Han pasado ya algunos años desde que tomamos caminos diferentes y no te voy a mentir, los primeros días fueron aterradores porque personalmente te dejé ir aun amándote.
En ese momento había perdido la orientación, las ganas de vivir y de amar, aunque sabía que de amor nadie se muere.
Aun así, sentí en carne propia la muerte entrando por mis lágrimas, determinada a quedarse por algún tiempo dentro de mí.
Convivíamos pacíficamente hasta que, de vez en cuando, se le daba por despertar y se envolvía en mi corazón para sentir más calor.
Sin pensar en que lo apretaba, hasta casi dejarlo sin latir, y yo solo podía llorar, me sentía impotente porque nada podía hacer.
Esa fue mi rutina durante algún tiempo, entre la vida y la muerte, entre el amor y el odio, tratando de olvidarte.
Hasta que lo logré; no logré olvidarte en realidad, pero sí logré votar a la muerte de mis entrañas para alojar a la vida.
Hoy en día, me siento con vida y feliz de haber tenido la experiencia de amar sin condición, entonces pienso que todo lo vivido no fue más que una etapa de la vida.
Sin embargo, aún imagino el día en que nos volvamos a ver y muchas veces pienso en que podría abrazarte y besarte.
O podría ignorarte y seguir mi camino porque fuiste el responsable de tanto dolor pero, en realidad no sé cómo podría reaccionar.
No sé si agradecerte o culparte, no sé si reír o llorar y toda esta confusión se debe a que, tal vez, aún te amo.
Tal vez aún podría esperar una vida juntos, tal vez aún te sueño porque no puedo borrar todo el inmenso amor que me enseñaste a sentir.
En realidad, siempre ocuparás un lugar importante en mi corazón y mis recuerdos y te quiero y te extraño y deseo de todo corazón que seas feliz.
Y si nos volvemos a ver, seguiré mi camino porque nuestro momento ya pasó y es hora de seguir adelante, sin rencores ni historias inconclusas.
Ya es hora de dejarte ir, ya es hora de caminar junto al tiempo y no en contra, ya es hora de mirar adelante sin sentir que dejé a alguien atrás.
– SS.