He adquirido la costumbre de dormir iluminado por la clara luz de una pantalla mientras un suave ruido rodea mi cama. Me pongo en posición fetal y presto atención ocasionalmente a la pantalla. Dejo reproducir una voz monótona de algún documental de historia o ciencia mientras espero que el sueño me atrape en algún momento de la noche. Ya no sé si esto es una costumbre para conciliar un sueño o es el mecanismo de combatir la soledad de la noche.
Hay noches en que es fácil conciliar el sueño, y hay noches en que la luz de la pantalla es acompañada por mis pensamientos. Pensamientos sobre lo que pude hacer hecho y de lo que nunca podré hacer. Los lamentos son testigos de mi intento por dormir por algunas horas. Son en estas ocasiones en que vienes a mi mente, te paseas unas horas en mi cabeza y te retiras abruptamente para dejar una sensación de vacío. Igual que en el pasado.
Las noches son una ruleta rusa. La incertidumbre de si al acostarme me quedaré envuelto en los lamentos o podré descansar con el ruido de fondo de algún documental aleatorio. Espero que si te quedas esta noche en mis pensamientos, puedas despedirte para saber que no te hice enojar.