Una botella!!

Una botella de licor siempre
me acompaña,
Recordando amores, errores, logros pasados,
Una botella que me ayuda a desahogar el
odio a mí mismo,
Tal vez sacarme de esta realidad y
ayudarme a pasar los días,
Una botella de licor, júbilo y aflicción en
una sola botella de licor.

– Arhon C. Noa

MARIAGE D’AMOUR

Como escuchar llorar mis labios
presionando los suyos,
como sentir gotas sufriendo de placer
al emerger entre mis comisuras,
como soporosas dahlias
que en mi lengua deseosa
claman por no dejar sus nubes papilas,
como probar por veces infinitas
el inefable néctar ofertado en su boca,
como un rechinido sublime
que resbala en mi anhelo de anular
la idea de despedida,
de último beso.
Así,
exactamente así,
fuera saborearlo con Mariage d’Amour.

– Diana Durand Olivera

SOBRE LA AUTORA:

Diana Durand Olivera, afín desde pequeña a las artes y en especial a la literatura, busca en este bello espacio poder compartir una de las más de cien poesías que lleva escritas hasta el día de hoy. Es una asidua lectora y escritora, que desde niña presentó un gusto atroz por la creación de textos narrativos, ensayos y desde luego poemas.

Pueden seguirla es su página de Facebook: https://www.facebook.com/LaLobaVestidaDeOveja/
Como también en su Instagram: https://www.instagram.com/loba.vestida.de.oveja/

Primer encuentro

Vestías un andar despreocupado
una sutil mirada perdida
pero esa cabellera ¡qué demonios!
así fue la primera vez que te vi
y nuestro saludo pasó desapercibido

Andábamos juntos y desinteresados
¿en qué momento fue que enlazamos?
fluimos y ahí solo nos dejamos

Cuanto más te escuchaba me cuestionaba
si tú te hacías la misma pregunta
¿dónde mierda estabas todo este tiempo?

Titubeamos de lanzarnos y comernos a besos
pero la madrugada nos lanzó a la batalla lucha de pasiones y un romántico abrazo
cruzamos miradas, ya habíamos perdido.

– Yenifer

Vida

La vida es momentánea, se va en un abrir y
cerrar de ojos, pero,
siempre tratamos de trascender dejando
algo de valor, música, libros, dolor, amor,
arte.
Es increíble como una sola persona es
capaz de dejar tan vasto conocimiento
para poder atravesar en la historia humana.

Es magnifica la capacidad cerebral del ser humano para
absorber hechos pasados, fechas,
momentos de cualquier índole emocional
que aún se sienten vividos en la corteza cerebral.
La vida…
tan
vacía pero a la vez llena
tan
Mierda pero a la vez gallarda
Tan vida, lo que debe ser.

– Arhon C. Noa

A Sitka

Como una antigua canción tallán

Pronuncié tu nombre

Musitado primero

Bajo el cielo de otra ciudad.

Yo, que imaginé el color de tus pupilas,

Las líneas de tu frente

Soliviantado por

El desierto y la brisa del mar

De tus ancestros

Te escribo ahora

 Con este apisonado orgullo

Como hilo sin enhebrar.

Te doy la bienvenida

Heredera de mi caótica estela

Heroína de este tiempo

Sin Piedad

Mientras evoco un mayo primigenio

Sin bendiciones ni plegarias

– Márlet Ríos

SOBRE EL AUTOR:

Márlet Ríos (Piura, 1977): Escritor, editor y traductor. Ha publicado La balada de Crates y otros poemas, Como barca encallada en la arena, Senda de la desesperanza y Ancestros. Ha publicado poemas en Ónice, Bocanada, La City, Círculo de Fuego, El Bosque, TXT, Conexos (Miami), Tajo, Bosque de latidos, Vorágine (Antofagasta), etc. Sus poemas aparecen en Ausente ardor de arena & algarrobos. Antología de la poesía piurana contemporánea y en Poetas del algarrobo. Editor de Como el viento cabalgando al sol. Primera antología de la literatura de Salamanca de Monterrico. Administrador del blog http://cerosoccer.blogspot.com/

