Ya desnudos en la cama, uno dentro del otro, con las ventanas empañadas y las sábanas en el piso.
El silencio abrasador que es interrumpido por nuestros gemidos y la piel rosácea por la fricción de nuestros cuerpos.
No existe el tiempo, con poco aliento pero nada satisfechos continuamos hasta el anochecer.
Pose tras pose, nuestros corazones sienten reventar por la maratónica actividad sexual disfrazada de una salida por café.
Tú sometiéndome contra la pared y yo en puntillas, tratando de no perder tu boca y tu pelo que se han vuelto mi adicción.
Me siento viva y tenaz gracias a tus caricias y tus manos que entran y salen de donde pueden y tu mirada que me desnuda más de lo que ya estoy.
Entonces llegamos al clímax donde los orgasmos son una mera formalidad a todo el juego previo de la seducción.
Y terminamos mojados mirando al techo y sonriendo satisfechos por la complicidad y la inocente salida que terminó en sexo.
– SS.