
Autor: Rodrigo Ampuero
Facebook: Rodrigo Ampuero Oróz
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“¡No podemos seguir así, tenemos que verla!”, gritó el corazón mientras se lamentaba amargamente. Estaba sosteniendo un vaso de whisky casi vacío en una mano y un cigarro recién encendido en la otra. Se encontraba recostado en el sofá, recubierto por una sábana delgada y recordando al amor.
“No podemos verla. No vamos a verla. Solo vamos a esperar”, respondió la razón con una serenidad desesperante. Él estaba sentado en una silla, dándole la espalda a su compañero y con los ojos clavados en un libro, uno de esos antiguos, de los que la poesía se había encargado de matar.
“No entiendo cómo ya no puedes amarla, si tú eras quien siempre estuvo detrás de ella. Si no es ahora, ¿cuándo? Si no es aquí, ¿dónde? Si no es ella, ¿quién? No me vengas con eso de esperar, que tú bien sabes que eso jamás nos ha servido, es más, eso nos ha terminado de joder cada maldita vez. Pero no ahora, no aquí, no con ella”. Corazón se levantó con dificultad y buscó alguna botella que aún tuviera contenido. Cuando la encontró, se lo terminó de servir con torpeza, llevó el vaso a la altura de su demacrado rostro y bebió el enésimo sorbo de la noche.
“Debemos esperar y punto, no seas terco. Ya estás demasiado ebrio como para seguir despierto, mejor apágate un rato y déjame manejar esto a mí”. Razón se levantó cerrando el libro entre sus manos. Luego, giró sobre su cuerpo para mirar a su compañero que ya estaba nuevamente tendido en el sofá con el licor a la mitad y el cigarro consumido.
Corazón se levantó nuevamente, acabó hasta la última gota del vaso que tenía en su mano, lanzó el cigarro al costado y encaró a la razón. “¿Manejarlo tú? Por favor, si tú no sabes nada de estas cosas. Tú eres el cuerdo, el que debe actuar con calma y serenidad, pero cuando la locura es necesaria, debo entrar yo, el avezado, el que corre los riesgos y al que siempre lastiman. Tú eres el que debería apagarse hoy, porque si ella no responde, no sabrás como lidiar con eso”.
“Tal vez estés en lo cierto, pero nunca más que yo. Nos conozco y sé que lo único que haremos ahora será adivinar lo que sea que pueda pasar aun sabiendo que siempre estaremos equivocados. Después de todo, esa es la causa de tu miedo: la incertidumbre.” La razón se quedó mirando fijamente al corazón que empezaba a quebrarse de nuevo y los ojos se le inundaban de lágrimas.
“¿Cómo es posible llegar a este extremo de sentimentalismo? Nunca nos preparamos para esto ni imaginamos que algo así podría llegar a pasar. Me arriesgué impulsado por ti y tus consejos. Ahora eres tú el que debería sacarnos de esto pero parece que no te interesa. Dime, ¿Por qué quieres seguir esperando, sin buscarla ni hacer nada?” dijo el corazón, mientras se secaba los ojos como podía y pedía compasión con la mirada.
La razón agachó la cabeza, dio un largo suspiro y abrió el libro que tenía entre las manos, justamente en la página que estaba viendo. Entre las hojas, había una foto de ella. “Porque, al igual que tú, tampoco quiero que esto termine. Aún la amo y no quiero olvidarla”.
¿Quién te quitó la voz? Esa que tan melodiosamente me cantaba por las noches y me arrullaba hasta que duerma. Esa voz tan chillona, que pasa de adolescente a joven y de joven a adulto, que gritaba arengas contra la injusticia social que tanto rechazabas. ¿Quién te quitó la voz? De esa tan ronca luego de gritar toda la noche en un concierto, y hospedada en un cuello tan delgado y cansado por disfrutar un concierto. ¿Dónde quedó la voz que recorría las clases? Aquella que hacía preguntas durante las clases que tanto te apasionan, aquella voz que suavemente explicaba a quienes se distrajeron, aquella voz que buscaba respuestas y solo generaba más preguntas.
Te quitaron la voz de la que me enamoré, la que era capaz de transmitir la pasión luego de una lectura intensa, la que preguntaba sin dar respuesta, y la que daba respuestas para cuestionarse a si mismo. La voz irreverente ante la burla, la voz que en un melodioso francés conquistaba a los oídos de quienes por primera vez lo escuchaban.
Te quitaron la voz. Callaste ante las bofetadas, callaste antes el chantaje emocional, y callaste porque la vida se trató de callar para que otro grite. Se acabó tu turno en la vida, y la recompensa será el canto más melodioso que jamás hayas escuchado antes, y será tu obra, será tu voz en otros pulmones.
Algún día me iré de casa, y no volveré. Te dirán que me fui de viaje o que estoy con tu abuela. No es cierto. Quiero que sepas que nada de eso es cierto.
Me iré de casa y de pronto recordarán todas las cosas buenas que hice, me glorificarán y contarán anécdotas graciosas. Pero yo solo soy un persona como todas, que puede amar con mucha pasión, y también puedo ser un hijo de puta capaz de lastimar sin pensar en las consecuencias. Puedo ayudar sin esperar nada a cambio, y lo he hecho muchas veces, Puedo ser un resentido y gritar solo con la intensión de herir, y lo he hecho muchas veces. Sin embargo, cuando me vaya de casa, no habrá tonalidades en mis acciones, si no un «fue muy bueno».
Me iré de casa, y me vas a extrañar. Van a consolarte con cuentos y mentiras, consejos y basura que tú elegirás escuchar o no. Vas a consolarte y no sé como, si buscando amor encubierto de pasión en lugares poco iluminados, o en la toxicidad de lo que sea tu sustancia favorita. Tal vez vayas a consolarte contándote historias de fantasía de las que tú bien sabes me burlaría.
Me iré de casa, será una sorpresa. Hablarás con mis amigos y conocidos de los que nunca te he hablado. Te ofrecerán su apoyo cuando en realidad olvidarán de lo sucedido a los 4 o 5 días. No esperes que te apoyen. No esperes que alguien te ayude. Lo único que espero para ese día, es que hayas aprendido a estar sin mí. Yo ya no estaré, pero tu puedes hacer todo mejor yo. Confío en tí.
Para A.A.
Había sido una mañana durísima. Entre mi sueño interrumpido y un café frío, las ganas de vivir se me estaban agotando en una rutina devastadora. Hace tiempo que no encontraba la paz mental necesaria para afrontar mi situación, mis problemas, ni mi vida.
Algunas semanas atrás, recibí una carta que no me daba la reverenda gana de leer, así que la tenía por ahí, llenándose de polvo entre documentos inútiles. Cuando me tocó revisar ese montón de árboles muertos, la carta resbaló como rogándome por recibir atención. Pensé que si alguien se había tomado la molestia de dirigirse a mí, sería muy descortés hacerlo esperar un poco más.
Abrí el sobre con indiferencia y noté que no tenía remitente. No le presté mucha importancia ni cuidado hasta que empecé a leer su maldito contenido. Al hacerlo, mi garganta se anudó.
“Estamos todos jodidos, Pareja. Ayer venía en el bus y no sabes la congestión de la evitamiento con Hilario Mendivil hermano, peor que Lima con el cristo morado, te lo juro; pero qué se hace.
Hoy me entregan la sentencia en el juzgado, Parejita. Parece bueno mi abogado pero era mejor el Alatrista dicen, solo que ese pata cobra un huevo y es tirar la plata como si sobráse, además, ni siquiera es él quien está en las audiencias dicen, está huevón.
Y ya sabes, que si todo sale bien, nos vamos por las respectivas chelas con el «boga» en su oficina por Pampa del Castillo.
Estamos jodidos, wayki. No pude llamarte, 12 años. Pero como alguien dijo hace mucho tiempo; en el Perú, solo hay dos tipos de problemas: los que nunca se resuelven, y los que se resuelven solos, Parejita.”
Luego de hacer algunas llamadas a un entorno no tan cercano, me enteré que un querido amigo mío había caído en una grieta del sistema por supuesta apología al terrorismo. Él era una de esas personas que no podía callar su voz. Me contaron que había asistido a una de esas tantas movilizaciones contra la corrupción y su error había sido usar una pañoleta roja para evitar ser reconocido. La policía no fue amable, mucho menos el juez a cargo. Indagando más y más, descubrí que le habían dado tres años de pena, pero, durante su primera semana allí, un matón que había perdido a su familia en el Ayacucho de los años ochenta, asesinó a mi amigo en su propia celda.
No pude cargar ni un minuto más con el peso de su ausencia. Rompí en llanto por la memoria de quien fuera mi mejor compañía de la infancia, pubertad y parte de mi adolescencia. Empecé a maldecir el momento en que nos distanciamos. Ahora él ya no estaba y solo había un responsable.
Y que más se puede esperar de un sistema judicial de mierda si todos están ahí para tapar su porquería. Y que nos quieren meter la rata con eso de la falta de pruebas corroboradas. Y que no nos damos cuenta mientras ellos ya están en España. Y que te vas al carajo si no tienes vara porque aquí parece que te encierran al azar aun con una buena defensa. En el Perú no importa que seas inocente, importa que tengas plata.
Visité la tumba de mi parejita un miércoles lluvioso de esos en los que las almas condenadas no salen a penar.
Al salir del cementerio, sentí nausea y asco por varias cosas. Por mí, por no haber abierto esa carta antes y por no haber conversado con él cuando aún podía. Por su proceso, su juez y su sentencia. Pero sobre todo, por esa pútrida razón por la que muchas personas tienen que rogar de rodillas, casi humillándose, ante esa ciega hija de puta comprada a la que llaman justicia.
– Rodrigo Ampuero Oróz y Pedro Javier Sedano
Soy infumable, estoy roto, soy desechable.
Perdí mi filtro, ese que te hace sentir todo más suave, ese que te protege de ciertos males.
Quisiera consumirme, exhalar estos negros sentimientos, que se formen nubes negras a mi alrededor, pronósticando dolor.
No hay llama que me prenda, ya no siento ese calor, no hay quien me fume, no hay quien me use, tampoco que me quiera.
Soy infumable, estoy roto, soy desechable.