Breve muerte

(I)
En un principio soñarte todos los días
Era una penitencia desgarradora para mi mente
Levantándome con una angustia que dolía
Y que no mitigaba con nada constantemente

Era tan anuente
Que comencé sin medrana alguna a hacerle frente
Ya preso del inconsciente
Empecé a charlar contigo en una acción antepresente

¡Ahí!, dueña de un ser endeble
Te llenas de conmiseración para al fin poder responderme
¡Así!, siendo tan consciente
Soporto la rumiación mental esperando la noche pacientemente.

(II)
Sin titubear,
Queriendo ser consecuente
Me acuesto cual infante a soñarte nuevamente

Sin demorar,
El soñarte para poder verte
Se volvía una oportunidad para acogerte en mi presente

Sin despertar,
Tu llegada es esperada devotamente
Ya acostado estamos los dos frente a frente

Mis memorias te hacen interactuar,
¡No me quiero levantar!, pareces tú realmente
¡Déjenme acá!, soy feliz aceptando esta breve muerte.

– Diego Nuñez

Sentir

No hay mucho por escribir sobre el sentir,
Se podría citar una bibliografía extensa,
en cambio, nos gusta (me gusta) hablar
sobre el sentir romántico
El Amor
Sentimiento producido por diferentes hormonas segregadas
por el hipotálamo
pero, existen cientos de referencias sobre
la palabra ya dicha
A M O R
Para con mi persona, que solo, puede referirse
al entendimiento de la palabra amor con un solo
y conciso término:

– Arhon C. Noa

Cuatro de marzo

Nosotros,
tu piel, abrigo de
mis huesos,
mis dedos, manta de
tus poros fríos,
cuatro de marzo…

Amo tu silencio
al otro lado de la línea,
cuando escuchas mis lágrimas
clamar tu nombre,
tu voz es su pañuelo.
Nuestras voces son lo único
de nosotros que hoy se tocan
entre risas,
son las buenas nuevas,
mas odio la distancia
por no tener tus manos.

No has llamado en estos días,
no has rastreado mis huellas,
sabes que ser paciente es mi
incapacidad inherente, 
mas yo sé que tú amas
cuando soy yo quien te encuentra.

Duele.
Duele hoy el asiento vacío,
hoy no es cuatro de marzo,
aquel último día cuando te abracé.

No eres tú,
no soy yo,
es Pandora,
cuando estoy a punto de alcanzarte
la condena del fin del mundo
se alarga otro paso más.

¿Qué sucederá?
Tengo miedo a esa caja y sus males,
una muralla de vidrio nos ha separado,
mas hoy es lo único que tenemos,
¿me extrañas?
Yo lo hago,
ya conoces los colores de mi voz,
es difícil engañarte entre su
blanco y negro,
conoces los tonos durante una lluvia,
o memorizas sus resolanas después,
a pesar de la distancia,
sin el cruce de nuestros ojos,
tú me conoces.

Odio el hoy,
amo ese cuatro de marzo,
hoy no es cuatro de marzo,
cuatro de marzo,
tu clavícula y mi frente,
tus labios y mi pelo,
recostada allí
mis terremotos se detienen.

Nos moldeamos los dos cual
guerreros mas la fogata
siempre está lista…

Quizá el tiempo
es mi peor aliado,
mas es mi único recuerdo,
cuatro de marzo…

– Krizia Tovar

SOBRE LA AUTORA:

Krizia Fabiola Tovar Hernández nació en el Estado de México, en 1996. Algunos de sus escritos aparecieron en las revistas Reflexiones Alternas, Poetómanos, Awita de chale, Perro negro de la calle, MÁS Literatura, El morador del umbral, Prosa Nostra MX, Collhibrí, Teresa Magazine, Circulo literario de mujeres, Clan Kutral y El templo de las mil puertas. Actualmente estudia el último año de la licenciatura en Ciencias Humanas en el Centro Universitario de Integración Humanística.

