La mujer en el bosque

Tenía un cigarro entre los dedos. Creí que estaba solo cuando escuché un sonido y entonces, al voltear, mis ojos se clavaron en los de ella. Eran tan intensos que no pude dejar de mirarlos, percibí que su cabello estaba alborotado, sus labios resecos, sus mejillas sonrojadas, la expresión en su rostro me produjo escalofríos. Era el rostro más apacible que jamás había visto.

Cuando dio la vuelta, me desesperé y traté de seguirla, pero de la misma forma en que apareció, se había desvanecido. No pude sacar de mi mente aquella mirada en los próximos días en que traté de verla de nuevo, parado en el mismo punto, a la misma hora y casi con el mismo aire.

Llegué a pensar que se trataba de una criatura mítica, de esas que se les aparece a incautos para volverlos locos con su belleza y que luego jamás vuelves a ver; aun así, estaba decidido a revelar el misterio de aquella mujer que con solo una mirada y sus ojos comunes me había enamorado.

Un día, en que ya estaba por retirarme del bosque con las esperanzas marchitas, escuché su voz. Mi corazón casi se detuvo. Había imaginado, desde aquella vez, como podía ser el sonido de su voz y era tan dulce como su rostro, su “Hola» me derritió, me dijo entonces que me veía muy seguido en ese lugar y que la curiosidad la obligó a preguntarme el porqué.

Entonces me sentí tan tonto y ridículo cuando le respondí, pero si había decidido encontrarla y saber quién era, no podía dejar pasar la magia ni el momento por más tonto que me sintiera. De todos modos, si una locura le parecía la historia, al menos podré contarla.

En el mejor de los casos, el esfuerzo habrá valido la pena, porque desde que la vi supe que ella era para mí y que rendirme a su apacible presencia sería mi mayor placer; entonces la tomé de la mano y empezamos a caminar. Mientras le contaba el pasado, iba construyendo mi presente y mi futuro con esa mujer.

– SS.

Deja un comentario