Yo recuerdo la inocencia que sustentaba mi sonrisa, luego de imaginariamente alcanzar mis sueños. Llegaba a casa y podía tirarme a descansar sin problemas en la cama, sabiendo que tres exámenes me esperaban al día siguiente y que dos tareas estaban incompletas. Desarrollé el hábito de tener algún ruido de fondo para llenar la atmósfera de mi habitación, algún programa de televisión que había visto como 4 veces acompañaba a mi mente en sus tareas cotidianas, ya sea hacer algún trabajo o en simplemente prepararse para dormir.
Recuerdo una tarde de julio, tener veintipocos años y acostarme a recordar los besos juveniles llenos de pasión que solía recibir de algún par de labios sensuales cuyo aliento era una mezcla de ron con mis cigarros baratos y de pronto cortar todo metraje mental para plantearme un futuro lleno de éxito, y sobretodo, de felicidad. Esos sueños eran tan bellos y llenos de inocencia, y a la vez tan frágiles que ahora que lo pienso eran igual que las alas de una mariposa, tan libre y capaz, cortando el viento con la aerodinámica tan elegante que solo un insecto tan bello puede permitirse, de flor en flor o de chica en chica. Tal como cualquier tipo de vuelo, terminó.
Hoy mis sueños quedaron como las alas de una mariposa aplastada por un periódico arrugado, como pisoteados por cualquier peatón que circula con apuro, como la vida misma. Ahora es basura que nadie se molestará en recoger.
Pensábamos que el mundo era blanco y negro. Ese era el tácito acuerdo que nos inculcaron desde niños. El mundo no era blanco y negro, existe una gran gama de colores de los que nunca me había enterado. Rojos, violetas y celestes por calle, proclamando el amor en un bello festival de música y algarabía. Morados, azules y verdes corriendo por las calles, tan libres y felices que puso de mal humor a los blancos y negros. Blancos y negros proclamaban que la libertad era el eje de sus vidas, pero veían un violeta para empezar a juzgarlo. Los llamaron cobardes, y les crearon estereotipos y prejuicios. Los encarcelaros y mutilaron, los adormecieron y anestesiaron, mas nunca pudieron despintarlos. Ellos siguieron iluminando la vida tuya y la vida mía. Resulta ser que son amigos, hijos y hermanos. Resulta ser que son madres, artistas y doctoras. Resulta ser, al final de cuentas, que son los colores los que dan vida a tu pobre existencia bicolor.
Los han estigmatizado, pero ellos han decidido hacer un carnaval de música y bailes, entonces les dijeron bulliciosos y escandalosos. Los han golpeado hasta la muerte, y ellos han salido a gritar por sus vidas, entonces los quemaron y quisieron convertirlos en cenizas. Los abandonaron quienes se suponía debían amarlos, y ellos se juntaron para ser el arcoiris en la devastación.
Al final, llegará el día en que el color será tan normal y podremos abrazarnos. Gracias.
Si, soy aquello que golpea tu ventana,
raudo e impaciente, veloz y ruidoso.
Soy aquello que tiene forma del simple toque con tu ser,
aquello que te acaricia cuando quieres libertad.
Entro a veces entre tus cabellos de obsidiana,
los sacudo entre su aroma cubierto de deseos, de su olor inherente.
Toco con frecuencia tu rostro cada vez que abres tu ventana,
te acaricio con fuerza, como si el mundo se fuera a acabar,
siento así que soy tuyo y que tu me perteneces.
Siempre llego a mi parte favorita,
ahí cuando rozo tus labios,
los toco llenos de ese aroma carmesí,
me ahogo ahí hasta sentir tus besos.
Toco tu piel hasta cansarme,
te acaricio plena y completa cuando me das la libertad sobre ti.
Y siempre me das la espalda cada que cierras tu ventana,
allí donde no puedo llegar,
donde mi frialdad no te puede alcanzar,
no te puede tener.
El deseo me retuerce a su merced,
silbo fuerte si acaso me puedes escuchar,
sueño completo inacabado,
el sueño de tocarte hasta el amanecer.
Golpeó más fuerte, cuando la oscuridad se desenvuelve,
cuando duermes sin saber que existo.
Allí donde en tu lecho quiero estar,
allí donde jamás me dejas entrar.
Si, soy el viento, que te anhela desde siempre.
La noche está hermosa.
Desde una banca de la Plaza Mayor
puedo ver tus calles
y tus casas
junto a los faroles naranjas,
el puchito infaltable
y el friecito
me hacen quererte,
no sé,
quizá porque me has visto crecer. Me es inevitable reafirmar lo que son cada uno de los rinconcitos por donde te estuve, y tu gente, qué bonita tu gente. Dos nombres llevo grabados, la Doña Rosita y la Sra. Blanquita, con el permiso de los que –como yo- nos escapamos para nuestros picantes. Sinceramente te respeto, porque así me enseñaron mi madre y mi abuela, a querer tu pachamama, siempre, para todo en la vida. Bajo ese tu cielo cambiante tuve nostalgias y muchas alegrías, son testigos mi familia, el colegio, los amigos, y el Cienciano del Cusco. Siento temor –a veces- cuando al mirar tus imponentes piedras reparo en que son sagradas, como la vez en Machupicchu a las orillas del Urubamba, solo y de noche. Tenía toda la razón el Cholo Nieto, Qosqo willkaskan sutiyki (Cusco es tu nombre sagrado).
I
Y qué más, Pachamama
si ya no hay sangre pura
si se han llevado el oro y la creencia
y me arde la piedra labrada
bajo el sol que llora
por sus hijos.
II
Qué más que puma,
llaqta y wasi
si seguimos aquí
siendo incas
siendo dioses.
III
Qué más
si la hoja de coca nunca muere
en ofrenda
en la cocha
en la chuspa
en la boca
y nos cura
cada noche.
IV
Qué más que un caminito
del qhapaq ñan
que llega a casa
y me guarda los pies cansados
con mi madre.
V
Qué más
si no quedan lágrimas para sollozar
sobre un Machu Picchu
de cartulina.
VI
Qué más
si perdemos el sentido
del apu
del ancestro
del campesino
del ande.
VII
Y qué más, Pachamama
si nos haces falta
y solo tenemos
este manto de estrellas
brillando sobre nuestros chullos
al infinito.
Ciudad inca
Única en el universo
Solo tú tienes esta magia
Capaz de cautivar a cualquiera
Opulenta en historia como ninguna
Inmortal ciudadela
Nunca me cansaré de verte
Motivas mis más locos sueños
Omnisciente de ellos
Reanimas mi corazón moribundo
Tentándolo con promesas de grandeza
Algo parecida a la tuya
Legendaria ciudad de los incas
24/06/2020
Antes de escribir esta página del blog, pensaba hacer un poema (como los que acostumbro hacer) o de lo contrario un texto de opinión (como el que hice el año pasado); sin embargo, este año quise hacer algo distinto, pues como ya sabrán todas las celebraciones por este mes tan especial y festivo quedaron canceladas, debido al ataque del bicho que hasta hoy sigue sacando canas verdes a todo el mundo; razón por la cual decidí dedicarle una página de esta bitácora.
Bueno, para comenzar, no sé si vieron ese meme que citando varios aspectos del pasado, tenía una enmienda que decía: “Cuando éramos felices y no lo sabíamos”; pues bien, eso está pasando conmigo hoy y seguramente con muchos de ustedes, pues este mes era para celebrarlo e ir a las diversas reuniones costumbristas de nuestra tierra. Y aclaro con ello, que no soy un nostálgico encaprichado con recordar el pasado y vivir de él, sin embargo, no nos queda otra al estar aún en cuarentena (que dicho sea de paso , ya está tornándose aburrida) hasta finales de mes.
Vale, esto pasó a raíz de la publicación a principio de este mes, donde se exponía en un video las actividades por las fiestas del Cusco, que esta vez, serían de manera virtual (como se esperaba), donde me puse a reflexionar que toda esta cultura, costumbres y fiesta no habría este año. Y dicho y hecho, con la llegada de Corpus Christi, comencé a extrañar la subida de los santos con dirección a la catedral, rodeados de sus respectivas comparsas de bailarines, orquestas que daban colorido a la ciudad y esa sensación de que con esta fecha comienza oficialmente el mes Jubilar del Cusco. A lo largo de este mes, por otra parte y continuando con los festejos, es inevitable pensar que este año no habrá el ya clásico desfile de universidades y colegios; así como el saludo al Cusco por parte de las instituciones públicas y privadas, que era genial verlo por la señal de las televisoras locales. Otros eventos que no habrán este año, será los conciertos, que eran el deleite de los jóvenes y público en general, aparte el momento de distracción escuchando buena música; esto claro, fuera de los excesos a los que suele llegar la gente en su euforia, que daba siempre una mala imagen de estos eventos. Pero quizá, este año no habrá Inti Raymi, que a leguas es el evento que se roba las luces y por ende el más importante; donde el inca propicia la celebración de la fiesta del sol y conglomeraba la atención de la población local; así como también de turistas nacionales e internacionales.
Con todo lo dicho, esta pausa obligada siempre te pone a pensar de la importancia de nuestros orígenes, tradiciones y la importancia de la cultura viva que la percibimos día a día, que quizá por el ajetreo de las actividades cotidianas queda en ocasiones en un segundo plano; por lo cual creo es importante revalorarla y cultivarla en toda la amplitud de su riqueza (hablo de danza, música, poesía, entre otras) para que continúe viva por siempre. Ahora solo queda vivir las fiestas dese casa, pero estoy seguro que al siguiente año, volveremos a celebrar con todo el ánimo y cariño a nuestra tierra; claro, siempre manteniendo la corrección y cordura (te hablo a ti, cochinote que orinas en la plaza, durante la noche de luces y sonido) que nuestra tierra se merece.
Con esta última reflexión me despido, no sin antes recordarles que deben cuidarse del bicho que aún pulula por ahí (ahora que en unos días se reanudan las actividades en la ciudad) y que hayan pasado unas felices fiestas del Cusco. Les escribió el Agente D, hasta otro capítulo del blog. ¡¡¡¡Haylli Qosqo!!!!
Verde y verdes
en un cielo totalmente despejado
uno se quema en el sol
y uno se congela en la sombra.
Verde y verdes cristalinos
sobre los cerros de los niños
verde amarillo como alfombra de amantes
y verde luminoso para las familias que hoy no lloran.
Verde y verdes
sobre rectas canteras
sobre históricas figuras
sobre la humanidad.
Verde bajo nubes grises
hoy he decidido
mi corazón es verde gris como la lluvia que se avecina
como esta tierra. Gracias Cusco.
