Al pensar en que una persona muy cercana a nosotros podría morir, los ojos se nos llenan de lágrimas, sentimos un apretón en el corazón porque simplemente sería difícil, triste y doloroso; entraríamos en negación, depresión; los primeros días no lo aceptaríamos y sentiríamos morir porque esa persona nunca más nos abrazará o nos mirará; te estruja el alma saber que no cumplirá sus sueños, no formará una familia o simplemente no volverá a comer su comida favorita, te atormenta todo lo cotidiano porque tú aún estás vivo y esa persona no; los seres humanos siempre lloramos con tan solo pensar que, un día, un ser amado se podría ir de este mundo, pero… ¿qué pasaría si el que se va es uno? Pues no lo sabríamos. Así de simple y eso es más aterrador porque no sabes lo que va a pasar, no sabes nada, no sabes si lloran por ti, no sabes si te extrañan, no sabes quién te extraña. En tu funeral sentirán pena por ti, por haberte ido tan pronto de este mundo, tú serás el causante de la tristeza de tu mamá, papá, hermanos, hijos, etcétera. Pensar que, tarde o temprano, pasarás al olvido, tu ausencia será parte de la vida de los que te aman pero tú ya no podrás amar, reír, llorar, no podrás realizarte como persona, simplemente ya no estarás y no lo sabrás. Así como nadie sabrá si tu alma tiene el descanso eterno al lado de Dios o se calcina junto a las llamas que tú mismo mantienes vivas, tal vez jamás sabrán cómo es que moriste o porqué te pasó a ti y tratarán de llamarte a través de sus sueños para saber si estás bien y con suerte te les aparecerás para darles algo de consuelo, pero tú seguirás muerto, lo merezcas o no, jamás volverás a pisar la tierra o respirar y menos sentir la calidez del cuerpo humano y no tendrás ni la más mínima idea de que tu cuerpo yace en la tierra pudriéndose y luego, al pasar los años, no solo habrás desaparecido físicamente, sino que también de los recuerdos y las memorias de quienes te amaron y solo regresarás cuando ellos quieran algún favor divino más no saber de ti y la eternidad te pesará o quién sabe qué diablos nos pasará.
– SS.