Tango en una noche de otoño

Vivo de recuerdos
y sueños extraviados.
Aun tú, mi compañera,
         mi fiel Antígona
harta de la vida
que te daba,
descendiste un día
a donde no te alcanzaba
mi maldad, mi odio
     inacabable
llevándote contigo
el fruto inapreciable
de nuestra unión.

Más frágil que el cristal
fue mi amor junto a ti

Y aún escucho tu voz
salmodiando
en mis oídos
de cruel tirano.
Tu voz
despedazada
subordinada
                         tantas veces   
y convertida en
sucia prez
para mi deleite
para mi maldad.

– Márlet Ríos

SOBRE EL AUTOR:

Márlet Ríos (Piura, 1977): Escritor, editor y traductor. Ha publicado La balada de Crates y otros poemas, Como barca encallada en la arena, Senda de la desesperanza y Ancestros. Ha publicado poemas en Ónice, Bocanada, La City, Círculo de Fuego, El Bosque, TXT, Conexos (Miami), Tajo, Bosque de latidos, Vorágine (Antofagasta), etc. Sus poemas aparecen en Ausente ardor de arena & algarrobos. Antología de la poesía piurana contemporánea y en Poetas del algarrobo. Editor de Como el viento cabalgando al sol. Primera antología de la literatura de Salamanca de Monterrico. Administrador del blog http://cerosoccer.blogspot.com/

Maybe

¿Sabes?
Tal vez nuestros caminos debían juntarse,
Tal vez suene trillado y algo gastado
pero…

Tal vez llegue a amar cada parte de tu
ser,
Tal vez llegue odiar cada minuto que no
esté contigo,
tal vez odio el tiempo, pues, todo es EFIMERO.
Tal vez sienta mucho más de lo
que exprese
Tal vez, solo tal vez, tú y yo seamos
eternos por unos cuantos infinitos momentos.

– Arhon C. Noa

¡Love!

La paz que transmite sus palabras es
inigualable, suena trillado, ¡¡lo sé!!
Pero existe algo, ese algo, en esas palabras que me
provocan emoción, alegría y amor.

No es el simple “Te amo”, es el sentimiento envuelto
entre rollos de
experiencias
y
promesas
mucho más allá del tiempo. Es su te amo que es único.
1-4-3

– Arhon C. Noa

Antankallo

Luciérnagas y deidades
Nos dan la bienvenida
A nuestro descenso
De la cascada en la cima.
Por todos lados brota
Una música tenue
Y misteriosa / como
El espíritu del
Puquial cuesta arriba.
La oscuridad extiende
Su dominio, pero
Mis cinco sentidos
Reverdecen –
Eres canto estival
Que quiero prolongar
Hasta la alborada.
Eres riachuelo
Primoroso donde
Deseo abrevar
Sin demora.

En este lugar
Tan lejos del tráfago
Y del hollín agitado,
Tú y yo danzaremos
Hasta que el dios tutelar
De la montaña
Nos señale el camino
De regreso a casa.

– Márlet Ríos

SOBRE EL AUTOR:

Márlet Ríos (Piura, 1977): Escritor, editor y traductor. Ha publicado La balada de Crates y otros poemas, Como barca encallada en la arena, Senda de la desesperanza y Ancestros. Ha publicado poemas en Ónice, Bocanada, La City, Círculo de Fuego, El Bosque, TXT, Conexos (Miami), Tajo, Bosque de latidos, Vorágine (Antofagasta), etc. Sus poemas aparecen en Ausente ardor de arena & algarrobos. Antología de la poesía piurana contemporánea y en Poetas del algarrobo. Editor de Como el viento cabalgando al sol. Primera antología de la literatura de Salamanca de Monterrico. Administrador del blog http://cerosoccer.blogspot.com/

El alma que queda

Al llegar la penumbra de la noche
Lúgubres son mis pensamientos,
Detesto la seguidilla de reproches
Que acompañan mis lamentos.

