La gente dañada es peligrosa,
puesto que saben como sobrevivir.
¡Perdóname!, es que a veces me gana el corazón.
Dicen que un muchacho se convierte en hombre,
cuando sepulta a su padre.
Los cardos añoran descanso,
dentro de la celda oscura,
bajo la húmeda piel desecha,
con su sin fin de espinas,
esperando las manos misericordiosas.
Llena de coraje tu corazón,
ármate de valentía y continúa tu camino,
aun si te detienes en tu marcha y te acobardas,
no detendrás el flujo del tiempo,
que el final no sea causa de tristeza,
pues lucha, ya que nunca deberían ser arrancados,
los capullos sin florecer.