El uniforme es una servilleta

Hemos visto a personajes tan elegantes que hemos olvidado lo basura que pueden llegar a ser. Hemos visto a gente rompiendo los estándares estéticos establecidos para, simplemente, tratarlos como basura. Todo entra por los ojos y la primera impresión cuenta. Tan superficial pero tan cierto. Qué agradable ese sujeto, con una camisa bien planchada y una línea bien planchada en ese pantalón de sofisticada tela, un peinado elegante y formal. Los colores de su ropa no son cualquier elección, si no que representan a la institución.

La institución, una abstracta entidad que determina la identidad de un grupo de personas quienes darían la vida por defenderla. Eso es un chiste, la identidad es tan frágil como las telas que tienen puestas. Qué necesario se hace desgarrar sus ropas para mostrar la debilidad dentro de ellos. Son tan mierda como lo podría ser yo, como lo podrías ser tú. La basura sigue con su pestilencia aunque la pongas es una bolsa regalada del pan de la mañana o en la de las compras del mall.

Un uniforme es una servilleta más, está a la misma altura de un papel que te sobró. El uniforme que representa a la institución es una envoltura desechable que terminará de trapo para limpiar el piso, como es el futuro de todas las ropas. El único valor que tiene es la calidez de su temporal usuario. Tan humano, tan basura, tan padre, tan madre, tan cura y tan hijo.

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