Termino vapuleado por los golpes
Que me propinan mis sentimientos,
Extenuado de ver mis derroches
De decisiones equívocas todo el tiempo.

Me pregunto: ¿Para qué sirvo?, ¿Para qué vivo?
Si soy un lastre, caudillo del desastre,
Cada vez que sigo, no encuentro motivo
Causo que te canses, si buscas ayudarme.

Mi transitar es vacío, a la nada me dirijo
Ya nada me nace, que ser desagradable,
Hace años perdido, padeciendo en el camino
Ya no existe rescate, La Parca va a encontrarme.

Por mientras marcho con la resignación de existir
Sabiendo que la mortalidad me consuela,
Gracias al arte que hay en el vivir
Ya no desgasto mis horas que quedan.

Invierto ahora mi tiempo en escribir
Cuando llegan más noches en vela,
Así espero mis últimos días concluir
Desvistiendo lo poco de alma que queda.

– Diego Nuñez

Año nuevo

Ya era las once de la mañana y seguía bebiendo en los Bajos Mundos escuchando unas canciones que me embriagaban más. Era el primer día de la segunda década del nuevo siglo, pero todo iniciaba para mí, o eso era al menos lo que deseaba con cada vaso que bebía, que era la cicuta contra los malos recuerdos, que se disolvían y se solidificaban con la rapidez de un tiroteo de imágenes. Ya había vomitado para recuperar el ímpetu de una dipsomanía atroz, que me reconfortaba pero a la vez me corroía, soportándolo con el cinismo de un eximio bebedor. A mi costado, bebía a vaso lleno mi ex cuñado Lánguido, recomendándome fortaleza y valentía, que, según decía, el romance por el que yo sufría era cosa del pasado. 

     Todo iba bien así hasta que se nos acabó las municiones sonantes y contantes, y quise dormirme tiesamente como si me hubiese desmayado, pero Lánguido me dijo para ver el ambiente en los demás locales. Salimos dejando de lado a las chicas del Refugio, aquellas lindas mujeres que nos habían estado atendiendo desde las cinco de la tarde de ayer, y de pronto parecía que todo había terminado.

     Sin embargo, al entrar al sector Anchihuay, casi todos los locales continuaban atendiendo e incluso la discoteca sonaba fuerte. “¡Uh lalá!”, exclamó a gusto mi acompañante, con una sonrisa en el rostro que me dio buena espina. Entramos al primero de los prostíbares, uno de color moradito y con una rockolla potente funcionando, y, ¡oh, sorpresa!, estaba el amante de Lánguido, un transexual conocido como Nuvie. Ella tenía la piel de alabastro y cutis finísimos, sus cabellos pintados de rubio resaltaban su blanca belleza y sus ojos esmeraldas eran dulces. Había estado tomando con otro de sus amantes, pero aquel ya estaba roncando en un rincón.

—Vengan, chicos, vengan —dijo Nuvie entusiasmada, con voz ebria, al reconocernos.

—¡Uh lalá! —exclamó Lánguido—. Pero, preciosa, cómo está tomando sola, y veo que hay una caja, qué digo, una caja  y media.

—Pues les invito todo, mi amor, chupen conmigo.

     Yo, sin molestias, abrí una botella con mis dientes y me serví un vaso lleno, sonriendo por la invitación. Al instante, como metales atraídos por un imán, Lánguido y Nuvie bailaban pegaditos, susurrándose frases a los oídos y empeñándose en darse caricias a las mejillas y la espalda. La música era alegre e invitaba a seguir festejando, algo que me recompuso totalmente de mis penas, y me puse de pie y bailé como un perfecto borrachín al lado de la pareja. Sin esperar mucho, Nuvie aprovechó nuestra atención para hablarnos del accidente que había sufrido su amigo, que yo pensé era también otro de sus amantes. Pool, su amante, regresaba con una moto lineal de La Curva a San Francisco, pero por culpa de un taxista imprudente, que iba al volante borracho y embistió contra Pool, este estaba en Huamanga en cuidados intensivos. Eso había ocurrido en Navidad y Nuvie derramaba lágrimas gruesas temblando, y entonces Lánguido aprovechó para besarla mientras la consolaba.

