Eran negros mis ojos,
a través de mí florecías viva,
siempre te sentiste hermosa,
aquella emoción al futuro,
un rostro de porcelana en mis ojos,
anhelaba ser el más valiente,
volar briosamente desde que te conocí.
Mi cielo azul quisiera recuperar,
la razón diluida en sombras del velo,
aquel azul triste de esos ojos.
Aún huelo el aire que nos rodeaba,
recuerdo muy bien aquel día,
dijiste: «Esas cosas suceden,
además tú serás el que elija».
Siempre tuviste razón,
pues elegí recordar nuestro mundo,
lleno de oportunidades abundantes,
numerosas primeras veces,
como árbol que crece en tierra hostil,
germina y se eleva aun más poderoso.
Ha sido un largo viaje,
alguna vez desearía saber dónde estas,
después de todo, tú antes me pudiste hallar,
nunca supe el porqué
en mis brazos yo no te pude conservar.
Existirá un rincón oscuro para los dos,
hasta que las mismas estrellas,
brillo a brillo,
una a una,
poco a poco,
apaguen su eterna luz.