Solo son gotas agudas y tenues,
silencio nefasto después del adiós,
ojalá que las flores broten de nuevo,
no cargo más lágrimas,
se congelaron bajo el sol.
Un nuevo abismo en el pecho,
soledad empolvada en recuerdos felices,
aciaga en lisos negros,
no tuviste la culpa de nada,
siempre el mismo torpe deseando felicidad,
entre su llanto agoniza un corazón;
no hay clemencia para el león herido,
será devorado entre brumas de dolor.
Te anhelé como las flores al sol,
con la intensa necesidad de florecer,
pero sigue lloviendo espinas de hielo,
dejaron sus esquirlas en el corazón.
Letanías de un mundo feliz,
belleza que los mortales desean alcanzar,
a pesar de tus ojos que brillan como estrellas;
la luna eclipsa todo lo que creías,
que aún te pertenecía.
Nos dejará de doler hasta que decidamos,
que ya es suficiente, amor mío.