¡Qué carnaval a medianoche! ¿Quién pensara o dedujera? Una tragicomedia barata en esta enmascarada realidad a la que ahora llamo vida.
Musitan cándidamente en mi vaga y frágil mente, los recuerdos del ayer y del jamás, camuflándose como ratas cobardes entre las pobres risas de los buenos ratos.
Quisiera creer que estoy soñando, que mis dedos no escribieron hoy el último “te amo”, que mi mente está alucinando y que mi cerebro juega a dardos con cada partícula de un sueño imaginario.
Quisiera creer que no estamos despiertos, que somos parte de una sátira comprada, que nada es cierto. Quisiera creer que aún te amo o que me amas o que el amor no es tan solo un consuelo entre los mortales que buscan migajas de serenamiento.
Que los errores no existen y que las verdades son más que evidentes cuando encuentras el punto correcto.
Quisiera no esperar a que me esperes, no pensar que me piensas, no amar que me ames o, mejor aún, no estar sin que no estés.
Quisiera que hoy fuera viernes, uno menos o uno más; total, no el día final. Quisiera que no oyéramos el tic tac alarmante, que irónicamente clama voces de un hasta nunca con un frío te amé o un ya no te amo.
– Ave Nocturna