El escenario perfecto
colgado en un “buenos días”
y la palabra frágil
moviéndose al viento
con delicadeza.
La expresión latente
probando rostros,
pintando máscaras,
deshojando margaritas.
Un manto triste
que filtra luz
y su naturaleza.
La esperanza de ser
siendo infinito
caminando en un as
sin truco bajo la manga.
La mañana seca
con ímpetu de tempestad.
***
Lo vi feliz
hasta el cansancio.
Aburrido de todo,
la sonrisa falsa
y el insomnio crudo.
Antes se esforzaba
un poco más
a veces solo,
a veces a pedazos,
a veces de par en par.
***
Ay, si duele la vida
tanto como el alcohol bebido
sobre una herida fresca.
Luego, empezó a desconocerse
en el temor a la ruptura
rompiéndose
sin saber qué esperar.
La caída libre
sin vacío
fugaz y extensa.
La noche, la culpa:
un delirio de amor
convertido en recuerdo.
La memoria en la ensenada
y la mirada fija
en ese espejo
i m i t á n d o l o .
Finalmente, la culpa,
siempre la culpa,
encarando, sin miedo,
al mar.