viajó a Alemania en 1938 donde asimiló ventajosamente las técnicas modernas de la creación literaria y artística. Lector curioso desde temprano, Jaime Sáenz, adquirió conciencia de las nuevas tendencias de la literatura mundial, mostrando predilección por el compositor austríaco del romanticismo germánico Antón Bruckner. Fue en Europa donde su personalidad fue cultivada con los filósofos Arthur Schopenhauer, Hegel, Martin Heidegger y los escritores Thomas Mann, William Blake y Franz Kafka.

Sáenz fue escritor, poeta, novelista, dramaturgo, ensayista y dibujante; es reconocido por haber elaborado una de las obras literarias más hermosas de las letras bolivianas. Dejando a su muerte los siguientes títulos:

Poesía: «El escalpelo», (1955); «Aniversario de una visión», (1960); «Visitante profundo», (1964); «Muerte por el tacto», (1967); «Recorrer esta distancia», (1973); «Bruckner. Las tinieblas», (1978); «La noche», (1984).

Cuentos: «Los cuartos», (1985); «Vidas y Muertes», (1986); «La piedra imán», (1989).

Novela: «Felipe Delgado», (1979); «Los papeles de Narciso Lima Acha», (1991).

«Obras inéditas», (1996).

Drama: «Obra dramática», (2005).

Miscelánea: «La bodega de Jaime Sáenz», (2005).

Otros: «Imágenes paceñas», (1979); «Al pasar un cometa» (1982); «Tocnolencias», (2009); «Calaveras».

Al buscar nuevos caminos en la modernidad periférica en que vive, Jaime Sáenz encuentra lo eterno y la novedad de lo transitorio en la ciudad que está invisible a simple vista y rompe, así, con los límites de la tradición clásica o modernista y busca nuevos caminos en la modernidad periférica en que vive.

En «Imágenes Paceñas», Jaime Sáenz confiere vigencia a la noción genuina Borgiana, de que la literatura siempre tuvo como cuna natural la ciudad, que el lenguaje de la ficción, aunque hable de temas rurales, se expresa en el lenguaje citadino. Y es así, en su leguaje netamente citadino que, Jaime Sáenz, describe al «Aparapita»:

«(…) El aparapita está siempre en la ciudad, y, no obstante, al mismo tiempo habita el Altiplano, y se encuentra aquí y se encuentra allá, sin moverse de su sitio. Y eso por obra de una fuerza que, al haberse encarnado en la tierra hecha hombre, hace de éste un ser omnipresente».

La ciudad de La Paz encanta y también desencanta a Jaime Sáenz, marcando la estética de una época. Mostrando algunas imágenes que ya no pertenecen al tiempo sino a la memoria, tiñendo el texto de un color melancólico.

Jaime Sáenz, al leer su contexto urbano en transformación, concluye:

«(…) si el hombre busca un remedio allí donde precisamente no lo hay, es porque la soledad no se remedia sino con la propia soledad.

De ahí que la magia de la ciudad, si se quiere, no es otra cosa que la magia de la soledad».

Quedó registrado que las veladas nocturnas con Jaime Sáenz fueron hasta el momento de su muerte, un espacio marginal y rebelde de rico intercambio intelectual. Los «Talleres Krupp», la habitación donde Sáenz recibía a sus visitas, se convirtió en una institución donde la edición de revistas literarias, el juego de dados, la música de Antón Bruckner o de Simeón Roncal, las charlas sobre Milarepa y las lecturas de poemas fueron la tónica permanente.

Como también se dice que el trato con Sáenz era muy exigente. Las relaciones con sus amigos se mezclaron más de una vez con lo maravilloso y lo tenebroso en experiencias poéticas y mágicas, con resultados no muy felices. Así nació el mito de Sáenz amigo de lo oscuro y de la magia, el iniciado y el alquimista… En realidad, esta imagen fue creada por la desconfianza y el temor ante un ser que se negó a participar en la «normalidad» de una vida que encontraba falsa, en una sociedad cerrada, con dificultad para apreciar «lo nuevo» y dificultad para convivir con lo «distinto».

Jaime Sáenz, en su obra literaria, fue genuino al centrarse en la ciudad, reconociéndose naturalmente hijo de la urbe que corre por sus venas con palabras, susurros, mutismos, patios y sentimientos que se ocultan entre callejuelas y modernidad que acecha.

El escritor paceño no construye una obra calcada en la memoria, sino en el desvarío del presente, en el momento de la vivencia. Provocando una verdadera revolución en la tradición literaria y artística de nuestro país. Tanto así, que ha influenciado en gran parte de los actuales artistas de Bolivia. Incluso su importancia se ha sentido en las nuevas generaciones de videastas y cineastas.

El contexto histórico de la época es el culto a la modernización y el espacio sufre el impacto de ese pensamiento. La tradición cede lugar a lo nuevo. En las calles, mucha gente transita y el choque anónimo de las personas confiere nuevo estilo de vida urbana. Entonces el proceso de verticalización de la ciudad es descrito así por Jaime Sáenz:

«Esta zona residencial de La Paz tiene un extraordinario encanto, con extensas y bien cuidadas avenidas, con árboles ornamentales y con amplios y acogedores parques, en cuya intimidad, en espacios umbríos, se puede respirar aire puro -y este encanto precisamente, si aún conserva su lozanía, es porque el desmedido impulso del progreso todavía no se ha manifestado en su verdadera magnitud, aunque sus estragos se pusieron ya de manifiesto en la forma de altísimos edificios, los cuales vienen a romper la harmonía y a deteriorar la atmósfera y el paisaje de la ciudad toda, y no solo ya de Sopocachi».

Jaime Sáenz verbaliza la ciudad de La Paz siempre evocando los lugares ligados a su vida y los espacios y personajes observados por su mirada juiciosa: los barrios que gustaba recorrer en sus largas caminatas, los bares y tiendas donde frecuentaba y conocía a otros interlocutores que se hacía, eventualmente, amigo. No se centra en la ciudad del presente como fin en sí misma, como el espacio por excelencia del movimiento de la modernidad, de lo fragmentario, de la transitoriedad contingente. Más bien construye, a partir de la cartografía urbana del presente, una cartografía del pasado que se sustenta en el mito de una ciudad eterna. Y escribe:

«Extrañamente, querría decir que una ciudad es indestructible».

Se puede inferir, a través de su obra, que esa relación de Jaime Sáenz con La Paz, su ciudad natal, fue tensa y su prosa está permeada por sentimientos de encantamiento y desilusión. Al tiempo que retrata el encantamiento, también retrata el tedio, el vacío, la fragmentación y la muerte en la ciudad que se moderniza.

Seducido por los barrios populares, infatigable lector, desdichado en amores, tal vez por declararse bisexual; bebedor en oscuros cafetines, y aficionado a una música que los demás no conocían (Antón Bruckner). Es Jaime Sáenz quien logra verbalizar a la ciudad de La Paz con su pluma embriagada de alcohol y de nostalgias.

– Márcia Batista Ramos

SOBRE LA AUTORA:

Márcia Batista Ramos, nació en Brasil. Licenciada en Filosofía. Es gestora cultural, escritora, poeta y crítica literaria. Es columnista en la Revista Inmediaciones, La Paz, Bolivia y en periodismo binacional Exilio, México. Publicó: Mi Ángel y Yo; La Muñeca Dolly; Consideraciones sobre la vida y los cuernos; Petty Barrón De Flores: La Mujer Chuquisaqueña Progresista Del Siglo XX; Tengo Prisa Por Vivir; Escala de Grises – Primer Movimiento; Rostros del Maltrato en Nuestra Sociedad; Dueto; Escritoras Cruceñas, Caballero, Reck & Batista; Escritoras Contemporáneas Bolivianas, Caballero, Decker & Batista; Caspa de Ángel – antología de cuentos, crónicas y testimonios del narcotráfico, Batista-Ramos & Carvalho Oliva. Es colaboradora en diversas revistas internacionales.

Rony Vásquez Guevara, escritor y académico, que está marcando época con la emblemática editorial «Quarks»

El jurista Rony Vásquez Guevara, muy a parte de su labor profesional, se dedica a las actividades literarias, ya que es un estudioso de la crítica y producción del género breve, específicamente la minificción (caracterizada por brevedad extrema, ficcionalidad y narratividad), además, es uno de los mayores impulsores del género a nivel internacional.

Erick Rony Vásquez Guevara nació en Lima – Perú, 1987. Publicó: Cuadernillo de pulgas (2011); Cuaderno de pulgas (2011); Circo de pulgas. Minificción peruana. Estudio y antología (1900-2011) (2012); En pocas palabras – Antología del microcuento liberteño (2012); En pocas palabras – Antología del microcuento cajamarquino (2013); El universo de los caracteres. Brevísimo estudio y antología (2014); Tuiteratura (2016) y El último dinosaurio vivo. Antología personal (2016), entre otros.

Sus minificciones han sido traducidas al inglés, ruso, italiano, persa y francés.

De formación académica, su línea de investigación es la minificción y demás brevedades literarias, cuyos ensayos y artículos han sido publicados en revistas especializadas de Colombia, México, Estados Unidos y Perú.

Ha sido invitado de diversas ferias internacionales de libro. Participó en el Seminario de Estudios sobre Minificción de la Universidad Nacional Autónoma de México. Su taller de minificción “El dinosaurio” se impartió en República Dominicana, Venezuela y Perú. Es un intelectual polifacético, como crítico y ensayista, colabora en importantes revistas literarias, además de hacer ponencias en diversos medios académicos.

Asimismo, está profundamente relacionado con las principales revistas peruanas, editoriales y centros de estudios de literatura breve, como: Mirmidonia. Revista andante de Microrrelatos; Centro Peruano de Estudios sobre Minificción; Editorial Micrópolis S.A.C.; Plesiosaurio. Primera revista de ficción breve peruana y fue editor invitado por la revista Ekuóreo (Colombia, 2013).

Rony sabe que, en los tiempos actuales donde impera la inmediatez, la ficción breve es el arte que podría enriquecer nuestras vidas, por eso, en un trabajo quijotesco, sin percibir remuneración alguna, mantiene a “Quarks Ediciones Digitales” que difunde el microrrelato y promueve su lectura.

La editorial “Quarks” cuenta con un acervo diverso de contenido de gran calidad, asimismo, de mucha calidad de edición; con una variedad temática que abarca la literatura de diversas índoles, como de carácter fantástica; también, temáticas referidas a la denuncia social, aunque este grupo es el sector minoritario cuenta con material contundente de grandes nombres de la microliteratura internacional. Además, existen algunos textos brevísimos incluidos en las diversas publicaciones que colindan con la tradición oral. Son textos brevísimos, ficcionales y narrativos, con una influencia sustancial del discurso oral que rescatan contenido regional de los países que representan.

Quarks Ediciones Digitales posee dos colecciones: “Máximo minúsculo” que está dirigido a la publicación de antologías y “Ciudadano mínimo” que publica libros de autor.  Promoviendo así, la microficción y sus autores a nivel internacional.

Percibo y me gusta y sé que no me equivoco que, para Rony, el arte literario no es como una arena de gladiadores, sino, que coincidimos con algo que siempre afirmo: “la literatura es una fiesta, un encuentro”; es por eso que constantemente publica a otros escritores.

Estas actividades editoriales, sumadas a las actividades profesionales, no fueron capaces de ocultar el lado profundamente literario e imaginativo de Rony Vásquez Guevara, que escribió diversos libros, valiosos ensayos, y numerosos microrrelatos.

Rony Vásquez Guevara es un intelectual inquieto y autocrítico que está caminando por el sendero ancho de la literatura del siglo XXI, no solo por la calidad de lo que escribe, como también por la hermandad que lo caracteriza y se revela en la generosidad de publicar y distribuir exento de costo, los libros de Quarks ediciones, comprobando que el verdadero arte es una misión de pocos, mientras escribe su nombre en los anaqueles de la historia de la literatura del siglo XXI.

“I

Era medianoche cuando sintió que sus brazos empezaban a
moverse. Decidió, entonces, romper el cajón. No fue fácil.
Continuó escarbando y logró ver la Luna. Había salido del
encierro funerario. Empezaría una nueva vida.

II

Sabía que papá vestía un pijama blanco para dormir, pero
desconocía que la bisabuela llegaba a casa todas las
medianoches con su pijama para preparar el desayuno.