Cusco el inmortal, tus calles bellísimas que adornan tan hermosa ciudad, tantas veces que me perdí mirando el cielo desde San Blas, recuerdos que de mi memoria no se borrarán, historias aquí e historias allá, guardando experiencias en ti, mi querida ciudad.
Siendo escenario de majestuosidad, de incontables ceremonias mágicas cual célebre tradición, sean incontables los asistentes a la procesión.
Sepamos admirar tal don, de ser risueña en su corazón, y que la ovación que intenta ser, este simple verso, que lleva un toqué de timidez y admiración, sea suficiente para saludarla hoy.
Aquí se forja el sol
y nacemos todos.
La leyenda de nuestra carne
se refleja sobre tu tierra
y nos conecta
con tu centro inagotable,
en tus calles nuestros ojos,
en tus chacras nuestras manos,
tu bandera son los apus infinitos,
Salkantay!
la espada de nieve,
en tus piedras la memoria de tu gente,
Pachacuteq y Cahuide,
la añoranza de tu tiempo,
Tawantinsuyo y Qhapac Ñan,
las raíces de la resistencia.
Sobre ti los Túpac Amaru
y la grandeza de tus sueños,
tus llaqtas inmortales,
Machupicchu
y la cima del Ande.
Qosqo tu nombre.
Invencible tu voz.
¡¡Oh!! Cusco querido, majestuoso e imponente,
en tus piedras están gravadas aquellas grandezas de tu pasado,
y el Qoricancha como testigo,
realza la grandeza de aquel imperio añorado.
¡¡Oh!! Cusco querido, esplendoroso y creciente,
en tus muros las piedras esculpen tu nombre,
y el Machupicchu que es tu prestigio,
da testimonio de tales encantos.
¡¡Oh!! Cusco querido, eterna y opulente,
verbo supremo de la historia y cultura,
el Sacsayhuaman glorioso como vestigio,
es la huella de tus antiguos vasallos.
¡¡Oh!! Cusco querido, en este día te festejamos,
ciudad de los incas y visitantes estupefactos,
papa y maíz, al mundo salvaron,
eres ciudad imperial, el ombligo del mundo.
Sacra ciudad pétrea
que se erige
para construir el tiempo,
suelo de mil tierras
impermeables al olvido,
la rutina del hombre
bajo el pálido sol de invierno,
imperio de milenios
doblegado por los siglos.
Aquí, la sangre es oro y viceversa.
Los muros conversan silentes
y las montañas forjan amaneceres dormidos.
Los rostros son dibujos ancestrales
y por las calles corre el pulso de los muertos.
El cielo llora amargo,
cuida a sus hijos.
En tu pecho, la raíz nos cruza el corazón,
las garras sísmicas reposan felinas
y tu lomo fluye hasta el hastío de los huesos.
Dulce savia de sincrético eucalipto,
mis llantos se han quebrado en tus quebradas
y los chihuacos vuelven a las pléyades
como un paisano retorna a su nido.
La luna te viste de gala
y nuestro árbol florecerá orgulloso
a vuestra estirpe,
y tu himno te cantará por siempre
hasta el desgarro,
y mi cuerpo se fundirá en tu vida
inmortal.
¡KAUSACHUN QOSQO!
El solo pronunciar la palabra mágica “Cusco” es sinónimo de alegría y júbilo de recuerdos invaluables de mi loca y aún no esfumada juventud. Rememorar su tradición y su cultura es una fiesta y por que no llamarlo hasta un cargo patronal en el hipocampo del cerebro. Cada lugar hermoso y seductor a los sentidos de esta tierra linda, alberga reminiscencias que serán imposibles de desvanecer.
Memorias como las salidas nocturnas de bohemia en el Mirador de San Blas, o en la plaza del templo de San Cristóbal, donde atravesabas copas y cigarrillos con grupos juveniles, desde muchachos con los ojos rojos y perdidos en el inmenso cielo gélido, hasta las niñas pitucas sometidas por el elixir del Inkaria, cantando huaynos de Condemayta a viva voz por amores no correspondidos.
Pero Cusco y su magnífica cultura no solamente se extiende a su capital, sino a sus bastas provincias reticuladas de encantadores y originales costumbres. Así asoma a mi mente, las noches acomayinas, donde los muchachos rodeados de amistad, amores y aguardiente, salían de madrugada por las calles para contagiar su algarabía juvenil con su tradicional “pichuichada”, donde entonaban estribillos pícaros para entretener a los espectadores e invitar tentadoramente a escaparse a los hombres casados, para reunirse y compartir bebidas espirituosas al final de la noche fría en el templo de Santa Bárbara y culminar su ronda dividiéndose en dos bandos de mujeres y varones para mojarse en la pileta de la plaza principal a razón de los carnavales, luego tener un merecido descanso y retornar en la puesta de sol para finalizar la jornada juntándose en parejas de ambos géneros y derribar el típico árbol emperifollado de serpentinas y regalos coloridos.
De igual modo, como suprimir de la mente, las fiestas de la tierra bravía de Chumbivilcas, siendo específico en el distrito de Colquemarca, donde pasamos tres días y tres noches de incomparable jarana, comiendo y bebiendo al son de bandas tradicionales con pitos y wakawaqras, los cuales anunciaban la fiesta taurina a realizar por la Virgen madre del lugar, tengo que indicar que en las corridas de toros costumbristas del lugar no matan al toro, ni le hacen daño con objeto alguno, más al contrario, quienes deben derramar sangre son los toreros aficionados que entran con sus ponchos rojos y guindas envalentonados por el licor a enfrentarse con las astas filosas del animal, lo cual seria augurio de lluvia y de cosecha fructífera para el pueblo de fiesta. Y es que ver de cerca a la muerte, hace que vivas exponencialmente el presente, por suerte el licor no me arrojó a las fauces feroces de esas imponentes bestias, pero sí pudo rendirme ante los ojos renegridos de una hermosa chumbivilcana, a quien a voz en cuello y con guitarra en brazos trate de impresionar toda una noche, terminando a golpes con otro aguerrido pretendiente, que al parecer estaría tentando suerte mucho antes que yo. Tuve que despedirme de esa hermosa tierra con el ojo morado y jalado de las orejas por mi padre, pero jurando regresar a desafiar al toro más bravo y más temido, para impresionar a la chica hermosa de ojos de capulí.
Y por supuesto, como no rememorar las tierras preciosas de Quillabamba, donde muchos curamos las heridas del mal de amor, en los brazos de una bella y exuberante morena, para luego embarcarnos en viajes a las profundidades de su selva, en busca de aventura y misticismo. Recorrer sus magnificas cataratas mientras maldices el calor infernal por la imperdonable resaca, pero absolutamente nada puede opacar las maravillas que nos ofrece a la simple vista. Emborracharse en la plaza central en polo y bermuda cantando “que lindo es Maranura, que lindo es su amanecer”, endulzando los ojos, con las piernas de bellas musas que espectan ansiosas la hora de ir a bailar.
Son muchas historias y anécdotas impregnadas e indelebles en el corazón, las cuales empiezan con “una vez en Cusco”, que emocionan mis sentidos de una manera vesánica, porque en una sola aventura, puedo sentir el frío ósculo de la noche de Espinar, o el acurrucador calor de Quillabamba, el sabor incomparable de la chicha de jora de Paruro, o la refrescante cerveza artesanal de Urubamba, la calidez del abrazo del amigo de Anta, o los besos ardientes de una Paucartambina.
Y es así que me enamoro de Cusco, de sus maravillas arquitectónicas, de sus parajes, de sus costumbres, de sus fiestas, de su comida, de sus mujeres. Y es que en cada una de ellas guardo en lo más profundo de mí, un recuerdo, una cicatriz, una foto, un beso, un orgasmo.
De tiempos en que la mente desea olvidar, de las sendas del pasado turbulento.
Camino lejos del sol, de una tierra natal donde sólo se oía llorar; las lágrimas fueron compañeras en fríos sordos.
Ya no importa de donde partí, ya no era lugar para mí.
Lejos del horizonte gris, que me hablaba tras de mí.
De un largo camino sin mirar atrás, caminando rápido para poder perderme.
Intenté fingir calma, para no olvidar los pedazos de corazón que desaparecían en el suelo entre mis huellas.
Y el destino me trajo hasta aquí, tierra del sol antiguo, tierra de los pasados montañosos llenos de libertad.
De las constelaciones autóctonas, de sangre ardiente nativa, de nubes blancas, de cielos azules y grises.
Tierra querida a la cual llamar hogar, en que se envolvió mi ser entero de esperanza.
Sintiendo que los fantasmas de nuestro pasado se fueron para no regresar.
Me darás a la mujer amada que llene su corazón de mí. Me darás calor en nuevos brazos que de niño soñé. Me darás amor y abrigo que nunca conocí. Me darás nuevos besos y todo aquello que añoré. Me darás paz de los viejos olvidos a orillas de tus ríos sagrados.
La inspiración me trajo hasta aquí y por amor yo espero aquí. ¡Sí! ya estoy por fin en casa.
En la tarde volveremos,
tardecito.
A quitar las hojitas del patio,
buscando a nuestro perrito
nuestra gatita.
Anochecerá
temprano,
y tomaremos cafecito,
como todos los días,
aplacando el frío
escuchando la lluvia.
Volveremos a estar cerca,
juntitos,
con la radio prendida
y el agua hirviendo.
Tardecito volveremos
tardecito volviendo.
Lo sagrado de la virginidad
profanado en una noche con el amante,
desafiando la pureza del cuerpo
con manchas de semen en el pecho.
Lo sagrado de la masculinidad
desafiado por tus ardientes deseos
de otro hombre detrás tuyo
cumpliendo el rol que te dijeron que era tuyo.
Lo sagrado de la patria
se queda como una mierda
cuando aprendiste historia
y tu bandera es una tela.
Lo sagrado de la vida
se desvanece cuando pudiste tomar una decisión
sobre tu cuerpo
y tu propio destino.
Lo sagrado se vuelve normal,
y tu vida está automatizada
eres un ave que cree ser libre
encerrado en barrotes de prejuicios.
Ojala podamos profanar lo sagrado
y caminar agarrados de la mano.
Un estudiante estresado sale de la universidad a las 9pm. El hambre está ausente debido a la ansiedad de los últimos exámenes y la vida sentimental propia de un jóven de 20 años. Las lecturas se acumularon para la evaluación de mañana a primera hora y la chica con quien coquetea acaba de enviar un mensaje aceptando la invitación a salir este fin de semana.