— ¡¿Y dónde quedo yo?! —exclamé preguntando.

     Nuvie se liberó de Lánguido y llamó a una de las chicas del local. Entonces apareció Arlie, vestida provocativamente con minifalda jeans y una blusa amarilla, y se me encendió el deseo como un volcán a punto de dar erupciones. La conocía y había sido mi enamorada: era cuestión de resucitar sentimientos. Pero estos estaban bien muertos, pues no pude convencerla de ir a uno de los cuartos de servicio y gozar como lo hicieron al rato cual recién casados Nuvie y Lánguido.

—Eres una bandida muy atrevida —le dije a Arlie un poco molesto.

—Mírate. Estás borracho. No cambias.

—Cállate. Yo fui tu primer enamorado cuando caíste acá. Y si hubieses seguido conmigo, yo te hubiese rescatado de este antro y ahora serías mi señora. Bah, eres una bandida muy atrevida.

—Eso fue hace años y debes olvidarlo. Además, tú te conseguiste otra, la tal Bereka.

—Ya terminamos, y ya la olvidé —le revelé con un placer inusitado.

     Nos quedamos mudos durante unos fragmentos de minutos mientras escuchábamos la música a todo parlante y nos mirábamos a los ojos en intervalos y quedamente para no ser tan evidentes, con nuestras miradas también clavándose, por entre la entrada, en la calle soleada y calurosa. Respiraba las cenizas y sentía encendiéndose las ascuas.

—¿Sabes cuánto gané hoy día? —preguntó de pronto Arlie cambiando de fisonomía de recelosa a emocionadísima. No respondí extasiado pero ella continuó: “Serénate y vuelve en la noche. Quizás te perdone”.

     Yo acepté gustoso. Me iba ir dejando media caja de cerveza, pues empezaba a darme vueltas de nuevo la cabeza, pero mi ex cuñado apareció y me detuvo diciéndome con voz pícara: “No te vayas, hermano, esto recién comienza”. Y vino Nuvie y me sacó a bailar. Al tocar sus manos, ellos ardían como brasas. Ahí le pregunté si era operada. “Todito”, respondió sonriente y coqueta, “soy más rica que una mujer”. La miré con perplejidad y, con cierta objeción, no le dije que para mí una mujer es única. Solo atiné a sonreír amistosamente.

     La fiesta continuó a todo volumen. Los cuatro bailábamos eufóricamente cuando se despertó el amante tumbado de Nuvie, que nosotros creíamos estaba muerto y, al verlo reaccionar poco a poco, pensamos que se trataba de una resurrección. Lo miramos boquiabiertos y él, desafiante, nos miró, nos sonrió, se puso de pie lentamente, y dijo: “Sabía que eras una puta, Nuvie”.      Lánguido y yo, que no aguantamos pulgas, nos abalanzamos sobre él. Pero no pudimos hacer nada. El otro ya estaba sereno, era bajo y fortachón (no me sorprendería que fuere del campo), y nosotros apenas podíamos sostenernos en pie. Nos sacó la mierda. Nos dejó tumbados y adoloridos en el suelo, y se fue con su trofeo, la excepcional Nuvie. Arlie nos repetía al oído: “Despierten, debiluchos, no me arruinen el negocio”. Y me quedé dormido.

– Francois Villanueva Paravicino

SOBRE EL AUTOR:

Escritor peruano (Ayacucho, 1989). Egresado de la Maestría en Escritura Creativa por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM). Bachiller en Literatura por la UNMSM. Ganador del I Concurso de Cuento del Grupo Editorial Caja Negra (2019). Finalista del I Concurso Iberoamericano de Relatos BBVA-Casa de América “Los jóvenes cuentan” (2007). Textos suyos aparecen en la antología Recitales “Ese Puerto Existe”, muestra poética 2010-2011 (2013). Ha publicado el libro de relatos Cuentos del Vraem (2017) y el poemario El cautivo de blanco (2018); además publicó en Amazon su primera novela Los bajos mundos (2018). Cementerio prohibido (2019) es su cuarta entrega. Reseñas y textos literarios suyos han sido publicados en páginas virtuales, diarios, plaquetas, revistas y/o.

