Me di cuenta que cuando me pongo triste mi corazón, empieza a fragmentarse. Una vez se me ocurrió explorar alguna de las grietas. Nada extraño en realidad, como una piedra cualquiera. Entonces, me entró la duda de que si era posible tener un compuesto destilado de mi corazón. Así que esperé ponerme triste e inmediatamente proseguí a explorar una grieta, raspé un poco para recolectar algo de polvo y lo dejé reposar en agua caliente. No conseguí nada, solo era como tierra en el agua, así que lo boté.
Se me ocurrió que podía colocarlo mientras hierve el agua y el resultado fue una mazamorra apestosa. Tuve que botarlo. Entonces consulté con algunos amigos de química para saber si era posible sacar un componente de la esencia del corazón y sugirieron destilar un pequeño trozo. Yo no sabía que significaba eso pero me dieron algunas indicaciones. Requería tiempo, requería instrumentos y, sobre todo, dedicación. Me intentaron desanimar diciendo que era un procedimiento que requiere capacitación y no era para aficionados. Me encapriché en hacerlo, de todos modos no tenía nada que perder, solo pedazos de corazón.
Primero debía conseguir los materiales y asegurarme que podría comprarlos: un balón (recipiente redondo de pírex), un tubo refrigerante y un matraz. Los conseguí rápidamente. El procedimiento no era complicado pero sí delicado, debía controlar perfectamente las proporciones, los tiempos y la temperatura. Necesitaba una fuente de calor y pensé en hacer una fogata cualquiera en el patio. Me sentí bastante contento con el montaje que realicé, seguí los pasos que me dijeron con cautela pero algo salió mal, el resultado fue un líquido blanco que se secó en el matraz. Fue un fracaso y me puse a llorar.
Aprovechando este fracaso, extraje más pedazos de corazón para volver a intentarlo. Tuve que comprar un mechero para reemplazar la fogata, controlé exhaustivamente la temperatura, los tiempos y las proporciones. No descuidé ni un segundo el proceso. Luego de algunas horas el resultado fue magnífico. Una sustancia amarilla, de olor agradable y que siempre se mantenía tibia. No estaba seguro si eso es lo que debía suceder, pero sin duda me sentía contento con el resultado. Lo guardé en una botellita de vidrio y lo llevo en el bolsillo interior de mi casaca cada vez que te veo, pero nunca me he atrevido a mostrarlo. Tengo miedo de que no sea del color que se supone deba ser, que el olor sea extraño o que no sea agradable para otras personas. Algunas noches me quedo pensando si es que será una buena idea o solamente deba conservarlo. ¿Es la esencia del amor, un fluido amarillo pestilente?