El estudiante camina por Av. de la Cultura a las 9:05 p. m. y pasa cerca de un puesto de anticuchos, el humo blanco entra sin permiso a sus fosas nasales para activar un reprimido deseo. Un cigarrito no estaría mal. Compra un Hamilton, lo prende y chupa el filtro como un fumador novato. Esa combinación letal entra en forma de gas por su boca y es retenida en alguna parte del sistema respiratorio para salir por la nariz. Fue la mejor exhalación de todo el día. Como lleva los audífonos puestos, ignora los ruidos de la ciudad a esta hora.
El estudiante no termina el cigarro porque empieza a sentir náuseas, hecha la dulce muerte de cabeza ploma a un charco de agua, el papel absorbe esa sucia agua para empezar a convertirse en verdadera basura. Una leve sonrisa se dibuja en su rostro. Su vida académica se podrá estar desmoronando semestre tras semestre, pero mientras ella siga respondiendo a sus coqueteos, él estará feliz.
Un trabajador camina por Av. de la Cultura a las 9:05 p.m. Mira con el camino que recorría hace 10 años cuando era un estudiante y podía fumar por la calle sin preocuparse por las normas que debe seguir ahora. Un trabajador usa mascarilla y mantiene un metro y medio de distancia de otros transeúntes. Un trabajador mira con anhelo una cajetilla de cigarros en una vitrina de una tienda nueva, exhala de ansias y nostalgia. Le quitaron la libertad de fumar en la calle un cigarro cualquiera por la noche, le quitaron los mensajes de ella por la noche.
– Quiero contarte algo.
-¿Qué?
-No soy feliz.
-Eres solo un quejón, lo que pasa es que eres un engreído. Eso de la depresión es un cuento que …
Y así pasó que con 3 palabras pude detonar un sermón que duró como 3 o 4 minutos, pero en mi cabeza se hicieron como horas. Escucharte decir que yo me quejo con la intención de molestar, o que es producto de mi engreimiento no es algo que me sorprenda, lo esperaba.
Esperaba que fueses tan incomprensivo, que menosprecies mis sentimientos y te concentres callar todo lo que siento. Aplastaste todo tipo de grito que podía emitir y lo convertiste en sumisión, me quedo atado de pies y manos en tu vida e incapaz de tirar la puerta con rabia. Controlaste todo aspecto de mi vida y diseñas como será cada día mio. Así me quedaré desde ahora, como 50 kg de carne dispuesto a lo que ordenes hacer.
Controlas hasta lo que me pueda molestar, porque de otro modo tú te molestarás más. Controlas desde que me gusta comer hasta que debo comer. Y si alguna vez tengo un sentimiento que no sea de tu agrado debo pedir perdón. Lo siento, hoy no puedes controlar las letras que fluyen en mis escritos, hoy no puedes controlar lo que debo soñar o mis opiniones respecto al amor que me das. Hoy he tomado un café y puedo escribir diez minutos más.
No soy feliz, y no te estoy pidiendo que me ayudes a serlo. Solo quería que lo sepas y con un «ok» me bastaba. Pero no me preocupo más. Aprendí que puedo seguir así otra noche más, mientras termino de ocultar las lágrimas que nunca mas verás.
Amiga lágrima, puedes venir hoy por la noche pero entra de puntillas que te espero en el baño para un encuentro de unos cuantos minutos. Si haces ruido, puedes quedarte que ya hoy nada me importa.
Acabo de despertar por que tengo un contrato que me obliga a sentarme frente a una computadora hasta las 4pm. Tomaré una ducha pues la apariencia es lo primero que evaluarán. Sonreiré hasta la hora del almuerzo y luego me dedicaré a trabajar en un cubículo en tareas ridículas que serán automatizadas en 3 años. He bostezado a un ritmo de 3 veces por hora y realmente solo quiero una cosa, dormir en mi cama.
Y es que no estoy narrando la situación de un asalariado frustado por no poder dedicarse a una actividad que realmente disfrute, te estoy contando sobre el único consuelo que tengo de la pesadez de la rutina y la vida. Llego a casa muerto de hambre, realmente he evitado comprar una hamburguesa porque no quería hacer cola y conversar con el cocinero, he rechazado la invitación a una cena en casa de un amigo por quedarme hoy en casa, he acelerado el paso para abrir la puerta de mi habitación y sentir el aire cálido acumulado del día. Aquí puedo tirarme de cara en el colchón y dormir. ¿Para qué? Es el único consuelo del tedio de la vida, es el único consuelo de la nostalgia que me invade, es la pausa de los pendientes en el trabajo, es el silencio de los mensajes no contestados y es una gota de muerte con sabor a comodidad.
Dormiré y no comeré, me quedaré feliz sin más mensajes, sin más llamadas y sin preocupaciones. Dormiré y olvidaré que es tu cumpleaños, que debo felicitarte, que me contaste que estás triste y que necesitas compañía. Dormiré y olvidaré por unas horas que me sangra el alma y que nada va a repararla.
Te pasaste las noches sufriendo en silencio, recostado en posición fetal, dando la espalda a la pared para quedarte viendo la televisión hasta que el sueño caiga sobre tus párpados hinchados del llanto que te refrescó el alma por unos minutos, pero eso no te hace un héroe.
Estuviste evadiendo salir con tus colegas y escapando de cualquier reunión con excusas que eran obviamente un llamado de auxilio pasivo, te fuiste corriendo a encerrarte en tu habitación para que el silencio te haga un nuevo nudo en la garganta que retuviste hasta la noche. Sabes que quieres compañía y conversar, pero no eres capaz de quedarte 5 minutos compartiendo con quienes pasas tu día. Tu consuelo es poner ruido de fondo para callar tu soledad.
Te preguntan si te sientes bien o no, y siempre contestas que todo marcha bien. Eres un inútil incapaz de expresar adecuadamente tus sentimientos a quienes tanto te aman y tu sufrimiento pudre cada día tu alma, te justificas a ti mismo diciendo que no quieres preocupar a nadie. Y lograste lo contrario, no pudiste prever todos los detalles. Aquí estás, mi mejor amigo y mi hermano del alma, colgando de tu única corbata, de la viga que tu habitación alquilada. Pues vete bien lejos que toda la carga me la dejaste escrita en una puta carta.
El cielo estaba nublado durante aquella lejana tarde de abril. Las nubes eran grises, pero con suavidad, como si sobre nuestras vidas hubiera un gigantesco lienzo pintado por alguien sin imaginación. Un viento gélido recorría la ciudad, encargándose de congelar narices y chalinas.
Ella había sacado a pasear su belleza. Caminaba sin preocupaciones y distraída. Tenía la mirada perdida y la mente lejana a tal punto que ni el adivino más astuto hubiera podido imaginar en que estaba pensando. Sus pies marcaban el ritmo de una canción que, hasta el día de hoy, la tengo en la punta de la lengua. Andaba simple, sin prisa.
Llevaba una casaca de cuero, un polo morado y uno de esos aretes de los que cuelga una pluma. Su cabello era largo, ondulado, hacia atrás y totalmente hipnótico. Sus ojos… sus ojos eran como dos tazones de madera llenos de agua, hielo y azúcar en polvo. Era un encanto, un deleite a la vista de cualquier perfeccionista. Su aroma era increíble, o mejor dicho, inolvidable. Una mezcla de rosas y las páginas de un libro nuevo era la combinación fatal para encantar a cualquiera que la hubiera visto por primera vez en su vida.
Entonces ocurrió, la vi por primera vez en mi vida.
Allí mismo, pasó por mi lado y yo quedé atrapado por el aura que ella emanaba. Automáticamente perdí el rumbo. Mis luces direccionales comenzaron a fallar y mi camino quedó sin destino. Aunque fue una cuestión de segundos, quedé sumergido en su belleza. La reconocí de algún lado, Facebook tal vez. Carajo. Rápidamente di media vuelta para cerciorarme de que era ella y de que ella era real. Vaya que lo era. Lo comprobé tiempo después, cuando comprendí su magia.
Para ella, aquel fue un día de ese montón que se eliminan de la memoria y no vuelven más. Para mí, fue todo lo contrario, como un tesoro que se exhibirá por siempre en la galería «Recuerdos preciosos» del museo de mi mente.
Hasta ahora no estoy seguro de cómo funciona esa ecuación de verla pasar, pero sé que siempre tendrá el mismo resultado.
He tratado de escapar desde que tuve mi primera cicatriz de amor, y en ese intento incesante de evasión, me he refugiado en placeres no tan inocuos, pero tampoco no tan nocivos. El alcohol en muchas de sus presentaciones se ha convertido en un valioso aliado, en un escudo y en una espada para derrotar a un enemigo infatigable que es el amor, porque cada vez que veo unos ojos de color caramelo tornasolado, mi corazón retoza con cierto frenesí y es el licor el único gestor que refresca y desempolva de mi memoria mustia, las mentiras que evocan de esas miradas sentimentales.
También he rechazado en mi ebriedad labios enamorados y salobres por las lagrimas de la tristeza, labios que exhalaban promesas de amor eterno en su intento de súplica por mi efímera permanencia. Labios que en mi retentiva embriaguez rememoran malaventuranzas y que terminan en patéticos sollozos. Y es que en el dulce tormento de la beodez me convierto en un nigromante, en un sagaz e infalible agorero que revela los más oscuros episodios del destino, en un vidente que reconoce la fetidez de la mentira y el embuste.
Sin embargo, este eficaz y preciado socio, va mermando mis básicos y primarios sentidos y claramente va diezmando las oportunidades de encontrar un amor puro y sincero, un amor poético e idílico como salido de las páginas de Benedetti y no las de Bukowski, una que guarde en su retina la inocencia y desentienda de maldad y crueldad, una que obedezca ciegamente a los principios esenciales de lo fundamental de la lealtad y el respeto.
He llegado a odiar y maldecir a este fiel partidario de mi antagonismo, que entre llanto y lamento he renunciado a él por completo, decidido en cuerpo y en espíritu a descubrir valientemente un cariño nuevo, he puesto mi amor y mi confianza a la disposición de unos ojos renegridos y profundos, a unos labios tan tersos y suaves como las de la misma Afrodita, a unos pechos tan sensuales y eróticos que deseas morir en ellos. Tal fue mi devoción por idolatrarla que entregue hasta incluso las cicatrices del amor, entregue al olvido las desventuras e infortunios y me entregue por completo a ella.
