La disputa

Encontré a Neftalí de espaldas, asediado por los jardines rojos,

embriagado por la luz decadente de una luna insuficiente,

cuando volteó la mirada, surgió del piso la sombra ancestral,

el pasado que en color oscuro desdibuja todos los recuerdos,

desde otro extremo observaba el Gitano, rodeado de uvas y pañuelos,

apaciguado por la luz reflejada de su copa fulgurante,

lloraba, cuando Neftalí compartió de sus labios con la Aurora.

*

El poema llega tarde a la hora de la cena y el ser adolece,

la sombra ancestral se impone en el medio de la sala y el ser adolece,

el amor se retiene en la copa mientras el ser adolece,

el ser es el dolor, el amo de todo el cariño.

*

Ha muerto el Gitano, batido en el duelo del verbo, queda su sombra,

la amistad de su trazo derecho en el papel rojo del poeta,

seguramente, pasadas las horas del amor lejano, Neftalí retorna

a los cristales sagrados que resguardan su vino

y el cantante entona todas las rimas de su revancha,

está presente y con los labios secos,

mas la palabra discurre como torrente incontenible

que acerca más la luna al hombre

y el firmamento no es más que una sílaba silente

de la ausencia del poema y la canción.

*

La Aurora carga con la muerte de todas las noches.

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