Prometí bajo un juramente enclenque de no volver a fumar cuando escribiese sobre ti, a no beber cuando rememore nuestra loca y prematura juventud, pero me sumerjo como un barquito de papel sobre agua salada entre los recuerdos candentes, pero aún no estoy lo suficientemente ebrio para narrar esto.
Recuerdo el tenue vibrato de su voz semidulce sobre unos micrófonos vetustos y baratos, tratando de acoplar su tonalidad a una música aun más desafinada, recogiendo sus cabellos opacos con una cinta rosa, exasperando y excitando al responsable de aquel crudo sonido cuando bamboleaba sus rollizas posaderas al son de su canto. Era extraño y hasta un poco insólito ver a una chica de rasgos tan finos entrar a una cuasi cofradía de cuatro zafios amigos, que cuyos ojos solo tenían el único objetivo de observar sus jeans azules apretados y que cuyas mentes solo tenían un mismo menester de vital y trascendente importancia, estar en una misma cama desnudos con algún tipo de rock suave de fondo tratando de terminar sobre su cara, cuatro palurdos interesados en invertir en sexo puro y duro, exponiendo a su término una relación amical de muchos años, pero el precio era justificado en esos días calurosos y coloridos.
La juventud pasa muy pero muy rápido y como dicen los anticuados anacrónicos “el tiempo no pasa en vano”, cada día teníamos cambios físicos, entre los varones casos típicos de acné, granos y espinillas, tuve bastante fortuna que solo en mi cara haya crecido bello facial, era un punto estratégico a mi favor tener una apariencia mucho más masculina y madura que podía darme lujos de comprar alcohol sin la necesidad de que tontos incautos bodegueros pregunten sobre mi edad, pero me distraigo y desvarío sobre el punto principal de este recuerdo, y es que sería estúpido hablar sobre mi cambio físico y no el de ella.
Pues bien, el solo hecho de remembrarlo produce cierto endurecimiento entre mis piernas, así que trataré de ser breve y específico. Todo estaba acorde a ella, sus senos y sus caderas eran proporcionales a su estatura, sus labios tuvieron un engrosamiento y bueno, imaginarán el uso que yo podía otorgarles, y algo que agradezco al mismo creador del universo, es el hecho de que nunca pero nunca dejó de utilizar ropa ceñida, pantys y jeans pitillos haciendo juego con algún polo o top semi escotado que siempre dejaba ver el color de sus sostenes, rojos, negros, rosados y celestes, y obviamente los días de buena suerte donde no llevaba nada debajo de esas telas que soñaba romper con los dientes.
Debo admitir que tenía unos hermosos ojos achinados de color marrón oscuro con jaspes tornasolados en los días de primavera, aunque en aquellas épocas era lo último que podía ver en ella, a excepción de cuando teníamos una conversación totalmente directa, donde no puedes descender la mirada a sus pechos por miedo a que se dé cuenta de la clase de chico que en verdad eras, un imbécil empecinado con los videos porno que tenía una erección cada diez minutos, en verdad fue muy difícil.
Pero en toda contienda existe un único ganador y triunfador, y esta no sería una excepción para mí. Un día cualquiera de verano salí campante de una cafetería del centro de la ciudad, abrazando firmemente su pequeña cintura que rodeaba una delgada correa de cuero rojo, sujetándola como un trofeo con tetas y trasero, restregando mi tan anhelada victoria a mis tres palurdos amigos, que de seguro irían a masturbarse por última vez con su imagen de diosa adolescente. Sin embargo, me sentía nervioso, toda mi vida cambiaría en un dos por tres, en un chasquido de dedos, en una eyaculación.
Pero la historia se detiene aquí, en verdad necesito ese cigarro…