Es inimaginable que alguien en este mundo deje ir al amor.
Se dice que una de las fuerzas más inquebrantables es el amor.
Las personas darían todo por el ser a quien más aman.
Eso nos han enseñado, pero mi experiencia es muy diferente a lo que yo había imaginado.
Como cualquier persona, también esperaba al amor, a la persona con quien compartiría mi vida entera.
Con quien tendría hijos, discusiones, reconciliaciones, con quien experimentaría no solo el placer, si no, también, la felicidad.
Conforme pasan los años y los cambios que pasan de generación en generación, una empieza a creer que ese sueño se convierte en imposible.
Ya que, en estos tiempos, lo más importante es tan solo no salir lastimado.
Entonces dejamos en segundo plano el formar una familia, encontrar a un compañero de vida, amar.
Y nos concentramos en triunfar profesionalmente, adoptar un gatito, llegar a un departamento grande pero vacío, visitar a nuestra madre entre semana y una que otra noche, salir con las amigas.
En fin, el concepto de una vida plena se ha tergiversado.
Si bien es cierto que todo lo ya antes mencionado es importante, no es lo único a mi parecer.
Y es así que yo, en el momento menos pensado y creyendo que jamás pasaría, me enamoré.
Al principio, como cualquier persona en este mundo, me llené de tantas ilusiones, fue tan increíble y tan dramático a la vez (odio el drama por si fuera poco).
Talvez no tenga muchos años de vida, pero algo he aprendido, es por eso que empecé a analizar los pros y contras de una relación con esa persona, bajo esas circunstancias y definitivamente me di cuenta que algo saldría mal.
Sin embargo, decidí continuar ya que el sentimiento era mutuo, hasta ahora lo es, pero en ese momento solo me dejé llevar más y no hice caso a mi intuición.
Lo que vivimos era tan sincero como prohibido, ambos sabíamos que en algún momento de esta historia, alguien debía de ponerle fin.
Pero no hablábamos de eso ya que aún no llegaba el momento.
Fuera de todo eso, esa época fue la mejor que viví en mi vida. Los besos, los abrazos, la adrenalina cuando hacíamos el amor, la complicidad, la seguridad, el secreto mejor guardado.
No solo me brindaba amor si no también seguridad y confianza, yo era mejor persona con él, me sentía viva, única y todas esas cursilerías del amor.
Pero cuando entraba en conciencia, lloraba por las noches porque en realidad ese amor no me pertenecía, era solo prestado, con fecha de caducidad y creía que dejarlo ir sería imposible o en todo caso, el fin de todo.
Mi corazón, definitivamente, me gritaba que retrasara el final lo más que pueda, pues merezco ser feliz y tal vez no encontraría este tipo de sentimiento de nuevo.
Pero mi cerebro sabía que debía de hacer lo correcto y que retrasar algo que sucederá inevitablemente es solo lastimarnos más y escribir un destino más desdichado.
Fue entonces que me di cuenta de todo el amor que por él sentía y si continuar con esto significaba también su sufrimiento o perjudicarlo de algún modo, entonces debía de terminar.
Todas mis fuerzas y mi determinación desaparecieron en el momento en que me besó, es más, tan solo cuando lo vi, entonces me di cuenta que, justo en ese momento, la historia más feliz del mundo se convertiría en una tragedia más.
Ahí empezaron las interminables despedidas, las interminables charlas durante las noches, los interminables “que seas feliz», el interminable dolor del querer y no querer.
Esta historia es singular como podrán notar, mientras que en todo el mundo, los amantes luchan por estar juntos, porque el amor triunfe, nosotros queríamos poder olvidarnos y continuar con nuestras vidas.
Era más fácil decir adiós porque, de continuar con esto, muchas más personas saldrían lastimadas. No solo éramos los dos, existía todo un océano que endulzar.
Cada despedida era más dolorosa que la anterior y se terminó convirtiendo en un círculo vicioso del que no queríamos salir.
Se hizo costumbre, ambos sabíamos que tarde o temprano nos volveríamos a ver, fue una muerte lenta y dolorosa.
El amor se tornó un juego, algo tóxico, bueno y malo, lo bonito de nuestro sentimiento se veía manchado por nuestra debilidad, por nuestro egoísmo.
Una mañana hicimos el amor, fue tan diferente, tan único, como último. El aire se tornó denso, los besos nostálgicos, los abrazos interminables y las lágrimas resignadas, no se dijo una sola palabra pero habíamos comprendido que era momento de liberarnos.
Entendí entonces, que no lo había entregado todo, que ya no era mi historia, que ya no éramos cómplices, que debía de continuar sola. Sentí paz pero también un vacío que jamás podré llenar porque estoy segura que ese era mi verdadero amor.
Y sé también que aún lo amo y sin un motivo para dejarlo de hacer, estoy condenada a la soledad y la resignación, me sirve de consuelo el saber que, al final del drama, tuvimos el valor de sacrificar nuestro amor por algo más grande que nosotros dos.
A pesar de este final, cuando recuerde su nombre, siempre he de llevar una sonrisa en el rostro porque fue la persona que me amó como quise y me desnudó el alma, me convirtió en diamante y me ensanchó el corazón.
– SS.