El pincel arde
junto al mar de fuego,
un deseo de vida
muere en sus entrañas,
sitio de amor profundo,
de coraje necesario y de espera
de la muerte.
Frida se dibuja en una cama inerte,
los órganos sonríen desde el alto,
con hilos de sangre que rompen
las aguas amargas de su vientre
desde donde se siente
el olor acre de las piernas.
Sangre cadáver que tiñe
el lienzo que explora la muerte.
El nombre Frida se mezcla al dolor,
lo hace trabajar, soñar, esperar
que el amor
pueda salvar
la mujer que es carne
hecha de carne,
picoteada en el fondo
de buitres negros
que vuelan sobre la cama,
siguiendo el vuelo de su sangre
por el viento.
– Yuleisy Cruz Lezcano