III

A medianoche, mi esposa y yo, escuchamos que alguien llamaba
a la puerta del clóset. Ella, algo temerosa, se acercó para
averiguar. «Ya regreso», me dijo. Ingresó en el clóset y cerró su
puerta.
He despertado para ir a trabajar y el desayuno no está
preparado.”[1]

– Márcia Batista Ramos

SOBRE LA AUTORA:

Márcia Batista Ramos, nació en Brasil. Licenciada en Filosofía. Es gestora cultural, escritora, poeta y crítica literaria. Es columnista en la Revista Inmediaciones, La Paz, Bolivia y en periodismo binacional Exilio, México. Publicó: Mi Ángel y Yo; La Muñeca Dolly; Consideraciones sobre la vida y los cuernos; Petty Barrón De Flores: La Mujer Chuquisaqueña Progresista Del Siglo XX; Tengo Prisa Por Vivir; Escala de Grises – Primer Movimiento; Rostros del Maltrato en Nuestra Sociedad; Dueto; Escritoras Cruceñas, Caballero, Reck & Batista; Escritoras Contemporáneas Bolivianas, Caballero, Decker & Batista; Caspa de Ángel – antología de cuentos, crónicas y testimonios del narcotráfico, Batista-Ramos & Carvalho Oliva. Es colaboradora en diversas revistas internacionales.


[1] Rony Vásquez Guevara: “A medianoche”; COLECCIÓN Comarca Mínima, El Taller Blanco Ediciones, Bogotá, Colombia, septiembre de 2019.

Vinícius de Moraes, el poeta de lo cotidiano

Conocido internacionalmente y ampliamente traducido, Marcus Vinícius da Cruz de Melo Moraes nació el 19 de octubre de 1913, en la «Ciudad Maravillosa» – Río de Janeiro, Brasil. También fue en Río de Janeiro donde el poeta cerró los ojos para este mundo en el día 9 de julio de 1980.

Poeta considerado entre los tres mayores exponentes de la poesía en lengua portuguesa; crítico de cine, cantautor y compositor, (con más de 300 composiciones, letra y melodía), fue una figura capital en la música popular brasileña contemporánea. Compuso la famosa canción de bossa-nova «Garota de Ipanema» (en español, «La Chica de Ipanema»).

En 1920, a los 7 años, por disposición de su abuelo materno, fue bautizado en la masonería, ceremonia que le causó gran impresión. Vinícius, amante de la séptima arte, inicia sus estudios de cine con Orson Welles y Gregg Toland, poeta y diplomático que los militares, en los años de dictadura, no podían soportar y lo alejaran de la carrera diplomática a través de una jubilación forzada que le permitió dedicarse a la bohemia y vivir su vida de poeta llena de amores, entregado a la pasión.

Estudió Derecho en Río de Janeiro; cuando aún era estudiante, publicó su primer libro «O Caminho para a Distancia» (1933), obra que representa su primera etapa como poeta: de total adhesión al cristianismo, con una concepción espiritualista religiosa y mística que le abrió las puertas a la fama. Publica «Forma e exégese» (1935) y gana el premio «Felipe d´Oliveira». En 1936 publica «Ariana, a mulher».

Después de licenciarse, ejerció la abogacía, aunque manteniendo siempre un especial interés en el cine. Más tarde estudió literatura inglesa en Oxford y posteriormente ingresó a la vida diplomática, prestando servicios en Estados Unidos, Francia y Uruguay.

A partir de los años de 1940, Vinícius empieza su segunda fase, como el llamaría, con los pies en el suelo, y deja de ser un inquilino del sublime. Su poesía es más sensual y lírica; publicando 44 libros entre poesía, prosa y teatro a lo largo de su vida.

En 1950 fue nombrado vicecónsul en Los Ángeles, donde tuvo la oportunidad de acercarse a la poesía anglosajona, al jazz, de fundar (junto con Tom Jobim y João Gilberto) el movimiento musical bossa-nova, así como afianzar su amistad con Orson Welles.

En 1956 escribió la obra de teatro «Orfeu da Conceião » llevada al cine bajo el título de «Orfeo Negro», ganadora de la Palma de Oro en Cannes en 1958, el Oscar a la mejor película extranjera en 1959 y el premio de la Academia Británica.

Vinícius fue un hombre que tuvo una vida muy polémica, propia de su carácter irreverente. Tanto es así, que él se permitió, a la vez, pertenecer al partido comunista, ser antifascista convicto, ser amigo de grandes escritores como Jorge Amado, Manuel Bandeira, Carlos Drummond de Andrade, João Cabral de Melo Neto, Gabriela Mistral y Pablo Neruda. Disfrutar del fútbol y de la cocina. Casarse nueve veces. Ser capaz a los cincuenta y cinco años de renunciar a todo e irse a vivir a una comunidad hippie y después volver a su vida de antes, pero cargado de nuevas experiencias.

Lo que hace de Vinícius un gran poeta es su percepción del lado oscuro del hombre y el coraje de enfrentarlo. Parte, desde el principio, de los temas fundamentales: del misterio, la pasión y la muerte. Los temas del cotidiano como el mismo expresaba.

SONETO DE LA SEPPARACIÓN

«De repente la risa se hizo llanto,
silencioso y blanco como la bruma;
de las bocas unidas se hizo espuma,
y de las manos dadas se hizo el espanto.
De repente la calma se hizo viento
que de los ojos apagó la última llama,
y de la pasión se hizo el presentimiento
y del momento inmóvil se hizo el drama.
De repente, no más que de repente,
se volvió triste lo que fuera amante,
y solitario lo que fuera contento.
El amigo próximo se hizo distante,
la vida se volvió una aventura errante.
De repente, no más que de repente.
«

– Márcia Batista Ramos

SOBRE LA AUTORA:

Márcia Batista Ramos, nació en Brasil. Licenciada en Filosofía. Es gestora cultural, escritora, poeta y crítica literaria. Es columnista en la Revista Inmediaciones, La Paz, Bolivia y en periodismo binacional Exilio, México. Publicó: Mi Ángel y Yo; La Muñeca Dolly; Consideraciones sobre la vida y los cuernos; Petty Barrón De Flores: La Mujer Chuquisaqueña Progresista Del Siglo XX; Tengo Prisa Por Vivir; Escala de Grises – Primer Movimiento; Rostros del Maltrato en Nuestra Sociedad; Dueto; Escritoras Cruceñas, Caballero, Reck & Batista; Escritoras Contemporáneas Bolivianas, Caballero, Decker & Batista; Caspa de Ángel – antología de cuentos, crónicas y testimonios del narcotráfico, Batista-Ramos & Carvalho Oliva. Es colaboradora en diversas revistas internacionales.

Jorge Muzam desgrana el tiempo entre castaños y cerezos

Como nada es casual en el planeta azul, Jorge Muzam (1972), escritor chileno, nació en San Fabián de Alico, el “Nido de Parras”, la tierra de Violeta y Nicanor. Licenciado en Historia por la Universidad de Chile. Es novelista y poeta. Ha publicado artículos, relatos, poemas, crónicas y ensayos en diversas revistas y periódicos americanos y europeos.

Jorge Muzam, como si se tratara de un Lermontov del siglo XXI, que ama a su patria, “¡pero con un extraño amor!», con una actitud firme, sabe que todo puede y debe estar mejor, por eso está insatisfecho con el estado actual de las cosas. El tema de la patria en las letras de Jorge Muzam adquiere notas punzantes y amargas, asociadas a la frustración de no poder corregir esa situación, sencillamente, porque los políticos llevan las riendas de un país, no los poetas.

Así como Lermontov idealiza el pasado de su tierra natal y el tema de la patria en sus letras adquirió notas trágicas, también, Jorge Muzam analiza la realidad que le rodea, lo que ve y no le gusta, porque realmente está mal. Jorge Muzam anota:

 “Ni siquiera se trata de ferocidad capitalista o desprolijidad socialista. Es la condición humana la que entreteje los hilos de la injusticia y donde el exceso de ética actúa en contra de los que anhelamos cierta igualdad (…)”[1]

Igualmente, la patria en la obra de Jorge Muzam, está estrechamente vinculada a la imagen de la naturaleza, asimismo, a la imagen de la sociedad que le corresponde vivir, que parece descomponerse y le hace mirar hacia atrás en el tiempo y anota:

“(…) Debes volver a los viejos, a la generación sacrificada, para encontrar cierta tenacidad, honor y respeto. O al menos para mover la pala de un sitio a otro.”[2]

La rápida mirada en el tiempo que hace Muzam, se equipara al mito del eterno retorno, modelo y repetición en su movimiento ritual y cíclico en busca del pasado arquetípico, donde la conducta de los hombres se inspiraba en la harmonía del hombre con la tierra.

De la misma forma, las letras de Jorge Muzam expresan lo que Jorge Tellier llamó de: “rechazo a veces inconsciente a las ciudades, estas megápolis que desalojan el mundo natural y van aislando al hombre del seno de su verdadero mundo”.  Ya que Jorge Muzam, constantemente, reafirma la tradición y la historia de la literatura chilena. Muzam es otro poeta de los lares, que sostiene una búsqueda medioambientalista, se funde con la naturaleza, en un retorno a lo originario del hombre en contacto con el mundo, como una experiencia vital, no como una experiencia puramente literaria.

Si Jorge Tellier, en cierta medida, fue un inspirado que tuvo el valor, propio de la persona  honesta y supo prolongar su brillante mocedad dentro de una atmósfera mítica que se constituyó, a partir del árbol de la memoria encantada, fusionando dicha memoria con un poco de nostalgia, de naturaleza con niebla y pájaros, entre otros elementos que conforman la arcadia que sirve de escenario a su poesía lárica, Jorge Muzam, a su vez, hipnotizado por el embrujo de la alta cordillera del Ñuble, donde se puede admirar el vuelo de los cóndores, conjuga el verbo vivir, mientras escurre por su pluma la belleza y el dolor de existir.

La narrativa de Jorge Muzam contiene una prosa poética exquisita, plagada de bosques de robles, avellanos y cerezos, montañas y cabras en busca del cielo, que derrama una llovizna infinita, raras veces cargada con copos de nieve, con el cerro Malalcura (corral de piedra) visto a diario, desde la ribera sur del río Ñuble… San Fabián de Alico conforma la arcadia donde se desarrollan las letras de Jorge Muzam:

“Por aquí ya es bastante invierno (…). Llueve con murmullo persistente. Ha nevado en las cumbres. Las escampadas tienen rumor de viento norte. El musgo se apodera de las piedras, de los estanques, de los troncos viejos. El río Ñuble vuelve a adquirir la prestancia y el rugido de un río sureño. Despierto temprano, incluso en día domingo, es una conducta propiamente campesina que suele acompañar toda la vida. Café para espabilar mirando por la ventana el Malalcura, comprobar que sigue en su sitio. Que la historia previa no fue una ilusión ni menos un sueño de Monterroso. Mis ingredientes para vivir suelen ser imaginarios. Posibilidades y recuerdos que interactúan en una novela inédita, incongruente, circense por defecto. La soledad fantasmagórica de la cordillera exalta mis quijotismos. Si tan solo Doré pudiera dibujarme. Mi cabeza es un Saturno anillado de esqueletos, cañones sin pólvora, generales rusos dubitativos.”[3]

Jorge Muzam, en su narrativa, presenta una dimensión dramática de la temporalidad. No necesariamente con el miedo a la muerte, condensado en el vértigo temporal que prácticamente elimina el tiempo de existencia entre la cuna y la tumba, pero, como el contador de arvejas, que percibe el efecto atormentador de las horas que pasan:

“Intento atrapar el tiempo con la mano como si fuese un mosquito neurótico. Nunca lo logro. Las palabras me saben a pasado. El té me sabe a pasado. El amor es una tempestad emocional replicada infinitamente hacia el nido de los recuerdos. A veces llego a estar seguro de que somos bombas de relojería. Yo mismo siento mi tic tac encaminado hacia la hora 0. Es cierto que podemos hacer trampas, manipular el segundero, causar estropicios monumentales, pero de todas formas la resta es inaplazable y el saldo final será vacío (…)”[4]

La temporalidad apesadumbrada, forjada con frecuencia y manifestada en la noción del plazo, el tiempo estimado del que se va sustrayendo parte a parte, hasta que ya no queda nada y se consume…  Tal vez, con él se acaba el fracaso de las ilusiones, la felicidad o la propia vida:

“(…) Y eso es muy injusto, porque creamos y queremos como dioses infantiles, sin fecha de caducidad, sin contratos definidos. Mientras tanto podemos deslizarnos a bordo de un monociclo y hacer malabares con antorchas de fuego azul. Unir dos riscos con una cuerda. Aspirar la contradicción del viento. Al fin y al cabo, la vida es sólo una fiesta irresponsable de ocho décadas probables. Si nos caemos no se perderá mucho, y lo esencial quedará resguardado en memorias ajenas. Las dagas de hielo a veces acechan la pluma, la intimidan, y no hay cómo defenderlas. Escribir inutilidades puede convertirse en un drama íntimo, pues no le agregará energía extra a ningún hogar del planeta (…).”[5]

Así, de manera cruda, Jorge Muzam refleja la angustia que le produce la conciencia sagaz del quehacer cáustico del tiempo y el dolor por lo transitorio hace parte de algunas de sus imágenes recurrentes, dimensiones que se suman y amalgaman al tiempo que interviene en la construcción de la estructura de su narrativa que va más allá de la captación del instante, pues logra dilucidar el paso del tiempo en diferentes planos que expresan durabilidad, tiempo lacónico, movimiento: llegar, partir, verter, florecer…

“(…) Podría no hacerse e igual las ocas caminarían graciosamente. Es el septiembre más frío en muchos años. Nubes solitarias rodean las laderas montañosas, algunas dejan caer llovizna y otras agua nieve. Llegan cientos de cachañas empujadas por el viento sur. No solían arribar en esta época. Parecen desorientadas. Sus recuerdos las guían hasta los viejos manzanares, y ahí se detienen a descansar, pero en esta estación no hay manzanas, ni siquiera hojas y deben seguir rumbo al norte sin haber cenado.”[6]

Como un custodio de la memoria y su valor humano, Jorge Muzam desde el bello valle de San Fabián, desgrana el tiempo entre castaños y cerezos.

