Huellas sin paso

No habla la arena en el vacío

de horizontes y paisajes

el sol achica los ojos

henchidos por la luz

que se propaga en el viento.

El viento que sopla lleva y trae

los brazos hermanos de la muerte

que no sabe de qué ausencias

el vacío está hecho.

El silencio es ya vacío,

con paredes de tumbas levantadas

que olvidan el lugar

donde se esconden los abrazos.

La muerte brinda sus espectros

llenos de incorpóreas sombras

que han olvidado lo que une

el hombre a sus promesas.

Las sombras bailan en los ojos que miran

el oscuro mundo que los llama

desde allá donde se pierde

la forma exacta de la huella.

¿Dónde, dónde?

¿En qué lugar nos perdimos?

Nadie habla, nadie sabe donde estuvimos

antes de llegar a este desierto.

¿Dónde se perdió el sueño despierto

del hombre que vivía los tiempos del alma

que le daba felicidad y alas?

Ahora sólo quedan pétalos marchitos

y el amor que era un don infinito

se perdió en el incógnito mundo

que muchos llaman destino.

¿Dónde está el viejo camino

de esa palabra usada

de quien daba su amor sin pedir nada?

El hombre bajo el peso de sus espinas

tiene el alma mutilada y el corazón preso

que se cierra suicida al beso.

Como una semilla de luz apagada

el hombre perdió el tiempo del abrazo

en el largo camino de pupilas dormidas

y perdió también el sentido de la vida

en el intento de dejar una huella sin paso.

– Yuleisy Cruz Lezcano

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