Te perdono,
muerte de la carne,
humillación del hambre,
repentinamente taladrada
de la voz callada
cuando se va la vida.
Perdono la indignación encendida,
no puede ya desgarrar mi pecho.
Mi corazón está hecho
de ojos que parten
de una isla de sombras.
La sola cosa que me nombra
es un epitafio.
– Yuleisy Cruz Lezcano