– Márcia Batista Ramos

SOBRE LA AUTORA:

Márcia Batista Ramos, nació en Brasil. Licenciada en Filosofía. Es gestora cultural, escritora, poeta y crítica literaria. Es columnista en la Revista Inmediaciones, La Paz, Bolivia y en periodismo binacional Exilio, México. Publicó: Mi Ángel y Yo; La Muñeca Dolly; Consideraciones sobre la vida y los cuernos; Petty Barrón De Flores: La Mujer Chuquisaqueña Progresista Del Siglo XX; Tengo Prisa Por Vivir; Escala de Grises – Primer Movimiento; Rostros del Maltrato en Nuestra Sociedad; Dueto; Escritoras Cruceñas, Caballero, Reck & Batista; Escritoras Contemporáneas Bolivianas, Caballero, Decker & Batista; Caspa de Ángel – antología de cuentos, crónicas y testimonios del narcotráfico, Batista-Ramos & Carvalho Oliva. Es colaboradora en diversas revistas internacionales.


[1] MUZAM, Jorge. “Volver a los viejos”; Revista Inmediaciones, La Paz – Bolivia (2018).

[2] MUZAM, Jorge. “Volver a los viejos”; Revista Inmediaciones, La Paz – Bolivia (2018).

[3]MUZAM, Jorge. “Ya es bastante invierno”; Revista Inmediaciones, La Paz – Bolivia (2020).

[4] MUZAM, Jorge. “Antorchas de fuego azul”; Revista Inmediaciones, La Paz – Bolivia (2019).

[5] MUZAM, Jorge. “Antorchas de fuego azul”; Revista Inmediaciones, La Paz – Bolivia (2019).

[6] MUZAM, Jorge. “Antorchas de fuego azul”; Revista Inmediaciones, La Paz – Bolivia (2019).

La microficción como espacio de denuncia social

El conjunto de obras diversas cuya principal característica es la brevedad de su contenido escrito en prosa, de naturaleza narrativa y ficcional que, usando un lenguaje preciso y escueto se sirve de la elipsis para contar una historia a un lector activo, es conocida como cuento brevísimo, microcuento, microrrelato, microficción y minicuento, entre otros.

La escritura de las obras mencionadas cabe en el espacio de una página, pues debe abarcar el máximo de 250 palabras. Haciendo que la microficción sea un momento, un instante de quien narra y en la brevedad establece la precisión de lo que ha decidido contar.

Para David Lagmanovich, los cambios culturales de la modernidad propician, junto a otras innovaciones en otros campos, el surgimiento de las narrativas mínimas, que cumplen con todos los roles de la literatura incluyendo la literatura de denuncia social; que es de suma importancia para la humanidad, ya que ofrece un análisis crítico de su época y la convierte en un disparador de la reflexión acerca de la sociedad plagada de desigualdades en que vivimos.

La literatura como instrumento de denuncia social, logra revelar los problemas endémicos de una sociedad que se disfraza de correcta, moral y ecuánime.

Desde la perspectiva de la literatura latinoamericana de denuncia social, el papel del intelectual no solo implica un interés por evidenciar una serie de problemas que aquejan la sociedad, como también, su creatividad al poner en relieve tan escabrosas situaciones.

La temática merece un estudio exhaustivo ya que son muchos los escritores microficcionistas que utilizan sus letras como instrumento de denuncia social, empero citaré dos ejemplos:

La literatura urbana en Latinoamérica pasa, necesariamente, por los espacios de pobreza, en que sus habitantes están condenados a vivir en un permanente contexto de necesidades insatisfechas, exclusión y precariedad… En una lucha constante por la sobrevivencia que ineluctablemente consume todas las posibilidades de ser feliz en el presente y compromete de manera poco optimista el futuro.

Estas situaciones sociales heterogéneas, en países conformados por contrastes brutales, abren espacios para la delincuencia que es vista, por los marginados, como la posibilidad de ascenso social rápido o la fórmula mágica para dejar la pobreza y la carencia en el pasado.

Angélica Villalba Cárdenas, escritora colombiana, sensibilizada por el mundo caótico cementado en las desigualdades, registra la soledad y la violencia del ámbito urbano desde la mirada humana que la caracteriza:

“Break

El man era todo alzado y me lo bajé. La embarrada es que el muñeco quedó en plena calle y la sapa de la Miriam gritó re duro. Los tombos del CAI se la pillaron, pero no me voy a dejar agarrar porque ni loco vuelvo a la cárcel.

Corro y corro, sin mirar pa’ atrás, aunque aún escucho los alaridos de la cucha Miriam y las sirenas de la patrulla.

De pronto, tras dejar botados a los tombos, lo único que veo, rodeada de gente, es una tarima. En ella están mis ex parceros del parche de rap. Mi salvación.

─ ¿Sigue en la mala, güevón? ─me dice Álex.

─No, para nada, parce. ¿Me deja trepar?

─ Hágale.

Saludo a los demás bailarines y comienzo la función. Siento como mi cuerpo se mueve al ritmo de la música mientras me pierdo entre las rimas.

Un tiro al aire, los bailarines saltan de la tarima y yo solo sigo bailando, como un güevón.”

La desigualdad de géneroes tan profunda en nuestra sociedad, que llega al punto de que ciertos individuos del sexo masculino, cegados por su sexismo, no logran asimilar la gravedad de los hechos violentos cuando esos son propinados en contra de una mujer, más aun si se trata de “su mujer”, porque hasta en la forma de hablar, el patriarcado recalcitrante se hace presente y la mujer es vista como un objeto o una pertenencia más del hombre.

En pleno siglo XXI, cuando los avances tecnológicos y científicos aumentan cada día, las nuevas tecnologías son de amplio espectro y transcendentales por su potencial de transformación, aún existen hombres en un nivel de barbarie y primitivismo que no logran relacionarse con las mujeres e infantes en condiciones de respecto e igualdad.

En el planeta entero los derechos humanos de las mujeres y niñas son vulnerados constantemente, porque la inequidad de género prevalece en las relaciones humanas, sin importar el sufrimiento que es impuesto al otro. Todos los días, en todas las horas del día, las mujeres y niñas son víctimas de violencia machista en algún lugar del mundo, solo por el hecho de ser mujeres.

Camilo Montesinos Guerra, escritor chileno, registra con su pluma dolorosa y realista:

“Biografía inconclusa

Nació el 4 de octubre del 2007, cursa cuarto básico y le gusta el deporte.

Murió un viernes de abril del 2015. El viernes siguiente murió otra vez, y al siguiente viernes lo mismo.

Y así muere cada viernes, cuando el padrastro abre la puerta de la pequeña habitación y apaga la luz.”

Es esa escalofriante realidad, donde la mujer se encuentra supeditada al deseo y control masculino y es sometida por la violencia que el escritor retrata, a través del microcuento:

Veinte golpes de amor y una mujer desesperada

«Puedo escribirte las amenazas más tristes esta noche, escribir, por ejemplo, mi puño está cerrado y tiritan azules tus ojos a lo lejos», expresó alardeando de sus talentos poéticos.”

Así, el microrrelato, tan escueto y como cualquier otro género literario, sirve de espacio de denuncia social y trata, a través de sus escritores, de despertar la sociedad de las taras a las que está sometida. Un triunfo más de la minificción en el mundo plagado de mediocridad y de dolor.

– Márcia Batista Ramos

SOBRE LA AUTORA:

Márcia Batista Ramos, nació en Brasil. Licenciada en Filosofía. Es gestora cultural, escritora, poeta y crítica literaria. Es columnista en la Revista Inmediaciones, La Paz, Bolivia y en periodismo binacional Exilio, México. Publicó: Mi Ángel y Yo; La Muñeca Dolly; Consideraciones sobre la vida y los cuernos; Petty Barrón De Flores: La Mujer Chuquisaqueña Progresista Del Siglo XX; Tengo Prisa Por Vivir; Escala de Grises – Primer Movimiento; Rostros del Maltrato en Nuestra Sociedad; Dueto; Escritoras Cruceñas, Caballero, Reck & Batista; Escritoras Contemporáneas Bolivianas, Caballero, Decker & Batista; Caspa de Ángel – antología de cuentos, crónicas y testimonios del narcotráfico, Batista-Ramos & Carvalho Oliva. Es colaboradora en diversas revistas internacionales.

Apuntes sobre la producción actual

Cuando me invitaron a participar en esta mesa, me asignaron como tema referirme al “libro en el contexto actual”, una propuesta que supera mi responsabilidad. Entonces, por respeto a mi ignorancia, voy a decir algo acerca de lo que creo tener opinión. La poesía, la misma que de un tiempo a esta parte sigue esperando (y merece) una atención más plena a los interrogantes que tienen lugar en la cultura.

La poesía puede ser uno de los pájaros de nuestra memoria pasada y presente dada la velocidad del viento en el tiempo que nos toca. Pero por todo ello, advierto que apenas tenemos borradores donde seguimos apuntando y corrigiendo. Porque el poema se hace con palabras que no ausentan el mundo que hubiera pensado.

Pero “hubiera” es una suerte de contemplación benemérita del deseo. Ante su reiteración, recuerdo, en la revista Plural, de México, alguna vez llegamos a la conclusión de que “el hubiera es el tiempo pluscuanpendejo del verbo ni modo”.

Visto así, el afuera parece haber dejado de pertenecer al adentro en un segmento considerable de la producción actual, observando cómo responde el autor a las nuevas subjetividades que compartimos como lectores en esta especie de resumen general de los olvidos. Y también observamos cómo la audiencia crítica (que alguna vez tuvo referentes) se ha empobrecido.

La expansión del librismo culturoso hecho sólo de palabras es una más de las expresiones que ocupa la desolación del arte contemporáneo.

Esto habla del mercado y del lector, de sus escuchas.

Edward Albee hace unos años estuvo en México. Entonces, nos dijo que “el público está entrenado para la mediocridad (para lo superficial y lo estúpido)”, pero también dijo algo más inquietante: “que en su país existe una política dirigida expresamente a destruir la educación estética. La democracia es muy frágil y los políticos están asustados; como consecuencia, los intelectuales y artistas creativos están siendo sometidos a una censura que será difícil de parar. De momento -agregó-, el teatro, el arte de calidad, han tenido que refugiarse en pequeños foros porque sus espectadores, sus lectores, están siendo capacitados para exigir cada vez menos”.

Por esta y otras razones (de no menor peso) me siento habitante de un mapa determinado por el compromiso al que se refiere el dramaturgo.

Más recientemente, y audaz, el español Ballester Moreno me dejó a la intemperie: “el arte se separó tanto de la vida que ya no representa nada”, dijo.

La fidelidad conservada por Canetti en La conciencia de las palabras se pierde como se pierden los oficios.
El árbol de la vida no puede leerse construyendo artificios. La poesía tiene un follaje que no se alimenta sólo de palabras, sino de todo aquello que habita en ella y con ella, entonces cobra peso y significado.

Quinientos años después de que nos trajeran a Dios, con el mismo incentivo de progreso, los patrones culturales dominantes la verbalizan y descompletan hasta colmarla de muletillas contractuales. Son los nuevos guionistas del espíritu. Que se pueden leer como ráfagas inconclusas que se suceden cuadro a cuadro en una pesadilla.

