En las alas de un ángel
que llamaban libertad,
con honor y mi alma,
embriagado en soledad.
Sí, hay cosas que no deberían
brotar del pecho jamás.
En estas notas de pasión real,
todavía tristes pero vivas.
Dicen que el amor te puede salvar,
del corazón que yace moribundo ya.
Otra vez, lágrimas buscando sosiego.
La seguridad de un pronto consuelo,
si al menos permaneciera
un minutos más junto a ti,
si tan solo pudiera cambiar
los vientos contra mí.
Con la agonizante desilusión,
en su estrepitosa caída,
contra el cruel muro de la realidad.
Con los ojos negros y piel de hierro,
en un débil disfraz.
Llueve en mi alma,
al saber que tus ojos luminosos
no volverán.
Ni una caricia tuya,
bajo la sombra de mi fría habitación.
Huele a intensa tristeza,
sabe fuerte a soledad.
Un frío adiós,
a quien no dudas en olvidar,
a quien no tuvo reparos en marchar.