Hoy, se han reescrito las leyendas
y naces tú
del sol,
del puma,
del hombre.
Crece tu río,
arraiga la vida,
y el halcón saciado nos mece
sobrevolando tus andes.
Ha madurado el capulí
bajo el manto de la luna hirviente
fecundada en la noche fértil
de tu sacro valle.
Y al fenecer…
nunca mueres.
Porque en tu nombre reposa
perenne
la eternidad.