Muchos aprendimos que la sensibilidad poética resuelta por medios sencillos convierte en íntima la comunicación compleja. El “asunto” exige rigor y, tal parece, cada vez tiene menos adeptos. Y ese rigor, también obliga a defenderlo no solo con consignas. Vieja y difícil tarea que se teje sobre el cuerpo de la imagen simbólica.

El territorio de la poesía es un lugar al que van pocos, y llegan menos, como los pasajeros de una diáspora.

En simultáneo, existe una defensa ingenua, superficial, que trae consigo la educación meramente instrumental que se ha venido construyendo casi sin oposición o con indiferencia del proceso donde tiene lugar y desarrollo. Y la multiplicación de talleres donde la subjetividad no excede la exposición rudimentaria.

Hace veinte, treinta años (un pestañeo en la Historia, una vida en  nosotros) muchos que escribían, pintaban, cantaban… decían tener un hobby. Hoy publican, exponen, realizan conciertos, sin el humilde reconocimiento de entonces como pasatiempo reservado a los ratos de ocio.

Con el desarrollo exponencial de los medios y las redes, un segmento considerable de promotores, asistentes, participantes, califica sus eventos como “noche mágica”: una franquicia de Disney que saca a pasear versos que siempre llegan tarde donde nunca pasa nada.

La devaluación de la moneda, escuchamos, devalúa la vida. Por lo que no sería aventurado suponer que los comportamientos del lenguaje quedan fuera de esa devaluación.

La tecnología impuso la aceleración de la imagen y redujo los caracteres hasta pulsiones primarias.

La edición de libros no escapa a este fenómeno, se ha convertido en uno más de los artefactos de certificación que conceden pertenencia. Legitimación ilusoria que a mucha gente le permite confundir un poeta con quien escribe poemas, por ejemplo.

Sin dejar de reparar en la responsabilidad que le cabe a buena parte de la docencia en esta domesticación anunciada.

En medio de una diversidad engañosa, en horario Triple A (más cerca de las creencias que de la reflexión), la habituación a los modos de comunicación dominantes ha sumido a la escritura (como a otras expresiones del arte) en un espacio del trilingüismo cultural tal vez irremediable. La opción (sin decirlo expresamente) elude aquello de que las preguntas valen tanto como las respuestas que puede ahorrar.

Me temo que el atajo (menor exigencia crítica, responsabilidad, compromiso…) nos trajo hasta aquí. Y nos informa acerca de la fortaleza que ejercen las voluntades ajenas sobre la vida y el destino individual.
Celebrando las paradojas que nos asaltan con frecuencia (en esta encrucijada) podríamos inferir que el presente se ostenta tan ignorante como pretencioso. No tomar nota de lo que ofrece su escenario es, “sería”, como exigir que el fuego no se entere del viento.

– José Antonio Cedrón

SOBRE EL AUTOR:

José Antonio Cedrón nació en Buenos Aires, donde comenzó a publicar en la década de los años 70 e integró la mesa directiva de la Agrupación Gremial de Escritores Argentinos. Vivió varias décadas en diversos países de Latinoamérica, la primera de ellas en calidad de exiliado. En Venezuela trabajó como docente (educación básica) y en la revista Los Libros. En México fue coordinador de Bibliotecas de Investigación en el Archivo Histórico de Puebla. Luego trabajó cinco años en la Universidad Autónoma de Puebla.

Regresó a su país y, posteriormente, en los años 90, en la Ciudad de México, fue coordinador de Ediciones del diario unomásunoy se desempeñó como editor de la revista Este País. Integró el Consejo Editor de la revista Plural, dirigida por Jaime Labastida. Publicó los poemarios La tierra sin segundos, De este lado y del otro, Actas, Vidario, Circuito interior, Antología personal –pequeña cosa.  Y el reportaje novelado El Negocio de la Fe.

Parte de su obra fue traducida al francés, inglés, portugués, italiano y catalán.

Obtuvo el II Premio Concurso Cincuentenario del Periódico Alberdi, en Buenos Aires; la Primera Mención Honorífica Premio Latinoamericano de Poesía Rubén Darío, en Nicaragua; Mención Premio Carlos Pellicer para obra publicada en México, y el Premio Nacional de Poesía de México, Sinaloa.

Trabajos suyos fueron musicalizados en Argentina, México, España, Nicaragua y Costa Rica. Realizó espectáculos de café-concert con poemas y canciones y grabó discos con la participación de los músicos Carlos Díaz Caíto, Rolo Taubas, Nobilis Factum, Helio Huesca, Ofilio Picón, Nimbus Jazz, Raquel Oyola, Marianne Friederichs, Delia Caffieri, Horacio De Tomaso, Adrián Goizueta y el Grupo Experimental, entre otros.

Es coautor de libros de texto de Español para la Secretaría de Educación Pública —secundaria a distancia para adultos.

Trabajó en el área de Educación e Investigación Artísticas del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) durante cuatro años. Como docente, impartió en el Diplomado de Creación Literaria de la Sociedad General de Escritores de México (Sogem), y tuvo a su cargo la cátedra Lengua y Comunicación para maestros que cursan Docencia en Artes en el Centro Morelense de las Artes (CMA) de la Ciudad de Cuernavaca, Morelos. Actualmente reside en Buenos Aires.

Mecenas del arte abstracto en Latinoamérica

A mediados de la década pasada, Tom Braden, quien fuera dirigente de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) durante la denominada guerra fría de los años 50, declaró en un explosivo documental transmitido por el canal 4 de la televisión independiente británica, que la División de Organizaciones Internacionales que encabezaba, coordinó y fomentó clandestinamente las más diestras ofensivas a favor del arte abstracto.

Se rio de su desfachatez con el mismo júbilo con que los poderosos de entonces venden hoy sus memorias (como si fueran solo suyas) en mesas redondas, foros, programas televisivos, defendiendo el contexto (como si fuera también de su propiedad), a sabiendas que la audiencia ignora porque el pasado que vuelve no se baila, y aburre. Pero no se resignan.

Convencido de su tarea a favor de la libertad, Braden aceptó que la CIA fue el mecenas excepcional en la batalla por el éxito internacional de lo abstracto contra la influencia del comunismo, que se presentaba como “una perspectiva horrible para el mundo, dominado por las ideas estalinistas sobre el arte”.

Aun así, al interior de los cubículos, los expertos no se ponían de acuerdo.

Alcanza con saber que en 1947, el Departamento de Estado había tratado de organizar una gran exposición de arte norteamericano en el exterior, y se había visto obligado a un humillante retroceso después de los ataques de un pequeño grupo de parlamentarios, para los cuales el abstraccionismo era “una forma de expresión degenerada, subversiva, paracomunista”.

Sin embargo, lo que fue malo ayer, puede ser bueno hoy.

Para que el mismo producto cambiara de cualidades, las máquinas recicladoras empezaron por las ideas, reduciendo los costos de inversión.

Tres años después, en 1950, durante la influencia generada por el senador Mc Carthyse desarrolló en plenitud la histeria anticomunista; los dirigentes más creativos de la CIA (muchos de ellos liberales graduados en Harvard y Yale) remaron clamorosamente contra la corriente con el objetivo de imponer en la escena internacional el arte abstracto “made in America”, en cuya novedad, frescura y creatividad veían un potente símbolo del llamado “mundo libre”.

Con la guerra fría a plenitud, la agencia financió en complicidad con banqueros, directores de museos, empresarios de élite y críticos, exposiciones internacionales de los más diversos y controvertidos exponentes del expresionismo abstracto estadounidense, como Jackson Pollock, Willem de Kooning, Mark Rothko, o Franz Kline, por ejemplo.

“Queríamos unir a los artistas —recuerda Braden—, también a los músicos, a los literatos y a todo su público en la batalla para mostrar que, al contrario de la Unión Soviética, Occidente y Estados Unidos en particular, eran devotos de la libertad de expresión y de los sucesos del intelecto sin barreras, en cuanto a lo que se puede decir, escribir, pintar, hacer…”

En la frontera enemiga decían lo mismo, pero en edición rústica.

Para que esta unificación fuera posible, la CIA creó varias fundaciones-cortina en Nueva York en complicidad con críticos, directores de museos y millonarios que pagaron exposiciones en Europa y América Latina.

Con el afán de darle existencia y ganar reconocimiento en el mercado, tal apoyo secreto debía tener, como lo tuvo, la mayor penetración y todos los debates posibles que le fueran favorables ante el público y los mismos creadores.

Para administrar la intrincada red de fundaciones y de iniciativas, el servicio secreto también creó en 1950 el instrumento de difusión más grande del arte abstracto, el Congress for Cultural Freedom (Congreso para la Libertad de la Cultura), que abrió 35 sedes en el exterior y durante su apogeo empleó más de 300 personas.

El Museum of Modern Art, y el Whitney Museum de Nueva York, el Chase Manhattan Bank, de Nelson Rockefeller, diarios, revistas y medios audiovisuales, tomaron parte activa en esta gigantesca promoción de los artistas abstractos.

La mayoría de los críticos, historiadores y sociólogos de la cultura entrevistados en el documental de canal 4 condenaron las pesadas interferencias de la CIA que, entre otras cosas, aparentemente ayudaron a Nueva York en la batalla contra París por la “supremacía cultural” mundial.

Pero Tom Braden no se arrepiente de nada:

“Estoy contento —asegura frente a la cámara— de que la CIA haya sido inmoral, si es que se puede llamar inmoral a la financiación secreta de lo que es esencial para la libertad del mundo”.

Según el documental, la CIA se sirvió del Plan Marshall para enviar dólares a organizaciones “culturalmente amigas” en Europa, y para la promoción del arte abstracto se apoyó también en una serie de revistas que financiaba en diversos países: desde la británica Encounter a la francesa Preuves, pasando por publicaciones de India y Australia.

Lo que no dijo el entusiasta Braden (tal vez debido a la fortaleza cultural de su formación), aunque lo sepa, es que para esos años en América Latina se tenía como agente de la CIA a un oscuro personaje de apellido Verias (o Veidas), de quien nunca se pudo comprobar si era uruguayo o brasileño, pero cuya estación cubría los países donde mayor influencia, asimilación y adhesiones podrían obtenerse.

Trabajó en las capitales de Uruguay y Argentina, como en ciudades de Brasil, donde debía “formar” críticos, galeristas y coleccionistas mediante el soborno y la falsa compraventa de obras para darle existencia al arte abstracto.

Pero la tarea principal era “comprar” medios de comunicación que, como en el negocio del disco, reciben “regalías”, no sólo por la difusión y defensa de esa línea política para las artes plásticas, sino por enfrentarla (sin decirlo expresamente) con el arte considerado “comprometido” o “socialista”.

Así, se crearon lujosas publicaciones, en las cuales se daban a conocer también los nuevos “críticos” de la “nueva” cultura, todos ellos pagados por el pragmatismo financiero elaborado por la CIA mediante fideicomisos.

Dos prestigiados galeristas, con salones en el centro porteño de Buenos Aires, también fueron señalados en esa década, sin que se haya podido probar hasta la fecha su participación en el mercado doméstico. A menos que aparezca un Tom Braden sudamericano tan confiable como el original.

En un campo minado por veleidades egotistas y deserciones multicolor, la práctica fijó precedente, y tiene vigencia.

Lo cierto es que la línea hizo escuela en el sur.

Sabemos que una vez establecido el gusto oficial (el sentido estético) el comportamiento de los artistas en su mayoría trabaja por sí solo.

Esa conformidad compulsiva hace el resto y, por extensión, abre un poderoso segmento de impunidad y delación por el que puedan ser sacados del mercado, aquellos motejados como “militantes” por su intransigencia.

Sin embargo, debido a la transformación de estos mercados y su globalización, el segmento tiende a borrar sus límites por la cooptación directa o indirecta de variados operadores, haciendo menos grosero, más sutil y engañoso el juego de la diversidad en el “mundo libre” del que Braden se ufana como pionero.

Con todo, sus confesiones del pasado sugieren una hermenéutica que debemos leer como memorias del presente.

– José Antonio Cedrón

SOBRE EL AUTOR:

José Antonio Cedrón nació en Buenos Aires, donde comenzó a publicar en la década de los años 70 e integró la mesa directiva de la Agrupación Gremial de Escritores Argentinos. Vivió varias décadas en diversos países de Latinoamérica, la primera de ellas en calidad de exiliado. En Venezuela trabajó como docente (educación básica) y en la revista Los Libros. En México fue coordinador de Bibliotecas de Investigación en el Archivo Histórico de Puebla. Luego trabajó cinco años en la Universidad Autónoma de Puebla.