Pero el tiempo le daría justicia a mi desdeñado colega de desamores, porque nuevamente volví a caer en mentiras y patrañas, otra vez me veo azotado por la brutalidad del engaño de los labios que juraron amor incondicional y una vez mas me asedia la mirada llorosa con suplica de perdón y reconciliación.
Hoy vuelvo a ti amigo incondicional, a acorazarme de trago en trago y de copa en copa. Ha grabar con sangre en mi indeleble memoria las antiguas y nuevas cicatrices de estas batallas perdidas, y hoy te recibo con los brazos abiertos y una sed sin precedentes para cerrar mis ojos, mis labios y mi corazón de aquellas que osen importunar nuestra sólida amistad. Hoy vuelvo a ti querido camarada con el corazón y las alas rotas. Hoy vuelvo a ti con un hola y al parecer sin un adiós.
-¿Cómo estás?
-Bien.
Esas cuatro letras de respuesta representan una gran mentira. No me culpes por mentirte y es que no quiero preocuparte, no quiero incomodarte. Yo no estoy bien hace mucho tiempo. Yo confio en ti y aprecio cada una de tus palabras, pero las cosas han cambiado bastante. Sé que ya no hablamos como antes, como aquellas tardes que abarcaban conversaciones desde los problemas adolescentes con las citas con chicas, hasta una posible conspiración en el gobierno. ¡Vaya! si que nunca faltaban los temas, y que hermoso el silencio mientras el humo de los cigarros nos rodeaba. Extraño eso, lo añoro, pero acepto que no volverá como antes. La vida ha cambiado.
Bien. Esas cuatro letras, el escudo de mis sentimientos. Yo oculto lo que siento, me limito a contar mis problemas y no me muestro preocupado. Ya no nos vemos, no nos veremos en un buen tiempo y es por eso que cada mensaje es valioso para mí. Cada mensaje debe estar cargado de las risas adolescentes del pasado, cada mensaje que te envio debe ser tan picante como sólo los jóvenes lo hacen, cada mensaje debe hacerme olvidar lo que me pasa, cada mensaje es una anestesia del dolor que me da la vida.
Perdóname amigo mío, sabes que te amo y que me quedan muchos besos en la frente para darte. Pero la vida ha cambiado, y ya no será lo mismo. He cambiado y he perdido todos los secretos que quería contarte, he perdido la alegría de ser quier soñaba por el flujo de seguir viviendo. He muerto tan joven, que he olvidado que es tener un amigo.
Escogiste las flores del otoño, de la luz azul oscura por la madrugada.
Encontramos frágiles los campos, aún verdes en el ocre de nuestra soledad.
Cerca de los sauces que lloran con el viento, decaen sus ramas vacías de hojas como el de aquellas ilusiones.
El río gris nos habla, liviano, sin carga e insatisfecho.
Nos cansamos de seguir mirando las nubes negras, esperando aquellas gotas de ternura.
Nos convertimos en la hierba sacudida por el viento y bailamos en tormentas de nostalgia.
Nos cansamos de esperar las estrellas nocturnas rebosantes de esperanza.
Pero llegamos hasta el ocaso de los días venideros, llegamos acompañados de auroras en recuerdos, nos hicimos como robles y florecimos como rosas en los pedernales.
Mi verdad, voy con mi verdad,
con el verdadero sentir de mi ser, el verdadero sentir de mi alma.
La verdad es que te quiero, que por ti me muero,
babeo, te juro me desplomo cuando te veo.
La verdad es que siento cosas desde aquel momento,
desde que tu mirada se cruzó con la mía , desde que empezaste a ser parte de mis versos.
La verdad es que también te escribí canciones, esperando tu regreso,
esperando que me hagas caso, esperando por ese momento.
Esa verdad incómoda, esa verdad tuya y mía,
esa verdad que no encuentra salida.
Esa verdad que yo conservo, es la verdad que te quiero,
esa verdad, mi verdad.
El frío retumba los cristales,
los quiebra hiriente,
fuerte,
insensible,
volvemos la mirada desde afuera,
volvemos al tedioso encanto de seguir,
al horrible estado de inacción,
a la inerte forma de ebullirse.
El frío empaña los cristales
y los desgasta,
es incapaz de ser piadoso,
afuera todo es tan distinto,
la sed del polvo con la piedra,
la unión del llanto con la tierra,
la palma de la gente y el color,
la manera inédita de sustraerse,
el pelo y su batalla con el viento,
las cabezas suspendidas
y gargantas silenciadas,
las estatuas bien vestidas,
las personas sepultadas;
distintos,
todos,
ya no queda más.
El más ínfimo, superfluo y cándido sabor,
la palabra del ciego y el tacto del mudo,
no son suficientes ante tal carnalidad,
pues la sexualidad,
no es más que ese placer intimo,
vendido y publicitado,
encarnado y comido.
Es aquel negocio sucio de los batracios,
escondidos en las cavernas,
y los ruiseñores que no cantan,
atormentados con tal delirio y su encanto.
Las musas y los tríos,
que invocan la malicia,
pues el más sincero corazón,
estúpido en su caricia.
No hay mañanas ni mentiras,
simplemente es un juego y la avaricia.
Estoy frente a la pasarela, es tu cabellera la que te hace lucir cual doncella, te ves tan bella, reencarnación de Cinderella.
Y no sé si será el café cargado, la música tan alta, ese ritmo tan sugestivo, o tu mirada que desata, pasión, incendios y unas llamaradas que atacan mi entrepierna, consumen mi cordura, y esa sonrísa tan encantadora que merece todos los reconocimientos que haya.
Caigo en la cuenta de tu vestuario,
desvío inconscientemente la mirada hacia tus zapatos, unos tacos, nace una lluvia de ideas, fetiches se crean, seguidamente subo en dirección norte, encuentro tus pupilas, esa mirada penetrantemente tierna, no cabe duda eres la reencarnación de Cinderella.
Entonces notas mi mirada aduladora, y se esparce tu sonrisa cautivadora, tus finos labios se roban mi atención, notó la forma de corazón, sonrío, eres tan tierna incluso sin darte cuenta.
Me quedo unos minutos observando, imaginando, lo que conocemos como felación, el placer que sentiría, la excitación, cuanto ego se me sumaria.
Seguidamente observó el delicado escote que esconde a la perfección tus atributos, como eleva lo cotidiano al nivel de extraordinario, y aunque por extraño que sueñe se me vienen pensamientos de sicario, vestirte de reina, darte mi esencia, tu locura es mi ciencia.
Finalmente llegó a tu pantalón, los celos se disparan, sin razón siento celos, rozarte así sería mi sueño, analizo tu manera de caminar, te vuelves consciente de mi presencia, desaceleras, quien sabe si te mojas con mi elocuencia.
Giras, inesperadamente, y en mi mente se plasma una foto, de aquel trasero perfectamente redondo, despertarás al titán, sin remedio, no hay más, tengo ganas de hacerte mía, que locura la intención de fundirme en ti, el deseo me consume, quiero más, más de ti, de ese cuerpo tan perfecto.
-Sajo
Sigue leyendoEstoy en un punto de no retorno
Un punto donde debo revisar todo
Cada paso
Cada meta
Cada sueño
Cada amor
He llegado a este punto
Después de mucho batallar
De constantemente luchar
Contra el mundo entero
Y lo peor, contra mí mismo
Porque yo he sido mi principal enemigo
Yo he creado a los demonios
Esos que en las noches me torturan
A las voces que me atormentan
He vivido una vida larga
Una vida compleja
Y bien vivida
He llorado
He sonreído
He sufrido
He reído
Por eso no me quejo
Ha sido una vida larga y compleja, pero ha sido mi vida
Y agradezco a los dioses
Por ella
Porque me han hecho el hombre que soy
27 años
27 bien vividos años
27 AÑOS Y TODOS MÍOS
Siento que estoy en una constante apuesta con la muerte. A veces tengo todas las de perder, apaciguándome en mi propio riesgo y tomando todo a la ligera. Otras veces me siento ganador, retándola a que haga su movida y me derrote sin piedad. Pero, casi siempre, estoy a merced suya, esperando paciente a que venga y me toque el corazón.
¿Será bueno saber cómo va uno a morir? Dicen que la ayahuasca te lo muestra si no la tomas en serio. La verdad es que no tendría problema con eso. Lo que sí me produce un terror inconmensurable es cierta manera de fallecer que involucra automóviles, carreteras e irresponsabilidades evadidas.
Las pocas veces que he podido dormir relativamente “temprano” son aquellas en las que mis sueños me doman desprevenido, anunciándome un hórrido final y despertándome en sobresaltos de pesadilla.
Lo difícil de adivinarse eterno es que en algún momento ya no lo eres más. Puedes hacer lo que quieras con tu vida, incluso desperdiciarla, pero ese último respiro te dará cuenta de lo efímeros que podemos ser. Un parpadeo que llega como un instante y te dice que ya es suficiente. Y así se acaba.
Sobre el infinito no hay mucho que decir. Es muy probable que después de esto no haya algo en absoluto. Solo la nada, tan fría e inextensa, tal y como la vemos en el cielo nocturno y un poco más allá, donde la imaginación ya no manifiesta su inmortalidad.
En fin, puede que sea hoy, mañana o en un par de años. La espera suele ser larga y angustiosa o una simple respuesta al llamado de un inoportuno tarde o temprano. Mientras tanto, nos queda seguir aquí, existiendo.
Buena noche.
Todavía no puedo dormir bien y ya me acabé dos cajas grandes de filtrantes de manzanilla. Tampoco he logrado acomodarme bajo estos párpados gastados que flotan entre letras. Peor aún, ni apagándome a propósito dejo de pensar en ti. No hay manera.
Ya me cansé de pretender que tengo un problema irreal, algún trastorno postergado o una queja incompleta. Simplemente no quiero aceptar el hecho de que sigo buscando tu nombre, tu número, tu rostro pixeleado y tu voz en mi pantalla.
¿A qué edad se deja de hacer planes y se empieza a vivir de pura nostalgia? No estoy seguro, pero hay una mirada tuya que se ha colado en una cajita y no sé cómo tratarla, también hay una foto de tu cintura pegada en las paredes de esa misma cajita y una bestia que merodea por aquí y pone la cajita sobre mi almohada.
Tendré que empezar algún texto trivial para evitar esta incorregible forma de extrañarte pero el recuerdo de tu sonrisa en la playa me persigue por toda la orilla y es imposible dejar de lado mi obviedad. Hasta me han reclamado que mi vanguardia siempre va dirigida a tus ojos. Que pésima narrativa.
