La duda

Se me vienen a la mente las encrucijadas de tu piel,

el color incomprensible de tu boca apagada,

tu pelo,

el terrible matiz de cuando callas.

No tengo miedo

al péndulo de tus caderas,

ni al vaivén del dolor colgado entre tu pecho.

Me regocijo en la incertidumbre de tus sueños,

en el instante de tus truncados gemidos,

la añoranza,

la humedad que recorre tu ser

al saberse insuficiente,

la propia vida,

la expresión del fuego suspendido

en tus ojos directos.

Esta noche te enfrento

como espejo repleto y final,

te mantengo

en el curso nocturno de mi vida,

en el trago amargo,

en la soledad de la duda

que recorre tu recuerdo

adornando mis calles.

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