Regresó a su país y, posteriormente, en los años 90, en la Ciudad de México, fue coordinador de Ediciones del diario unomásunoy se desempeñó como editor de la revista Este País. Integró el Consejo Editor de la revista Plural, dirigida por Jaime Labastida. Publicó los poemarios La tierra sin segundos, De este lado y del otro, Actas, Vidario, Circuito interior, Antología personal –pequeña cosa.  Y el reportaje novelado El Negocio de la Fe.

Parte de su obra fue traducida al francés, inglés, portugués, italiano y catalán.

Obtuvo el II Premio Concurso Cincuentenario del Periódico Alberdi, en Buenos Aires; la Primera Mención Honorífica Premio Latinoamericano de Poesía Rubén Darío, en Nicaragua; Mención Premio Carlos Pellicer para obra publicada en México, y el Premio Nacional de Poesía de México, Sinaloa.

Trabajos suyos fueron musicalizados en Argentina, México, España, Nicaragua y Costa Rica. Realizó espectáculos de café-concert con poemas y canciones y grabó discos con la participación de los músicos Carlos Díaz Caíto, Rolo Taubas, Nobilis Factum, Helio Huesca, Ofilio Picón, Nimbus Jazz, Raquel Oyola, Marianne Friederichs, Delia Caffieri, Horacio De Tomaso, Adrián Goizueta y el Grupo Experimental, entre otros.

Es coautor de libros de texto de Español para la Secretaría de Educación Pública —secundaria a distancia para adultos.

Trabajó en el área de Educación e Investigación Artísticas del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) durante cuatro años. Como docente, impartió en el Diplomado de Creación Literaria de la Sociedad General de Escritores de México (Sogem), y tuvo a su cargo la cátedra Lengua y Comunicación para maestros que cursan Docencia en Artes en el Centro Morelense de las Artes (CMA) de la Ciudad de Cuernavaca, Morelos. Actualmente reside en Buenos Aires.

El poeta y el otro: Diario de un indigente de Sixto Sarmiento

El infeliz sufre la lluvia de plagas; el rico goza […]”
– Rubén Darío

El poeta y compositor Sixto Sarmiento Chipana nació en Ayacucho, Perú (1964). Con estudios de especialización en Alemania, EEUU, Brasil, Colombia y Chile, es doctor   en   Educación y docente en TECSUP y en la en la maestría de Universidad Nacional de Ingeniería. Es columnista en el diario Expreso de Lima.

Publicó los poemarios: “El desaparecido” (1986), “Cantos del   Silencio” (2016), “Lágrimas sin sombras” (2016), “Sindulia el   Verbo” (2017), “En Voz Alta” (2019) y “Diario de un indigente” (2020).

Desde el 2015 es miembro del Comité Organizador del Festival   Internacional FIP Perú – Primavera poética. 

Participó en el V Encuentro Internacional de Escritores en el Bío Bío en Chile (2019).

Sus poemas han sido antologados en diversas muestras de poesía iberoamericana. Integra la Asociación Cultural Cangallo Corazón, es políglota y apasionado quechua hablante.

Es importante la obra poética de Sixto Sarmiento, porque es un poeta del amor y del dolor, empero, dolor en su caso, no es el dolor de amar y desilusionarse; en el caso de Sixto, me refiero al dolor de existir y ser consciente de la existencia del OTRO.

El poema urdido en torno a la vida de un indigente, da el nombre al poemario que fue presentado en el marco del Festival Internacional FIP Perú – Primavera   poética (2020).

En el poemario “Diario de un indigente”, contiene un poema, con el mismo nombre, que plasma las vicisitudes que afronta un ser humano en condición de indigencia y exclusión social. Entonces, desde la conciencia compartida, el poeta adopta un posicionamiento reflexivo como eje transmisor y preservador de la fraternidad entre los individuos.

De manera tal que, Sixto Sarmiento, con “Diario de un indigente”, comprueba que hace parte de la constelación de poetas, que lejos de vivir ensimismados, miran al mundo y en él, descubren al otro.

Sixto al mirar al otro, se reconoce, no como un ser individual, se reconoce como un ser humano más y se hace universal. Y ese reflejo devuelto por el espejo, le hiere de muerte y Sixto se desangra en versos:

“Yo caminé
Por estas calles
Presuroso muy de madrugada
Saludando a las calzadas somnolientas
Mientras avanzaba con la mirada perdida
Sintiendo el contagioso cosquilleo de los que aún soñaban (…)”

La exclusión social y la invisibilización del ser humano, por las condiciones económicas y de salud mental, sumado a la ineficacia e ineficiencia de los Estados, crea un contingente humano que vive en situación de indigencia económica, social y afectiva. Estas personas carecen de todo, incluso, de la posibilidad de ejercer cualquiera de sus derechos más elementales.

La poesía revolucionaria es la que reivindica los derechos violados, involucrándose con la problemática social en cuestión; en el caso, el poeta, da a conocer a través de la poesía, una realidad que nadie quiere ver, que todos desvían la mirada para no enterarse, dejando en total desvalía al desamparado.

Como si fueran transparentes los N.N., son los que coexisten con los demás, sin condiciones de sobrevivir… deambulando por las metrópolis, lastrados por su destino. Pero es la sensibilidad de Sixto Sarmiento que le permite verlos y visibilizarlos a través del verso:

“(…) Y caminé
Sintiéndome entre los vagabundos uno más de ellos
Con quienes compartía las mismas heridas
Y los mismos dolores perpetrados por insaciables alimañas.
Por eso merodeábamos cargando la misma cruz por el Gólgota de la vida (…)”

La poesía comprometida de Sixto Sarmiento, refleja los espacios sociales de Latinoamérica, donde la herencia feudal colonial y la crisis de un capitalismo oligárquico y dependiente se hacen sentir en las calzadas, bajo los puentes y viaductos, en los basurales y en las favelas.

La importancia de la poesía de Sixto Sarmiento, reside en el hecho de que el poeta logra, en un solo poema, configurar el paradigma estético como forma de relación social que pretende recuperar el ser humano, refiriéndolo a las contradicciones sociales de una época caótica y, como era de esperarse, tomando partido por los oprimidos. Entonces el poeta escribe:

“Yo caminé
Por esas calles
Cruzando a escondidas las prohibidas alfombras de sus
jardines
Entre el bullicio de quienes me enrostraban
Sus blancas pero impuras sonrisas carcajeando con sorna
A quienes mis fieles amigos les saludaba moviéndoles la
Cola (…)”

Es importante recalcar, que la vindicación del OTRO, que realiza Sixto Sarmiento en su poesía, no es parte de un Neo Romanticismo en pleno siglo XXI; él apenas hace uso de la palabra como baluarte extraordinario y singular de valor creador. Con una carga personal de reflexión ética, precisa, que se refiere a la situación psico social de todos aquellos individuos que se encuentran en situación permanente de abandono, dando a conocer así, en forma de poema, la situación sentimental y material del humano invisibilizado:

“Yo anduve
Siempre a paso firme
Luciendo el brillo de mis polvorientos pies descalzos
Sudando, mientras abría surcos en busca de la sagrada
tierra
Para sembrar árboles en cada espacio de mi hogar
Donde ustedes, los cuerdos, arrojaban sus desechos y
Venenos (…)”

Sin imposturas, alejado de la miseria moral deshumanizante que carcome la sociedad occidental, Sixto Sarmiento se revela ético y llama a todos a volver la mirada al ser humano que está invisible, pero que es el otro, que emerge del espejo del verso como nosotros, reclamando su lugar en el universo:

“(…) Yo caminé
Apresurado por esas calles
Intercambiando santo y seña con la cruda nostalgia de
la madrugada
Mientras sin creerlo permitía
Que el viento danzara con mis felices cabellos despeinados
Al ritmo del melancólico crujido de los panes heridos (…)”

Así, a través de una lírica solidaria, Sixto Sarmiento reivindica la humanidad del OTRO humano, de ese humano que está ahí, invisibilizado por la sociedad.

Diario de un indigente es el poema cumbre que implica profundamente a Sixto Sarmiento como un referente de la poesía social, peruana y universal del siglo XXI.

– Márcia Batista Ramos

SOBRE LA AUTORA:

Márcia Batista Ramos, nació en Brasil. Licenciada en Filosofía. Es gestora cultural, escritora, poeta y crítica literaria. Es columnista en la Revista Inmediaciones, La Paz, Bolivia y en periodismo binacional Exilio, México. Publicó: Mi Ángel y Yo; La Muñeca Dolly; Consideraciones sobre la vida y los cuernos; Petty Barrón De Flores: La Mujer Chuquisaqueña Progresista Del Siglo XX; Tengo Prisa Por Vivir; Escala de Grises – Primer Movimiento; Rostros del Maltrato en Nuestra Sociedad; Dueto; Escritoras Cruceñas, Caballero, Reck & Batista; Escritoras Contemporáneas Bolivianas, Caballero, Decker & Batista; Caspa de Ángel – antología de cuentos, crónicas y testimonios del narcotráfico, Batista-Ramos & Carvalho Oliva. Es colaboradora en diversas revistas internacionales.

Harold Alva, poeta de la soledad y la ausencia

Harold Alva nació en 1978 en Piura, Perú. Es escritor, poeta, editor, pintor y analista político. Es uno de los poetas e intelectuales más relevantes en Perú, nacido después de 1970. Estudió derecho y ciencias políticas.

Fue miembro fundador del grupo literario Triángulo4 de Trujillo (1996-1998) y miembro del movimiento cultural Neón de Lima (1999-2003). Fue editor de la Revista del Foro del Ilustre Colegio de Abogados de Lima (2011/ 2012), conductor de los programas de radio y televisión Habla el Pueblo (2016), Abogados de Lima (2017), Contrapoder (2018), Mesa de debate (Best cable) y Diálogo & Debate (UCI Noticias). Actualmente dirige Editorial Summa y Contrapoder, suplemento dominical del diario Expreso

Dirige el Festival Internacional Primavera Poética (FIP Perú), evento que el 2020 está en su octava realización. El 2003 fue uno de los promotores del proyecto editorial Perú Lee, del Fondo Editorial Cultura Peruana (cada título se vende al precio de un nuevo sol, a la fecha la colección ha editado más 50 títulos).  

Jacobino: pluralista, laico y radical. Fue Secretario General de la Asociación de Estudiantes de Derecho de la UPAO (1997/ 1998), Secretario General del Comité Nacional de Juventudes Democráticas (2000/ 2001), Coordinador Metropolitano de Perú Joven (2002), fundador del Colectivo Bicentenario, pre candidato a la alcaldía de Lima Metropolitana (2018) y candidato al Congreso de la República (2020).

A sus 42 años su obra es considerable, ha publicado una veintena de libros, entre los que destacan: Lima: Firmamento (Trujillo, 1996), Morada y sombras (Camión Editores, Trujillo, 1998), Antes de abandonar la sombra (Lima, 1999), Cañaveral: libro de tierra (Lima, 2001), Sotto voce (Fondo Editorial de la U. Inca Garcilaso de la Vega, 2003), El sonido de la sangre (Altazor, 2006), Los extraños (Altazor, 2009), Lima, la épica del desastre (Altazor, 2012), Ciudad desierta: apuntes para convivir con el insomnio (Summa, 2012), Antología Personal (La manzana mordida, 2012), Ciudad desierta: apuntes de occidente (Summa, 2014), A tiempo completo (2020), entre otros libros.

Ha participado como expositor en la Feria Internacional del Libro de Guayaquil (Ecuador), Feria Internacional del Libro de Concepción (Chile), Feria Internacional del Libro de Buenos Aires (Argentina), Feria Internacional del Libro de Lima.

Harold Alva, desde niño, tuvo el destino marcado por los constantes cambios de ciudad, de casa, de escuela, de amigos y paisajes, porque la profesión del padre así lo exigía. Ser el nuevo en la escuela, donde todos se conocen desde el jardín de niños, donde todos ya tienen su mejor amigo y no tienen interés en descubrir un amigo mejor, es difícil para cualquier niño.

Tal vez, la soledad y el aislamiento circunstancial, hasta adaptarse, en cada escuela o casa y calle nueva, le hicieron buscar en el arte la paz para su espíritu de niño desconsolado. Harold antes de escribir, dibujaba, hacía historietas.

Como los sentimientos rebasaban los colores, Harold al cumplir los trece años, descubre que la poesía le permitía decir lo que no podía expresar con el color de las imágenes; así nace su poesía de su gran sensibilidad anímica aún en la niñez.

Tal vez, el desarraigo le hizo poeta. Con su mirada retrospectiva en un intento de armar el rompe cabezas de los recuerdos en la memoria escribe: I

En Cañaveral, \con el agua que caía de los techos, \mis ojos \acechaban como búhos \los charcos prisioneros del silencio.

