Han pasado 7 años y estoy en esta banca con tu foto en mi mano, como todos los años en este día, aunque algunas personas piensan que ya debería superarlo, no puedo.
Mi rutina es recordar todo lo vivido a tu lado desde el primer día, tal vez es masoquista pero lo necesito porque todo fue felicidad.
En realidad no lloro, hasta el momento en que simplemente te fuiste, lo recuerdo como si fuera ayer.
Entonces pienso que todo lo que te había dado nunca fue suficiente porque incluso ahora, después de 7 años, me invade ese amor que nunca más tendrá un receptor.
Me pregunto e imagino qué sería de nosotros ahora si estuvieras aquí, estaríamos en casa, tal vez, o en el supermercado, o hablando por teléfono, o no sé.
Tu partida me hizo dar cuenta que nunca perdimos el tiempo en realidad, no lamento nada, nos abrazamos cuando quisimos, nos peleamos y reconciliamos, lloramos, reímos y vivimos.
El detalle está en que quiero seguir haciéndolo contigo, pero ya no se puede, ya no estás, ya no vives y qué impotencia me da porque no era tu momento.
Tengo la esperanza de que al menos puedas percibir mis sentimientos, aunque no me escuches, tengo la esperanza de que recibes mis sentimientos.
Cómo te extraño y no, no te he olvidado; y sí, siempre querré volverte a ver; a pesar de que la vida sigue y el tiempo no se detiene, tú trascendiste y estás latente en mi tiempo y mi vida.
Cada paso que doy, lo hago pensando en lo que tú habrías querido para mí e imagino que estás ahí, regañándome o felicitándome. Este hábito, algunas veces, me hace reír y otras llorar.
Sea como sea, pase el tiempo que pase, el vacío que dejaste nunca podrá ser llenado, son palabras trilladas pero muy ciertas y dolorosas.
Han pasado 7 años y estoy en esta banca con tu foto en mi mano, como todos los años en este día, aunque algunas personas piensan que ya debería superarlo, no quiero.
– SS.