Sí, eres mi hermano

Eres de las personas de casi no materializar tu amor por mí, por eso eres la constelación más extraña e importante de mi universo.

No hace falta palabras, ni que me lleves de la mano, basta con saber que existes y que puedo verte andar delante.

No hace falta colmar mi ser de abrazos o que articules que me amas, me basta con saber que estoy en tus pensamientos que nunca me quitaras la mirada

Eres ese sol que en mi oscuridad puede resaltar el brillo de mi alma.

Soy esa persona que no escogiste, que no venía con garantías, tranquilo no puedes hacer devoluciones.

Me alegra haber caído en la vida de este ser, de sonrisa coqueta, de alma llena de furia, con esencia explosiva pero de las buenas.

– Yenifer

Fuego furioso

Mis uñas están clavadas en mis palmas
no me tranquilices
o terminarás con mis gritos desollando tu sonrisa,
no volverás a verme.

Fuego furioso en mis ojos
es mi alma mostrando cuanto te odio
no me dejas ser feliz a tu lado
no seré feliz en algún lado.

Fuego furioso en mi cama,
de la que te olvidaste que es nido
y lo convertiste en una fiesta ruidosa
de compromiso y rutina.

Fuego furioso en las esquinas de las calles
que ya no son recuerdos de besos
es concreto insignificante y aburrido,
es la posada de la basura.

– Anónimo

Ira

Era una fiesta elegante en uno de los lugares más lujosos de la ciudad, un lugar de esos en los que te sirven con más de un tenedor y una servilleta con el logo del local. Yo llegué a las 8 de la noche, según lo acordado, y allí estaba Anne, tan hermosa como siempre, pero esta vez su belleza se notaba más, tenía un vestido oscuro como la noche y pequeñas estrellas brillaban en el fondo de ese pequeño universo, ella era la luna. Al verme vino corriendo como una niña que va en busca de su libro favorito y me abraza, siento su cuerpo y me besa diciendo que me extrañaba.

Después de saludarnos tiernamente me indica que se sentaría en el medio de la mesa principal y que nosotros (los hombres) estaríamos en la mesa continua, y le pregunté – ¿Y quién se sentará aquí? – señalando la frentera de su asiento, a lo que ella me respondió – No sé, creo que los profesores- . Debo aclarar que yo ya sabía la posibilidad de que suceda eso, ella ya me había indicado anteriormente que las chicas se sentarían en esa mesa frente a los profesores invitados, a mí no me gustaba la idea, pues es menester afirmar que yo ya presentía muchas cosas respecto  a esa decisión: Una vez fui a recogerla de sorpresa a la Universidad, era un miércoles y era día del maestro, había una ceremonia por dicho día y yo quise sorprenderla a la salida; esperé en el parque más de lo pensado, vi que la gente salía y decidí llamarle, ella contestó y me dijo que ya se iba a casa, se oía apurada y decidí no interferir su apuro, pero al retirarme por el sendero del parque ¡Ohh sorpresa! Encontré a Anne saliendo rápidamente con el Dr. Gabriel, un profesor joven y guapo, con familia y trabajo estable, extrañamente siempre elegía a Anne para que sea su delegada en los tantos cursos a los que ella se matriculaba, y salían rumbo al parqueo de vehículos, yo les seguía con la vista, ella subió al asiento del copiloto y él condujo su Santa Fe con rumbo desconocido, me dolió en el alma, pero yo confiaba en ella; después de un cigarro decidí llamarla y ella contestó diciendo que ya estaba en casa y que no me preocupe, yo confié.