Sin que nadie lo advierta, \visitaba las tumbas \con la audacia de un pájaro en vigilia.

Herí los surcos \con la lampa irreal de la tristeza; \fui el corsario que en las cercas \lapidaba su nombre de colambo.

Allí \brotaron los nidos de las zoñas, \el devoto filamento de la luna, \la rama medular de este concierto; \aquella piedra que en la casa \sujetaba como horqueta los tabiques.

La silueta del “Calvario” \desdibujaba de las cejas \el ceño \donde la furia

\reposaba sus motivos.

Era fuerte: \en las manos estiraba \el cordón umbilical de las acequias; \qué será hoy de su estructura, \la palma cayosa del terruño, \el huracán de fuego \donde macanches \silbaban \la zarzuela intemporal de este suceso.

Aquí, \sobre el laberinto de los disturbios, \la luna se torna el diente

\que proyecta \en la memoria \la calle polvosa de mi pueblo, \la “Joaquin Rujel”

\donde solía \jugar descalzo a las canicas; \el camino al pozo con las latas,

\el yugo que formó a este hombre \que le canta a las cigarras \y los perros.

Allí \aprendí sobre la tierra, \escogí su idioma de raíces, \de semilla,

\de huaraca roja que asumo con la lengua \para esculpir al aire \estos líticos discursos.”

Mientras uno crece, uno no sabe lo que le pasa, porque es al volver la vista atrás que uno entiende, a veces, lo que pasó; otras veces la mirada no alcanza para repasar todo, porque hay cosas, especialmente sentimientos, que se quedan perdidos en la nebulosa de la memoria, que ya no los identificamos a cabalidad. Así, nos forjamos como seres humanos normales. Y los más sensibles, se forjan como poetas. Como es el caso de Harold Alva, para quien la poesía es una expresión necesaria de las interrogantes conscientes o inconscientes, cada poema es un intento de búsqueda del mundo, para aprehenderlo y comprenderlo; en el intento el poeta escribe: “VIII/ QUILCA 3h 33 AM

Hay una horda de coyotes Una multitud de adverbios sobre la boca que subordina mis palabras Le pregunto a esta ciudad si tiene sentido alguna estrategia o acaso debo capitular con la furia y detenerme sobre las vías que no han dejado de quebrar tus osamentas Tu palidez de cadáver Tus dedos largos que se sujetan con pánico a la noche A mi entelequia de asombros

Yo te necesito para completar la realidad

Le señalo a mis verbos la soledad que flota a tu alrededor como libélula y me pierdo contigo entre los neumáticos de aquellos buses De aquellas serpientes de metal que ignoran la tragedia de sus eventuales habitantes”

La poesía de Harold Alva no se limita a las estructuras convencionales, él elige su propio ritmo en una búsqueda constante por la forma, dentro de un marco contextual mucho más abierto que hace parte de la tradición del siglo XXI. Es a través de la poesía que Harold Alva enfrenta, desde niño, a sus angustias, desesperanzas y delirios ya que para el poeta la poesía es un espacio de lucha   y de sueños: “A

Hay un rumor de aviones en el subsuelo Un grito de hierba Una procesión de estatuas que avanza hacia mis brazos con la devoción de un monje que aterrado se aferra a su fe A la edad del libro blanco Hay una catedral de silencio entre mis manos Un nido de cobras que tiembla con el lenguaje de los pájaros Un ataúd Una mortaja de algas Un hombre ansioso por romper el calendario Su martes negro Hay un altar de cuerpos destrozados Una multitud de adverbios De extraños De bocas que subordinan el espanto”

Sus autores de cabecera: Baudelaire, Milosz, Blacke, Martín Adán, César Moro, Vicente Huidobro, Zurita, Leopoldo María Panero, Paz, Juarroz, Dávila Andrade, sumados a sus ansias por cruzar fronteras estéticas le hacen coincidir con las vanguardias europeas, permiten ese anclaje en la tradición como refugio donde todo nace y nada muere.

Su poesía gira en torno, al desasosiego, al desencanto, a la ciudad, todo porque Harold es un pesimista en su escritura; ¿influencia de otros autores o de la vida misma?

Él es un hombre que ha perdido eso que los cristianos llamamos “fe”, él fue ateo por cierto tiempo. Pero yo siempre digo que: “quien no tiene fe, tiene miedo”; después recuperó la fe, pero le quedó algo de miedo, tal vez, es ese miedo primigenio que creció desde la niñez el que roba el sueño al poeta (Harold duerme apenas 3 horas y media por noche); y escribe por necesidad, por instinto o tal vez por miedo a esos fantasmas innombrables, que desde niño venían a poblar sus noches (como lo hacían con Alejandra Pizarnik) como hacen con muchos poetas que no tienen valor de confesar su pánico, pero la poesía siempre los delata, nos delata. Porque el verso siempre revela lo que está oculto. Y Harold Alva lo escribe así: “XXX / ARTE POÉTICA

La estabilidad emocional es un peligro \Una bala certera \El diente venenoso que se clava en la nuca del poeta \Para inmovilizar sus nervios \La osadía \Su mística de orate \El fracaso es su delicada condena \Su tótem para fabular \La furia que enerva su poema \Yo suscribo esto \Lo firmo con mi trazo de traidor \De cuervo acorralado por la pérdida

Harold Alva es un hombre que cree en el compromiso social, que no concibe a un escritor que no se involucre con su contexto, cree que la poesía es compromiso, y cree que el momento actual demanda escritores que lo asuman con gallardía, que asuman su responsabilidad histórica. Por eso se volvió editor, por eso escribe, por eso se involucra en política (pienso que un día será presidenciable, quien vivir verá) … El caso es que su poesía no se evade de la realidad, sino que incide en ella con intención transformadora, por estar teñida por el compromiso ético de Harold Alva, poeta que deja escurrir de su pluma una poesía no neutral.

En fin, su percepción del mundo y de la vida es expresada radicalmente por su palabra, que primero se queda atragantada después, es expulsada como quien vomita, todo porque el mundo y la vida le duelen (desde niño) y el poeta sabe que la palabra es eterna, igual que el verso y el poema, entonces escribe: “B

Debo estar enfermo Anochece en mis ojos ahora que todo está sellado El tipo que proyecto en la ventana sabe que todo está sellado Intento perderme Le hablo a los fantasmas que aparecen al otro lado de la tragedia Lo escupo Apago las luces para que desaparezca y me deje en paz con esos aguafuertes No sé hasta qué punto un hombre destroza con insensatez los nervios que equilibran la corriente Debo estar enfermo El agua se detiene cuando hablo y yo la difumino con este olor a sangre Con esta velocidad Con este tajo de ansias que excusa el placer de un asesinato”

Lo cierto es que la poesía, siempre sobrevive a todas las circunstancias y de igual modo, el poeta sabe, que la poesía le ayuda a sobrevivir a todas las circunstancias. La obra y la figura de Harold Alva, poeta de la soledad y la ausencia, tienden a trascender a lo literario y quedarse como símbolo de Perú.

– Márcia Batista Ramos

SOBRE LA AUTORA:

Márcia Batista Ramos, nació en Brasil. Licenciada en Filosofía. Es gestora cultural, escritora, poeta y crítica literaria. Es columnista en la Revista Inmediaciones, La Paz, Bolivia y en periodismo binacional Exilio, México. Publicó: Mi Ángel y Yo; La Muñeca Dolly; Consideraciones sobre la vida y los cuernos; Petty Barrón De Flores: La Mujer Chuquisaqueña Progresista Del Siglo XX; Tengo Prisa Por Vivir; Escala de Grises – Primer Movimiento; Rostros del Maltrato en Nuestra Sociedad; Dueto; Escritoras Cruceñas, Caballero, Reck & Batista; Escritoras Contemporáneas Bolivianas, Caballero, Decker & Batista; Caspa de Ángel – antología de cuentos, crónicas y testimonios del narcotráfico, Batista-Ramos & Carvalho Oliva. Es colaboradora en diversas revistas internacionales.

Schopenhauer, Los Heraldos Negros y la desesperanza que circundó el planeta en el 2020

Al acercarse a las últimas semanas de un año totalmente inaudito, que obligó a todos a pensar en la dicotomía vida-muerte, encontré un poema de César Vallejo “Los Heraldos Negros” y, me pareció que el poeta peruano, había previsto, además de su muerte (“Me moriré en París con aguacero \un día del cual tengo ya el recuerdo”), previó la muerte de nuestros días…la muerte de nuestro mundo.

Ya que el título es una evocación de los mensajeros de la muerte, los cuales, obviamente, solo pueden anunciar el dolor.

Ese dolor, inexplicable, que llegó cambiando el orden del mundo, dolor que se levanta desde lo más subrepticio del ser humano, pareciera premonitorio, al leer los versos del poeta, que lo visibiliza desde el primer verso del poema que tiene una estructura de círculo vicioso: “Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!”

Desde la óptica trágica de César Vallejo, con atributos schopenhauereanos, solamente, por el hecho de existir el ser humano tiene que lidiar con el sufrimiento.

En 2020, por el simple hecho de estar vivos, por habitar el planeta, todos tuvimos que lidiar con acontecimientos dolorosos que, aunque para algunos fueron pocos, en todos los seres humanos, quedó una huella indeleble, incluso en aquellas personas cuyo espíritu es más fuerte para soportar las adversidades. La pandemia que asola el planeta, es la representación de la desesperanza para todos nosotros.

Schopenhauer analiza el mundo en su dualidad trágica esencial “Mundo como Voluntad y Representación”. A partir de una concepción de la vida como dolor, reflexiona sobre la negación de la voluntad de vivir y encuentra en la religión una respuesta mítica al dolor del mundo. Además, considera la contemplación mística y ascetismo como liberación.

Empero, Vallejo se muestra escéptico de su filiación divina y lo manifiesta en su poema “Espergesia”: “Yo nací un día \que Dios estuvo enfermo, \grave.”

Y sin considerar la contemplación mística y el ascetismo como liberación, Vallejo, inmediatamente reconoce la furia de la divinidad y la expresa en sus versos: “Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos, \la resaca de todo lo sufrido \se empozara en el alma. ¡Yo no sé! \Son pocos; pero son. Abren zanjas oscuras \en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte. \- Serán tal vez los potros de bárbaros atilas; \o los heraldos negros que nos manda la Muerte”.

El sentimiento preponderante, sin lugar a dudas, en el poema de César Vallejo, es el dolor, que se asemeja a una caída, por eso la imagen de un pozo donde se acumula el sufrimiento: “se empozara en el alma”, además como todo lo que mata o hiere, recuerda a sombra, a oscuridad: “Abren zanjas oscuras”

Es así, como César Vallejo, en un posible trance premonitorio, logra rescatar el estado anímico de todos aquellos que perdieron familiares y no tuvieron la posibilidad de darles un último adiós. O como en casos más extremos, en la ciudad de Guayaquil, por ejemplo, tuvieron que dejar los cuerpos, de sus deudos, en las calzadas delante de sus casas, acumulando en sus almas la desazón de todo lo sufrido.

El pesimismo trágico de Arthur Schopenhauer, se manifiesta en los versos de Vallejo, al negar el estoicismo del cuál el ser humano es capaz.

Ya que, por su lado, Schopenhauer afirma: “El conocimiento perfecto de la esencia del mundo, obrando como aquietador de la voluntad, trae la resignación y la renuncia, no sólo de la vida, sino de toda voluntad de vivir. Por eso vemos que en la tragedia hasta los caracteres más nobles renuncian tras cruentos combates y prolongados dolores, a los fines que hasta entonces habían perseguido. Vemos que sacrifican los goces de la vida.”

Por otro lado, César Vallejo deja explícito que la inspiración principal de su poema es el dolor humano incompresible e inexpresable, para ello utiliza la imagen de los “golpes”: Hay golpes en la vida tan fuertes. ¡Yo no sé! Además, se refiere a la incertidumbre que padece el ser humano cuando le busca un sentido a su existencia, ante la adversidad, impuesta por el destino cruel y desolador, el ser humano no encuentra ningún consuelo, ya que lo vivido no sirve ni de excusa, ni de paliativo para lograr afrontar la adversidad.

Muchos críticos, consideran que “Los Heraldos Negros”, muestra la búsqueda propia de una conciencia ultrasensible, característica del poeta, sumido en su drama existencial; al igual que Camus, Sartre, Heidegger y otros existencialistas no teístas, que aseguraban que el destino necesario de la vida es la muerte, que su nacimiento no tiene otra finalidad que la muerte, que la vida carece de sentido, bordeando el absurdo.

Vallejo asume la conciencia trágica, fatídica, y la vuelca desgarradoramente en su poesía, manteniendo la muerte siempre presente.

