Un árbol, sin ramas, ni hojas,
ni follaje que lo proteja,
es como un hombre a quien nadie ama.
Aún así este sigue existiendo,
alzando la esperanza,
de renacer una vez más.
Bajo cualquier estrella tal vez,
ojalá hubiéramos nacido bajo la misma estrella.
Donde las hojas de los árboles danzan,
una de seguro encontrará las flamas llameantes,
la sombra del fuego de nuevo arderá,
una vez más las hojas volverán a brotar.
No es el dolor lo que los arruina,
es lo que hacemos para evitar el dolor,
uno debe ser forjado,
en el crisol de tu propia agonía,
transformarme en el instrumento,
aquel perfecto del destino,
sentir la plenitud de aquel poder,
con ojos brillosos,
sediento de amor,
el sentir que no envejeces,
deseando en verdad vivir una vez más.