El lugar era inmejorable, en plena serranía, con las vistas más hermosas y el aire puro. La casa principal con desniveles fuera construida por unos alemanes, sus hijos fueron a vivir en la casa adjunta en el patio lateral para ceder la casa a los militares (¿bajo qué argumentos?). La verdad verdadera de los hechos ya es parte de la memoria del tiempo. Los humanos, medio humanos y casi humanos, que participaron de la historia de terror en aquella casa, ya murieron o perdieron la memoria por el Alzheimer.
El mundo estaba divido en dos bloques. Había plata para financiar a ambos proyectos. Faltaban valientes que arriesguen la vida por un ideal. Eran tiempos rudos, los militares estaban al mando del país y la consigna era frenar el avance comunista a cualquier precio.
Los pocos, los idealistas, aquellos que pensaban que las armas cambian al mundo o que estaban seguros de que las ideas valen una vida, ellos se arriesgaron… pensaban que los demás seguirían su ejemplo. ¡No fue así! Los demás ni se inmutaron con su destino. ¡Ni se enteraron de lo que pasó! Es siempre así, las mayorías quieren pan y circo, eso nomás. Entonces, luchar por las mayorías es una especie de suicidio…
Inés era muy joven, inicialmente no leyó la doctrina o “El Capital”, apenas, como “intelectual de oreja”, oyó todo lo que su enamorado le decía. Después asumió su discurso como siendo válido y propio, para luego hacer parte de los grupos de intelectuales y rebeldes al que su enamorado pertenecía: altas discusiones, grandes discursos, algo de hierba, contactos importantes…
De repente, Inés era una de ellos. Y ellos estaban secuestrando al embajador suizo. Inés participó en el secuestro del embajador y, por muy poco, casi lo matan. Por un pelo se salvó la vida del embajador. A Inés no le gustó la clandestinidad, el abandono a su trabajo en el banco, la forma como las cosas se escaparon de las manos, ni la improvisación a la hora de las negociaciones… al mismo tiempo, ella soñaba con su amor, con una vida juntos, con una familia. En los más de treinta días de secuestro, le quedó claro que eran compañeros de lucha, no de vida. Conoció al jefe: ¡tan lindo! Se quedó confundida y decidió dejar todo, escapar a Chile y empezar de nuevo.
En la terminal de buses de São Paulo, Inés fue detenida y trasladada a Rio de Janeiro para la casita del terror, para vivir una situación que ningún ser humano merece sufrir. Los medio humanos o casi humanos (porque andaban erectos, hablaban y sabían leer y escribir) que la acompañaban constantemente, la trataron de manera tan vil que, años después de haber salido del lugar, Inés dudaba de su valor como persona. En las constantes torturas y en las largas horas de golpizas, ellos lograron deshumanizar a Inés.
En la casa de la muerte no faltó la figura del médico psicópata que trabajaba, gustosamente, para los militares. Era el doctor Lobo quien admitió su participación en las secciones de tortura y confirmó la muerte de los presos. Lobo era el psiquiatra que examinaba a los presos para determinar si ellos tenían condiciones físicas para suportar nuevas torturas.
Inés fue la única que sobrevivió, los demás dejaron su nombre en los anales del tiempo y sus gritos entre las flores del jardín de la casa de la muerte: Aluisio, Ivan, Heleny, Maurício Guilherme, José Raimundo, Celso Gilberto, Gerson, Walter, Paulo de Tarso, Issami, Ana, Wilson, Thomaz Antônio, Carlos Alberto, Mariano Joaquim, Antônio Joaquim, David, José, Walter, Marilena y Victor Luiz.
Un militar dijo que se encargó de incinerar los cuerpos y fue asesinado esa misma tarde.
Por mi parte, creo que ninguna ideología merece el sufrimiento de ningún ser humano, peor su vida.
– Márcia Batista Ramos
SOBRE LA AUTORA:
Márcia Batista Ramos, nació en Brasil. Licenciada en Filosofía. Es gestora cultural, escritora, poeta y crítica literaria. Es columnista en la Revista Inmediaciones, La Paz, Bolivia y en periodismo binacional Exilio, México. Publicó: Mi Ángel y Yo; La Muñeca Dolly; Consideraciones sobre la vida y los cuernos; Petty Barrón De Flores: La Mujer Chuquisaqueña Progresista Del Siglo XX; Tengo Prisa Por Vivir; Escala de Grises – Primer Movimiento; Rostros del Maltrato en Nuestra Sociedad; Dueto; Escritoras Cruceñas, Caballero, Reck & Batista; Escritoras Contemporáneas Bolivianas, Caballero, Decker & Batista; Caspa de Ángel – antología de cuentos, crónicas y testimonios del narcotráfico, Batista-Ramos & Carvalho Oliva. Es colaboradora en diversas revistas internacionales.