Asumo lo que dicen otros estudiosos sobre el poeta autor de Los Heraldos Negros. Empero, desde mi mirada, identifico en Vallejo, también una preocupación con lo universal, expresada desde un punto algo neutral, a través de un sujeto indefinido, como si escribiera otra historia entrelíneas; como si se tratara de una especie de Michael de Nôtre-Dame; en realidad un Nostradamus moderno, porque veo sin ningún esfuerzo, una vez más, a César Vallejo, anticipando, un siglo antes de lo sucedido y cantando premonitoriamente nuestro “momento”, en su poema: “Son las caídas hondas de los Cristos del alma, \de alguna fe adorable que el Destino blasfema”.

La visión del mundo como tragedia y dolor es el mayor legado schopenhauereano a Vallejo, ya que, para Schopenhauer, la base y constitución del “mundo como tragedia” reside en la dualidad trágica esencial del mundo.

Y el principal legado de Vallejo es su profecía, a través de los Heraldos Negros, escrita cien años antes de que tengamos que soportarla.

De modo que, la devastación y la inseguridad que padecemos como seres humanos en el año 2020, – cuando fuimos víctimas de la guerra bacteriológica o de la purga del planeta (el tiempo dilucidara lo ocurrido), – cuando sufrimos la pandemia creada, que nos obliga a replantearnos la búsqueda de un sentido a la existencia, ante la situación real, en este caso inesperada, desgarrada y trágica.

Ante tantas adversidades que debimos soportar los seres humanos, el augurio de la muerte y la destrucción sin medida del orden establecido: el empobrecimiento, la reclusión obligada, la soledad implícita, en muchos casos, la suma de todos los dolores, derivó en la decepción de las creencias religiosas y en la consecuente pérdida de la fe. Todo eso, en Vallejo se relaciona con el odio de Dios o la furia de la divinidad.

Entonces, nos preguntamos ¿de dónde sale ese dolor?

La respuesta sería: de Dios o del destino. Aunque, en verdad, no importa la respuesta, pues el ser humano no puede comprender su origen, apenas tiene que reconocer su indefensión ante los hechos y soportar el dolor, independientemente de su voluntad, porque el dolor está ahí, llega sin que se lo busque; en fin, el dolor es cosa de Dios o del destino. 

César Vallejo, se muestra disconforme, con el sinsentido de la existencia trágica, nos presenta la imagen de los “ojos locos” que reaparecen para mirar lo irremediable e incomprensible:

“Estos golpes sangrientos son las crepitaciones \de algún pan que en la puerta del horno se nos quema. \Y el hombre. Pobre. ¡Pobre! Vuelve los ojos, como \cuando por sobre el hombro nos llama una palmada; \vuelve los ojos locos, y todo lo vivido \se empoza, como charco de culpa, en la mirada. \Hay golpes en la vida, tan fuertes. ¡Yo no sé!”

Vallejo, en este poema, busca la razón de ser del dolor que, a cada instante, ahoga la existencia del ser humano, en cierta medida, previno nuestros días, pero no logró prever nuestro futuro. Y al final, concluyó que no hay una respuesta al dilema existencial.

Schopenhauer cree que la única manera de sobreponerse al dolor que conduce nuestra existencia desde el nacimiento, es renunciar al deseo, a la intención, a la voluntad, en suma, dejarse arrastrar a la negación de esa tendencia innata a conservar lo material. Es esperar la muerte, que ya está asegurada, para descansar en la nada.

Mientras nosotros, los habitantes humanos de la tierra, que estamos viviendo en la desesperanza que circunda el planeta, durante la pandemia del año 2020; que todos los días recibimos por medio de nuestros televisores a los heraldos negros, anunciando dolor y muerte, resolvemos, porque tenemos libre albedrío para hacerlo, desarrollar nuestra capacidad de resiliencia.

Decidimos superar las circunstancias traumáticas, dolorosas y decidimos vivir de la mejor manera nuestra existencia, que, desde luego, sabemos que es finita y, muy al margen de los heraldos negros o de Vallejo cargado de su herencia schopenhauereana, decidimos potenciar la felicidad.

– Márcia Batista Ramos

SOBRE LA AUTORA:

Márcia Batista Ramos, nació en Brasil. Licenciada en Filosofía. Es gestora cultural, escritora, poeta y crítica literaria. Es columnista en la Revista Inmediaciones, La Paz, Bolivia y en periodismo binacional Exilio, México. Publicó: Mi Ángel y Yo; La Muñeca Dolly; Consideraciones sobre la vida y los cuernos; Petty Barrón De Flores: La Mujer Chuquisaqueña Progresista Del Siglo XX; Tengo Prisa Por Vivir; Escala de Grises – Primer Movimiento; Rostros del Maltrato en Nuestra Sociedad; Dueto; Escritoras Cruceñas, Caballero, Reck & Batista; Escritoras Contemporáneas Bolivianas, Caballero, Decker & Batista; Caspa de Ángel – antología de cuentos, crónicas y testimonios del narcotráfico, Batista-Ramos & Carvalho Oliva. Es colaboradora en diversas revistas internacionales.

Las palabras y la fractura en la poesía de Alejandra Pizarnik

Nacer poeta, ser polémica por renovar el lenguaje y la poesía de su época y, sobre todo, ser una persona sensible que vive el dolor interno, que nadie ve, pero que no deja descansar la mente en constante ebullición y sufrimiento, no es sencillo.

Así era Alejandra, una de las mayores referencias en mi memoria y de miles de poetas de diversas generaciones, que tuvimos sus versos acuñados en nuestras almas; porque ella supo decir lo que sentíamos, antes mismo, que sintiéramos. Porque ella sabía que “Las imágenes solas no emocionan, deben ir referidas a nuestra herida: la vida, la muerte, el amor, el deseo, la angustia”.

De su pluma goteaba la contemplación, la entrega, la tristeza, la duda, la derrota, el desamor y la muerte. Porque ella tenía (como nosotros tenemos) muchas facetas contradictorias. La gran diferencia entre ella y nosotros, es que ella asumía: el silencio, la muerte, la locura… Nosotros: a veces.

Alejandra reiteró sus emblemas poéticos: la jaula, donde se encierra la libertad culpable sólo por existir y que, no obstante, la sujeta dentro de los límites de la realidad y ahuyenta sus terrores nocturnos, puesto que la noche ya no tiene el sentido agradable y nutricio que hace nacer el poema y, el viento que disemina, una y otra vez, la identidad inquieta. Sumados al miedo que alimenta los delirios que cobran vida, dejándola a la indefensión: “\Señor \la jaula se ha vuelto pájaro \y se ha volado \y mi corazón está loco \porque aúlla a la muerte \y sonríe detrás del viento \a mis delirios \Qué haré con el miedo \Qué haré con el miedo (…)”

Ella logró desnudar la sufriente conciencia de existir, sus obsesiones (y de alguna manera las nuestras) y sus fantasmas a través del estigma de sus versos, oscuros y extenuados.

Eventualmente, podrá existir poesía más sobrecogedora, revulsiva e hiriente que la de Alejandra Pizarnik. Porque ella era sincera y sencillamente impúdica, a la hora de desnudarse y exhibir sus fantasmas interiores. Además, es sabido que ella eligió vivir en la palabra, o sea, encubrirse en el lenguaje, tal vez, para resguardarse en él:

“y qué es lo que vas a hacer                                                       Sólo un nombre

voy a ocultarme en el lenguaje                                                alejandra alejandra

y por qué                                                                                            debajo estoy yo

tengo miedo                                                                                          Alejandra”

Agregado, a su permanente reflexión sobre las fronteras del lenguaje, que jamás fueron engañifas.

Alejandra extremaba la búsqueda de la palabra justa, trataba de generar un mundo de palabras perfectas en donde valga la pena residir. Lo hacía combinando los matices surrealistas de sus escritos, con un trabajo intenso de supresión y síntesis en la expresión verbal. Como resultado su poesía es sobria, economiza términos y gana en contundencia. Y escribe:

“Dile que los suspiros del mar/ humedecen las únicas palabras/ por las que vale vivir”.

La poeta hizo, a través de su obra, una crítica y muestra de una apasionada obsesión por la palabra, esto es, en su obra siempre está presente una reflexión incesante acerca de las posibilidades y los límites del lenguaje.

Alejandra Pizarnik en su diario, escribe en septiembre de 1962, refiriéndose a la elocuencia y engañosa obviedad de lo que se dice: «Esta voz aferrada a las consonantes. Este cuidar de que ninguna letra quede sin enunciar. Hablas literalmente. No obstante, se te comprende mal. Es como si la perfecta precisión de tu lenguaje revelara en cada palabra un caos que se vuelve más evidente en la medida en que te esfuerzas por ser comprendida».

En su poesía, la tragedia y el humor también son elementos centrales, así como la visión crítica de la tradición literaria. Ya que Alejandra Pizarnik, vivió en la búsqueda interminable de la palabra exacta, para contar la ausencia y el naufragio.

No trataba de salvarse: era sincera consigo misma, no se resignaba, ni podía olvidar, así que lo único que le quedaba era escribir con sencillo fatalismo. Y lo hacía:

“No \las palabras \no hacen el amor \hacen la ausencia \si digo agua ¿beberé? \si digo pan ¿comeré? \en esta noche en este mundo \extraordinario silencio el de esta noche \lo que pasa con el alma es que no se ve \lo que pasa con la mente es que no se ve \lo que pasa con el espíritu es que no se ve \ ¿de dónde viene esta conspiración de invisibilidades? \ninguna palabra es visible”.

Hace parte de la condición humana tener algo que decir, y artista quien resulte capaz de decirlo. Alejandra Pizarnik lo evidenciaba del mejor modo, a través de su poesía, distanciada del contexto inmediato y de referentes concretos, canalizada en ámbitos que muchas veces miraban desde lejos o de reojo al devenir histórico.

Como la palabra sirve para exorcizar, conjurar y reparar, entonces para la poeta, escribir era reparar la herida fundamental que nos horada a todos, escribiendo ella trataba de suturar esa brecha que nos impide coincidir con nosotros mismos para encontrar la plenitud de nuestro ser; transfigurando el dolor en belleza, la palabra en poesía, la poesía en refugio del devenir y la fractura mientras anhelaba el silencio total del sueño eterno. Entonces escribe:

“Mi sueño es un sueño sin alternativas y quiero morir al pie de la letra del lugar común que asegura que morir es soñar”.

Posiblemente el vagar, transitar y perderse cada vez, resultó en la imperiosa necesidad de buscar el silencio como el lugar de alivio, como el espacio donde protegerse en un sueño permanente.

– Márcia Batista Ramos

SOBRE LA AUTORA:

Márcia Batista Ramos, nació en Brasil. Licenciada en Filosofía. Es gestora cultural, escritora, poeta y crítica literaria. Es columnista en la Revista Inmediaciones, La Paz, Bolivia y en periodismo binacional Exilio, México. Publicó: Mi Ángel y Yo; La Muñeca Dolly; Consideraciones sobre la vida y los cuernos; Petty Barrón De Flores: La Mujer Chuquisaqueña Progresista Del Siglo XX; Tengo Prisa Por Vivir; Escala de Grises – Primer Movimiento; Rostros del Maltrato en Nuestra Sociedad; Dueto; Escritoras Cruceñas, Caballero, Reck & Batista; Escritoras Contemporáneas Bolivianas, Caballero, Decker & Batista; Caspa de Ángel – antología de cuentos, crónicas y testimonios del narcotráfico, Batista-Ramos & Carvalho Oliva. Es colaboradora en diversas revistas internacionales.

La catábasis es la anábasis en la poesía de Jorge Teillier

(poema XXIII)[1]

Desde niño el poeta tuvo conciencia de la muerte, no como fin, pero como continuidad de la misma existencia en otras circunstancias, tal vez, más tenues, sin el ropaje del cuerpo. Cuenta que cuando era niño sentía pasos subiendo la escalera que llevaba a la torre de la casa, donde se encerraba a leer, lo que le dio familiaridad con la muerte y la seguridad de que el “yo” o el “tú” siguen existiendo, después de abandonar esa indumentaria que llamamos cuerpo y que nos da la certeza de la vida, en cuanto lo habitamos. 