Sobre mi intransigencia no hay mucho que decir. No me refiero a la intolerancia ni a la falta de empatía como la vegana insoportable o el homófobo que curiosea en la sección gay. Esto se trata del énfasis al capricho de no querer cambiar mi costumbre de escribir sobre ti.
En fin, la hora más larga del día ya no se parece en nada a las dos de la mañana de antes, cuando había química y el insomnio se complementaba. Ahora solo me queda sacudir algunas pesadillas y tender veinte veces mi cama. Tal vez así.
Buena noche.
La pregunta rápida nunca exige una respuesta rápida, más bien, clama a gritos una solución consciente y con alto valor de veracidad. ¿Alguna vez has considerado realmente que todo lo que te ha pasado tiene una razón?
Claro, la salida rápida y común podría ser el trillado “todo pasa por algo”, pero en realidad esta puede ser la excusa más vil y tramposa para darle una explicación lógica a tu mala suerte.
Últimamente me he aislado con un sinfín de dudas y curiosidades como esta que resultan muy difíciles de comprobar. Seguramente he ahí la razón de mi insomnio, o tal vez, mi mala racha en la vida es tan persistente que ya no tengo ganas ni de cerrar los ojos, tanto en las noches como en las mañanas.
¿Existe tal cosa como el destino? Creo que ese tema se debe tocar con algunas tazas de café después de haber terminado varias botellas de licor. Lo peor es que nunca habrá una sentencia definitiva. Es como ver a un perro que da mil vueltas intentando atrapar su cola, dándose pausas para descansar sobre sí mismo y volviendo al ruedo cada vez que la desgraciada vuelve a agitarse.
Sobre la inercia no hay mucho que decir. No se puede esperar nada de la hija de puta que te repite y repite y repite lo mismo noche tras noche tras noche tras noche. Maldita inercia, ojalá te mueras.
En fin, no voy a retomar viejas costumbres con ciertas pastillas de las que ya no quiero acordarme. Lo único que busco ahora es poder descansar como la vida lo demanda aunque sé que no será así. Me espera una larga noche y otro desvelo acompañado de letras, un poco de alcohol y tal vez, solo tal vez, recuerdos de mi inocencia perdida.
Buena noche.
Más que cualquier cosa aún no puedo entender como el mundo cambió, todos cambiamos a raíz de ese cambio mundial. Nadie nunca sospecho que un nuevo enemigo diferente atacaría después de mucho tiempo de la manera más cruel e insensible, que nos ha desnudado nuestra vulnerabilidad como nuestra especie y la necedad que nos rodea como humanidad. Esa necedad que nos ha hecho sentirnos superiores a cualquier especie e imbatibles dentro de este mundo. Muchos siglos han pasado desde que la humanidad no ha atravesado por una emergencia como esta, puesto que enfermedades como la gripe H1N1 o la gripe aviar, no habían azotado con tal crudeza como esta, que hace rememorar a esos tiempos lejanos de la peste negra, allá por el medioevo.
Esta pandemia también nos ha demostrado lo alejados que estamos de la naturaleza y del cuidado que tenemos con ella, puesto que desde que todos estamos en cuarentena, el clima ha cambiado, puesto que la falta de emisión de gases contaminantes ha hecho que nuestro entorno se purifique y en algunas ciudades salga un cielo azul que hace tiempo no se veía. Tan es así que hasta la fauna parece más amigable, puesto que por ejemplo ante la vuelta de claridad del agua que comienza a notarse en los canales de Venecia se pudo divisar a un delfín que ni por asomo se podría registrar hace unos años en esa ciudad y casos hay más en este aspecto.
Pero no todo es malo, ahora que estamos en cuarentena se ha fortalecido el pasar tiempo el familia, pues no queda otra que mirarnos en la mesa cara a cara y buscar algún pasatiempo donde matar el aburrimiento o conversar quizá de temas que nunca se podrían discutir en tiempos donde el tiempo es corto y las preocupaciones largas. Veo en las redes sociales como amigos han decidido cocinar juntos, jugar juegos de mesa, entre otras, que ha hecho que este paro valga la pena, pues esta pandemia más que distanciarnos ha hecho que nos unamos como familia.
Ahora como humanidad solo queda replantearlo todo. Luego de que esto pase ahora sabremos el valor de un abrazo, de un saludo con la mano y por qué no de un buen beso. Sabremos el valor de las relaciones familiares y su importancia. Sabremos lo alejados que estamos de nuestro entorno y del valor de la naturaleza que hoy nos da una cachetada en nuestro ego y que no somos superior a cualquier especie sino deberemos ser uno con el ambiente. Que las muertes que esta ocurriendo en muchos países nos una como hermanos y nos haga crecer no solo en la razón sino también en el corazón. Empezar de cero es difícil y tomará tiempo, sin embargo estoy seguro que aprendiendo nuestros errores se podrá salir adelante y espero el mundo se reconstruya como un lugar mejor. Después de esto espero, ya no seamos los mismos… espero seamos mejores.
Nota: A 43 días de cuarentena, se reporta el Agente D.
Nuestras vidas van a cambiar luego de la cuarentena. Vamos tener que mantener 1 metro de distancia en la cola del supermercado, suspender reuniones públicas y seguramente usar mascarillas al salir de casa. Es en este punto en el que me quiero explayar.
Deberíamos recordar la adolescencia, tu mirada se quedaba centrada en unos ojos que considerabas hermosos. Por su puesto, esto es algo bastante subjetivo. Recorrías el resto de tu objetivo para quedarte observando los labios, buscar una sonrisa y sentir esos fuertes latidos llenos de hormonas al recibir una respuesta positiva. Dado que eras un adolescente, la experiencia intensificaba tu felicidad con tan solo saber que todo marchaba bien para poder iniciar una conversación o simplemente devolver la sonrisa. El resto de la historia es muy diferente, podías quedarte con las ganas de hablar y añorar un encuentro; o, lo que sería lo más inteligente, acercarte a hablar con un «Hola». Valiosa lección.
Resulta que una sonrisa puede cambiar todo, y ahora con las mascarillas vamos a tener que aprender a leer la mirada ¿qué dicen tus ojos ahora? . Te pediré que me saludes con la mirada y tu reflejo te hará sonreír. Te mandaré una sonrisa pícara encriptada en mis ojos color miel. De ahora en adelante, declaro a los ojos el medio de comunicación en la calle debido a la cuarentena. Toma tu tiempo para practicar el lenguaje. Bocas canceladas en las calles, pero liberadas en sus camas. Por favor, no olvide usar la lengua (y no solo para hablar).
Volver a ser niño
y correr,
atravesar los muros
y el peligro,
¡Correr!
Pequeños dioses insufribles,
amos del tiempo
y sus desgastes,
pequeños túneles inexorables,
pedacitos extrapolados de la vida,
materia en pleno movimiento,
eternas extensiones de la madre,
retacitos,
nebulosas comparables con el fuego,
diminutos misterios,
posibilidades al fin.
Un día toca abrir la puerta
y descubrir
los juguetes rotos
que vivirán por siempre
en nuestra infancia.
No debes preocuparte cuando comienzas a soñar con cosas buenas.
Pasaran raudos los días y de seguro dejaré todo esto atrás.
Las noches oscuras se convirtieron en compañeras.
La cama solitaria aguarda las tibiezas desdeñadas.
Ya llegó el abril y como antaño alivia los pesares otoñales,
llega esperado por los sauces entre vientos torrenciales,
llega otro abril de mi vida, dejando nuevos cabellos grises.
Recuerdos borrosos en que vivías por momentos.
Pasa mi abril de nuevo, pasa sonriendo entre estruendos.
“Calla y finge que todo está bien” me dice,
“calla y vive por favor” me pide,
“calla y busca dicha” me repite,
“calla y perdónate a ti mismo”, me compunge.
“calla y no mires atrás” con la lluvia se despide.
Y así pasa mi abril de nuevo….
¿Qué importa el amor en estos tiempo? Ya no vale nada a estas alturas de la vida. Hemos transformado al amor en el soma de los adolescentes, termina cuando encuentras tu primer trabajo formal o cuando sabes que tu cansancio ha podido mas que tu pasión. El amor se ha muerto en las gradas que suben a tu apartamento, se ha muerto cogiéndose de las barandas de las gradas, y en sus manos tiene una botella de licor barato porque es lo aprendió a tomar. El amor se ha muerto y su pútrido cadáver es rodeado por los inquilinos del edificio mal iluminado, lo esquivan y pasan rápido para evitar su olor. Si el amor se ha muerto, queda un espacio en su apartamento para alquilar, quedan sus cosas que podemos vender o regalar.
Una tarde te darás cuenta que tu amor ha muerto, y no podrás enterrarlo. Verás como se pudre día a día en las gradas de tu casa. El día que venga el fiscal a autorizar el recojo del cuerpo no vas a derramar ni una sola lágrima, regresarás a casa, a trabajar porque el plazo del proyecto termina la próxima semana.
Llegará el fin de semana sin actividades que tanto esperabas, despertarás tarde y tomarás un desayuno que tiene sabor a almuerzo. Irás al cementerio a visitar al amor que se murió, le dejarás dos flores cualquiera y nunca más sabrás que pasó. Tomarás una siesta, tal vez para acompañarlo.
Siempre con los mocasines negros esperándote en la línea blanca de la adicción por verte, atento al susurro de tu voz torciendo el cuello para observar tu mágica llegada. La línea blanca va llegando a su fin pero ya mis oídos agudizan y oyen el pisar de tus tacones con el frío de la baldosa negra, parecen hacer música en mis tímpanos con tu jadeo incesante. De pronto apareces respirando en mi cuello y con una carta de as de espadas presionadas por tus labios colorados, matas el silencio con un chasquido de dedos y presionas tu mejilla contra la mía con cierto misterio, mueves tu rostro en sentido de negación mientras cortas mi faz con la carta de tus labios, siento como mi carne se abre y la sangre aflora mientras resbala por el mentón que solías besar en tus regresos de música y bagatela. Terminas de disfrutar el correr de la linfa y dejas caer la carta al suelo, volteas con brusquedad y me das una bofetada con tu cabellera, provocas que mi mirada recorra desde tus hombros hasta tus talones, mientras lo hago término con esa línea blanca que te hace reaparecer en mis peores momentos.
