I

En algún pequeño espacio del recuerdo tú sonríes,

despistada (o), colmada de insipiencia, bendecida.

Quisiera tampoco saber del sol u octubre,

ni del lamento de la calle quechua ni del fonema roto que entorpece tus palabras.

Únicamente espero el culmen nocturno, pasados tus cabellos, post media noche, después del tormento.

En la mezcla de los licores se acrecienta el tufo del amor,

la bebida rancia pero dulce, o espejo o las flores,

la quietud del espacio entre el sopor y la muerte, o los labios o el vientre.

Te desgarro

y se desgarra el mundo.

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