Al llegar los demás invitados nos sentamos todos según lo previsto, pasaron las horas, ya eran las 10 de la noche y no llegaban los profesores invitados, pero en el momento que nos preparábamos a servirnos el buffet, se abren las puertas principales del local y entran los profesores, entre ellos Gabriel, despampanantes y soberbios, cuchicheando como niñas de secundaría pero sin perder la alcurnia entre las sonrisas, y entre los saludos picaros que se intercambian con los demás invitados, las chicas como sus fieles fans se paran y les indican sus asientos pero ¡Ohh coincidencias de la vida! Gabriel se sienta justo frente a Anne, yo veía desde el otro lado del salón, desde la mesa condenada al ostracismo, con rabia, decidí pensar que todo eran simples casualidades.

Se oye un charango sonar al compás de una quena, está sonando Let it be, comenzó el show y todos los invitados se paran para ir en competencia rumbo al buffet de la otra sala; se oyen tacos, carcajadas, chistes y música. Intenté pasar una buena noche, no todos los días se podía celebrar una fiesta de egresados, iniciaba conversación con algunos amigos y profesores presentes, pero a lo lejos podía ver cómo Anne le regalaba sonrisas y miradas a Gabriel, yo sólo atinaba a disimular que no me importaba. 

El show terminó y las carcajadas continuaban en la mesa principal, en mi mesa sólo iniciaban el parloteo con autos, futbol y brindis insípidos, una reunión de puros hombres es como un café sin causa, era una tortura.

Pasadas unas cinco copas de whiskey los docentes comenzaron a brindar para todos los presentes, primero muy emotivamente el Dr. Uriel, después el Dr. Boris y de la misma forma algunos integrantes de mi promoción; es en esos momentos que sucede lo impensado, lo inesperado, al menos para mí y Anne; el Dr. Gabriel se levanta y entre los aplausos de sus colegas, ya un poco ebrios, dice más o menos lo siguiente – Queridos amigos, doctores, quiero expresarles mis palabras- y continuó con las palabras que a simple vista no significan nada, pero que si los presentes supiera todo lo que pasó anteriormente, no hubiesen hecho lo que hicieron a continuación; Gabriel continuó pidiéndome permiso para hablar, como quién se mofa, se dirigió a mi persona diciendo «con tu permiso Juan» y mirando de reojo a Anne levantó su copa sonriendo, todos los presentes al parecer ya tenían en mente algunas conclusiones, pues obviamente no fui el único testigo de algo entre Anne y Gabriel, y gritaron con cizaña, como si lo mencionado por Gabriel fuera un golpe bajo. Mi mente explotaba al ver a Anne, que se dio cuenta de lo ocurrido, se puso roja, tal vez de vergüenza, eso avivó más mis malos pensamientos, mi mente me decía a gritos que parta la cara a Gabriel, las circunstancias me gritaban que él se burlaba de mí, que todo estaba planeado por Anne, que ella jugaba conmigo, que nunca me amó, que todo lo nuestro era una fachada para ocultar lo suyo con Gabriel. 

Morí por dentro, todo se desplomaba, no quería estar ahí, no quería estar con Anne. Todos seguían gritando, Mary se dio cuenta de lo que me pasaba y me dijo que me calme ante lo obvio, yo no quería generar problemas e hice caso, me quede sentado, tenía ganas de llorar, me levanté para disimular y me fui al baño destrozado después del brindis de Gabriel. Al regresar ya todo se retiraban a seguir festejando en otro local, busqué a Anne y no estaba, ni ella ni Gabriel, lo peor pasó por mi cabeza, levanté mi saco me despedí de los pocos que aún estaban presentes en el velorio de mi dignidad y decidí retirarme. Al huir de lugar, herido profundamente, desfogué toda mi ira contra Anne, ¿Por qué permitió que me hicieran daño? Gabriel no lo hubiese hecho si no hubiera pasado nada, ¿Por qué Anne no dijo nada? ¿De verdad pasó algo entre ellos? ¿Por qué me hicieron daño? Sentí que Anne era coautora de todo, de las heridas causadas, de mis lágrimas de huida, sentí que no me quería y la odié.

– J. Martín