Mi cuerpo desvanece, y cae frenéticamente al frío piso, tú sigues de espaldas ignorando mi presencia, mostrando tu imponente existencia por pura pose, intento gritar tu nombre pero no lo recuerdo, mi corazón se llena de impotencia y mis pupilas dejan escapar lágrimas, solo cierro los ojos y espero a morir en la música muerta de tu inexistencia. Emerges de la afonía del silencio oscuro con una tétrica sonrisa y un puñal entre zarpas justo sostenida por el brazo del cual cuelga el brazalete con mi nombre, irónico que los regalos se vuelvan muerte y que las ilusiones se tornen en venganzas.
Juegas con el filo del estilete, haciéndolo rosar contra mis venas, adoras colocar el cuchillo en mi cuello y vigilar que se me sea imposible tragar saliva, poco a poco transformas tu lúgubre sonrisa por un gesto de vesania, empuñas bien la daga y colocas la punta en la parte centro-izquierda de mi pecho, justo en el corazón mientras tratas de penetrar hasta el fondo de él, al parecer tus fuerzas no son las mismas y enfureces más en el fallido intento. Una risa brota de mi boca, no importa el dolor ni que pierda la última gota de sangre de mi cuerpo, la carcajada es prolongada al abrir mis ojos y ver tu pasmada cara atestada de asombro.
Tu imagen desaparece paulatinamente a cada espasmo de risa, desatas tu locura en lo zaguero de tu recuerdo, clavas tus uñas en mi pecho descubierto intentando resquebrajarlo pero ya no existe anatomía de memoria, no hay sufrir en el desgarro de mi piel, solo hay frenesí en la desaparición de tu hedor, tu presencia, de tu existencia. Esbozas un grito mientras hasta tu último cabello termina en desaparecer. Recupero el aliento y echo un suspiro, frunzo los labios y atino a matarte para siempre…
Me invadió un tristeza profunda cuando decidiste que dejarías de hablarme. No voy a obligarte a quedarte a mi lado, pero no quiero que te vayas sin antes decirte lo que siento.
Estos días han sido maravillosos, y es que nunca había abierto mi alma así a un desconocido. Para mi ya es difícil hablar con un amigo, y más aún abrir mi alma sin sentir que todo es un error. Yo sabía que esto era casual, que no habría sentimientos pero si descubrí que podía confiar. Te he contado sobre mí y he disfrutado saber sobre ti. No voy a olvidar las anécdotas de las que me hablaste y ya revisé las películas que recomendaste.
Yo no elegí ser lo que soy ahora, me lo dio la vida sin que lo pidiera y lo acepto, yo quería algo de discreción hasta que supieras que lo que represento es una fina piel de lo bueno que puedo ser por dentro. Soy cínico y mentiroso, atrevido y ardiente. Soy un buen oyente, doy malos consejos y soy muy paciente y comprensivo. Estoy hecho de aquello de lo que todo el mundo repudia. Soy pasión, mentira y comprensión. Soy «el último vaso de cerveza de la noche». Una mentira dulce.
Índigo ha olvidado su color
en algún dedo gordo,
no ha sabido qué decirle,
no ha podido con su genio de aguanegra,
Índigo se ha marchado hacia la meca
de los dedos,
lerdo,
flaco y vivibundo,
solo y semimuerto.
Ya no sabe qué rayos hacer,
la mañana,
la vida,
el pantano,
el insípido alimento,
ya no sabe qué hacer.
Índigo ha dejado sus palomas
para después.
para lejos,
para luego,
para más tarde.
Siempre pensé que la lírica
Me llevaría a una vida lunática
No que me acercaría a ti
Mi princesa romántica
Aquella que tiene la mirada penetrante
Y la sonrisa demasiado radiante
Aquella que se marcó en mi mente
Esa que relajó al demente
El cual se proyectó plenamente
En conocerte completamente
Y en ti confiar ciegamente
Y claro solo a ti adorarte
Pero creo que mi mente
En su propia locura
Muy lejos está viajando
Porque aún no sabe lo que tu estés pensando
Solo los dioses saben como tú me estas visualizando
Seguro estás pensando en que loco me he fijando
Pero princesa este loco es un vato
Que solo en ti piensa
Un loco que solo a ti te quiere
Y que si lo aceptas, su vida te entregaría
Hasta el fin del mundo te acompañaría
Y que en las siguientes vidas a ti te buscaría
Para repetir esta inefable historia
Esa que para este demente será la más hermosa
Porque al fin pudo conocer a su musa
Esa que le inspiro a escribir esta pequeña prosa
Para decírtelo mi pequeña diosa
Es un día de abril ya ni recuerdo que fecha, me encuentro en mi terraza observando la ciudad a mi alrededor, acumulado de monstruos amurallados y diminutas áreas verdes, un par de respiros y se me viene a la mente algunos recuerdos…
La naturaleza que hoy me reclama, pues he estado más conectado con la tecnología y lo moderno que cuando era tan solo un niño, yo y ella… ahora ver el horizonte infestado de edificios y pensar que hace unos 15 años atrás aún era verde. Hoy los arboles lloran y los pastizales se mueren, solo hace falta una pandemia para que la humanidad vuelva a donde pertenece, y mire al mundo con mirada natural.
Como recordar aquel olor a ciprés, el olor a eucalipto, el olor a roble o el olor simplemente a tierra húmeda… Hoy las montañas rebosan de alegría, un amanecer nublado pero con un final despejado, un sol radiante que alumbra desde un solo lado, los pájaros que hacen piruetas en el aire y algunos perros ladrando de ansiedad, extrañados por no ver gente en las calles.
El viento que transita con libertad por las avenidas, algunas abejas y moscardones zumbado por los oídos y los tejados de las casas con musgos, uno que otro picaflor cantando y saltoteando sobre las flores, y a lo lejos algunas voces que en realidad es el bullicio de las tortolas dueñas de las vías.
La visita de una mariposa a mi jardín, es tan lindo contemplar todo lo creado, pues ahora digo nos hemos vuelto ciegos, preocupados por la tecnología, preocupados por el sistema, destruyendo nuestro hogar el planeta, pero la propia vida se abre camino.
La pachamama se da un respiro y la luz de la luna que nos recuerda que la naturaleza resplandece. Ahora comprendo el porqué de nuestros antepasados en cuidar y conservar la naturaleza, en cuidar lo creado. El mundo natural esta en perfecta sintonía, pero el hombre es quien abusa de ese privilegio.
Una vez más la naturaleza se abre camino y así como de pronto solea y se nubla, te llena de frió o calor, con un delicado toque roza mis mejillas, mueve mis párpados y alborota mis cabellos, es el viento que sutilmente pero poco perceptible me recuerda que nos ama, nos reclama que la cuidemos.
Que esta pandemia nos sirva de lección. Salvemos el planeta.
Existen, a lo largo de una vida y a cada momento, muchas historias finitas que no han tenido el gusto de llegar al auge de la inspiración. Son de esas historias que tienen finales pasionales y se cierran de golpe, como si se tratara de la escena final de una película en cámara lenta.
Hay finales necesarios, inútiles y hasta postergados, pero fuera de cada categoría, donde la razón pierde validez, están los finales adelantados. Son de ese tipo de finales que no debían llegar, que se aferran a tu ser y los arrastras día tras día, que parecen terminar y nunca terminan de hacerlo. Hay finales súbitos que te pueden matar por semanas enteras.
No basta con saber manejarlos, la conmoción puede ser tan fuerte que te podrías agotar solamente intentando entenderlos. Suena cruel, pero no hay mejor definición para este tipo de sucesos. Cuando hayas logrado encontrar al menos la obvia razón del porqué ocurrieron, ya será demasiado tarde. El ocaso de cada día no se anuncia ni da señales, solo se da por obligación.
En estos casos conviene ser un espectador más, involucrándote de una manera muy simple y asegurándote de poseer un sentido total de libertad para limpiarte de una carga emocional que vas a tener que asumir aunque no quieras.
Tal vez no basta con ser cínico. Quizás lo único necesario para sobrevivir a una historia finita sea un cigarro regalado, la mirada desatenta o un poco de mala suerte. Pero no me malentiendas, querido lector. Nada garantiza que saldrás ileso de una experiencia así.
No quiero caer en el cliché de enaltecer mi tendencia solitaria. Aquellos que se quedan solos dicen que saben disfrutar de la buena compañía, ellos mismos. Eso suena tan pretencioso que ni vale la pena discutirlo. Lo que no sabes es que detrás de ese silencio mio se oculta una mente desorganizada que grita desesperadamente por un poco de ayuda. La peor parte es que no sé que tipo de ayuda.
No quiero escucharte, pero no porque seas aburrido, mas bien porque realmente no sé que responderte. Quiero complacerte en todos los sentidos pero nunca parezco llevar la conversación a un resultado que te agrade.
Cuando voy a dormir pongo la televisión en un programa que no presto atención porque me hace sentir menos solo y llena el vacio de mi soledad, soledad que no pienso abandonar pero quiero evitar. Ese es mi problema, y que empecé a aceptar esta condición. ¿Qué acabo de escribir? Es tan complicado que pueda expresar que amo esto, pero que lidio por evitarlo, y cuando me toca poner una solución yo escaparé por miedo a cambiarlo.
Eso me pasa contigo, te amo, pero no te quiero a mi lado. Eso pasa conmigo, te amo y no voy a abandonarte. Te amo, pero he romantizado el dolor de no ser correspondido que ya es parte de mi vida. Te amo, pero no me ames pues no sabría como amarte.
No pueden culparme de como soy, de como me siento o de lo que deseo. Tu cuerpo, es para mí un trofeo. Es el premio al juego de la seducción. Mi cabeza se llena de pensamientos ardientes cada vez que tengo en mente tu desnudez, y me cosquillea el pubis de tan solo saber que las sábanas terminarán en el suelo, que te clavaré en la cama hasta convertirte en una costura más del colchón o que pecho y espalda se juntarán para terminar dejando nuestro aliento en la ventana.
No conozco tus colores favoritos, no me importa hablar de tus últimas vacaciones o de los problemas del trabajo. Hoy quiero conocer tu sexo con mi lengua, y que rebusques en cada centímetro de mi piel eso que no puedes encontrar en la soledad de tu vida. Por eso estás aquí, eres incapaz de sentirte pleno contigo mismo y me necesitas para eso. Eso soy yo, el modo de hacerte sentir un poco más feliz. No me importa serlo, tú eres lo mismo para mí.
