Estoy tan acostumbrado a este ambiente en el que las pistas y veredas están llenas de mierda. El olor nauseabundo es parte de la atmósfera de la ciudad, y esos gases olorosos ya son parte de nuestros pulmones. No tengo idea cuándo empezó esto.
Es muy común que las calles estén llenas de mierda, pero ocasionalmente se ve a algunos grupos de voluntarios limpiando las calles con sus propios baldes, palas y escobas. Con frecuencia, la gente empieza gritarles e insultarles. Llueven comentarios sobre la inutilidad de su trabajo. Por la noche, la televisión se encarga de convencer a las masas que los voluntarios solo buscan deformar nuestra tan tranquila normalidad, afirman que solo malgastan recursos y solo son agitadores sociales en busca de atención . Nunca falta quienes, acostumbrados a ser mierda, cogen los baldes de mierda para echarlos a los voluntarios. Algunos de ellos escapan llorando y abandonan su labor, otros son perseguidos luego de terminar su trabajo y algunos otros confrontan a sus agresores, por lo general los voluntarios terminan golpeados por bandas de estos agresores. Esos son sucesos cotidianos, todo el mundo sabe lo que sucede y nadie habla de esto.
Cada 5 años, recibimos la promesa de que la mierda de toda la ciudad desaparecerá. Los viejos se lo toman con escepticismo y están casi confiados de que eso no pasará; los jóvenes se ven divididos entre los indiferentes y los optimistas. Los indiferentes aceptaron que no tiene sentido discutir eso y debe ser parte de nuestra vida cotidiana, siempre lo será y no podrá cambiar. Los optimistas consideran que es posible que existan calles sin mierda o gases malolientes, ellos usualmente son los voluntarios tan duramente maltratados. Se estima que toda la ciudad quedaría limpia si cada uno de nosotros limpia 1 metro cuadrado de la calle. Por un día, cada 5 años, todos participan en esta limpieza general, aquellos que no lo hacen quedan inmovilizados en sus casas por un día. Por unas cuantas horas y en unos cuantos lugares la pestilencia desaparece. Solo para aparecer al día siguiente.
Esta ha sido nuestra vida desde siempre. He jugado fútbol en la calle con los chicos de barrio, mientras nos manchábamos de mierda. He visto a mis colegas ascender en una torre de mierda, a mejores sueldos y con elegantes vestimentas. Nada de eso quita que sus autos y propiedades huelen tan horrible que nunca me he atrevido a visitarlos. A veces quisiera una casa como la de ellos, pero no estoy seguro de soportar la pestilencia de esa vida. Por hoy, la mierda es parte de nuestra vida.