Se reúnen los diminutos silbidos que orquestan bajo tu frente,
esos fantasmitas con los que de noche construyes rincones sombríos,
parlotean, susurran, van de un lado a otro cambiando de forma,
a veces rostros, siluetas, pedazos de tela que se confunden con mejillas.
Dan vueltas alrededor tuyo y se reflejan en mil cristales continuos,
en el medio tu imagen,
de rojo o de negro, mirándote a ti mismo,
sabes quién eres
porque ya te has visto,
de rojo
o de negro,
no puedes estar soñando.