¿Quieres una cerveza para sentirte mejor? Bébela. ¿Quieres un cigarro para calmar tus nervios? Fúmalo ahora. Pásame el humo de tus pulmones y finge que tu beso es de esos apasionados de amor. Realmente, no me interesa hoy. Voy a poseerte, hoy tu saliva terminará en cada centímetro de piel que tengo. Vas a sentir la humedad de mi sexo cálido. Vas a romper toda regla de masculinidad o femineidad. Hoy somos masas de pasión fundidas de saliva y gemidos.
No se supone que deba de estar escribiendo sobre ti, me duele pensarte y saber que ya no estás aquí. Te extraño pero no voy a insistir, prefiero tenerte lejos, al menos así te puedo sufrir, que tenerte cerca y dejarme destruir.
Hay días en los que no dejo de pensarte, que me duele la cabeza de tanto extrañarte. Otros en los que repito tu nombre sin ninguna razón, miro tus fotos y me deprimo, me hace falta tu sonrisa, tus besos y tus caricias. Me hace falta tu malicia.
Te sueño y odio despertar, ya no me llegan tus mensajes a mi Whats, me siento muy mal y quiero llorar, no puedo, no estás.
No estás para abrazarme, para calmarme. Necesito explotar, explotar dentro de ti, para luego echarme contigo, dejar que veas mi vacío, que lo llenes de tu amor corrosivo.
Soy adicto a tu toxicidad.
Quisiera hablarte, preguntarte si ya me olvidaste, si ya me superaste.
Como hiciste para avanzar, aunque sea yo quien te dejo de contestar.
Quiero llorar, pero no estas, no estas para abrazarme.
Para abrazarme y follar.
Follarte era mi forma de amarte, siempre lo dije aunque nunca supe como expresarme.
Te amé, incluso más que a mí mismo, te presumí en todas partes, te hice mi prioridad, te di mi mundo y mi felicidad.
Y sigo pensando en que falle, cómo no fui suficiente para llenarte, cómo no supe valorarme por amarte y ¡joder, que eres arte!
Intente retratarte, mi galería podría enseñarte, cientos de fotos de tu belleza, y son de aquellas, ya sabes, las que no publicas, las que te hacen justicia.
Estoy escribiendo otro verso que trata sobre ti, aunque no debería, estoy pensándote, como cada día, estoy extrañándote, aún sabiendo que tu toxicidad ya no es mía.
Te extraño
Mierda como te extraño
Extraño tus bromas
Tus risas
Tus apodos
Nuestras conversaciones
Pienso siempre en ti
Nunca saldrás de mi mente
Aún recuerdo esas chelitas
Juntos al borde del mar
Corriendo en la moto
Haciendo honor a nuestro apodo
Recuerdo tus palabras
Cuando te conté de mis sueños
Que siempre estarías ahí
Para apoyarme
Para levantarme
Pero ahora no estás
Dime quién me quitará este dolor
Mi alma sangra cada día más
Mi corazón se ha perdido
Debe estar al lado tuyo
Sangre de mi sangre
Siempre te recordaré, hermanito
He caminado toda la vida por estas frías calles,
y por primera vez siento miedo
recorre mi rostro
como frío viento de invierno.
Mi última sonrisa se encuentra en tu cartera,
junto a un gastado labial y envolturas de galletas
se merece ese lugar
como cualquier cosa al fondo sin hallar.
Estaré temblando bajo las luces amarillas
intoxicado y desubicado por primera vez,
déjenme sufrir que a nadie estoy fastidiando
podré estar tan solo llorando.
Mi falta de sonrisa será acompañada de elegancia
una corbata cualquiera para mi cuello
y la alta rama de un árbol en otro lado,
gracias, y me fui sin sonrisa.
Vientos del este soplan al atardecer,
es un día de abril pero no es agosto,
las lluvias que ya pasaron,
y las heladas que anuncian el venir del anochecer.
No es junio pero los amaneceres son celestes,
el sol que brilla encima de las nubes,
y las montañas del sur que sobresalen por mi oeste.
Los días de marzo anuncian retirarse,
aquellos aguaceros que ya no los extraño,
y los pajarillos que cantan al alba,
que anuncian el llegar de buenos tiempos…
Llevo en mi el grisáceo color de unos cabellos muertos, zigzagueante al soplido del estruendoso viento.
Encima del río de mi vida, del tiempo que abandona mi cuerpo, de lagrimas rotas, con recuerdos añejos de un alma que se va.
Creo entender al niño que se vuelve hombre, al niño que fue roto sin desvanecerse, al que le cambiaron el alma por desilusión.
Y aún así, guardo un lugar para ti en mi corazón,
seguro que iré al lugar al que pertenezco,
se que la noche pertenece a los amantes, esta vez el ocaso es para mi.
Y espero encontrar algún día todo el perdón que un alma necesita.
Así es, porque el tiempo no descansa. Porque los días siguen pasando, porque querramos o no, tenemos un público. La sociedad es nuestro público, y nosotros somos los payasos, los responsables de hacerlos reír, llorar, emocionarse, aplaudir. Nos aferramos a la sonrisa falsa del show, esa que le damos al público, esa que te carcome por dentro, la que sabes desaparecerá tras bambalinas, la que oculta el llanto desgarrador que llevas por dentro. Diría que la mayoría no entiende, no entiende la magnitud del show, se creen espectadores, creen que sus aplausos llenan de alegría y regocijo al comediante, el cuál, por cierto, somos todos. No captan la inmensidad de la situación, cada acto es una actuación, día a día: «Luces, cámara y acción»
Lo que sucede es
que ya no busco mucho y
ya no suelo
volver atrás.
Ando apenado por eso,
terriblemente inconcluso,
nada es más terrible que eso.
Para qué faltar y cometer ausencias,
para qué volver hacia las frías
escarchas,
hacia fragmentos cortantes,
para qué tender la vida sobre
hojas obscuras.
El corazón anda de traje negro
por la calle,
fumando su pucho,
haciéndose ceniza,
volviéndose humo,
lucky heart, lucky heart,
por andar caballerito
con las piedras,
ya ves,
tenías que quitarte
el saco un día.
Esta incongruencia entre tu pelo
y tu cadera
se asemeja a un disparo
en la cabeza,
leve muerte del volcán,
leve canto de la piel,
leve sierpe
que se oculta por la noche.
¡Qué incongruencia!
El secuestro
es un nuevo punto de partida.
Imagina la decisión correcta,
la presión.
La carga efervescente que contienes en el pulso.
Las cosas que te guían pueden ser lo mismo
que frutos caídos,
estáticos,
inertes cual sepulcros,
la mirada de los hombres tiene el mismo sentido;
pero hay pájaros bonitos,
revoloteando sobre las ciudades,
sintiendo el frío que punza sus alas,
reducidos,
tratando de subir, lejanísimos,
al sol,
al fuego,
a momentos increíbles.
A cierta altura deciden caer,
por peso,
por fuerza,
por cariño al vértigo,
ese péndulo invisible
que los mantiene vivos
y que se quiebra,
caen
pero ya no como un acto voluntario,
descienden como reacción a la insuficiencia,
la finitud.
Súbitamente la muerte es un acto de justicia.
Durante años he estado solo
Dejándome encerrar por la sombra
Esa que se apodero de mi corazón
Y las tinieblas que capturaron mi mente
Con ellos llegaron las voces
Esas malnacidas
Que solo existen para torturarme
No se callan más que cuando estoy ebrio
Ellas me incitan
Me insultan
Destrozan mi mente
Me dicen la verdad que todos ocultan
Me muestran la realidad del mundo
Pero todos dicen que son malas
Que debo deshacerme de ellas
Porque nada más me hacen daño
Porque ellas no son reales
Que es lo que debo hacer
Las pastillas que me dan
Hacen que todo sea lento
Odio ese aletargamiento
Pero después de mucho
Al fin no las escucho
No están mas ahí
Sus voces se han callado
El mundo ha vuelto a ganar color
¿Todo era tan colorido antes?
O solo soy yo recordando el amor
Todo a vuelto a tener vida y sentido
Pero el efecto no se mantiene
Solo con esas píldoras existe
Salí de una adicción a otra
Ahora debo decidir
La vida de colores y alegría
O la triste realidad gris sin emociones
Todos creen que es una fácil decisión
Pero recuerden donde estuve toda mi vida
Sin escapatoria me tienes, ante tus ojos negros princesa
ante esa mirada coqueta, ante esa mirada impactante.
Sin escapatoria me tienes cuando ríes, cuando hablas
cuando te muestras como eres tan linda, tan divertida.
Sin escapatoria estoy porque quiero estar contigo,
porque quiero sentir tus caricias porque quiero sentir tu amor.
Sin escapatoria estoy ante ti, ante tu belleza,
porque tú princesa, me tienes atado, sin escapatoria.
Cuando algo empieza, empieza bonito. Los primeros momentos siempre son así, inusuales y fuera de lo común. Durante esos momentos, cualquier detalle puede hacerte sentir especial: las miradas fijas, los mensajes cursis, los abrazos tímidos, los susurros en medio del ruido y las manos que se encuentran por casualidad. Todos los gestos de esa persona podrán provocarte un terremoto que quebrará tus cimientos.
De repente, sin dejarte muchas opciones, todo empieza a verse más hermoso de lo habitual. Los colores se avivan, las estrellas aumentan su brillo, las sonrisas se vuelven más sinceras y los sentimientos afloran con mayor nitidez. Te vuelves un crítico de todo y estás más pendiente sobre tus gustos y lo que quieres compartir. Ya no te aburres ni te angustias con facilidad, de hecho, aprendes a canalizar las emociones negativas y se convierten en paciencia. Mágicamente te despegas de la realidad por plazos cada vez más largos y utilizas ese mismo pegamento para atraer a la otra persona. Te empiezas a desconocer porque te vuelves más creativo y te haces más creativo porque te descubres enamorado y te desconoces. Ese es, tal cual, el círculo vicioso más difícil de superar.
Una vez que llegues a aceptar tu situación, relájate. Si luchas contra eso solo conseguirás caer con mayor rapidez. Es como estar atrapado en arenas movedizas. Simplemente deja que fluya, desenvuélvete, come algo y vuelve a dormir. Cuando despiertes de nuevo, respira hondo y tómalo con calma. Ningún sentimiento ha desaparecido de la noche a la mañana. Despreocúpate, absolutamente todos, sin excepciones, se han emborrachado de amor.