El alma que queda

Al llegar la penumbra de la noche
Lúgubres son mis pensamientos,
Detesto la seguidilla de reproches
Que acompañan mis lamentos.

Termino vapuleado por los golpes
Que me propinan mis sentimientos,
Extenuado de ver mis derroches
De decisiones equívocas todo el tiempo.

Me pregunto: ¿Para qué sirvo?, ¿Para qué vivo?
Si soy un lastre, caudillo del desastre,
Cada vez que sigo, no encuentro motivo
Causo que te canses, si buscas ayudarme.

Mi transitar es vacío, a la nada me dirijo
Ya nada me nace, que ser desagradable,
Hace años perdido, padeciendo en el camino
Ya no existe rescate, La Parca va a encontrarme.

Por mientras marcho con la resignación de existir
Sabiendo que la mortalidad me consuela,
Gracias al arte que hay en el vivir
Ya no desgasto mis horas que quedan.

Invierto ahora mi tiempo en escribir
Cuando llegan más noches en vela,
Así espero mis últimos días concluir
Desvistiendo lo poco de alma que queda.

– Diego Nuñez

Deja un comentario