Mientras la culpa se devora cada fibra de mi cuerpo para dejar expuesto los huesos que serán signo de maldición, me pregunto si es que en algún escenario esto pudo ser diferente. Utilicé tantos medios para llegar a ti y sinceramente que solo me aproveché de cada palabra para mi beneficio, maquiné un plan para obtener lo que era de mi interés sin pensar en el impacto que tendría sobre ti. Recurrí a lo más vulgar de la humillación y finalmente lo obtuve. Aquí está, el trofeo recibe la luz absurda del orgullo que se desvanece tan fácilmente tras la cortina fina de tu recuerdo.
La culpa devora cada fibra de mi cuerpo, lentamente, se detiene en mi corazón porque sabe que es un manjar podrido y añejado por malas experiencias y revancha. Encuentra mi corazón negro y arrugado, oloroso como cualquier carne podrida. La culpa devora rápidamente mis pulmones negros, llenos de los cigarros que me fumé celebrando mi triunfo, los cigarrillos que me fumé para tapar la vergüenza con su humo. Siento como la culpa va avanzando e ingresa a mi médula para extenderse por mis extremidades. Quiero que se lleve mis brazos, que falsamente te cubrieron del frío. Quiero que se extiendan por mis piernas que interesadamente fueron la posada de tu cuerpo.
Ámame una vez más, para que sepas el sabor que tiene una basura como yo. Ámame nuevamente para que no te olvides nunca del aroma de la crapulencia humana. Llénate de mí una sola vez más, y reconoce cada palabra malintencionada, cada gesto incómodo. Te he cambiado, ahora serás un ser desconfiado de toda muestra de amor y será una rareza la leyenda del buen samaritano.
Pedir perdón no está en mis planes y que lo aceptes mucho menos. No necesito hacerlo, viviré siendo consumido por la culpa. La culpa se encargará de dar justicia a cualquier acto del que te sientas humillada. La culpa ha venido a carcomer mi piel, agujerear mis músculos, adueñarse de mis sueños y consumir mis lágrimas. ¡Qué me pudra!