Durante muchos años me he privado de escuchar música. No como un ritual estricto a cumplir, simplemente no me apetecía. Me excusaba a mí mismo para no poner música y me di cuenta que ya llevaba varias años con ese comportamiento. Estaba considerando cambiar esta actitud, y entre trabajos y responsabilidades, siguieron pasando otro par de años más. Ya me daba igual, no había necesidad de escuchar música y tenía que fingir que escuché las recomendaciones musicales que me daban.
Resultó que, por esos extraños sucesos de la vida, me encontraba escuchando las recomendaciones musicales que me diste a las 2 a.m. Al comienzo me sentí muy extraño, como quien está rodeado de extraños en un salón de reuniones. Me sentí extraño, pero lleno de curiosidad de saber qué es lo que tanto te atraía de esta música. Todo era tan nuevo, tan raro y todo era un nuevo mundo. Lo disfruté.
Llegó el momento de guiarme solo por este camino que ya conocía pero no había recorrido por años. Empecé con alguna canción aleatoria que me agradaba pero no me traía ningún recuerdo en particular. Luego, una me hizo sentir lleno de energía. Proseguí y no sé en qué momento caí en las canciones de mi adolescencia. Estaba lleno de nostalgia, lleno de recuerdo, sensaciones y sentimientos. Nostalgia otra vez. Pensé que, en algún momento, alguna de estas melodías me harían llorar. No sucedió. Me sentía feliz. Miré el pasado con una sonrisa y recordé que así se sentía la felicidad.
Este regreso a este camino empezó gracias a ti, a las conversaciones y las recomendaciones. Hoy puedo voluntariamente reproducir una canción mientras realizo cualquier labor como trabajar, limpiar o descansar. Gracias. Puede sonar muy tonto, pero puedo ser un poco más feliz gracias a ti. ¿Me dejarías hacer algo para que tú también seas feliz?