Mi alma queda grabada,
en los vientos andinos,
mientras repito adiós,
en palabras jamás dichas.
De seguro sentiré pesar,
tu alegre alma ya descansará de mí.
Guardaré lo añorado, cuanto hice en ti.
Mis dedos no podrán tocarte,
ni aún en lo inefable,
no podré oler tus cabellos al viento,
ya no podré besar tu labios de alelí.
Lo fúnebre se guardará,
en algún rincón de mí.
Mientras cierro los ojos,
descansa de mí.
Mi mente no olvidará,
tu rostro jamás.
Sí, el lerdo poeta,
sincero y mentiroso,
aquel extraño,
expectante y decepcionado.
Sí, al final tuve la dicha,
de tener a quien proteger.
No podrás decir, si tuve suerte o no,
porque en verdad, ineludiblemente,
pude hallar la felicidad en ti,
no habrá mejor final que este;
si tienes suerte,
jamás volverás a verme,
ahora anda, y sé feliz sin mí.