Estoy seguro que tengo una cantidad enorme de defectos, los cuales he identificado y tú también. Estoy seguro de que muchos de los defectos que tengo puede que ni sepa que existen, y te diste cuenta tú. No sé que imagen puedas tener de mí y quiero que sepas que solo soy un tipo frágil que buscaba compartir el atardecer contigo mientras se consumía un cigarro.
Dentro de mi alma, puedo almacenar cualquier tipo de sentimiento de rencor y amor. Soy capaz de amar como todo el mundo y soy capaz de llorar la desdicha que he provocado. Me siento tan frágil como mariposa cerca tuyo, que tan solo quería exponerme lentamente a las brasas de tu ser. Quería quemarme lentamente hasta consumir mi última sonrisa y dejarte mis cenizas esparcidas en recuerdos.
Hoy, no puedo verte, no puedo hablarte y quedó pendiente tanto que quería hacer contigo. Te siento en la suave brisa del aire a las 5 de la tarde y te siento en el viento helado de las 10 de la noche. Así que para no morirme ahogado en mis palabras y memorias, decidí escribirte una carta. Escribí una carta con detalles de lo que se siente coger tu mano helada, besar tus labios y leer un mensaje tuyo de buenas noches. Escribí una carta que no puedo entregártela y así convertí mis ansias de volver a verte en ansias de recitarte versos. Escribí en un papel y con un lapicero, porque es lo que hago cuando quiero que el texto sea especial. Y lamentaré tantas cosas, pero nunca el volver a entregar mi corazón a una hoja de papel para expresar todo el arco iris de sentimientos que me haces sentir.
Escribí una carta en una hoja de papel del cuaderno de apuntes de la universidad y lo doblé lo mejor que pude. Lo guardé en el bolsillo de mi pantalón para entregártelo cuando te vea. Por eso paso siempre a la misma hora por nuestro punto de encuentro, con la esperanza tonta de, algún día, cruzarme casualmente contigo para entregarte aquello que es un poco de mi corazón. A lo mejor la casualidad no funciona y puedo empujar a que todo suceda. Me empujaré y te veré.