Todos los viejos saben que el amor no existe
y lloran ante la soledad forzada,
las doce y tocaron el timbre
es la lluvia que se lleva sus frazadas.
Toda la juventud se ha muerto el día de ayer
en medio de una indecencia de mil años
para traer cigarros y algo de beber
si supieran que nada de eso hace daño.
La mañana ha traído la maternidad
y los niños no saben cómo andar,
déjales frustrarse en responsabilidad
alguno pronto reirá.
Y la vida se pasó en dejar de vivir
y las comparaciones son sueños,
sueños ajenos que anhelo.
Eres tú, perfección artificial,
una banal foto que nadie verá.