Era una fiesta elegante en uno de los lugares más lujosos de la ciudad, un lugar de esos en los que te sirven con más de un tenedor y una servilleta con el logo del local. Yo llegué a las 8 de la noche, según lo acordado, y allí estaba Anne, tan hermosa como siempre, pero esta vez su belleza se notaba más, tenía un vestido oscuro como la noche y pequeñas estrellas brillaban en el fondo de ese pequeño universo, ella era la luna. Al verme vino corriendo como una niña que va en busca de su libro favorito y me abraza, siento su cuerpo y me besa diciendo que me extrañaba.
Después de saludarnos tiernamente me indica que se sentaría en el medio de la mesa principal y que nosotros (los hombres) estaríamos en la mesa continua, y le pregunté – ¿Y quién se sentará aquí? – señalando la frentera de su asiento, a lo que ella me respondió – No sé, creo que los profesores- . Debo aclarar que yo ya sabía la posibilidad de que suceda eso, ella ya me había indicado anteriormente que las chicas se sentarían en esa mesa frente a los profesores invitados, a mí no me gustaba la idea, pues es menester afirmar que yo ya presentía muchas cosas respecto a esa decisión: Una vez fui a recogerla de sorpresa a la Universidad, era un miércoles y era día del maestro, había una ceremonia por dicho día y yo quise sorprenderla a la salida; esperé en el parque más de lo pensado, vi que la gente salía y decidí llamarle, ella contestó y me dijo que ya se iba a casa, se oía apurada y decidí no interferir su apuro, pero al retirarme por el sendero del parque ¡Ohh sorpresa! Encontré a Anne saliendo rápidamente con el Dr. Gabriel, un profesor joven y guapo, con familia y trabajo estable, extrañamente siempre elegía a Anne para que sea su delegada en los tantos cursos a los que ella se matriculaba, y salían rumbo al parqueo de vehículos, yo les seguía con la vista, ella subió al asiento del copiloto y él condujo su Santa Fe con rumbo desconocido, me dolió en el alma, pero yo confiaba en ella; después de un cigarro decidí llamarla y ella contestó diciendo que ya estaba en casa y que no me preocupe, yo confié.
Al llegar los demás invitados nos sentamos todos según lo previsto, pasaron las horas, ya eran las 10 de la noche y no llegaban los profesores invitados, pero en el momento que nos preparábamos a servirnos el buffet, se abren las puertas principales del local y entran los profesores, entre ellos Gabriel, despampanantes y soberbios, cuchicheando como niñas de secundaría pero sin perder la alcurnia entre las sonrisas, y entre los saludos picaros que se intercambian con los demás invitados, las chicas como sus fieles fans se paran y les indican sus asientos pero ¡Ohh coincidencias de la vida! Gabriel se sienta justo frente a Anne, yo veía desde el otro lado del salón, desde la mesa condenada al ostracismo, con rabia, decidí pensar que todo eran simples casualidades.
Se oye un charango sonar al compás de una quena, está sonando Let it be, comenzó el show y todos los invitados se paran para ir en competencia rumbo al buffet de la otra sala; se oyen tacos, carcajadas, chistes y música. Intenté pasar una buena noche, no todos los días se podía celebrar una fiesta de egresados, iniciaba conversación con algunos amigos y profesores presentes, pero a lo lejos podía ver cómo Anne le regalaba sonrisas y miradas a Gabriel, yo sólo atinaba a disimular que no me importaba.
El show terminó y las carcajadas continuaban en la mesa principal, en mi mesa sólo iniciaban el parloteo con autos, futbol y brindis insípidos, una reunión de puros hombres es como un café sin causa, era una tortura.
Pasadas unas cinco copas de whiskey los docentes comenzaron a brindar para todos los presentes, primero muy emotivamente el Dr. Uriel, después el Dr. Boris y de la misma forma algunos integrantes de mi promoción; es en esos momentos que sucede lo impensado, lo inesperado, al menos para mí y Anne; el Dr. Gabriel se levanta y entre los aplausos de sus colegas, ya un poco ebrios, dice más o menos lo siguiente – Queridos amigos, doctores, quiero expresarles mis palabras- y continuó con las palabras que a simple vista no significan nada, pero que si los presentes supiera todo lo que pasó anteriormente, no hubiesen hecho lo que hicieron a continuación; Gabriel continuó pidiéndome permiso para hablar, como quién se mofa, se dirigió a mi persona diciendo «con tu permiso Juan» y mirando de reojo a Anne levantó su copa sonriendo, todos los presentes al parecer ya tenían en mente algunas conclusiones, pues obviamente no fui el único testigo de algo entre Anne y Gabriel, y gritaron con cizaña, como si lo mencionado por Gabriel fuera un golpe bajo. Mi mente explotaba al ver a Anne, que se dio cuenta de lo ocurrido, se puso roja, tal vez de vergüenza, eso avivó más mis malos pensamientos, mi mente me decía a gritos que parta la cara a Gabriel, las circunstancias me gritaban que él se burlaba de mí, que todo estaba planeado por Anne, que ella jugaba conmigo, que nunca me amó, que todo lo nuestro era una fachada para ocultar lo suyo con Gabriel.
Morí por dentro, todo se desplomaba, no quería estar ahí, no quería estar con Anne. Todos seguían gritando, Mary se dio cuenta de lo que me pasaba y me dijo que me calme ante lo obvio, yo no quería generar problemas e hice caso, me quede sentado, tenía ganas de llorar, me levanté para disimular y me fui al baño destrozado después del brindis de Gabriel. Al regresar ya todo se retiraban a seguir festejando en otro local, busqué a Anne y no estaba, ni ella ni Gabriel, lo peor pasó por mi cabeza, levanté mi saco me despedí de los pocos que aún estaban presentes en el velorio de mi dignidad y decidí retirarme. Al huir de lugar, herido profundamente, desfogué toda mi ira contra Anne, ¿Por qué permitió que me hicieran daño? Gabriel no lo hubiese hecho si no hubiera pasado nada, ¿Por qué Anne no dijo nada? ¿De verdad pasó algo entre ellos? ¿Por qué me hicieron daño? Sentí que Anne era coautora de todo, de las heridas causadas, de mis lágrimas de huida, sentí que no me quería y la odié.
– J. Martín