Jorge Teillier, apegado a la sencillez fundamental de sus imágenes poéticas, reconoce la importancia por estar vivo, empero, al mismo tiempo, registra el desamparo y desconsuelo por sentirse infecundo a la mitad de la vida. Porque la vida en sí misma, no es totalmente grata, independientemente, de las imágenes idílicas creadas o no, que habitan la geografía de la memoria y del verso:

“Lo que importa \es estar vivo \y entrar a la casa \en el desolado mediodía de la vida. (…)”

El trabajo cotidiano repetido hace siglos y exigido para seguir vivo en la aldea, espacio geográfico idílico, en el cual lo cotidiano, discrepa con la modernidad imperante, aparece en la poesía de Jorge Teillier, reafirmando la necesidad que cada individuo tiene de arraigo, para existir como tal, en el mundo complejo y deshumanizante, que trata a todos como números en estadísticas sin rostros ni alma.

El poeta, sabe que la vida en sus repertorios básicos es cíclica, que siempre existirá un hombre que are el campo, independiente de la tecnología espacial, se repetirán los mismos gestos confirmando que la vida es simple, como simples son las faenas en la aldea y mientras alguien esté para realizarlas, la vida seguirá siendo vida:

 “(…) \El río pasa recogiendo la calle polvorienta.\Los satélites artificiales pueden rodear la tierra, \pero nada saben de ellos los bueyes enyugados a las carretas.\Es el mismo de otro siglo el gesto del campesino al descargar un saco de trigo, (…)”.

Empero, es menester observar que el espacio geográfico en la poesía de Jorge Teillier cobra una fisionomía humana donde: el polvillo danza, el sol no tiene memoria, los sacos están dormidos y el resplandor de las cosas tiene secretos que los aromos revelan:

 “(…) \el polvillo de la molienda danza en el sol sin memoria, \escuchamos el trote de los ratones entre los sacos dormidos en la bodega, \y el oculto resplandor de las cosas\tiene un secreto revelado por los aromos.”

Sencillamente, porque el poeta no logra concebir el mundo con la clásica división de seres animados e inanimados, vivos y muertos…Ya que, en su universo, idílico, todo palpita, todo vive.

De pronto un tren en movimiento silbando, animado como todo su universo, aparece en escena y en acción:

“(…) Escucho el pitazo del tren \cortando en dos al pueblo. (…)”

Es la segmentación de la aldea en dos, que hace con que el poeta se situé en un segmento (en el presente), y evoca sus recuerdos personales:

“(…) El pueblo donde pedí tres deseos al comer las primeras cerezas, \donde me regalaron una lámpara humilde que no he vuelto a hallar, (…)”

Asimismo, desde el segmento del presente, evoca sus ancestros, los que construyeron la aldea, porque sabe que no existe una expiración, todos siguen existiendo y la memoria es el medio para canalizar la anábasis o resurrección, que permite traerlos de regreso, independientemente, de dónde se hallan:  

“(…) el pueblo que tenía unos pocos miles de habitantes cuando nací, \y fue fundado como un Fuerte \para defenderse de los mapuches \ (todo eso era nuestro Far West). (…)”

Después, de ver su aldea resucitada, el poeta reconoce la simbiosis del tiempo en los elementos que “aún” permanecen vigentes o vivos como hábitos humanos de la aldea que, para él, es un universo que palpita:

“(…) El pueblo donde aún humean mantas junto a cocinas a leña

y el invierno es la travesía de un tempestuoso océano. (…)”

Vuelto a sí mismo, el poeta trata de buscar su memoria personal y otra vez, se depara con la universalidad de la existencia, donde el “yo” se diluye, dando paso a la colectividad:

“(…) Si me pidieran recordar \algo más allá de las calles donde di los primeros pasos \no sabría mucho que decir. \Creo que he estado en otros países \he visto día a día en las ciudades vehículos iluminados como trasatlánticos \llevar rostros fatigados de un matadero a otro. (..)”

En ese abrir y cerrar entre la vida y la muerte, representado entre el presente y los recuerdos, entre el yo y los antepasados, surgen las cavilaciones del poeta que, a veces, duda que es poeta:

“(..) ¿La vida es un pretexto para escribir dos o tres versos \cantantes y luminosos?, escribió un poeta, \pero tal vez yo no sea de verdad un poeta. (…)”

En medio a las dudas del poeta resucita el individuo que sabe lo que no quiere, para sí y para su prójimo:

“(…) Me amo a mí mismo tanto como a mi prójimo \pero estoy dispuesto a desaparecer junto a todo mi prójimo. \Puedo rezar sin creer en dios, \a las noticias del día \suelo preferir leer memorias de oscuros personajes de otras épocas\o contemplar los gorriones picoteando maravillas. (…)”

El poeta, Jorge Teillier, sabe que la vida en sus repertorios básicos es cíclica y otra vez, vuelve a constatarlo en un soliloquio circular:

“(…) De nuevo alguien ve derrochar \los yuyos su oro al viento. \Alguien va a temer cada mañana que el sol no regrese, \alguien tal vez aprenderá a leer en diarios que anuncian nuevas guerras, \alguien en la noche \va a tomar un carbón encendido para trazar círculos de fuego \que lo protegen de todo mal. (…)”

Sin denotar sorpresa, imbuido de fatalidad el poeta vislumbra el camino que le conducirá a su muerte:

“(…) Quedaré solo en un bosque de pinos. \\De pronto veré alzarse los muros al canto de los gallos. \Podré pronunciar mi verdadero nombre. \Las puertas del bosque se abrirán, \mi espacio será el mismo que el de las aves inmortales \que entran y salen de él, \y los hermanos desconocidos sabrán que ya pueden reemplazarme. \\Debo enfrentar de nuevo al río. (…)”

Ante lo inevitable, el poeta no duda, porque desde niño sabe que no se trata del fin y si de otro camino:

“(…) \Busco una moneda. \El río ha cambiado de color. \Veo sin temor \la canoa negra esperando en la orilla”.

El poeta sabe que la muerte es una parte de la vida, estuvo seguro que la vida vale la pena ser vivida por todas las imágenes que pudo absorber de la realidad o verlas con los ojos cerrados y permanecer en esos sitios idílicos. Asimismo, sabe que morir también vale la pena y no hay miedo de avistar a Caronte, apenas, hay que alistar la moneda para cruzar el río de Hades en una verdadera catábasis (una expedición a los infiernos). Que no será nada más que una simple anábasis que le permitirá seguir en la vida que le corresponderá vivir (como de aquellos que se escuchaban los pasos subiendo las escaleras en su infancia) después de la muerte.

– Márcia Batista Ramos

SOBRE LA AUTORA:

Márcia Batista Ramos, nació en Brasil. Licenciada en Filosofía. Es gestora cultural, escritora, poeta y crítica literaria. Es columnista en la Revista Inmediaciones, La Paz, Bolivia y en periodismo binacional Exilio, México. Publicó: Mi Ángel y Yo; La Muñeca Dolly; Consideraciones sobre la vida y los cuernos; Petty Barrón De Flores: La Mujer Chuquisaqueña Progresista Del Siglo XX; Tengo Prisa Por Vivir; Escala de Grises – Primer Movimiento; Rostros del Maltrato en Nuestra Sociedad; Dueto; Escritoras Cruceñas, Caballero, Reck & Batista; Escritoras Contemporáneas Bolivianas, Caballero, Decker & Batista; Caspa de Ángel – antología de cuentos, crónicas y testimonios del narcotráfico, Batista-Ramos & Carvalho Oliva. Es colaboradora en diversas revistas internacionales.


[1]  “Crónica del forastero”. Santiago: Talleres Gráficos Arancibia Hermanos, 1968.

Tan solo un respiro

La vida en un respiro, en una taza de café, en una mirada, en el despertar de cada mañana, en aquel beso delicado de las madres, en aquel abrazo de los hijos a sus padres, en el caminar de cada día, en el obrar con alegría.

¿Cuál es el sentido de la vida? Pregunta capciosa, un tanto tediosa y complicada para responder, sin embargo la respuesta es simple, se encuentra en cada uno de nosotros, en aquellas pequeñas cosas que hacemos día a día.

Pero no se trata de hacer por hacer, vivir por vivir, el sentido de la vida se trata en realizar lo que hacemos con ánimo y predisposición, con buena voluntad y sobre todo con la alegría de poder ayudar a los demás.

En ese sentido, la vida es un regalo, es un arte en la cual le damos color cada día, algunos con tonalidades grises otras muy coloridas, al final, de lo que se trata es de disfrutar la vida y gozar de ella, de cada momento que tenemos como una oportunidad para transformarnos, para crecer, para ser mejores cada vez.

Si disfrutas lo que haces, te aseguro vivirás feliz, ese es el sentido de la vida, ya sea disfrutando cuando bebemos una taza de café o al despertar cada mañana, abrir los ojos y agradecer por una nueva oportunidad, ya sea en aquel caminar hacia el trabajo, o apreciando en el camino a los pajaritos, disfrutando del clima, o simplemente en tan solo un respiro.

Perú al Bicentenario

Mi querido Perú, son 199 años por las que muchas generaciones te vieron nacer, nacer como República, soberana e independiente. Has pasado por muchos episodios y acontecimientos conmemorables, que cualquiera de tus hijos daría su vida por tu querer.

Hoy nos encontramos luchando todavía, resistiendo ante la adversidad por ganar la libertad, así como Alcides Carrión, los héroes de hoy no hacen uso de algún rifle o cañón, sino que ofrecen su vida usando mandil blanco en cuidado de tu población. Hoy el enemigo es diminuto vulnerando a tu nación. Se que saldremos victoriosos de esta horrible desazón.

¡Oh! Patria inolvidable, anhelo de las naciones, hoy te rendimos homenaje con gran afecto y muchas emociones. Como no recordar la grandeza de tus hazañas plasmadas en las canciones, el vibrar de tu gente y el coraje de tus pobladores.

Eterna tierra querida, aquella sangre derramada sobre tu lecho es una muestra del amor y cariño, que tanto Grau como Quiñones, entregaron sus vidas en defensa de la nación y tantos otros innumerables héroes, que a través de tu historia, defendieron tu bandera con gran honor.

Amado Perú, tierra de maravillas, tus cumbres nevadas son testigos de la creación, las tradiciones y costumbres de cada uno de tus pueblos te hace rica y no existe comparación. Me atrevo a decir, eres envidia del mundo, tus paisajes me dan la razón, tu historia y comida son el deleite de una nación.

¡QUE VIVA EL PERÚ!

Esbozo de un sentido estético post-indigenista

Es sabido que las vírgenes, niños manuelitos y demás parafernalia religiosa constituyen el grueso del “arte fino” cusqueño. No habido en estos lares una tendencia propia, fuera de la colonial.
El indigenismo ha querido remediar los cólicos producidos por beber leche de madrastra.
Ha sido un hurgar dentro de la identidad serrana, pero no un fin en si mismo.
En otras palabras, el indigenismo ha mostrado las múltiples sendas hacia la identidad peruana: Chankas, Qollas, Wankas,…No, ni sierra y menos aún la selva constituyen monolitos de identidad.
Un indigenismo  – neto – es una pluralidad de idiomas, usos y creencias.
Los incas no fueron indigenistas, al querer absorber dentro de su régimen otros reinos.
Así, lo indígeno no puede ser sinónimo de lo inca.

De ser así, el indigenismo de vieja guarda degeneraría en un post-modernismo nebuloso.
No basta con retratar “indios” de forma costumbrista. El ser indigenista es ser sicólogo, sociólogo y sobre todo contestatario frente a los monolitos de la identidad.

¿Qué significan estas reflexiones para el arte cusqueño, ya sea el popular o el académico?
Fundamentalmente, significa salir de lo quechua como arquetipo del arte. No significa destruirlo, pero si de-construirlo en sus matices, que naturalmente existen. Entre Sicuani y Quillabamba hay un océano de signos perdidos. Si bien la modernidad occidental ha tenido asiento en el Cusco urbano, aquel Cusco de poco mestizaje y hacendados, ahora la modernidad extiende sus brazos (¿o tentáculos?) hacia lo indígena. Facebook, Instagram y Google se abren camino en lo más adusto de las sierras y junglas cusqueñas. Lo indígena ha sido fecundado por la modernidad, es el deber del arte hacer de partera.

Finalmente, la supervivencia de la identidad quechua en el turismo resucitaría el “monolito”.
En el mundo globalizado del turismo, las identidades indígenas son marcas – como la Coca Cola. Los franceses son dueños de la marca que incluye la torre Eiffel, el Louvre y los cafés parisinos. Lo más sensato – según los oráculos del mercado – es persistir en nuestra marca, hablar de lo quechua y de lo inca como lo pétreo e inmutable. Este discurso es cómodo para el turista, y sus guías, evita el embarazoso tema de la violación masiva de mujeres quechuas por los conquistadores, el desprecio de los quechuas por los “salvajes” de la selva, y el actual fenómeno de la migración rural.
Pero para un arte, es necesario trascender la marca, acaso, desgarrarla.

– Gonzalo Ale