Aún recuerdo aquel consejo,
«Nunca es tarde y
siempre hay una forma de comenzar».
Hoy no es tarde para mí,
pero ya nunca más te podré abrazar.
Mi corazón cargado, en lágrimas y recuerdos.
Cómo pesa tu ausencia,
en cada rincón de todo lo que edificaste,
las cosas que enseñaste,
las cosas que dijiste,
cómo me cuidaste,
cómo nos quisiste.
Aquel último día «todo está bien» dijiste.
Con mis pocas fuerzas, toque tu brazo,
«perdón por todo» así te dije.
«Todo está bien, hijo, volveré pronto» dijiste.
Pocos días pasaron,
siempre supe que tenías
tu lugar guardado en el cielo.
En esta tierra ya no te vería nunca más.
Las lágrimas no cesaron,
los corazones se quebraron,
las almas se rompieron,
la vida sin ti jamás sería igual.
Y hoy, de pie en el cementerio,
limpiando su tumba,
recordando al gran hombre,
honrando a mi padre.
Gracias por tanto en la vida,
gracias por ser mi padre,
gracias por el sacrificio,
gracias por el amor.
Te veo algún día lejano en el cielo,
mientras tanto, cuidaré de mi madre,
viviré para ser mejor hombre como lo fuiste,
ningún hijo tendrá un mejor padre.
Así lo hubieras querido tú.