Bañada por luz del escenario
canta su boca de ciruela
el vestido plateado de la luna,
sus dedos de confites
que acarician los campos
que han gritando hasta dormirse
baila la niebla:
cortina penetrada de flechas
iluminan sus ojos
soles del cansancio,
derrotas
sus dedos desanudan el corpiño
que hamaca el aire:
vuelan sus pechos como golondrinas.
– Amadeo Gravino