Sra. Madre, no tengo las palabras adecuadas para dirigirme a usted, espero este bien; nosotros nos encontramos bien.
Este pequeño o extenso chamuyo mental viene por una sola razón y una sola constante, usted.
Usted que en 23 años solo logró crear recuerdos traumáticos, pero, esa no es la razón por la cual le escribo aunque sepa yo que no llegara a leer esta agrupación de palabras, la verdadera razón es una pregunta que atormenta mi mente, ¿Logré perdonarla?
Existen varias versiones de todo lo ocurrido y obviamente usted tiene la suya donde todo está a su favor, no la juzgo, cada uno es víctima en su propia historia pero pongamos los hechos sobre la mesa, hablando en términos coloquiales.
No logro entender su actuar, aun no consigo entenderla del todo pero mi pregunta aún reside en mi mente, suelo sentarme por horas a razonar y tratar de llegar a una respuesta, aunque la consiga no logro creérmela del todo. Trato de perdonarla pero primero debo perdonarme yo, ¿no?
Admitir todas mis equivocaciones en 23 años pero estoy en etapa de crecimiento para ser mejor persona en el futuro y creo que no es justo que me reprendiera por ello, es más, debió dirigirme en un camino diferente en un camino mejor, entiendo que no tuvo la mejor niñez ni la mejor juventud que su papá no la ayudo en varias oportunidades. La razón de tener una familia es romper el ciclo de crianza, ¿no es verdad?
Tengo recuerdos de niño que son dolorosos pero debí entenderte y no malograr momentos hermosos que según yo, te lo merecías. Quise sentir tu apoyo en momentos cruciales de mi formación, quise sentir tu amor y no solo por conveniencia sino amor verdadero, ese amor de madre que todos mis amigos tuvieron en su niñez. Estoy escupiendo todo este sentimiento de rencor que a veces no me parece justo pero es necesario para lograr mi cometido.
Este texto se está haciendo largo así que debo terminar con un, te quiero y te perdono que viene desde el fondo de mi corazón.
– Arhon C. Noa