La que ya no soy

Ya no soy aquella muchacha ingenua que salía de casa y olvidaba sus problemas personales y llevaba siempre una sonrisa.
Ya no soy la que se hacía de muchos amigos y confiaba en todos a pesar de que ellos no confiarán.
Ya no soy la que creía en el amor a primera vista y buscaba un príncipe azul.
Ya no soy la que no desconfiaba de nadie jamás y creía que todos tenían buenas intenciones.
Ya no soy la que jugaba, lloraba y amaba abiertamente porque creía que el mundo era inocente.
Ya no soy la que llenaba su celular de canciones románticas y añoraba amar con toda el alma.
Ya no soy la que vivía el presente y no se frustraba con los problemas porque ellos se solucionaban tarde o temprano.
Ya no soy la que le veía el lado bueno a todo y brindaba consejos que solo se aplicarían en un mundo ideal.
Ya no soy aquella a la que le importaba lo que los demás pensaban y si tenían un mal concepto de ella se ponía triste.
Ya no soy la que quería tener muchos amigos a los que podía confiarles todo.
Ya no soy la que creía que la amistad y lealtad eran mutuas.
Ya no soy la que no quería cometer errores para no lastimar a nadie aunque eso significara salir lastimada yo.
Ya no soy la que se quedaba callada y no expresaba lo que sentía.
Ya no puedo confiar abiertamente porque la gente está loca y aquellos que no, tampoco confían.
Ya no puedo entregar una amistad porque las personas lastiman y luego solo se van.
Ya no se puede saludar a un amigo sin que insinúe que quieres algo más y terminas siendo el problema de una relación.
Ya no te puedes enamorar porque siempre lo haces de la persona equivocada y terminas en pedazos.
Ya no te puedes desahogar con un amigo sin pensar luego en que tus secretos estarán de boca en boca.
Ya no puedes creer en las personas porque cada uno tiene sus tormentos y solo quieren librarse de ellos.
Ya simplemente una no quiere saber del mundo exterior y solo te refugias en tus letras y tu almohada.
Porque ese mundo te convirtió en alguien irreconocible, en alguien que no eras, en una versión de ti que jamás pensaste ser.
Pero con la poca cordura que te queda te das cuenta que necesitas aislarte para poder encontrar tu esencia, encontrarte.
Necesitas un respiro y necesitas hacerlo ya porque luego ya no serás jamás la que un día fuiste.

– SS.

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