A la espera de una cura

Las noches en prisión arrastran las cadenas
que creímos haber dejado atrás.
Parsimoniosas,
se deslizan como feroces serpientes al acecho.
Se inmiscuyen, se asientan en nuestra piel.

Rebelan un pasado
Donde la máxima victoria no era vivir un día más
Donde las sonrisas no eran tristes muecas de autoengaño
Donde nuestras almas tenían el confort del libre albedrío.
Donde la pendiente de las muertes aún no conocía el cielo.

¿Un amor correspondido?
¿Una caminata de ensueño?
¿Un sutil roce a la libertad?
Trasmutaron los días en incoloros…
¡displicentes!

La presente humanidad
es vigilada por un podrido miedo
que observa, cual terco celador,
desde una zona agreste.
Y resignada,
baja la cabeza y se rinde:
No al virus, sino a su propia estupidez.

Y las matemáticas listas para el conteo dramático
Y el humano quemando el tiempo
a la espera desesperada de una cura.
¿Será posible?
¿No estaremos muertos antes de su llegada?
¿La podremos costear?

Es mejor cerrar los ojos 
hallar la paz
entre las páginas de un libro,
en un solo de guitarra,
en la redención de un verso
en lo insondable de tu mirar.

Crear para liberar
Liberar para curar.

Pero al abrir los ojos,
Soy incapaz
de hallar una cura
como ellos
incapaces también son.

No hay arte que los encienda
ni necesidad que necesite de aquel calor.

Del arte que fluyó por entre mis venas
Que se inmiscuyó por cada resquicio de mi ser.
Por entre este saco de podredumbre
que apenas a un alma exangüe cubrió
y que ahora se va para no volver.

Revitaliza, sana.
Como el ronroneo de un gato a la luna.
Como el voyerismo de unas estrellas en extinción.
Como la respiración de un pequeño ser en una cuna.
Como cuando eras parte de la revolución.

La noche baja su telón
Y con ella las cifras en rojo
Se intensifican y conmocionan
¿Nuestro fin será tan aburrido?
Los fuegos artificiales que nos prometieron ¿dónde están?

Mientras que un hombre recibe el encargo
de preparar el himno al adiós,
El mundo alista su traje más mustio
Los bancos aún se niegan a bajar sus tasas de interés
Y los presidentes levantan bandera blanca
aceptando su necedad…

Los humanos seguimos aquí,
Los humanos seguiremos aquí,
¡Soñando!
En este,
o en el otro mundo.
¡Ya qué más da!

– Andrei Velit

Deja un comentario