Yo sé que te gustan los detalles, que te gusta tener una tela tan cara y fina sobre tu piel para que todos murmuren de tu elegancia. Yo sé que todos deben reconocerte por el olor de tu sofisticado perfume y deben saber que ropa como la tuya no hay en ningún registro de la historia. Originalidad, eso deberías tener tatuado.
Sé que te gustan las cartas y te molesta que no te haya escrito más. Pues aquí va una, con todo sentimiento.
Me caga cada tipo de actitud que puedas tener, que ahora solo soy una marioneta más en tu vida. Todo lo que pueda suceder es mi culpa y si algo malo está por suceder será mi culpa. Vamos, no te enojes, te pido perdón. Ahora, tú nunca fuiste capaz de pedir perdón porque escondes en esa máscara de orgullo a una persona engreída que solo requiere atención. Fíjate, ya no soy más ese juguete con el que podías masturbar tu ego. Hoy le pondremos fin a esto.
Si esta carta tiene olor, no será el de los exclusivos perfumes, este texto tiene el vómito de todo lo que me haces sentir. Si esta carta tiene un color, es verde vómito con amarillo bilis. Espero que estos colores combinen bien como tus zapatos y tu saco. Envolveré esta carta en mi cadáver fresco, que no encontrarás. Sé que segundos antes de que se me acabe el aliento, cuando el frío termine de invadir mi corazón, habré de arrepentirme de esto. Recordaré todo lo bueno que no te incluye y desearé una segunda oportunidad. Si es el precio por nunca más verte, que así sea.
No te pido que te vayas a la mierda, quién se va soy yo. Directo a la mierda, simplemente para alejarme de ti. Si es de variar de infierno, elegiré mi propio diablo. No reces por mí y no me contactes en ouija, que solo llegaré para dejar caca como se pueda. Que tan solo encuentren mi cadáver y te den esta carta para cagarme de risa con tu reacción. Jódete.
Con cariño, esta fue la última puta carta.
– Anónimo